Antiguo 02-sep-2016, 23:16   #1
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Predeterminado Perdiendo a mi novia

Hola a todos.

Quiero compartir con vosotros un relato que, si bien contiene partes de fantasía, está basado en hechos reales. Espero que os guste.
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Antiguo 02-sep-2016, 23:17   #2
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Predeterminado Capítulo 1

Capítulo 1 · Eligiendo destino.



- ¿Dónde vamos a ir este año de vacaciones?

La pregunta me sacó de la lectura. Miré el reloj del iPad y vi que habían pasado dos horas desde que me había sentado en el butacón a leer. Sara, mi chica, había estado en el sofá, con el portátil sobre las rodillas viendo alguna de sus series con los auriculares puestos. Siempre había encontrado a mi novia con una belleza especial cuando estábamos en casa. Me encantaba verla así, con sus gafas de pasta, una coleta alta, y sin maquillar. Nada más llegar a casa, se había quitado las lentillas y había cambiado los pitillo y los tacones por un cortísimo pijama de verano, con la tela desgastada por el uso. La luz del atardecer entraba a través de las cortinas de la salita, haciendo brillar su piel morena.

- No lo sé, cariño. ¿Has pensado ya en algún sitio? -Le dije, apagando la tablet, y dejándola sobre la mesita de la sala de estar.

- No... nada en concreto. -Cerró la tapa del portátil, y lo echó sobre el sofá.- Aunque la verdad es que este año me apetece un sitio con playa...

- ¿Playa? ¿Otra vez?

La playa nunca había sido mi destino preferido durante el verano. Para mi, era el lugar más incómodo del mundo. Odiaba la arena, y la forma en que se te pegaba a la piel por efecto de la crema protectora. El viento te erosionaba la piel y la sombrilla nunca cubría lo suficiente. Siempre había demasiada gente y demasiado calor.

Además, el verano anterior ya habíamos estado en la playa. Habíamos viajado a Cádiz, con los tíos de Sara a un apartamento que quedaba a unos diez minutos de la costa. Lo que en un principio iban a ser siete días de descanso y sexo, acabaron en paseos interminables por el paseo marítimo con sus tíos, mala comida y creciente dolor de testículos, debido a que las habitaciones del apartamento estaban separadas únicamente por un finísimo tabique, y sus tíos podrían oírnos.

Sara me contestó con tono inocente.

- Anda, porfa... Y este año nos vamos solos, y hacemos lo que queramos.

- No sé... ¿no prefieres ir al norte? Se está mucho más fresco en verano...

- No... -Se levantó del sofá y vino caminando despacio, de forma sexy hacia el butacón.- Además, ¿no te encantaba lo morena que me puse el año pasado? -Preguntó con voz melosa, levantándose un poco el top del pijama, dejando al aire la piel de su estómago. Sara sabía que no tenía ninguna gana de volver a la playa, pero me temía que no iba a dejarlo pasar sin intentar convencerme. Hacerme cambiar de opinión utilizando el sexo era algo que se le daba muy bien.

- ¿No decías que te encantaban las marcas de moreno que me dejaba el bikini? -Se inclinó hasta apoyarse en mis rodillas y me besó despacio. No era un movimiento aleatorio. Sabía perfectamente que desde esa posición, tenía una visión perfecta de su escote. Mi chica no era ninguna supermodelo, pero encajaba perfectamente en el esquema de ‘vecinita sexy’. Tenía una cara preciosa, con ojos grandes y risueños de color miel, que le daban un atractivo aspecto aniñado, y unos labios carnosos. La melena castaña le llegaba hasta la parte baja de la espalda. En cuanto al resto de su físico, siempre había llamado la atención allá donde fuese. Tenía la piel cobriza, que se oscurecía en cuanto tomaba el sol un par de días. Su cuerpo era una sucesión de curvas, a cada cuál más sugerente. Su culo, redondo y respingón, se agitaba ligeramente al andar, y atraía una cantidad de miradas considerables, especialmente cuando vestía leggins o vestidos ceñidos. No era especialmente alta, apenas llegaba a los 1’65cm, pero lo que le faltaba de altura, lo suplía con creces con su generoso pecho. Si había algo que realmente destacaba de su anatomía eran aquellas impresionantes tetas, turgentes y desafiantes, con unos pezones grandes y sensibles. No por nada, durante toda su etapa adolescente había sido Sara la tetas para su grupo de amigos. Ya desde joven, había sido consciente de la ventaja que le daba tener una talla 110 de sujetador, y no sentía la necesidad de ocultar aquellas maravillas, si no todo lo contrario: le encantaba lucirse con vestidos escotados, y otras prendas ceñidas, que siempre acentuaban su silueta, y dejaban claro a cualquier hombre que andase cerca que aquellas tetas eran las mejores del lugar.

- A lo mejor este año me apetece hacer topless y todo... -Rió con voz traviesa, mientras me daba otro beso.

- No te lo crees ni tú. -Le dije riéndome.- Nunca te atreves a hacerlo.

A mi nunca me había importado el hecho de que quisiera quitárse la parte de arriba del bikini, incluso me parecía una idea excitante el imaginármela en una playa llena de hombres mirándola casi desnuda. Pero pese a estar muy orgullosa de su cuerpo, siempre había sido muy pudorosa respecto a mostrar sus encantos a gente desconocida y, como mucho, se desabrochaba la parte superior del bikini una vez estaba tumbada sobre la toalla.

- Ya. -Rió al escuchar mi respuesta.- Siempre me da corte...

Siguió riendo mientras se acomodaba en el suelo, de rodillas, entre mis piernas.

- ...aunque fijo que tú te enfadabas... -Dijo mientras empezó a acariciarme la entrepierna sobre el pantalón corto de deporte que llevaba para estar en casa.

- ¿Yo? -Continué.- Ya te dije que a mi eso me daba igual. Si no lo haces es por que te da vergüenza a tí...

- ¿Seguro que te daría igual que otros tíos me vieran esto?... -Curvó su espalda hacía atrás, y levantó rápidamente su top, haciendo que sus enormes tetas rebotasen pesadamente al volver a su posición natural.- ¿Te daría igual estar ahí delante mientras otros me miran?

Mi polla ya estaba totalmente dura bajo mi pantalón. La sola visión de sus tetas, hacía que mi pene despertase como un resorte.

- Bueno, no sé... como nunca lo has hecho... -Le respondí mientras Sara liberaba mi polla del pantalón.- ...igual luego no me hacía gracia, quién sabe.

Sara se humedeció los labios y empezó a besarme el glande, y a pasar la lengua para humedecerlo con su saliva. Me recosté sobre el butacón, y me quedé mirando cómo empezaba a meterse mi polla en la boca lentamente. Me encantaba mirarla mientras lo hacía, y esta vez, al tener el pelo recogido, nada se interponía en aquella maravillosa visión. Debía apetecerle mucho ir a la playa este año, pues las mamadas no era algo que le entusiasmase hacer, pese a tener bastante habilidad cuando tenía que hacerlas.

Tras un par de minutos de lenta mamada, dejó reposar mi pene sobre mi vientre y se levantó. Yo salí de mi estado de sopor, sin entender muy bien a dónde iba. Lo normal habría sido que se levantase y se sentase encima mía, para terminar con el polvo. Sin embargo, volvió al sofá y trajo el portátil con el que había estado toda la tarde.

- Venga, vamos a pillar ya el hotel. -Me dijo con mirada juguetona.

