Antiguo 12-abr-2018, 22:05   #901
erbic14
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Jajaja, me parece muy curioso que todos coincidáis en las mismas, aunque no lo voy a desvelar. ¿Hay alguna razón por la que creáis que debe ser una de esas dos fotos?

Gracias a todos por los comentarios.
La segunda parece como más real y la tercera está muy buena y puede que hayas querido hacer un "cameo" con tu brazo jejeje.
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Antiguo 12-abr-2018, 22:21   #902
desconocido60
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No se cual será Sara, pero entre las cinco seguro que son capaces de amamantar a todos los crios nacidos en España en lo que va de año, y a unos cuantos mayores también
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Antiguo 12-abr-2018, 23:33   #903
lokko007
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En verdad que nos tienes con la intriga en cada momento y con estas ultimas partes no puedo dar un analisis de toda la situacion de david y tampoco podria imaginar que mas se podria venir

Quedo en espera de la proxima entrega a ver si me puedo aclarar un poco mas o tener un mejor analisis de todos los sucesos hasta ahora

Saludos
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Antiguo 13-abr-2018, 05:43   #904
agueybana
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Para mi es la primera o la cuarta, pq tu se las tomas , ella se las tomaba para enviarlas clandestinamente.
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Antiguo 13-abr-2018, 13:00   #905
Escritorzuelo
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Hola, soy nuevo por aquí y creo que este relato me va a gustar Lo empezaré a leer esta tarde :P
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Antiguo 13-abr-2018, 13:25   #906
Required11
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Hola, soy nuevo por aquí y creo que este relato me va a gustar Lo empezaré a leer esta tarde :P
Eso espero, ya me dirás : )
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Antiguo 13-abr-2018, 18:14   #907
vas38
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No me quiero equivocar pero creo recordar que el ENORME, autor de este GRANDÍSIMO relato si que aclaró que definitivamente Sara perdió la partida...

Lo que creo recordar que no se llegó a desvelar fue si realmente Sara se lavaba los dientes o no en el viaje a Mallorca...

Porque a lo que se refería cuando al salir por la noche a la terraza en el Parador, lo de: "Buah, eso fue una tontería,...", creo que fue refiriéndose a cuando en la cena en el Maral, se descalzo para tocar a Héctor por debajo de la mesa, porque este prestaba más atención a Lidia que a ella... aunque tanto tiempo después tampoco lo aseguraría...

Pero vamos, que aunque yo no recuerdo respuesta directa, si que la continuación de la historia parece indicar que no había ocurrido nada entre ellos con anterioridad a la boda de Carla.


Deseando tener noticias de Sara, con lo que la odio y lo que la echo de menos...
Buenas... No crees que a lo que se refiere Sara con "aquello fue una tontería" es a que la noche anterior probó "todas las que había debajo de la mesa" ?? Como dijo Alba a David después. Has pensado si fue ella la de la doble a Ramón?? Porque lo del Maral sí lo tratan después, y parece información nueva en su conversación... En fin, dudas que nos surgen en un gran relato, a ver si alguien nos ayuda jeje
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Antiguo 13-abr-2018, 23:01   #908
Sherlock2488
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Buenas... No crees que a lo que se refiere Sara con "aquello fue una tontería" es a que la noche anterior probó "todas las que había debajo de la mesa" ?? Como dijo Alba a David después. Has pensado si fue ella la de la doble a Ramón?? Porque lo del Maral sí lo tratan después, y parece información nueva en su conversación... En fin, dudas que nos surgen en un gran relato, a ver si alguien nos ayuda jeje

Hace mucho tiempo que lo leí, y no recuerdo exactamente... pero en su momento si que creí que se refería a eso, y que posteriormente dieron el resto de información de lo sucedido en el Maral...

Entendí lo que dijo Alba, como cosas que dijo para picar a David, como la rechazaba...

Pero de conversaciones posteriores entre Sara y Héctor si que me hicieron pensar que no había ocurrido nada de nada entre ellos con anterioridad a lo de la boda de Carla...

Que también es posible lo que tú comentas, igual en posteriores entregas nos llevamos alguna sorpresa con lo ocurrido en el pasado....

Impaciente ya por saber de Sara...
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Antiguo 15-abr-2018, 12:51   #909
viciosinfin1973
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Hoy toca nueva ración?

Expectantes,

una preguntas para los que han usado Tinder,
...si a ti te sale Sara , ¿a ella le has salido tu como contacto también?


Un saludo
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Antiguo 15-abr-2018, 12:57   #910
juan1111
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Buena pregunta...
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Antiguo 15-abr-2018, 13:13   #911
Required11
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Hoy toca nueva ración?

Expectantes,

una preguntas para los que han usado Tinder,
...si a ti te sale Sara , ¿a ella le has salido tu como contacto también?


Un saludo
Digamos que existe la posibilidad.

Igual que David ha visto su perfil, puede que Sara también haya visto el suyo...

Intento subir algo hoy o mañana.
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Antiguo 15-abr-2018, 16:13   #912
LanscLanscl
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Digamos que existe la posibilidad.

Igual que David ha visto su perfil, puede que Sara también haya visto el suyo...

