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Tus Relatos y experiencias - Mi cuñada se enteró. Herramientas
Antiguo 15-mar-2017, 20:18   #26
parejilla pajer
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Predeterminado Ahora viene lo peor

Tras su brutal corrida, los dos quedamos tumbados exhaustos sobre la cama, ella estaba no sé muy bien si suspirando o gimiendo mientras yo respiraba sofocadamente. La experiencia había sido estupenda. La verdad es que en los últimos días nuestra actividad sexual había alcanzado un punto que no conocíamos: más sexo y mucho más fuerte.

Pero por otro lado, en mi cabeza todo daba vueltas: seguía oyendo todos sus gritos e insultos: me corro, cabrón, sigue, joder, cómelo, marica, chúpamelo, hijo de puta, trágate el semen, pervertido, picha floja … ¿hacia dónde íbamos? Bueno, todo había sido un juego, ¿no? Al menos eso pensaba yo.

Mientras estaba con mis cavilaciones, ella se incorporó en la cama y enseguida volvió a la carga conmigo:

- ¿Dónde está el cinturón? Póntelo rápido que tenemos que bajar…
- No podemos dejar lo del cinturón, por favor, creo que ya ha sido suficiente, supliqué.
- Que va. Si ha sido genial. Tener tu polla encerrada hace que luego sea mucho mejor.
- Pues como no te des prisa, no va a entrar. Ya sabes que mi soldadito se repone enseguida, intenté usar como excusa.

Pero esta vez no era así. Mi polla no reaccionaba. Después de mi corrida se había desinflado rápidamente y a pesar de lo excitante que había sido la continuación del polvo, mi polla no se recobraba. ¿Sería que el cinturón me estaba haciendo efecto y controlaba cada vez más mis erecciones? Ella cogió el cinturón de castidad. Al ver el estado en que se encontraba mi polla, el cinturón me pareció mucho más grande que antes. Con la otra mano cogió mi polla y comenzó meterla en la jaula, pero no era fácil. Sin dudarlo, soltó mi polla, ¿qué iba a hacer?, ¿habría desistido? Dirigió su mano a su coño. No puede ser, pensé. Pero era lo que ella había pensado antes que yo. Metiendo los dedos en su coño los sacó totalmente brillantes, recubiertos de una mezcla de semen y flujo. Lo extendió sobe mi polla a modo de lubricante. En sus ojos podía ver esa cara de poder, de dominación, sintiéndose ama de mi polla y de mi. A continuación, agarró de nuevo mi polla que seguía sin reaccionar y presionando una vez más comenzó a introducir mi polla en la jaula. La mezcla de mi corrida y la suya cumplió su cometido y enseguida mi polla estaba otra vez dentro de la jaula. Es brutal la sensación a medida que tu polla va quedando introduciéndose milímetro a milímetro en el cinturón de castidad.

Después, cogió el anillo que debía encerrar mis huevos, pasándolo delicadamente por mis testículos. Cuando estaba colocado, volvió a presionar mi polla hasta que la jaula encajó con el anillo. Sujetando firmemente con una mano, la otra trajo el candado. Parecía imposible la habilidad con la que mi mujer podía manejar el anillo, la jaula y el candado. Finalmente se oyó el clic que sonó en mi cabeza como el cierre de la celda debe ser para un preso.

Pensé que con la presión del anillo mi polla respondería, como me había ocurrido a mi en los primeros intentos que había hecho el día que recibí el paquete, cuando estuve haciendo las primeras pruebas antes de enseñárselo a mi mujer, pero asombrosamente no fue así. Parecía mentira lo que habían cambiado las cosas en una semana. El clic final al cerrar el candado me trajo de nuevo a la realidad. Con la cabeza agachada, mirando mi polla, me sentía totalmente bajo las órdenes de mi mujer.

- Tápate el cinturón y recoge todo esto mientras termino de arreglarme. Ah, también coge el vibrador para mi hermana.

Me acerqué a la caja negra donde tenemos nuestros juguetes. Revolví hasta llegar al vibrador. Al ver el arnés me acordé de la propuesta de mi mujer del día anterior. Volvía a imaginarme siendo follado por mi cuñada con el arnés.

- ¿Qué te pasa?, me dijo mi mujer, te has quedado embobado después del polvo.

No me atreví a decirle la verdad, pero ciertamente mi cara debía haber mostrado con total transparencia que mi imaginación me había llevado lejos a una situación muy placentera. Mi mujer me quitó el vibrador de las manos. Con una sonrisa pícara lo puso al lado de mi polla.

- ¿Qué pasa mariquita?, ¿te gustaría jugar con esta polla? Esa que está ahí dentro parece que ya no funciona…

A pesar del roce del vibrador alrededor de mi polla, mi polla no respondía. Tal vez las humillantes palabras de mi mujer ayudaban a ello. Empezaba a estar preocupado. ¿podrías ser tal el poder del cinturón de castidad?, ¿puede ser tan fuerte el poder de mi ama?

Continuará...

Para que veáis cómo era la situación:
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Antiguo 25-mar-2017, 18:09   #27
parejilla pajer
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Predeterminado El final

Continuo:

- ¿por qué no la chupas un poquito, mariquita?

Mi primera reacción fue resistirme, pero en seguida mi mujer pasó su mano libre por detrás de mi cuello, empujando mi cabeza hacia el falo de plástico.

- Mira que dura está, no como la tuya…

Empezó a mover el vibrador metiéndolo y sacándolo de mi boca.

- Cómo chupas las pollas, ni que lo hubieses hecho más veces…

Como ya había conseguido el objetivo de meterme el vibrador en la boca, la mano que empujaba mi cuello se dirigió hacia mi polla, envolviendo mis huevos y dando golpecitos sobre el cinturón de castidad.

Ahora sí; mi polla empezó a reaccionar y empezó a levantarse, pero con el cinturón de castidad puesto, también empezaba el dolor…

- Sabía que eras un mariquita. Mira cómo se te está poniendo la polla en cuanto has empezado a chupar una polla…

Las voces de abajo me salvaron de más humillaciones. Mi cuñada preguntaba burlonamente porqué tardábamos tanto…

La comida pasó amena, con la confianza que teníamos las dos parejas y con algún comentario sugerente, aunque sin ser demasiado subido de tono. Mi mujer parecía haber dejado en nuestro dormitorio toda la tensión sexual así como su sarcasmo y sus humillaciones hacia mi.

Tras finalizar la comida, las mujeres se encargaron de recoger y en la cocina tuvieron sus confidencias, como luego me contaría mi mujer.

Después de eso, relajados tomamos café. Pero para mí fue toda una tortura. Mi cuñada se sentó junto a mí y no dejaba escapar ninguna oportunidad para mirar hacia mi entrepierna. Estaba claro que ella sabía algo de mi cinturón. Para mi la situación se volvió cada vez más difícil; por un lado, y aferrándome a la remota esperanza de que mi mujer no le hubiese contado lo del cinturón, yo intentaba que bajo ningún concepto ella notase el bulto en mi pantalón, y trababa de poner alguna de mis manos sobre mi polla. Por otro lado, su acoso no hacía más que ponérmela más dura, lo cual, ya sabéis, se vuelve terriblemente morboso: más riesgo, más dura, más dolor, más excitación…

Me tuve que levantar un par de veces al baño a intentar colocar el cinturón y a masajear un poco la polla y los huevos porque la presión del cinturón era terrible.

Parecía imposible, pero finalmente llegó el momento de las despedidas. Pensé que mi tortura había acabado, pero no fue así. Justo cuando fui a levantarme mi cuñada lo hizo algo después, con el tiempo justo para que al levantarse su brazo se balancease lo suficiente como para tocar mi entrepierna y notar el cinturón.

Me quedé helado, sin saber como reaccionar. Fue mi cara la primera en reaccionar, volviéndose roja, mientras yo sentía que me estaba ardiendo.

- ¿Qué te pasa? ¿te mareas?, me dijo mi mujer.
- Si al levantarme tan rápido…Pude balbucear.
- Espera que te ayudo, dijo mi cuñada abalanzándose sobre mi.

Yo eché los dos brazos hacia atrás para apoyarme en el sillón mientras intentaba volver a sentar. Mientras mi cuñada, me ayudó pasando un brazo por mi espalda facilitando mi movimiento, pero su otra mano se lanzó inmisericorde sobre mi polla. Ahora palpó con toda claridad mi cinturón de castidad.

Fue una sensación única, volvía a estar a merced de los demás, en este caso mi cuñada y tenía toda la pinta de haberse producido bajo el conocimiento y muy probablemente auspiciado por mi mujer.

Cuando por fin estaba sentado, no sé de donde saqué fuerzas para mirar primero a mi mujer, que me devolvió una mirada de dominación como la que había visto en sus ojos por la mañana, cuando volvía a colocarme el cinturón. Después, dirigí la mirada hacia mi cuñada que respondió con una sonrisa burlona a la vez que guiñaba un ojo: mi cuñada se enteró…

FIN
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Antiguo 26-mar-2017, 07:28   #28
OOAA
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EXCELENTE RELATO!!!!!!!!!



De verdad que ha acabado?

Sería genial si pudiera seguir........
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Antiguo 26-mar-2017, 23:19   #29
chico40
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Sigue el relato? Como quedas con tu cuñada?
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Antiguo 27-mar-2017, 03:10   #30
grandad46
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Predeterminado

Una historia de lo más morboso. Un juego de lo más caliente hasta ahora, que en principio cumple con lo anunciado en su título. Pero que deja abierta una situación que me pone mucho más cachondo si cabe, con la participación de la cuñada en el juego por el deseo de tu domina para aumentar un poco más tu humillación. Sigue contandonos, por favor... esto pinta genial.

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Antiguo 27-mar-2017, 23:59   #31
parejilla pajer
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Predeterminado mi cuñada se enteró 2?

Muchas gracias por los cometarios. La verdad es que no sabíamos que habíamos despertado tanto interés.

Bueno, nos animamos por el título del hilo, pues ya veis lo que nos había pasado y el morbo del contarlo fue irrefrenable.

El relato combina realidad y ficción, aunque la ficción que ha estado en nuestras cabecitas es como si hubiese pasado.

Poco a poco nos fuimos metiendo en este mundillo y la verdad es que hay cosillas que contar, pero parece mentira lo difícil que es escribirlo con lo fácil que es disfrutarlo, tanto como leerlo.

También es cierto que al escribirlo todo se revive y resulta nuevamente excitante...¿Cómo para compartirlo?

Nos leemos...
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Antiguo 03-abr-2018, 23:57   #32
parejilla pajer
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Predeterminado Qué pasó luego

Después de bastante tiempo he podido dedicarme a continuar con el relato. Aunque hace tiempo, muchas cosas no se olvidan y las que sí se olvidan, pueden suplirse con algo de imaginación.