Pusó el portátil sobre mi estómago y abrío la pantalla. El fondo de escritorio salió de su estado de suspensión, y nos vi a los dos allí, congelados tras algunos iconos de carpetas y aplicaciones, en una foto que nos habíamos tomado durante una fiesta con amigos de hacía unos meses.

- Venga, tú ve buscando hoteles.

Volvió a arrodillarse y, oculta tras la tapa del portátil, retomó la mamada que había dejado a medias, aunque ahora, con mayor ritmo. Intente bajar ligeramente la pantalla para ver cómo me la chupaba, pero se detuvo.

- No hagas trampa. Tú coge el hotel, y yo sigo con esto. -Según terminó de hablar, volvió a meterse la polla en la boca. Coloqué lentamente la pantalla como estaba y puse el dedo índice sobre el ratón táctil del portátil. Si Sara pensaba que iba a poder fijarme bien en los hoteles mientras me la chupaba, se equivocaba. Abrí el explorador e introduje como pude las palabras clave en el buscador.

- Has pensado... -Empecé a decir, con notables espacios entre las palabras, provocados por las oleadas de placer que provenían de mi polla.- ...¿Has pensado... a qué parte quieres ir?

Como si le excitase que yo buscase nuestro destino mientras tanto, empezó a chupármela más rápido. Rodeó la base de mi polla con la mano derecha, y empezó a acompañar la mamada con la mano.

- ¿Cádiz... otra vez? -Pregunté entre jadeos.

- Mmmh-mmh... -Negó Sara, sin sacarse la polla de la boca.

¿De verdad pretendía que pensase con claridad mientras me estaba dando aquella mamada? Me costaba concentrarme. Cada vez aceleraba más el ritmo y apretaba más la base de mi pene con la mano al pajearme.

- Uff... cariño... Lo vemos luego... es que así es imposible...

- Mmmh-mmmmh... -Volvió a negar.

- ... No sé... Málaga?

No veía nada de lo que hacía Sara tras la pantalla de portátil, y eso lo hacía aún más intenso. Noté que retiraba la boca, y ahora seguía haciéndome una paja.

- ¿Qué tal Mallorca? -Preguntó, y acto seguido volví a sentir su habilidosa lengua sobre mi capullo.

- Ufff... venga, vale... -Como un autómata, escribí ‘Mallorca’ entre las palabras clave del buscador. En seguida la pantalla se llenó de resultados con ofertas de hoteles en Mallorca. Todos me parecían caros, y de no ser porque estaba totalmente abstraído debido al placer que me daba mi chica, habría descartado la opción de la isla.

- Es un poco... un poco caro... -Conseguí decir.- Aunque hay uno que puede ser...

Sara volvió a sacarse mi rabo de la boca.

- ¿Cómo es? -preguntó mientras me pajeaba con fuerza.

- Ahhh... pues... a ver... 2.100€... cuatro estrellas, media pensión... ufff...

- Si... es algo caro. -Terminó de decir Sara y note cómo soltaba mi polla y se ponía en pié. Se recostó junto a mi, y miró la pantalla del portátil.

Yo estaba totalmente en éxtasis, con el portátil sobre mi estómago y la polla como un mástil. De no haberse detenido en seco, ya estaría cerca del orgasmo.

- ¿No sigues...? -Le dije con voz impaciente.

- Sí, tonto, -dijo sin dejar de mirar la pantalla- pero dame un segundo... Mira, aquí pone que si vas en grupos más grandes te hacen más descuento.

- Ah, sí... -respondí- pero como habías dicho que esta vez íbamos solos...

- Ya cariño, pero nos hacen más rebaja, y Mallorca tiene que molar bastante... Podríamos ir con Alba, a lo mejor.

Alba era la mejor amiga de mi chica. Se conocían desde el instituto y se consideraban casi hermanas. Solían quedar una vez a la semana como mínimo para tomar algo, ir de compras o simplemente para contarse chismes. Pese a ser la amiga más íntima de Sara, yo apenas tenía relación con ella, más allá de lo educado cuando alguna vez habíamos quedado con más amigos. Era algo así como una desconocida que aparecía muy a menudo en mi vida.

- Pero Alba igual no quiere... no va a venir de ‘sujeta-velas’, ¿no?

- Bueno, me dijo que estaba empezando a salir con un chico, quizá le apetezca venir, si vamos en plan parejitas...

- Mmh... no sé si es el mejor plan...

- Bueno, déjame que intente convencerte. -Dijo, y una sonrisa picarona volvió a brotar en sus labios.

Su cabeza volvió a desaparecer tras la pantalla del portátil y yo volví a sentir sus lentos lametones a lo largo del tronco de mi pene, que seguía totalmente duro. Al no poder verla en esa posición, me dediqué a disfrutar la mamada con los ojos cerrados. Sara comenzó a aumentar el ritmo, mientras me acariciaba los huevos con la mano.

- Seguro que es divertido cariño. -Aprovechaba a decir mi chica durante las pocas pausas que hacía mientras me la mamaba.- La otra vez fuimos con gente mayor...y nos aburrimos más... -Estaba resultando una mamada de lo más deliciosa. Cuando terminaba de decir media frase, escuchaba el delicioso ‘chup-chup’ de la boca de Sara sobre mi polla. Entonces paraba, y mientras hablaba, seguía pajeándome.-... pero con gente de nuestra edad... seguro que es mucho más divertido...

- Ufff... bueno, puede ser... a ver qué te dice Alba... y si el chico ese quiere.

Mientras mi chica aumentaba el ritmo hasta un punto en el que yo no iba a tardar en correrme, me quedé pensando durante un segundo en Alba. No sabía que estaba saliendo con nadie. Por lo que tenía entendido había salido de una relación ‘tóxica’ hacía algo más de un año, y llevaba un tiempo sin pareja. Y no es que los tíos no se fijaran en ella, todo lo contrario. Era una chica muy delgada, con unos pechos que se adivinaban diminutos, aunque con un culo pequeño y redondo que la hacía muy deseable. Aparte, tenía una carita preciosa, en la que se dibujaban hoyuelos cada vez que sonreía. Esto, junto a sus ojos grandes y rasgados, le aportaban un aire de viciosa que la hacía muy atractiva. Sin embargo, como buen amante de las chicas con pechos grandes, yo siempre había visto a mi chica mucho más atractiva que a ella.

- Vale cariño... -Siguió mamando Sara, que debía notar por las convulsiones que mi orgasmo estaba a punto de llegar.- ... aunque ahora... seguro que me da corte hacer topless...-Dijo riéndose.

- Bueno... no pasa nada cariño... -Notaba la lengua de Sara chupando la punta de mi polla, mientras me pajeaba el resto del tronco con fuerza.

- Avísame ¿vale? -Susurró Sara.

- Claro, amor...

Mi polla estaba a punto de estallar. En estas ocasiones siempre intentaba calcular el momento justo de la corrida, para aprovechar al máximo la boquita de mi chica. Alguna vez había apurado tanto que Sara había recibido el primero de los chorros en la lengua o en la barbilla, y se había enfadado. Le daba mucho asco que me corriese en su cara o en su boca, y nunca me había dejado pese a que yo de vez en cuando le insistía.

No aguanté más y me corrí.

- Cariño... ya... ya!... -Acerté a decir extasiado.

Sara se retiró bruscamente y mientras me pajeaba furiosamente con una mano, puso su otra palma frente a mi polla para recibir los chorros de semen que disparaba entre convulsiones y evitar así manchar algo. Siguió meneándomela, cada vez más despacio, hasta que salió la última gota. Cuando terminé, se puso de pié con la mano derecha en forma de cuenco para evitar derramar la mayor parte del semen que había expulsado y me besó en la frente.

