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Tus Relatos y experiencias - Nuestra vida sexual Herramientas
Antiguo 25-ago-2017, 17:53   #26
miron134
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Predeterminado Morbo entre dos parejas. sexta parte

Continuación

- Ramón, ¿Crees que estas en condiciones de conducir? – le dije yo.
- La verdad es que no estoy muy seguro de ello – me contestó.
- Tenemos dos habitaciones, por seguridad, podéis pasar la noche aquí, además, como hace calor, no necesitáis pijama, podéis dormir desnudos, nosotros lo hacemos – añadió mi esposa.

Ramón y su esposa dudaron unos segundos y luego aceptaron.
En mi imaginación empezó nuevamente un juego
- Nuestra cama es muy ancha, 2 metros, ¿qué os parece si dormimos los cuatro en la misma? – dije yo.
La propuesta les pilló desprevenidos, pero después de una pequeña consulta visual entre ellos aceptaron.
Mi esposa, no sé si con agrado o con disgusto, también aceptó.
Después de un rato más de charla, empezamos a tener sueño y decidimos ir a la cama.
Las dos mujeres se pusieron en el centro de la misma y nosotros dos, uno a cada lado, al lado de nuestra respectiva esposa. Los cuatro estábamos en pelotas, tapados por una sábana. Si bien no sobraba nada de espacio, el tamaño de la cama era suficiente si los cuatro cuerpos estaban relativamente unidos.

El sueño nos invadió enseguida y al cabo de muy poco tiempo, los cuatro dormíamos o al menos lo hacía yo y creía que también los otros tres.

Después de unas tres horas me desperté, cuando aún era totalmente de noche, me pareció que todos dormían y busqué las tetas de mi esposa para pegarme a su culo, agarrándoselas. Mi sorpresa fue enorme pues una mano, seguramente de Ramón, estaba tocándoselas. No sé desde cuanto tiempo estaba magreándola, pero mi mano se dirigió a su entrepierna y estaba totalmente empalmado. En principio dudé de mi reacción, pero me sobrepuse, pegué mi polla al culo de mi esposa y le magreé la otra teta y asimismo me puse a magrear las tetas de Lola. No sé si ellas antes estaban despiertas, pero ahora, con estos magreos, si lo estaban. La reacción de ambas fue comprobar el efecto que nos hacían estos magreos, nos tocaron las pollas, no se cual tocaba a cuál pues estábamos tapados por una sábana y aún era oscuro, y las encontraron ya empalmadas, lo cual no les disgustó y dejaron que las siguiéramos magreando.

Ante la aceptación implícita de ellas, las manos de Ramón y mías iban de un lado a otro, a las tetas, a los muslos, a las nalgas, al chocho y al clítoris de ambas, tanto si eran de nuestra esposa como de la otra, e incluso alguna vez, por equivocación o por curiosidad a la polla del otro. También las manos de ellas eran activas, más las de Carmen que las de mi esposa, nos acariciaban indistintamente nuestros cuerpos, incluido huevos y pene. Incluso en alguna ocasión me pareció intuir, no ver, por la oscuridad y la sábana que nos tapaba, que las manos de Carmen magreaban las tetas de mi esposa, pero estábamos los cuatro bastante idos y todo ello era aceptado en el juego.

Cuando la euforia empezó a decaer decidimos joder cada uno con su pareja, lo cual ya habíamos hecho la noche anterior, pero esta vez con la ventaja añadida de que al estar los cuatro en la misma cama podríamos tocar los cuerpos de la otra pareja.

Se pusieron ellas de espalda y nosotros encima de ellas, cada uno con su esposa. La penetración fue fácil pues ellas estaban nuevamente muy mojadas y nosotros bien empalmados, a pesar de que ya nos habíamos corrido pero la excitación era muy grande. Las dos parejas, mirando a la otra, empezamos un mete-saca, a la vez, como la proximidad era grande, una mano de cada hombre tocaba una teta de su mujer y la otra mano se dirigía al cuerpo de la mujer de la otra pareja. Mi esposa, como era de esperar, casi no colaboró en este toqueteo, pero si lo hizo Carmen la cual al cabo de poco rato me estaba tocando el culo y la entrepierna.

-Tengo una interesante idea – dijo Carmen.
Quedamos inmóviles los tres, un poco a la expectativa, y ella añadió.

- Los dos hombres os ponéis debajo y nosotras encima de vosotros, cada uno con su pareja, como ya acordamos. Así podréis disfrutar más del contacto con nuestras tetas.

Así lo hicimos, al principio ellas se pusieron acostadas encima de nosotros haciéndonos disfrutas con sus lentos movimientos, además por la proximidad de las dos parejas una mano nuestra iba a las nalgas de la mujer del otro. Incluso pude acariciar el ojete de Carmen mientras ella estaba jodiendo con su marido. Ramón no tuvo tanta suerte pues si bien pudo tocar las tetas y las nalgas de mi esposa, esta las cerró fuertemente cuando intentó tocarle el ojete. En estas posiciones, si bien la escena era muy excitante, no les podíamos ver las tetas, ni estas tenían movimiento alguno, solo en algunos momentos la incorporación del cuerpo de Carmen hacía posible el verle las tetas. Mi esposa, siempre más reacia, se pegaba a mí para no enseñarlas, a pesar de que Ramón ya se las había visto durante mucho rato e incluso magreado.