Parecía que todo iba a quedar ahí. De hecho mi cabeza era un mar de dudas, ya sabéis: yo era el que había iniciado y promovido el tema del cinturón de castidad, sin embargo había perdido totalmente el control sobre mi fantasía. Mi mujer había ido tomando el mando, lenta pero inexorablemente y no sólo eso. Había metido en el juego a mi cuñada. Cuando estos juegos comienzan este tipo de situaciones parecen imposibles, de hecho, ni siquiera se te pasan por la imaginación.

Cuando mis cuñados se fueron yo le dije a mi mujer que necesitaba pensar las cosas y me fui de casa, aunque tampoco llegué a aclararme mucho. Todo se había precipitado y desde mi perspectiva estaba fuera de control y no veía como reconducirlo. Necesitaba estar sólo, sentir el aire en mi cara.

Siempre me había quería hacer algo más en los temas de sexo, en particular me había atraído la idea de la dominación. Era excitante pensar que mi mujer tuviese las riendas en nuestras relaciones sexuales. Al echar un vistazo por internet eran muchas las propuestas desde lo más light hasta donde te pueda alcanzar la imaginación, pero no se trataba de eso. Bueno, no era sólo eso. Casi por casualidad vi lo del cinturón de castidad; ese era el toque morboso que yo andaba buscando. Muchas son las historias que se pueden ver con el cinturón y podía resultar picante. El precio, no nos olvidemos, también hacía que esta fantasía estuviese al alcance de cualquiera; no se trataba de montar una habitación al estilo cincuenta sombras, sino un pequeño juguete para alguna de nuestras sesiones de sexo, sobre todo en los prolegómenos. También esta página había ayudado a imaginar las cosas en este sentido, aunque yo nunca me había visto llegando a esta situación que juntaba morbo, dominación y humillación.

El problema, o más bien la paradoja era que queriendo yo llevar a cabo esta fantasía, tenía que cambiar mi roll de dominante y en vez de ser yo el que decía qué, cuándo y cómo, la situación era que los papeles tenían que cambiar. Ella era la que pasaba a decidir qué, cuándo y cómo y no solo eso, también había decidido con quien compartir ese secreto…Y mi polla parecía estar de acuerdo, pues se estaba poniendo morcillona, recordándome, mientras estaba en estas elucubraciones, que aun llevaba puesto el cinturón de castidad que mi cuñada se había enterado que llevaba puesto para castigo de mi polla y deleite de mi mujer.

Cuando volví a casa mi mujer me estaba esperando dispuesta a hablar conmigo.

Adoptó una actitud dulce y cariñosa, que sabe que me engatusa.

- Tenemos que hablar, le dije, mientras me sentaba junto a ella en el sillón del salón. Tengo la cabeza hecha un lío…
- ¿Qué es lo que te preocupa? Me dijo dejándome hablar.
- Todo va muy deprisa…
- Bueno, pero no te preocupes, va por el camino que nosotros queremos.
- Ya, pero todo se va complicando…

Ella me dejaba hablar, mostrándose comprensiva, pero manteniendo el control de la dirección de la conversación. Se acercó lentamente hacia mi, acariciándome.

Me rodeó con su brazo, arrastrándome hacia ella.
- Cariño, haremos lo que tú quieras, tú fuiste el que propuso este juego, sabes que al final me has convencido y me he dejado llevar por ti, adoptando el papel que entendía que querías que tuviese, pero te quiero mucho y no quiero que esto sea un problema en nuestra relación.

Sus palabras resultaban reconfortantes, pero se notaba que por encima de todo eran las palabras de quien tenía el control. Ahora la fantasía era suya y ella era la que estaba trazando el plan para seguir adelante. Sus caricias, su voz, sus palabras, era para poder seguir adelante con su idea.

- Pero te tengo que reconocer que todo esto me resulta, mejor dicho, nos resulta excitante. Lo de mi hermana fue casi por casualidad. Además, con la confianza que tenemos con ella pensé que daría más morbo. Pero si eso te molesta la llamo y damos por cerrado el tema…
- No, bueno, no sé, no es eso, repliqué yo titubeando.
- Mira, ahora mismo la llamo y le pido la llave y nos olvidamos de todo esto…me dijo, amenazando con levantarse en dirección a su teléfono.
- ¡No!, espera. Lo quiero decirte es que son muchas cosas y parece que todo va muy deprisa y me cuesta asimilarlo…
- Bueno, en tal caso, podemos seguir un poco más con el juego, pero sólo si tú quieres, me dijo.
- Si, si de eso se trata, de tener nuestro juego. A mí también me resulta muy excitante todo esto y, como has dicho, yo fui el que lo inicié y la verdad es que me apetece seguir con ello.
- Por mi hermana no te preocupes. Sabes que tengo, bueno, tenemos una gran confianza y esto va a quedar sólo ahí. Si hasta la hemos dado uno de nuestros vibradores.
- Si es excitante

Al mirarla vi una cara de satisfacción, creo que al ver su capacidad de dominación sobre mí. Sus ojos brillaban de un modo especial, era imposible decir no, viendo los labios sensuales que acababan de pedir mi aprobación.

- Si, tal vez eso pudiera ser. Habíamos hablado de un mes…dije yo sin mucha convicción, más bien suplicando.
- Bien, pero sólo porque tú lo dices – me dijo ella haciéndome parecer el decisor, cuando era evidente que era ella la que me había llevado hasta allí.

Lentamente, acercó sus labios a los míos hasta besarme. Sus manos rodeaban mi cuerpo y lo acercaban hacia ella. El beso se hizo más apasionado y su lengua comenzó a jugar con la mía. Sus manos sujetaban mi cabeza y me movía a su antojo, colocando mi boca en la forma que hacía más fácil besarnos.
Mis manos acariciaron su cuerpo y fueron subiendo lentamente desde la cintura hasta sus tetas…ella me dejaba hacer.

Lentamente mis manos fueron recorriendo sus preciosos pechos, dibujando sus deliciosas curvas. Volví a subir un poco más las manos intentando introducir las manos por dentro de la camisa, rozando levemente la parte no cubierta por la copa del sujetador.

Entonces, sus manos sujetaron firmemente mi cabeza. La separó de la suya dándome un sonoro último beso, dando por concluida la sesión.

- Te quiero, me dijo, pero ahora no podemos hacer nada. Mira, me dijo poniendo su mano sobre mi aprisionada polla. Hoy no podemos acabar, pero pronto lo haremos.
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Antiguo 04-abr-2018, 17:56   #33
Tibasho
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Impresionante relato espero que sigas contándonos más

Me ha puesto
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Antiguo 05-abr-2018, 15:42   #34
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Bienvenidos!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Gracias por continuarlo! Es genial!

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Antiguo 06-abr-2018, 20:44   #35
parejilla pajer
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Predeterminado Capítulo 2. El vibrador.

La rutina de la semana hizo que los días pasaran casi sin darme cuenta. El cinturón había pasado a ser un compañero y su presencia era tan familiar para mí que podría parecer que llevaba toda la vida conmigo.

Ya era viernes y no habíamos hecho ningún plan especial para el de fin de semana. Pero iba a ser un fin de semana muy movidito.

Al final de la mañana me llamó mi mujer al trabajo, algo poco habitual.

- Hola, ¿Cómo va todo?
- Bien. ¿y tú?
- Bueno, pues muy sorprendida.
- ¿Y eso?
- Me acaba de llamar mi hermana.
- ¿Le ha pasado algo?
- No, bueno, sí. Quiero decir, nada serio. Es que me ha estado contando lo que hicieron ayer por la noche. Ya sabes, ellos dos y nuestro regalo.

Mi polla dio un salto que me volvió a recordar el estado de esclavitud en que se encontraba.

- Ah! Fue lo único que atiné a responder.
- Ni te imaginas el festival que se dieron.
- Sí que me sorprende, pensé que tu cuñado diría que no.
- Bueno, acuérdate del día que lo compramos y cuando lo estrenamos…

Mi polla empezaba a estar empujando la jaula hacia arriba y, como siempre, excitación y dolor venían juntos.

- Ya, ya. Bueno, ¿podemos hablarlo luego?, dije a modo de excusa. Es que tengo un poco de lio ahora mismo.

Pero mi mujer, no es tonta. Es más, tomo el roll de ama.

- ¿Qué pasa?, ¿no te gusta que te cuente estas cosas?

Sabía como controlar la situación.

- Si, pero tengo que colgarte.
- NO! – me quedé paralizado por la brusquedad de su respuesta. Vas a escucharme!
- Vale, me atreví a decir.
- ¿sabes lo caliente que estoy después de lo que me ha contado mi hermana? Necesito desahogarme. Mira, la verdad es que hacía mucho que no lo usábamos nosotros y lo que me ha contado me ha traído muchos recuerdos. ¿Te acuerdas cuando lo compramos?

Nos habíamos ido un fin de semana a Madrid. El plan era estar solos, de tiendas y pasarlo bien en el hotel. Pero por la tarde, mientras íbamos por la calle, intentando llegar a una zona comercial, pasamos por delante de un sex-shop. Creo que era la primera vez que pasaba por delante de uno, al menos de forma consciente. Era discreto, pero a la vez llamativo, quiero decir, pasaba desapercibido, pero si dirigías tu mirada al pequeño escaparate, estaba colocado con buen gusto y despertaba el gusanillo. Nos miramos y sin decir nada, juntamos nuestras manos y entramos.

Los nervios hicieron que saludásemos con un hilito de voz a la dependienta. Fuimos avanzando lentamente hacia el interior del local, recorriendo las estanterías con la mirada, llegando hasta el final de la tienda sin hablar: penes, vibradores, balas vibradoras, arneses, penes dobles, esposas, fustas.. Uff, que calentón llevábamos.

- Podíamos comprar algo, si quieres, me atreví a decir.
- No sé, elige tú, me dijo, tan cortada como siempre era cuando se refería a temas sexuales.

Recorrimos la tienda en dirección contraria. Nos detuvimos donde los vibradores.

- ¿os puedo ayudar?

Menudo susto nos dio la dependienta. Sus comentarios y explicaciones ayudaron a relajarnos: materiales, texturas, movimientos, alimentación, tamaños, limpieza, usos…

Finalmente cogimos uno realista, no muy grande, pero con buena vibración.

- ¿nos vamos al hotel?, pregunté ansioso.
- No, vamos a pasar primero por la tienda, cojo el vestido y nos vamos.