- Te ha gustado, ¿amor? -Preguntó, risueña.

- Claro, cariño... -Contesté atontado, sintiendo aún las últimas oleadas del orgasmo que acababa de tener.

- Bueno, voy a darme una ducha y a llamar a Alba, ¿vale? -Se giró, cogió una servilleta que había sobre la mesa de la salita y se la restregó en la palma de la mano para limpiarse.- ¿Acabas tú de coger el hotel?

- Claro...

La pregunta de Sara me hizo volver a la realidad y darme cuenta de que al final, me había convencido de ir donde ella quería. Y además, con otra pareja que yo apenas conocía. Era una estrategia muy sucia por su parte, pero tampoco podía ser tan mala idea. Además, Sara tenía razón: esta vez, al viajar con una pareja de nuestra edad, podríamos hacer cosas más divertidas. Y encima, había recibido una maravillosa mamada. Un auténtico regalo, proviniendo de mi chica.

No tenía por qué preocuparme.
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Antiguo 02-sep-2016, 23:21   #3
Required11
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Predeterminado

Para ilustrar un poco el relato, os dejo las fotos de unas chicas que bien podrían encajar en la descripción de este primer capítulo.
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Antiguo 03-sep-2016, 01:11   #4
cornidox30
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Predeterminado Muy buena intro....

La historia promete.... muy morboso lo que cuentas...

Sospecho que algún plan oculto tiene tu chica para las vacaciones.... mmmmm
__________________
sigue mi relato en el hilo: Mi Natalia...
http://www.pajilleros.com/relatos-ex...tos-chica.html
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Antiguo 03-sep-2016, 13:29   #5
CJbandolero
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Mola mucho. Te seguimos
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Antiguo 03-sep-2016, 16:52   #6
diavolo_palma
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Predeterminado Mmmm

Mmmm que interesante y tiene pinta que se va a desarrollar en mi isla jejejeje

Esperando continuación.....
__________________
visitame
/chicos/86509-mallorca.html
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Antiguo 03-sep-2016, 19:46   #7
jjgtbenave
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Muy bien escrito y comienzo con mucha fuerza, deseando seguir leyendo.
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Antiguo 03-sep-2016, 20:02   #8
ParTGNA
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Predeterminado

Esto promete ser un gran relato...muy bien escrito, me has dejado mojada....
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Antiguo 03-sep-2016, 23:51   #9
lucerodelalba
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que buena pinta!!!
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Antiguo 04-sep-2016, 16:27   #10
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Predeterminado Capítulo 2 - Parte I

Capítulo 2 · El chico nuevo.

El despertador me sacó del sueño a las diez en punto de la mañana. Normalmente los sábados no me despertaba hasta un poco más tarde, pero tenía bastantes cosas que hacer.

La tarde anterior había finalizado la reserva del hotel y el vuelo a Mallorca para cuatro personas. Sara se pasó más de una hora al teléfono y, como se imaginaba, a Alba le pareció un plan estupendo. Según le había contado a mi chica, estaba encantada con el chico nuevo con el que estaba empezando a salir, y le apetecía hacer algo con él. Aceptó nuestra invitación incluso sin preguntarle a él antes.

- Se llama Hector. -Me contó mi novia cuando colgó el teléfono, aun envuelta en la toalla de ducha.- Y me ha dicho que podríamos quedar pasado mañana para cenar con ellos, y así le conocemos antes del viaje.

- Vale, me parece bien. -Contesté.

- Sí, ya le he dicho que era buena idea. Así que nada, hemos quedado a las nueve en el ‘Maral’, ese que hay cerca de la estación, ¿vale? -Me dijo, y al rato nos fuimos a dormir.

Teníamos el viaje en pocos días, y había que acabar de organizarlo todo. Me preparé un café, mientras Sara seguía en la cama, perezosa, y encendí el portátil. Abrí el buscador, y en cuestión de minutos dejé reservado un coche de alquiler para cuando llegásemos a la isla.

Revisé el mail de confirmación de la reserva de las habitaciones. Habían salido algo caras, pero con el descuento de grupo, merecían mucho la pena. Me aseguré de que las habitaciones quedaban en plantas diferentes, para no volver a tener el problema de las vacaciones anteriores, y que el ruido no fuese un problema a la hora de tener sexo. Ambas habitaciones tenían vistas a una piscina gigante de color azul, rodeada por grandes palmeras. En las fotos se intuían varias cabañas pertenecientes al complejo, que hacían la función de bar al lado de la piscina. Tras esta, a unos doscientos metros, había una pasarela que llevaba directamente a una pequeña cala, con aspecto paradisíaco, flanqueada por acantilados y en la que había pequeños barcos blancos fondeados. Tenía una pinta espectacular.

Cerré la pestaña de la reserva, y me dispuse a apagar el portátil. Sin embargo, no acerté bien con el ratón, y abrí sin querer la carpeta del historial. Aparecían las últimas páginas consultadas, entre ellas las de hotel, la reserva del coche, y más abajo, las páginas donde Sara había estado viendo una serie la tarde anterior.

Al igual que hago yo, Sara es muy cuidadosa con el historial. Estoy seguro de que también se masturba cuando se queda a solas pese a que lo niegue, y me parece totalmente normal. Sin embargo, nunca he conseguido ver qué tipo de material busca para aliviarse a solas, pues antes de cerrar el ordenador, siempre borra el historial. Yo también lo hago, aunque no soy tan cuidadoso como ella, y más de una vez ha descubierto los vídeos de tetonas que yo miro. Siempre se le acaba pasando, pero no le hace mucha gracia que me masturbe.

Por lo visto, antes de ver su serie, había estado mirando ya sitios en Mallorca. De modo que no había sido improvisado. Curioso.

Decidí echar un vistazo a páginas más antiguas, ya que quizá con lo precipitado de la tarde anterior, no lo habría borrado. Bajé, y vi páginas de moda y de noticias de cine. Seguí bajando hasta la hora en que yo había estado en el estudio.

Bingo.

El corazón empezó a latirme furiosamente. No tanto por el contenido en sí, si no por el hecho de descubrir por fin el tipo de vídeos con los que se masturbaba. Abrí una de las pestañas y empezó a reproducirse un video en una web de vídeos porno. Como dejaba entrever el título, en el vídeo aparecía un hombre negro, muy atlético, sentado en un sofá a solas. Se abría la bragueta y descubría una polla de proporciones imposibles. Tras unos segundos, empezaba a meneársela hasta correrse, lanzando gruesos chorros de semen sobre su propio estómago.

Cerré la pestaña y abrí la otra página que aparecía en el historial del día anterior. Esta vez, en el vídeo aparecía otro hombre, esta vez caucásico y más musculoso que el anterior. Una chica menuda entraba en escena y se arrodillaba frente a él. El hombre sacaba una polla gigantesca, y la chica comenzaba a chupársela como si la vida la fuera en ello, hasta el punto de atragantarse con semejante rabo. Ya imaginaba cómo acababa ese vídeo.

Escuché un ruido que provenía de la habitación: Sara debía estar desperezándose. Con el corazón a mil, y algo perturbado por descubrir los gustos de mi chica para masturbarse, intenté cerrar rápidamente las pestañas abiertas. Sin embargo, antes de cerrarla, algo en el vídeo volvió a llamar mi atención.