Intento subir algo hoy o mañana.
Si no es mucho pedir y es que me encantaria que pudieras subir tus relatos cada 3 veces por semana, es demasiado bueno esto que escribes, ojo es solo una peticion eres tu quien decide cada cuanto o como hacerlo, pero ufff seria mas que bueno tener más material nuevo en la semana.
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Antiguo 15-abr-2018, 16:37   #913
Required11
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Si no es mucho pedir y es que me encantaria que pudieras subir tus relatos cada 3 veces por semana, es demasiado bueno esto que escribes, ojo es solo una peticion eres tu quien decide cada cuanto o como hacerlo, pero ufff seria mas que bueno tener más material nuevo en la semana.
Entiendo la petición, pero no creo que pueda hacerlo, al menos por ahora.

En algún momento, cuando he tenido más tiempo para escribir llegué a publicar incluso más de tres veces a la semana, pero es un ritmo al que no creo que pueda llegar ahora mismo. Me encantaría poder dedicarme sólo a esto, pero no sabéis la cantidad de tiempo que lleva pulir cada una de las entregas y mantener el interés y la tensión durante tantas páginas.

En algún momento concreto puede que aumente el ritmo de publicación puntualmente (como hice en la parte de la boda, pues creo que en ciertos momentos un ritmo más constante ayuda a la narración) pero, por ahora, creo que dos veces a la semana está bien.

En un rato subo una entrega nueva.
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Antiguo 15-abr-2018, 17:05   #914
lokko007
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Entiendo la petición, pero no creo que pueda hacerlo, al menos por ahora.

En algún momento, cuando he tenido más tiempo para escribir llegué a publicar incluso más de tres veces a la semana, pero es un ritmo al que no creo que pueda llegar ahora mismo. Me encantaría poder dedicarme sólo a esto, pero no sabéis la cantidad de tiempo que lleva pulir cada una de las entregas y mantener el interés y la tensión durante tantas páginas.

En algún momento concreto puede que aumente el ritmo de publicación puntualmente (como hice en la parte de la boda, pues creo que en ciertos momentos un ritmo más constante ayuda a la narración) pero, por ahora, creo que dos veces a la semana está bien.

En un rato subo una entrega nueva.
Tu a tu tiempo y no te sientas presionado para nada y sera cuando tiene que ser y como el tiempo te lo permita

Saludos
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Antiguo 15-abr-2018, 17:53   #915
Required11
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Predeterminado Capítulo 21 · Parte V

Las horas de sueño pusieron algo de distancia con el dolor de la noche anterior y me desperté algo más aliviado. La inquietud había desaparecido y me sentí mejor.

Con un café caliente entre las manos, mirando la calle a través la ventana, repasé lo sucedido horas antes pensando con más claridad. Sara estaba cerca, probablemente viviendo en la antigua casa de sus padres, y a juzgar por su perfil de Tinder también había pasado de página y buscaba experiencias nuevas. Era una prueba más de que no tenía sentido seguir preocupándome por ella.

Pasé casi todo el día trabajando y dándole vueltas al asunto y decidí dar un paseo bien entrada la noche, con un claro objetivo en mente. Necesitaba dar por terminada esa etapa de mi vida y guardarla en un cajón perdido de mi memoria. Y para eso necesitaba hacer una última cosa. Estaba convencido de que estaba en la casa de sus padres, así que me encaminé en esa dirección. El sol ya había caído y comenzó a levantarse bastante viento. Avanzaba tan convencido de lo que vería al llegar que no me llevé ninguna sorpresa cuando, al doblar la esquina del edificio, vi por primera vez en meses las luces del piso encendidas. El viento azotaba cada vez más fuerte, acrecentando la sensación de frío y me resguardé en un portal que quedaba frente al edificio. Encendí el móvil y abrí la aplicación. Tras descartar unas cuantas nuevas pretendientes, Sara volvió a aparecer en mi pantalla, con la misma fotografía que había visto la noche anterior. Seguía pareciéndome tan atractiva como siempre. Miraba hacia la cámara con una sonrisa sincera y un escote amplio. Parecía un selfie, pero bien podría habérsela hecho cualquier otra persona. Una nueva amiga o un nuevo novio de su nueva vida lejos de mi. Era difícil creer que detrás de esa sonrisa se escondiera la despiadada mujer que yo había tenido la mala suerte de conocer. No siempre había sido aquel monstruo, pero poco a poco fue convirtiéndose en otra cosa.

Según la información de la aplicación, se encontraba a menos de 100 metros. No había margen de error. Sara estaba viviendo allí, a menos de veinte minutos a pie de mi piso. ¿Cómo era posible que no la hubiera visto antes y que nunca hubiera visto la luz encendida en esa casa? A veces las probabilidades son caprichosas, e imaginé que siempre que había pasado por allí para encontrarla, ella había estado en otra parte, y viceversa.

Pasé unos minutos escudriñando el ventanal, pero no podía ver más allá de las cortinas que cubrían los cristales y que apenas dejaban escapar un poco de la luz amarilla del interior. Sara estaba allí dentro, quién sabe si con un nuevo amante proporcionado por aquella aplicación. No tenía mucho sentido seguir allí y comencé a caminar de regreso a casa. La deseé suerte en su nueva vida, porque la iba a necesitar. No encontraría a nadie que la idolatrase como yo lo hacía. Ni que estuviera dispuesto a soportar sus humillaciones para su disfrute exclusivo. La imaginé intentando sin éxito que cualquier otro amante accediese a colocarse aquel puto cinturón de castidad. O a soportar semanas sin sexo. Yo había estado dispuesto a todo por ella. Si sólo me hubiera tratado con respeto yo habría accedido a cualquier cosa que me hubiera pedido. La había amado como a nadie, nunca. Y me lo agradeció mintiendo y ocultando. Se merecía cada segundo de la vida que la esperaba, donde nunca encontraría nadie que la quisiera tanto como yo la había querido. Por mi parte, había conseguido por fin averiguar que seguía viviendo cerca de mi y me sentí algo reconfortado. Me habría gustado verla una última vez, aunque hubiese sido un instante a través de las cortinas de la casa, pero no me importó. Aquello era el punto y final.