Me pareció la peor idea que puede tener alguien después de comprar un vibrador en un sexshop, pero ella, la verdad, es que siempre ha mandado.
El paseo y la búsqueda de la tienda hizo que mi excitación bajase y en cierta manera se me olvidó lo que llevábamos en una de las bolsas.
Por fin localizamos la tienda. Ella busca a una dependienta y le pregunta por el vestido. Como suele pasar, el proceso se hace largo y, para los chicos, muy tedioso. Estuvieron mirando varios modelos porque había varias combinaciones de colores. No sé decidía. Además, empezaron las discusiones de la talla, que si da poca talla, que si me va a sobrar…Cargada con cuatro o cinco vestidos se dirige a los probadores.

- Ven, a ver qué tal me queda.

Yo la seguía cargado de bolsas, intentando disimular mi enfado al considerar una pérdida de tiempo aquello.

- Entra, no te quedes ahí fuera, vamos!

Colgó los vestidos con delicadeza en la percha que había en la pared lateral. A continuación cerró la puerta con cerrojo y me miró a los ojos mientras humedecía lentamente los labios con saliva al recorrerlos lentamente con la punta de la lengua.

- ¿Me puedes enseñar lo que has comprado antes? Quiero probarlo…

¡Dios, qué torpe había estado!. Pero cómo no se me había ocurrido a mí. Mientras se bajaba los pantalones busqué la bolsa del sexshop, saqué el vibrador y las pilas; con los nervios una de ellas se calló al suelo. Me puse en cuchillas para cogerla.

Mientras, ella se desabrochó la camisa, dejando ver sus preciosas tetas rodeadas por un sujetador transparente con encaje negro, a juego con su tanga. La vista desde abajo era excitante.

Me volví a levantar, recorriendo con mi lengua su cuerpo, comenzando por la rodilla, pasando por su coño, por encima del tanga, subiendo por su ombligo, deteniéndome entre las tetas hasta llegar a la boca.

Nos besamos con desenfreno mientras le magreaba sus tetas por encima del sujetador. Mi polla estaba a punto de explotar, al igual que su coño, como podía notar por el olor de su flujo que ya empapaba el tanga, cosa que confirmaron inmediatamente mis dedos al meterlos por dentro del tanga para llegar a su clítoris.

El contacto de mis dedos con su clítoris nos excitó a los dos: mis caricias la hicieron retorcerse al masajear su clítoris. Mi excitación también creció al sentir su coño tan caliente y encharcado de flujo.

Me volví a agachar para coger el vibrador, aprovechando para deslizar el tanga hasta sus pies.

Metí mi lengua entre sus muslos, saboreando el coño, moviendo mi lengua haciendo círculos sobre el clítoris. Sus manos empezaron a presionar mi cabeza, haciendo que mi lengua entrase aún más en su coño. Empezó un mete y saca de mi lengua en su coño que nos producía placer a los dos, a mi al poder saborear su caliente coño, a ella al sentir mi lengua penetrando su dilatada vagina.

Me acordé del vibrador; lo conecté y lo acerque a su vagina, mientras retiraba mi lengua con la boca escurriendo su flujo y mi saliva a partes iguales.

Lo puse encima de su clítoris, produciendo un escalofrío en todo su cuerpo a la vez que empezó a gemir. Me levanté para taparle la boca, mientras intentaba separar un poco el vibrador de su cuerpo, pero ella me sujeto la mano dirigiendo el vibrador de nuevo a su coño, pero esta vez lo bajó para que le penetrase su vagina.
La mano que le tapaba la boca impidió que se oyeran de nuevo los gemidos que la penetración le había provocado. Empezó a acompañar el movimiento de penetración del vibrador con la mano con el empuje de su cuerpo. Me encantaba ver reflejado en el espejo de la izquierda el movimiento de su culo para acercar su coño al vibrador. Era como si ella fuese la que follaba el vibrador en vez de ser su coño el que recibía los empujes del falso pene.

Giró la cabeza para deshacerse de mi mano, abalanzándose sobre mi cara para morrearme ya fuera de sí. La mano que tenía libre la dirigí hacia sus tetas, bajando el sujetador para poder liberarlas y sobarlas. Ella volvió a gemir, pero su grito quedó silenciado por mi boca, que le sellaba los labios mientras introducía mi lengua en busca de la suya.

Sacó el vibrador de su coño dirigiéndolo a mi boca. Sin darme tiempo a reaccionar, me penetró la boca con el vibrador. Era delicioso saborear esa polla pringada con los flujos de mi mujer. El mete y saca que ella comenzó en mi boca fue correspondido por mi mano, que al estar liberada del vibrador que ella había llevado a mi boca, me permitió masturbarla a mi antojo. Era una situación extraña, masturbaba a mi mujer mientras chupaba una polla plástica.

No sé cómo pude sacar el vibrador de mi boca, dirigiendo mis labios a sus tetas. Mis manos desplazaron el precioso sujetador negro de encaje justo por debajo de sus tetas, realzando aún más si cabe su poderoso busto. Me lancé a chuparlas, metiéndome alternativamente sus pezones en mi boca, mientras los mordía.
Ella volvió a bajar el vibrador hacia su coño. El gemido delató que lo había vuelto a introducir en su vagina. Inmediatamente sentí el movimiento de su mano metiendo y sacando el pene de plástico a una velocidad de vértigo.
Yo volví a incorporarme, abandonando mi boca sus deliciosas tetas, dirigiéndome a su boca para fundirnos en lujurioso beso. Ahora era ella la que probaba su propio flujo que unos segundos antes ella había introducido en mi boca procedente del vibrador que había estado taladrando su coñito.

Mis manos bajaron hasta situarse una en su culo, facilitando así el movimiento de penetración del vibrador y la otra fue a clavarse en su clítoris. Una vez más, su mano y mi mano se rozaban mientras cada una de ellas procuraba, de forma distinta, placer a mi mujer. Abandoné el clítoris para sujetar junto a ella el vibrador, de manera que éramos los dos los que movíamos el vibrador en una follada perfecta.

Mi polla, aun dentro mi pantalón, sentía el roce por el movimiento de nuestras manos que sujetaban el vibrador. Iba a intentar liberar mi polla cuando ella estalló en un orgasmo silenciado por mi boca, pero que su cuerpo mostraba estremeciéndose. En ese momento mi polla también estalló liberando mi corrida dentro de mis calzoncillos sin haber siquiera rozado la punta ni haber tenido la posibilidad de darle un par de sacudidas con la mano que acababa de abandonar el vibrador.

Hoy, el mismo gemido, pero ahora por teléfono, me devolvió a la realidad. Se estaba corriendo igual que aquel día. Esta vez, al no tener la boca tapada por mi boca, gimió de forma escandalosa, obligándome a tapar el teléfono para que nadie oyese sus gritos. Miré a mi alrededor tratando de traer mi mente a mi trabajo, confirmando que nadie había sido testigo de la sesión de sexo telefónico ni del chillido de mi mujer, lejos de aquel morboso recuerdo de la tienda de ropa que mi mujer me había hecho rememorar con todo detalle. Pero a diferencia de aquel día, yo no me había corrido no porque no estuviese superexcitado sino que el cinturón de castidad estaba cumpliendo su función y no dejo que mi excitación se tradujese en una erección ni tampoco permitía rozarme la punta de la polla, ni tocarme la polla, masturbándome hasta correrme. Era la humillación del cinturón de castidad.

Y esto sólo fue el principio del fin de semana.
____________

Disfrutad todos el fin de semana!
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Antiguo 07-abr-2018, 08:16   #36
Sigrid
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He conocido hoy la serie y te puedo asegurar que me parece maravillosa, extraordinaria. Por fa, continúala porque merece y mucho la pena.

Un beso.- Cristina
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Antiguo 10-abr-2018, 05:17   #37
parejilla pajer
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No entendía muy bien lo que había pasado. Como pude, finalicé mi jornada laboral. Intentaba, una vez más ordenar las ideas, pero era evidente que todo estaba fuera de mi control. No digo que estuviese descontrolado, sino que yo no tenía el control, pues cada vez era más evidente que era mi mujer la que controlaba la situación. ¿Cómo sino se había involucrado a mi cuñada en todo esto? ¡Eso era! Mi mujer es la que estaba haciendo realidad su fantasía. Pero si eso era así, ¿era mejor o peor? A la vista de mi grado de excitación definitivamente tenía que responder que sí. De hecho era mucho más morboso no saber cuál sería el siguiente paso, ni cuando sería la próxima sesión de sexo ni, por supuesto, saber en qué condiciones.

Ella había llegado algo antes que yo. Al oírme entrar me llamó. Su voz sonaba lejana, debía estar en el dormitorio. Se oía un zumbido, que no acababa de identificar. A medida que me acercaba al dormitorio el ruido era más nítido.
Cuando abrí la puerta de nuestra habitación me quedé helado. Primero, pude ver cuál era el origen del sonido: el vibrador; segundo, mi mujer recorría su cuerpo con él de forma provocativa; y tercero, mi mujer se había puesto un salto de cama de los que quitan el hipo, negro, cortito que deja vez el final de su estupendo culo, que combina seda y encajes sugiriendo la parte de los pechos que no quedan a la vista; tenia puestas también una medias sujetas con liguero que perfilaban sus bonitas piernas. Para terminar tenía los zapatos de tacón que realzaban aún más su figura cuando se puso de pie para recibirme.

No era capaz de articular palabra, pero tampoco habría podido, pues se echó encima de mí besándome apasionadamente. Disfrutaba del movimiento de su lengua dentro de mi boca mientras sus labios iban dejando su carmín en mi cara.
Inmediatamente mi polla empezó a protestar dentro de la cajita. Con mis manos intenté colocar el cinturón para reducir, cosa imposible, la presión que hacía sobre mi polla.

Bajó sus manos hasta juntarlas con las mías, palpando así conmigo el cinturón. Bajó un poco más las manos hasta tocar mis huevos.

- Me encanta sentir el cinturón de castidad en “mi polla”. Es la mejor idea que has tenido, me dijo con un toque irónico. Me encanta saber que está bajo mi control. Antes, cuanto te he llamado, creo que me ha excitado más saber que tú no podías ni tocarte ni correrte, que el recuerdo de aquella primera visita a un sexshop.

Sus manos empezaron a recorrer todo mi cuerpo, acariciándome suavemente por encima de la ropa, mientras sus labios habían vuelto a mi boca. Casi sin sentir sus dedos, empezó a desnudarme: botón a botón de la camisa, aprovechando en cada movimiento para rozarme el pecho. El dolor en la polla empezaba a ser insoportable; era la segunda vez en pocas horas que mi mujer me provocaba una terrible erección.

Dejó caer mi camisa al suelo y comenzó a besar mi torso desnudo. Presionaba para que el carmín de sus labios fuese dejando marca en mi piel.

Saliendo de mi shock, empecé a acariciarla yo también; la espalda, los hombros, bajando hacia sus pechos…

- Espera, no tengas prisa, me dijo apartando mis manos de sus pechos.