Sara ya estaba en pié y había entrado en el baño. Tenía un par de segundos más para descubrir lo que aparecía en ese vídeo: Entraba en escena otro hombre, con un físico mucho más común, y una polla mucho más pequeña, que se quedaba en segundo plano. La protagonista dejaba durante unos instantes el pollón que tenía entre manos y se acercaba al nuevo personaje. Se arrodillaba ante él y, en lugar de comenzar una mamada, le colocaba una especie de artilugio sobre la polla. Era una cajita de forma curvada, que actuaba como una jaula para el pene del hombre. Mi chica se masturbó el día anterior con un vídeo en el que entraba en escena un cinturón de castidad masculino.

Escuché la puerta del baño abrirse, y a Sara salir en dirección a la salita. Sin tiempo a más, cliqué rápidamente para cerrar las pestañas con los vídeos, y borré el historial. Sara se acercó a darme un beso de buenos días, y después entró en la cocina para desayunar.

El descubrimiento que acababa de hacer me había dejado algo descolocado. Entendía perfectamente que mi chica se masturbase con vídeos de tíos con pollas enormes. Era una fantasía común y conmigo no la podía cumplir, pues mi pene apenas supera los 13 cm en erección. Pero el vídeo del aparato de castidad me inquietaba. ¿Habría entrado por error o de verdad aquello la excitaba? Pese a todo, y por más que me inquietara, el hallazgo también me había provocado una tremenda erección.

Sara regresó de la cocina con una taza de café en la mano. Tenía aún cara de dormida, pero estaba preciosa, con el pelo revuelto, y los pezones marcándose a través del finísimo tejido del pijama.

- ¿Qué haces, amor? -Me preguntó con voz de recién levantada.

- Nada, cariño, acabar de reservar cosas para el viaje. -Le dije cerrando la tapa del portátil.- Pero ya he terminado. Voy a salir, que necesitamos comprar algunas cosas para el vuelo y para cuando estemos allí. ¿Necesitas que te traiga algo?

- No... creo que no. No tardes, ¿vale? -Dijo acercándose y besándome en la mejilla.- Yo voy a ponerme un ratito con el ordenador, mientras vuelves.

Me terminé de vestir y la miré una última vez antes de salir por la puerta. ¿Acababa de descubrir una nueva faceta de mi chica? No estaba seguro... a veces entras en vídeos por error que no resultan ser lo que esperabas, a todos nos ha pasado. Sin embargo, sentía un cosquilleo en el estómago que no desaparecía. ¿Aprovecharía que salía de casa para ver ese tipo de vídeos de nuevo? Y lo que era más importante, ¿querría realizar esa fantasía conmigo?

Cerré la puerta, y me fui a hacer las compras dándole vueltas a lo que acababa de pasar.

El resto del día pasó más tranquilamente que la mañana. Cuando volví de hacer las compras, encontré a Sara haciendo la comida, y decidí no pensar más sobre los vídeos que había visto antes. La tarde del sábado decidimos ir al cine, y cenar fuera de casa. Cuando volvimos, ya era bastante tarde. Nos acostamos, y yo me quedé leyendo en la tablet, mientras Sara se quedó dormida. Allí, tumbada, con esa carita de niña buena, me resultaba difícil imaginármela cachonda viendo los vídeos que había descubierto. Sin darle más importancia, apagué la luz, y me dormí abrazándola.
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Antiguo 04-sep-2016, 18:43   #11
parritaherrera9
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Muy buena pinta, muy bien escrito!
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Antiguo 04-sep-2016, 21:30   #12
valeysanti
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Me prendo al relato que promete. Por suerte tendremos para largo aquí.

Viva el morbo y muchas gracias por relatarnos!!


not worth
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Antiguo 05-sep-2016, 15:05   #13
lucerodelalba
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Antiguo 05-sep-2016, 15:31   #14
buscosexo
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ya entraba a ver si habia mas escrito
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Antiguo 06-sep-2016, 16:10   #15
bragasdeesposa
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Deseando ver como continua
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Antiguo 06-sep-2016, 19:58   #16
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Predeterminado Capítulo 2 - Parte II

- Ya vamos tarde.

Me repitió por segunda vez Sara a las 20:45.

- No te preocupes, seguro que no llegan puntuales. Además, está aquí al lado. -Respondí, mientras me ataba los cordones.

El local al que íbamos no era especialmente elegante, pero tampoco era el típico restaurante familiar o al que acudían parejas jóvenes. El ‘Maral’ ofrecía un entorno tranquilo para parejas un poco más maduras. La iluminación era tenue y anaranjada en todo el local. Había un hilo musical constante de ‘Chill out’ que amenizaba el ambiente y no molestaba a la hora de tener una conversación. Las mesas, con una decoración bastante cuidada, aunque algo pretenciosa para mi gusto, estaban diseminadas por todo el local de forma que había varios metros de distancia entre mesa y mesa, lo que proporcionaba una agradable sensación de privacidad.

No estuve muy seguro de cómo vestirme para la cena hasta que vi a Sara salir de la ducha. Iba, como de costumbre, espectacular, aunque algunos detalles me dieron a entender que hoy debíamos ir algo más arreglados de lo normal. Se había puesto unos pendientes plateados que le habían regalado sus padres, y a los que tenía mucho cariño, y un colgante con una pequeña tortuguita con brillantes diminutos que le colgaba hasta el inicio del canalillo, y que solía reservar para días especiales. Se había puesto un vestido negro corto, con escote en V, que se anudaba en la parte posterior del cuello y le recogía los pechos sin conseguir disimular un ápice su volumen.

- ¿Qué te queda? -Me preguntó sin mirarme, mientras se calzaba unos zapatos negros de tacón.

- Nada, yo estoy. Qué guapa te has puesto, ¿no? -Le dije, dirigiéndole una sonrisa.- ¿A quién quieres impresionar?

- Jaja, qué tonto eres... -Me dijo, mientras se retocaba el pintalabios en el espejo de la entrada, antes de seguir bromeando- ... aunque nunca se sabe, oye...

Me guiñó el ojo, y me dio un beso minúsculo para no mancharme de carmín. Abrí la puerta para dejar que saliera primero y aproveché para echarle un buen vistazo. Estaba buenísima. Los tacones realzaban su ya de por sí respingón trasero, y sus tetas se bamboleaban a cada paso, con la pequeña tortuga ofreciendo destellos y quedando medio enterrada en el canalillo. Pasó a mi lado con aire orgulloso, como si me pudiera leer la mente, y pude oler el maravilloso perfume que se había puesto. Me daban ganas de volver a meterla en casa y follármela en la misma entrada. Pero debía esperar. Salimos del portal, y nos encaminamos hacia el ‘Maral’. Y sí, llegábamos tarde.



Los cristales del pub arrojaban sobre la acera de la calle la luz anaranjada que guardaban dentro. No había nadie en la puerta cuando llegamos, así que, pese a llegar algunos minutos tarde, éramos los primeros. No pasaron ni cinco minutos cuando oímos la voz de Alba desde la acerca de enfrente.

- ¡Sari!

- ¡Jajaja!¡Hola guapa! -Saludó mi chica y se abrazaron frente a la puerta del restaurante. Alba también se había arreglado bastante. Traía un vestido de colores con tirantes, muy ceñido, que se cortaba por encima de la rodilla. El vestido suponía una de cal y otra de arena para Alba: realzaba la perfección de su culo, pero no dejaba duda respecto al diminuto tamaño de sus pechos.

Mientras las chicas se saludaban, vi que detrás de Alba aparecía un chico alto que debía ser su pareja.

- ¡Hola! ¿Qué tal, tío? Soy Hector, el novio de Alba. -Me dijo con una sonrisa mientras me estrechaba la mano.

- Yo soy David, encantado de conocerte.

