Antiguo 11-dic-2016, 03:20   #1
Eros1985
Pajillero Novato
 
Fecha de Ingreso: dic-2015
Mensajes: 23
Gracias 69 Veces en 18 Posts
Predeterminado Relatos a la carta.

Tema para narrar peticiones de relatos que me hagan, ya sean situaciones, personajes concretos, fantasías vuestras que queraís ver plasmadas, deseos ocultos y prohibidos, etc. No hay límites en cuanto a temática, siempre dentro de las normas del foro.

---

Este primero va dedicado a Miguelbea

Vacaciones, el hotel tenía un pequeño pub abajo. Mi esposa, Laura, y yo, queríamos pasarlo bien esa noche. Ella se preparó muy bien, faldita corta, negra, una blusa entallada, blanca, zapatos de tacón, un collar brillante que atraía las miradas hacia su escote de infarto. Olía a rosas y deseo.
-No sé porque no podemos quedarnos en la habitación –dije mientras se preparaba, besándola en el cuello —Estoy caliente.
-Y yo, pero no sé si vas a ser tú quien me folle hoy.
Tras aquello, no me esperó, salió de la habitación contoneando sus caderas. Ella tenía entonces 35 años, bien llevados, buen trasero, muslos grandes, pecho generoso. Su ropa sexy y corta, atraería más de una mirada. Su desafío me había calentado. Así que me vestí y la seguí hasta el pub.
Cuando llegué, poca luz, humor y música estridente, la encontré tonteando con dos jóvenes. En seguida me acerqué, la tomé por la cintura, despaché a los dos “ligones” y me la llevé a la barra.
-Estas desatada hoy.
-Estoy caliente como una perra –me contestó, se pegó a mi. Le gustaba ser dominada…pero no era sencillo – Vamos a bailar.
Lo hice lo mejor que pude. Y durante una hora fui el perro guardián de mi mujer. Ella tenía mucha energía, le gustaba bailar. Movía sus cadenas, sus brazos, todo su cuerpo, como un látigo de sensual cadencia. Era demasiado para mí. La dejé en la pista y me acerqué a la barra. No había mucha gente y me quedé allí, ya no temía porque se fuera por otro. Así que disfruté de mi bebida.
Dos minutos la dejé sola y un tipo ya se le había acercado. No era como los demás. Vaqueros ceñidos, camisa de color, el pecho abierto, una cadena de oro, más joven que yo, y con más pelo, en forma, la piel bronceada.
Laura se apartó de él, primero. Él siguió su juego, la tomó de la muñeca y casi le obligó a bailar con ella. Ella quería escapar y él la seguía, la cortejaba, la dominaba. Me asusté. Ese tipo era todo lo que yo no era. Yo tenía arranque pero no sabía pelear. Me quedé viendo la escena. Me gusta mirar. Laura se contorneaba, sinuosa, su escote se había abierto un botón más y podía ver el encaje negro de sus sujetador. Y su cortejante no apartaba la vista de ahí…y las manos de sus caderas.
Laura no se cortaba, bailaba a su alrededor. Se había encendido como una perra. Colocó su culito sobre la entrepierna de él y empezó a regresárselo al ritmo de la música. Cuando la mano de él se deslizó por encima de su muslo y debajo de su falda, supo que le tenía. Se apartó de él, le sonrió y le cogió de la mano.
-Vamos, quiero presentarte a alguien.
Lo trajo ante mí. Yo no sabía donde meterme. Estaba acalorado, avergonzando. Además, una pequeña pero intensa elección se había alojado en mi entrepierna por lo que no me aparté de la barra.
-Este es Luis –me dijo -, Luis, este es mi marido.
Luis me miró con asco y pena, se giró hacia Laura y empezó a besarla en el cuello. Ella rio, se dejó hacer.
-Este me gusta. Quiero que me folle.
-Y yo quiero follarte -dijo Luis sin dejar de besarla.
-Tengo las llaves de nuestra habitación –dije con voz entrecortada.
Luis me las quito, cogió a Laura de la cintura y avanzamos hacia la habitación. Ellos dos delante, riendo y tonteando. Yo detrás.

