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Tus Relatos y experiencias - El día que los suecos cambiaron mi vida Herramientas
Antiguo 09-feb-2017, 13:38   #1
PabloRT
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Predeterminado El día que los suecos cambiaron mi vida

Amigos... Llevo mucho tiempo leyendo vuestros relatos. Y os estoy muy agradecido por ello.

Pero ya es hora de que os cuente lo que me ha pasado en el último año...

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Salí tarde de la oficina. Debían ser las ocho o las nueve cuando por fin pude apagar el ordenador, meter todo de nuevo en el maletín, agarrar el abrigo y salir zumbando escaleras abajo en busca de la libertad. Mi jefe había tenido la feliz idea de encargarme otro informe para los compradores suecos justo el viernes por la noche. Y allí estaba, en la puerta, cuando me iba…

- Pablo, por favor, recuerda enviar mañana a primera hora el PDF con los datos de 2016. Que no nos pase como la última vez….

Mi jefe, con aire paternal, se refería al último informe que la gente del fondo de inversión nos había pedido. Y que, por mi culpa, había llegado tarde…

- Claro, Fer, no te preocupes. Esta noche saldré a cenar fuera, pero mañana a primera hora lo tendrás.

Trabajar el sábado por la mañana ya se había convertido en norma en aquella empresa, pero, por lo menos, lo compensaban con algunos días de vacaciones y, sobre todo, un suelo mucho mejor de lo que se solía pagar en otras empresas del sector.

Cuando salí a la calle, el ambiente era claramente de viernes noche. En pleno mes de enero, aunque hacía frío, la calle bullía con gente de todas las edades. Salí del edificio, me abrigué bien y caminé los 150 que separaban la oficina de nuestras plazas del garaje. Entré, bajé caminando hasta el segundo sótano, me monté en el coche y salí dispuesto a volver a casa para recoger a mi mujer y salir a cenar, tal y como le había prometido.

En cuanto me subí al coche y conecté la música, todo pareció volver a la normalidad. Subí la rampa, giré en el calle y me zambullí de pleno en el tráfico infernal de un viernes por la noche en Madrid.

Mientras avanzaba a duras penas por el tráfico, en un semáforo en rojo, iba creando una alarma en el teléfono para no olvidarme de enviar el informe a los suecos. Mientras escribía y lentamente avanzaba, ya con el disco en verde, miré a lo lejos y me pareció ver una silueta conocida.

Dejé el teléfono por un momento y me centré en la acera, a mi derecha. Entre la gente, caminando lentamente, avanzaba una chica rubia, con unas botas altas, al lado de un chaval algo más joven que ella. Iban hablando tranquilamente y de vez en cuando se reían. El claxon del coche que me precedía me despertó de mi letargo. Efectivamente, aquella chica era Marta….

Llegué a casa 20 minutos después y mientras esperaba en la calle, dentro del coche, a que mi mujer bajara, no me podía quitar la imagen de la cabeza. ¿Era de verdad Marta o lo había soñado yo? ¿Qué hacía paseando por aquella zona? Y, sobre todo, ¿quién era el tío aquel que la acompañaba? Los golpes de mi mujer en la ventanilla me volvieron a sacar de mi letargo. Desbloqueé las puertas y entró. Mi mujer no tenía nada que envidiar a Marta: rubia también, poco más de 1,65, un cuerpo fibrado y bien trabajado en el gimnasio y una sonriente cara te dejaban claro que, aunque no era una belleza escultural, poseía muchísimos encantos que a cualquier hombre le harían perder la cabeza.

Pero…. Marta… Marta era otra cosa. Rubia, casi 1,75, un talla 95 o 100 de pecho y un culo excepcionalmente moldeado. Su cuerpo era espectacular, pero lo que más me gustaba de ella era su mirada. Dos ojos verdes te penetraban al mirarte y, por decirlo de alguna manera, te dejaban KO por su lascivia natural. Marta era pura lujuria. Había sido compañera de mi mujer en su primer empleo y, aunque me consta que hablaban a menudo, ya no tenían la relación tan cercana que se tiene entre compañeros. Incluso había estado en nuestra casa varias veces. Marta era una eterna soltera: solo se le habían conocido un par de novios formales y, si tenía ligues esporádicos, no solía contarlos… No a mi, al menos….