De un golpe de vista era evidente qué tipo de tío era Hector. No sólo era alto, si no bastante fuerte. Daba la sensación de que era asiduo al gimnasio. Vestía una camisa blanca, algo abierta y remangada, mostrando unos antebrazos musculosos, y un pecho que se intuía depilado y bien definido. Tenía el pelo moreno y corto, con un peinado a la moda. A primera vista, era lo que en mi grupo de amigos llamaríamos un ‘macho alfa’.

Tras saludarnos, le di dos besos a Alba e hizo las presentaciones oportunas entre Hector y mi novia, que se saludaron con dos besos. No pude evitar fijarme en que Hector, al separarse de mi novia, echó un rapidísimo vistazo al canalillo de Sara. Seguro que no iba a ser el último.

- Bueno, ¿entramos ya? -Dijo Hector, abriendo la puerta del local.

Sara había reservado una mesa en un rincón especialmente apartado del restaurante, que resultaba muy tranquilo. Alba y Hector iban delante,y se sentaron primero, uno al lado del otro, de modo que cuando nos sentamos yo quedé de frente a Alba, y Sara quedó de frente a Hector. Ese cabrón se iba a hinchar a mirarle las tetas a mi novia. En fin. Nos sentamos y pedimos una ronda de bebidas, todas con alcohol.

- Bueno,... -comienzo mi novia- ...contadnos, ¿cómo os conocisteis?

- No tiene ningún misterio. -Contestó Alba, mientras Hector parecía mirar su teléfono móvil.- Hector llegó a la ciudad hace un par de meses, y justo su oficina queda encima de la mía. Nos vimos un par de veces por los pasillos, y... bueno... -Rió Alba, mirando a Hector.- ... el resto ya te lo puedes imaginar.

- Qué bien tía, -Dijo Sara con franqueza- me alegro un montón de que por fin hayas encontrado a alguien... y bueno, ¿qué os parece el plan de Mallorca? ¿Guay, no?

- Pues nos parece un planazo -Respondió Hector.- Además justo estábamos pensando en hacer algo durante las vacaciones, así que esto nos ha venido de perlas.

- Si, -continuó Alba- ¡además el hotel es increíble! Me encanta...

- Lo eligió David. -Dijo Sara, mirándome con una sonrisa cómplice.- Tiene muy buen ojo.

La conversación continuó durante un par de horas más. Como de costumbre en estas ocasiones, yo participaba poco, pues no suelo encontrarme totalmente cómodo con gente que acabo de conocer. Mientras, las chicas escuchaban las historias que nos contaba Hector sobre su antiguo empleo, y las razones que le llevaron a venirse aquí. Cada trago que le daba a su bebida, aprovechaba para bajar la vista y dejarla fija en las tetas de Sara durante un segundo. No sé si ella se estaría dando cuenta, pero ya le preguntaría más tarde. Aun así, y pese a la primera impresión que había tenido de él, parecía un tío bastante majo. Al fin y al cabo, mirarle las tetas a mi chica era de lo más normal si las tenías justo delante.

Aproveché un momento de silencio para levantarme e ir al cuarto de baño. Llevábamos ya algunas rondas y mi vejiga estaba empezando a llenarse. Entré en el baño, y me desabroché el pantalón en uno de los urinarios de pared. Justo en ese momento entró Hector y se puso a mi lado.

- ¿Qué pasa tío?. Está muy bien este sitio, ¿eh? -Dijo mientras se desabrochaba delante del urinario.

- Sí, es muy agradable, la verdad.

- Oye tío, permíteme que te diga que menuda chica tienes. No te ofendas, ¿eh?, te lo digo con todo el respeto.

- Si, jaja -reí falsamente- es una maravilla. Pero oye, con Alba tampoco te puedes quejar...

- Desde luego... es la mejor tía con la que he estado... y ya no a nivel físico. Conectamos perfectamente, ¿sabes? Tenemos una relación genial.

- Sí, creo que te entiendo...

Hubo un pequeño silencio mientras terminábamos de mear. Me estaba sintiendo ligeramente amenazado por su presencia. Era demasiado perfecto en muchos sentidos. ¿Debía preocuparme? Sara se mostraba muy interesada en todo lo que contaba, pero quizá simplemente estaba siendo educada con él. Al fin y al cabo nos íbamos a ir a veranear juntos y era mejor tener una buena relación previa. Y realmente no me había dicho nada grave, más que un cumplido hacia mi chica en privado y algún vistazo furtivo a su canalillo. Durante un segundo me vi tentado por echar un vistazo a su polla, sólo por curiosidad y ver si era tan perfecto en todos los sentidos, pero si me pillaba mirándole, habría sido extremadamente incómodo.

Terminamos, nos lavamos las manos, y volvimos a la mesa donde nos esperaban las chicas, que continuaban hablando muy animadas.

- David, me esta contando Alba, que Hector está buscando un gimnasio que esté bien por la zona... aunque no es que le haga mucha falta, Jajaj... Podías enseñarle el gimnasio al que vas tú, ¿no?

¿Qué había sido eso? ¿Acababa de lanzarle un cumplido a Héctor? El alcohol estaba empezando a hacer efecto en mi chica y se estaba soltando. O quizá estaba haciendo efecto en mi, y estaba malinterpretado las cosas...

- Si... claro, puedo enseñarte mi gimnasio -Respondí dirigiéndome a Héctor, que seguía mirando a Sara, con una tímida sonrisa.

- Genial, pues quedamos mañana, si te parece, y me apunto.

Seguimos unos minutos charlando, durante los cuales Héctor estuvo contando anécdotas de gimnasios en los que había estado y que divirtieron mucho a las chicas. Quizá fuera por el alcohol, pero cada vez que Sara le reía alguna de sus historias, me daba una pequeña punzada de celos. ¿Estaban tonteando delante de mí?

Pedimos la cuenta, y pagamos a medias. Salimos al exterior, era tarde pero hacía una temperatura estupenda. Nos despedimos, y mientras le daba dos besos a Alba, volví a comprobar cómo Hector volvía a echar un vistazo directo a las tetas de Sara, que parecía hacerse la tonta. Me recordó que habíamos quedado a las doce frente al gimnasio, me dio un apretón de manos guiñándome un ojo y se marcharon.


Sara y yo volvimos en silencio a casa. Yo estaba un poco achispado, e imaginaba que ella lo estaría aún más. Llegamos a casa y nos metimos en la cama.

- Bueno... -le pregunté, ya con la luz apagada- ¿Te lo has pasado bien?

- Uff, si... pero estoy muerta... y creo que he bebido demasiado.

- Parece majete el chico este, ¿no?

- ¿Hector? Es simpático, sí....y parece buena persona, que es lo que necesita ahora Alba.

- Sí... -Hice una pausa pensando en mi siguiente comentario. El alcohol hizo que las palabras salieran de mis labios sin el completo convencimiento de querer pronunciarlas.

- ¿Es bastante atractivo, no?

Sara permaneció un instante en silencio, antes de responder.

- Pues no sé... no me he fijado en eso tampoco... es el novio de mi mejor amiga, cariño...

- Bueno... yo creo que él sí que te encuentra atractiva a ti. -Dije con tono burlón. Definitivamente, quien hablaba era el ‘Señor Alcohol’- Me ha parecido que te miraba mucho... ¿No te has dado cuenta?

Hubo otro pequeño silencio. En la oscuridad de la habitación bien podría estar sonriendo al oírme decir esto. Finalmente añadió:

- No sé... ¿tú le has visto mirarme?

- Pues... Sí... He visto que te miraba unas cuantas veces. Y no a la cara precisamente. ¿De verdad que no te has dado cuenta?