Se puso de rodillas y sus manos bajaron a mi pantalón. Con la misma suavidad con que había desabrochado mi camisa, me quitó el cinturón, me quitó el pantalón y me bajó el bóxer.

- Me encanta, me excita...dijo mientras empezó a pasar su lengua por encima de la caja. Sus manos sujetaban firmemente mi culo, haciendo que me moviese hacia delante y hacia atrás o hacia los dados, para que su lengua fuese recorriendo cada milímetro de piel que había libre alrededor del cinturón de castidad.

- Antes no pude acabar la conversación, por teléfono. Pero mejor, porque así te puedo mostrar de forma gráfica lo que me ha contado mi hermana.

Me tiró sobre la cama. Me siguió quitando la ropa hasta dejarme totalmente desnudo.

- Me ha contado mi hermana lo bien que se lo pasaron. ¿Quién crees que disfrutó más mi hermana o mi cuñado?

La pregunta era un poco rara. Parece que un vibrador está pensado para que ella disfrute, pero si mi mujer me hacía esa pregunta, debía haber pasado algo más.

- Dice mi hermana que fue casi por casualidad, porque ella no pensaba echar un polvo el jueves, pero su marido había estado dando una vuelta y al regresar a casa tenía ganar de follar.

Se puso encima de mis piernas, con las rodillas dobladas, apoyando su culo sobre mis muslos, acercando su coño a mi polla.

- Dice que la despertó al empezar a besarla en los hombros mientras le bajaba el tirante del camisón, dejando su teta al aire, dirigiendo entonces sus besos al pezón.

Ella reproducía la escena apartando los tirantes de su pijama hacia los brazos, permitiendo que su pijama deslizase hacia abajo, dejando sus tetas al aire. Ella cogió mi cabeza con sus manos, acercándola a sus pezones a la vez que ella se inclinaba hacia mi. Me dejaba pasar mi lengua alternativamente por cada una de sus tetas, cambiando de pecho cada vez que mordisqueaba el pezón, que estaban poniéndose durísimos.

- Mi hermana se pone como una moto cuando le muerden los pezones, como me pasa a mi. Pero él debía venir muy caliente porque en seguida metió su mano por debajo del camisón de mi hermanada hasta llegar a su tanga. Lo apartó para rozarle el coño.

Ella hizo lo mismo, se recogió el camisón en la cadera y se apartó el tanga, dejando los labios de su coño a mi vitas. Ella cogió mi mano y la llevó a su coño para que yo la masturbase como mi cuñado había hecho a su mujer.

- Mientras masturbaba a mi hermana, le preguntó por el paquete que le había dado yo, ya sabes, nuestro vibrador. Me contó mi hermana que con la excitación se dejó llevar y le dijo que lo tenía en el cajón de la mesilla, que lo cogiera.

Yo, mirando a mi mujer, entendí que también yo tenía que abrir el cajón de nuestra mesilla para encontrar el vibrador. Evidentemente me lo había dejado fácil de coger en cuanto abriese el cajón.

- Al ver el vibrador, dice que mi cuñado puso una cara mezcla de asombro y de excitación. Se refirió a mi como una guarrilla y a ti como un pichilla que no eras capaz de satisfacerme y que por eso tenía que haberme comprado el vibrador.

El comentario, tanto de mi mujer como una guarra como sobre mí humillándome por mi polla, aumentaron mi excitación; mi polla intentaba moverse, pero al estar aprisionada sólo conseguí que el cinturón de castidad presionase la pierna de mujer.

- ¿Qué te gusta más, que me llamase zorra o que dijera que tienes una picha de mierda?

Mientras lo decía, me agarró la polla con una mano, esperando mi respuesta. No había nada que responder, ella sabía que las dos cosas me excitaban por igual, como buen candidato a cornudo.

- Dice que le metió el vibrador en la boca mientras le decía que lo chupase como lo haría yo, la puta de su hermana.

Yo seguí las indicaciones. La saliva de mi mujer empezó a cubrir el vibrador, extendiéndose por toda su longitud; también empezaban a escurrir por la comisura de los labios de mi mujer. Entonces, cogió mi mano con el vibrador, dirigiéndolo hacia su coño.

- Mi hermana estaba tan mojada que el vibrador le entró sin ningún esfuerzo. Le propuso a mi hermana que hablase conmigo, que me dijese que siempre que tuviese el chocho caliente, como tu no me lo ibas a llenar, que le llamase a él. Que él tenía polla para las dos hermanas.

Mi mujer empezó a gemir y estalló en un orgasmo escandaloso. Yo me imaginaba a mi cuñada y a mi cuñado en la misma posición en que nos encontrábamos nosotros. Estaba a punto de correrme, necesitaba correrme.

- Quieres que siga contándote, me preguntó cuándo se recuperó.

No respondí yo, lo hizo mi polla, que volvió a retorcerse dentro del cinturón de castidad, golpeando de nuevo su pierna, lo cual le produjo una risa burlona. Se levantó y me ordenó darme la vuelta y ponerme de rodillas en el borde de la cama, mientras siguió contándome.

- Le dijo que las dos hermanas éramos unas zorras, con la diferencia de que a ella la controlaba él, pero que tu eras un marica que no podías darme lo que yo necesito.

Cuando dijo “marica” acercó el vibrador a mi culo. Escupió sobre mi ojete y también sobre el vibrador para usarlo como lubricante y facilitar la penetración de mi culo.

- Mi hermana estaba tan caliente que le confirmó que tu tenías una polla pequeña y que yo me quejaba. Que teníamos una caja llena de dildos porque tu polla no me satisface.

Ella movía el vibrador lentamente hasta conseguir tenerlo todo dentro; entonces empezó el mete saca lento pero placentero. Mi polla iba a reventar el cinturón de castidad.

- Le dijo que eras un marica y que no solo habíamos comprado vibradores sino que también teníamos un arnés con el que yo te follaba el culo.

Joder, era increíble lo que mi mujer y su hermana se había contado, jamás lo hubiera imaginado, pero todo ello no hacía más que aumentar mi excitación. Ella aceleraba el movimiento del vibrador dentro de mi culo: estaba a punto de correrme.

- Entonces le preguntó por la llave, que si la llave tenía que ver con alguno de nuestros juguetes. Mi hermana no le respondió, así que la sacó el vibrador del coño y se lo metió en la boca.

Eso mismo hizo mi mujer, me sacó el vibrador del culo y tirándome del pelo me obligo a girar la cabeza hacia atrás para que me metiese el vibrador en la boca.

- Dice que le dejó el vibrador en la boca; oyó como caían los pantalones y el cinturón en el suelo y lo siguiente que sintió fue el pollón de su marido taladrándole el coño.

Como podéis imaginar, mi mujer me sacó el vibrador de la boca, me soltó el pelo con desdén y volvió a clavarme el vibrador sin misericordia. Se me escapó un leve quejido, porque mi mujer me había metido el vibrador con total brusquedad.

- Putita, ¿te ha dolido? Al revés que tú, mi hermana gritó de placer. A cada embestida el volvía a preguntar por la llave. Mi hermana le habló de un candado; el candado de un cinturón, de tu cinturón de castidad…

- Noooooooooo, grité mientras de mi polla empezó a brotar mi semen. No me lo podía creer: mi cuñado se enteró.
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Antiguo 16-abr-2018, 22:28   #38
parejilla pajer
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Predeterminado Camino hacia los cuernos

Gracias por los mensajes privados y los thanks. Espero que la siguiente parte os guste. Cualquier comentario será bienvenido.

Nos habíamos acostado pronto. La semana había sido muy complicada para los dos en nuestros trabajos.

Estábamos acostados de lado, mirándonos cara a cara. Acercamos nuestras bocas para besarnos. Fueron besos dulces, sinceros, románticos.

Llevaba varios días sin cinturón. Me lo quitó el día que me contó lo de mis cuñados y desde entonces ni me lo había vuelto a poner. Pero teníamos pendiente hablar sobre ello, sobre el cinturón, sobre nosotros y sobre nuestros cuñados.

- Cielo, te quiero. No hemos hablado de lo de mi hermana y me gustaría hablarlo contigo.

- Es cierto. No podemos ignorar lo que pasó. No sé muy bien cómo afrontarlo.

- Haremos lo que tú quieras. La verdad es que podemos parar todo esto. Puedo hablar con mi hermana; decirle que no es verdad, que fue toda una fantasía y que, por favor, lo tratemos con discreción, como si no te hubiese dicho nada…

- La verdad es que lo que me contaste me puso a cien. Fíjate que tenía el cinturón y aun así hiciste que me corriese. Hay que reconocer que es súper excitante y tremendamente morboso.

- Sí, es cierto, la verdad es que mientras tuviste el cinturón me he corrido como nunca.

- No sé, es una fantasía que tenía y que ya hemos cumplido.

- Si, pero si te soy sincera, también ha abierto mis fantasías. Lo que me contó mi hermana me ha hecho imaginar cosas.

- ¡Cosas! ¿qué cosas?

- Bueno, lo de oír que su marido tenía polla para las dos… Yo sólo he tocado tu polla y me excitaba imaginar otra polla. Me gustaría saber si, como dice mi hermana, tiene un buen pollón.

En ese momento bajó su mano, metiéndola por dentro de mi pijama, acariciando mi polla que para entonces ya estaba empalmada. Era agradable volver a sentir su mano sobre mi polla, las últimas veces siempre había tenido el cinturón de castidad y no había podido disfrutar.

- Me imagino cogiéndole la polla. ¿crees que la tendrá una polla más larga que la tuya?

Mientras decía esto, rodeó mi polla con sus dos manos, la primera justo por encima de los huevos, la segunda a continuación de la primera tapando el capullo; así mi polla quedó oculta.

- Mi hermana dice que, aunque le ponga las dos manos, le sobresale parte de la polla y el capullo.

Mi polla estaba dura, la suave masturbación de mi mujer y sus comentarios me estaban poniendo a mil.

- ¿Será también más gorda que la tuya? Mi hermana dice que casi no puede cerrar la mano.

Sin embargo, mi mujer podía rodear mi polla con su mano y eso que yo creo que las manos de mi mujer son más pequeñas que las de mi cuñada.

Todo ello era un poco humillante, sin embargo, mi polla no opinaba lo mismo y a cada comparación de mi mujer yo estaba más excitado.

Se metió debajo de las sábanas y llegó hasta mi polla. Sentí los labios calientes que besaban mi polla. ¿Cuánto tiempo hacía que no había tenido esa sensación? A continuación, empezó la mejor mamada que jamás me había hecho. Se metía y sacaba la polla lentamente, aprovechando a seguir hablando conmigo.

- Me imagino chupándole la polla a mi cuñado, dijo mientras se metió mi polla hasta el fondo.

