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Tus Relatos y experiencias - El día que los suecos cambiaron mi vida Herramientas
Antiguo 25-oct-2017, 23:55   #76
PabloRT
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(En el capítulo anterior…)

Cuando pararon las convulsiones, me levanté con cuidado viendo cómo Cris prácticamente no podía moverse. Me senté a su lado y acerqué mi boca a la suya para atraer hacia mi su lengua y chuparla como si fuera una polla.

- Gracias… - dijo Cris con un hilo de voz… - Gracias por esto, Pablo, es… No sé… Es increíble lo que he sentido….

No dije nada. Me senté a su lado, mientras ella se acurrucaba contra mi pecho. La abracé y sentí una mezcla de pasión, amor y cariño… No sé cuánto tiempo había durado aquello, pero había sido, sin duda, uno de los mejores ratos de mi vida…


Me quedé un buen rato sentado, con Cristina acurrucada a mi lado. Creo que ella se durmió, pero yo no podía ni siquiera plantearme eso. Afuera, el mundo seguía su curso. Los coches hacían sonar el claxon el frenesí propio de los viernes. Pero, mientras, dentro de aquel apartamento, todo se movía a una velocidad extremadamente lenta. Por pura pereza, no me levanté a por mi teléfono, que seguramente echaba humo. Mi jefe querría saber cómo había ido todo. Marta estaría rabiosa porque la había dejado plantado para la… ¿comida? ¿Aquello que estaba previsto era una comida? En todo caso, siempre podría tener la excusa de decirle que el avión había llegado tarde o que en el aeropuerto me había pasado cualquier cosa.

Pero el problema iba mucho más allá. Si me quedaba allí acurrucado, inmóvil, es simplemente porque tenía miedo de afrontar lo que había afuera. Mi aparentemente buena relación con mi mujer había hecho aguas. Y buena prueba de ello es que llevaba no sé cuántos días sin hablar con ella. A cambio, me había follado a mi compañera de trabajo y había fantaseado con su mejor amiga. Bueno, mejor dicho, había tenido sexo por teléfono. Estas dos “aventuras” estaban fijas en mi cabeza como una losa, aunque en el fondo, en lo más profundo de mi, quería que ambas se prolongaran por mucho tiempo.

En un momento dado, Cristina se despertó y me sacó de mis divagaciones.

- Hola… - suspiró suave, siendo la misma niña recatada que yo siempre había conocido.
- Te has dormido – le dije con una amable caricia en su pelo. - ¿Estás bien?
- Sí, sí, gracias… Un poco cansada.....

¿Cómo podía aquella niña tan tierna convertirse en una fiera tan rápidamente? No parecía, para nada, que Cristina viviera el sexo con tanta intensidad. Nadie podría decir que acabábamos de pasar un buen rato follando como descosidos y no, yo qué sé, viendo en la tele dibujos animados…

- Creo que debo irme – dije en un acto de responsabilidad. – Tengo que ir a casa y escribir a Fernando para contarle cómo han ido las reuniones de estos días.
- Sí, claro… Deberías – contestó. – Ya es un poco tarde.

El sol estaba empezando a declinar, lo cual me indicaba que la comida de coño a Cris había durado más de lo que yo pensaba, porque no creo que Cristina hubiera estado durmiendo más de una hora. Como casi estaba vestido por completo (solo me había quitado la camisa para mejorar mis prestaciones en la bajada al sexo que había hecho con mi compañera, tardé poco en estar listo.

Sin saber muy bien qué hacer o decir, enfilé a la puerta y me despedí. Cristina se acercó a mi y, cogiéndome por la cintura, me dio un espectacular morreo de despedida.

- ¿Sabes? – dijo cuando me soltó.
- ¿Qué?
- En ese sofá pillé al hijo de puta de Borja con aquella zorra cuando llegué a casa. A partir de hoy, cada vez que llegue a casa voy a ver ese sofá con otros ojos…

Sonreí y le di un nuevo beso en la boca. Más casto, más rápido. Me quería ir de allí porque, aunque deseaba a Cristina con todas mis fuerzas, el hijo de puta ahora era yo… Y aún tenía que ir a mi casa a ver qué estaba pasando.

(continuará…)
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Antiguo 26-oct-2017, 00:33   #77
cidcabreador
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Un relato genial
Enhorabuena
__________________
Concedeme un instante, tal vez resulte interesante.


/chicos/72505-vuelve-caballero.html

http://www.pajilleros.com/relatos-ex...cubriendo.html
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Antiguo 27-oct-2017, 01:30   #78
PabloRT
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(En el capítulo anterior…)

- En ese sofá pillé al hijo de puta de Borja con aquella guarra cuando llegué a casa. A partir de hoy, cada vez que llegue a casa voy a ver ese sofá con otros ojos…

Sonreí y le di un nuevo beso en la boca. Más casto, más rápido. Me quería ir de allí porque, aunque deseaba a Cristina con todas mis fuerzas, el hijo de puta ahora era yo… Y aún tenía que ir a mi casa a ver qué estaba pasando.


Enfilé hacia mi casa con la sensación de ser un auténtico hijo de puta. Mi mujer no se merecía todo lo que había hecho esa semana y, la verdad, lo menos que podía haber hecho es llamarla de vez en cuando. Pero la polla tenía la exclusiva del flujo sanguíneo de mi cuerpo y bastante había hecho con no cagarla delante de los suecos… O, al menos, eso pensaba yo.

Mientras bajaba al coche, revisé mi teléfono. Ni rastro de llamadas, ni mensajes, ni WhatsApp, ni nada parecido… De repente, todo el mundo se había olvidado de mi… Mi mujer no me llamaba (yo tampoco a ella), Marta no había vuelto a escribirme (yo tampoco a ella) y, por lo demás, era viernes por la tarde, así que poca actividad debía haber…

Conduje hasta casa, sorteando como pude el tráfico, y cuando llegué mi corazón se aceleró. De una u otra manera tendría que explicar dónde había estado esa semana, qué había estado haciendo y, sobre todo, tendría que lidiar con que Marta quizás le hubiera contado a Irene, mi mujer, que habíamos estado, básicamente, teniendo sexo por teléfono.

Cuando giré la llave de casa, tras dejar el coche en el garaje, encontré la casa tan vacía como cuando la dejé. Ni rastro de mi mujer. En aquella casa no había entrado nadie desde hacía horas… Me armé de valor y escribí un mensaje a mi mujer… Pisaba arenas movedizas y no sabía cómo actuar, porque tenía miedo de comportarme como lo que realmente era: un hijo de puta.

PABLO: Cariño, ya estoy en casa… ¿Dónde andas?