- Bueno... a lo mejor alguna vez... pero estoy acostumbrada ya...

- Si... También es verdad. -Zanjé.

- Lo que igual me ha parecido un poco más raro... -Musitó Sara, como si un pensamiento de su foro interno hubiera escapado de su cabeza.- ... es cuando te has ido al baño...

- ¿Cuando me he levantado a mear?... ¿Qué ha pasado? Si ha ido él al baño justo detrás de mi.

- Sí... Si seguro que no es nada....

- Bueno, pero... ¿Qué es lo que te ha parecido?

- Pues nada... No sé...Que justo antes de levantarse, me ha dado la sensación de que ha cogido el móvil... y me ha hecho una foto a las tetas... pero...

- ¿En serio? -Dije, incrédulo.

- Te digo que no estoy segura...

- Pues no parece que te haya molestado, desde luego... Bien le reías las gracias después...

- Ay, David... -suspiró girándose y dándome la espalda en la cama- No se te puede decir nada... Te estoy diciendo que seguramente me lo haya parecido a mi... además, estaba su novia delante.

Claro.

No volví a decir nada más y Sara se durmió en seguida. Yo aún tardé un rato en conciliar el sueño. ¿Le habría hecho de veras una foto a las tetas? De lo que no cabía duda era de que se había pasado la mitad de la noche echándole miradas, en especial justo al despedirse. Era imposible que Sara no se hubiera dado cuenta de ese último vistazo nada disimulado. De hecho, tenía la sensación que Sara había disfrutado secretamente de toda esa atención que habían recibido sus tetas durante la noche. Y de ser cierto, no parecía muy enfadada frente a la posibilidad de que el novio de su mejor amiga le hubiera hecho una foto al canalillo justo en sus narices.

Intenté no darle más vueltas. Probablemente el alcohol no me estaba ayudando a pensar, así que intenté dejar de pensar y dormir.
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Antiguo 07-sep-2016, 11:34   #17
utiaw
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haber que tal continua
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Antiguo 07-sep-2016, 13:05   #18
papaGAYo
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haber que tal continua
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Antiguo 07-sep-2016, 13:22   #19
tigre567
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parece que pinta bien más para Héctor que para ti
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Antiguo 07-sep-2016, 18:49   #20
ENCOFRADOR
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Me quedo por aqui a ver como se lia la cosa
__________________
Pasate por mis relatos y deja tu oponion:

Morbo en Tenerife

Me puedes echar crema
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Antiguo 07-sep-2016, 22:36   #21
sbruschon
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yo también me quedo.
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Antiguo 08-sep-2016, 07:58   #22
UNO PARA MIRAR
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Bien, pues aquí otro que se apunta al carro de los fieles a la esta historia

Aunque la verdad es que Héctor tiene más peligro que una piraña en un bidé...
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Antiguo 08-sep-2016, 09:49   #23
OOAA
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Espectacular historia!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Estoy deseando leer la continuación

Coincide con mi fantasía más morbosa


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Antiguo 08-sep-2016, 22:19   #24
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Predeterminado Capítulo 3

Capítulo 3 · En el gimnasio.

El golpe de un zapato al caer contra el suelo me despertó.

Entreabrí un ojo y vi a Sara sentada en su lado de la cama, calzándose. Extendí el brazo y le acaricié la espalda.

- ¿Te molestó lo que te dije anoche? -Comencé.- Perdona ¿vale?

- Vale. -Se giró y me dio un beso en la sien.- No pasa nada.

- Estaba un poco borracho y supongo que me dieron celos...

- Vale amor, pero no tienes que dudar de mi, ya lo sabes. No te cambiaría por nadie.

- Vale... -Sonreí.- ¿Porqué no te quedas un rato más y ... ? -Dije con voz pícara, dejando claras mis intenciones.

- Hoy no puedo llegar tarde cariño... pero en cuanto vuelva hacemos alguna cosita -Dijo Sara, y me beso en los labios.

Se puso en pié y cogió su móvil. Miró un par de segundos la pantalla, y arrastró su dedo índice por ella. Sin más, lo apagó y lo guardó en el bolso.

- Bueno, descansa y aprovecha tu primer día de vacaciones, cariño. Nos vemos luego ¿vale?

- Vale, hasta luego. -Le dije mientras me desperezaba, aún en la cama.

Escuché el ruido de la puerta de la calle al cerrarse y me quedé pensativo en la cama. Tenía un par de días por delante para ultimar los detalles del viaje, pero también me apetecía vaguear un poco, y descansar de mis obligaciones diarias. Trabajaba de ilustrador, en una pequeña editorial de libros infantiles. Me gustaba ir al estudio, que estaba a unos quince minutos en coche, aunque muchos días trabajaba desde casa. Había sido un año bastante estresante, con multitud de encargos urgentes que no había podido rechazar, y necesitaba más que nunca estos días de descanso.

Me incorporé y fui a prepararme una taza de café, pasando antes por el cuarto de baño. Miré el reloj de pared de la cocina y vi que aún faltaban treinta minutos para mi cita en el gimnasio con Héctor. En cuanto pensé en él, volví a revivir los eventos de la noche anterior. ¿Tendría una foto en primer plano del escotazo de Sara en su móvil? Apenas me había ausentado un par de minutos, pero es tiempo de sobra para que lo hubiera hecho. Y a Sara no parecía haberle molestado... incluso le hizo un cumplido sobre que “no necesitaba ir al gimnasio”. ¿Se habrían intercambiado también los números de teléfono? Esta situación me estaba empezando a inquietar. En mi cabeza, empecé a tramar un plan que no sabía si tendría valor de llevar a cabo...

Terminé de vestirme, cogí la bolsa de deporte y la pulsera identificativa del gimnasio, y salí de casa.

El gimnasio estaba a un par de calles de casa, en dirección opuesta a la que habíamos tomado la noche anterior para ir al restaurante. Doblé la esquina y divisé a lo lejos a Hector, esperándome en la puerta del gimnasio.

- ¡Muy buenas! -Me saludó cuando aún me faltaban unos metros para llegar hasta él. Vestía de corto, con ropa deportiva, y ahora era más evidente que tenía un físico muy cuidado.

- ¿Qué tal? -Saludé.- ¿Entramos y te enseño un poco esto?

- Claro, vamos.

Sujeté la puerta para que pasara delante e intenté entablar conversación.

- ¿Qué tal os lo pasasteis anoche? ¿Bien?

- Sí, estuvo muy bien, habrá que repetirlo. Tu chica es encantadora.

- Sí... aunque bebimos un pelín de más, jeje...

- Bueno, yo soporto bien el alcohol... Pero sí, Alba llegó a casa bastante tocada. -Rió Héctor.

Llegamos al mostrador de la entrada y la chica de la recepción nos recibió con una sonrisa. Era una guapa rubia, que siempre iba muy maquillada y llevaba el pelo recogido en una coleta alta. Se adivinaba que tenía un físico cuidado pese a que el uniforme del personal del gimnasio no era muy sugerente.

La chica le explicó las ofertas del gimnasio y Héctor se decidió por una suscripción un poco más cara que la mía, que también incluía el uso de la piscina. Nos despedimos de la recepcionista, que se giró y echó un último vistazo furtivo a Héctor cuando este ya avanzaba en dirección a los vestuarios. No cabía duda que era un tipo que resultaba atractivo a las chicas.

Ya en los vestuarios, guardamos las bolsas en las taquillas, sacando antes una toalla y una botella de agua. Aquí comenzaba la primera parte de mi plan. Me fije en que sacaba el móvil del pantalón y lo guardaba en el bolsillo exterior de su bolsa de deporte. Cerró la taquilla y guardó su llave en el bolsillo donde antes estaba el móvil. Si esas llaves no salían de ahí, mi plan fracasaría.