- Me imagino que no me cabe por lo larga que es, dijo mientras se metía sólo la mitad de la polla en su boca.

- A lo mejor sólo puedo chupar la punta de lo gorda que la tiene, dijo mientras pasaba la lengua por mi prepucio.

- Me imagino chupando la polla a la vez que mi hermana, dijo mientras lamía el lateral del tronco de mi polla, una a cada lado de la polla gorda y larga de mi cuñado.

Salió de debajo de las sábanas y se colocó a mi altura, volviendo a besarme mientras me abrazaba.

- Y te imagino a ti de pie, junto a nosotros, mirándonos. ¿te gustaría ver a tu mujer comportándose como una zorrita con mi hermana y su marido?, dijo mientras me hacía chupar sus manos que tenían el sabor de mi polla.

- No sé, titubeé, ¿con él?

Retiró las sábanas y se puso encima de mi, como siempre, con sus rodillas dobladas y apoyada sobre mi piernas. Cogió su pijama por abajo y lo fue recogiendo lentamente hasta llegar justo por debajo de las tetas.

- ¡Cógeme el pijama, quítamelo!

Me incorporé ligeramente para poder coger el pijama y poder seguir subiéndoselo por encima de las tetas para sacárselo por la cabeza.

- Me gustaría que fueses tú el que me quitase la ropa, que me entregases desnuda a mi cuñado.

Cogiendo mis manos las puso sobre sus tetas. Me deleitaba acariciando las hermosas tetas de mi mujer. Disfrutaba de la suavidad, de la redondez de sus curvas y de su firmeza. Acariciaba los pezones, los metía entre mis dedos, disfrutando al sentir como los pezones se iban poniendo duros.

- Me lo imagino sobándome las tetas.

Puso sus manos sobre las mías, haciendo que la presión sobre sus tetas fuese mayor, moviéndolas más deprisa, con mayor brusquedad.

- Así, magreándome las tetas, con la fuerza de un macho…Seguro que está loco por tener mis tetas, estas tetazas que no tiene mi hermana.

Ya no era yo el que acariciaba sus tetas, sino que era su cuñado el que las sobaba a gusto. Eso era lo que claramente reflejaba su cara.

- Pellízcame los pezones, me pidió.

Yo lo hice como siempre, suave. Disfrutando el tacto de los pezones, acariciándola aureola.

- No, ¡más fuerte! Seguro que él es muy basto, más bruto.

Lo hice, la pellizqué fuerte lo dos pezones. Ella chilló.

- Cabrón, así, pellízcame, ¡más fuerte!

Ya no era yo, era lo que mi mujer quería que fuera, ¡era mi cuñado!

- Me gusta, así, quiero ser su juguete, quiero que me trate como una puta, como su puta.

Me abalancé sobre ella y la metí mi lengua de la manera más sucia y pervertida que se jamás había hecho. Yo era mi cuñado, que la estaba tratando como una puta, como su puta.

La cogí de la cintura y la aparté para poder incorporarme. Me levanté de la cama y me puse detrás de ella.

- ¡Perra!, ¡Ponte a cuatro patas!

Ella seguía mis instrucciones mientras mantenía la cabeza hacia atrás para verme la cara.

Le fui a bajar las bragas, pero no era yo. Con las dos manos tiré hacia abajo, apareciendo su culo y su rajita; eso me excitó aún más, con fuera tiré de las bragas hasta rasgarlas. Volví a tirar hasta romperlas.

- ¡Abre la boca, puta! Y se las metí en la boca. ¡Así no gritarás! Y le di una sonora palmada en su culo.

Ella se retorció, mientras intentó gritar, pero las bragas en su boca hicieron casi inaudible su quejido.

Cogí mi polla, que para entonces estaba dura como nunca, y se la restregué por toda la rajilla. Tenía el coño chorreando por lo que enseguida mi polla estaba lubricada y lista para penetrarla.

- ¿Te gustaría que te dejase así, desnuda, a cuatro patas y con las bragas en la boca para que te follase tu cuñado?

Ella asintió. Escupió las bragas y lo confirmó:

- Sí, quiero que me folle mi cuñado, quiero que tú me desnudes y me pongas a cuatro patas para él. Quiero que delante de ti me meta su pollón, quiero que sepas lo que es una buena polla y como hay que follar y quiero que lo veas. Quiero que seas tú el mamporrero que meta ese pollón en mi coño. Quiero que me veas gritar de placer…

La metí la polla sin contemplaciones, oyendo un gemido de su parte. Creo que los dos estábamos imaginando que era mi cuñado el que se la estaba follado.
A cada embestida le golpeaba el culo, cada vez más fuerte. Ella me pedía más.

- Cabrón, pégame más fuerte. ¡Me van a follar y tú lo vas a ver!

Estaba a punto de correrme. Intentaba aguantar lo máximo posible, intentando hacerlo como lo haría mi cuñado, seguro que él era capaz de aguantar más que yo.

- Me voy a correr, le avisé.

- ¡Mierda de polla! ¡aguanta, maricón! Seguro que él puede follarnos a las dos sin correrse. Seguro que puede hacer que nos corramos las dos, dos veces, ¡follándonos el culo y el coño!

Estuve tentado de sacar mi polla del coño y metérsela por el culo, pero no iba a aguantar. A cambio, me incliné sobre mi mujer y agarré sus dos tetas. Acompasé el movimiento me mis manos con sus tetas hacia delante y hacia detrás, coincidiendo con cada una de mis envestidas. Las agarré como lo haría el, con fuerza, pellizcando otra vez los pezones, que por la excitación mi mujer tenía duros como nunca.

- ¡Quiero me dejes follar con él, dilo!

- ¡Sí, puedes follar con él!

- Quiero que me entregues a él

- Si, ¡yo te llevaré a follar con él!

- ¡Quiero que me veas follar con él!

- Si, ¡verte follar con él!

- ¡Quiero que seas un cornudo!

- Si, ¡quiero ser un cornudo!

En ese momento mi polla estalló, seguí con las embestidas, sintiendo como se estaba llenando el coño.

Los gemidos de mi mujer me hicieron seguir bombeando hasta conseguir que ella también se corriese y enseguida sus gemidos confirmaron su orgasmo.

Notaba como el semen, mezclado con sus flujos, comenzaba a salirse de su coño, manchado sus piernas a la vez que también deslizaban por mi polla y bajaban por mis huevos.

Me imaginaba que el que se acababa de follar a mi mujer no era yo, sino mi cuñado y que yo lo estaba viendo todo a dos metros de distancia, desde la pared y que yo me había corrido no por follarme a mi mujer, sino por haberme pajeado.

- ¡Cornudo, limpia la corrida de tu cuñado!. ¡Déjame el coño reluciente! Me dijo mi mujer aun jadeante por su orgasmo.

No lo dudé, saqué mi polla imaginando que era la polla de mi cuñado la que salía del coño de mi mujer, me imaginé avanzando desde la pared donde me había pajeado hasta la cama donde mi cuñado se había follado a mi mujer, hasta su coño y me arrodillé, metiendo la lengua para limpiar la corrida de mi corneador.
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Antiguo 17-abr-2018, 10:04   #39
OOAA
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GENIAL RELATO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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Antiguo 17-abr-2018, 11:03   #40
pirataroberts64
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Predeterminado

Muy excitante, por favor continúa. Saludos!
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Antiguo 17-abr-2018, 16:08   #41
avedon
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Predeterminado Serás un buen cornudo!

Un relato cada vez más excitante!
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Antiguo 18-abr-2018, 20:35   #42
parejilla pajer
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Predeterminado con los siguientes capítulos

Buenas,

gracias por los comentarios; anima mucho a seguir saber que es del agrado de los lectores.

Estoy trabajando en la continuación de la historia que como ya he comentado combina realidad y ficción y, por lo que veo, en la proporción justa.

Aunque a veces, leyendo otras experiencias y relatos, tengo tentación por exagerar más la parte imaginativa. ¿sería bueno? o ¿es mejor ceñirme lo máximo posible a la realidad?

Saludos.
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Antiguo 18-abr-2018, 23:37   #43
OOAA
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Buenas,

gracias por los comentarios; anima mucho a seguir saber que es del agrado de los lectores.

Estoy trabajando en la continuación de la historia que como ya he comentado combina realidad y ficción y, por lo que veo, en la proporción justa.

Aunque a veces, leyendo otras experiencias y relatos, tengo tentación por exagerar más la parte imaginativa. ¿sería bueno? o ¿es mejor ceñirme lo máximo posible a la realidad?

Saludos.
Tú mismo, puedes ceñirte a la realidad, incluir dosis de fantasía... o pintar un lienzo
con todo lo que te habría gustado que pasara

Y puedes decirnos qué opción es, o dejarlo en suspense

GENIAL el relato!!!!
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Antiguo 26-abr-2018, 18:45   #44
parejilla pajer
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Predeterminado Conil

Los nervios estaban a flor de piel. Sentados en la mesa esperábamos la llegada del tercero. ¿cómo había llegado hasta aquí?

Hacía ya tiempo que ella marcaba el rumbo de nuestras aventuras, aunque también he de reconocer que siempre he compartido las decisiones.

Cuando compré el cinturón de castidad nunca pensé que llegaría a esta situación en la que estaba a punto de dar el paso definitivo para convertirme en cornudo.
La búsqueda había sido lenta, pero esta página pajilleros.com había sido el medio perfecto, porque fue la forma en que mi mujer y yo unificamos nuestras fantasías. Además, la lectura de diversas experiencias y relatos nos permitía ir poniendo en común lo que nos gustaba, lo que nos excitaba, lo que nos resultaba morboso y lo que nos gustaría llegar a hacer.

Un fin de semana de relax y una playa nudista fueron los dos ingredientes perfectos para proponer un encuentro. Un tercero, con algo de experiencia, con propuesta light, y sin presión era el candidato.

Varios correos fueron haciendo lentamente la selección hasta que llegamos al candidato perfecto. Son muchos los morbosos que por una u otra razón se van poniendo en contacto con nosotros, lo cual también nos ayuda a tener cada vez más clara nuestra fantasía.

El fin de semana lo fuimos posponiendo hasta poder tener disponibilidad y asegurar una buena temperatura: ¿cómo hacer nudismo si no? De hecho, una pareja con la que hablamos tuvieron ese contratiempo, lo que les impidió disfrutar del morbo en la playa. Teníamos claro que eso no nos podía pasar a nosotros.

La cala de Conil fue el sitio elegido, aunque el hotel lo cogimos en Zahara de los Atunes.