- ¿Qué tal el trabajo, cariño? – preguntó mi mujer mientras me sacaba, de nuevo, de mis pensamientos.
- Bien, sin novedad – le dije volviendo al mundo terrenal. – Fernando me ha encargado otro informe para los suecos y se lo tengo que enviar mañana por la mañana.
- ¿Prefieres no salir a cenar?
- No, no, no te preocupes. Vamos a cenar, tomamos algo por ahí y ya lo terminaré mañana a primera hora – respondí sonriente.

Mientras conducía de nuevo al centro de Madrid por la A-6, Marta volvía de nuevo a mi cabeza. Mi mujer cogió el teléfono para elegir algo de música y mis pensamientos volaron de nuevo a aquella calle y, una vez más, a preguntarme quién sería el tío aquel que iba con ella. No tenía derecho alguno a sentirme celoso, obviamente, pero verla en aquella actitud con él había despertado en mi algún tipo de instinto desconocido. No era la primera vez que fantaseaba con ella, estaba claro, pero esta vez me notaba diferente. Me había puesto celoso y, a la vez, cachondo… Marta era un sueño para mi: me parecía alguien inalcanzable tanto por la relación que tenía con mi mujer como por su físico privilegiado. No era altiva, pero, desde luego, sabía el efecto que su cuerpo y su lascivia provocaban en tipos como yo.

- Pablo, ¿me estás escuchando? – repitió mi mujer
- Sí, perdona, cariño, es que estoy dándole vueltas al tema de los suecos – mentí.
- Si es tan importante, ¿no crees que es mejor quedarnos en casa y no salir? – me preguntó comprensiva.
- No, de verdad, perdona. Me vendrá bien airearme y salir juntos, que esta semana casi no nos hemos visto.

No quería mentirle a mi mujer, pero tampoco me parecía la mejor idea decirle que estaba fantaseando con su amiga Marta. Decidí intentar quitármela de la cabeza aunque, la verdad, no sé qué me pasaba…

- Me han dicho que hay un japonés nuevo en la zona del Barrio de Salamanca – le dije para demostrar que mis pensamientos ya estaban de nuevo con ella.
- Podemos probar a ir hoy. Aunque, si es nuevo, habrá que reservar con tiempo – me respondió.
- Mira, vamos hacia allí y probamos. Si no hay sitio, buscamos alguna alternativa. Lo importante es que estemos juntos un rato – le dije.
- Me parece bien, que a ti te hace falta airearte un poco….

Diez minutos después, estaba entrando de nuevo en el aparcamiento del trabajo. Aunque esta vez, obviamente, tenía otro destino… Dejé el coche en mi plaza, salimos y nos dirigimos hacia el restaurante japonés. De camino, al pasar, ahora caminando, por la calle donde había visto antes a Marta, no pude evitar pensar de nuevo en ella. Incluso temí, por un momento, que estuviera por la zona… ¿Y si nos encontramos con ella?, pensé. Inmediatamente me di cuenta de que encontrarnos con ella era una posibilidad bastante remota y, en todo caso, no sería culpa mía…

- Pues parece que hay sitio - me dijo Irene, mi mujer, en cuanto llegamos al “Fuji”, el nuevo japonés de moda en la ciudad.
- Vamos a preguntar, por si acaso, que en estos sitios suele haber muchas reservas – contesté escéptico.

Nada más entrar, un joven japonés (u oriental, al menos), nos atendió en un español un poco primario, pero nos confirmó que había mesa libre y que, efectivamente, habían abierto hacía solo 15 días. Nos sentó en una mesa bastante grande, decorada con motivos japoneses y, cómo no, una escultura del monte Fuji.