Llené mi botella de agua en uno de los lavabos, y subimos a la sala de cardio que estaba en el piso superior. Era bastante temprano, pero en el gimnasio ya había bastante gente. Pese a ser algo caro, ofrecía unas instalaciones magnificas, totalmente nuevas, con máquinas modernas y fáciles de usar. Además, el precio suponía un filtro importante a la hora de admitir a gente: el público que venía a este gimnasio resultaba ser más ‘selecto’ que el de otros gimnasios.

Nos cruzamos con un par de chicas de unos 20 años que volvían de una clase de yoga con las toallas en el hombro y conversaban animadamente. Las dos llevaban mallas que resaltaban sus redondos culos.


- Madre mía, tío... esto es lo mejor de los gimnasios. -Me dijo Héctor, echando un vistazo de soslayo a las chicas que acababan de pasar por nuestro lado.

- Pues te vas a hinchar. Este gimnasio está lleno de pijitas buenorras, tío.

Así era. Yo nunca había sido un asiduo del gimnasio, simplemente me gustaba ir para mantener un poco la línea y no dejarme demasiado, pero las chicas que acudían resultaban un buen aliciente.

- Y encima hoy vas a tener suerte -Continué.- Hoy ha venido la rusa.

Hice un gesto con la cabeza, para que mirase a su izquierda, donde se encontraban las cintas de correr. La rusa era una asidua del gimnasio. Solía verla casi todos los lunes y jueves y nunca dejaba indiferente a los demás usuarios del gimnasio.

Era alta, y poseía los rasgos delicados de una muñeca de porcelana. Tenía una mirada gélida, unos pómulos prominentes y unos labios jugosos. Siempre con el maquillaje perfecto, tenía un cuerpo que suponía una oda a la perfección. Las piernas eran fuertes y torneadas por años de gimnasio, enfundadas siempre en unos leggins, que también cubrían un culo de escándalo, duro y firme. Hoy llevaba un top rosa, con el estómago al aire, que combinaba a la perfección con su bronceado, y que resultaba insuficiente para contener unas enormes tetas que parecían desbordarse con cada salto. Esas tetas habían sido responsables de más de un accidente en el gimnasio. Alguno que otro se había situado cerca de esta diosa mientras corría en las cintas con la intención de ver aquellas maravillas botar, y había terminado tropezando por no apartar la vista de su bamboleo hipnótico.

Ella sabía de todo esto, y siempre terminaba deleitándonos a los presentes con un último truco. Cuando estaba por terminar su sesión de carrera, pasaba a caminar lentamente por la cinta y soltaba su larga melena rubia, que siempre estaba recogida en una trenza. Agitaba el pelo, pulsaba el botón de apagado de la cinta y se marchaba, secándose el sudor con la toalla y dejando atrás unas cuantas pollas tiesas.

- Madre mía... -Dijo Héctor sin apartar la vista. -¿Pero de dónde ha salido esa...?

- Es una puta diosa, tío. De vez en cuando algun cachitas se intenta acercar... pero ella acaba dándo puerta a todos.

- ¿Crees que será lesbiana?

- Ni idea -Respondí.- Pero menudo desperdicio si lo fuera.

Reímos y nos dirigimos a un rincón para hacer estiramientos. Era evidente que Héctor llevaba años haciendo deporte. Sus movimientos eran mucho más gráciles y tenía mucha más flexibilidad que yo. Cada poco, Héctor se detenía y volvía a echar una buena mirada a la chica rusa.

- Joder tío... es que me estoy poniendo cachondo sólo de verla.

- Sí, está buenísima. -Coincidí.- Yo más de un día me he ido de aquí como una moto.

Héctor detuvo sus estiramientos y pasó a mirarla fijamente de forma descarada, con los brazos en jarra.

- Buff... es que me encantan las tías con las tetas enormes tío... -Me dijo Héctor, como si acabase de llegar a esa conclusión en ese momento.- No lo puedo evitar, me pierden.

Al escucharle decir eso, sentí una pequeña punzada en el estómago. Se hizo evidente que Héctor se había fijado en Sara. Las tetas grandes eran su perdición y había pasado la noche anterior cenando delante de una tetona espectacular. Seguro que Hector no se percató de lo que yo podría pensar en el momento en el que hizo el comentario.

- A ver, -Continuó Héctor, como saliendo de un trance y llevando su mirada de la rusa, a mi.- no me malinterpretes ¿eh?... que Alba me encanta, y nunca la haría daño.

- Jaja, no te preocupes, hombre, si te entiendo perfectamente.

Decidí arriesgar un poco, e intentar tirarle de la lengua:

- Si ya te diste cuenta anoche... que a mi también me encantan las tetonas.

Héctor se quedó un momento callado. Seguramente no esperaba que fuera tan directo con ese tema, y para ser sincero hasta yo me sorprendí por mi comentario. Finalmente, Héctor reaccionó y, apartando la mirada un tanto incómodo, dijo:

- Si, bueno, jejeje... La verdad es que sí, tu chica tiene bastante pecho.

“Y te pasaste la noche entera mirándoselo, cabronazo”, pensé para mí.

- Pero lo que te digo -Continuó Héctor.- Yo ahora quiero centrarme en Alba, creo que es una chica que merece mucho la pena.

Daba la sensación que su frase terminaba con un “...pese a que casi no tiene tetas” pero, desde luego, no lo dijo.

- Bueno, voy a darle un rato a la elíptica, nos vemos luego. -Me dijo caminando en dirección a la fila de máquina elípticas que quedaban justo detrás de las cintas de correr. Evidentemente, Héctor se puso en una de las elípticas que ofrecían buenas vistas del cuerpazo de la rusa.

Volvi a mis maquinaciones y me fijé en que Héctor dejaba la llave de su taquilla sobre la máquina. Era mi momento. El pulso se me empezó a acelerar. Tenía que ser muy cuidadoso, o me metería en una situación de la que no iba a saber salir.

Me acerqué a la elíptica donde estaba Héctor y fingí atarme los cordones de una de mis zapatillas. Para ello, dejé mi toalla un instante sobre su máquina. Su mirada estaba fija en el culo de la chica rusa, así que no parecía darle importancia a lo que yo hacía. Me puse de nuevo en pié y al volver a coger la toalla arrastré las llaves que habían quedado debajo. Ya eran mías.

Continué mi camino, mientras Héctor seguía embobado mirando el cuerpo de la diosa eslava y bajé rápidamente a los vestuarios con el corazón en la garganta. Dejé mi toalla en el banco, y me dirigí a su taquilla. Tenía que ser rápido. Estaba bastante nervioso, no me explicaba cómo podía estar haciendo algo así. El corazón me latía cada vez más, y una extraña sensación se apoderaba de mis testículos, mezcla de excitación y nervios.

Cogí la bolsa como si fuera mía, y saqué el móvil del bolsillo exterior. Por suerte, no tenía código de desbloqueo. Notaba el latido del corazón en los oídos. Pasé el dedo índice por la pantalla, y navegué por la interfaz hasta llegar a la galería de imágenes y la abrí.

Efectívamente.

Allí estaban las imponentes tetas de mi novia, en primer plano, enfundadas en su escote en forma de V y con la tortuguita de brillantes enterrada entre aquellas dos enormes ubres. Menudo cabrón. Había hecho hasta tres fotos de las tetas de mi novia, una de ellas según llegamos al restaurante, ya que en la mesa aun no había ninguna bebida.