No pasaron ni 30 segundos y mi mujer me estaba contestando.

IRENE: Ya era hora de que dieras señales de vida… Estoy en Barcelona, te he dejado varios mensajes en el buzón de voz… Vuelvo mañana.

El buzón de voz… Ese gran desconocido. Casi nunca lo escuchaba y, cuando lo hacía, solo era para marrones. Aunque esta vez debí suponer que me dejaría algún mensaje.

PABLO: ¿Estás bien? Podemos hablar si quieres.

Pisar mi casa me hacía sentir, de nuevo, en terreno conocido. Actuar como si no hubiera pasado nada me parecía la actitud más sensata.

IRENE: Sí, luego te llamo. Estamos con el proceso de selección y vamos un poco ajetreados.
PABLO: Perfecto, luego hablamos.

¿Viernes por la tarde? ¿Proceso? Aquello era un poco extraño. Pero no estaba yo en condiciones de hablar. Aparentemente, mi mujer no estaba rara. Pero estaba seguro de que solo era una apariencia… Sonó otro mensaje de repente..

MARTA: ¿Has vuelto ya?

Joder. Había conseguido olvidarme de Marta por unos minutos, pero ya estaba de nuevo en marcha…. En el silencio de mi casa podía oír como la sangre tomaba la dirección de mi polla para rellenar todas las cavidades…. Lo más sensato habría sido no contestar, pero…

PABLO: Justo acabo de llegar. ¿Cómo tienes la tarde?

No podía evitarlo. Hablar con Marta me provocaba una erección instantánea. Un poder tan fuerte que tenía que echarme la mano al cipote para notar lo duro que me lo ponía. Era una cosa extraordinaria y, la verdad, no recordaba que nadie me hubiera puesto así nunca…

MARTA: Quiero verte, ¿podemos quedar?

No respondí. Estaba sentado en el sofá, con la polla fuera del pantalón, machacándomela simplemente con los mensajes de Marta. Era un puto enfermo.

MARTA: Sé que Irene está en Barcelona… ¿quieres venir a casa?

La idea de follarme a Marta en su propia casa a punto estuvo de sacarme leche instantáneamente… Y parecía que habían hablado, porque si no, ¿cómo sabía Marta que mi mujer estaba todavía de viaje? Tuve que parar, me puse en pie y comencé a caminar por casa para evitar una corrida inminente. Con Cristina había vivido una semana de sexo espectacular, pero quizás había sido con un toque “girlfriend”: una experiencia sensual con una “niña bien”. Ahora, en cambio, con Marta, estaba desatando mi lado salvaje: tenía al otro lado del teléfono a una tía que confesaba a sus amigas cuántas pollas se comía cada semana…. Y esperaba que esta noche la mía fuera una de ellas.

PABLO: Iré con una condición…
MARTA: Tú dirás…
PABLO: Quiero que me abras la puerta solo con las botas altas que llevabas el día que te vi de lejos…
MARTA: Tengo muchas botas altas, cielo…
PABLO: Ponte las que llevabas aquel día.

Podría haberse puesto unas botas de esquiar y me habría parecido igualmente sexy, pero el hecho de pensar en ir a su casa y encontrármela solo con las botas puestas hacía que mi polla tuviera una hinchazón descomunal.

Me cambié de ropa, por algo más informal, y sale a toda hostia de casa.

PABLO: Mándame tu dirección, please.

Marta me envió su calle, al lado del trabajo (en la misma zona donde ahora trabajábamos ambos).

De regalo, a continuación, venía una foto de las piernas de Marta con dos botas enfundadas: ni rastro de pantalones, medias ni bragas. Mi zorra ya estaba dispuesta para recibirme y yo, mientras, me subía al coche para dirigirme, ahora sí, al principio del fin de mi matrimonio…

(continuará…)
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Antiguo 27-oct-2017, 02:25   #79
ParTGNA
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Predeterminado Gracias!

Uno de los mejores relatos del foro....me tienes totalmente enganchada!
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Antiguo 27-oct-2017, 08:01   #80
viciosinfin1973
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Super interesante
No se, no sé, ¿ huele a confabulación de Marta con Irene para probarte?

Continua cuando puedas, por favor


Muchas gracias Pablo por el relato
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Antiguo 27-oct-2017, 13:10   #81
PabloRT
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(En el capítulo anterior…)

Marta me envió su calle, al lado del trabajo (en la misma zona donde ahora trabajábamos ambos). De regalo, a continuación, venía una foto de las piernas de Marta con dos botas enfundadas: ni rastro de pantalones, medios ni bragas. Mi zorra ya estaba dispuesta para recibirme y yo, mientras, me subía al coche para dirigirme, ahora sí, al principio del fin de mi matrimonio…

[Me he hecho tres pajas escribiendo esta parte, no os podéis imaginar el morbo que me da recordarlo]

Cuando salí del garaje con el coche, tenía la polla más dura que el cemento. No podía quitarme de la cabeza la foto de las piernas de Marta o, mejor dicho, la foto de sus botas. Aquello era un puto paraíso y, lo mejor de todo, yo iba a tener ocasión de probarlo en apenas un rato. Estaba empalmadísimo, me dolían los huevos solo de pensar en el esfuerzo que iba a tener que hacer esa tarde para evitar correrme nada más ver a aquella zorra.

Sorteé como pude el tráfico, otra vez, y me planté en el garaje de mi oficina. No estaba muy seguro de que aparcar allí fuera una buena idea, pero desde luego, al vivir Marta tan cerca, me vendría bien para deja el coche tranquilamente. Cuando entré por el garaje, me conjuré para no encontrarme con ningún compañero de trabajo y, sobre todo, inventarme una buena excusa sobre el motivo de dejar el coche allí un viernes por la tarde.

Salí rápido del garaje y me dirigí a casa de mi zorra. Estaba dispuesto a todo aquella tarde. Venía de una semana muy caliente en Suecia: es cierto que había follado con Cristina todo lo que quise y más, pero desde aquel viernes, desde aquel puto viernes no me podía quitar de la cabeza la imagen de Marta con aquel fulano por la calle. Mi viejo sueño de follarme a la mejor amiga de mi mujer estaba a punto de consumarse y, aunque yo entonces no lo sabía, aquello iba a cambiar mi vida por completo.

Encontré rápido el portal de Marta y llamé al timbre. Vivía en un quinto piso en un edifico de seis alturas. Me abrió la puerta y subí dispuesto a comerme el mundo y, de paso, todo lo que tuviera que ver con ella.