- Me gusta este sitio – me dijo Irene mientras me daba un beso en la mejilla – Gracias por traerme.
- Te quiero, cariño - le dije intentando quitar de mi mente la imagen de Marta con su nuevo amigo…

Pedimos un par de menús degustación, vino y empezamos a hablar de todo un poco. La conversación con mi mujer me ayudó a olvidarme del trabajo, aunque el alcohol hizo que en los tiempos muertos mi cabeza no dejara de pensar en Marta. ¿No era demasiada casualidad que estuviera justo en la zona alrededor de mi trabajo? ¿Qué hacía allí? Me sentía estúpido por pensar una y otra vez en una situación que era absolutamente casual. Mi yo racional se preguntaba una y otra vez por qué le daba tantas vuelta a una tontería como aquella. Pero mi yo pasional no podía dejar de pensar en aquellas botas altas de Marta. ¿Qué llevaría debajo? Me la imaginaba con unos vaqueros ajustados y una camisa escotada… Me estaba poniendo malo solo de pensar en lo que haría con aquel tío esta noche…

- La semana que viene tengo viaje de curro a París – me dijo Irene . – Un cliente va a abrir una delegación en Francia y necesito ir a hacer proceso de selección.

Mi mujer es experta en Recursos Humanos y trabaja en una consultora que ayuda a otras empresas en la contratación de personal. Gana mucho más dinero que yo y está muy bien posicionada, aunque ella está más por la labor de que formemos una familia…

- ¿Qué día te vas? – le pregunté. – Hacía bastante que no viajabas, ¿no?
- Desde que estuve en el congreso de Barcelona no había vuelto a coger el avión… Y de eso debe hacer un par de meses, creo…
- ¿Vas sola? – comenté.
- Viene también Andrea. La empresa es grande y hay que contratar a 200 personas. Estaremos allí de martes a viernes seguramente…

¡Andrea! Andrea había sido también compañera de Irene, mi mujer, en su primer trabajo. Allí se habían conocido y, a su vez, habían conocido a…. ¡Marta! Me pareció demasiada casualidad, aunque mi “yo racional” me recordó, de nuevo, que esas casualidades eran fruto de lo excitado que estaba por ver a Marta.

- ¿Y Andrea qué tal está? Hace tiempo que no la veo…
- Bien, sin novedad. Sigue saliendo con aquel chico alemán y creo que se van a vivir juntos el mes que viene.

Andrea es una tía muy agradable. Puedes hablar con ella de lo que fuera y es muy cariñosa y atenta. Yo siempre he dicho que si se cuidara un poco más sería un pibón, pero… Está más por la labor de trabajar y leer, que es su gran pasión.

- Pues me alegro por ella, me parece muy buena tía.

Me sorprendí a mi mismo por el comentario. Y, por la mirada de mi mujer mientras bebía, también ella. Casi nunca opinaba sobre las amigas de mi mujer pero, definitivamente, aquella noche me estaba pasando algo raro. Quizás el alcohol, no sé…

- Sí, la verdad es que sí. A mi me cae muy bien, es una excelente compañera de trabajo pero también una de mis mejores amigas – contestó ella, continuando con mi comentario.
- ¿Y ese chico de Alemania se va a quedar a vivir aquí? – interrogué.
- ¿Hans? Sí, supongo. No sé, bueno. Andrea no habla mucho sobre eso. Creo que le preocupa iniciar una relación con alguien de fuera por lo que pueda pasar dentro de unos años.
- Entiendo – musité dejando que continuara
- Ella está feliz con él, pero claro, su familia está allí, la de ella en Extremadura y creo que piensa que todo es un poco lío.
- Ya, bueno, no es fácil – murmuré de nuevo.
- El tiempo lo dirá, supongo que estas cosas no se pueden planificar.
- Desde luego – contesté.