Los preparativos fueron muy excitantes: bañadores, aunque a penas los usaríamos; ropa informal para el día, pero una par de modelitos sugerentes para nuestros encuentros nocturnos: minifalda para el viernes, con una camisa blanca de volantes super ajustada para marcar sus dos buenas tetas; para el sábado un vestido de verano también corto y con un escote de vértigo. Además, al ser también muy ceñido podía, si llegaba hasta ahí la situación, ir sin ropa interior. Elegimos también la ropa interior, blanca para el primer día y negra para el segundo; y para dormir cogió un picardías cortito y con la espalda al aire, semitransparente en el pecho y con un lazo por delante para abrir rápidamente “en caso de emergencia”.

Tampoco faltaba el cinturón de castidad, que yo llevaría puesto durante la mayor parte del fin de semana y el vibrador, por si acaso.

Y allí estábamos, esperando la llegada de nuestro invitado. Al menos por el momento esa puede ser la mejor palabra para definirlo. Como es habitual, podemos buscarle un nombre que no de pistas de su identidad real: Roberto.
Nos habíamos guardado una última posibilidad: Roberto nos había enviado una foto con su cara, pero nosotros no; de forma que en el restaurante podría haber más parejas sin que Roberto pudiese identificarnos si es que al final nos echábamos atrás.

No fue así. Roberto había compartido con nosotros muchos mensajes, habíamos tenido tiempo de conocernos y por otro lado ya sabéis que mi mujer trazaba con claridad, aunque sin parecer imposición, el plan hacíais cuernos. Por otro lado, aunque no era el requisito imprescindible, Roberto era joven, soltero, con un cuerpo cuidado y atractivo y, además, con una buena polla. Como suele pasar en muchos casos, aunque poco más o menos de larga que la mía, bastante mas gorda.
Como a Roberto no le habíamos enviado fotos con nuestras caras, sino de nuestro cuerpo, él no podría reconocernos. Con discreción, se sentó en la barra mientras una a una iba recorriendo las mesas. Como la nuestra estaba un poco apartada, pasó un buen rato hasta que llegó a nosotros. Durante ese tiempo le observamos con todo detalle.

- Mira, nos está buscando.
- Si. Me gusta como ha venido vestido. La verdad es que está como me lo había imaginado.
- Me levanto a buscarle, pregunté sumisamente.
- No, deja que siga buscando. A ver si nos reconoce., dijo mi mujer.

Pocos minutos más tarde su mirada se cruzó con la nuestra. Yo me quedé helado, sentía, no sé muy bien porqué, una sensación como de inferioridad frente a él. Mi mujer, por el contrario, el sonrió, facilitándole un poco las cosas.

Inmediatamente cogió su bebida y se dirigió a nuestra mesa. Para asegurar que no hubiese equívocos o como última oportunidad de echarnos para atrás, él debía decir “lamento el retraso, lleváis mucho tiempo esperando” y nosotros teníamos que responder “a nosotros también nos ha costado mucho aparcar”.

Su experiencia hizo que, a pesar de los nervios y la tensión, la situación fluyese con naturalidad.

- Hola Belén. Y se acercó a ella para darle dos besos.

Ella se levantó y le correspondió. Me llamó la atención que siendo la primera vez, además de los dos besos, ya hubiese puestos sus manos en la cintura de mi mujer. Después, tratando de ser cercano, supongo que también para reducir tensión, se acercó a mí. Aunque yo le acerqué la mano el me atrajo y me dio un abrazo, a la vez que decía:

- Que ganas tenía de veros.

Nosotros, sobre todo yo, estábamos helados. Menos mal que él sabía cómo manejar la situación. Enseguida nos habló de la zona, de las playas… de la comida.

Se ofreció a pedir, pero sin resultar en ningún momento prepotente. Esa también
había sido una de las condiciones, aunque nos embarcábamos en el mundo cornudo, mi posición, al menos por el momento, no debía implicar humillación.

La cena trascurrió genial, Roberto tiene una conversación fácil y además, el vino también ayudaba. Sin darnos cuenta nos estábamos quedando solos en el bar. La pregunta era inevitable:

- ¿Qué queréis que hagamos ahora?, preguntó Roberto.

A mí se me heló la sangre. Sabía que tenía que llegar el momento, pero ¿ya? Afortunadamente mi mujer seguía controlando la situación.

- Podemos ir a tomar una copa y seguir charlando, ¿no? ¿Conoces algún sitio?
- Si claro, contestó Roberto animado, parecía que él también estaba a lo que decía mi mujer.
- Paga tú, por favor, te esperamos fuera, dijo mi mujer con una mirada cautivadora, como siempre, mientras ponía la mano sobre el hombro de Roberto para que se levantase y saliese con ella.

Los vi salir con la mano de mi mujer sobre Roberto. El corazón empezó a latir no más deprisa sino más fuerte, notaba cada uno de los latidos contra mi pecho; me faltaba la respiración. Los veía fuera, a la puerta charlando animadamente. A penas podía ver sus cabezas por detrás de los cristales del restaurante. Mi imaginación comenzó a volar: el la rodeaba con sus brazos mientras ella, con los ojos cerrados, abría la boca para besarle. Roberto bajaba lentamente sus manos, que abrazaban a mi mujer para bajar hasta llegar a su culo, tocando por encima de la minifalda. Su pecho se apoyaba sobre las tetas de mi mujer; estaría sintiendo los pezones de las tetas de mi mujer, que para entonces estarían duros por la excitación. Ella se dejaría sobar y le dejaría que metiese sus manos por debajo de la minifalda, sintiendo la suave piel de su culo que el pequeño tanga blanco no llegaba a cubrir.

El dolor en mi polla, cerrada en el cinturón de castidad y la voz del camarero me devolvieron a la realidad.

- Aquí tiene la cuenta, señor.

Al volver a mirar hacia la entrada comprobé que todo había sido fruto de mi excitación. Ellos estaban de pie, hablando, pero con una distancia prudencial. Pagué y me dirigí hacia la salida.

Nos juntamos los tres, con mi mujer en medio, caminando hacia el local que había propuesto Roberto. Belén hacía todo lo posible por que la conversación fuera de los tres, sin dejarme fuera. Paseábamos lentamente, pero ¿hacia dónde íbamos? ¿hacía donde iba yo? El callejón por el que paseábamos era cada vez más oscuro.

Nuestros pasos retumbaban, sintiendo su sonido en mi pecho. Unos pasos más adelante, ya en la playa, volvió algo de claridad, de los locales que había allí. La música de los locales también ayudó a levantar un poco mi ánimo. Nos sentamos en un rincón, cómodo y discreto; con algo menos de luz que el resto del local, lejos de la barra y de la entrada. Tras pedir unas copas para los tres, comenzamos una conversación sincera sobre los tres.

- Roberto, comenzó Belén, queremos que este fin de semana sea especial. Sabes que hemos venido hasta aquí para conocerte y estar contigo, pero quiero,
queremos que las cosas fluyan con naturalidad. No sabemos hasta donde llegaremos, ya lo sabes, y tampoco queremos ninguna presión porque, al menos esta vez, sólo vayamos a vernos un fin de semana.

- Belén, respondió Roberto, hemos hablado mucho sobre esto. Yo no os pido nada, al revés, quiero me lo pidáis, seré yo el que os daré todo lo que me pidáis. Yo quiero estar con vosotros, pero sólo participaré en lo que vosotros queráis que participe. Quiero me lo digáis los dos, quiero que los tres estemos a gusto. Os he contado mis experiencias y creo que eso era lo que los tres queríamos. Para mi esa es la situación perfecta. Quiero que vosotros estéis juntos y que yo sea el tercero, no que Belén y yo seamos la pareja y tú el tercero. Pero quiero estar con vosotros, quiero sentir la pasión y la excitación con vosotros, quiero estar cerca para tener ocasión de participar en vuestro sexo. Sobre todo, quiero que podamos compartir y disfrutar de Belén, los dos.

- Roberto, dije yo, sabes que eso es lo que queremos. Quiero disfrutar del morbo y de la excitación de compartir a Belén contigo.

En ese momento Belén me besó, me besó con pasión. Puse la mano sobre su pierna y la fui subiendo lentamente hasta tocar su falda. Metí la mano por debajo. Podía notar el calor de su sexo. Alargué la mano y rocé con la punta de los dedos su tanga; ¡Dios, estaba empapado! Y claro, mi polla volvía a estar luchando contra el cinturón de castidad.

Belén alargó su mano para coger la de Roberto y acercarla también a su pierna. El brazo de Roberto tocó el mío. Fui a retirarlo, pero fue Belén la que lo retuvo.

- Os quiero sentir a los dos juntos.

Lentamente Roberto fue introduciendo el brazo como yo lo había hecho antes hasta llegar a su tanga. Al igual que yo, Roberto tenía que haberse dado cuenta de cómo estaba mi mujer de excitada y como había empapado el tanga.

Nuestras manos fueron alternándose en rozar su coño por encima del tanga. Se notaba como por la excitación se abrían los labios y el tanga se iba hundiendo en su coño. Ahora, en vez de rozar el tanga estábamos rozando los labios.

- Esperad. Voy un momento al baño.

Retiramos discretamente nuestras manos y dejamos que se levantase. Era una diosa. Los dos nos quedamos embobados mirando sus tetas, ¡como habían botado al ponerse de pie! Luego, al darse la vuelta, nuestros ojos quedaron clavados en su culo. La muy cabrona lo sabía y lo movía como sólo ella saber hacer para ponerme, bueno, ponernos cardiacos.

- Está preciosa, atreví a decir.
- Si. Es una suerte que tengas una tía como Belén. Y es estupendo que contéis conmigo para disfrutar. No quiero que esto sea un problema para vosotros ni quiero que estés incómodo o molesto conmigo en ningún momento. Quiero que disfrutemos los tres; si no es así, yo tampoco estaré a gusto.
- Gracias Roberto. Ya sabes que queremos algo más en lo del sexo y tú nos has dado la confianza para embarcarnos en ello.

El sonido de un whatsup en mi teléfono nos interrumpió. Era Belén.

Cariño. Puedo pedirte una cosa?
Estoy sola en el baño
Dile a Roberto que venga a buscarme
El solo?
Si, hay dos puertas, estoy en la de la derecha

Una vez más el corazón empezó a latir que parecía que hasta Roberto podría oírlo.

- Roberto: es mi mujer. Quiere que vayas al baño con ella. Está sola, en la segunda puerta de la derecha.

Roberto se levantó despacio. Lo vi alejarse. Parecía que el tiempo se había detenido. Por un momento estuve tentado de levantarme y seguirle para ver qué pasaba, pero decidí que lo mejor era esperar.

Estuve echando un vistazo al local, a los clientes, ¿alguien se estaba fijando en nosotros? No, cada uno estaba con los suyo, tanto parejas como grupos. Por otro lado, tampoco había nada especial en tres amigos que habían venido a tomar una copa juntos. Nadie sabía quién era la pareja y quien el tercero; no había ninguna razón para sospechar el juego que acabábamos de empezar los tres.