Lo que vi al llegar a su puerta, amigos, fue lo más espectacular, sexualmente hablando, que he visto en mi vida. Y no estoy muy seguro de poder ver algo parecido nunca más. La puerta estaba entreabierta y, al empujarla, me encontré a Marta completamente desnuda, solo con las botas puestas. Estaba espectacular: había ido a la peluquería y su pelo rubio hacía suaves ondas que le caían sobre los hombros. Tenía los brazos cruzados, tapándose sin querer las tetas y, un poco más abajo, asomaba un coño completamente rasurado.

Marta tenía la piel muy blanca y el pelo rubio, natural. Mediría casi 1,75, un talla 95 o 100 de pecho y un culo excepcionalmente moldeado, que me encargaría de sobar durante toda la tarde. Su cuerpo era espectacular, pero lo que más me gustaba de ella era su mirada. Dos ojos verdes te penetraban al mirarte. Marta era pura lujuria. Pero aquello que vi, allí, amigos, era sobrenatural. Parecía una puta de lujo, una escort de categoría máxima que se había preparado a conciencia para recibirme y, de alguna manera, demostrarme que ella estaba bajo control de la situación.

Como os he contado, no tenía mucha confianza con ella. Se podría decir que éramos amigos, pero no íntimos. Y tampoco habíamos hablado demasiadas veces… Cerré la puerta suavemente me quité la chaqueta. Lo primero que hice fue acercarme a ella poco a poco y, agarrándola por la cintura, comerle la boca. Estaba fuera de mi. Tenía una erección máxima y me dolían la polla por la presión sobre los pantalones. Ver a Marta de aquella manera era lo máximo a lo que podía aspirar en mi vida sexual y, desde luego, había cumplido con creces el sueño.

Tras el morreo, decidí hablar.

- Hola, Marta…
- Hola, Pablo…
- He venido a decirte a la cara todo lo que te he dicho por teléfono estos días… - recordé sus palabras y me aventuré a iniciar una conversación cargada de morbo.
- Has tardado un poco más de la cuenta y no vamos a poder comer – respondió pícara.
- Todo lo que quiero comer está delante de mi – contesté sin perder la compostura.

La polla me ardía y mis ojos hacían verdaderos esfuerzos por no mirar las tetas de aquella belleza.

- ¿Te gusta el menú?
- Llevo con ganas de probarlo desde la primera vez que te vi.

Estiré mi mano para cogerla de la cintura y, poco a poco, bajé hacia el tremendo culo de Marta. Todo era tan suave que parecía de mentira.

- ¿Y por qué no habías venido a comerme hasta hoy?

Aquel “comerme” sonó tremendamente sensual. Estábamos mirándonos a los ojos, aunque mi mano descansaba sobre la parte superior de su culo. Quedaba claro que no había venido a hablar.

- Nunca me habías invitado….

Marta sonrió. No supo qué decir. Me estaba encantando aquel juego, previo sin duda a lo que seria una tarde memorable.

- Quiero que me digas a la cara todo lo que me has dicho esta semana por teléfono – me respondió con la voz más seria.
- En realidad, no soy un hombre de palabras –le contesté. – Prefiero los hechos.
- ¿Y qué vas a hacer?

Me separé de ella. La miré a los ojos, seguramente por última vez aquella tarde. Me puse de rodillas, bajé mis manos a la altura de sus tobillos y, desde ahí, comencé a subir acariciando las botas de ante que llevaba puestas. Una puta delicia fetichista. Seguí subiendo. Las botas pasaban por un par de centímetros la rodilla. Metí mis manos en la parte interior de los muslos y, poco a poco, separé las piernas. Las separé lo justo para, entonces, acercar mi boca y comenzar una serie de besos por la entrepierna, evitando de forma deliberada tocar su coño.

Besaba sus muslos, subía hacia la parte baja de la barriga, volvía a la cara interior del muslo… Mis manos, mientras tanto, había tomado posición: tenía las dos manos agarrando firmemente el culo de Marta, un culo de auténtico infarto. Está mal que lo diga yo y os podrá sonar pretencioso, pero me estaba trabajando a una auténtica modelo, una mujer espectacular que sabía explotar al máximo su sexualidad.

Perdí, como antes con Cristina la noción del tiempo. No sabría deciros si estuve 10 minutos o 20 comiéndole las piernas, pero lo cierto es que me daba igual. Quería comer y, de nuevo, como con Cris, volverla loca para así poder tenerla siempre que quisiera. Era puro egoísmo, solo quería que mi actuación fuera tan memorable que mi número de teléfono estuviera en primer lugar en su lista de pollas para comerse.

- Esto es mucho mejor que lo que me has dicho esta semana – suspiró Marta. Le costaba hablar, buena señal.

No dije nada. Seguí a lo mío, aunque tras escucharla decidí pasar a comerle directamente el coño. Sin miramientos. Sin permiso. No quería ni siquiera pasar antes por su boca buscando su aprobación. Tampoco quería que mis manos soltaran aquel bendito culo. En uno de los movimientos, hundí mi cara en su sexo y comencé a lamer aquellos jugos. En cuanto probé aquel jugo supe que era mi perdición. Me había hecho adicto, en apenas 20 minutos, a aquel coño con sabor a lujuria. Las botas seguían puestas, pero la diferencia es que ahora empezaba a oir a Marta gemir sin parar. Mi diosa, mi musa, la mujer con la que probablemente más había fantaseado en mi vida, a duras penas conseguía mantenerse en pie mientras le comía el coño.

La tarde, definitivamente, habia empezado bien..

(continuará…)
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Antiguo 27-oct-2017, 17:01   #82
PabloRT
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(En el capítulo anterior…)

Me había hecho adicto, en apenas 20 minutos, a aquel coño con sabor a lujuria. Las botas seguían puestas, pero la diferencia es que ahora empezaba a oir a Marta gemir sin parar. Mi diosa, mi musa, la mujer con la que probablemente más había fantaseado en mi vida, a duras penas conseguía mantenerse en pie mientras le comía el coño.

La tarde, definitivamente, había empezado bien..


Creo que estuve unos 15 minutos comiéndole el coño a Marta. Las botas seguían puestas. La cara de mi amante no sé exactamente qué pose tenía porque, la verdad, no me estaba preocupando de mirarla. A los 5 o 6 minutos, se tuvo que sentar, estaba empezando a tener unas pequeñas convulsiones que le hacían muy incómodo permanecer de pie. Eso, sumado a las botas, hizo que se tuviera que sentar. Yo, directamente, procedí a ponerme prácticamente tumbado, boca abajo, con el cuerpo ligeramente entornado (para no tocar con mi polla tiesa en el suelo, básicamente).