En la habitación Luis me obligó a sentarme en un sillón que había a los pies de la cama.
-Miranos, puede que aprendas como follarte a tu esposa.
Laura soltó una risilla, se dejó hacer. Luis se arrodilló detrás de ella, la subió la falda y empezó a lamerle el trasero. Fue muy brusco, buscando con su lengua entre su tanguita. Laura soltó un gemidito, Luis era lo que yo no era, directo, intenso. En seguida sus manos buscaron su sexo. El coñito de mi esposa estaba chorreando. La conocía bien, sabía cuando una situación la excitaba. Se la habían follado de muchas maneras pero nunca antes había estado yo delante. De vez en cuando me lanzaba miraditas, desafíos, le gustaba mi presencia allí.
Yo estaba incómodo…en parte. Era mi esposa. A la vez, estaba caliente, cachondo.
La desnudó del todo. Era muy brusco. La sacó la blusa rompiendo algunos botones y casi le arranca el sujetador. Empezó a comerle las tetas mientras ella se bajaba la falda. Laura se había puesto unas braguitas de encaje negro que realzaba su trasero pero Luis no se fijó en eso. Se bajó la cremallera y sacó su polla. Era larga y estaba empalmada. Después de besar las tetas a mi mujer la bajo la cabeza y la ordenó que se la chupase.
Laura se puso de rodillas y se la empezó a mamar.
Para entonces mi polla ya estaba a cien. Ver a Laura mamándole la polla a un desconocido me ponía. Ella me lanzaba miradas de vez en cuando. Me provocaba. Luis le cogia de la cabeza de vez en cuando y le obligaba mamársela hasta el fondo.
-Tu esposa la chupa muy bien, merece que me la folle.
La levantó y la tiró sobre la cama, boca arriba. Yo me desabroché el botón de mi pantalón y saqué mi polla. No podía mas. Ver a mi mujer quitándose las braguitas con rapidez, quería ser follada duro esa noche, me tenía muy cachondo. Pero había algo más. La polla de Luis atrajo mi mirada y fue eso lo que llevo mi mano a mi rabo. Empezé a masturbarme viendo la polla de ese desconocido, no podía creerlo. Él se dio cuenta de ello, pero no dijo nada.
Se tumbó encima de mi mujer y empezó a follarsela. Su enorme polla dando placer a mi mujer, penetrando el chochito húmedo de mi esposa. Laura empezó a gemir. Sus tetas se movían de un lado a otra, al cama crujía. Yo empecé a masturbarme con fuerza también. No podía creer lo caliente que estaba. Ella estaba muy mojada, no tardó en correrse. Fue muy rápido e intenso para ella, no así para Luis.
Sacó la polla de mi mujer. Estaba despatarrada sobre la cama, suspiraba. Todo su cuerpo estaba cubierto de sudor. El miembro de Luis estaba reluciente de sus jugos. Era un buen rabo. Volví a mirarlo con deseo, desde mi asiento. Mi polla aún estaba dura, seguía tocándome. No sé que me ponía más, si ver a mi mujer saciada o ese rabo duro y largo.
-¿Quieres más, zorra? –Dijo Luis.
Ella sonrió, luego me miró a mí, cómplice.
-Quiero que te folles a mi marido –pidió ella.
-¿Cómo? –Luis no entendió, yo me puse rojo.
-Nos ha estado mirando mientras me follaba. Creo que le gustaba más tu polla que yo misma. Se merece un escarmiento.
Aquellas palabras convencieron a Luis cuyo rabo palpitaba de deseo. Laura no iba a seguir su juego, ya había sido follada. Ahora quería divertirse a otro nivel. Y así, Luis pasó de dominante a dominado. Se apartó de ella y se acercó a mi asiento. Yo me quedé de piedra. Había pasado de ser espectador a convertido en participante.
-No me gustan los hombres –dije, la boca seca.