Miré el reloj un par de veces más, ya no sabía calcular ni cuándo se había ido mi mujer, ni cuándo se había levantado Roberto, pero a mí me parecía una eternidad. ¿y si me levantaba a ver que hacían?

Al rato me llegó otro whastup. Este era de Roberto. Eran varias fotos. Se descargaban muy lentamente. La primera era una foto del escote de mi mujer; empezó a descargarse la segunda: en ella aparecía la cara de Roberto, acercándose a las tetas de mi mujer.

La siguiente parecía que no se iba a abrir nunca, ¡por Dios!, por fin pude ver a mi mujer, se había subido la camisa blanca de volantes y se le veía el precioso sujetador blanco que habíamos elegido para esa noche.

Otra lenta descarga, lenta, lenta, por fin, veo la cara de Roberto que está a punto de hundirse entre las tetas de mi mujer. Paso a la siguiente, no se abre, espero, pulso de nuevo como si ello fuese a hacer más rápida la descarga. Otra interminable espera para la última foto. Estaba con la mirada fija en el móvil, cuando volvió mi mujer del baño.

- ¿Te ha gustado?, me preguntó mi mujer.
- Estoy esperando a que se descargue la última foto, pero veo que habéis empezado ya la fiesta.
- Si, pero nos hemos acordado de ti.

Por fin pude ver la última foto. En ella se veía una mano, que tenía que ser la de Roberto, que se dirigía a las tetas de mi mujer, pero sin llegar a tocarla.

- Te gusta, ¿a que sí?

Al ver mi mujer mi excitación en mi cara no me dejó responder, se acercó y me volvió a besar. Los dos estábamos deseando seguir con el juego.

Enseguida llegó Roberto. Cogió su copa y propuso brindar por nosotros y por este fin de semana. Apuramos las copas y salimos del local, esta vez era yo el que iba de la mano de mi mujer, pero ¿Por cuánto tiempo más?

________________________________________

Que lo disfrutéis como nosotros recordándolo!

Última edición por parejilla pajer fecha: 26-abr-2018 a las 18:47. Razón: separar comentario final
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Antiguo 07-may-2018, 22:51   #45
parejilla pajer
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Predeterminado Después de la cena (I)

Avanzamos un poco más por la playa. Roberto iba mirando los distintos locales, estaba claro que buscaba el ambiente adecuado para seguir con nuestro juego. Cerca de él, íbamos agarrados mi mujer y yo; yo intentaba aprovechar el tiempo que quedaba antes de que Roberto ocupase mi puesto.

El local elegido por Roberto era más animado esta vez, con música y una pista de baile. Belén me soltó la mano justo antes de entrar, con lo que parecíamos tan solo tres amigos.

Roberto nos llevó hasta el final de la barra, buscando como siempre discreción.

Roberto volvió a pedir, pero esta vez mi mujer se pidió un refresco, íbamos un poco deprisa para ella.

Roberto nos habló del local, del ambiente que tenía, más bien para parejas. Con buena música y normalmente con bastante gente bailando en la pista. Yo eché un vistazo alrededor y efectivamente ese era el tipo de gente que había, aunque el local no estaba muy lleno. En la pista, sin embargo si que había un par de parejas bailando. Cuando volví la mirada a mi mujer, ella se había retirado un poco de mi y se había acercado a Roberto.

A pesar de la música, se podía hablar.

- Entonces mañana nos acercamos a Conil, a las calas, ¿verdad?
- Si, podemos aprovechar allí todo el día, respondió Roberto.
- Yo me encargo de llevar algo para comer y de la bebida. ¿queréis que vayamos juntos?
- No, mejor cada uno en su coche. Nos hacemos los encontradizos allí, será un toque más, ¿no?
- Si, eso habíamos pensado, dijo mi mujer. A ver si vas a encontrar otro plan y nos dejas allí tirados, dijo con una risa que nos contagió a todos.
- Imposible. No, lo decía por si os quedaba duda sobre cómo llegar o donde aparcar.
- No, respondí, tus indicaciones eran perfectas.
- Necesito ir al baño, dijo mi mujer. ¿me acompañas?

Me resulto increíble que esta vez la invitación fuese para mí. Así que no pude rechazarla. Di un trago a mi copa y la cogí de la mano, yendo detrás de ella.
En el baño había un poco de cola, así que tuvimos que esperar a la puerta.

- Mira a ver si tu baño está mejor para entrar los dos, me dijo Belén.

En cuanto salió un tío entré a echar un vistazo. Había un baño con puerta y su estado era aceptable. Esperé un poco de tiempo, para disimular y salí a buscarla.

Me acerqué a su oído y le confirmé que podíamos entrar juntos. Había todavía una chica delante de ella, así que para no llamar la atención hice como que espera a que le tocase a ella. En cuanto la otra chica entró, nosotros nos lanzamos al baño de caballeros.

Nos besamos con pasión, pero en seguida Belén me mandó parar.

- Te estás emocionando. Más despacio que si no luego te va a doler tu cosita, me dijo burlonamente mientras apretaba con su mano mis huevos.
- Lo que tú digas, me atreví a decir.
- Mándale tu un whatsup a Roberto. Dile que quiere hacer ahora.

* Hola Roberto
* Me dice mi mujer que te pregunte qué te quieres hacerle ahora

A los pocos segundos respondió Roberto:

* Quiero seguir donde lo dejamos.
* Quiero que se quite el sujetador.

Al leerle el mensaje a mi mujer, mi polla dio un salto en la jaula, mientras ella puso cara de zorrita.

- ¡Vamos, quítamelo! O ¿prefieres que lo haga él?

Mi mujer me quitó el teléfono, dejando mis manos más libres para cumplir sus órdenes.

- Espera, despacio. Tendrá que verlo Roberto, ¿no?

La primera foto la tomó cuando mis manos subían su camisa para sacársela por la cabeza, dejando ver el sujetador. Con las manos estiradas hacía arriba para poder quitarle la camisa sus tetas se mostraban potentes aun a pesar de quedar ocultas dentro de las copas del sujetador. En la siguiente foto yo pasaba mis manos por encima de sus tetas.

* Estás deseando que tu zorrita le enseñe las tetas, ¿verdad?

Con las manos en su espalda desabroché el sujetador. Subí mis manos hasta los hombros, recorriendo los tirantes del sujetador, momento que mi mujer volvió a inmortalizar con la cámara del teléfono. Arrastré los tirantes hacia abajo, mientras mi mujer subía los brazos para liberarse de las tiras del sujetador.

- Espera, ponte detrás de mí. Pon las manos sobre mis tetas y bájame el sujetador lentamente.

Así lo hice. Con mi mirada fija en sus tetas, iba midiendo cada milímetro de su piel que quedaba a disposición de la cámara y que Roberto podría disfrutar, pues mi mujer fotografiaba casi como si fuera un video. Con habilidad y movido por el morbo fui capaz de bajar el sujetador, pero sus tetas quedaron cubiertas con mis manos. Fue un último e inútil intento de protegerlas, pero la orden fue tajante.

- Quita tus manos. Y el flash consiguió la última y preciada foto.

Metió el sujetador en su bolso y se volvió a poner la camisa.

- Mándale las fotos a Roberto, pero dame un minuto para llegar donde está él. Quiero ver su cara cuando le empiecen a llegar las fotos.

Antes de salir, volvió a palpar el cinturón de castidad, como para recordarme que estaba a sus órdenes, a la vez que me volvió a besar.

- Te quiero.
- Yo también, le dije.

No pude verla salir, pero me imaginaba lo espectacular que tenía que estar con la camisa ceñida, pero sin sujetador. Con la excitación de la escena del baño, sus pezones estaban duros como nunca. Menos mal que la iluminación del bar era bastante tenue, pues de lo contrario todos en el local podrían haber visto lo caliente que estaba.

Cuando pensé que mi mujer ya estaría con Roberto empecé a mandar las fotos. Al estar encerrado en el baño la cobertura era mala, por lo que el envío me llevó varios minutos. Como yo había tenido problemas para recibir las fotos esperé otro tanto para asegurarme que Roberto había podido descargar y ver las fotos. Quería dejarlos tiempo a solas.

Intenté tocarme la polla, pero era imposible. El dolor empezaba a dar paso a una anestesia en la que casi ya no sentía mi polla aprisionada dentro del cinturón de castidad, pues la excitación había sido casi constante desde que acabamos la cena.

Salí del baño y me dirigí a la barra. La cabeza de mi mujer se separaba de la de Roberto, ¿se habrían estado besando?

- ¡Joder!, dijo Roberto, que suerte tienes! ¡Vaya tetas tiene tu mujer!
- ¿Has visto ya todas las fotos?
- Si la última es la que quitas las manos, sí. Dijo Roberto mientras dirigía la mirada hacía las tetas de mi mujer. Aunque me hubiese gustado más si hubiese podido ser yo el que quitase el sujetador.
- Ya tendrás ocasión, dijo mi mujer.
- Tu mujer tiene unas tetas preciosas, se dirigió Roberto a mí. Seguro que no te cansas de disfrutarlas.
- Mañana te vas a cansar de verlas, le interrumpió mi mujer a Roberto, tratando de atraer su atención.
- ¿ y algo más que sólo verlas?, preguntó Roberto
- Eso depende de cómo te portes... Y de cómo esté la cala, el ambiente también ayuda…
- Como os dije, es una cala bastante tranquila, confirmó Roberto. El acceso es muy malo porque la escalera de madera que hay para bajar se rompió y en estos años no hay presupuesto para repararlo, lo cual, por otro lado, ha favorecido que sea una cala casi exclusivamente nudista, o al menos con muy poca gente. La otra opción es pasar desde la cala anterior, subiendo por las rocas, pero casi es peor. Además, depende de la marea. Lo mejor es aparcar donde os dije y bajar directamente. El tramo roto de la escalera se puede recorrer andando sin problema.

- ¿te imaginas que nos encontramos a algún conocido?, pregunté yo no sé si con miedo o con morbo.
- Es muy raro. Son muy pocas las personas que van, respondió Roberto.
- ¿Y hay zonas más discretas?, pregunté yo.
- Bueno, esta playa no tiene dunas, pero si te retiras un poco, hay varias zonas que quedan ocultas por las rocas y pueden dar un poco de intimidad.
- Pero casi es mejor en la playa, ¿no?, la sombrilla puede dar suficiente intimidad. Además, si se ve algo, mejor, ¿no?, dijo mi mujer, dando rienda suelta a su lado morboso.
- ¿Te vas a atrever?, le preguntó Roberto irónico para picarla.
- ¿A qué te crees que hemos venido? Si no nos habríamos ido a un hotel. La idea de la playa es perfecta para excitarse sabiendo que hay miradas que se están fijando en lo que estamos haciendo, le dijo a Roberto. Y dirigiendo su mirada hacía mí me pregunto, te gustaría mirarnos, ¿no?