Mientras mi mujer hablaba, yo tenía un hojo en la carta de los postres. Elegí uno casi al azar en cuanto vi al camarero y volví a la conversación.

- Perdona, cariño, te he interrumpido – me disculpé.
- No, no, tranquilo – me respondió. – Por cierto, no te vas a creer quién se ha echado novio…

No necesitaba más explicaciones, aunque fingí sorpresa. El fulano que iba caminando con Marta de la mano era su nuevo novio…

- Ni idea, dime…. – le dije con aire sorprendido
- ¡Marta! –dijo Irene ahogando un grito. – Está saliendo con un chico que ha conocido en su trabajo nuevo.
- ¿Trabajo nuevo? – Ahora sí que no entendía nada..
- ¿No lo sabías? Marta está trabajando en KPMG ahora. Ahora que lo pienso, eso está aquí al lado, ¿no?
- – le dije – dos calles más debajo de nuestro edificio.
- Pues eso. Lleva allí un mes y ayer me escribió para decirme que se había liado con un compañero…
- ¡Caray! – dije fingiendo algo entre sorpresa y emoción.
- Ya es hora de que tenga algo serio, aunque no sé si llegará muy lejos…
- ¿Por qué lo dices? – pregunté curioso.
- Bueno, no sé. Marta es … Así – terminó la frase pensativa.

Mientras nos servían el postre tuve un momento para reflexionar. Estaba noqueado. “Marta trabaja a 150 metros de mi oficina y tiene un rollete nuevo”, pensaba una y otra vez. Negar que no había pensado en ella desde la última vez que la había visto sería absurdo, porque es cierto que había muchas situaciones en las que la recordaba. Pero hoy era diferente. Haberla visto por la calle con aquel tío y saber que estaba trabajando a dos pasos de mi oficina hizo que me imaginara lo fácil que sería quedar con ella alguna tarde. Fue en ese momento, mientras el camarero se alejaba, cuando decidí que necesitaba follar con Marta.

-

(continuará....)
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Antiguo 13-feb-2017, 14:03   #2
PabloRT
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En el capítulo anterior….

Haberla visto por la calle con aquel tío y saber que estaba trabajando a dos pasos de mi oficina hizo que me imaginara lo fácil que sería quedar con ella alguna tarde. Fue en ese momento, mientras el camarero se alejaba, cuando decidí que quería follar con ella.



Después de aquella cena del viernes, el fin de semana pasó sin pena ni gloria… El sábado, básicamente, nos dedicamos a dormir y descansar. Previamente, eso sí, dejé enviado mi informe a los suecos y, por lo menos, cualquier tema relacionado con eso quedaría para el lunes. El domingo, un par de comidas familiares hicieron que la vuelta al trabajo fuera visto y no visto…

En el fondo, una parte de mi deseaba que fuera lunes para volver a la oficina y poder estar más cerca de Marta. Era absurdo, porque las posibilidades de verla eran ciertamente mínimas. Además, no sabía sus horarios, ni cómo iba a trabajar. El hecho de haberla visto el otro día de manera tan fortuita y de haber tenido aquella conversación con mi mujer despertaba en mi un sentimiento de culpa. Quizás me estaba convenciendo a mi mismo de que lo mejor era dejar de pensar en Marta si no quería poner mi matrimonio en peligro… El problema es que no podía… Aquellas botas altas me tenían loco perdido…

Llegó el lunes y me fui a trabajar. De camino al trabajo, imbuido en el tráfico, no dejaba de darle vueltas a la posibilidad de mandarle un mensaje a Marta para preguntarle… Algo, lo que fuera. Con la excusa de que su nuevo trabajo estaba cerca del mío, quizás podía quedar con ella… Sonaba un poco ridículo: Marta y yo éramos amigos, si es que se puede decir así, simplemente porque mi mujer y ella lo eran. No habíamos quedado nunca juntos, no teníamos mucho de qué hablar y ni siquiera nos gustaban las mismas cosas… Salvo las botas altas... Enviarle un mensaje podría ser una buena idea, pero que eso sirviera para quedar con ella era ciertamente improbable…

- Buenos días, Pablo. ¿Has descansado? Tenemos jaleo hoy…

Mi jefe siempre tenía una buena manera de alegrarme los lunes…

- Los suecos ya nos han escrito – continuó sin dejarme hablar. - Les gusta el documento que les has enviado, pero quieren aclarar algunos puntos. Tenemos una call a las 11:00, ¿la hacemos en mi despacho?– disparó sin piedad.
- Claro, Fernando, dame un rato para organizarme y me paso por allí.