- Lo estás haciendo muy bien cariño… - me decía Marta de vez en cuando… - Muy bien…

Yo, cuando oía eso, seguía mamando coño. No paraba. Al estar sentada, ahora mis manos quedaban lejos de su culo, así que me dedicaba a sobar sus tetas, sus piernas o lo que fuera. Todo me valía. Estaba gozando de lo lindo sabiendo que Marta estaba a mis pies, que aunque era muy probable que me fuera de allí sin correrme (como había hecho con Cristina, hace apenas unas horas), aquella zorra iba a querer que fuera a verla más a menudo.

- Qué rico, Pablo, por Dios… Como me gusta que me coman el coño.

Marta no era una persona vulgar, ni mucho menos. Pero, en aquel momento, yo la veía como una zorra. Una puta que se había vendido a la primera polla que le había declarado su atracción. Probablemente, pensaba yo, aquel fulano con el que la había visto aquel día, el tal Eric, le había hecho lo mismo al llegar a su casa.

- ¿Cuántas veces te lo han comido así, cariño? – pregunté osado, rebasando quizás la línea de lo que era políticamente correcto preguntar en aquel momento.
- Las suficientes para saber cuándo una comida de coño es buena… - respondió desafiante. A aquella mujer nada, ni nadie, la detenía en materia de sexo.
- Quiero que te corras en mi boca. Quiero tus flujos en mi lengua y llevarme tu sabor una buena temporada…

Estaba salido perdido. Me perdía el coño depilado de Marta. Sin un puto pelo alrededor. Los labios estaban ya muy hinchados, muy bien lubricados. Aunque tenía la lengua agotada, intentaba penetrarla con ella, una tarea absurda dada la profundidad de aquella vagina. No recuerdo bien cuáles eran los movimientos que hacía, pero estaba loco perdido chupando.

- Si sigues así, no tardaré… Umm… Joder… Qué gusto… - decía ella entre suspiros.

En un momento dado, tuve que bajar el ritmo… Me estaba poniendo malísimo, me dolían los huevos de pura excitación. Aquella zorra no llegaba a correrse nunca, pese a que debía llevar, tranquilamente, más de media hora comiendo su sexo. Me obsesionaba que las tías se corrieran conmigo, fruto de una mezcla de darles placer pero, al tiempo, de asegurar que tendría su coño a mi disposición siempre que quisiera. Era algo que había hecho desde muy joven y, ahora, por casualidades de la vida, estaba poniendo en práctica de nuevo.

- Joder, Pablito… Ahora veo por qué Irene nunca me cuenta nada de su vida sexual… Eres un puto salido, me encantas…

Aquella mención a mi mujer me gustó y me disgustó a partes iguales. Me levanté del suelo y, de rodillas, la miré de nuevo fijamente a los ojos.

- ¿Quieres que siga demostrándote cosas, Marta? ¿Es eso lo que quieres? – mis huevos hablaban por mi. Quería hacer más cosas con ella, todo, todo lo que humanamente fuera posible entre dos animales en celo.
- ¿Qué más tienes para ofrecerme?

Aquel desafío me encendió. Me incorporé, la cogí de los brazos y tiré de ella hacia arriba. Me puse de espaldas a ella y pegué mi pantalón con su culazo, que estaba marcado de rojo de tanto sobarlo en el tiempo que estuvo de pie.

- Voy a probar todos los agujeritos de tu precioso cuerpo, cariño – le dije al oído, soplando en su oreja para excitarla más. – Y tú vas a aceptar todo lo que tengo que ofrecerte sin rechistar, verdad? -
- Estoy impaciente por ver todo eso que dices que me vas a dar… Llevo toda la semana esperando – me contestó de espaldas.

Marta era, la verdad, una mujer con experiencia en el sexo. Había aguantado sabe Dios cuántos minutos sin correrse, pese a la brutal embestida que le estuve haciendo con la boca, y ahora no se amilanaba porque un tío, un tío cualquiera, un don nadie como yo, le dijera al oído que iba a hacer con ella cuatro cosas. Debía estar más que acostumbrada a que las pollas del mundo intentaran jugar con ella y vete tú a saber cuántas habían aguantado lo suficiente como para satisfacer ese ansia de polla que mi mujer siempre me decía que tenía…

Lo primero que hice fue, obviamente, quitarme la ropa. Llevaba demasiado tiempo vestido y decidí que estaría más cómodo si me quitaba, sobre todo, los pantalones y los gayumbos. Mi polla ya no aguantaba más y, cuando me quité la ropa, estaba casi todo manchado de líquido. Parecía que me había corrido y, en realidad, solo había lubricado mi polla para el gran combate. Mientras me desvestía, Marta había apoyado su culo en el sofá y esperaba ansiosa lo próximo que tenía que decirle… Y lo próximo quería decírselo con mi polla, no podía aguantar más…

Cuando me vio ya sin ropa, me miró a los ojos…

- Qué rico estás, Pablito… Se nota que te cuidas.
- A tu lado, cielo, soy un desgraciado… - contesté mirando a sus tetas.

Eran absolutamente hipnóticas. Marta, si había que buscar un parecido pornográfico, era mi Alexis Fawx particular. Tenía unas tetas operadas que le hacían un busto espectacular. Calzaría una 95 o 100, como ya os he dicho, pero la silicona o lo que tuviera como relleno las hacía perfectas. La miré a la cara, a esos ojos verdes penetrantes y le dije sin miramientos…

- Marta, cielo, voy a follarte hasta que no pueda más. Llevo deseando esto años y no pienso dejar pasar la oportunidad…

No dijo nada. Se sentó en el sofá y, con un dedo, me llamó… Me acerqué a ella con mi mástil apuntando al frente y, sin pensárselo, se metió mi polla entera en la boca. No tengo una polla enorme, la verdad, pero no me imaginaba que una tía pudiera tragársela entera así, de golpe. Al fondo, noté la garganta y tuve que hacer un esfuerzo casi sobrehumano para no correrme…

Me miraba. Me miraba a los ojos mientras me comía la polla. Le aguantaba la mirada y no sabía si me gustaba más lo que sentía en el cipote o lo que veían mis ojos: estaba viendo una peli porno en vivo y en directo... ¡con mi propio rabo como protagonista! Marta era mi actriz porno, mi puta de primera categoría... Y estaba claro que no era la primera, ni la segunda ni la décima polla que se comía con esa pasión. Dudé, la verdad, si no se dedicaba profesionalmente a comer rabos...