Caminé despacio hasta casa y con cada paso sentía ir dejando atrás una losa que llevaba sobre mi demasiado tiempo. Por primera vez pensé con confianza que podía superar aquello. Que la pesadilla terminaba y la pasada noche había sido su último coletazo. Había sido un día horrible en muchos sentidos, pero la noche siempre parece más oscura justo antes de amanecer. Volvía a sentirme optimista. Saber que estaba allí era suficiente para dar por finalizado ese episodio de mi vida. No habíamos terminado bien, pero esa noche me parecía un buen broche a la relación. Ambos habíamos visto nuestros perfiles de Tinder y ambos sabíamos dónde estaba el otro. Suficiente para cerrar ese capítulo y seguir adelante.

Al cerrar la puerta de casa sentí que dejaba fuera una vida anterior, plagada de mala suerte y monstruos. Sabía que aún la echaría de menos un tiempo, pero cada día su recuerdo se iría disipando como una bruma. Una especie de ansia tranquila se apoderaba de mi. Estaba impaciente por atravesar aquel mar de tiempo, día a día, minuto a minuto, sabiendo que me aproximaba cada vez más al fin del sufrimiento. Era un punto de inflexión a partir del cual poder empezar de cero.

Me sentía como ante un lienzo en blanco, y no veía el momento de empezar a dibujar una vida nueva.

Pasé un par de semanas de mejor humor, librándome por fin de la obsesión que tenía por saber algo de Sara, aunque aún sin poder evitar pensar en ella, eso sí, de una forma mucho menos obsesiva. Simplemente dejaba vagar por mi mente los pensamientos que me recordaban a ella, y al poco rato terminaban por desaparecer. Iba, venían y desaparecían sin hacer ruido. Y si bien no podía evitar que apareciese en mi cabeza a diario, podía tratarlo como pensamientos normales, recuerdos de un tiempo pasado al que era mejor no dar demasiada importancia.

Cuando se cumplían exactamente quince días desde que había descubierto dónde vivía Sara, me encontré con Lucía en el portal de casa. Nos habíamos cruzado un par de veces más por la escalera y la había notado algo más apagada de lo normal, como si me saludase más por obligación que por gusto. Quería explicarle lo que había pasado, pero parecía esquivarme siempre. Aquel momento me pareció bueno para intentar entablar algo de conversación. Venía de impartir sus clases en el gimnasio y sujeté la puerta para que pasase delante de mi.

– ¿Qué tal las clases? –pregunté con una sonrisa.

Lucía Sonrió con los labios, pero no con los ojos, sin apartar la vista del suelo.

– Como siempre… –dijo de forma escueta.

Seguía sin ganas de hablar conmigo. Me seguía odiando por ello y quería hacer algo para que se sintiese mejor. Podía empezar por proponerle esa cita que ella siempre me había pedido.

– Oye… –comencé mientras empezábamos a subir el primer tramo de escaleras.– No sé si tienes planes, o si te apetece, pero… ¿quieresa venir a cenar esta noche conmigo?

Lucía se paró en seco en la escalera y se giró hacia mi.

– ¿En serio? –dijo.

– Claro… –dije.– O sea… Si quieres…

– Pero…¿no estás saliendo ya con alguien? ¿No se molestará si cenas conmigo?

Debía referirse a la enfermera que salió pitando de mi casa cuando descubrió quién era yo, y con quien Lucía se cruzó en la escalera.

– ¿Lo dices por la chica esa del otro día?

Lucía asintió en silencio.

– ¡Qué va! –dije, riendo.– Eso… fue una tontería…

Continué subiendo por la escalera, mientras le expliqué lo que había sucedido y ella me siguió.

– Fue una gilipollez… Mis amigos me dijeron que si usaba Tinder, superaría antes la ruptura… Y se pusieron tan pesados que al final lo hice, pero si lo llego a saber…

– Ya… –dijo con una leve sonrisa.– Sólo hay gilipollas.

– Eso parece, sí… –dije tras reír ante su comentario.

Llegamos a su piso y nos detuvimos frente a su puerta. Parecía que haberle aclarado que no se trataba de nadie importante le había puesto de mejor humor. Imaginé que debía haber pasado unos días bastante triste pensando en que la había rechazado cien veces y prefería otras compañías.

– Entonces… ¿cenamos esta noche? –preguntó, aún insegura, mirándome a los ojos.– ¿Seguro que te apetece? Nunca querías…

– Claro… –contesté sonriéndola, sintiéndome mal por haberla rechazado tantas veces.– Es que… Bueno, necesitaba tiempo… Y no quería que pensases que te utilizaba para superarlo, y…

Quería decirle que ella también me gustaba y que era alguien importante para mi. Que con ella no quería cagarla como otras veces y quería estar preparado para hacer las cosas bien. Que había necesitado esos meses para reponerme y que usarla como paño de lágrimas habría sido injusto para alguien tan adorable como ella. Pero no encontraba las palabras. Sus grandes ojos claros me traspasaban.

– Ya lo sé… –dijo acercándose y me dio un pequeño beso en la mejilla que me dejó en silencio.– Tú pones las cervezas y yo preparo la cena, ¿vale?