El día iba a ser duro. Las llamadas con los suecos solían prolongarse horas y, desde luego, no eran la cosa más divertida del mundo…

Al llegar a mi despacho y dejar el teléfono en la mesa, tuve la primera tentación. Abrí el “Whats” y fui directo a mirar la foto de perfil de Marta. ¿Cómo podía tenerme tan enganchado simplemente por haberla visto con otro tío por la calle? ¿Eran celos? En su foto, en bikini, estaba tumbada en la arena, con una rodilla levantada y el pecho elevado. Sentado ya en la silla, mi otra mano se acercó al pantalón y empecé a tocarme por encima de la tela. Marta estaba jodidamente espectacular en aquella foto. Mientras me masajeaba la polla con discreción, comencé a escribir un mensaje con la otra mano. No sabía si sería una buena idea, pero en ese momento no era mi cabeza la que tomaba las decisiones…

- Hola, Marta. ¿Qué tal?

El mensaje estaba enviado. La primera piedra estaba tirada. Mientras tanto, capturé la pantalla con aquella foto de Marta y la metí en una carpeta independiente en la galería de fotos.

- Pablo, tienes que venir un momento, por favor – Fernando abrió la puerta bruscamente para sacarme de mis sueños…

- Sí, claro, ya voy.


¡Buf! Mi propio jefe casi me había pillado tocándome mientras miraba la foto de perfil de Marta… Aquel asunto se me estaba escapando de las manos. Salí del despacho, me recompuse, guardé el teléfono en la chaqueta y me dirigí al despacho de Fernando.

- Dime, Fernando.
- Verás, Pablo – me dijo con voz amable. – A los suecos les ha gustado tanto tu informe que quieren que vayas allí a explicarlo en persona. Así que cancelamos la llamada de hoy...

Mientras me guiñaba un ojo felicitándome por el trabajo, sonreí moviendo la cabeza afirmativamente.

- Vaya –acerté a decir – supongo que eso es bueno.
- Es bueno, Pablo, es bueno – contestó rápido. – Sobre todo para la empresa, porque si les gusta, seguramente estén dispuestos a firmar la compra de nuestro cliente. Así que, no sé cuántas ganas tienes de ir a Suecia, pero mañana por la mañana tienes que coger un vuelo.
- Claro, sí – musité…
- Habla con mi secretaria y que te coja los billetes y el hotel en Goteborg. Dile de mi parte que no se corte, necesitamos dar buena imagen delante de esta gente.
- Genial, muchas gracias, ahora voy.

Aquello era una gran oportunidad, pero también una encerrona. Ir a Suecia a presentar aquel proyecto significaba confiarme una venta de 25 millones de euros. El futuro de la empresa no estaba en mis manos, desde luego, pero cagarla allí, con aquellos inversores, podría suponer mi despido.

Mientras salía del despacho para hablar con Ana, la secretaria de Fernando, él me gritó desde su mesa.

- ¡Por cierto, Pablo!
- ¿Sí? – pregunté mientras volvía
- Te acompañará Cristina, de financiero. Quiero apuntalar bien los números y no quiero que se te escape ninguna cifra.
- De acuerdo – contesté, sin fingir mi enfado por su comentario.

Mientras salía del despacho para reservar mis billetes, recordé a Cristina: no debía tener todavía 30 años, pelo moreno, tetas grandes y un culo majestuoso. Me iba a ir a Suecia con uno de los bombones de la oficina. No teníamos mucho trato, pero las veces que habíamos coincidido habíamos encajado bien.