- Para follarme, tienes que aguantar esa prueba, Pablito – me dijo en un momento antes de volver a ensartarse mi mango en su boca.
- ¿Qué prueba, qué dices, cielo? – respondí sin poder dedicar mucho esfuerzo a hablar.
- Si no te corres, te daré permiso para que me folles. Muy pocos llegan…

Joder… Estaba poniéndome como una puta moto. El sexo con mi mujer era bueno, rutinario pero bueno. El sexo con Cristina se había revelado como una girlfriend experience total. Pero aquello era otra liga. Marta me estaba haciendo una mamada única. Me sobaba los huevos con la mano y, cuando no los tocaba, se dedicaba a tocarme el culo con la mano que tenía libre. Chupaba de arriba abajo, lamía la punta, se metía la verga entera hasta tocar con la nariz mi barriga, me acariciaba el glande con la lengua y le daba lametazos… No es que se hubiera comido cien pollas, es que aquella tía, que yo estaba haciendo mía, tenía la boca hecha para el sexo.

- Si sigues así, no creo que llegue, Marta… - le dije mientras me esforzaba por apretar mis esfínteres para no correrme.

Era imposible, era imposible no correrse con aquella yegua. Era una hembra que comía a los hombres con sus ojos verdes, con sus tetas tiesas, operadas pero tiesas, con esas botas que, aún estando sentada, le pasaban por encima de la rodilla. Me estaba chupando la polla, pero me estaba quitando la posibilidad de follar su sexo, porque si me corría, creo que me iba a quedar sin energía para rellenar mi polla de nuevo de sangre.

- ¿Te vas a correr, papi? – me dijo con voz de niña. – Si te corres, perderás el bonus de probar mi coñito… Y también mi culito, por supuesto….

Recordé entonces que, cuando me estaba follando a Cristina en Suecia, pensé en follarle el culo a Marta. En ese momento, mi polla se encendió y tuve que alejarme unos pasos de mi zorra… Notaba que me llegaba el semen a la punta de la polla y tuve que parar, me tuve que sentar para evitar correrme…

- ¿Qué pasa, Pablito? ¿Te ha gustado lo del culo?

Aquella diosa se había dado cuenta del efecto que la palabra “culo” había causado en mi. De repente, mi cabeza solo pensaba en sodomizar a aquella hembra, llenar su culo de leche y exhibir mi trofeo como si hubiera cazado un ciervo. Suena machista, lo sé, pero en aquel momento era un puto animal en celo y quería volver a mi casa con mi trofeo. Quería que todo el mundo supiera que aquel culo había catado mi leche caliente y que todos los que vinieran detrás acabarían rozando la misma piel que yo ya había rozado.

- Nada me gustaría más que follarte el culo, cielo… - le dije sonriendo, mirando a sus hipnóticos ojos verdes.
- ¿Cuántos culos has probado? Dime… - me estaba poniendo a prueba.
- Irene nunca me deja, ya lo sabes…
- Ummm…. Lo sé, Pablito, lo sé… Por eso quiero que hoy te vayas de aquí con la pollita caliente.


Jugaba en inferioridad de condiciones. Aquella hembra lo sabía casi todo sobre mi y yo… Bueno, yo solo sabía que era un putón, un bendito putón que en sus tres décadas de vida se habia comido todas las pollas que se le habían puesto por delante. Y, oye, hacía bien….

- Antes de que me folles el culo, quiero que pases unas pruebas…
- ¿Qué pruebas, Marta? No me jodas, porfa… - le supliqué. Tenía la polla a punto de explotar, pero no quería más juegos…
- Me gustas mucho, Pablo… Me gustas desde que te vi, desde que tu mujer me presentó a “su nuevo novio”… Eras demasiado perfecto para mi, pero me quedé con las ganas desde entonces…
- Marta, ¿de qué pruebas hablas? - no quería ser descortés, pero había venido a su casa a follar, no a jugar.

Mientras yo preguntaba, ella poco a poco se levantó y se acercó a mi… Con los tacones de las botas no estaba aún a la misma altura que yo, pero no quedaba muy lejos. Me dio un morreo antes de continuar y se quedó agarrando mi polla sin dejar de mover su mano, muy lentamente.

- Vamos a hacer un juego, quiero comprobar la resistencia de esta cosita tan bonita – me dijo mientras acariciaba mi verga.

Estaba a tope. Dudaba de cualquiera de esos juegos, porque no harían más que excitarme más y me perdería la posibilidad de perforar su coño y, sobre todo, su culo.

- Marta… No estoy para muchos juegos, quiero follarte, por favor… - ya sonaba desesperado. Aquella zorra me estaba calentando de lo lindo.
- Shhh… tranquilo… Estoy aquí, no me he ido. Mi coño sigue chorreando, Pablito… - mientras decía eso, se metió un dedo en su sexo y me lo ofreció, brillante, como recompensa, en la boca. Aquella zorra sabía bien lo que estaba haciendo..
- Ummm.. – gemí como un niño… - Pues tu dirás..
- Antes de que tu polla entre dentro de mi, quiero saber cuántas veces has deseado follarme, Pablito…

Se acercó de nuevo a mi para darme un beso en los labios, con lengua incluida.

- Y no me mientas, porque entonces te quedarás sin premio… Si creo que dices la verdad, te daré pequeñas recompensas…

Joder. Aquello era una puta prueba de fuego, pero no iba a tener más remedio que confesar todo si no quería irme de allí con un calentón de cuidado… Intenté jugar una estrategia ganadora…

- Son tantas, cielo, que no me acuerdo…
- Ya… Ya me imagino, pero quiero saber cuántas. Así que te voy a hacer unas preguntas y me tienes que decir la verdad.

A todas estas, mi polla seguía en su mano. Cada poco, he olvidado decirlo, Marta me gratificaba arrodillándose para darme otra chupadita. Sé que la situación suena surrealista y que yo mismo hubiera pensado que aquello era un bajón terrible en mitad del polvo, pero aquella putita tenía mi polla tiesa y con ganas de más…

- ¿Pensaste en follarme cuando me conociste?
- Solo pensaba en follarte cuando te conocí, Marta…
- ¿Por qué no me dijiste nada entonces?
- Marta… Eres la mejor amiga de mi mujer y cuando te conocí fue ella quien nos presentó…
- Pero, a pesar de todo, ¿en aquel momento pensaste en follarme?
- Sí, claro..

La respuesta le convención. Se agachó, me lamió el rabo desde la raíz a la punta y se la metió entera en la boca. Como premio de consolación, también me dejó tocarle las tetas, encorvado, mientras me practicaba la maniobra de reanimación del falo.

- Siguiente, pregunta - dijo aún desde el suelo, relamiéndose los flujos que se iba encontrando a su paso. - ¿Por qué me enviaste esos mensajes la semana pasada?
- Porque te vi por la calle y me dio mucho morbo.
- Ummm… Qué rico eres Pablito. Cómo me gustas… Te estás portando muy bien...