Sonrió guiñándome un ojo y desapareció tras la puerta de su piso. De alguna manera, esa chica conseguía hacerlo todo fácil. Incluso había pensado que se negaría a tener aquella cita, dado las veces que yo le había dado una negativa, pero no parecía pecar de orgullo. Había esperado pacientemente, y se había mostrado receptiva llegado el momento. Además, me sentí bien al aclarar lo que había pasado con la enfermera.

Subí hasta mi casa y aún perduraba en mi cara la sonrisa tonta que se me había puesto al hablar con Lucía. Dejé las llaves en el cuenco de la entrada y el silencio me permitió pararme a pensar. Definitivamente, era el momento de pasar página. No tenía ningún sentido seguir pensando en Sara. ¿Para qué? Era parte del pasado y en mi futuro estaba mi adorable vecina.

Que ella disfrutase de su nueva vida y yo disfrutaría de la mía.

-----------

Lucía.
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Antiguo 15-abr-2018, 19:54   #916
TENDENCIOSO
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Buenas tardes Required.....sigo tu relato mas o menos desde la mitad de el antes del paron......me sorprendio gratamente , entre con la duda que solo fuera un tema de cuernos o cuernos consentidos ya que no son de mi gusto y no los sigo......ojo cada uno tiene sus gustos y son tan respetables como los de todos..... como estaba narrado , como nos hacias llegar los sentimientos de David , como intentaba auto convencerse de los actos de su querida novia......vamos como nos pasaria a todos en la vida real y por eso que me gusto y me engancho tanto .

Ahora , e preferido esparar a escribir hasta que en algun capitulo David no saliera mal parado......por fin una alegria , ver que al menos ya intenta dejar el pasado de lado y intentar mirar hacia el presente......ojo que me gustaron todos los capitulos anteriores , eran necesarios para que la historia tuviera logica y pudiera seguir su desarrollo......pero creo que muchos tertulianos necesitabamos poder leer a un David optimista , alegre , con ganas de seguir viviendo y con la fuerza necesaria poder empezar a olvidar el pasado.....aunque creo que tambien hay ganas de ese posible encuentro cara a cara entre ellos.......bueno Required , espero que nos sigas deleitando con otros muchos capitulos...eres un fenomeno de la pluma

Un cordial saludo Required
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Antiguo 15-abr-2018, 20:10   #917
LanscLanscl
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Entiendo la petición, pero no creo que pueda hacerlo, al menos por ahora.

En algún momento, cuando he tenido más tiempo para escribir llegué a publicar incluso más de tres veces a la semana, pero es un ritmo al que no creo que pueda llegar ahora mismo. Me encantaría poder dedicarme sólo a esto, pero no sabéis la cantidad de tiempo que lleva pulir cada una de las entregas y mantener el interés y la tensión durante tantas páginas.

En algún momento concreto puede que aumente el ritmo de publicación puntualmente (como hice en la parte de la boda, pues creo que en ciertos momentos un ritmo más constante ayuda a la narración) pero, por ahora, creo que dos veces a la semana está bien.

En un rato subo una entrega nueva.
Muchas gracias esta mas que bien eres tu quien nos tiene con todas las ganas de leer y si tu crees que ese es el ritmo que puedes tener en esta historia está mas que bien gracias por leerme y tomarte un tiempo para responder.

Ps: cada parte de esta historia se pone mas y mas emocionante sigue así con este grandioso relato
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Antiguo 15-abr-2018, 20:27   #918
juan1111
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Predeterminado

Lo escribes y describes tan bien,que me "chuparía" 20 páginas seguidas.
Así da gusto leer...
Ah!!...y en lo que a mi respecta,tómate el tiempo necesario para continuar manteniendo esta continuidad y este nivel.
Gracias.
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Antiguo 16-abr-2018, 05:23   #919
agueybana
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Predeterminado

bonito final, y buen comienzo con Lucia. Ahora q vendra, seguira la historia ?
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Antiguo 16-abr-2018, 10:02   #920
Required11
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bonito final, y buen comienzo con Lucia. Ahora q vendra, seguira la historia ?
No, este es el final del relato, espero que os haya gustado.


...


Nah, queda bastante aún por contar, jajaj.
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Antiguo 16-abr-2018, 10:10   #921
MBianco
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Cita:
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No, este es el final del relato, espero que os haya gustado.


...


Nah, queda bastante aún por contar, jajaj.
Qué susto joder! Se ve que te gusta hacer sufrir, a él, a nosotros, espero que también a Sara le toque su ración de pasarlo mal....
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Antiguo 16-abr-2018, 12:47   #922
Plakto
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Desgraciadamente, y viendo el titulo del relato y la personalidad de David... esto creo q va a acabar muy mal... creo que required nos lo esta pintando todo muy bonito y luego vendra un palazo de epoca jejeje
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Antiguo 18-abr-2018, 21:30   #923
Required11
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Predeterminado Capítulo 22 · Parte I

Por primera vez desde la ruptura me sentía animado.

Volver a tener noticias de Sara me había dolido momentáneamente, pero supongo que en parte ya me esperaba que hubiera pasado página. Mi reacción había sido perfectamente normal. Habíamos pasado muchos años juntos y me puse nervioso al volver a saber algo de ella tras esos meses, pero no significaba nada. Después de todas las humillaciones, aquello era sólo un último golpe y no precisamente el más doloroso. Desde luego, no más que verla arrodillada en la boda.