Ya en la mesa de Ana, le recordé lo que me había dicho el jefe. Ana es como una madre para mi. Me conoce desde que entré en la empresa y tiene ese instinto natural para saber lo que estoy pensando en cada momento.

- Ana, dice Fernando que queremos dar buena imagen en Suecia…
- ¡Ajá! Lo entiendo – respondió Ana. 1,70, 55 años, pelo rubio y, para entendernos, una de las personas más eficientes del mundo.
- ¿Qué significa eso? – pregunté.
- Volarás en business, tienes un Volvo de alquiler y dormirás en el Hilton de Goteborg. Ese es el protocolo de viaje a Suecia cuando queremos impresionar – respondió casi mecánicamente.
- Perfecto, muchas gracias. Y, por cierto, me ha dicho que viene Cristina también.
- ¿Cristina Romero? – preguntó casi riéndose Ana.
- Sí… ¿por?
- Pórtate bien... – me respondió guiñando un ojo.

¡Joder! Sonreí y le di las gracias a Ana mientras volvía a mi mesa. Al llegar, casi me tiré en la silla y planifiqué mentalmente cómo serían mis próximas horas. Tendría que llegar a casa, hacer la maleta y acostarme pronto. Apenas 10 minutos después, sonó en mi teléfono el aviso del correo electrónico con la reserva del billete, el coche y el hotel. ¡Qué eficiencia la de Ana!

Y, además, tenía otra sorpresa. Abrí mi “Whats” y allí estaba. Hacía 25 minutos que me habían escrito un mensaje.

- “Hola, Pablo! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?”

Algo en mi entrepierna empezó a crecer.

Marta me había contestado.

(continuará...)
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Antiguo 13-feb-2017, 16:06   #3
Contranatura
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Que buena pinta tiene este relato.....
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Antiguo 14-feb-2017, 00:46   #4
PabloRT
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En el capítulo anterior….

Y, además, tenía otra sorpresa. Abrí mi “Whats” y allí estaba. Hacía 25 minutos que me habían escrito un mensaje.

- “Hola, Pablo! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?”

Algo en mi entrepierna empezó a crecer.

Marta me había contestado.


-

Era completamente de noche cuando salí de casa. Mi mujer aún dormía, aunque su despertador no debía tardar mucho en sonar. Había quedado en recoger a Cristina por su casa para ir juntos al aeropuerto. Cristina vivía, y todavía vive allí, en un barrio justo al lado del aeropuerto, así que el trayecto me pillaba de camino. Cuando la recogí era todavía de noche, aunque las primeras luces del alba comenzaban a brillar en el horizonte.

- Hola, Cris. ¿Qué tal? – la saludé con dos besos.
- Pablo, menudo madrugón… Estoy medio dormida aún

Hacía tiempo que no la veía. Pese a que trabajábamos en la misma empresa y compartíamos algún que otro cliente, Cristina se movía en los círculos del área de financiero. Demasiado exclusivo para los que no manejamos los números con soltura. Pero, todo hay que decirlo, Cris era un chica encantadora. Siempre que la veía me preguntaba si siempre era así de agradable… Ahora tendría cuatro días por delante para comprobarlo.

- Ayer, cuando me escribiste, no me imaginaba que fuera verdad que tuviéramos que ir a Suecia hoy – me dijo Cristina nada más arrancar. – Tuve que llamar a Fer para que me lo confirmara.
- ¿Y por qué iba a yo a engañarte? – le contesté con una sonrisa.
- Bueno, no sé… Me sonaba un poco raro, así, de repente, tener que ir a Gotemburgo.
- ¡Goteborg! Cris, recuerda que nuestros clientes son suecos… - le reproché con cariño.
- Eso, bueno, Gotemborg o como se diga. - nos reímos.