De pronto Carmen se incorporó se sentó encima de su marido, de cara a él, metiéndose su polla en su coño y empezó a moverse, con lo que se le movían las tetas al mismo ritmo suyo. Naturalmente una mano de Ramón fue rápidamente a una de sus tetas y una mía fue a la otra teta. La escena era de cada vez más morbosa.


Mi esposa, que sin duda estaba en su mejor día de condescendencia, hizo lo mismo, se sentó sobre mí, metiéndose mi polla en su coño y dejando por lo tanto sus tetas libres, pudiéndoselas tocar tanto yo como Ramón. Con el movimiento que mi esposa le daba a mi polla dentro de su vagina, las tetas de mi esposa empezaron a hacer un maravilloso baile al cual naturalmente mi amigo no fue ajeno. Alargó una mano y empezó a tocar una teta a mi esposa mientras yo lo hacía con la otra teta y con una de Carmen.

A todo esto, debo añadir que el día había empezado a amanecer y que la sábana ya no tapaba nada por lo que todo ello era un maravilloso espectáculo visual y sexual.

Las dos nos hicieron una increíble jodida, a la vez que nosotros íbamos acariciando todo lo que podíamos de sus cuerpos, especialmente las tetas que iban saltando con el vaivén de la jodida, las nalgas y el clítoris. El primero en correrse fui yo, el ver como Ramón magreaba la teta de su lado de mi esposa, el ver joder a nuestros dos amigos y el tocar de cuando en cuando una teta y una nalga de Carmen, hicieron que me corriera. Mi esposa al ver que yo me corría tardó muy poco en llegar al orgasmo. Una vez mi esposa y yo satisfechos intentamos que Carmen y su marido también llegaran. Para ello nos acercamos, yo al lado de Carmen y mi esposa al lado de la cabeza de Ramón, yo empecé a magrear las tetas y el clítoris de Carmen y ella me correspondió tocándome la polla, que naturalmente estaba blanda y llena de lefa, naturalmente enseguida Ramón metió mano a las tetas de mi esposa y al clítoris de ella, el cual también estaba lleno de mi lefa y de sus flujos vaginales.


Continuará

Me encanta recibir thanks pues es la mejor muestra de que ha sido de vuestro agrado.
Gracias a los que me los dais.
También me encantan vuestros comentarios. Ya sé que ello cuesta pero a ver si os animáis a hacerlos.
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Antiguo 15-sep-2017, 19:54   #27
miron134
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Predeterminado Morbo entre dos parejas, sexta parte

Aunque veo que la historia no tiene mucho interés, voy a continuarla pues la tengo escrita desde hace tiempo.

Continuación

- Ramón, ¿Crees que estas en condiciones de conducir? – le dije yo.
- La verdad es que no estoy muy seguro de ello – me contestó.
- Tenemos dos habitaciones, por seguridad, podéis pasar la noche aquí, además, como hace calor, no necesitáis pijama, podéis dormir desnudos, nosotros lo hacemos – añadió mi esposa.

Ramón y su esposa dudaron unos segundos y luego aceptaron.
En mi imaginación empezó nuevamente un juego
- Nuestra cama es muy ancha, 2 metros, ¿qué os parece si dormimos los cuatro en la misma? – dije yo.
La propuesta les pilló desprevenidos, pero después de una pequeña consulta visual entre ellos aceptaron.
Mi esposa, no sé si con agrado o con disgusto, también aceptó.
Después de un rato más de charla, empezamos a tener sueño y decidimos ir a la cama.
Las dos mujeres se pusieron en el centro de la misma y nosotros dos, uno a cada lado, al lado de nuestra respectiva esposa. Los cuatro estábamos en pelotas, tapados por una sábana. Si bien no sobraba nada de espacio, el tamaño de la cama era suficiente si los cuatro cuerpos estaban relativamente unidos.

El sueño nos invadió enseguida y al cabo de muy poco tiempo, los cuatro dormíamos o al menos lo hacía yo y creía que también los otros tres.

Después de unas tres horas me desperté, cuando aún era totalmente de noche, me pareció que todos dormían y busqué las tetas de mi esposa para pegarme a su culo agarrándoselas. Mi sorpresa fue enorme pues una mano, seguramente de Ramón, estaba tocándoselas. No sé desde cuanto tiempo estaba magreándola, pero mi mano se dirigió a su entrepierna y estaba totalmente empalmado. En principio dudé de mi reacción, pero me sobrepuse, pegué mi polla al culo de mi esposa y le magreé la otra teta y asimismo me puse a magrear las tetas de Lola. No sé si ellas antes estaban despiertas, pero ahora, con estos magreos, si lo estaban. La reacción de ambas fue comprobar que efecto nos hacían estos magreos, nos tocaron las pollas, no se cual tocaba a cuál pues estábamos tapados por una sábana y aún era oscuro, y las encontraron ya empalmadas, lo cual no les disgustó y dejaron que las siguiéramos magreando.

Ante la aceptación implícita de ellas, las manos de Ramón y mías iban de un lado a otro, a las tetas, a los muslos, a las nalgas, al chocho y al clítoris de ambas, tanto si eran de nuestra esposa como de la otra, e incluso alguna vez, por equivocación o por curiosidad a la polla del otro. También las manos de ellas eran activas, más las de Carmen que las de mi esposa, nos acariciaban indistintamente nuestros cuerpos, incluido huevos y pene. Incluso en alguna ocasión me pareció intuir, no ver, por la oscuridad y la sábana que nos tapaba, que las manos de Lola magreaban las tetas de mi esposa, pero estábamos los cuatro bastante idos y todo ello era aceptado en el juego.