Preparé algo de comer y decidí dormir la siesta un rato para estar descansado por la noche. No penséis mal, era pronto para pensar en acostarme con Lucía, pero quería estar despejado en la cena. Con lo rápido que había pasado todo, no me estaba seguro si Lucía consideraba la cena como una especie de cita. Ni siquiera yo lo tenía claro.

Tras descansar un rato, ordené un poco la casa y me di una ducha. Se fue apoderando de mi una leve sensación de inquietud, que se fue acrecentando a medida que avanzaba la tarde y que se convirtió en puro nerviosismo cuando faltaban diez minutos para que Lucía subiese a cenar. Era absurdo, nos conocíamos, nos caíamos muy bien y yo contaba con la ventaja de saber que le gustaba, pero no podía evitar que me sudasen las manos.

Pasaban unos minutos de las siete y media cuando sonó el timbre. Abrí la puerta y recibí a Lucía, que traía una bandeja tapada en las manos. Estaba acostumbrado a verla con ropa deportiva, salvo aquella vez que la encontré llorando en la escalera, y me sorprendió verla arreglada y sonriente. Tampoco es que llevara un vestido de boda, pero las mayas y camisetas de deporte no eran la camisa y los pantalones pitillo que se había puesto para cenar. En especial los pitillo, que le hacían un culo espectacular, que no perdí la oportunidad de contemplar cuando le pedí que pasara. De verdad, ese culo era algo fuera de lo normal.

– He hecho pescado al horno… –dijo, dejando la bandeja sobre la encimera de la cocina.– No estaba segura de lo que te gustaba… Y tampoco es que sepa hacer muchas cosas más…

– Está perfecto, no tenías que habértelo currado tanto…

– Qué va, no es nada… –dijo.– ¿Te ayudo con algo?

– No, no… –dije metiendo la bandeja en el horno para que la cena no se enfriase.– Ve a sentarte y ahora te llevo una cerveza.


Agarré un par de botellines de la bandeja inferior del frigorífico y las dejé sobre la encimera mientras buscaba el abridor. Apagué la luz de la cocina y caminé hasta el salón con un botellín en cada mano. Lucía miraba con la vista perdida por la ventana mientras jugaba con su pelo. Al mantener las piernas cruzadas, su cadera formaba una curva perfecta entre su espalda y sus piernas. Me pareció que estaba preciosa. Imaginé que habría tenido las mismas dudas que yo a la hora de vestirse para la cena. Nadie había dicho que aquello fuera una cita, pero era evidente que había algo entre nosotros y ambos queríamos agradar al otro.

Nos tomamos una primera ronda de bebidas y nos sentamos a cenar en la mesita redonda del lateral del salón. Dejé encendida únicamente la lámpara que quedaba sobre la mesa, confiriendo a la estancia un aire de intimidad mayor que con el resto de luces. Bajo la luz amarilla y suave de la lámpara, comenzamos a cenar y la conversación fluyó de manera natural, como si fuera algo que estábamos acostumbrados a hacer a menudo. Era sencillo aproximarse a ella. No juzgaba ni imponía sus ideas. Escuchaba con buena disposición y también resultaba interesante cuando tomaba la palabra. Tenía cierta facilidad de palabra y resultaba muy elocuente contando anécdotas. Resultaba difícil no caer en los encantos no tan evidentes de aquella adorable chica. Durante la cena tuve tiempo de fijarme en ella como no había podido hacerlo antes. Cuando sonreía en sus mejillas aparecían unos pequeñísimos hoyuelos y sus ojos brillaban claros cuando la luz incidía en ellos.

– Estás muy guapa hoy… –conseguí decir tras reunir el valor suficiente, con la ayuda del alcohol que ya corría por mis venas.

Lucía sonrió, agradeciendo el piropo.

– ¿Hoy? –dijo frunciendo el ceño, simulando estar enfadada.– ¿El resto de días no lo estoy?

Ambos reímos y contesté.

– Claro que sí… Pero no sé, hoy…

– A ver… –me interrumpió, jugando con su servilleta.– Vestida para el gimnasio es imposible que le parezca guapa a nadie…

– Pues a mi sí me lo pareces.

– Eso se lo dirás a todas. –dijo, con una sonrisa pícara.

– Sólo a las que me gustan. –dije con arrojo, sintiéndome el corazón palpitar deprisa.

Lucía se quedó un instante en silencio, mirándome fijamente con una sonrisa. Pensé que quizá lo había dicho algo precipitadamente, pero necesitaba dejarle claro de una vez que ella también me gustaba a mi, tal y como ella lo había hecho semanas atrás. Sonrió, algo ruborizada, y acto seguido convirtió lo que podía haber sido un momento tenso en otro agradable comentario.

– Bueno, pues ya estamos empatados entonces. ¿Te ha costado decirlo, eh?

Reímos y dejamos que la conversación discurriese hacia otros asuntos varios. No había necesidad de ahondar en lo que empezábamos a sentir el uno por el otro, ya estaba bastante claro para ambos. Terminamos la cena y continuamos un largo rato sentados, momento en el que aproveché para sacar un par de copas del estante superior de la cocina y descorchar una botella de vino que tenía reservada para algún momento mejor. Un momento como aquel.

En determinado momento decidimos ponernos más cómodos, abandonar la mesa y recostarnos en el sofá, bajo la tenue luz que llegaba desde la lámpara. Lucía se cruzó de piernas y me sonrió antes de seguir charlando.

– Guapo. –dijo sin más, y me dio un pequeño beso en los labios.