__________________________________________________ _____________

Que lo disfrutéis, como siempre!!!
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Antiguo 15-may-2018, 07:29   #46
pirataroberts64
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Predeterminado

Muy bueno, ojalá bi se haga esperar mucho la continuación
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Antiguo 16-may-2018, 10:21   #47
parejilla pajer
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Predeterminado En eso estoy

Gracias por el comentario.

Lo malo de este mes de mayo es que con tanto puente es difícil tener tiempo para escribir, pero estoy en ello.
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Antiguo 06-jul-2018, 16:47   #48
parejilla pajer
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Predeterminado Después de la cena II

Con la tensión que se genera en algunos hilos, espero que este nos tranquilice y podamos disfrutar del fin de semana.

La canción siguiente es una de las que más le gusta a Belén, así que cogió del brazo a Roberto y se fueron a la pista a bailar. Yo no perdía detalle. Roberto si iba atreviendo cada vez un poco más, aprovechaba el baile para acariciar todo su cuerpo, incluso con discreción creo que el culo también lo había sobado alguna vez.

Mi polla estaba algo más tranquila, pero no del todo. Quizás el alcohol ayuda a relajar un poco la excitación, pero lo que veía no dejaba de excitarme.

Empecé a pensar en el sábado y nuestro día de playa. ¿hasta dónde estaría dispuesta mi mujer a llegar? Una cosa que me preocupaba era el cinturón de castidad. Daba por sentado que me lo quitaría, pero no tenía todas conmigo. En cualquier otra playa podría haber aceptado el castigo mientras el cinturón estuviese oculto dentro de mi bañador, pero en la playa nudista esa era una humillación para la que no estaba preparado ¿aún?

Volví a mirar a mi mujer. Estaba claro que Belén estaba disfrutando. Y que cada vez había más confianza. Ahora las manos Belén eran las que agarraban el culo de Roberto mientras bailaban abrazados. ¿le habría tocado ya las tetas?

Cambió la música y Belén cogió de la mano a Roberto para ir hacia donde yo estaba. Al llegar me dio un morreo. Se acercó a mi oreja y me susurró:

- Me encanta Roberto. Me gusta cómo me trata.
- ¡Te ha sobado bien el culo, eh!
- Pero solo le he dejado eso.
- Pensé que le habrías dejado algo más.
- No, por eso estoy muy caliente.
- ¿quieres que nos vayamos al hotel?
- No, todavía no. Me apetece seguir jugando, ¿me dejas?

Antes de responder afirmativamente, la besé y aproveché a tocar su culo, “mi“ culo, el culo que Roberto había estado sobando minutos antes, en la pista, mientras bailaban. Separé mi cara de la suya, me fijé en sus tetas y en sus pezones, estaba realmente muy excitada.

Cogió a Roberto del brazo y se dirigieron hacia los baños. Mi polla se puso otra vez dura. Aparecieron los nervios y los pinchazos en el estómago. La boca se me secaba por momentos y el sonido de la música empezó a ser reemplazado por los latidos de mi corazón. ¿qué habría pensado mi mujer?, ¿qué sería lo siguiente?, ¿qué estarían haciendo?

Me di la vuelta hacia la barra, cogiendo mi copa, pero el sorbo no podía calmar mi ansiedad. Me fijé en la camarera. Nuestras miradas se cruzaron. ¿qué pensaría de mi?, ¿se habría dado cuenta de nuestro juego? Tal vez conocía a Roberto y sabía de sus andanzas con parejas. Miré el móvil y volví a ver las fotos que me habían enviado antes y las que luego había enviado yo. Levanté la cabeza y me encontré a la camarera mirándome de nuevo. Pensé en llamarla y enseñarle las fotos. Mi polla, encerrada en el cinturón, luchando por salir, me decía que sí, que lo hiciera, que contase que estaba camino de convertirme en un cornudo.

El sonido del whatsup me hizo volver la mirada al teléfono. Nervios, casi temblando, abrí el mensaje de Roberto.

La primera foto se veía a mi mujer con los brazos a la espalda de manera que sus tetas quedaban marcadas en la camiseta blanca.

En la siguiente mi mujer, con los brazos en alto, trataba de sacarse la camisa. Sus tetas estaban al aire y lucían poderosas, con los pezones duros. Me quedé mirando esas tetas como si fuera la primera vez que las viera, seguramente como lo habría hecho Roberto mientras sacaba esa foto.


Dice tu mujer que si te gusta?
Si, contesté sin pensarlo.

La respuesta era clara. Estaba muerto de dolor por la excitación de mi polla y la presión del cinturón de castidad. Me encantaba como mi mujer estaba comportándose como una zorra con Roberto y me encantaba saber que Roberto iba camino de hacerme cornudo.

Dice que si quieres que siga?

A caso pensaban que yo iba a detener aquello. Solo dolor en mi polla era más grande que la excitación.

Siiiiiiiiiii, respondí.

Con ello se paró el envío de mensajes. Dejé el teléfono y apuré mi copa. Por un momento sentí una arcada. Esa mezcla de excitación y nervios me había bloqueado el estómago.

Miré hacia los baños, esperando que aparecieran en cualquier momento. Pero no fue así. Vi el trajín incesante de gente entrando y saliendo, pero no eran ellos.

Empecé a buscarlos por el local. Miré entonces hacia la pista de baile; tal vez hubieran salido de los baños y se hubieran dirigido a la pista de baile, pero no, allí tampoco estaban.

Me moría de calor. Llamé a la camarera y pedí otra copa. Una vez más su mirada, al menos así lo creía entender yo, me decía: “cornudo, sabes lo que le están haciendo a tu mujercita, ¿verdad?”

Volví a mirar el teléfono por si había novedades pero no había pasado nada desde el último mensaje.

Tras servirme la copa, la camarera trató de entablar conversación conmigo.

- Es la primera vez que vienes por aquí.
- Si, estamos pasando el fin de semana.
- ¿Con tus amigos? Preguntó. Me asaltaron las dudas, ¿estaba tratando de saber de nuestra relación a tres?
- Si, bueno, con un amigo; él es de por aquí y nos invitó a pasar el fin de semana, respondí, sin dar detalles de la relación con mi mujer.
- ¿Es la primera vez? Volvió a preguntar. Por qué no había acabado la frase, la primera vez que veníamos a Zahara o la primera vez que me ponían los cuernos?
- Más o menos. Solemos veranear por la zona, pero es la primera vez que nos alojamos aquí.
- Pues seguro que repetís. Una vez que se prueba, ya no hay vuelta atrás, sobre todo si a ella le ha gustado.
- ¿Era casualidad o todo iba con doble sentido?
- No sé, nos gusta más hacia Cádiz.
- Bueno, no lo discuto, pero los amigos hacen mucho, dijo. ¿Se estaría refiriendo a Roberto?
- Aprovecharemos para conocer un poco esta zona.
- Hay playas geniales, la de Bolonia, con las dunas, es fantástica. ¿la conoces? Una vez más, iba con doble sentido o no, se refería a que en esa playa hay una zona nudista?
- No, esa no.

El teléfono indicó la recepción de un nuevo whatsup. La camarera esbozó una sonrisa que interpreté como sarcástica. Empezaban a ser muchas coincidencias. ¿conocería a Roberto y sus juegos?. Con un educado “perdona” di por terminada la conversación, cogí el teléfono y me giré en previsión de lo que podía recibir de lo cual no quería que la camarera fuese partícipe.

Ahora era mi mujer la que me mandaba los mensajes. Como siempre la primera imagen no tardó en descargarse. En la primera se veían las manos de Roberto sobando las tetas de mi mujer, cubriéndolas casi por completo.

A partir de ahí las fotos iban llegaron a cuentagotas, muy lentamente. En la siguiente Roberto había metido la cabeza entre las tetas de mi mujer, sin soltarlas, apretándolas contra su cara.

Una más. Roberto chupaba el pezón derecho mientras su mano apretaba la teta de mi mujer.

Aunque estaba disfrutando con cada una de las fotos, con cada uno de los pasos hacia mi cornamenta, también quería que llegase cuanto antes la siguiente foto. Había cambiado de teta, ahora estaba mordiendo el pezón de la teta izquierda que estaba duro como jamás lo había visto.

Creo que si en ese momento me hubiese rozado el cinturón de castidad o los huevos me hubiera corrido. La excitación era total.

Pero no acabó ahí. Ahora la foto estaba hecha desde arriba, ella debía estar de pie, mientras que Roberto se había agachado, apoyando sus manos en la cadera de mi mujer.

Mientras se descargaba la siguiente foto volví la vista hacia la barra. La camarera no me perdía ojo. Era casi seguro que conocía a Roberto y sus juegos. Muy probablemente otras parejas hubiesen pasado por esa misma situación.
La foto mostraba la minifalda de mi mujer recogida en la cintura; las manos de Roberto estaban sobre los muslos de mi mujer, por debajo de la falda.
Mi polla estaba otra vez recordándome el cinturón que mi mujer me había puesto. Me toqué intentando recolar la jaula intentando que alguna manera se redujese la presión. El alivio fue momentáneo. Llegó Roberto y puso su mano sobre mi hombro para que supiese que ya estaba de vuelta.

- Enseguida viene tu mujer. ¿Hasta dónde has visto?
- Acabo de ver cómo le subías la falda.
- Pues sigue, sigue, no voy a desvelarte la sorpresa.

Se acercó a la barra a por su copa. En ese momento la camarera pasó junto a nosotros. Juraría que hubo una mirada de complicidad entre ellos. Volví al teléfono.

Las manos de Roberto habían bajado hasta las rodillas, pero sus dedos habían arrastrado el tanga de mi mujer.

Las siguientes fotos eran la continuación, en la primera mi mujer levantaba un pie, liberando el tanga de esa pierna; en la siguiente era el otro pie el que estaba cerca del hombro de Roberto mientras le quitaba el tanga.

Estaba viendo la última foto cuando llegó mi mujer. Me besó y a continuación me susurró en el oído.

- Estoy chorreando - me dijo mientras dirigió mi mano hacia su coño, levantando ligeramente la falda- Estoy con el coño al aire – me dijo justo en el momento que mi mano sintió sus labios vaginales sin tanga y chorreando, tal y como me acababa de decir. Si aciertas quien tiene el tanga, me iré a follar con Roberto; si fallas, me voy contigo...
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Antiguo 30-ago-2018, 11:49   #49
pirataroberts64
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Por favor, continuad con el relato si es posible. Saludos,
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Don Pichote
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