Entonces sucedió algo mágico. Marta se dio la vuelta, se agachó ligeramente y puso su trasero a la altura de mi polla… Giró la cabeza y mirándome a los ojos dijo:

- Tienes 30 segundos para follarme lo que quieras, tú eliges. Luego seguimos con el cuestionario, cariño…

Mi polla se erizó. Mis pelos se pusieron de punta. Se me salían los ojos de las órbitas. Tomé a Marta por la cintura y le ensarté la polla en el coño sin miramientos, de golpe. Estaba tremendamente excitado. La polla se movía perfectamente dentro, pese a que me sentía apretado, generando una sensación increíble. Me dediqué a dar suaves embestidas, pero quería hacer todo lo posible por no correrme… Y tenía el semen a punto de salir...

Cuando Marta decidió que ya había sido suficiente, dio un paso adelante y me dejó con la polla en mitad de la nada…

- Ufff… Qué maravilla tienes ahí, cielo… - me aduló. – Vamos a seguir con el juego que me está gustando mucho…

(continuará…)
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Antiguo 27-oct-2017, 19:39   #83
PabloRT
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(En capítulos anteriores…)

Tomé a Marta por la cintura y le ensarté la polla en el coño sin miramientos, de golpe. Estaba tremendamente excitado. La polla se movía perfectamente dentro, pese a que me sentía apretado, generando una sensación increíble. Me dediqué a dar suaves embestidas, pero quería hacer todo lo posible por no correrme…

Cuando Marta decidió que ya había sido suficiente, dio un paso adelante y me dejó con la polla en mitad de la nada…

- Ufff… Qué maravilla tienes ahí, cielo… - me aduló. – Vamos a seguir con el juego que me está gustando mucho…


Tener mi verga en la húmeda cueva de Marta no había sino empeorado la situación. Estaba más caliente que antes. La polla me molestaba de puro dolor después de tantas horas empalmado: primero en casa de Cris, después en casa de Marta. Y el puto cuestionario seguía en marcha, aunque, la verdad, si todas las preguntas tenían final feliz, no me importaba mucho.

- Siguiente pregunta, Pablito. ¿Te puso celoso verme con otro tío por la calle aquel día?

Aquella zorra me tenía pillado. Sabía exactamente cómo dar con la tecla para que respondiera justo lo que ella quería. Estoy seguro de que estas preguntas, más que para jugar conmigo, eran para seguir alimentando su ego y, dicho sea de paso, seguir humedeciendo su coño.

- Sí, me puso celoso, pero sobre todo me puso cachondo… - Si Marta quería respuestas buenas, iba a tenerlas.
- Ajá.. Ummm… - Gimoteó un poco. – O sea, que me viste por la calle con otro, te dio morbo y te pusiste celoso y cachondo a la vez…..

Aquello no era una pregunta, era un pensamiento en voz alta que reflejaba, exactamente, cómo me sentía. Había acertado, aunque yo ya sabía aquello.

Lentamente, dio un paso al frente, me puso luna mano en el hombro y tiró de mi cuerpo hacia abajo., tocándose descaradamente el coño con la otra... No se cortaba un pelo...

- Cómeme un poco el coñito, cielo. Me ha gustado mucho tu respuesta…

Allí estaba de nuevo, en aquel edén, comiendo coño y volviendo a lubricar lo que esperaba sería el próximo alojamiento de mi polla. Marta me dejó estar allí durante, calculo, poco menos de un minuto, antes de apartarse y, poniéndose de rodillas, regalarme un espectacular morreo. Me estaba matando de morbo y placer, era una muerte lenta en busca de mi corrida, que no sabía ni cómo, ni cuándo, ni dónde iba a llegar. Aquella zorra era una experta en llevar la iniciativa con los hombres y yo, que me creía controlador en el sexo, estaba sucumbiendo como si tuviera 15 años.

-Vamos a continuar, ¿te parece? – me preguntó Marta, como si yo pudiera decidir algo. – Bueno, pero vamos a cambiar de postura.

Se alejó, se sentó en el sofá con las piernas abiertas y me llamó con el dedo. Su espalda estaba completamente horizontal y su cara me miraba con un ángulo de 45 grados. Era increíble la facilidad que tenía para calentarme.

- Pregunta, cariño. ¿Alguna vez has pensado en cambiarme por tu mujer?

Buff… Estaba jugando fuerte. Sabía de antemano todas mis respuestas.

- Irene es mi mujer
– me defendí. – Son cosas diferentes…

Durante 5 segundos, Marta me miró desafiante con sus ojos verdes y me preguntó de nuevo.

- ¿Alguna vez has pensado en cambiarme por tu mujer?
- Si te refieres a follarte a ti en vez de a ella, sí… - respondí, sin realmente contestar su pregunta.
- Creo que no me has entendido… La pregunta es si alguna vez has deseado que yo fuera tu mujer y no Irene

Estaba pillado. Si le decía que no, seguramente la cagaría… Pero la verdad era que sí, que muchas veces había pensado que Marta podría ser mi mujer y no Irene.

- Sí, sí, claro, Marta… Muchas veces… - respondí cabizbajo.
- Lo sabía, Pablito… Siempre que coincidimos en algún sitio me miras con estos mismos ojos de deseo.
- ¿Qué ojos? – inquirí.
- Los que tienes ahora… ¿Te apetece follarme un rato?

Di dos pasos y me acomodé entre las piernas de Marta. Ella mandaba, ella elegía postura, ella elegía los tiempos… Marta tenía claro cómo quería disfrutar del sexo y estaba claro que aquella tarde yo era un afortunado porque hubiera elegido mi polla para rellenar su coño.

Me puso encima de su coño y, con suavidad, introdujo mi rabo en ella. Era una auténtica gozada follarla, pero lo mejor de todo era verla. En ese momento, pensé que me gustaría verla follar así con todos los tíos. Simplemente sentarse en una butaca y contemplar cómo dominaba los tiempos ya merecía pagar una entrada. Y en ese momento, yo era el protagonista de aquella producción.

- Métemela más, cielo… Quiero tu polla dentro… - gimió.
- ¿Te gusta así? – pregunté sumiso.
- Me gustan las pollas grandes....

Las palabras de Marta reanimaban a un muerto. Me acomodé definitivamente en su coño y con las manos apoyadas contra el sofá empecé un suave mete-saca. Aquello era la gloria y, de nuevo, venían a mi mente unas irrefrenables ganas de correrme. No sé si os pasa a vosotros, pero en esas situaciones, aunque disfruto muchísimo del sexo, necesito pensar en cosas tristes o absurdas para no correrme.. Aquella era una de esas situaciones.