No pensaba que la noche fuera a ir tan bien como lo hizo y era enteramente mérito suyo. Ella conseguía mantener esa atmósfera de comodidad y calidez para que la conversación fluyera. Y fue así incluso cuando la charla terminó derivando inevitablemente hacia el tema de la ruptura y mis sentimientos tras ella. Tampoco quería dar un monólogo, pero parecía interesarle lo que yo tenía que decir, así que le resumí lo que había pasado sin entrar en muchos detalles.

– Bueno, ¿y cómo estás tú? –preguntó tras haberle contado muy básicamente lo que había pasado.– ¿Ya un poco mejor?

– Sí… –dije mirando mi botellín.– Ya sabes como son estas cosas... Llevan su tiempo.

– Sí… ¿Y habéis hablado alguna vez después de…?

– Qué va… –dije arqueando las cejas. No me resultaba muy cómodo hablar de mi ruptura, pero tampoco sabía muy bien como redirigir la conversación.– No hemos vuelto a hablar nada.

– Vaya… –dijo con tono triste.– Terminar mal siempre es una mierda…

– ¿Pero es que se puede acabar bien? –dije.

– Bueno… No te creas, yo lo he dejado con parejas y luego hemos seguido siendo amigos… Pero si, después de una bronca como la vuestra debe ser complicado…

– Ya…

– Imagino que aún la echas un poco de menos, ¿no?

– Bueno… –no sabía muy bien cómo contestar. No quería herir sus sentimientos, pero si decía que no la extrañaba sonaría falso.– No es realmente echar de menos. Es simplemente que…

– …estabas acostumbrado a tenerla ahí. –dijo terminando mi frase.

Parecía entenderme bastante bien y comprender por lo que estaba pasando. Eso lo hacía menos incómodo.

– Sí, algo así. Echo un poco en falta hablar con ella y cosas así… Pero se portó muy mal conmigo… No me gusta pensar en ella, la verdad.

– Te entiendo… –dijo asintiendo.– Cuando estás habituado a tener a alguien siempre al lado es difícil cortar de un día para otro. Aunque haya sido el mayor cabrón del mundo, cuesta habituarse a la nueva rutina…

Asentí con un pequeña mueca. Resultaba facilísimo hablar con ella de cualquier tema. Incluso podía tratar de forma sincera el tema de nuestra ruptura sin que se molestase lo más mínimo. Por lo que me decía, tuve la impresión de que ella también había pasado por algo parecido.

– ¿Tú has tenido rupturas difíciles? –pregunté.

– Alguna… Sí. –Hizo una pausa para dar un trago a su vaso. Dejó la vista perdida y continuó– Hubo una muy mala, sí. Con un novio que tuve en la universidad. Llevábamos juntos desde el instituto y parecía que nos queríamos mucho y tal, pero…

– Se torció, ¿no?

– Sí… –dijo.– Al principio pensaba que había sido culpa mía.

– ¿Por?

– Bueno… es que ese año yo me fui de Erasmus. Estuve casi un año fuera. Aguantamos lo mejor que supimos pero lo dejamos a los dos meses de volver yo aquí. Él se había enamorado de otra chica… Me enteré de la peor manera, al encontrar unos emails suyos con la susodicha…Y pensé que quizá si me hubiera quedado… Si no me hubiera ido por ahí, no le habría perdido.

– Vaya…

– Pero no. Un tiempo después me enteré que me había sido infiel antes, con otras tres chicas. Con alguna incluso antes de haberme ido de Erasmus… Así que… Ahí dejé de sentirme culpable, como comprenderás.

– Joder, qué cabrón.

– ¿Y sabes lo peor? –dijo, con una sonrisa irónica en los labios.– Que yo le fui totalmente fiel durante mi Erasmus, como una gilipollas.

Reí ante su comentario.

– En serio. –continuó.– ¿Sabes a cuántos tíos podría haberme follado allí? A uno al día, si hubiera querido.

La forma en que me lo contaba me parecía muy divertida, pese a ser una historia triste y seguí riendo.

– Te lo juro. –aseveró.– ¿Me has visto el culazo que tengo, ¿no? Pues imagínate cómo lo tenía con 22 añitos… Me los tenía que ir quitando de encima… Y mientras tanto, el otro cabrón follándose a todo lo que se le ponía a tiro…

Volví a romper en carcajadas. No recordaba la última vez que me reía tanto con alguien. Hablar con Lucía me resultaba terapéutico.

– Bueno… –logré decir cuando paré de reír.– Pues ya tenemos algo más en común: a los dos nos han puesto unos bonitos cuernos.

Alcé mi copa y brindamos por ello. Hubo un instante de silencio mientras Lucía movía su copa en círculos, como si estuviera pensando lo que decir a continuación.

– ¿Tú cómo te enteraste?–preguntó finalmente.

Miré hacia el techo, rememorando por un instante la fatídica boda de Carla antes de contestar.

– Les pillé. –dije.– Fue durante la boda de una amiga suya.

– No jodas…

– Sí… muy fuerte.

– ¿Y se la montaste allí mismo?

– No… Esperé a volver aquí a casa… Por eso nos oíste gritar tanto. Salió todo en tromba. Y la muy puta intentaba darle la vuelta ¿sabes? Para que lo suyo no pareciese tan malo.

Habíamos bebido bastante y el alcohol me soltaba la lengua. De repente no me importó entrar en detalles.