Cuando la euforia empezó a decaer decidimos joder cada uno con su pareja, lo cual ya habíamos hecho la noche anterior, pero esta vez con la ventaja añadida de que al estar los cuatro en la misma cama podríamos tocar los cuerpos de la otra pareja.

Se pusieron ellas de espalda y nosotros encima de ellas, cada uno con su esposa. La penetración fue fácil pues ellas estaban nuevamente muy mojadas y nosotros bien empalmados, a pesar de que ya nos habíamos corrido pero la excitación era muy grande. Las dos parejas, mirando a la otra, empezamos un mete-saca, a la vez, como la proximidad era grande, una mano de cada hombre tocaba una teta de su mujer y la otra mano se dirigía al cuerpo de la mujer de la otra pareja. Mi esposa, como era de esperar, casi no colaboró en este toqueteo, pero si lo hizo Carmen la cual al cabo de poco rato me estaba tocando el culo y la entrepierna.

-Tengo una interesante idea – dijo Carmen.
Quedamos inmóviles los tres, un poco a la expectativa, y ella añadió.

- Los dos hombres os ponéis debajo y nosotras encima de vosotros, cada uno con su pareja, como ya acordamos. Así podréis disfrutar más del contacto con nuestras tetas, cuando estemos sobre vosotros y las veréis saltar y las podréis tocar cuando estemos sentados sobre vosotros.

Así lo hicimos, al principio ellas se pusieron acostadas encima nuestro, con las pollas dentro de sus coños, haciéndonos disfrutar con sus lentos movimientos, además por la proximidad de las dos parejas una mano nuestra iba a las nalgas de la mujer del otro. Incluso pude acariciar el ojete de Carmen mientras ella estaba jodiendo con su marido. Ramón no tuvo tanta suerte pues si bien pudo tocar las tetas y las nalgas de mi esposa, esta las cerró fuertemente cuando intentó tocarle el ojete. En estas posiciones, si bien la escena era muy excitante, no les podíamos ver las tetas, ni estas tenían movimiento alguno, solo en algunos momentos la incorporación del cuerpo de Carmen hacía posible el verle las tetas. Mi esposa, siempre más reacia, se pegaba a mí para no enseñarlas, a pesar de que Ramón ya se las había visto durante mucho rato e incluso magreado.

De pronto Carmen se incorporó se sentó encima de su marido, de cara a él, metiéndose su polla en su coño y empezó a moverse, con lo que se le movían las tetas al mismo ritmo suyo. Naturalmente una mano de Ramón fue rápidamente a una de sus tetas y una mía fue a la otra teta. La escena era de cada vez más morbosa.


Mi esposa, que sin duda estaba en su mejor día de condescendencia, hizo lo mismo, se sentó sobre mí, metiéndose mi polla en su coño y dejando por lo tanto sus tetas libres, pudiéndoselas tocar tanto yo como Ramón. Con el movimiento que mi esposa le daba a mi polla dentro de su vagina, las tetas de mi esposa, las cuales son bastante voluminosas, empezaron a hacer un maravilloso baile al cual naturalmente mi amigo no fue ajeno. Alargó una mano y empezó a tocarle una teta a mi esposa mientras yo lo hacía con la otra teta y con una de Carmen.



Continuará

Me encanta recibir thanks pues es la mejor muestra de que ha sido de vuestro agrado.
Gracias a los que me los dais.
También me encantan vuestros comentarios. Ya sé que ello cuesta pero a ver si os animáis a hacerlos.
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Antiguo 24-sep-2017, 19:42   #28
miron134
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Predeterminado Morbo entre dos parejas, séptima parte, la última

Hola a todos, por problemas familiares, que aun perduran, llevo dias sin escribir pero como tengo escrito el episodio final lo mando.

continuación

A todo esto, debo añadir que el día había empezado a amanecer y que la sábana ya no tapaba nada por lo que todo ello era un maravilloso espectáculo visual y sexual.

Las dos nos hicieron una increíble jodida, a la vez que nosotros íbamos acariciando todo lo que podíamos de sus cuerpos, especialmente las tetas que iban saltando con el vaivén de la jodida, las nalgas y el clítoris. El primero en correrse fui yo, el ver como Ramón magreaba la teta de su lado de mi esposa, el ver joder a nuestros dos amigos y el tocar de cuando en cuando una teta y una nalga de Carmen, me llevaron al orgasmo. Mi esposa al ver que yo me corría tardó muy poco en llegar al orgasmo. Una vez mi esposa y yo satisfechos intentamos que Carmen y su marido también llegaran. Para ello nos acercamos, yo al lado de Carmen y mi esposa al lado de la cabeza de Ramón, yo empecé a magrear las tetas y el clítoris de Carmen y ella me correspondió tocándome la polla, que naturalmente estaba blanda y llena de lefa, naturalmente enseguida Ramón metió mano a las tetas de mi esposa y al clítoris de ella, el cual también estaba lleno de mi lefa y de sus flujos vaginales.
Con tu polla dentro del coño de Carmen y estas emociones fueron ya suficientes para que las dos llegaran al orgasmo, casi al unísono.