- Quédate quieto, Pablito.. – me despertó de mis pensamientos Marta.
- ¿Quieto? ¿Cómo quieto? – pregunté.
- Sí, no te muevas… Déjame hacer a mi… Déjame que le de a esa cosita lo que se merece…

Marta se incorporó un poco y comenzó a mover sus caderas de arriba abajo. Su coño estaba engullendo mi polla, literalmente, sin que yo hiciera nada. Aquella cueva se había convertido en una mandíbula que se tragaba la verga entera sin que prácticamente yo no tuviera que hacer nada. Era el paraíso, era el mejor polvo que había tenido en mi vida.

- Marta… Joder.. me voy a correr si sigues así… Eres una maravilla...
- No, Pablito… Antes tienes que follarme el culo, que una polla así no se puede ir sin probar todos los agujeros.
- Quiero follarte todos los días, Marta… Quiero tener esto todos los días.

Marta me miró fijamente y, sin dejar de mover sus caderas, me dijo:

- Soy tuya, Pablito. Soy toda tuya…
- ¿Tienes condones? Quiero correrme dentro de ti, no aguanto más…
- Pablito… Córrete ahora y perderás mi culo para siempre, tu verás…

Tuve que parar. Me puse de rodillas y comencé a comerle el coño para mantenerla caliente, pero no podía seguir moviéndome la polla porque me correría. No aguantaba más. La mezcla de placer y dolor era insoportable, necesitaba llenar aquella casa de semen o me iba a volver loco. Comencé una comida de coño acompañada de dos dedos, que todavía me dolían después de haber estado con Cristina. Por un momento, necesitaba tener mi cabeza fuera de allí, pero no podía. No podía dejar de chupar.

Metí un dedo en el coño y el otro, tras lubricarlo con flujo, entró por el culo. Tuvo una entrada muy suave, muy ligera. Aquel culo estaba acostumbrado a recibir todo tipo de vergas dentro. Es más, diría que Marta se había puesto lubricante en el culo, porque entraba y salía muy fácilmente…

- ¿Te gusta mi culo, Pablito? – preguntó con voz lasciva.
- Me gustas entera… - respondí antes de volver a hundir mi cabeza en é.
- Sigue, por favor… Sigue así, joooder… Me encanta cómo me comes el coño…

Saqué mi cabeza de su entrepierna y, mirándola a los ojos, le pregunté.

- ¿Qué más quieres que haga?
- Sigue, sigue, por favor… Quiero que me metas otro dedo en el culo.

En el punto en el que casi todas las tías con las que había estado me pedían parar, Marta me pedía otro dedo. Siempre un paso por delante. Siempre pidiendo más. Aquella zorra era el sueño de todo hombre. Lubriqué no dos, sino tres dedos y, juntándolos, me encaminé a perforar el culo. Cuando vi que entraban bien, al menos dos o tres centímetros, miré a Marta y me devolvió una sonrisa cómplice que me puso aún más cardíaco.

- ¿Cómo te gusta mi culoito eh?

Me parecía el séptimo cielo. Me estaba follando, por fin, a Marta, con su botas puestas, en su casa, tumbada en su sofá, abierta de piernas… Estuve unos minutos así, hasta que me incorporé para, definitivamente, meterle la polla en el culo. No podía más, quería follar la puerta trasera de la tía que más cachondo me ponía del mundo. Y tenía la firme intención de correrme dentro, le gustara o no…

- ¿Qué haces? – preguntó curiosa.
- Voy a follarte el culo, voy a follarte ese culo que tienes…
- No, Pablito… Primero te toca pregunta…
- Vale, vale, dime - Me daba igual ya todo. No me importaba si había preguntas o no, el juego me parecía absurdo pero si eso significaba meter la polla en esa cueva, adelante con el juego.
- La pregunta es… ¿Te follaste a Cristina Romero en tu viaje a Suecia?

Joder… Me quedé tieso. No se me bajó la erección porque creo que mi sangre ya no encontraba la forma de salir de la polla después de tantas horas…

- No! – respondí nervioso. – Además… ¿cómo...? No, claro que no…

Marta me miró, se rió y colocó su mano de nuevo en el coño, iniciando una lenta masturbación que no podía dejar de mirar.

- Pablo… Ya te conozco un poco después de esta tarde, cielo. Y por esa cara que has puesto...– hablaba con voz melosa, tocándose sin parar el coño y mirándome a los ojos… - Irene me ha dicho que no habéis hablado todos estos días y estaba muy mosqueada porque no le habías contado que ibas con esa tía.

Estaba realmente pillado. Si quería culo, tendría que confesar. Y aquella zorra lo sabía todo, solo con mirarme.

- ¿Qué pinta Cristina en esto, joder? – pregunté nervioso.
- Quiero estar seguro de qué pollas meto en mi cuerpo, cielo… Si no me dices la verdad, lo sabré… Y te quedarás sin catar este culito.

En ese momento, Cris se incorporó, y me dejó de rodillas mirando hacia arriba.

- Cómeme un poco el coño mientras piensas la respuesta, cariño…

Obedecí. Metí mi cabeza en lo más profundo de su coño mientras mi amante me cogía por la cabeza y me apretaba contra ella. Allí me encontraba muy a gusto, porque no podía hablar y, por lo tanto, no podía decir nada…. Si le confesaba a Marta que me había follado a Cris se lo podría contar a mi mujer… Aunque si no se lo contaba, ya me estaba follando a Marta directamente.. .El lío estaba asegurado, pero en mi cabeza solo existía la palabra: “culo”.

- Necesito una respuesta, mi vida… - me apremió Marta entre gemidos. – Necesito saber si tu polla me va a rellenar hoy el culo o si tengo que salir esta noche a buscar otra…

Me puse de nuevo a cien. Aquella zorra me estaba manipulando y yo, la verdad, estaba en la gloria. Sabía que no era mentira lo que decía: si yo no la follaba como es debido, saldría a buscar otra presa, seguro. Me retiré un poco de su coño para hablar.

- Marta, mira… Diga lo que diga, tú vas a pensar que me la follé… ¿Qué sentido tiene?
- Quiero que me digas la verdad, Pablito… Yo confío en ti…
- No, Marta. Es una compañera y fuimos a trabajar…
- No te creo, cielo… No te creo…Viendo cómo te estas portando hoy, no me creo que no te hayas follado a esa esta semana... Pero estás de suerte…

Sucedió, entonces, lo que llevaba años esperando… Marta se levantó, sin quitarse las botas, por supuesto, fue caminando hacia la habitación moviendo su hipnótico culo. La seguí… Afuera ya era de noche, no sé cuántas horas llevábamos allí… Cuando llegué a su habitación, la imagen era de auténtico ensueño: Marta estaba a cuatro patas, en un lateral de la cama.