-¿Y por qué sigues pajeandote, cabrón? –preguntó Luis, era muy vulgar, no me gustaba.
Se quedó delante de mi, la polla babeante en ristre. Olía al coño de mi mujer. Era cierto, yo seguía tocándome. Todo aquello me ponía a mil. Por detrás vi como mi esposa desnuda se tumbaba en la cama y me miraba, pícara. Su mirada lo decía todo.
-De verdad, no me van los hombres…
Luis puso su mano en mi nunca y acercó mi boca a su polla. Yo la cerré, pero él me la restregó por los labios.
-Chupa —ordenó.
Nunca había comido una polla. Abrí la boca, en el fondo quería, deseaba ese pollón dentro de mi boca. Saqué la lengua, chupé un poco de su cabeza, luego me metí un poco más.
-No sabes chuparla –dijo con algo de desprecio.
La apartó de mi boca. Me obligó a ponerme en pie. Me arrastró hasta la cama y me tiró encima, boca abajo. Mi polla estaba muy dura, caliente, casi me corro el rozarme con el colchón. Miré a mi esposa.
-Voy a follarte como me he follado a tu esposa.
Sentí que me bajaba el pantalón y que algo duro se apretaba contra mis nalgas. Duro y caliente, viscoso. Era el rabo de Luis, estaba tratando de penetrarme. Busqué la mirada de Laura, ella me la devolvió. Se la notaba caliente, traviesa. Me miraba con dulzura incluso.
Abrí la boca y emití un grito mudo cuando la punta del rabo de Luis me abrió el culo. Lentamente, pero sin detenerse, me clavó poco a poco su larga polla entre mis nalgas. Me dolió un poco pero a la vez me estaba encantando. En esos momentos me corrí, mi polla apretada contra el colchón no resistió más. “Patético” dijo Luis. No lo aguanté más, escupí mi semen y pensé que todo había terminado. No fue así.
Luis empezó a mover las caderas, adelante y atrás, adelante y atrás.
-No, no, no….-jadeé, volví a calentarme, al momento.
Luis soltó un gemidito, yo mordí la almohada para reprimir un gritito de placer. No podía creérmelo, el mismo hombre que se había follado a mi esposa se estaba follando mi culo. Podía notar como la larga polla de Luis se colaba entre mis nalgas y como sus huevos golpeaban mi trasero en cada embestida.
-Follatelo, follatelo bien —pidió Laura, morbosa, le encanta ver como me partían por detrás.
Yo no podía más, me apretaba a las sabanas, al colchón, me retorcia de placer.
-Gime para mí, cabrón –ordenó Luis.
Empecé a gemir, a gritar como la puta que era. Él puso sus manos en mi cintura y tiró de mi, con fuerza, una y otra vez. Yo apenas aguantaba, intentaba acompañar las embestidas de Luis moviéndome yo, pero no podía. Me tenía dominado. Estuvimos así varios minutos.
Cuando Luis notó que se iba a correr la sacó de mi con fuerza, me volteó y la puso encima de la cara. Yo estaba tan caliente que saqué la lengua, quería mamar esa enorme polla que había tenido en mi culo segundos antes. No llegué, Luis se la apretó y se corrió sobre mi cara. Su semen estaba caliente, olía parecido al mío pero diferente. Dejé que terminase bien sobre mi cara, luego me relamí para envidia de Laura.
Luis se tumbó en la cama, a mi lado. Los tres habíamos quedado exhaustos. Su polla ya estaba flácida, la mía estaba cubierta de semen. Lo único que lamenté fue no haberle comido esa polla antes de que se corriera.
__________________
Acepto peticiones de relatos.
http://foro.pajilleros.com/relatos-e...tos-carta.html
Eros1985 is offline   Citar -
Los siguientes 2 Usuarios dan las gracias a Eros1985 por este Post:
Antiguo 11-dic-2016, 05:07   #2
papaGAYo
Dios Pajillero
 