– Pff… –resopló, de forma sarcástica.– Está mal que yo lo diga, porque soy una chica, pero eso es tan típico de tías…

– Sí… –asentí.– Pero bueno, le dejé claro que no tenía razón y entonces fue cuando se enfadó y…

– Ya… Joder. –dijo pensativa.– Qué mal…

– Sí. –contesté

– ¿Pues sabes qué?– dijo, dejando la copa en la mesita.

– ¿Qué?

– Que yo te veo mejor desde que lo dejasteis. –se acercó y pasó su mano derecha tras mi nuca, acariciándome el cuello.– Te veo más guapo.

– Eso lo dices porque estás un poco borracha. –contesté sonriendo.

– Estoy un poco borracha. –Reconoció sin dejar de jugar con mi pelo entre sus dedos.– Pero no tiene nada que ver con lo que te digo.

Hubo un nuevo momento de silencio en el que nos quedamos mirando a los ojos en silencio y pensé en besarla. Estaba a punto de lanzarme cuando volvió a tomar la palabra.

– No entiendo cómo pudo pasar de ti la chica esa del otro día.

– ¿La rubia? –pregunté.

– Sí, la idiota esa de Tinder… ¿No le gustaste o qué?

– Bueno… no fue exactamente eso… Pero da igual, era una idiota.

– ¿Y qué fue? –preguntó de nuevo.

No sabía cómo explicarle lo que había pasado sin dejarle claro que había sido debido al tamaño de mi herramienta.

– No sé, supongo que se esperaba otra cosa… –dije.

– Pero ya te había visto en foto…

– Ya, no lo sé… –dije esperando que no siguiera por ese camino, pero insistió.

– Venga va, dime qué pasó…

– Es que… –comencé, dubitativo.– Me da vergüenza contártelo... Da lo mismo, de verdad…

Lucía rió y me cogió del brazo, acercándose aún más.

– Venga va… Tienes que contármelo… Ahora que sé que te da vergüenza me parece más divertido.

Pensé que si en algún momento tenía algo con ella, terminaría por ver la razón por la que la enfermera me había dejado plantado, así que no tenía motivo por el que ocultárselo. Cuanto antes supiera que la tenía un poco pequeña, mejor. Menos sorpresas.

– A ver… –comencé.– Es que esa chica es enfermera, ¿vale?

– Vale…–dijo Lucía, escudriñándome con sus ojos.

– Y cuando ocurrió lo que ocurrió… –dije haciendo un gesto en referencia a la patada que recibí el día de la ruptura.– Fui al ambulatorio justo el día que ella estaba en la consulta.

– Espera… Entonces…¿Os conocíais de antes?

– No exactamente… No nos reconocimos hasta que llevaba un tiempo aquí en casa.

– Ah… ¿Y entonces porqué se fue…?

– A ver, es que… En la consulta, tuve que quedarme desnudo de cintura para abajo… Y ella me vio…–hice un gesto, señalándome el paquete.– Y digamos que no quedó muy impresionada.

– ¿Cómo?–dijo Lucía, sin entender del todo lo que le decía.

– Pues eso, que la chica se dio cuenta de que yo era el mismo que había visto aquel día en la consulta…y se acordó de que no soy un superdotado precisamente, y… se largó. Supongo que el tamaño sí importa, al fin y al cabo.

– ¿¿Me lo estas diciendo en serio??

– Totalmente. –dije, lacónico.– En cuanto me reconoció, me dijo una excusa cutre y se largó corriendo.

– ¿En serio? ¿Y todo porque…?

– Porque la tengo pequeña. Exacto. –zanjé, mirando mi copa.

– Menuda gilipollas, ¿no?

– Pues sí… Aunque bueno, si estaba buscando algo más grande…

– Qué puta flipada… No me lo puedo creer, pobrecito…

Se inclinó sobre mi y me dio un beso en la mejilla. Se quedó un instante mirándome a los ojos, con los ojos brillantes por el efecto del alcohol, y finalmente habló.

– Venga va… Enséñamela.

– ¿Qué? –dije, casi atragantándome con la cerveza con una risa nerviosa.

– Que sí, va… –dijo, también riendo.– A ver si es verdad lo que decía la payasa esa.

Volví a reír nervioso, sin saber si estaba de broma, aunque permaneció expectante, como si de verdad esperase que me bajase los pantalones y le enseñase la polla.

– ¿Estás de coña, no? –dije finalmente.

– Que no, en serio… –dijo, dejando el botellín sobre la mesita e incorporándose en el borde del sofá.– ¿Te da vergüenza?

– Joder… Pues claro… –dije dando un buen trago.

– Anda ya… –insistió, mientras se acercaba lentamente y ponía una mano sobre mi pierna.– Somos amigos… Tú me gustas, yo te gusto… Estamos un poco borrachos… Venga, enséñamela…

– Pero… A ver… –dije, intentando despejar mi mente y disuadirle de aquella idea de locos.– La chica del Tinder se rió de mi precisamente porque me la había visto… ¿Qué te hace pensar que te la quiero enseñar…? Además, estoy borracho…Y…

– ¿Y qué pasa porque estés borracho? –dijo.

– Pues que… No estoy…

– Me da igual que no estés empalmado, David… –dijo medio riendo.– Y me da igual lo que pensase la gilipollas esa…

Su mano avanzó lentamente hacia mi entrepierna y quedó a escasos centímetros de mi paquete.

– Venga… Qué más te da…

El alcohol me hacía quedarme sin palabras y Lucía lo entendió como un signo de aprobación. Cuando quise darme cuenta, trajinaba con mi cinturón para desabrocharme los vaqueros.