Sin entender muy bien por qué, la sensación empezcó a parecerme muy morbosa y mi polla comenzó a reaccionar. Tenía unos instantes más antes de que Héctor pudiera darse cuenta de que le faltaba la llave y el morbo pudo conmigo: decidí echar un vistazo al resto de sus fotos. Seguí avanzando y vi que tenía varios selfies con Alba, fotos con otros amigos y otras de un partido de futbol al que habrían asistido juntos hacía poco.

Seguí avanzando y encontré más fotos de Alba, posando junto a una catedral antigua y otros monumentos. Las fotos turísticas dieron paso entonces a otras imágenes tomadas en el interior de la habitación de un hotel. Quizá estaba tardando demasiado en volver a la sala de cardio, pero no podía dejar de ver aquellas fotos. ¿Tendría fotos de Alba...?

No había terminado de formular la pregunta cuando la respuesta aparecio ante mi: Alba, totalmente en pelotas en la ducha, posando para el móvil de Héctor. Notaba que la polla se me estaba poniendo totalmente dura. Tal y como me imaginaba, tenía unas tetas diminutas. Pero aun así, contaba con unos pezones preciosos, y un cuerpo delgado y bonito. La verdad es que, pese a no ser mi tipo, me pareció que tenía un cuerpazo. Deslicé de nuevo el dedo índice y vi otra foto de Alba, esta vez de rodillas sobre la cama, y ofreciendo su culito al espectador. Sin duda era un culo magnífico, de los mejores que yo había visto. Pero nada de esto podía prepararme para la siguiente foto del carrete: un primer plano de la preciosa carita de Alba, sonriendo ampliamente con la cara cubierta de lefa. En especial, tenía un gran goterón de semen que le cubría casi todo el ojo izquierdo, y gruesos chorretones que le caían por la frente y las mejillas.

Al ver esa foto casi sentía la necesidad de meterme en el baño a cascármela. Correrme en la cara de mi chica siempre había sido una de mis mayores fantasías, que nunca había podido cumplir con ninguna de mis parejas, ni siquiera con Sara, con quien ya llevaba saliendo años. Aquel capullo, sin embargo, ya se corría en la cara de Alba en apenas unos meses de relación.

Pero tenía que volver. Héctor terminaría por darse cuenta de que le faltaban las llaves, si seguía mirando aquella foto. Cerré rápido la bolsa de deporte y la introduje de nuevo en la taquilla. Salí del vestuario y corrí por las escaleras hasta la sala de arriba.

Hector no estaba en la elíptica.

Joder, seguro que me pillaba con su llave. Empecé a sentir un sudor frío recorriendo mi nuca, pero de pronto lo encontré. El cabrón estaba hablando con la rusa. Y para mi sorpresa, esta le sonreía y parecía estar apuntando su número de teléfono en la agenda del móvil. ¿Cómo era posible? Había visto a auténticos adonis ser mandados a la mierda por aquella diosa, y de repente la veía sonriendo como una tonta ante Héctor. ¿Qué coño tenía ese tío?

Además, estaba Alba. No dejaba de decir que estaba muy enamorado de ella pero, por lo visto, era un cabrón de mucho cuidado. Tenía que andarme con ojo con ese tío. Me había dicho que le perdían las tetas grandes y que, en efecto, se había fijado en mi novia, (hasta el punto de hacerle una foto en sus narices) y ahora le estaba viendo tontear con aquella otra tía.

Terminó de hablar con ella, y caminó hacia la elíptica donde yo le había dejado. Me aproximé y me hize el tonto, para que no descubriese que le había visto tontear con la rubia.

- Hey, ¿dónde andabas? -Preguntó Hector.

- He tenido que bajar un momento al vestuario, que estaba indispuesto, jeje -Mentí.

- Bueno, esas cosas pasan. -Rió Héctor.- Hostia... ¿Y mi llave de la taquilla?

Mierda. Se había dado cuenta antes de que yo pudiera volver a dejarla en su sitio. Bien podría decirle la verdad, y enfrentarme a él. Echárselo todo en cara. Al fin y al cabo, le había visto tontear con aquella rubia, y el muy cabrón tenía fotos de las tetas de mi novia en su móvil. Sin embargo, toda aquella situación me parecía tan morbosa, que no quería que terminase allí.

Deslicé las llaves por detrás de la máquina elíptica y las dejé caer en el suelo.

- Igual se te han caído por aquí con el traqueteo de la máquina. -Le dije.- A mi a veces me pasa.

- Puede ser... -Dijo buscando en el suelo con la mirada.- ... Ah sí, mira, ahí están. Menos mal.

Por poco. Estuvimos un rato más haciendo ejercicio, cada uno en un rincón de la sala. Me percaté de que cuando la rusa terminó sus ejercicios y volvía a las duchas, le hizo un gesto sutil de despedida a Héctor. Habría que ver cómo acababa aquello.

Terminamos nuestro ejercicio y volvimos juntos a los vestuarios. Dejamos las toallas en los bancos, y sacámos nuestras bolsas de las taquillas. No parecía que nada le llamase la atención, asI que supuse que mi plan había salido perfecto. Comencé a desnudarme y saqué los productos de ducha de mi bolsa.

Siempre me había resultado un poco violento ir con algún amigo a un vestuario. Es cierto que no vas a ver nada que no hayas visto antes, y no tengo motivos para estar acomplejado: mi polla está en la media, algo fácilmente comprobable con un rápido vistazo al resto de tíos del vestuario. Sin embargo, el hecho de ir con gente conocida y quedarnos allí desnudos, siempre me había resultado un poco violento.

Dejé mis cosas sobre el banco, cogí mi toalla y el bote de gel, y me dirigí a las duchas compartidas. Me coloqué en la ducha que usaba habitualmente, en la parte derecha de la estancia, y activé el botón del agua.

Estaba ensimismado en mis pensamientos, intentando averiguar qué clase de tipo era este Héctor. Parecía un tipo muy agradable, pero estaba demostrando ser bastante cabrón. La situación me resultaba extrañamente excitante: un tío atractivo se sentía atraído por mi novia, y en lugar de enfadarme, me resultaba morboso.

Me giré en la ducha para aclararme el jabón, de forma que ahora tenía una visión del resto de tíos duchándose. Me percaté de que allí estaba Héctor, lavándose el pelo con los ojos cerrados. Bajé la vista casi sin querer.

Hector tenía un pollón enorme.

Algo que yo sólo había visto en películas porno. Debía medir más de 16 cm en el estado de reposo en que se encontraba, y era notablemente grueso, oscilando entre sus piernas al ritmo de sus movimientos al enjabonarse. No cabía duda de que ese pollón sobrepasaba el palmo en estado de erección. Qué hijo de puta.

Terminé de aclararme, cogí la toalla y me dirigí de vuelta al vestuario. La cosa empezaba a complicarse. Hacía poco había descubierto que mi novia buscaba videos de tíos con pollones para masturbarse. Hasta ahí todo normal. Pero ahora, acababa de aparecer de la nada un Don Juan, fan de las tetas enormes, y que calzaba una polla de escándalo. Y por si fuera poco, nos íbamos a ir todos juntitos de vacaciones a Mallorca, donde estaríamos viéndonos en bañador y bikini continuamente. Todo esto me excitaba y me inquietaba al mismo tiempo.

Quizá debía empezar a preocuparme.
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Antiguo 08-sep-2016, 22:24   #25
Required11
Mega Pajillero
 
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Predeterminado Capítulo 3

Fotos para ilustrar este capítulo: la chica rusa, y las fotos del móvil.
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