Avatar de papaGAYo
 
Fecha de Ingreso: nov-2006
Mensajes: 4.036
Gracias 3.138 Veces en 1.828 Posts
Predeterminado

Una pena que estos otros "relatos a la carta"

http://pajilleros.com/relatos-experi...atos-eros.html

no tuviesen continuidad
papaGAYo is offline   Citar -
Antiguo 12-dic-2016, 16:55   #3
Miguelbea
Ultra Mega Pajillero
 
Avatar de Miguelbea
 
Fecha de Ingreso: oct-2009
Ubicación: sudamerica
Mensajes: 753
Gracias 218 Veces en 94 Posts
Predeterminado

[quote=Eros1985;7107571]Tema para narrar peticiones de relatos que me hagan, ya sean situaciones, personajes concretos, fantasías vuestras que queraís ver plasmadas, deseos ocultos y prohibidos, etc. No hay límites en cuanto a temática, siempre dentro de las normas del foro.

---

Este primero va dedicado a Miguelbea

Vacaciones, el hotel tenía un pequeño pub abajo. Mi esposa, Laura, y yo, queríamos pasarlo bien esa noche. Ella se preparó muy bien, faldita corta, negra, una blusa entallada, blanca, zapatos de tacón, un collar brillante que atraía las miradas hacia su escote de infarto. Olía a rosas y deseo.
-No sé porque no podemos quedarnos en la habitación –dije mientras se preparaba, besándola en el cuello —Estoy caliente.
-Y yo, pero no sé si vas a ser tú quien me folle hoy.
Tras aquello, no me esperó, salió de la habitación contoneando sus caderas. Ella tenía entonces 35 años, bien llevados, buen trasero, muslos grandes, pecho generoso. Su ropa sexy y corta, atraería más de una mirada. Su desafío me había calentado. Así que me vestí y la seguí hasta el pub.
Cuando llegué, poca luz, humor y música estridente, la encontré tonteando con dos jóvenes. En seguida me acerqué, la tomé por la cintura, despaché a los dos “ligones” y me la llevé a la barra.
-Estas desatada hoy.
-Estoy caliente como una perra –me contestó, se pegó a mi. Le gustaba ser dominada…pero no era sencillo – Vamos a bailar.
Lo hice lo mejor que pude. Y durante una hora fui el perro guardián de mi mujer. Ella tenía mucha energía, le gustaba bailar. Movía sus cadenas, sus brazos, todo su cuerpo, como un látigo de sensual cadencia. Era demasiado para mí. La dejé en la pista y me acerqué a la barra. No había mucha gente y me quedé allí, ya no temía porque se fuera por otro. Así que disfruté de mi bebida.
Dos minutos la dejé sola y un tipo ya se le había acercado. No era como los demás. Vaqueros ceñidos, camisa de color, el pecho abierto, una cadena de oro, más joven que yo, y con más pelo, en forma, la piel bronceada.
Laura se apartó de él, primero. Él siguió su juego, la tomó de la muñeca y casi le obligó a bailar con ella. Ella quería escapar y él la seguía, la cortejaba, la dominaba. Me asusté. Ese tipo era todo lo que yo no era. Yo tenía arranque pero no sabía pelear. Me quedé viendo la escena. Me gusta mirar. Laura se contorneaba, sinuosa, su escote se había abierto un botón más y podía ver el encaje negro de sus sujetador. Y su cortejante no apartaba la vista de ahí…y las manos de sus caderas.
Laura no se cortaba, bailaba a su alrededor. Se había encendido como una perra. Colocó su culito sobre la entrepierna de él y empezó a regresárselo al ritmo de la música. Cuando la mano de él se deslizó por encima de su muslo y debajo de su falda, supo que le tenía. Se apartó de él, le sonrió y le cogió de la mano.
-Vamos, quiero presentarte a alguien.
Lo trajo ante mí. Yo no sabía donde meterme. Estaba acalorado, avergonzando. Además, una pequeña pero intensa elección se había alojado en mi entrepierna por lo que no me aparté de la barra.
-Este es Luis –me dijo -, Luis, este es mi marido.
Luis me miró con asco y pena, se giró hacia Laura y empezó a besarla en el cuello. Ella rio, se dejó hacer.
-Este me gusta. Quiero que me folle.
-Y yo quiero follarte -dijo Luis sin dejar de besarla.
-Tengo las llaves de nuestra habitación –dije con voz entrecortada.
Luis me las quito, cogió a Laura de la cintura y avanzamos hacia la habitación. Ellos dos delante, riendo y tonteando. Yo detrás.