No hizo falta decir nada: me situé detrás. Me coloqué. Tiré de su melena rubia hacia arriba para tenerla más cerca de mi. La agarré por la cintura con la otra mano y, con sumo cuidado, intenté meter mi polla en su culo. No hubo palabras, solo gemidos. No dijimos nada, pero poco a poco, con la presión, mi polla fue entrando. Solté su melena y me dirigí a sus tetas: pocas cosas me gustaban más que agarrar dos melones desde atrás. Empecé a empujar con mi cadera hasta que la polla estuvo más o menos dentro. Comencé un balanceo suave y progresivo. Estaba dispuesto a correrme, pero quería aguantar un poco más. No sabía si Marta se había corrido ya, pero aquello era mi premio al final del camino después de toda la tarde. Si se corría, podría seguir alimentando mi ego, pero si no, al menos liberaría mis huevos de tanta tensión.

Aceleré un poco, mientras con mi mano seguía recorriendo el cuerpo de mi diosa. Me parecía una auténtica maravilla y un afortunado por poder acariciar esas curvas. La obligué a poner la cabeza en el colchón y, por primera vez, noté cierta sumisión en sus gestos… Se estaba dejando hacer. Tocaba su culo y, en un acto instintivo, escupí un poco sobre él para mejorar la lubricación de mi polla. No hacía falta, pero me daba morbo. Todo era morbo. Toda la tarde había sido de una sensualidad casi desesperante, pero al final tenía mi premio. Me estaba follando el culo de Marta y tenía la firme intención de terminar dentro.

- Ahora vas a hacerme caso, Martita… - le pedí con voz firme. – Vas a meter una mano por debajo de tu cuerpo y te vas a tocar el coño mientras te follo el culo.
- Sí, voy, umm…. Qué rico, joder… - respondió.
- Voy a hacer que te corras y, en cuanto empieces, voy a echar toda mi leche en tu culo, vale?
- Ufff… Pablo… Qué bueno… Qué ganas tenía de tenerte dentro. Qué rica polla tienes.

Su mano ya estaba trabajándose el coño. El plan empezaba a surtir efecto. Seguía bombeando pero la polla ya no me respondía. Si tenía que correrme, esa orden tenía que llegar del cerebro, porque mi verga no daba más de sí. Estaba dura, no tanto como hacía un rato, pero lo suficiente para mantener el vigor de las paredes del culo de mi musa.

- Pablo… Tío.. Qué bueno, me voy a correr… mucho… Va a ser bestial, oooohh

La mujer más sexual con la que había estado nunca estaba a punto de derramar su orgasmo siendo sodomizada por el marido de su mejor amiga. Un minuto después, su corrida llegó precedida de unos gemidos que evolucionaron a gritos…

- Joder… Qué bueno… Me estoy corriendo mucho… Ohhh….

Eran gritos en toda regla. Ni me molesté en mandarla callar, al fin y al cabo era su casa y no sería el primero que la había hecho correrse a sí. Los vecinos estarían ya acostumbrados...

- Dámelo, zorrita, dame todo eso que tienes dentro…
- la animé…
- Oh… joder qué bueno....

Yo, mientras, me dejé llevar. Solté su culo y dejé que sus propios movimientos guiaran mi polla hasta correrme. Fue fácil. La explosión previa fue tan intensa que me encorvé sin querer y tuve que dejarme caer sobre el cuerpo de Marta. Sudábamos y estábamos llenos de flujo por todas partes. 20 segundos después de esa primera explosión, el mundo se detuvo y de mi polla salieron chorros de semen como nunca había sentido. Seguramente no fue mucha cantidad, no os voy a engañar, porque llevaba una semana intensa de corridas, pero la cantidad de embestidas y sacudidas fue brutal. Literalmente la aplasté mientras dejaba caer mi leche en su culo.

No dije nada. No podía hablar. Me había follado a Marta en su cama. Le había comido el coño, me había comido el rabo, la había penetrado por delante y había descargado mi leche por detrás.

La realidad había superado, con mucho, mi sueño. Os parecerá demasiado idílico que nos corriéramos a la vez, pero la realidad es que cuando ella se corrió yo tuve que hacerlo por puro instinto.

- Qué bueno, Pablo, tío… Qué pasada… - me dijo cuando me incorporé.

Yo estaba zombie, incluso un poco mareado.. Me tumbé en la cama, abrí las sábanas y la atraje hacia mi. Le di un morreo cerdo, con todos los flujos, chupando su lengua. Estaba feliz.

- ¿Te quedas a dormir, verdad? – me preguntó Marta antes de meterse en las sábanas…
-¿Me das permiso? – respondí…

Se acostó junto a mi y no tardé ni 10 segundos en quedarme profundamente dormido. y relajado.

(continuará…)
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Antiguo 27-oct-2017, 19:55   #84
OOAA
Ultra Mega Pajillero
 
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EXCELENTE RELATO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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Antiguo 27-oct-2017, 20:23   #85
viciosinfin1973
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Brutal Pablo
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Antiguo 28-oct-2017, 12:59   #86
dunedain
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Thumbs up

Gracias pablo por los relatos y por describir tan minuciosamente los detalles y situaciones . es un placer leerte
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Antiguo 29-oct-2017, 16:59   #87
PabloRT
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Gracias a todos por los comentarios, animan a seguir.

Pero, si os soy sincero, me gustaría que me dijerais si hay algo que se pueda mejorar en los relatos para hacerlos más atractivos para todos.

A vuestras órdenes!
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Antiguo 29-oct-2017, 19:29   #88
joketetas
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Empezado por PabloRT Ver Mensaje
Gracias a todos por los comentarios, animan a seguir.

Pero, si os soy sincero, me gustaría que me dijerais si hay algo que se pueda mejorar en los relatos para hacerlos más atractivos para todos.

A vuestras órdenes!
Para mi, estan perfectos
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" Fuerza y honor "
joketetas is offline   Citar -
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Antiguo 31-oct-2017, 13:55   #89
cidcabreador
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Genial¡¡¡
__________________
Concedeme un instante, tal vez resulte interesante.


http://www.pajilleros.com/showthread.php?t=72505

http://www.pajilleros.com/relatos-ex...cubriendo.html
cidcabreador is offline   Citar -
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Antiguo 18-nov-2017, 00:21   #90
migar82
Pajillero Novato
 
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Mensajes: 10
Gracias 3 Veces en 3 Posts
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Excelente el relato y la manera en la que escribes!!
Te ánimo a que continúes contando tan excitante historia!! Mis felicitaciones!!
migar82 is offline   Citar -

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