Descansamos un ratito los cuatro y

-Tengo un deseo – dijo Carmen.
-Me gustaría ver como los dos hombres os masturbáis, puede ser cada uno a si mismo, mientras miráis nuestros cuerpos en bolas sobre la cama.
-Después de las dos corridas en pocas horas, no creo que pueda correrme otra vez, al menos hasta mañana- dije yo
- Claro que podemos intentarlo y si vemos que no es posible dejarlo, añadí a continuación.
- Mi esposa, en su día permisivo, dijo: Bueno, no hay nada que perder.
Y mi amigo también aceptó sin añadir nada.
Ellas se pusieron de espalda a la cama enseñándonos las tetas y el coño y nosotros a los pies de la cama, de pie mirándolas. Nuestras pollas no reaccionaban, hacía demasiado poco tiempo de la última corrida, ellas, intentando colaborar, abrieron las piernas para que pudiéramos verles el chocho aun abierto y mojado, pero no fue suficiente.
- Dirigiéndome a Carmen le dije ¿Porqué no le tocas las tetas a mi esposa y le acaricias el chocho? ¿Te da vergüenza?
- Qué va- dijo ella, yo, cuando estábamos tapados con la sábana, ya le he magreado las tetas y el coño un buen rato y me encantó.
Aquí los tres no quedamos de piedra, mejor dicho, mi esposa y yo, pues Ramón añadió a continuación: “Esta noche, mientras dormíamos, es un decir, en varias ocasiones he ido a magrear las tetas y el chocho de tu esposa y he encontrado unas manos que sin lugar a duda eran las de Carmen”.
Mi esposa añadió: “Eran tantas las manos que me tocaban que al principio no me gustaba, pero poco a poco le fui tomando el gusto. Desde luego me era imposible el saber quién me estaba magreando, pero al final me era totalmente igual el que fuera”.
- O sea que el único que estaba dormido, en todos los sentidos, era yo, hasta que intenté tocar las tetas de mi esposa y encontré una mano que se me había adelantado.
Bueno aclarados estos episodios acordamos intentar masturbarnos mientras Carmen, para excitarnos, magreaba las tetas y el chocho de mi esposa, la cual se mantenía estática.
La visión de este magreo, con el agravante de verles los chochos abiertos hicieron su efecto y nuestras pollas volvieron a la vida.
Estábamos masturbándonos sin mucha esperanza, por mi parte, de llegar a correrme viendo como Carmen magreaba las tetas de mi esposa, se las chupaba, metía su mano en su chocho y le acariciaba el clítoris, cuando mi esposa, no sé si por calentura o por ganas de acabar pronto metió una mano a las tetas de Lola y empezó a acariciarle su chocho, esto nos puso a mil, pero no fue suficiente para corrernos pero no así para Carmen que llegó, en pocos segundos, al cuarto orgasmos de la noche.

Como era ya era totalmente de día, y los efectos de las copas habían pasado, bueno, algo debía quedar de efecto pues sin las copas dudo que hubiésemos llegado a realizar esta sesión, nuestros amigo decidieron efectuar el regreso, sin ducharse nuevamente, por si las moscas.

Al despedirse Lola me dijo directamente: Me debes el verte masturbar mientras me miras mi cuerpo.
Será en otra ocasión -contesté yo
Y ellos se fueron a su casa.

Observación
Todo lo relatado es ficción. Solo algunos detalles son reales. Entre los reales hay el pudor de mi esposa, mis ganas de realizar lo relatado o algo parecido y la mayoría de los comentarios realizados.
Espero hayas disfrutado con su lectura, tengo pensados otros capítulos posteriores que enviré si hay interés en ello y cuando mis problemas me lo permitan

Última edición por miron134 fecha: 25-sep-2017 a las 19:03.
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Antiguo 30-oct-2017, 18:55   #29
miron134
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Predeterminado Morbo entres dos parejas, segunda historia, primera parte

Esta es la continuación de una historia que hace algo más de un mes escribí, en varios capítulos, en este mismo hilo.

Esta también es inventada si bien, como en aquella, hay cosas reales como los comentarios que efectúo y mis ganas de tener una experiencia parecida.

Creo que este puede no ser el mejor hilo para esta historia, pero como la otra la incluí aquí hago lo mismo con esta.

Para entender bien todo el relato, especialmente donde se desarrolla la escena y el inicio de la primera parte de este, es conveniente haber leído la anterior, pero para los que no lo queráis hacer os diré que:
Dimos masajes a las mujeres, llegando a estar los cuatro en pelotas y llegando a hacerlo con intercambio
Hubo magreo total de tetas y entrepiernas, tanto de hombres como de mujeres, llegando a los orgasmos.
Cada uno jodió, con su pareja, pero viendo como lo hacía la otra, en camas separadas y sin contacto entre si.
Tuvimos una ducha comunitaria de los cuatro, con magreos indistintos y un espejo que daba una perfecta visión.
Dormimos y jodimos los cuatro en una enorme cama, cada uno con su pareja, pero tocando lo que quisiéramos de la otra.
Al final hubo una petición no satisfecha, que es el inicio de esta historia.

Y esta es la continuación de la historia

Al cabo de un mes aproximadamente, un martes, sonó el teléfono

- Diga – dije yo
- Hola, soy Carmen, hace tiempo que no sé nada de vosotros. Hace unos días que estoy pensando mucho en la última vez que nos vimos, me lo pasé de maravilla, mi esposo también y creo que tú también ¿No es verdad?
- Por mi parte es así – dije yo y creo que mi esposa, a pesar de su pudor, también lo pasó bien.
- Si lo recuerdas me dejaste con un deseo, ver cómo os corríais mirándonos las tetas y los coños – dijo ella.
- Es verdad a lo mejor algún día puedo pagar esta deuda.
A lo que ella replicó inmediatamente
- Por esto os llamaba, podríamos salir este sábado próximo a cenar y luego a rememorar lo vivido y tal vez hacer algo más.
- No puedo concretarlo pues mi esposa no está en estos momentos, hablaré con ella y te contestaré. Por mi parte encantado de hacerlo y creo que también por la de tu marido pues, aunque no pueda decirse, creo que quedó entusiasmado de magrearle las tetas a mi esposa y yo a las tuyas – contesté yo tras unos momentos de duda.

- De acuerdo pues, espero tu llamada que confío que sea afirmativa y desde luego si queréis ampliar el juego por nosotros no hay problema – dijo Carmen y colgó el teléfono.

En los dos días siguientes, estuvimos en varias ocasiones hablando mi esposa y yo sobre el tema, yo tenía muchas ganas de repetir y ella era más reacia a hacerlo. En momentos de calentura hablábamos hasta donde se podía llegar. Como es natural, mi margen era mucho mayor que el suyo si bien ambos estábamos de acuerdo en que podíamos aceptar un magreo como el de la primera ocasión, llegando al orgasmo y también, cumpliendo con la deuda contraída, los dos hombres corrernos mientras mirábamos a las dos mujeres desnudas.

Lo que seguía ella sin aceptar era que él le tocara el chocho y clítoris con su polla, al final dejó la decisión en suspenso decidiendo llevar preservativos para que el contacto no fuera directo, si llegaba a producirse. A lo que yo añadí, a lo mejor con la euforia final él te hace una magnífica jodida. A mi esposa no le gustó la idea, pero en su mente algo quedó de la misma, como supe después.

El jueves llamé a Carmen y quedamos para cenar el sábado los cuatro.

Al despedirnos Carmen dijo.

- Estos dos días sed castos para que el sábado tengas los huevos bien cargados yo también mantendré a raya a Ramón.
- Se intentará – contesté yo.

Nos despedimos y quedamos en que restaurante nos encontraríamos y a que hora.

En la cena estuvimos los cuatro bastante tímidos, nadie se atrevía a recordar la cena anterior, mejor dicho, los postres de la misma. A mitad de la misma, cuando el vino empezaba a hacer su efecto, empezamos a hablar de cosas más subidas de tono y de las expectativas del postre de esta vez, sin especificar demasiado, recordándonos Carmen lo que los dos hombres le debíamos. Casi al final de la cena, cuando mi esposa estaba ya menos pudorosa dijo: “Tengo algunas sorpresas para esta noche”.

- ¿Qué son? – dijimos a la vez los tres
- Son sorpresas, ya las iréis viendo. – contestó ella.

Acabamos la cena y sugerí ir nuevamente a nuestra casa pues el sitio era cómodo y no lejano, lo cual aceptaron.

Al llegar, antes de quitarnos nada de ropa, tuvimos la primera sorpresa por parte de mi esposa.

- El otro día no acepté chupártela – dijo mi esposa, de pronto, dirigiéndose a ti.
- ¿Te apetece que lo haga hoy?, pero antes tienes que lavártela – añadió a continuación.

Lo que antes era una negación total ahora era una afirmación, pero con condiciones, muy fáciles de cumplir.

Como era de esperar, Ramón, mi amigo, aceptó enseguida, y Carmen, su esposa, y yo, más yo que ella, estábamos perplejos por el comentario que hizo, pero encantados del mismo, pues veíamos claro que ella me la podría chupar a mí, lo cual me apetecía y creo que a ella también.

- ¡Quítate los pantalones y los calzoncillos! – le dijo mi esposa a Ramón. Añadiendo a continuación, y los dos lavárosla bien o mejor aún ducharos.

Mi amigo enseguida se fue quitando la ropa, quedando solo con la camisa y con la pililla al aire, realmente las dos eran aún más una pililla que una polla.
- Quítate tú también la ropa – dijo el a mi esposa.
- No conviene que lo haga pues, al verme las tetas, como la vez anterior ocurrió, te empalmarás – te contestó ella.

Y a continuación, dio una explicación.

Dijo, dirigiéndose a ti: “Como pude comprobar en la ocasión anterior, tienes una polla del tamaño y grosor muy parecida a la de mi marido, yo tengo una boca pequeña y por experiencia sabemos que cuando la polla de mi marido está empalmada no puedo tenerla en mi boca pues le hago daño con los dientes. Por ello es mucho mejor que tardes en empalmarte y si me ves las tetas en movimiento lo harás enseguida”.

Después de esta explicación, que comprendimos y aceptamos perfectamente, pasamos los dos hombres a ducharnos lavando bien nuestros penes, mientras ellas permanecían vestidas.

Mientras lo hacíamos, mi esposa le dijo: “Descapúllatela y lávatela bien y piensa en cosas como el futbol para que no te crezca”.

Las ganas eran realmente de que las dos mujeres nos lavaran, pene incluido, pero por lo mencionado del tamaño no era conveniente por lo que la ducha fue cada uno a sí mismo.

Salimos de las duchas con los penes casi invisibles y empezamos la sesión.

Ellas dos vestidas y nosotros dos en pelotas, apenas secos, pues no queríamos perder el tiempo secándonos.

Nuestras esposas se agacharon y se pusieron nuestras pilillas en su boca, mi esposa la de mi amigo y Carmen la mía. Empezaron a chuparlas, sacándolas de su boca y volviéndolas a entrar, en ocasiones, una vez fuera, las descapullaban y lamían el prepucio, con gran placer por nuestra parte, también las metían en la boca con ella descapullada y lamiendo con la lengua el prepucio, lo cual nos daba un inmenso placer.

Continuará

Última edición por miron134 fecha: 31-oct-2017 a las 16:14.
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MorbosoCt
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Antiguo 05-nov-2017, 19:55   #31
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Predeterminado Morbo entre dos parejas de amigos. Segunda historia, segunda parte

Recordando el final de la primera parte, estábamos los cuatro en el cuarto de baño, mi amigo y yo acabábamos de ducharnos, estábamos de pie, ambos en pelotas y ellas agachadas, vestidas. Carmen, la esposa de mi amigo me estaba chupando la pililla y mi esposa se la estaba chupando a mi amigo Ramón.

Continuación

Como el lugar era incómodo al cabo de poco tiempo nos fuimos a la cama en la que, como ya dije en el primer relato, cabíamos los cuatro perfectamente.

Nosotros dos nos acostamos de espalda y ellas, sin desnudarse, siguieron chupándonoslas, cada una a la polla del amigo. Podíamos tocarles las tetas y el culo siempre por encima de la ropa. Con las chupadas de ellas a nuestras pilillas, al cabo de poco tiempo, se transformaron en pollas, y como había dicho mi esposa, no se pudo poner la polla de mi amigo dentro de la boca, por lo que simplemente se la lamía y besaba. Yo tuve más suerte pues la boca de Carmen era más grande y, a pesar de estar empalmado, podía entrar y salir de la misma.

Cuando los dos estábamos ya muy calientes

- Prohibido correrse, pues me debéis una – dijo Carmen, en tono imperioso.
- No es necesario que os recuerde que tenéis que masturbaros delante de nosotras dos mientras nos miráis las tetas y los chochos - añadió

Es verdad asentimos los dos, vamos a pagar la deuda – corroboramos los dos.

Ellas se fueron desnudando de una forma muy sexy, se notaba que querían ponernos muy cachondos, se quitaron la blusa tocándose los pechos por encima del sujetador, se bajaron la falda tocándose cada una el chocho por encima de las bragas, se giraron enseñándonos el trasero y quitándose el sujetador y luego las bragas, estando de espaldas a nosotros, para finalmente darse la vuelta y comprobar que estábamos bien empalmados.

Les acariciamos un poco las tetas y los plumeros, tanto a una como a la otra y Carmen, como siempre más lanzada, no solo se dejaba hacer, sino que nos iba tocando ambas pollas que estaban a reventar, mi esposa, simplemente, se dejaba tocar y solo de cuando en cuando tocaba ligeramente la polla de mi amigo.

- Creo que las tenéis a punto para pagar la deuda – dijo Carmen

Se tumbó sobre la cama, abriendo bien las piernas para que se le viera el chocho chorreando.

- Y tu haz lo mismo dijo de forma imperativa a mi esposa, la cual obedeció.

- Y vosotros dos, poneros a los pies de la cama y masturbaos, mientras nos miráis los chochos y las tetas – añadió

Así lo hicimos, ya se empezaba a ver claramente el flujo que salía de cada uno de sus chochos.

Carmen, siempre más lanzada ella, para darnos un extra de calentura, empezó a tocarse las tetas, acariciarse la aureola y darse pellizquitos en el pezón, poniéndosele este superduro. A continuación, abrió un poco más sus piernas viéndosele claramente el paraiso y el clítoris, pasando luego a acariciárselos. Nuestros ojos no perdían detalle, mejor dicho, los míos pues mi amigo tenías suficiente espectáculo mirando las tetas y el chocho de mi esposa.

Carmen dio la vuelta enseñándonos su culo y viéndole el chocho desde su parte posterior que junto con el ojete eran un maravilloso espectáculo.

Con todo ello nuestras manos de cada vez se movían con más rapidez “pelándonosla”.

Continuará

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Recordando lo anterior, las dos mujeres estaban en una gran cama, desnudas, de espaldas, enseñándonos el chocho y tocándose, nosotros a los pies de la cama, en pelotas, con las pollas tiesas y masturbándonos.

Continuación

Mi esposa, si bien a remolque de Carmen, iba haciendo los mismos pasos, pero con menos vehemencia. También nos enseñó el culo, algo más voluminosos que el de Carmen y también muy apetecible, pero, por constitución, apenas se le veía el chocho, aunque abrió bastante las piernas.

Viendo Carmen que estábamos a punto de explotar se dio la vuelta y empezó a acariciar el culo de mi esposa pasando luego a sus tetas y poco tiempo después a su chocho y clítoris. Mi esposa que siempre había estado reticente a todo tipo de juegos aceptó los magreos de ella, si bien no correspondiendo a ellos y naturalmente, pocos segundos después yo me corría y a continuación lo hacía mi amigo.

- Tenemos que pasar por la ducha, pues tengo lefa en las piernas – dijo mi amigo.
- Podríamos hacerlo los cuatro juntos como la otra vez – añadió.

Se notaba que la escena había calentado mucho a mi esposa, en realidad en algunas ocasiones yo me había masturbado mirando su chocho y sus tetas y seguramente el recuerdo de ello la calentó. No solo aceptó, sino que añadió

- Oye Ramón no quiero que intestes nuevamente darme masajes en mi clítoris con tu polla al descubierto, ponte un condón para ello.

Este comentario más que una negativa era claramente una aceptación del hecho de que el podías acariciarle el clítoris con su polla.

Entramos los cuatro en la bañera y repetimos un poco lo ocurrido la vez anterior, pero sin tantos preámbulos. Recordando lo mencionado en un post anterior, los hombres pusimos jabón a las tetas y chochos de la esposa de nuestro amigo, ellas nos lo pusieron a nosotros, polla y culo incluidos y acabamos lavándoles el chocho, todo ello mientras mirábamos la escena en el espejo que había delante. Como intentamos la otra vez, pusimos la polla entre las piernas de la mujer del amigo y empezamos a restregársela, por el coño y el clítoris y aquí intervino nuevamente mi esposa

- Ya te he dicho claramente que, sin preservativo, no te dejo hacerlo – le dijo mi esposa a Ramón.

Así como la otra vez era una negativa absoluta, ahora era una afirmación, pero con condiciones.

Nos quitamos el jabón de la polla y ambos nos pusimos el preservativo. El campo estaba abierto y podíamos tocar lo que quisiéramos incluso restregar la polla en el chocho y el clítoris, tanto de nuestra esposa como la del amigo.

Como era de esperar, mi amigo se dedicó a mi esposa y yo a la suya y como los dos coños estaban ya muy lubricados, a la polla, de cuando en cuando, le apetecía esconderse dentro de la húmeda cueva.

- Así es muy incómodo, quitémonos el jabón y vámonos – dijo mi esposa.
- No me vais a dejar con la calentura – inquirió rápidamente Carmen.
- Vosotros dos ya os habéis aliviado, pero yo necesito ahora sentir un orgasmo, y mejor si es en con una buena follada, mejor tuya - añadió a continuación ella, dirigiéndose a mí.
- Vamos pues a la cama grande y continuamos de forma más cómoda – dije yo y añadiendo a continuación.

- Como tenéis los chochos limpios os propongo haceros una buena mamada del chocho, incluyendo el clítoris, primero cada uno a su esposa y luego con intercambio.

No hubo ninguna opinión en contra por lo que empezamos la sesión.

Ellas se acostaron en la gran cama, que anteriormente expliqué que teníamos, de espaldas, y con las piernas, especialmente las de Carmen, bastante abiertas, enseñándonos perfectamente sus coños.

Yo me dirigí hacia mi esposa y mi amigo a la suya, los dos estábamos a sus pies, y acercamos nuestras bocas a sus entrepiernas. La respiración de ellas empezó a notarse, sin lugar a duda, estaban las dos deseando que les hiciéramos la mamada, recordando alguna que, en alguna ocasión, cada uno había hecho a su esposa.

Primero empezamos a besuquearles la pantorrilla y el pubis, cada uno a su esposa y al cabo de poco tiempo pasamos a lamerles los labios vaginales, introduciendo la lengua en el agujerito y chupándoles el clítoris. Esto no duró mucho pues al cabo de pocos minutos Carmen dijo con voz potente, como quejándose

- Esto es casi como si estuviéramos en casa. ¡A ver si iniciáis el intercambio!

Y así lo hicimos, yo pasé a lamerle el chocho a Carmen y mi amigo a mi esposa. El intercambio se notó rápidamente, tan pronto como empezamos a lamerles el chocho se pusieron a lubricar en cantidad y nuestras pollas se pusieron nuevamente en estado de ataque. Estuvimos un rato lamiéndoles el clítoris, la ventaja era que como hacía poco que nos habíamos corrido podíamos aguantar perfectamente sin hacerlo, aunque la polla de ambos estaba totalmente tiesa.

Carmen me dijo

- Date la vuelta para que mientras me chupas el clítoris yo pueda meterme tu polla en mi boca o sea el 69.

Tu preguntaste a mi esposa

- ¿Puedo hacer lo mismo?

A lo que ella te respondió

- Puedes hacerlo, pero ya sabes de antemano que tu polla no va a caber en mi boca, a lo sumo te la podré lamer y acariciarla con la lengua.

Los dos lo hicimos y de esta forma, iniciamos un doble 69, cada uno con la esposa del amigo.

Así pues, mientras nosotros dos chupábamos el clítoris y el chocho, metiendo de cuando en cuando la lengua por dentro de la raja, Carmen, la esposa de mi amigo, tenía mi polla dentro de su boca y la mí esposa iba lamiendo la suya a mi amigo. La tensión iba creciendo por momentos y Carmen llegó al orgasmo lo que ocasionó que a los pocos segundos llegara también mi esposa. Nosotros dos, a pesar de estar muy calientes y excitados, no nos corrimos, pues lo habíamos hecho un poco antes, lo que nos permitió seguir con los juegos. Ni que decir tengo que mientras lo anteriormente relatado ocurría, nuestras manos iban recorriendo el cuerpo de las dos mujeres, tetas y nalgas especialmente, y que ellas, sobre todo Carmen, también nos sobaba, de cuando en cuando, el culo, los huevos y la polla.

Continuará
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Antiguo 19-nov-2017, 18:22   #33
miron134
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Predeterminado Segunda historia, cuarta parte

Veo que esta segunda historia tiene muy poco interés pues no hay ni un solo comentario y poquísimos thanks.

A pesar de ello, y como ya tengo escritas, desde hace días, las dos siguientes partes para finalizar la historia, mando igualmente la continuación.

A ver si alguno de los que les gusta, pues supongo que hay alguno, aprieta el thanks y también hace algún comentario.

Continuación

Después de ellas notar el orgasmo, se levantaron, se pusieron una camisa que solo les tapaba los hombros, dejando a la vista sus tetas, su culo y su chocho y se fueron a la cocina a beber algo. Después se fueron las dos al cuarto de baño y por el ruido del bidé supusimos que se estaban lavando los chochos. Nosotros, durante este rato, permanecimos en la cama, tapándonos con una sábana, en parte por el pudor y en parte por el frio que notábamos.

Al llegar ellas al dormitorio, mi amigo se levantó con la polla tiesa y dirigiéndose a ellas dijo

- Mirad como sigo estando, creo que es necesario resolverlo.

Y dirigiéndose a mi añadió

- Enséñasela tú también para que vean lo necesario que es descongestionarlas.

Yo me levanté también con la polla tiesa y al mirar ellas las dos pollas a la vez

- Tuviste razón en lo que dijiste hace un rato, las tienen prácticamente del mismo tamaño y grosor, la de mi marido mide entre 16 y 17 cm según el día y la excitación, el grosor se lo medí, pero no lo recuerdo – dijo Carmen dirigiéndose a mi esposa.

Después de este comentario, el cual nos dio mucho morbo, pues las dos mujeres estaban comparando las dos pollas erectas, se hizo un pequeño silencio.

- Y que proponéis – dijo Carmen desafiante.

- Acariciaros nuevamente el chocho y el clítoris, pero con la polla, y luego con intercambio – contestamos los dos al unísono.

- Por mí no hay inconveniente – contestó ella y dirigiéndose a mi esposa añadió ¿Qué te parece?

Mi esposa tardó unos segundos en responder y al final asintió, pero con la condición ya mencionada anteriormente de que fuera con preservativo.

- De acuerdo -dijo mi amigo y nos fuimos a buscar dos preservativos.

En mi caso no era necesario como antibaby, pues me habían hecho unos años atrás la vasectomía, pero si lo era para mi amigo. De todos modos, así evitábamos problemas posteriores de otro tipo.

Los cuatro nos fuimos nuevamente hacia la cama, pues en los comentarios anteriores nos habíamos levantado.

Ellas dos se quitaron la ropa que se habían puesto para al ir hacia la cocina, que como ya he dicho era más bien una ropa para excitar que para tapar, pues realmente, lo único que tenían tapados eran los hombros.

De nuevo se acostaron las dos en la cama, esta vez de lado, con sus espaldas casi juntas, pero sin tocarse. Esta era realmente la mejor postura para restregarles el clítoris con nuestras pollas.

Nosotros nos pusimos los preservativos, condición imprescindible para mi esposa, y, sin preámbulos, nos pusimos enfrente de la esposa del amigo. Yo empecé a magrear a Carmen las tetas, pasando a la entrepierna y al chocho, al principio con la mano. Por la postura que teníamos los cuatro yo no podía ver que era lo que hacía mi amigo y mi esposa y solo veía la espalda y el culo de ella.

A continuación, agarré mi polla y la dirigí hacia el coño de Carmen, acariciándole el clítoris y los labios vaginales con la misma. Por la humedad de la zona, a menudo, la polla tenía tendencia a deslizarse dentro de la cueva, yo retrocedía un poco, pero no así Carmen que a menudo se pegaba a mí como si deseara que se la metiera dentro.

Me parecía ver que a mi amigo le pasaba lo mismo, pero que la reacción de mi esposa era diferente, pues a menudo notaba como su culo retrocedía para que no la penetrara. En una ocasión que seguramente la polla de Ramón, mi amigo, entró un poco

- Eso no es el trato, solo acepto que me restriegues tu polla por el coño, pero no que entres en la vagina. La verdad es que solo ha entrado en ella la de mi marido, los dedos de los ginecólogos y en algunas ocasiones un consolador, a veces jugando con mi marido y en algunas pocas ocasiones, yo sola hasta llegar al orgasmo - le dijo mi esposa en tono autoritario.

- Tienes razón, me encantaría ser el segundo pero acepto tu decisión – dijo el con algo de pena.

Y la sesión continuó un rato más en las mismas posiciones.

Mi verga de cada vez tenía más tendencia a introducirse en el coño de Carmen, en parte por la gran lubricación de ella y en parte porque ella en vez de apartarse se pegaba más a mí.

Hasta que, sin pretenderlo, la penetración fue total, ella lanzó un gran gemido de placer añadiendo a continuación

- Metémela bien hasta adentro y si puedes jódeme hasta que los dos nos corramos.

Mi esposa no sé si calentó al oírla, por curiosidad o simplemente por despecho, dijo

- Métemela tú también, hazme llegar al orgasmo, será el primero que note sin hacerlo mi marido.

No tuvo que repetírselo dos veces, vi como su cuerpo se pegaba a ella y ella, en vez de retroceder su culo, como había hecho en ocasiones anteriores, lo adelantaba para que la penetración fuera mas perfecta.

continuará
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