– Espera… –me quejé.– Me da vergüenza, en serio…

– David, no va a pasar nada más… –dijo, intentando tranquilizarme.– Sólo tengo curiosidad… Y si de verdad la tienes tan pequeña, pues te lo digo también, ¿vale?

Soltó una carcajada al mismo tiempo que me hizo un gesto para que me pusiera en pie. Por alguna razón que aún no llego a comprender, le hice caso, quedando con la pelvis justo a la misma altura que su cara, que sonreía al verme tan obediente. Era una situación de locos, pero la cerveza parecía dotarle de cierto sentido en aquel momento.

– Eso es.– dijo mientras me bajaba a tirones los pantalones hasta las rodillas y escrutaba el bulto de mi ropa interior.

Se mordió un labio, con una sonrisa nerviosa, y agarró el elástico de mis calzoncillos. Antes de que me los bajase, levanté mi cerveza y di un buen trago. No quería ver la cara que pondría al vérmela. Aún tenía el botellín inclinado sobre mi boca cuando noté que Lucía me dejaba desnudo de cintura para abajo. Noté que mi pene rebotaba ligeramente por el rápido movimiento y sentí un profundo sentimiento de vergüenza, aunque ciertamente atenuado por el alcohol.

Bajé la vista para ver finalmente a Lucía contemplando con interés mi polla a escasos centímetros de su cara, manteniendo aún la misma sonrisa que tenía antes de bajarme los pantalones. Seguí bajando la mirada hasta mi entrepierna, donde mi polla colgaba flácida y arrugada.

–David… –comenzó, y yo esperé un nuevo comentario humillante.– Tienes una polla normal.

Levantó la vista y me miró a los ojos.

– Puedes decir lo que piensas de verdad… –dije.– No me voy a enfadar…

– Ya lo estoy haciendo. –dijo arqueando las cejas y volviendo a dirigir la mirada a mi entrepierna.– En serio… No sé a qué estará acostumbrada la chica esa, pero… A mi me parece que tienes un tamaño normal…

– Bueno… Vale, si tú lo dices… –dije, dando un nuevo sorbo y desconfiando aún de su palabra.

– Sí… –continuó.– Y es bonita…

Su comentario me hizo reír y deje escapar un poco de cerveza.

– Que sí… –insistió.– En serio… ¿La puedo tocar?

La situación era tan extraña que decidí dejarme llevar. Desde luego, en aquel estado no iba a poder tener una erección en condiciones, así que si ella quería jugar un rato, no veía el inconveniente.

– Claro, por qué no… –dije.

Alargó su mano, y acarició primero la piel del tronco de mi pene con dos dedos, desde su base hasta la punta.

– Qué suavecita. –dijo. Parecía que fuera la primera vez que veía una.

Cuando terminó de recorrerla por encima, ahuecó la palma de su mano y acogió en su interior mi pene, ejerciendo una leve presión que se sintió cálida y agradable. Tras repetir un par de veces esa misma presión, giró la muñeca, levantando el pene y dejando expuestos mis testículos.

– Ala… –dijo, como si se sorprendiera.

– ¿Qué? –pregunté.

– Los tienes… Muy grandes… ¿No?

Sonreí ante su pregunta.

– Bueno, es que… Hace ya bastante que no…

– Oh… –dijo, entendiendo a lo que me refería.

Sin soltar mi pene, alzó su otra mano para acariciar la parte inferior de mis testículos. La forma con la que trataba todas mis partes era de una delicadeza extrema. Como si estuviera jugando con porcelana.

– Y no te apetece que… –dejó la frase en el aire y comenzó un suave movimiento de vaivén sobre mi polla mientras me sonreía con picardía.

– Claro que me apetece… –dije.– Pero estoy demasiado borracho…

– Vaya… –dijo, volviendo la mirada a mi entrepierna, sin dejar de masturbarme muy despacio.– Qué pena… Con las ganas que tengo yo también… Pero tienes razón, hemos bebido mucho, sería un desastre.

– Sí… –dije riendo.

– Y es un poco tarde… –dijo, acariciándome por última vez el paquete antes de subirme la ropa de nuevo y ponerse en pie.– Es mejor que me vaya ya.

Miré por primera vez en toda la noche el reloj que colgaba en la pared del salón y vi que eran casi las cuatro de la mañana. El tiempo con Lucía pasaba rapidísimo.

La acompañé hasta la puerta y se giró, dándome un último beso en los labios, más largo y más húmedo que cualquiera de los anteriores.

– La próxima vez no te me escapas. –dijo con malicia, sonriendo, y me hizo reír.

Se despidió de mi en el umbral de mi puerta y la seguí con la mirada hasta que desapareció escaleras abajo, no sin antes lanzarme una última mirada por encima del hombro.

Cerré la puerta y noté que el salón aún olía a ella. Dejé las cosas tal y como estaban, ya tendría tiempo de ordenar el día siguiente, y me fui directamente a la cama. Me desnudé y apagué la luz como si flotase sobre una nube. Me había sorprendido descubrir que mi vecina era tan lanzada, pero me gustaba. Había pasado mucho tiempo desde que alguien me hacía sentir tan bien. Me dormí con una sonrisa en los labios, pensando que mi suerte empezaba a cambiar.

Última edición por Required11 fecha: 18-abr-2018 a las 22:43.
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Antiguo 18-abr-2018, 22:18   #924
Tibasho
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Genial capítulo!!!

...estaba esperando que le dijera que la tenía pequeña
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