En la habitación Luis me obligó a sentarme en un sillón que había a los pies de la cama.
-Miranos, puede que aprendas como follarte a tu esposa.
Laura soltó una risilla, se dejó hacer. Luis se arrodilló detrás de ella, la subió la falda y empezó a lamerle el trasero. Fue muy brusco, buscando con su lengua entre su tanguita. Laura soltó un gemidito, Luis era lo que yo no era, directo, intenso. En seguida sus manos buscaron su sexo. El coñito de mi esposa estaba chorreando. La conocía bien, sabía cuando una situación la excitaba. Se la habían follado de muchas maneras pero nunca antes había estado yo delante. De vez en cuando me lanzaba miraditas, desafíos, le gustaba mi presencia allí.
Yo estaba incómodo…en parte. Era mi esposa. A la vez, estaba caliente, cachondo.
La desnudó del todo. Era muy brusco. La sacó la blusa rompiendo algunos botones y casi le arranca el sujetador. Empezó a comerle las tetas mientras ella se bajaba la falda. Laura se había puesto unas braguitas de encaje negro que realzaba su trasero pero Luis no se fijó en eso. Se bajó la cremallera y sacó su polla. Era larga y estaba empalmada. Después de besar las tetas a mi mujer la bajo la cabeza y la ordenó que se la chupase.
Laura se puso de rodillas y se la empezó a mamar.
Para entonces mi polla ya estaba a cien. Ver a Laura mamándole la polla a un desconocido me ponía. Ella me lanzaba miradas de vez en cuando. Me provocaba. Luis le cogia de la cabeza de vez en cuando y le obligaba mamársela hasta el fondo.
-Tu esposa la chupa muy bien, merece que me la folle.
La levantó y la tiró sobre la cama, boca arriba. Yo me desabroché el botón de mi pantalón y saqué mi polla. No podía mas. Ver a mi mujer quitándose las braguitas con rapidez, quería ser follada duro esa noche, me tenía muy cachondo. Pero había algo más. La polla de Luis atrajo mi mirada y fue eso lo que llevo mi mano a mi rabo. Empezé a masturbarme viendo la polla de ese desconocido, no podía creerlo. Él se dio cuenta de ello, pero no dijo nada.
Se tumbó encima de mi mujer y empezó a follarsela. Su enorme polla dando placer a mi mujer, penetrando el chochito húmedo de mi esposa. Laura empezó a gemir. Sus tetas se movían de un lado a otra, al cama crujía. Yo empecé a masturbarme con fuerza también. No podía creer lo caliente que estaba. Ella estaba muy mojada, no tardó en correrse. Fue muy rápido e intenso para ella, no así para Luis.
Sacó la polla de mi mujer. Estaba despatarrada sobre la cama, suspiraba. Todo su cuerpo estaba cubierto de sudor. El miembro de Luis estaba reluciente de sus jugos. Era un buen rabo. Volví a mirarlo con deseo, desde mi asiento. Mi polla aún estaba dura, seguía tocándome. No sé que me ponía más, si ver a mi mujer saciada o ese rabo duro y largo.
-¿Quieres más, zorra? –Dijo Luis.
Ella sonrió, luego me miró a mí, cómplice.
-Quiero que te folles a mi marido –pidió ella.
-¿Cómo? –Luis no entendió, yo me puse rojo.
-Nos ha estado mirando mientras me follaba. Creo que le gustaba más tu polla que yo misma. Se merece un escarmiento.
Aquellas palabras convencieron a Luis cuyo rabo palpitaba de deseo. Laura no iba a seguir su juego, ya había sido follada. Ahora quería divertirse a otro nivel. Y así, Luis pasó de dominante a dominado. Se apartó de ella y se acercó a mi asiento. Yo me quedé de piedra. Había pasado de ser espectador a convertido en participante.
-No me gustan los hombres –dije, la boca seca.
-¿Y por qué sigues pajeandote, cabrón? –preguntó Luis, era muy vulgar, no me gustaba.
Se quedó delante de mi, la polla babeante en ristre. Olía al coño de mi mujer. Era cierto, yo seguía tocándome. Todo aquello me ponía a mil. Por detrás vi como mi esposa desnuda se tumbaba en la cama y me miraba, pícara. Su mirada lo decía todo.
-De verdad, no me van los hombres…
Luis puso su mano en mi nunca y acercó mi boca a su polla. Yo la cerré, pero él me la restregó por los labios.
-Chupa —ordenó.
Nunca había comido una polla. Abrí la boca, en el fondo quería, deseaba ese pollón dentro de mi boca. Saqué la lengua, chupé un poco de su cabeza, luego me metí un poco más.
-No sabes chuparla –dijo con algo de desprecio.
La apartó de mi boca. Me obligó a ponerme en pie. Me arrastró hasta la cama y me tiró encima, boca abajo. Mi polla estaba muy dura, caliente, casi me corro el rozarme con el colchón. Miré a mi esposa.
-Voy a follarte como me he follado a tu esposa.
Sentí que me bajaba el pantalón y que algo duro se apretaba contra mis nalgas. Duro y caliente, viscoso. Era el rabo de Luis, estaba tratando de penetrarme. Busqué la mirada de Laura, ella me la devolvió. Se la notaba caliente, traviesa. Me miraba con dulzura incluso.
Abrí la boca y emití un grito mudo cuando la punta del rabo de Luis me abrió el culo. Lentamente, pero sin detenerse, me clavó poco a poco su larga polla entre mis nalgas. Me dolió un poco pero a la vez me estaba encantando.

Excelente !!! Mucho lo imaginaste tal como fue y fue un goce! Gracias, un buen recuerdo para una buena paja.
Te voy a contar de otra vez...
Miguelbea is offline   Citar -
Antiguo 13-dic-2016, 02:35   #4
Eros1985
Pajillero Novato
 
Fecha de Ingreso: dic-2015
Mensajes: 23
Gracias 69 Veces en 18 Posts
Predeterminado

Cita:
Empezado por papaGAYo Ver Mensaje
Una pena que estos otros "relatos a la carta"

Relatos de Eros - Pajilleros.com

no tuviesen continuidad
Una pena, pero la tenge no se anima.

También acepto fotos o sets de fotos.
Animaos!
__________________
Acepto peticiones de relatos.
http://foro.pajilleros.com/relatos-e...tos-carta.html
Eros1985 is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a Eros1985 por este Post: