Antiguo 06-feb-2017, 03:44   #1
NorthStar
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Predeterminado Las hermanas de mi novia

Hola. Últimamente estoy interesado en el voyeurismo y sexo entre personas cercanas (amigos, familiares de amigos, compañeros de clase/trabajo, ex-novios/as, etc.), así que me he animado a escribir un relato
Pretendo que sea bastante largo y conste de varias historietas dentro del mismo hilo. Espero que os guste, y si es así, me lo hagáis saber en los comentarios para seguir escribiendo.

Estoy abierto a mensajes privados a personas interesadas en mi historia.


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Las Hermanas de mi Novia I: introducción

Desde que empecé con mi novia Cristina hace ya más de un lustro, no he podido quitarle el ojo de encima a sus hermanas pequeñas, Ana la mediana de 20 años y Carla la pequeña de 18 recién cumplidos. Cada una de ellas tiene sus bondades. La pequeña, Carla, de ojos castaños, cara alargada y pelo rizado, tiene una figura espectacular: delgada, pechos pequeños incipientes, trasero prieto, y con un vientre plano que despertó mi gusto por esta parte del cuerpo. La mediana, Ana, es la más rellenita pero probablemente la más guapa: pelo ondulado castaño, cara redondeada, pecosa, con mofletes y labios carnosos. Tiene una barriga típica de su cuerpo curvy y un culo que, pudiendo ser más prominente, tampoco es un desperdicio. Sin duda la mejor parte de su cuerpo son sus pechos, muy generosos pero proporcionados con su figura.

No suelo considerarme una persona obsesiva respecto a las mujeres, pero reconozco que las dos hermanas forman parte de mis fantasías recurrentes a la hora de masturbarme. Especialmente Ana, con la que suelo tener más trato. Es una chica abierta, simpática pero con cierto carácter. No suele ser extremadamente atrevida con su forma de vestir, pero como norma suele utilizar escotes los fines de semana. Dichos escotes no son muy descarados, pero al tener unos pechos tan grandes fácilmente se le ve un buen canalillo.

No quiero olvidar que desde hace años, Ana tiene novio. Sin embargo, he de darle las gracias porque él es uno de los principales motivos por el que la hermana de mi novia se me antoja muy apetecible. Su novio es un chico bastante soso, más dado a la charla que a la acción. Ella suele salir de fiesta con sus amigas, quedándose él en casa porque no le gusta mucho beber ni bailar. Esto siempre ha provocado que mi mente vaya en una dirección: las aventuras que habrá tenido a espaldas de su novio.

Como es posible que Ana se convierta en mi cuñada en pocos años, hasta ahora solo me he atrevido a conseguir algún tipo de material para alimentar mis fantasías, en vez de intentar tener algo con ella. En mi ordenador guardo una carpeta con sus mejores fotos, e incluso he tratado de hacer los típicos fakes como si se hubieran corrido en su cara. Una vez conseguí acceder a su portátil y encontré unas conversaciones subidas de tono con su novio. Al parecer, suelen conversar por texto en skype pero teniendo la webcam enchufada. De varias conversaciones se podía leer entre líneas que ella se quedaba desnuda delante de la cámara para él, tanto al cambiarse como por puro jugueteo. También, aunque de manera más escasa, compartían fantasías que querían realizar. Al leerlas, sabiendo cómo era su novio, lo único que yo podía pensar era en quitarlo de en medio y enseñarle a Ana lo que de verdad merece que le hagan a su cuerpazo. Encontré esta foto (la cual adjunto) por internet y pensé que, a pesar de ser otra chica, podía parecerse bastante a su cuerpo. Desde entonces la guardo junto con el resto de fotos suyas en una carpeta oculta en mi ordenador.

Mi obsesión por ella ha hecho que deje de considerarla como la hermana de mi novia, y la ha convertido en un objeto de deseo irresistible. Ana y yo solemos coincidir las mañanas de los domingos en casa de los padres de mi novia. Siempre pensé que si llegáramos a follar, sería una de esas mañanas en las que mi novia había salido a correr y sus padres estaban fuera. Pero las cosas no siempre ocurren cuando uno las espera...

Última edición por NorthStar fecha: 06-feb-2017 a las 23:40.
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Antiguo 06-feb-2017, 16:41   #2
NorthStar
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Las Hermanas de mi Novia II: Toma de Contacto

Era la madrugada del sábado al domingo. Me encontraba en la cama junto a mi novia. Ella dormía, aunque más bien se podría decir que estaba K.O. después de tomar varias copas. Yo había bebido, pero no me había pasado al tener que conducir de vuelta a casa de sus padres. Me encontraba en ese estado en el que uno no está relajado para dormirse y tampoco tan borracho como para caer rendido. Miré el reloj. Las 5:20 de la mañana. Cansado de dar vueltas en la cama, me levanté y fui hacia el aseo, con la ilusión de que levantarme y volverme a acostar me sacara de mi inquietud.

Ya dentro del aseo, mientras meaba, me di cuenta de que en la repisa había varias toallitas desmaquilladoras todavía sin usar y un móvil cargando con la pantalla encendida. Era el móvil de la hermana de mi novia, Ana. Pensé que sería irrespetuoso cogerlo y echar un vistazo, pero el morbo pudo más que mi razón. Por suerte no estaba bloqueado, seguramente Ana lo había estado usando hace un momento y no se había bloqueado automáticamente al estar conectado a la corriente. Sabiendo que tenía poco tiempo, fui directamente a la galería de imágenes para probar suerte. Mientras que pasaba sus fotos, no paraban de llegar mensajes de su novio. No di con ningún desnudo ni algo que se pareciera, pero sí había varias diferentes a las que suele subir a sus redes sociales. Eran más subidas de tono: contrapicados, mordiéndose la lengua...

¡Alguien venía al aseo! Dejé el móvil rápidamente como lo encontré. Ana entró por la puerta, se acababa de poner el pijama. De hecho, todavía estaba poniéndose la parte de arriba mientras entraba. Me dio tiempo a atisbar su vientre curvado. Con solo un vistazo a su piel mi mente comenzó a fantasear sobre ella y la situación en la que nos encontrábamos.

-¡Carlos! -Dijo sobresaltada pero casi susurrando. El resto de la casa dormía.- Perdona, no sabía que estabas usando el aseo. Es que acabo de llegar a casa y me estaba poniendo más cómoda antes de desmaquillarme e irme a dormir.

Había algo extraño en su voz, un temblor que no solía estar ahí. Mientras hablaba me di cuenta de que no llevaba sujetador debajo de la camisa. Aun así, sus tetas conservaban una forma redondeada casi perfecta que culminaba con un pezón que se marcaba a través de la tela. Cuando conseguí dejar de pensar en su vientre y en sus pechos, observé su cara, vi que tenía las señales típicas de una persona que no hacía mucho que había llorado. Aunque ella había tratado de disimularlo.

-Hola Ana. -Le respondí.- Me había acostado ya, pero me he desvelado y he preferido levantarme un rato. Tu hermana ha bebido demasiado y hemos tenido que volver antes de tiempo. ¿Qué tal la fiesta?

-¿Ya se ha pasado otra vez Cris? En fin. -Dijo Ana, tratando de sonreir. Evidentemente no estaba de humor.- La fiesta bien. No ha sido una mierda, pero tampoco algo espectacular. De todas formas, ya sabes que lo importante es la gente con la que estés y no el sitio al que vayas.

Durante unos instantes dudé si preguntar o no. Evidentemente, lo último que había comentado iba con segundas, refiriéndose a alguien en concreto. -¿Te ocurre algo? ¿Estás bien? Te noto como... no sé, decepcionada.

-No te preocupes, estoy bien. Cosas que pasan.- Dijo mientras se apartaba la melena de la cara y se disponía a desmaquillarse. Suspiró profundamente mirándose al espejo. En ese momento se rompió por dentro y echó a llorar. -Es Dani.- trató de pronunciar entre sollozos.- Lo ha vuelto a hacer. No quiso venir a la fiesta y a mitad de la noche empezó a llamarme acusándome de estar por ahí liándome con otros tíos, llamándome de puta para arriba. ¡Odio cuando se pone así! ¡Es un imbécil!

Puse mis manos en el costado de sus brazos para intentar calmarla. Ana seguía llorando, mirando al suelo. No había podido parar las lágrimas pero al menos dejó de sollozar. -Ana, tienes que arreglar la situación con tu novio. No es normal que cada vez que salgas de fiesta y no estés con él se ponga de esa manera. No puedes estar sufriendo cada dos por tres porque el sea un gilipollas. -Mientras le decía esto pensé que nunca había estado tan cerca físicamente de ella, y menos aun hablando de temas tan personales. Al parecer el alcohol hizo que a ninguno de los dos nos incomodara o nos resultara extraño aquel momento. -Eres una chica fuerte e independiente, y no tienes por qué dejar que un tío te pisotee así.

Ana levantó la mirada y me miró a los ojos intentando dibujar una sonrisa en sus labios. Verla así despertó en mí ternura, pero he de reconocer que también puso bastante. -Gracias Carlos, eres un amor.- Acto seguido me dio un beso en la mejilla, lo suficientemente cerca de los labios como para que fuera evidente que no había sido sin querer, había sido intencionado. Capté el mensaje, pero frené a tiempo el impulso de comerle la boca.

Estuvimos mirándonos durante unos segundos eternos, hasta que, al ver que ya sonreía, le pregunté bromeando.- Pero qué, ¿tu novio tenía razón y te has liado con alguien esta noche o te has portado bien?

Ana se rió entre dientes, y con una sonrisa juguetona me respondió.- ¡Qué tonto eres! Me he portado bien, pero la noche aun no ha terminado.

Desinhibida por el efecto del alcohol, se acercó lenta pero decididamente a mí y atacó mi boca con su lengua. Podía notar el dulzor de las bebidas en ella. Enseguida comprendí su juego y nuestras lenguas bailaron y se rozaron una y otra vez. Me lanzó su mano derecha a mi entrepierna, que ya estaba realmente dura, y gimió al notarla debajo de mis pantalones, pidiendo que la dejaran salir. Aproveché ese momento de debilidad para tirarle con suavidad del pelo hacia atrás y besar su cuello, mientras mi otra mano apretaba más que acariciaba uno de sus pechos a través de la camiseta. Era tan grande que no me cabía en la mano, jamás había tocado uno así.

No sé cuanto tiempo pasamos besándonos y rozándonos. Al cabo de unos momentos se dejó caer sobre sus rodillas y me bajó los pantalones hasta las rodillas. Me miró la polla con admiración, como aceptando el reto que tenía delante. Con su mano derecha apartó el prepucio dejando a la vista un glande húmedo deseoso de que lo acariciaran y besaran. Sin sacudirla ni una sola vez con la mano, comenzó a lamerla para más tarde metérsela en la boca. .Le daba un poco de vergüenza mirarme a los ojos mientras jugaba con ella, pero parecía divertirse. Sus caras alternaban entre una sonrisa traviesa y una mirada seria propia de una chica muy cachonda.

Cada vez notaba que se me ponía más y más dura. Estaba entrando en calor, así que me quité la camiseta. Cogí su cabeza para indicarle que quería hacer otra cosa. La senté sobre la taza del baño, le quité los pantalones y abrí sus piernas. Ana adoptó una actitud más pasiva, disfrutando del momento en el que yo estaba tomando el control sobre ella. Su cara se tornó inocencia, como quien no sabe qué le van a hacer, mientras jugueteaba con su dedo en sus labios.

El dulzor de su boca dejó paso a la acidez, al sabor de mujer. Ella ya estaba bastante húmeda así que no tuve que preocuparme por mojar sus partes íntimas. Tan pronto como mi lengua empezó a rozar su clítoris, Ana comenzó a gemir de forma suave y continua. Visité un poco su apetecible vagina, pero sabía que no era el momento. Para demostrarle lo cachondo que estaba y lo que me ponía masturbarla, empecé a hacerme una paja mientras se lo comía. Esto le gustó aun más, y los gemidos aumentaron de volumen. Entre risas, le hice el gesto de que guardara silencio, no había olvidado que mi novia dormía dos pareces más allá, y su hermana pequeña tres. Ella también aguantó la risa y unos instantes después volvió a centrarse en el placer. Tanto es así que un minuto más tarde ya sentía el orgasmo cerca, y comenzó acariciarse ella misma las tetas por debajo de la camiseta. Tuvo un orgasmo largo pero inestable, muy fuerte en un principio (me cogió muy fuerte del pelo) y muy placentero y relajante al final.

Tras unos instantes de reposo, se incorporó y, mientras me besaba, intercambiamos las posiciones. Ahora era ella la que desde el suelo me daba placer con su boca. Yo ya estaba prácticamente listo para correrme, pero durante estos momentos ella trató de llevarse todo el miembro a la boca, rozando su garganta. Suspiraba de alivio cada vez que la sacaba para poder respirar, pero rápidamente se la volvía a introducir. Una lágrima corrió por su mejilla producto de los pequeños atragantamientos. Me inspiró cariño. "Esta sí es una verdadera razón para derramar lágrimas, y no el gilipollas de tu novio", pensé para mis adentros.

Cuando sentí que me quedaba poco para correrme, fui a coger papel, pero ella se negó a ello, indicándome que me corriera mientras me la chupaba. Aquello bastó para que instantes después descargara todo mi semen en su boca, en ráfagas lentas y espesas. Siguió comiéndola un rato después de mi orgasmo para demostrarme que quería todo lo que yo le diera. Se incorporó con media sonrisa, se subió los pantalones y escupió mi semen en el lavabo. Mientras se enjuagaba la boca, me puso detrás de ella e intenté acariciarle los pechos por debajo de la camiseta. Ana se encogió y se negó a dejarme tocarlos.

-Eso la próxima vez.- Dijo ella.

-¿Es qué va a haber próxima vez? -Dije haciéndome el duro, pero con tono bromista.

-¿Quién sabe? A lo mejor me peleo con mi novio más a menudo a partir de ahora.- Respondió. Me guiñó un ojo y salió de la habitación.

Apagué la luz del aseo y me dirigí de nuevo a la cama con mi novia. Definitivamente ahora sí que iba a dormir a gusto.

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Antiguo 06-feb-2017, 22:19   #3
rambo92
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Antiguo 06-feb-2017, 22:44   #4
istoriador
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muy bueno.
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Antiguo 07-feb-2017, 00:26   #5
R a g u m
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wauuuu que historia mas morbosa.... le verdad que me puso muy cachondo leerla. ... sigue por favor
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Antiguo 07-feb-2017, 02:17   #6
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Las Hermanas de mi Novia III: La Repetición es el camino a la maestría

Al despertar al día siguiente y recordar lo que ocurrió durante la noche, lo primero que sentí fue incredulidad. Los hechos parecían más propios de un sueño que de la realidad. Bastó cruzar miradas con Ana, mientras desayunábamos las tres hermanas y yo en la mesa del comedor, para quedar convencido de que aquello sí había ocurrido.

Mi novia era ajena a esto, por supuesto. La amo con locura después de todos estos años juntos, y estoy convencido de que es la persona con la que quiero compartir más momentos el resto de mi vida. Eso sí, pensaba que el remordimiento podría conmigo, pero al final no era para tanto. La sensación era un tanto extraña, sabía que si se enterara me dejaría el instante después de partirme la cara. Sin embargo, mi mente había separado inteligentemente el sexo y el amor, y no quería abandonar una cosa por la otra. El sexo con mi novia Cristina seguía siendo muy bueno, pasional e incluso, para mi sorpresa, original en muchos aspectos. Pero esta pequeña aventura con su hermana Ana tenía un toque especial, se parecía a mucho a la emoción de las primeras parejas adolescentes.

Haber tenido sexo con la hermana de mi novia había provocado que masturbarme pensando en ella ya no fuera interesante. Aunque no me toqué tanto la semana siguiente a nuestro lío, no pude dejar de darle vueltas al asunto en mi cabeza, deseando que se volviera a repetir, y con creces.

Por aquella época la Navidad estaba cerca, y la familia de mi novia planeaba ir el próximo domingo al centro comercial a realizar las compras típicas. Desde un primer momento le comenté a mi novia que me daba pereza echar la mañana con sus padres dando vueltas por ahí, y le pedí que me dejara quedarme durmiendo en su cama. Aceptó sin rechistar porque sabe lo que me gusta dormir, además de que le encantan las compras.

Me desperté la mañana de ese domingo sobre las 11:30. Mi novia Cris ya se había marchado. Me encontraba solo en la cama, así que enchufé la televisión y eché un vistazo a lo que estaban dando por la tele. Escuché ruidos por la casa que me inquietaron al principio, pasos por el pasillo que... Ya sabía quién era.

Ana entró en la habitación de su hermana sin tocar a la puerta, se acercó a la cama sin dudar ni un segundo y se metió en ella sin pedir permiso. A pesar de que la cama era pequeña, se acurrucó muy cerca de mí, demasiado para no andar buscando guerra.

-Hola, ¿no? - Le dije riéndome.- ¿Tú no ibas a irte de compras con tu familia? - Su aura me ponía nervioso. Ya conocía parte de su cuerpo y estar tan cerca de él ya me la estaba empezando a poner dura. Quería mostrarme más frío, que no creyera que me tenía en la palma de su mano.

-Sí, pero resulta que esta mañana me dolía la cabeza, y además quería estar descansada para estudiar esta tarde.- Me contestó de forma irónica. - ¿Qué mierda estás viendo en la tele? Quita eso y vamos a hablar un rato.

Apagué la tele. -De acuerdo, ¿de qué quieres hablar?

-No lo sé, cuéntame algo.- Me miró sonriendo inocentemente.

-¡Ya sé!- Exclamé yo.- Cuéntame qué tal con tu novio después del numerito del otro día.

-¿Qué quieres que te cuente? Me pidió perdón como hace siempre. Que si se le fue la cabeza, que si me quiere mucho, que si no podría vivir sin mí... Lo típico. Para colmo después de eso echamos un polvo de reconciliación un poco patético. Al principio no se le subía, y cuando por fin se le puso dura se corrió enseguida. ¡Un desastre, vamos!. Me terminé masturbando yo sola. -Su tono empezó en queja y terminó siendo de resignación.

-Pues vaya... La verdad que tiene que ser una mierda que tu novio te encadene porque crea que vas por ahí enrollándote con tíos y después sea incapaz de complacerte. - Estaba tratando de dirigir el tema a propósito, quería que recordaba lo bien que lo habíamos pasado aquella noche.

-Es bastante deprimente. Y no soy una chica muy exigente, ¿sabes? Sólo pido que me acaricien con gusto, sabiendo dónde y como tocarme. Incluso yo misma le digo lo que tiene que hacer, pero es incapaz de hacerlo bien. - Poco a poco, su lenguaje corporal me iba transmitiendo receptividad. Ella me deseaba pero le daba palo lanzarse directamente. -Me da un poco de reparo decírtelo, pero me hizo sentir bien, así que te lo voy a contar: eres el primer tío que me ha hecho sentir deseada como mujer y no sólo como un par de tetas. -Sabía que tenía muy buen par, y le gustaban, pero al parecer detestaba que solo la desearan y le hicieran caso por ellas.- Hiciste que me corriera súper a gusto, y quiero que se vuelva a repetir.

Y así, se incorporó y se puso encima de mí, con una rodilla a cada lado de mi cuerpo, mientras se recogía el pelo caótico de recién levantada con un coletero. Me miró a los ojos y empezó a levantarse la camiseta. La primera visión que tuve de su piel me trajo recuerdos de nuestro primer encuentro en el aseo de la casa. A la luz de la mañana se podían apreciar sus imperfecciones, alguna que otra estría propia de una figura voluptuosa. En cualquier caso, su vientre seguía siendo igual de sexy que lo recordaba. Pero todo desapareció de mi vista cuando dejó al descubierto sus pechos.

Eran muy parecidos a como los había imaginado: grandes, muy grandes, un poco separados, con aureolas amplias y claras, y con pezones relativamente pequeños con respecto al resto. Automáticamente, mi cuerpo se incorporó para ir a lamerlos.

-Lleva cuidado.- Dijo ella ruborizada al sentirte de repente desnuda. - Estoy ovulando y las tengo un poco sensibles.

Asentí con una sonrisa tierna en la cara y acerqué mi boca a uno de sus pechos. Haciendo caso a sus palabras, lo chupé cariñosamente, sin morderlo ni rozarlo con los dientes en ningún momento. El pecho estaba cálido y muy suave. Al primer contacto del pezón con mi lengua, Ana se estremeció fuertemente, erizándosele todo el brazo izquierdo. Fue un momento muy excitante para ambos. Yo me estaba poniendo a cien con ese pecho perfecto y ella era consciente de ello. Fui alternando mi boca con mi mano para no dejar desatendido en ningún momento ninguna de sus tetas.

Cuando creyó que ya estaba suficientemente excitada, me quitó la camiseta y me forzó a tumbarme de nuevo, bajándome también los pantalones. El calor de su boca en mi polla me trajo recuerdos, y me dí cuenta de que ya había echado de menos aquella sensación. No hizo nada nuevo que me sorprendiera, pero ello no quitaba que la chupara de 10. Mientras hacía su trabajo, podía ver como sus tetas colgaban y se rozaban con mis piernas (estaba a cuatro patas). No podía, no quería perderlas de vista.

Tras unos minutos disfrutando de su boca en mi miembro. Se irguió y acercó su pubis al mío. Aprovechando su humedad con la saliva que había dejado tras la mamada, comenzó a rozarse y a gemir lentamente. Me fijé que esta vez, al estar solos en la casa, tendía a ser más ruidosa y no trataba de contener ningún sonido. El vaivén de su culo en sus ansias de rozarse con mi polla provocaba que sus tetas rebotaran ligeramente, de manera sistemática, lo cuál era un espectáculo maravilloso de ver.

Poco a poco los dos íbamos adoptando la postura perfecta para que la penetrara, cosa que acabó ocurriendo. Estaba tan cachonda y lubricada que entró fácil, sin ninguna dificultad. Ana siguió moviéndose de la misma manera que antes de tenerme dentro de ella, por fuera no había diferencia pero en el interior todo había cambiado. Había encontrado el lugar exacto donde quería tener mi polla, y estaba dispuesta a disfrutar ese momento al máximo. Quizá si fuera otra chica le habría sugerido cambiar de postura, pero las vistas que me ofrecía eran impagables. Me pidió que le acariciara los pechos. Cuando lo hice empezó a gemir especialmente fuerte, sabía que le quedaba poco para llegar al orgasmo.

Empezó a moverse más bruscamente, buscándolo. Sus tetas rebotaban con violencia. Probablemente le estaban causando molestias, pero estaba tan cachonda que por nada del mundo iba a parar. Su insistencia dio sus frutos. Cuando empezó a sentir que venía, sus gemidos se detuvieron y se convirtieron en suspiros y resoplos fuertes, mientras que se dibujaba una pequeña sonrisa en su rostro. Cuando se corrió, sus movimientos veloces e insistentes pasaron a ser lentos e intensos, rozando bien fuerte su clitoris con mi piel. Sentía como su vagina apretaba mi polla con sus espasmos de placer.

Tras el éxtasis se derrumbó sobre mí, agotada. Respiraba fuertemente. Se apoyó con sus manos en mis hombros, me miró y dijo:

-No pienso parar, quiero que me folles hasta que te corras.

Aquellas palabras me dieron fuerzas para quitármela de encima, ponerla a cuatro patas y volver a metérsela. Tras haberse corrido, Ana adoptó la misma actitud que cuando le comí el coño en el aseo: la de chica inocente que asume que va a ser follada sin remedio. La embestí durante unos minutos. Durante ese tiempo me di cuenta de que le gustaba que le tirara del pelo, la hacía sentir sumisa. Ella comenzó a tocarse mientras la penetraba. Ver aquello me puso tan cachondo que estiré de sus brazos para erguirla frente a mí. Su espalda contra mi pecho, sus tetascontoneándose a cada ida y venida, su mano masturbando su clítoris, mi polla sin parar de embestirla. Su cuerpo comenzó a dar señales de que se iba a volver a correr, y así fue. El placer le vino acompañado de espasmos en sus piernas y gemidos de su garganta.

Sentirla corriéndose fue lo que me hizo querer estallar en aquel momento. Recordé que había estado ovulando, así que la saqué rápidamente y me dispuse a correrme encima de ella. Dio por hecho que quería descargar mi semen en sus tetas, así que se apoyo en el respaldo de la cama y apretó sus pechos con la ayuda de sus brazos. Sin embargo, verla así, sonrojada por el esfuerzo de haberse corrido dos veces, con sus graciosas pecas alrededor de la nariz, me hizo ver el erotismo natural de su cara. Era allí donde quería correrme.

Me puse encima de ella, con mi polla cerca de su cara, y ella entendió mis intenciones a la primera. Cerró los ojos y dejó que descargara sobre ella. Fue una corrida explosiva, intensa y muy, muy placentera. Soltarlo todo sobre aquella carita fue algo que nunca podré olvidar.

Al terminar, me aparté para dejarla ir al baño a asearse. La seguí para intercambiar unas palabras. Cuando se limpió los párpados y se aseguró de que no podía entrarle nada a los ojos, me miró a través del espejo y dijo:

-Es la primera vez que se corren en mi cara. Considérate afortunado.

-Es la segunda vez que te sorprendo. ¿Qué será lo próximo? - Contesté yo.

Dejé a Ana en el baño con una carcajada, semidesnuda, aseándose. Me dirigí a la habitación de mi novia para comprobar que todo estaba en orden y a esperar a que la familia volviera de las compras navideñas. Con el lío ya eran cerca de las 13:00.
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Antiguo 07-feb-2017, 07:33   #7
rrc
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Las Hermanas de mi Novia III: La Repetición es el camino a la maestría

Al despertar al día siguiente y recordar lo que ocurrió durante la noche, lo primero que sentí fue incredulidad. Los hechos parecían más propios de un sueño que de la realidad. Bastó cruzar miradas con Ana, mientras desayunábamos las tres hermanas y yo en la mesa del comedor, para quedar convencido de que aquello sí había ocurrido.

Mi novia era ajena a esto, por supuesto. La amo con locura después de todos estos años juntos, y estoy convencido de que es la persona con la que quiero compartir más momentos el resto de mi vida. Eso sí, pensaba que el remordimiento podría conmigo, pero al final no era para tanto. La sensación era un tanto extraña, sabía que si se enterara me dejaría el instante después de partirme la cara. Sin embargo, mi mente había separado inteligentemente el sexo y el amor, y no quería abandonar una cosa por la otra. El sexo con mi novia Cristina seguía siendo muy bueno, pasional e incluso, para mi sorpresa, original en muchos aspectos. Pero esta pequeña aventura con su hermana Ana tenía un toque especial, se parecía a mucho a la emoción de las primeras parejas adolescentes.

Haber tenido sexo con la hermana de mi novia había provocado que masturbarme pensando en ella ya no fuera interesante. Aunque no me toqué tanto la semana siguiente a nuestro lío, no pude dejar de darle vueltas al asunto en mi cabeza, deseando que se volviera a repetir, y con creces.

Por aquella época la Navidad estaba cerca, y la familia de mi novia planeaba ir el próximo domingo al centro comercial a realizar las compras típicas. Desde un primer momento le comenté a mi novia que me daba pereza echar la mañana con sus padres dando vueltas por ahí, y le pedí que me dejara quedarme durmiendo en su cama. Aceptó sin rechistar porque sabe lo que me gusta dormir, además de que le encantan las compras.

Me desperté la mañana de ese domingo sobre las 11:30. Mi novia Cris ya se había marchado. Me encontraba solo en la cama, así que enchufé la televisión y eché un vistazo a lo que estaban dando por la tele. Escuché ruidos por la casa que me inquietaron al principio, pasos por el pasillo que... Ya sabía quién era.

Ana entró en la habitación de su hermana sin tocar a la puerta, se acercó a la cama sin dudar ni un segundo y se metió en ella sin pedir permiso. A pesar de que la cama era pequeña, se acurrucó muy cerca de mí, demasiado para no andar buscando guerra.

-Hola, ¿no? - Le dije riéndome.- ¿Tú no ibas a irte de compras con tu familia? - Su aura me ponía nervioso. Ya conocía parte de su cuerpo y estar tan cerca de él ya me la estaba empezando a poner dura. Quería mostrarme más frío, que no creyera que me tenía en la palma de su mano.

-Sí, pero resulta que esta mañana me dolía la cabeza, y además quería estar descansada para estudiar esta tarde.- Me contestó de forma irónica. - ¿Qué mierda estás viendo en la tele? Quita eso y vamos a hablar un rato.

Apagué la tele. -De acuerdo, ¿de qué quieres hablar?

-No lo sé, cuéntame algo.- Me miró sonriendo inocentemente.

-¡Ya sé!- Exclamé yo.- Cuéntame qué tal con tu novio después del numerito del otro día.

-¿Qué quieres que te cuente? Me pidió perdón como hace siempre. Que si se le fue la cabeza, que si me quiere mucho, que si no podría vivir sin mí... Lo típico. Para colmo después de eso echamos un polvo de reconciliación un poco patético. Al principio no se le subía, y cuando por fin se le puso dura se corrió enseguida. ¡Un desastre, vamos!. Me terminé masturbando yo sola. -Su tono empezó en queja y terminó siendo de resignación.

-Pues vaya... La verdad que tiene que ser una mierda que tu novio te encadene porque crea que vas por ahí enrollándote con tíos y después sea incapaz de complacerte. - Estaba tratando de dirigir el tema a propósito, quería que recordaba lo bien que lo habíamos pasado aquella noche.

-Es bastante deprimente. Y no soy una chica muy exigente, ¿sabes? Sólo pido que me acaricien con gusto, sabiendo dónde y como tocarme. Incluso yo misma le digo lo que tiene que hacer, pero es incapaz de hacerlo bien. - Poco a poco, su lenguaje corporal me iba transmitiendo receptividad. Ella me deseaba pero le daba palo lanzarse directamente. -Me da un poco de reparo decírtelo, pero me hizo sentir bien, así que te lo voy a contar: eres el primer tío que me ha hecho sentir deseada como mujer y no sólo como un par de tetas. -Sabía que tenía muy buen par, y le gustaban, pero al parecer detestaba que solo la desearan y le hicieran caso por ellas.- Hiciste que me corriera súper a gusto, y quiero que se vuelva a repetir.

Y así, se incorporó y se puso encima de mí, con una rodilla a cada lado de mi cuerpo, mientras se recogía el pelo caótico de recién levantada con un coletero. Me miró a los ojos y empezó a levantarse la camiseta. La primera visión que tuve de su piel me trajo recuerdos de nuestro primer encuentro en el aseo de la casa. A la luz de la mañana se podían apreciar sus imperfecciones, alguna que otra estría propia de una figura voluptuosa. En cualquier caso, su vientre seguía siendo igual de sexy que lo recordaba. Pero todo desapareció de mi vista cuando dejó al descubierto sus pechos.

Eran muy parecidos a como los había imaginado: grandes, muy grandes, un poco separados, con aureolas amplias y claras, y con pezones relativamente pequeños con respecto al resto. Automáticamente, mi cuerpo se incorporó para ir a lamerlos.

-Lleva cuidado.- Dijo ella ruborizada al sentirte de repente desnuda. - Estoy ovulando y las tengo un poco sensibles.

Asentí con una sonrisa tierna en la cara y acerqué mi boca a uno de sus pechos. Haciendo caso a sus palabras, lo chupé cariñosamente, sin morderlo ni rozarlo con los dientes en ningún momento. El pecho estaba cálido y muy suave. Al primer contacto del pezón con mi lengua, Ana se estremeció fuertemente, erizándosele todo el brazo izquierdo. Fue un momento muy excitante para ambos. Yo me estaba poniendo a cien con ese pecho perfecto y ella era consciente de ello. Fui alternando mi boca con mi mano para no dejar desatendido en ningún momento ninguna de sus tetas.

Cuando creyó que ya estaba suficientemente excitada, me quitó la camiseta y me forzó a tumbarme de nuevo, bajándome también los pantalones. El calor de su boca en mi polla me trajo recuerdos, y me dí cuenta de que ya había echado de menos aquella sensación. No hizo nada nuevo que me sorprendiera, pero ello no quitaba que la chupara de 10. Mientras hacía su trabajo, podía ver como sus tetas colgaban y se rozaban con mis piernas (estaba a cuatro patas). No podía, no quería perderlas de vista.

Tras unos minutos disfrutando de su boca en mi miembro. Se irguió y acercó su pubis al mío. Aprovechando su humedad con la saliva que había dejado tras la mamada, comenzó a rozarse y a gemir lentamente. Me fijé que esta vez, al estar solos en la casa, tendía a ser más ruidosa y no trataba de contener ningún sonido. El vaivén de su culo en sus ansias de rozarse con mi polla provocaba que sus tetas rebotaran ligeramente, de manera sistemática, lo cuál era un espectáculo maravilloso de ver.

Poco a poco los dos íbamos adoptando la postura perfecta para que la penetrara, cosa que acabó ocurriendo. Estaba tan cachonda y lubricada que entró fácil, sin ninguna dificultad. Ana siguió moviéndose de la misma manera que antes de tenerme dentro de ella, por fuera no había diferencia pero en el interior todo había cambiado. Había encontrado el lugar exacto donde quería tener mi polla, y estaba dispuesta a disfrutar ese momento al máximo. Quizá si fuera otra chica le habría sugerido cambiar de postura, pero las vistas que me ofrecía eran impagables. Me pidió que le acariciara los pechos. Cuando lo hice empezó a gemir especialmente fuerte, sabía que le quedaba poco para llegar al orgasmo.

Empezó a moverse más bruscamente, buscándolo. Sus tetas rebotaban con violencia. Probablemente le estaban causando molestias, pero estaba tan cachonda que por nada del mundo iba a parar. Su insistencia dio sus frutos. Cuando empezó a sentir que venía, sus gemidos se detuvieron y se convirtieron en suspiros y resoplos fuertes, mientras que se dibujaba una pequeña sonrisa en su rostro. Cuando se corrió, sus movimientos veloces e insistentes pasaron a ser lentos e intensos, rozando bien fuerte su clitoris con mi piel. Sentía como su vagina apretaba mi polla con sus espasmos de placer.

Tras el éxtasis se derrumbó sobre mí, agotada. Respiraba fuertemente. Se apoyó con sus manos en mis hombros, me miró y dijo:

-No pienso parar, quiero que me folles hasta que te corras.

Aquellas palabras me dieron fuerzas para quitármela de encima, ponerla a cuatro patas y volver a metérsela. Tras haberse corrido, Ana adoptó la misma actitud que cuando le comí el coño en el aseo: la de chica inocente que asume que va a ser follada sin remedio. La embestí durante unos minutos. Durante ese tiempo me di cuenta de que le gustaba que le tirara del pelo, la hacía sentir sumisa. Ella comenzó a tocarse mientras la penetraba. Ver aquello me puso tan cachondo que estiré de sus brazos para erguirla frente a mí. Su espalda contra mi pecho, sus tetascontoneándose a cada ida y venida, su mano masturbando su clítoris, mi polla sin parar de embestirla. Su cuerpo comenzó a dar señales de que se iba a volver a correr, y así fue. El placer le vino acompañado de espasmos en sus piernas y gemidos de su garganta.

Sentirla corriéndose fue lo que me hizo querer estallar en aquel momento. Recordé que había estado ovulando, así que la saqué rápidamente y me dispuse a correrme encima de ella. Dio por hecho que quería descargar mi semen en sus tetas, así que se apoyo en el respaldo de la cama y apretó sus pechos con la ayuda de sus brazos. Sin embargo, verla así, sonrojada por el esfuerzo de haberse corrido dos veces, con sus graciosas pecas alrededor de la nariz, me hizo ver el erotismo natural de su cara. Era allí donde quería correrme.

Me puse encima de ella, con mi polla cerca de su cara, y ella entendió mis intenciones a la primera. Cerró los ojos y dejó que descargara sobre ella. Fue una corrida explosiva, intensa y muy, muy placentera. Soltarlo todo sobre aquella carita fue algo que nunca podré olvidar.

Al terminar, me aparté para dejarla ir al baño a asearse. La seguí para intercambiar unas palabras. Cuando se limpió los párpados y se aseguró de que no podía entrarle nada a los ojos, me miró a través del espejo y dijo:

-Es la primera vez que se corren en mi cara. Considérate afortunado.

-Es la segunda vez que te sorprendo. ¿Qué será lo próximo? - Contesté yo.

Dejé a Ana en el baño con una carcajada, semidesnuda, aseándose. Me dirigí a la habitación de mi novia para comprobar que todo estaba en orden y a esperar a que la familia volviera de las compras navideñas. Con el lío ya eran cerca de las 13:00.

Muy bueno.... lo he leído junto a mi amante y nos hemos divertido a lo grande mientras lo leíamos.
Que suerte que tienes tu y ella...
Saludos.
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Antiguo 07-feb-2017, 10:00   #8
JoeyTribbiani
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Buen relato, continúa así. Un saludo
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Antiguo 12-feb-2017, 19:43   #9
NorthStar
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Las Hermanas de mi Novia IV: Necesidades

Con el paso del tiempo, la aventura con la hermana de mi novia se fue normalizando. No había reglas ni planificación. Nuestros encuentros sexuales, aunque no eran escasos en número, solían ser relativamente breves. Generalmente se reducían a sexo oral por parte de los dos. Raramente surgía la oportunidad de poder penetrarla y hacerla gritar de placer. Que hable de regularidad en nuestras relaciones no quiere decir que me estuviera cansando de ella, sino al contrario. Cada encuentro me permitía descubrir partes nuevas de su voluptuoso cuerpo. Le encantaba recibir mi semilla cada vez en un lugar distinto.

Paradójicamente, la relación de Ana con su novio fue mejorando. Quizá ella, al estar más saciada, estaba despreocupándose de quedar satisfecha en el sexo con su pareja, Daniel. Esto hacía que su novio se sintiera mejor consigo mismo y dejara de buscar bronca de vez en cuando. A pesar de ello, a Ana le encantaba jugar con él. Le enviaba fotos provocativas cuando no estaban juntos para que él se masturbara, le pidiera más fotos o incluso le suplicara que fuera a su casa para follar. La ironía era que muchas de esas fotos las tomaba justo a mi lado, después de habernos acostado. Aquello me la ponía dura incluso después de haberme corrido. No tenía muy claro si era porque me ponía que le pusiera los cuernos conmigo, o si me gustaba que otro hombre se derritiera por ella.

Por otra parte, tras el furor de los primeros meses tirándome de vez en cuando a Ana, volví a interesarme por Carla, la hermana pequeña, que se había quedado en un segundo plano después de todo lo que había ocurrido. La chica mejoraba cada mes que pasaba. A pocos días de cumplir los 19, Carla seguía esbelta y menuda, pero los años estaban dándole a su cuerpo un poco más de carne, se estaba convirtiendo en mujer. Cuando era más joven apenas tenía pecho, pero las últimas etapas de crecimiento le estaban sentando genial a esa parte de su cuerpo, dotándola de una figura muy proporcionada, y aumentando mi interés por ella.

Todos estos pensamientos recorrían mi cabeza mientras estaba en casa, frente al ordenador, revisando las fotos del facebook de Carla. Inconscientemente tenía una de mis manos en la entrepierna, por debajo del pantalón, al mismo tiempo que pasaba las instantáneas, buscando sus mejores fotos. Estaba absorto en lo que veía, así que me sobresalté al oír vibrar mi móvil sobre la mesa. Era un número que no tenía guardado en la memoria. Descolgué:

-¿Sí? - Dije, expectante por saber quién era. En tres segundos mi mente ya había construido la fantasía de Carla, llamándome diciendo que tenía cualquier problema como excusa para juntarnos y follar.

- Soy yo. - Respondió la voz de su hermana Ana. Dudé un instante ya que era la primera vez que escuchaba su voz al teléfono. - Ábreme.

-¿Cómo? ¿Estás en el portal de mi casa? - Aquello era impropio de ella. Por mucho que me deseara en ciertos momentos, nunca me había buscado. Siempre esperaba a que el momento se presentara. - Espera un momento.

Cerré el navegador con las fotos de Carla, y dejando mi erección a mitad me acerqué a la puerta y abrí.

Parecía que tenía prisa. Venía con el pelo algo alborotado, la blusa por fuera de los pantalones y... No pude ver más, en cuanto me tuvo al alcance me plantó un beso intenso, con lengua, conocía ese tipo de beso, sabía lo que significaba, lo que quería de mí. En cuanto pude se lo devolví. Era difícil seguirla, había empezado muy fuerte sin calentar. Se empezó a desabrochar la blusa sin parar de besarme.

Sin ningún botón abrochado, pero con la blusa todavía puesta, me miró a los ojos y me dijo:

-Quiero desnudarme mientras me miras y te haces una paja...

Era difícil mantenerle la mirada. Por aquella blusa entreabierta querían dejarse ver esas tetas que tanto me gustaban. Las conocía bien, demasiado bien.

-...Quiero tu polla en cada parte de mi cuerpo...

Decía mientras juntaba sus brazos al torso, inflando su canalillo, que se convirtió en el sitio más apetecible para poner mi polla, que empezaba a despertar. Ana conocía bien sus encantos, sabía cómo usarlos.

-...Quiero que me hagas gritar como solo tú sabes...

No necesité más para agarrarla del brazo y llevarla a la habitación. Durante el trayecto caí en la cuenta de que, por su aspecto, acababa de tener sexo con su novio. Al principio me causó rechazo, pero me di cuenta de que si estaba allí era porque no había quedado satisfecha, y yo estaba dispuesto a darlo todo para que sí lo estuviera.

Ya en la habitación me empujó hacia mi sillón, me desnudó rápidamente, dejando mi miembro a la vista y retrocedió unos pasos. Comenzó a desnudarse, muy poco a poco, acariciándose las partes donde ya no había ropa. No perdía de vista mi pene, quería ver cómo crecía y se ponía duro admirando su cuerpo. Aquella visión la motivaba para seguir contoneándose. Cuando estuvo en sujetador y braguitas no pude resistirme más y me lancé hacia ella. Le besé la parte visible de sus pechos mientras le quitaba los tirantes del sujetador, colocando mi cuerpo muy cerca del suyo, para que sintiera mi polla dura en su vientre.

-Eso que me has dicho al entrar te lo habías preparado, ¿no? -Le dije al oído, divertido. Ella asintió, riéndose algo avergonzada.

Sin tirantes, pero con el sujetador aun puesto ocultando sus pezones, la forcé a ponerse de rodillas, junto al armario, para que me hiciera una felación. A través de mis gestos entendió que quería que no usara las manos, y que sería yo el que la metería. Le follé la boca lentamente hasta donde le permitía su garganta. Se puso tan cachonda que empezó a gemir como si la estuviera masturbando y empezó a salivar. Cuando su boca no pudo contenerla, la saliva se deslizaba por su mentón y caía en sus pechos.

En tres ocasiones la dejé respirar, tres ocasiones en las que me mantuvo la mirada, su conocida mirada inocente, temiendo el momento en el que volvería a llenarle la boca.

Al cuarto descanso, se incorporó, me condujo de nuevo al sillón. Ana aprovechó para quitarse el sujetador y las braguitas, únicamente se dejó puesta su pequeña cadena de oro. Volvió a dejarse caer de rodillas ante mí y con una mano puso mi polla entre sus tetas. Su canalillo se encontraba muy mojado por su saliva, así que enseguida empezó frotar mi polla con sus pechos. Eran tan generosos que no le hacía falta utilizar sus manos para juntarlos, con apretar sus brazos contra su torso era suficiente para mantenerla en su sitio.

Estuve a punto de correrme, pero era el momento de embestirla bien fuerte, como a ella le gustaba. Se subió al sillón encima de mí y usó su mano para guiarla dentro de ella. Como de costumbre, su coño estaba cálido y muy lubricado. Siguiendo la tónica que había llevado hasta el momento, Ana empezó a cabalgar fuertemente, haciendo que sus pechos y su culo, el cual sujetaba yo fuertemente con mis manos, se movieran de forma acompasada.

Sinceramente, fue uno de los polvos que más me ha costado aguantarme y no correrme en toda mi vida. Si hubiera sido por mí habría terminado en treinta segundos, pero sabía que ella quería y sobretodo, se merecía más. Así que como pude intenté ignorar las gotas de sudor que corrían por su canalillo, sus pezones duros, todo aquello que deseaba de su cuerpazo.

Tras varias posturas volvimos a la inicial, pero en esta ocasión me daba la espalda, y no pude evitar deleitarme con la sensual curva que seguía la forma de su columna. Sabía por qué ella había elegido esa posición. Le estiré el pelo, cosa que le encanta, la atraje a mí y usé mi mano para masturbar su clítoris. En menos de diez segundos ya estaba lista para correrse, y yo con ella. Ya conocía sus gemidos y sabía cuando se encontraba preparada. En cuanto comenzó a correrse, no pude aguantar más y me dejé llevar, llegando al orgasmo con ella. Pocas veces me corría dentro de ella, pero la ocasión lo merecía.

No lo habíamos hablado, pero ambos sabíamos que nos encantaba corrernos así. A mí me ponía muy cachondo sentir sus contracciones sobre mi polla al correrme, y ella disfrutaba sintiendo mi cálida semilla dentro de su cuerpo.

Fue una corrida larga e intensa por ambas partes, no dejamos de movernos de forma acompasada hasta que el orgasmo hubo terminado completamente. Se dejó caer de espaldas sobre mí, aliviada. Giró su cabeza, sus pecas me miraron y me dijo:

-Gracias. No sabes cuanto necesitaba esto.
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Antiguo 13-feb-2017, 12:24   #10
joketetas
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Gran relato, buenisimo, gracias por compartirlo
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Antiguo 17-feb-2017, 02:14   #11
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Las Hermanas de mi Novia V: En la Variedad Está el Gusto

Hacía rato que el alcohol corría por mis venas. Y me alegraba de ello, si no, aquella noche habría sido demasiado larga. Me encontraba a la mesa junto a Cristina y varios de sus familiares: unos tíos, la abuela y varios de sus primos, o al menos eso decían ser. Personalmente, no los había visto ni oído mencionar en mi vida. Al comienzo de la noche la mesa no era tan triste, las hermanas de Cristina estaban allí por lo que, a parte de subir el caché, también aumentaba el interés de las conversaciones. Se habían levantado de la mesa hace rato. Una con su novio, la otra a ver qué pescaba por ahí.

La boda era de una de las primas de mi novia y para mi suerte la muchacha en cuestión y su familia tenían dinero. El salón de celebraciones era enorme, con capacidad para varias bodas simultáneas, cada una en un piso diferente. Aquella noche solo estábamos nosotros.

Cansado y aburrido, le sugerí a mi novia Cristina que fuéramos a la zona de la discoteca. No me apetecía mucho bailar pero cualquier cosa era mejor que el coñazo de gente que se había quedado en la mesa. Ella accedió y juntos nos dirigimos a donde la fiesta continuaba. Nos costó llegar al sitio, no porque no supiéramos el camino, sino porque empezamos a tontear. Le sobé el trasero (el gran culo de mi novia, del que espero hablaros en próximos capítulos), y ella me siguió coqueteando entre risitas.

Ya en la discoteca eché un vistazo a la multitud. Vi a Ana, mi aventura, con su novio bailando timidamente, aunque más que bailar se tambaleaba por la bebida. Durante la cena no había podido quitarle el ojo a su escote, que dejaba ver más de la cuenta la suave piel de sus pechos. Llevaba un vestido de una sola pieza ceñido al cuerpo, sencillo pero elegante, acompañado con su cadena de oro. Cada vez que la veía alrededor de su cuello se me ponía dura al recordarla de rodillas, colocando cuidadosamente mi polla entre sus tetas.

En la barra localicé a Carla, la pequeña, con su vestido que estilizaba su figura, que terminaba en falda, sin escote pero marcando sus tímidas formas. Se disponía a pedir más bebida. A una distancia muy poco prudente se encontraba un chico alto y atractivo al que no conseguía reconocer, lo que no me hizo dudar ni un segundo de que él iba a por ella a muerte aquella noche. Intentaba besarle en el cuello mientras la agarraba por detrás. Ella se resistía. La sonrisa de Carla la delataba: aquel juego le encantaba.

Mi novia y yo nos pusimos a bailar con gente conocida de una edad similiar a la nuestra. La noche siguió avanzando, y cada vez bebíamos más y más. Le dije a Cris que tenía que ir al aseo y me retiré. Tenía ganas de mear, pero también me apetecía salir un rato de aquel ambiente y despejarme. La cola en la puerta de los baños era inmensa, ni de coña iba a esperar tanto tiempo. Así que me escabullí por los pasillos, buscando otros aseos en el edificio. Di con unos en la planta superior, junto a otro salón vacío.

La música en aquella planta sonaba amortiguada, lejana. Las luces tenues de las salas vacías junto a todas aquellas vacías creaban un ambiente tétrico. A pesar de ello, la tranquilidad se agradecía en aquellos momentos. Finalmente entré al baño. Frente a las cabinas de los retretes me encontré unos carritos con perchas de las que colgaban los uniformes de los camareros. Al parecer estaban usando aquel lugar como guardarropa al no haber ninguna celebración en esa planta en aquel momento. Pasé a su alrededor y entré.

Mientras hacía mis necesidades, mi cabeza voló de nuevo al vestido de Ana, de ahí a su escote, rememorando una vez más el polvo que habíamos echado en mi casa. Se me puso dura al instante. ¿Por qué no aprovechar el momento? Me apoyé en la pared y dejé volar mi imaginación. Tras haberme acostado con ella tantas veces, hacerme una paja pensando en Ana no tenía tanta gracia, pero aun funcionaba.
Recordé lo que había disfrutado follándole la boca, probablemente era una de las cosas que más me gustaban al tener sexo con ella.

Estaba a punto de correrme cuando unos pasos rompieron mi concentración. "Seguro que es un camarero que viene a recoger algo de aquí o que me ha visto subir a esta planta, ¡puta casualidad!" Pensé. Conforme se iban acercando me di cuenta de que no era una persona, sino dos, y que una de ellas llevaba tacones.

-¿Ves? Te he dicho que aquí no había nadie.- Dijo una voz de hombre.

-No te he dicho que iba a haber alguien. Te he dicho que no deberíamos estar aquí. -Le respondió una voz de chica, y me resultaba familiar. Era Carla.

Salí de la cabina del retrete y me quedé detrás de los uniformes de los camareros. En cuanto vi que se acercaban agaché la cabeza.

-Lo que sea, tú relájate mujer. - Decía él fastidiado mientras traspasaban el umbral del baño.

Se escuchaban besos sonoros de boca contra boca, y de boca contra piel. Tras unos pasos precipitados, sus cuerpos chocaron contra el mármol de los lavabos. En aquel momento me atreví a asomar la cabeza y echar un vistazo.

Allí estaban los dos, Carla y el chico de la barra. Mientras él besuqueaba su cuello, ella le quitaba la chaqueta, la corbata, y botón a botón le desabrochaba la camisa. Tenía un torso fibrado, brazos anchos y fuertes, capaces de dominar a aquella y a cualquier mujer. La tomó del trasero y la aupó sobre la piedra, dejándola a una altura perfecta para penetrarla. Todo estaba ocurriendo aceleradamente. El alcohol les hacía sentirse ansiosos.

El siguiente paso fue meterle las manos bajo la falda del vestido. Sus piernas eran largas y suaves a la vez que fuertes, sabía que eran muy bonitas y sexys. Por ello no usaba medias, y por ello a él no le costó nada quitarle el tanga que llevaba puesto. Inmediatamente el chico se puso en cuclillas y empezó a hacerle un cunnilingus apresurado.

Más que hacer disfrutar a Carla, lo que pretendía era humedecerla para poder penetrarla más fácilmente. Así que en menos de medio minuto ya estaba en pie desabrochándose los pantalones. Había que reconocer que el tipo calzaba bien, ninguna mujer tendría queja si fuera su amante. Carla, viéndolo que iba a metersela, se incorporó y le advirtió:

-¡Ni se te ocurra meterla sin condón! - La manera en la que se lo dijo me hizo identificarla como la hermana de mi novia, la persona a la que ya conocía varios años. Reconocí ese genio propio de ella. De repente me sentí un poco mal por estar allí espiándola en un momento tan íntimo, pero como suele ocurrirme, el morbo pudo con el sentimiento de culpa.

Él no dudó ni un momento y sacó del bolsillo de su pantalón, que andaba por sus tobillos, un condón. Lo tenía preparado, pero había intentado conseguir echar un polvo a pelo. Lástima por él. En cuanto se lo puso, agarró a Carla por la espalda, la atrajo hacia él y la penetró sin ningún reparo. Los gemidos de dolor de ella duraron unos breves instantes, cambiando el tono a otros mucho más placenteros. El polvo comenzó a un ritmo alto, intenso, sin pausas.

Carla no miraba a su amante a los ojos, a pesar de que él si la miraba a ella, buscando un gesto de aprobación, de agradecimiento. Lo único que rompía el silencio de aquella planta del salón de bodas eran los gemidos y suspiros de la pareja mientras unían sus cuerpos.

El chico aprovechó la posición de sus manos para bajar la cremallera del vestido de Carla, que en aquél momento luchaba por seguir en su sitio tras las embestidas. Ya suelto, le retiró la tela de los hombros y dejó directamente sus pechos al descubierto, no llevaba sujetador. Estaban un poco separados entre sí, no tan pequeños como podrían parecer a primera vista, con unas aureolas rugosas terminadas en unos pezones prominentes. Se movían levemente acompañando la penetración.

La visión de los pechos de Carla motivó aun más a su amante, que aumentó el ritmo. Unos instantes después, la tomó en brazos sin parar de penetrarla y la apoyó en la pared, aguantando casi todo su peso en sus brazos. Para aquel entonces, Carla ya se encontraba rendida, con los ojos cerrados,abrazada a su hombre y emitiendo un gemido agudo continuo. Me sorprendió lo similares que eran las hermanas al tener sexo, ambas comenzaban intentando dominar la situación, marcando el ritmo del asunto, para más tarde caer rendidas a los placeres del hombre que las folla.

El orgasmo llegó rápidamente, de la misma forma que había comenzado el polvo. Al ver que su amante iba a correrse, Carla trató de acompañarle clavando sus uñas en la espalda de él, mientras le susurraba al oído que se corriera para ella. Sus palabras le derritieron, y con un fuerte gemido llegó al orgasmo. No sabría decir si ella también se había corrido, pero su cara transmitía satisfacción. Él la dejó en el lavabo, y sin casi intercambiar palabras se vistieron y dejaron el lugar.

Cuando se marcharon me di cuenta de que yo todavía la tenía fuera, dura como una piedra. Había disfrutado tanto como espectador de aquello que no había reparado en tocarme. Sin dudarlo, volví al retrete, me senté y comencé a hacerme una paja. No tardé mucho en correrme.
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Antiguo 17-feb-2017, 11:11   #12
petermad81
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He descubierto hoy este foro, he leído un par de cosas y ya me he pajeado tres veces. Vais a acabar conmigo.
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Antiguo 02-mar-2017, 19:04   #13
NorthStar
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Las Hermanas de mi Novia VI: Ana Desatada


Me encontraba en mi escritorio redactando unos documentos para el trabajo. Eran cerca de las 23:00, así que debía de darme prisa para que no se me hiciese muy tarde. Mecanografiaba sin saber lo que escribía, preocupándome solo de que el documento fuera lo suficiente extenso como para que no pareciera algo improvisado. El tono de llamada de Skype me sacó de mi sopor.

Era Ana. Mi cabeza la había sexualizado tan fuertemente que imágenes eróticas invadieron mi mente rápidamente. "Querrá alguna tontería. Seguro." Aunque empecé a dudar al ver que la llamada también era con vídeo. "Espero que no sea tan estúpida como para llamarme por Skype sin saber si estoy con su hermana ahora mismo, o que tenga una excusa muy buena para jugársela".

La videollamada no la favorecía. Conocía bien su rostro, y la calidad de imagen no era lo suficientemente buena como para que se apreciaran sus pecas y sus ojos castaño claros. Aun así, seguía siendo una cara muy bonita, de formas ligeras y piel suave. Un rostro del que uno podría enamorarse fácilmente, aunque también pedía una buena corrida a gritos.

No pronunció una sola palabra. Se limitó a poner su dedo índice sobre la boca, en señal de mantener silencio, y escribió:

-No cuelgues. Espero que te guste ; )

Se levantó y desapareció de la imagen. Se escuchó abrir y cerrar una puerta. La habitación estaba iluminada levemente por un flexo junto a su cama, la cuál estaba situada en frente de su ordenador portátil. La espera se me hizo eterna, no sabía por donde saldría Ana esta vez.

Volví a escuchar la puerta y la hermana de mi novia se sentó de nuevo frente al ordenador, estaba acompañada.

-Espero que la hayas mantenido dura de camino hasta aquí.- Le dijo al chico que la acompañaba.

-Compruébalo por ti misma.- Le contestó, decidido. No sabía si aquello era una travesura de Ana o si él sabía que yo estaba viendo aquello. Incluso todavía estaba dudando de si era su novio u otro hombre. No sé cual de las dos opciones me habría puesto más cachondo. Me la saqué de inmediato, ya la tenía bastante dura.

Mientras me cuestionaba su identidad, el chico ya se había bajado los pantalones y Ana ya había empezado a besar la punta de su miembro, que crecía por momentos. Estando ella sentada, la polla se quedó a una altura perfecta para mamarla. Poco a poco empezó a lamerla y chuparla más fuertemente, hasta que se la metió en la boca casi entera. Lo hacía sin manos, únicamente moviendo su cabeza y su lengua. Mientras ella trabajaba, el chico le fue quitando la bata que llevaba puesta, dejando su piel y sus pechos al descubierto, los cuales oscilaban cada vez que se llevaba la polla a boca.

Él empezó a pellizcarle los pezones con los dedos, lo que puso muy cachonda a Ana, que empezó a gemir. Aumentó la intensidad de su mamada. Si seguía a aquel ritmo, el chico no podría aguantar durante mucho tiempo, yo lo sabía por experiencia. Se separó de ella y se dirigió a la cama para penetrarla. Ana aprovechó mientras él estaba de espaldas para mirar a cámara. Aquello me puso a cien. La saliva le resbalaba por el mentón, y tenía los ojos rojos de las arcadas al meterse la polla en la boca. Me había acostado muchas veces con ella, pero verla así, con otro hombre, hizo que me diera cuenta de lo que le gustaba el sexo. Yo había comenzado a pajearme hacía ya un rato, pero aumenté el ritmo.

Al alejarse él de la cámara, me di cuenta de que efectivamente era su novio. Iba a comprobar, al fin y de primera mano, si las quejas de Ana estaban justificadas. Se dirigió con su amante a la cama, al que obligó a cambiarse de lado. Ella quería quedarse mirando hacia el ordenador, quería que yo la viera follándose a otro. Se colocó sobre él, le cogió la polla para colocarla, y la introdujo lentamente. Instantes después, ella le cabalgaba fuertemente, ella marcaba el ritmo, todo aquel polvo parecía que fuera para ella sola.

La imagen ganaba enteros con el sonido acompañándola: el sonido de sus pieles chocando era casi tan excitante como verla dominar a un hombre naturalmente y casi sin esfuerzo. Ana se recogió el pelo con ambas manos, tenía calor. Aquel gesto hizo que sus tetas se alzaran levemente y parecieran aun más perfectas.

Se dejó caer hacia delante, su novio le agarró el culo y empezó a penetrarla él. Sus pechos cayeron sobre la cara del chico, que los lamía mientras se la follaba. Tomando él las riendas, la puso a cuatro patas y se entregó a ella, embistiéndola con casi todas sus fuerzas. Con su pelo hacia un lado, mantuvo la mirada en la cámara. Era como si me estuviera mirando a los ojos mientras se la follaban. Mi polla estaba apunto de explotar, pero quería tratar de aguantar hasta el final.

Sin dejar de mirar a cámara, comenzó a motivar a su novio, pidiéndole que se corriera en su cara. La sola idea ya hizo que Dani la penetrara más fuerte, le quedaba poco para correrse. Instantes después, la sacó, le dio la vuelta a Ana, que se incorporó sobre los codos para recibir el semen, y se corrió. Derramó gran parte en su cara, aunque los pechos y el vientre también recibieron su semilla. Permanecieron unos instantes descansando después el intenso polvo. Ella se levantó y se dirigió al escritorio, fingiendo buscar unos pañuelos para limpiarse. Mientras tanto, él salía de la habitación hacia el aseo.

Una vez su chico estaba fuera, Ana se sentó frente al ordenador portátil. Tenía semen por las mejillas, la nariz y los labios. Verla así hizo que me corriera instantáneamente. Tras tener mi orgasmo, vi que me estaba escribiendo un mensaje.

-Ojalá estuvieras aquí ahora mismo para follarme. <3

Miró a cámara y guiñó un ojo mientras sonreía. Entonces colgó la videollamada.
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Antiguo 06-mar-2017, 00:37   #14
NorthStar
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Pensaba que no iba a escribir tanto, y ya van 7 relatos. Espero que los estéis disfrutando tanto como yo.

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Cuando llegó el verano me di cuenta de lo que habían cambiado las cosas. Mi aventura con Ana ya era parte de mi vida, si no diaria, al menos semanal. Habíamos echado polvos de todo tipo: rápidos y salvajes en unos aseos, intensos y sensuales en casa, sugerentes y excitantes en un hotel... Incluso nos habíamos asomado al sexo anal, probablemente en unas semanas se animaría finalmente a que la penetrara por detrás. Sin embargo, me había dado cuenta de que a parte del sexo, no había nada que me conectara y me animara seguir conociéndola. Por supuesto, no iba a dejar de tirármela así como así, no soy tan estúpido. Pero estos pensamientos me rondaban por la cabeza cada vez que nos encontrábamos a solas, haciéndome pensar cuando se acabaría aquella aventura.

Supongo que para compensarlo, mi cerebro, o más bien mi polla, empezó a interesarse cada vez más por Carla. Cada vez era más frecuente que me pajeara pensando en ella. No podía olvidar el espectáculo que vi durante la boda, quería dejar de ser espectador para convertirme en protagonista. La estación del año no facilitaba las cosas: al menos una vez por semana la veía en la piscina de mis suegros. Era difícil quitarle el ojo de encima. Su cuerpo esbelto pero fuerte, su culo perfectamente colocado, sus tetas pequeñas pero muy bien puestas; pero sobre todo su vientre plano, en el que se marcaban tímidamente sus abdominales, eran irresistibles. Ella sabía que la observaba, de hecho, me solía pillar varias veces, pero no parecía importarle. Incluso me atrevería a decir que le gustaba aquel juego. En esos momentos habría dado lo que fuera porque todo el mundo desapareciera, y nos quedáramos solos follando toda la tarde, tanto dentro y fuera de la piscina.

Durante meses había escuchado chismorreos de mi novia y de su hermana Ana acerca de Carla. Al parecer se había desmelenado finalmente, ya que siempre había sido un tanto cortada y vergonzosa, y en los últimos meses había tenido varios rollos con diferentes chicos. Escuchar aquello me daba la ilusión de que yo podría convertirme en uno de ellos. No tenía ni idea de qué pensaría sobre acostarse con el novio de su hermana, pero a Ana no le importó en ningún momento, quizá tuviera suerte y Carla sería igual.


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Las Hermanas de mi Novia VII: Nuevas Experiencias


Mi novia Cristina se encontraba fuera de la ciudad por trabajo. La habían "obligado" desde su empresa a ir a una feria de comercio para promocionar los productos que vendían. Aquello me tenía mosqueado: con ella viajaba un compañero de trabajo con el que sabía que ella tenía buenas migas. Me inquietaba que en aquel mismo momento pudiera estar en la habitación de un hotel tirándose a mi mujer. En realidad me gustaba fantasear con mi novia poniéndome los cuernos, pero la incertidumbre era lo que mataba. Nunca sabría si realmente se lo había follado o no. En cualquier caso, me alivié con una buena paja pensando en ellos mientras me duchaba y me preparaba para una noche movidita.

Eran las fiestas de la ciudad, lo que significaba beber y bailar hasta altas horas de la madrugada. Como mi novia estaba fuera, llamé a unos cuantos amigos que hacía tiempo que no veía por trabajo, y quedamos para pegárnosla aquella noche en el recinto de las fiestas. La noche transcurrió empezó con relativa normalidad. Relacionarme con gente soltera me volvió a transportar a las fiestas de veinteañeros donde todo el mundo acababa teniendo algo con alguien. Mis amigos iban a matar aquella noche, y me preguntaba si yo también acabaría metiéndola en algún chochito.

Avanzada la noche, estando ya bastante bebidos, estuve conversando con uno de mis amigos más cercanos acerca de las relaciones que teníamos. Él seguía soltero y de vez cuando se follaba a alguna, tenía fe en encontrar a una chica que mereciera la pena, pero que estuviera suficientemente buena como para que no se aburriera de follársela.

-¿Qué tal con Cristina? ¿No os pesa la monotonía? Yo no sé si podría estar con la misma tía tanto tiempo. -Siguió hablando sin dejar que contestara a sus preguntas.- ¡Por cierto! Ahora que hablamos de Cristina, ¿qué tal su hermana Ana? ¿Sigue estando tan buena como siempre? Aun me acuerdo de las pajas que caían en su honor en la universidad. Vaya par se gastaba.

-Sí, ha engordado un poco, pero sigue estando para tirársela. -No estaba seguro si contarle que estaba teniendo una aventura con ella. He de reconocer que saber que mi amigo deseaba a Ana me puso cachondo: no sabía si quería echarle un polvo yo o quería que se lo echara él, y yo verlo -De todas formas, yo no me puedo quejar de la mía.

-La verdad yo no sé si querría estar con una tía así. Para follármela sí, pero tener una relación es más jodido, lleva "pivón" escrito en la frente. Estaría todo el día con la mosca detrás de la oreja. Prefiero lo que yo llamo "tesoros ocultos": tías que no te llaman la atención pero cuando solo cuando te fijas te das cuenta de lo buenas que están. Como aquella. -Señaló con su cerveza a una chica que bailaba sola entre la multitud- ¿Ves lo jodida que va? Seguro que si no le dices nada, la coges de la mano y te la llevas a un callejón te la chupa sin dudarlo. - Dijo mi colega, carcajeándose.

La chica se encontraba de espaldas a nosotros. Llevaba un vestido rojo que marcaba sus formas gráciles. La verdad que tenía buen culo. Bailaba para ella misma. La forma que tenía de moverse me resultaba familiar. Su pelo rizado hasta media espalda la dotaba de una sensualidad increíble. Era una chica más en la multitud, pero el hecho de que mi amigo la señalara precisamente a ella como ejemplo generó en mi el deseo de estar dentro de ella. Se me había puesto un poco dura. Desde que estuve en aquel aseo viendo tan de cerca cómo follaban dos personas había empezado a desarrollar un gusto especial, todavía no sabía ponerle nombre.

-¡EY! - Me sobresalté al escuchar la voz de mi amigo. Me había quedado absorto en mis pensamientos. - ¡Empanao! ¡Despierta! - Mi colega se descojonaba junto a mí. - Bueno, tú quédate aquí a tu rollo, que yo voy a ver si mejoro un poco mi noche.

Fue directo al lado de la chica del vestido rojo y empezó a bailar con ella. Tampoco era plan de que no pudiera aguantarme las ganas de hacerme una paja al ver aquello, así que los perdí de vista un rato y me dirigí a la barra a rellenar mi bebida. No sabía donde estaban el resto de mis amigos, así que me quedé allí conversando con la camarera. Nunca me ha gustado hacerlo, porque supongo que a bastantes pesados tienen que aguantar como para que yo le dé también la tabarra, pero la chica parecía receptiva. Mientras hablábamos pensé si se la podría considerar como un "tesoro oculto". Lo descarté enseguida. La chica tenía una cara preciosa, maquillada con muy buen gusto. Y aunque no llevaba un vestido atrevido, se la veía bien dotada. Cualquiera se la querría follar sin dudarlo.

Al poco rato volvió a aparecer mi colega con la chica de rojo a su lado.

-Eh tio, creo que esta chica va bastante jodida. Me ha pedido que la lleve a urgencias, que le duele mucho la cabeza y el estómago.

-Sí, claro. A urgencias la vas a llevar. -Le contesté, irónico. La situación me dio un poco de risa. Mi amigo no dudaría ni un segundo en follársela si se le pusiera a tiro. Quizá después de que se le pase el mal momento, después de acompañarla a urgencias.

-¡Carlos! - Dijo la chica con una voz que conocía muy bien. Se sonrojó al verme.

-¿Carla? Joder no me había dado cuenta de que eras tú. - De golpe me espabilé, como si hubiera bebido solo un cuarto de lo que en realidad llevaba encima. Verla así me hizo sentir lástima. La verdad es que se veía bastante mal, sobre todo llevando el rímel ligeramente corrido y el cabello despeinado. - Escucha tío, es Carla, la hermana pequeña de Cris. La llevo yo a urgencias, no te preocupes. - No sabía si le estaba quitando un marrón de encima a mi colega o le estaba privando de su presa. En cualquier caso, la cogí de la mano y ella me siguió dócilmente.

No había aparcado muy lejos. La ayudé a subirse al coche, le puse el cinturón, y tras subirme yo puse rumbo al centro de salud. Parecía muy mareada y apunto de vomitar. No paraba de pedirme perdón, de decir que no tendría que haber bebido tanto, y yo no paraba de decirle que no importaba. Cuando llevábamos un rato en el vehículo me dijo:

-Escucha, no me lleves al centro de salud. Ahora que estoy sentada me estoy encontrando mejor. ¿Te importa dejarme en tu casa y descanso allí? Y tú puedes seguir en la fiesta.

-¿Estás segura? - Le contesté. - No me cuesta nada.

-Sí, sí. Si es solo que he bebido demasiado. Necesito una ducha y acostarme.

Cambié de sentido en cuanto pude. No lo voy a negar, pensar en ella y yo a solas en mi casa me hizo fantasear, mi mente no sabía si decidirse por una felación o por un polvo con todas las de la ley. Creo que conduje más deprisa a partir de aquel momento. Estaba ansioso, a pesar de que ella no me había dado ninguna señal para estarlo.

Al entrar a casa, salió corriendo hacia al aseo, y la escuché vomitar. Entre al baño y me senté a su lado para hacerle compañía hasta que se le pasara. Cuando vi que se encontraba mejor, me dirigí al salón y enchufé la televisión. Desde el sofá, a través de la puerta abierta del aseo, veía a Carla lavarse la boca y la cara. Sin más, como estuviera sola en casa, se quitó la cremallera del vestido y se lo sacó por los hombros con ambas manos.

Debajo del vestido rojo llevaba dos piezas de ropa interior que no iban a juego. La parte de abajo era un culottes blanco con manchas negras mientras que el sujetador era negro. Dejaba claro que no entraba en sus planes acabar con alguien esa noche, pero aun así su cuerpo lucía espectacular. Viendo aquello no sabía si debía decirle que todavía estaba yo allí, o sacármela y empezar a tocarme. Cuando estaba apunto de decidirme por una de las opciones, me llamó por nombre para que me acercara al aseo. El corazón me latía a mil por hora.

Cuando estaba en el marco de la puerta se giró hacia mí y luché por no comerme su cuerpo con mi mirada. Ella seguía actuando con normalidad, así que traté de seguirle el rollo.

-Creo que me he llevado un golpe durante la noche, aquí en la espalda. - Si todavía estaba mareada, lo disimulaba muy bien. - Mira a ver si tengo algún moratón o algo.

Nunca había visto su piel tan de cerca. Era más delicada que la de su hermana Ana. Instintivamente puse la mano en su espalda, necesitaba tocarla.

-Yo no veo nada. ¿Dónde te duele? - Le dije un poco nervioso.

-Por ahí, por debajo del sujetador.

Seguí acariciando su piel, disfrutando cada instante. Noté como su piel se erizaba con un escalofrío. Levanté la vista y vi, a través del espejo, que Carla inclinaba levemente la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados, saboreando la caricia. Tuve miedo de estar malinterpretando las señales, así que me aparté de ella y le hablé con normalidad.

-No llevas nada, así que si te has dado un golpe no creo que sea nada. Mañana no te dolerá.

Me sonrió mirando al espejo y me dio las gracias. Fue en dirección a la ducha, luciendo su trasero. Giró la cabeza justo para pillarme mirándolo. Sin darse la vuelta, me comentó:

-Bueno, entonces te vuelves a la fiesta, ¿no? - Utilizó un tono impostado de desilusión. Mientras tanto, se deshizo del sujetador y dejó su espalda al desnudo. Lo único que tapaba su desnudez eran sus braguitas. No necesité más señales. Me acerqué a ella quitándome la camiseta con una mano. Al alcanzarla la golpeé con mi erección en su culo. Mi brazo izquierdo paso por debajo de su derecho y le agarré el pecho con fuerza. Mi otro brazo acariciaba ya su vientre, ese sensual vientre que durante tanto tiempo había deseado. Mi boca fue a parar a su cuello, que me recibió con otro escalofrío.

Mientras no paraba de sobar todo su cuerpo me quité la ropa que todavía llevaba puesta con la mano libre. Al quitarme los calzoncillos mojé su espalda con la humedad de mi polla, ella lo notó, y lo agradeció. Acto seguido abrió el grifo de la ducha, y aprovechando que ya no estabamos en contacto, se quitó el culottes sin flexionar las piernas, lo que me dejó ver levemente su coño, que empezaba a mojarse. La acompañé azotándole con firmeza una de las nalgas, a lo que respondió con un gemido de placer.

Yo jugaba con ventaja, la había visto en acción y sabía lo que le podía gustar. Si no me equivocaba, Carla era una de esas chicas a las que les gusta que les den caña. Sin pasarse, pero le gustaría lucir una marca enrojecida de un azote.

Sabía que estaba un poco bebida, así que no quería forzarla a hacer nada, la dejé para ver como se comportaba. En ningún momento le dio corte, al contrario, trataba su desnudez con mucha naturalidad. Sabía que tenía un cuerpo precioso y quería que yo lo disfrutara junto a ella.

Mientras jugueteábamos y nos besábamos, empezamos a enjabonarnos. Cada vez nuestros cuerpos se juntaban más. Nuestras pieles se deslizaban con facilidad la una con la otra. Estando el uno frente al otro, me la cogió con la mano y la puso entre sus piernas mientras me miraba a los ojos. Justo después, empezó a balancearse hacia delante y hacia atrás y a gemir. Yo la acompañé con los míos. Su coño depilado abrazaba mi polla, aumentando mis deseos de querer penetrarla. Al mismo tiempo que se movía le agarré los pechos con las dos manos y le acaricié los pezones, erizándolos y poniéndolos más duros.

Al rato decidí que quería comerle el coño. Siempre he interpretado el sexo oral como un tipo de adoración al cuerpo de la otra persona, y en aquel momento lo único que podía pensar es que ese físico se merecía correrse un millón de veces. Me puse de rodillas. Ella supo al momento lo que quería, y me lo dió. Permaneció de pie abriéndose de piernas y busqué su clítoris con mi lengua. La boca se me hizo agua. Los gemidos de Carla se hacían más intensos por momentos, con un volumen que fácilmente podía ser escuchado por los vecinos.

Cuando pensé que se iba a dar por satisfecha, siguió pidiendo más, y se acercó al orgasmo. Me hizo saber cuando estaba apunto de correrse, indicándome que aumentara la intensidad hasta que llegó. Gritó tan fuertemente que se llevó una mano a la boca cuando se dio cuenta. Al mismo tiempo su cuerpo vibraba, liberando toda su tensión. Su pecho se hinchó rápidamente cuando se acordó de respirar entre tanto placer.

Al terminar, me apartó con sus manos, y mientras me besaba se arrodilló para hacerme una felación. Su boca era bastante pequeña, así que tenía que esforzarse para tenerla dentro, lo que me puso muy cachondo. Era una maestra. No me podía creer lo bien que la chupaba siendo aun tan joven. Sabía bien dónde colocar la lengua, qué hacer con la mano mientras se la comía... todo. Hasta la fecha nunca me la habían comido tan bien.

Era la primera vez que tenía sexo con ella, así que no sabía bien hacia donde iba el asunto. Estaba tan cachondo que en cualquier momento podía correrme. Pero no podía dejar pasar la oportunidad de penetrarla, de follarme aquel coño tan apetecible. La levanté, bruscamente le di la vuelta, haciéndola inclinarse hacia delante y busqué la entrada a su vagina con mi pene.

Tenía un coño más estrecho que su hermana Ana, así que no pude penetrarla de golpe como me gustaba. Tuve que meterla poco a poco para no hacerle daño. Cuando fue dilatando comenzamos a coger ritmo. Carla se apoyaba en los grifos de la ducha, dejándome a mí el trabajo de meterla y sacarla. De vez en cuando le azotaba el trasero para ponerla aun más cachonda. Ya le había dejado varias marcas enrojecidas, pero sé que le encantaba, así que no paré. También la cogí del pelo para poder follármela más fácilmente atrayéndola hacia mí. Se encontraba rendida a mis embestidas. Dejó todo su cuerpo a mi disposición para que hiciera lo que quisiera. Lo único que hacía era masturbarse con una de sus manos, así que no tardó en correrse de nuevo.

Cuando llegó mi momento, la saqué y seguí con mi mano. Ella se dio la vuelta y se quedó de pie apoyada en la pared de la ducha, con su mirada insinuante, esperando mi corrida. No aguanté mucho más. Su vientre, que tanto había deseado, era irresistible. Acompañó mis gemidos con los suyos, estaba ansiosa por recibir mi semilla sobre su cuerpo. Me corrí como no me había corrido en mucho tiempo, tan intensamente que mi semen llegó hasta sus pechos, y cayó deslizándose por su barriga hasta su coño.

Al terminar, comenzó a reirse, incrédula al ver todo lo que me había corrido. Antes de limpiarse, se acercó a mí y me plantó un intenso beso. Hasta entonces no me había dado cuenta de lo bien que besaba Carla.
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Antiguo 07-mar-2017, 10:37   #15
john10marston
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muy buen relato, esperando más capitulos
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Antiguo 11-mar-2017, 17:22   #16
Susidiabla
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Se encontraba rendida a mis embestidas. Dejó todo su cuerpo a mi disposición para que hiciera lo que quisiera. Lo único que hacía era masturbarse con una de sus manos, así que no tardó en correrse de nuevo.


Llevo un tiempo por este foro y me he echo una cuenta para decirte ke escribes genial. Espero mas relatos
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Antiguo 12-abr-2017, 02:05   #17
NorthStar
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Disculpad mi ausencia durante estos días. Espero retomar los relatos muy pronto. Estad atentos
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Antiguo 13-abr-2017, 17:49   #18
ENCOFRADOR
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Nos tienes a todos espectantes, deseando que regresen tus historias
__________________
Pasate por mis relatos y deja tu oponion:

Morbo en Tenerife

Me puedes echar crema
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Antiguo 17-abr-2017, 09:19   #19
paketillo
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Madre mía NorthStar....

te mentiría si dijese que las fantasías con mi cuñada... no existían hasta leerte.

Lo que si ocurre ahora, tras haberlos leído, es que me da muuuucho mas morbo todavía, y me imagino mas situaciones en las que acabar liandonos, aunque...

si tengo que nombrar una diferencia para no calcar lo que cuentas.., en mis fantasías aparece mi cuñada, pero aparece también mi mujer

Un saludo, y continúa así!!
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Antiguo 17-abr-2017, 13:32   #20
NorthStar
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Solo cuando eché la vista atrás me di cuenta de cómo había cambiado todo desde aquel día en que Ana me la chupó en casa de sus padres.

Cristina y yo cada vez estábamos más distanciados. Follábamos cuando ella estaba muy cachonda, el resto de los días se mostraba fría o ponía alguna excusa. Pasaba más tiempo fuera de casa, especialmente a causa del trabajo. Yo seguía dándole vueltas al asunto de los viajes con su compañero de trabajo. Comenzaba a resultar muy sospechoso. En cualquier caso, no tenía forma de enterarme si se lo estaba tirando, y además, yo también estaba siendo travieso a sus espaldas. En realidad, lo que me daba miedo no era que me pusiera los cuernos, era si se enfadaría al enterarse de que yo se los había estado poniendo, y si podríamos evolucionar a un tipo de pareja más abierta. Creo que estábamos caminando hacia ello de manera natural o al menos eso es lo que parecía indicar nuestro distanciamiento.

Por otra parte, Ana, al fin, lo había dejado con su novio. Era lo esperado. Llevábamos follando ya muchos meses, e incluso ella me había cuestionado acerca de si me molestaría que se acostara con otros hombres. Nuestra relación era básicamente sexual, así que le transmití que ella no era mía para elegir ni nos habíamos comprometido a nada, era libre. De todas formas, Ana ya era aficionada a entrar en videochats y mantener cibersexo con desconocidos incluso antes de que empezáramos a follar, así que para ella aquello era algo normalizado en su vida. Nuestra confianza llegó hasta tal punto que incluso le conté lo que tuve con su hermana Carla. No pareció importarle.

Carla había alcanzado ese momento en la vida de algunas chicas en las que se interesan por la fotografía, sobre todo por posar. Su instagram y otras plataformas estaban llenas de sesiones de fotos de ella: en la ciudad, en interiores, en la playa, etc. Aquello me vino genial, habían pasado meses desde el polvo con Carla, y no se había vuelto a repetir aquello. Sus fotos eran buen material para masturbarme pensando en ella.

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Las Hermanas de mi Novia VIII: Tres son multitud

De nuevo, Cristina tenía que salir de la ciudad durante varios días por trabajo. El asunto me parecía ya tan evidente que me planteaba ya a mi mismo que tenía que follarme a alguien aquellos días. No por aprovechar el momento, sino para compensar: si Cristina se tiraba a ese tío, yo también debía metérsela a alguna mujer. El destino parecía leerme el pensamiento.

Ana me acababa de escribir un whatsapp:

-Esta noche estás solo en casa, ¿no?

-Sí. No has querido esperar ni un solo día, ¿eh? - Le contesté.

-Jejeje... No te hagas ilusiones. Te cuento: va a ver un amigo desde Málaga para verme, y no quiero traerlo a casa de mis padres. ¿Te importa que vayamos a tu casa a cenar y a dormir? Por fiiii!

Una cosa era que se follara a quien quisiera por ahí, y otra era que me pidiera mi propia casa pasa ello. Tenía que poder sacar algo de aquello, pero no sabía qué.

-Pueeees no sé. ¿Me vais a pagar la estancia? Seguro que tú y tu "amigo" me la liais gorda en casa y luego me toca a mí hacer como que no ha pasado nada. -Le respondí.

-jajaja, no te preocupes. ya sabes lo que me gusta a mí limpiar. Yo me encargo de eso : * -Respondió Ana, siempre en su línea. Me pregunté a mí mismo si la hermana de mi novia tenía algún amigo hombre con el que no se hubiera acostado o se fuera a acostar.

-Vale. Te haré el favor. ¿A qué hora venís?

-Él llegará sobre las 8 o así. Si quieres yo me puedo pasar ya y vemos qué hacemos de cenar.

-Ok, te veo ahora.

En 30 minutos tenía a Ana en casa. En las últimas semanas había adelgazado un poco, pero sin que aquello fuera un cambio notable. Seguía siendo rellenita y no en sentido peyorativo. Probablemente aquello era lo que la hacía irresistible, formaba parte de su atractiva sensualidad. Hacía bastante calor, así que llevaba puesto un top blanco con un ligero escote (si con esos pechos se puede considerar cualquier escote como "ligero"), con los brazos al aire. Usaba una falda negra que le llegaba por las rodillas, con lo que apenas se le veían los muslos. Llevaba el pelo recogido con una trenza que reposaba sobre su hombro izquierdo. Así, su rostro lucía más redondo, puro. Sus pecas eran su maquillaje, embelleciendo de forma natural su cara.

Cruzó el umbral como si fuera su casa. Estuvimos hablando de dónde iban a dormir ellos, de qué íbamos a cenar, de si iban a salir más tarde, etc. Le pregunté por su amigo:

-Pues la verdad, no lo conozco. Es un amigo de Andrea. ¿Te acuerdas de Andrea? Se fue a estudiar a Málaga y hablamos de vez en cuando. Cuando rompí con Dani se obsesionó con que seguro que estaría super depre. ¡Yo depre! -Ana rompió a reir, y yo con ella. No sé qué cojones se le pasaría a Andrea por la cabeza para pensar que Ana estaría deprimida por una ruptura. Llevábamos follando meses y nunca había mostrado una pizca de remordimientos. - Total, que dijo que unos meses atrás había conocido a un tío increíble, en todos los sentidos. Me puso en contacto con él, hablamos, nos gustamos y tal, ya sabes lo que quiero decir. Y eso, hoy venía para acá para conocernos "mejor".

-Ah, bien. ¿Y tenéis que venir a mi casa para conoceros mejor? -Le dije bromeando.

-Es que no se me ocurría otro sitio mejor. Me has demostrado que eres una persona discreta, y eso me gusta. ¿Qué pasa? ¿Estás celoso? -Me dijo sonriendo, insinuándose.- ¿Quieres que te compense?

Era tentador. -No sé, ya veremos cómo se desarrolla la noche.

El tiempo que pasó hasta la llegada de su amigo nos la pasamos tonteando, con conversaciones que en cualquier momento podrían haber acabado con ella de rodillas, o con mi boca entre sus piernas. Sin embargo, aquel día parecía a aspirar a más, no a un simple polvo.

Trino era un chico alto, apuesto, algo más joven que yo, de una edad similar a Ana. La primera impresión fue buena: simpático, humilde, buena gente en general. Se produjo la típica situación de cuando una ex tuya está con un amigo y tú estás delante. No soy una persona a la que le guste competir por una chica, y además Ana no era mi ex. Era evidente que había hecho muchos kilómetros para follarse a Ana, y yo no iba a ser tan imbécil como entrometerme en aquello.

Tomamos una cena sencilla junto con un par de botellas de vino, que empezaron a caldear el ambiente. Hablamos un poco de todo, y Ana se empezó a ir un poco de la lengua. Le contó la aventura que teníamos, mi lío con su hermana Carla, etc. Trino parecía no escandalizarlo aquello. Supongo que si Andrea había mandado a este chico para follarse a Ana, sería porque encajaban y efectivamente, se llevaban de lujo.

Cuando volví de la cocina con el postre, los pillé. Trino le comía el cuello mientras que las manos de Ana apretaban la entrepierna de él, buscando su erección. Se cortaron al verme entrar. Al sentarme de nuevo a la mesa me di cuenta de que el vino les había subido bastante: Ana estaba bastante roja, con una media sonrisa en la cara. Me había acostado muchas veces con ella, sabía lo que quería decir esa cara.

Me guiñó un ojo, se levantó, agarró a Trino de la camisa para que se levantara y la acompañara al sofá, abandonando el postre sobre la mesa. Yo no sabía cómo reaccionar a aquello. Era la primera vez que veía algo así. Mi cabeza me decía que sobraba, pero me estaba poniendo muy cachondo. Me ponía a cien tirarme a Ana, pero verla con otro tío me ponía de una forma mucho más morbosa. Me quedé clavado en la silla.

Ana puso a Trino en el sofá, no sin antes bajarle los pantalones. Se subió encima de él, y empezó a rozar su coño contra la erección de él, lo que hizo que empezara a gemir. Empezaron a sudar. El top blanco se le pegaba a la piel de la espalda. Él se lo retiró, dejando su torso al descubierto, solo con el sujetador sin tirantes. Aquello no tenía manera de contener el generoso pecho de Ana, así que sus movimientos iban dejando poco a poco sus pezones al descubierto. Trino le metió las manos bajo la falda, la levantó y le azotó el culo, a lo que respondió a ella con un grito de placer.

Ana se bajó de él y se giró para comprobar que yo seguía allí, viendo la escena. Mostró satisfacción al verme allí mirando. Se arrodilló, le quitó los calzoncillos a Trino, y empezó a mamar. Su polla era bastante gruesa, y a ella le costaba metérsela a la boca, pero eso no le impidió seguir intentándolo, y que le encantara. La felación era bastante ruidosa, y la saliva empezó a correr por la barbilla de Ana. Trino se levantó, dejó que ella se quedara de rodillas apoyando su trasero sobre sus pies, y le pasó el miembro por la cara, dándosela en la boca de vez en cuando. Cuando el rostro de Ana estuvo mojado, le folló la boca hasta donde daba de sí. Las lágrimas le recorrían los mofletes pecosos. En ese momento siguió comiéndosela mientras me miraba a los ojos.

Yo la tenía durísima. No sabía si sacármela y empezar a hacerme una paja. Tenía claro que era lo que Ana estaba deseando, pero todavía no había sido capaz de lanzarme a ello.

Volvió a sentar a Trino en el sofá. Le dio la espalda, quitándose las braguitas, se abrió de piernas y guió la polla a su interior. Mientras la penetraba por primera vez, no dejó de mirarme. Le ponía muy cachonda que estuviera allí. En ese momento, me la saqué y empecé a pajearme. Su cara transmitió de nuevo satisfacción, una satisfacción no solo física, sino mental, morbosa.

Ana se dio cuenta de que todavía llevaba puesto el sujetador, así que se lo retiró. Ella no se movía mucho, él estaba haciendo todo el trabajo. Aun así, todo el cuerpo de Ana se estremecía cada vez que recibía una embestida, que eran fuertes y decididas. Aquel cuerpazo era una motivación para cualquier hombre, y Trino no iba a ser menos.

En varias ocasiones tuve que parar de masturbarme para no correrme, quería que aquello durara para siempre.

Follaron usando todo tipo de posturas, pero sin duda mi favorita fue la que ella, estando de pie, se apoyó con los brazos sobre la misma mesa donde estábamos cenando, y la penetró por detrás. Estaban tan cerca de mí que me plantee ponerle mi polla en la boca a Ana para que me la chupara mientras se la follaban. Ella acabó corriéndose en esta postura, mientras se masturbaba el clítoris con la mano, mirándome fíjamente a los ojos.

Tras esto, volvieron al sofá para que Trino se corriera. Mientras hacían un misionero llegó su orgasmo. Decidió sacarla para correrse sobre el cuerpo de Ana. Ella abrió la boca para recibir su semilla. El semen salió fuertemente y se esparció por la parte baja de su cara, sus pechos y su vientre. Sonrió al ver la cara de satisfacción de su amante.

Al terminar, Trino se levantó y se fue al aseo, cerró la puerta del salón al salir. Ana, desnuda y cubierta de semen, se acercó a cuatro patas a la silla donde estaba yo, y me preguntó qué quería que hiciera. Cachondo como estaba, no se me ocurrió nada creativo, y solo le pedí que me la chupara. Y así lo hizo.

Prácticamente duré veinte segundos hasta que noté que me corría. Ana succionaba mi polla como no lo había hecho nunca. Jamás había visto a una mujer tan sensual y tan morbosa. El semen le goteaba por las tetas y la barbilla, pero seguía queriendo más. No me quitaba la mirada en ningún momento. Descargué todo en su boca, sin derramar nada.

He de reconocer que no fue el mejor orgasmo de mi vida, pero para mí fue muy significativo. Sabía que se acostaría con más hombres, pero de vez en cuando volvería para que le diera un orgasmo, para que folláramos con el morbo de la primera vez, para tragarse mi semilla y para hablar de lo que nos gusta tener sexo prohibido.
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Antiguo 26-abr-2017, 18:03   #21
NorthStar
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Vamos a darle un UP! a esto, que parece que poca gente se ha dado cuenta de que he vuelto a escribir.

Por otra parte, me gustaría que supierais que he abierto un hilo a parte para aceptar peticiones para escribir relatos. Vosotros me dais los ingredientes, y yo lo llevo a cabo.
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Antiguo 26-abr-2017, 18:50   #22
erotin
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Vamos a darle un UP! a esto, que parece que poca gente se ha dado cuenta de que he vuelto a escribir.

Por otra parte, me gustaría que supierais que he abierto un hilo a parte para aceptar peticiones para escribir relatos. Vosotros me dais los ingredientes, y yo lo llevo a cabo.
a historia esta muy bien tu tranquilo, la gente entra aunque no comente, continua por favor
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Antiguo 27-abr-2017, 01:00   #23
Jacobo19
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Leyendo esto, me da rabia que mi novia tenga un hermano y no hermana, jajaja
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Antiguo 29-abr-2017, 15:21   #24
NorthStar
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Las Hermanas de mi Novia IX: Como una profesional

Había silencio. Ese silencio mantenido por el ruido grave y continuo del aire acondicionado. La botella de vino ya andaba por la mitad, y lo que antes era líquido, ahora eran risas y roces innecesarios.

Allí nos encontrábamos ella y yo, una vez más, solos, esperando a que uno de los dos se cansara del jugueteo y pasara a la acción. Estuvimos hablando de cómo empezó nuestra aventura, de lo cerca que han estado de pillarnos... Y por fin, hablamos de la experiencia con su nuevo "amigo" malageño. Ana sabía que yo había disfrutado de aquello, pero todavía no le había confesado lo cachondo que me puso, al igual que tampoco le expliqué que, para mí, verla follar con otro había despertado mi curiosidad por el voyeurismo. No me ponía porque se la follara otro, quiero decir, no me ponía por sentirme cornudo. Simplemente me ponía el hecho de poder admirar cómo ella, probablemente una de las mujeres más sexys que iba a conocer en toda mi vida, ponía a sus pies al hombre que quisiera, cómo convertía a su compañero sexual en un instrumento de su propio placer. Mientras le conté todo aquello, noté en su cara ruborizada atisbos de vergüenza, pero a la misma vez satisfacción, realización, le encantaba escuchar lo que decía.

Aquel fin de semana habíamos decidido cambiar de aires, así que cogimos una oferta en una página web de dos noches en un hotel del interior en temporada baja. Así, minimizábamos la posibilidad de que algún conocido nos pillara. La verdad que el hotel estaba muy bien, buenos servicios, aséptico, moderno. Quizá estar tres días follando era poner las expectativas demasiado altas, pero nunca se sabe. El comienzo fue por todo lo alto: la asalté en el baño mientras se ponía una ropa más cómoda. Para cuando se hubo cambiado, ya se había corrido dos veces.

Con la botella de vino prácticamente agotada, no tardaríamos en echar un polvo como Dios manda. Me paseé por la habitación con mi copa en la mano, observando el mobiliario mientras me dirigía a la ventana. Junto a ella, sobre la mesita de noche, reposaba un panfleto que anunciaba los servicios del hotel: spa, piscina interior, masajista... Mi cabeza empezó a dar vueltas. Ana me siguió y me abrazó por detrás, besándome el cuello. Sentía la presión de su pecho en mi espalda.

-Entonces qué, ¿te gustó lo de la otra vez? -Me preguntó Ana. A pesar de que ya se lo había contado todo seguía dándole vueltas al tema, estaba encantada con ello.

-Pues sí, la verdad. Tengo que probarlo con más gente para saber si lo que me pone es la situación o la que me pones eres tú. -Le contesté vacilando. Ella se echó a reir.

-Si yo estoy presente, ya sabes que dura siempre la vas a tener. - Me guiñó el ojo.- A mí también me gustó aquello. Me gusta cómo folla Trino. Que no quiero decir que no me gusta cómo follas tú, evidentemente. Si llevamos meses follando y no tenemos ningún compromiso, será por algo. -Se puso algo nerviosa. Yo estaba seguro de que le encantaba follar conmigo, pero me gustaba verla intentando que no me enfadara o que me sintiera mal. Me gustaba que cuidara de nosotros.

Pasamos un rato en silencio. Mis ojos volvieron a pasar por el folleto de servicios. No dudé en proponérselo.

-Oye, ¿te atreves... -Hice una pausa dramática- a contratar al masajista? - La miré fijamente mientras hablaba, para que supiera lo que quería decir. Una de las comisuras de sus labios esbozó una sonrisa, ya lo había decidido.

-Pero no me la voy a jugar a intentarlo en medio del salón de masajes. A saber quién entra allí. ¿Tú crees que subirá a la habitación?

-En cuanto te vea, seguro que dice que sí. Ya sabes la capacidad de convicción que tienes.

Ana se puso las zapatillas y bajó a recepción. No tardó mucho, pero aquellos minutos se me hicieron eternos. Si conseguía que subiera a nuestra habitación, el resto ya estaba hecho. En cuanto volvió a entrar por la puerta me dirigí hacia ella para preguntarle.

-Me ha dicho que en media hora puede estar aquí. -Ella también estaba excitada con la situación.

-¿Qué bola le has metido?

-Ha sido fácil. Le he dicho que me daba vergüenza que me diera el masaje allí en la sala porque hay más personas alrededor y soy una persona muy pudorosa. -No pudo aguantarse la carcajada al contármelo. Ana era de todo menos pudorosa.- Que si era necesario pagaba más. Me ha dicho que no era lo normal, pero que no había problema. Al estar en temporada baja hay poca gente en el hotel y eso. Aunque me he fijado que son dos masajistas. A parte del hombre con el que he hablado también hay una chica. Espero que no sea tan estúpido de mandarla a ella.

Mientras pasaba la media hora pensé dónde podía colocarme yo para observar la escena, porque supuse que el tipo en cuestión vería raro que yo estuviera allí. Afortunadamente, el armario-ropero estaba mal diseñado, el hueco entre las dos puertas al cerrarlo era lo suficientemente ancho como para poder ver con facilidad la habitación desde dentro. Me hizo gracia el cliché: la primera vez que iba a ser voyeur de manera planificada era desde un armario.

Ana esperó al masajista vestida de forma sencilla. Llevaba una camiseta blanca, que hacía que sus tetas parecieran incluso más grandes de lo que eran. De hecho, su pecho levantaba la camiseta dejando asomar su ombligo. De pantalones vestía unos vaqueros. Quizá esa ropa fuera normalita en otra mujer, pero en ella quedaba muy sensual, incluso sin quererlo.

Se comportó con normalidad cuando llegó (por fortuna) el chico con el que había hablado. Por lo que pude observar, era mayor que nosotros, quizá rondaría los treinta y muchos, pero se conservaba bien. No era muy guapo, pero sin duda cuidaba su cuerpo. Su voz era profunda y segura. Trajo con el la camilla de masaje plegada. Tras montarla junto a la ventana, le indicó a Ana que tenía que tumbarse sobre ella con la espalda desnuda. En lugar de retirarse al aseo, Ana le pidió que se girara. Se quitó la camisa, liberó su pecho del sujetador y se posó en la camilla.

Ana era incapaz de no ser abrumadoramente sexy en cualquier situación. Aunque en aquel momento no intentara nada con el masajista, sus dotes pondrían a cien a cualquiera. En su espalda se podían ver las marcas de las gomas del sujetador, que en aquel momento me parecieron muy provocativas. Aplastaba sus tetas contra la camilla, pero eran tan generosas que se podían ver los costados, no había forma de taparlas. No sé que pensaría el masajista al verla así, pero yo ya tenía ganas de hacerme una paja.

Actuó como un profesional. Le pidió a Ana que se recogiera el pelo, así que ella se incorporó levemente para usar sus manos, casi dejando asomar sus pezones, y volvió a recostarse. Comenzó a masajearla usando aceites. De vez en cuando, Ana gemía levemente. Un masaje es agradable, pero todos podemos contener un gemido. Lo estaba haciendo deliberadamente. No sé si por incomodidad, el hombre comenzó a preguntarle cosas.

-¿Qué haces por aquí en esta época del año? Esto suele estar vacío, está todo el mundo en la playa.

-Acompañar a mi marido en unos negocios. -Mintió ella.- Creo que tenía que hablar con algún empresario local. Y se creerá que por pagarnos un par de noches de hotel va a conseguir arreglar nuestro matrimonio. ¡Ja!

Casi suelto una carcajada. La cantidad de clichés que se estaban produciendo hacía que todo me pareciera surrealista. Supongo que ella también se estaba riendo por dentro.

-Bueno, bueno. Dale una oportunidad. -Mientras el hombre hablaba, seguía masajeando, y Ana seguía gimiendo ocasionalmente. Menuda zorra estaba hecha. -Seguro que está muy enamorado de ti.

Volvieron al silencio y a los gemidos. Intenté observar, pero era incapaz de ver si el masajista estaba empalmado bajo los pantalones. Estaba convencido de que sí.

Al terminar el masaje, Ana le preguntó si podía aplicarle alguna mascarilla ligera. Así, le pidió una toalla para taparse y se dio la vuelta sobre la camilla. Seguía desnuda de cintura para arriba, y una toalla le tapaba el pecho, su vientre estaba a la vista. El masajista se situó detrás de ella y comenzó a aplicarle una loción en el rostro con sumo cuidado. Su entrepierna estaba muy cerca de la cara de Ana. Si se quitaba los pantalones, su miembro cubriría su rostro.

Pasó al ataque. Con tono sugerente, le dijo al hombre que tenía unas molestias en el cuello. Ahí también necesitaba que hiciera algo. Le fue indicando poco a poco que le dolía un poco más abajo. Sus manos ya acariciaban la clavícula y el esternón. Ana comenzó a respirar más profundamente, como exteriorizando que le gustaban aquellas manos en ella. En aquel momento se retiró la toalla del pecho.

Durante unos segundos, el masajista se quedó en blanco, igual de blanco que me quedé yo la primera vez que vi las tetas de Ana. Sin despegar sus manos de su piel, se lanzó a agarrar los pechos. No le cabían en la palma. Tras un rato sobándolas, le estimuló los pezones con los pulgares. Ella hacía rato que estaba disfrutando. El masajista se desplazo a uno de los laterales de la camilla y se inclinó para llevarse los pezones a la boca, mientras Ana miraba cómo lo hacía.

Ella llevó su mano a la entrepierna de él, buscando su erección. La apretó y la rozó fuertemente antes de quitarle el botón del pantalón, bajarle la cremallera y sacarla de dentro de los calzoncillos. Su miembro era enorme, y no solo grande, sino también proporcionado, bonito. Se lo llevó a la boca sin dudarlo y empezó a chuparlo con ansia. Al masajista le gustó tanto que no pudo evitar dejar de acariciar los pechos de Ana para disfrutar del placer que le daba. Le agarró la cabeza por detrás para forzarla a metérsela hasta el fondo. No pudo con ella. Cuando todavía le quedaban unos centímetros, Ana cedió a las arcadas, dejando la polla chorreando con la saliva de su garganta.

Aquello no le quitó las ganas de seguir chupando. Se bajó de la camilla y, de cuclillas, siguió metiéndosela en la boca de una manera sucia, con ansia, sin tragar ni una sola gota de saliva. Mientras tanto el masajista se desnudo por completo. Cuando estuvo satisfecho, sentó a Ana en el sofá, se subió de rodillas sobre ella y puso su miembro entre los pechos de Ana. Ella simplemente las juntó con sus brazos, y así, él se folló su canalillo. Su polla rozaba el cuello y la barbilla de Ana con cada empujón.

-Seguro que tu marido no te folla así nunca, ¿a que no? -Le dijo el masajista.

Ella negó con la cabeza, con su cara de sumisión, mientras él gozaba de sus curvas. Hacía rato que el sudor se fundía con los aceites del masaje, haciendo que el sexo fuese sucio, primitivo, instintivo y brutal. Él se bajó del sofá, la abrió de piernas y le comió el coño que me había comido yo unas horas antes.

Ana disfrutaba como una perra. Su pelo era un desastre, y se le pegaba al rostro y la frente por el sudor, pero no le importaba. Su coño era lo único que le importaba en aquel momento. Su coño, y aquel pollón que se iba a meter. Ya estaba húmeda, pero el cunnilingus del masajista la dejó lista. Aquel miembro iba a necesitar mucha lubricación y dilatación.

La agarró por los tobillos para abrirla de piernas y encaró su polla para penetrarla. Poco a poco, entre gemidos de dolor y placer, la fue introduciendo con cuidado. Sabía que la mayoría de las mujeres no podían con su miembro a la primera. Tras unos minutos de calentamiento, ya podía metérsela casi entera, así que empezó a coger ritmo.

La embestía de forma relativamente lenta, pero con mucha contundencia. Cada una de las veces importaba más que la anterior, se convertía en algo más intenso. Ana quería cambiar de postura, le apetecía mandar un poco. Lo puso en la camilla, se subió sobre él con las piernas flexionadas y la condujo de nuevo a su interior. De aquella forma se hacía mucho más visible lo grande que la tenía, y fácilmente uno podía imaginarse hasta qué profundidad llegaba en el cuerpo de Ana, llenando toda su vagina.

En aquella postura el cuerpo de Ana lucía espectacular. El masajista ya luchaba por aguantar el orgasmo inminente. Ella iba alternando entre agarrarse el pelo para apartarlo, tocarse los pechos, y dejar sus manos sobre los muslos mientras con la fuerza de sus piernas se aupaba para meter y sacar la polla de su cuerpo. Cuando no podía más dejó su peso sobre él, y empezó a frotar su clítoris contra él, con todo el miembro dentro de ella. En apenas unos segundos le llegó el orgasmo. Él la ayudo estimulándole los pezones. Ana gritó bastante fuerte. No le importaba que la oyeran. De hecho, seguramente le ponía que alguien la escuchara correrse.

Después de correrse, el masajista la volvió a poner como al principio: en cuclillas, con la boca a la altura de su polla. Sin prácticamente ningún esfuerzo, se rozó la punta hasta que estuvo listo, parando justo en el momento de correrse. Ana abrió la boca para recibir su corrida. Él trató de dárselo todo sobre su lengua, pero algunas gotas cayeron al suelo tras deslizarse por su cara. Una vez más, ella acompañó sus gemidos de placer. Los orgasmos de sus amantes eran también sus propios orgasmos. Los disfrutaba de manera similar. Se tragó todo el semen que cayó dentro de su boca.

Al terminar, el hombre se mostró un tanto incrédulo de lo que acababa de pasar, pero le gustó tanto que animó a Ana a tomar otro masaje antes de que se marchara con su "marido". Ella se mostró receptiva a la propuesta.

El masajista se marchó tras recoger la camilla y vestirse. Salí del armario y crucé una mirada con Ana. Ella se dirigió a la ducha, todavía desnuda y con semen por la boca. Fui quitándome la ropa de camino, sin quitarle ojo a su culo. Sin cruzar palabra con ella, empecé a masturbarme. La miraba con deseo, de forma descarada. Ella se hacía la desinteresada, pero le encantaba aquel juego. A veces nuestras miradas se cruzaban en el espejo del aseo. Se adecentó el pelo y se lavó la cara. Cuando se giró, se apoyó en el lavabo y se apretó los pechos con los brazos. No pude evitar lanzarme para comerle los pezones. Ya estaba listo para correrme. Ella se quedó en la misma postura.

Mi corrida fue tan explosiva que, a pesar de estar los dos de pie, casi le alcanzo la cara. Mi semen acabó corriendo desde su cuello hasta sus muslos. Por supuesto, sus tetas estaban cubiertas.

-Me pone que yo te ponga tanto. Ven. Quiero volver a correrme.

Abrió el grifo de la ducha y, en segundos, el aseo estaba lleno de vapor.
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Antiguo 30-abr-2017, 16:16   #25
mikerino
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Que buenos relatos y que bien redactados te felicito por todo lo vivido, saludos.
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