En 10 minutos llegamos al aeropuerto. Aparqué y caminamos a la terminal. El vuelo salía a las 7 y teníamos una escala en Alemania… Menudo día nos esperaba…

- Bueno, Cris, cuéntame. ¿Qué es de tu vida? Desde que te moviste de planta no he sabido nada más de ti ....– le pregunté mientras esperábamos al café.
- Poca novedad… Todo igual – contestó sin dar demasiados detalles.

Aquella chica era encantadora, la verdad. Era fácil enamorarse de ella. Siempre tan elegante, tan educada… Al oirla hablar, cualquiera diría que no había roto un plato nunca y, la verdad, no me creía que lo hubiera roto. Pero había algo que no cuadraba con sus formas: su cuerpo. Era muy delgada, demasiado para mi gusto, pero eso, quizás, le hacía tener unas tetas más grandes de lo normal, algo que ella tampoco se molestaba mucho en disimular. Aquella mañana, llevaba unos zapatos planos con un vaquero ajustado y una camisa con varios botones desabrochados. No teníamos ninguna reunión y se había puesto informal, aunque cuando se vestía para trabajar siempre solía llevar trajes de chaqueta y pantalón que te dejaban desarmado… Al menos así era cuando trabajaba en mi planta…

- Yo pago – me adelanté al recoger los cafés. – Bueno, paga la empresa. O los suecos. O yo qué sé, ya no sé ni de quién somos propiedad…
- Ya, la verdad… Menudo lío de empresa tenemos - contestó riéndose.

Cris estaba rara aquel día. Lo achaqué al sueño, porque, desde luego, esas no eran horas de estar en ningún otro sitio. Pero, aunque se reía y actuaba normal conmigo, notaba sus ojos apagados.

- ¿Has traído todos los papeles con los números? – le pregunté, ya más serio.
- Sí, pero no te preocupes, está todo en la nube, así que al llegar allí nos podemos conectar – me tranquilizó.
- Fer no quería que vinieras, pero insistí – mentí. – Me siento más seguro si me ayudas con los números – volví a mentir.
- … - Cris me miraba sonriendo.
- Sé que es una faena tener que madrugar, pero espero que cerremos la operación bien – terminé.

¿Por qué mentía? Cristina era una chica muy agradable, pero no le debía nada… Para esta operación, habría preferido viajar solo, a mi aire. Sin dar explicaciones. Pero, por algún motivo, quería llevar a Cris a mi terreno. Desde el viernes me notaba raro: aquella visión de Marta me había dejado un poco tocado y casi cuatro días después seguía actuando de una manera extraña… Demasiadas hormonas fluyendo por la sangre.

- Mejor nos vamos a la puerta – dijo por fin Cris. – Vamos a pasar el control y esperamos allí.
- Sí, mejor, aunque está todo muy tranquilo ahora.

Tras pasar los controles de seguridad, vacíos, me dispuse a apagar el móvil. A esa hora era muy improbable que nadie me llamara. Escribí un “whats” a mi mujer para desearle buen viaje y decirle que la llamaría cuando llegara a Suecia. Ni el día anterior ni hoy le comenté que venía con Cris… No quería levantar sospechas aunque me daba la impresión de que yo mismo tenía cosas que ocultarme…

- Cris, acuérdate de apagar el móvil – le dije casi sin mirarla.
- Sí, ya lo tengo apagado. Cuando me subí en el coche lo apagué.

Mientras repasaba correos pendientes de respuesta y mensajes del día anterior, pensaba si sería una buena idea responder al mensaje de Marta del día anterior. No sé por qué no le había contestado ya… Ahora, al fin y al cabo, tenía cuatro días por delante en los que, quisiera o no, no iba a poder verla.

- “Todo bien, Marta! Oye, me han dicho que ahora trabajas cerca de mi oficina”.

Tecleé rápido y con cierto temor… No sabía si Marta y mi mujer podrían hablar esos días o si ella le podría contar algo de esto… La verdad es que no había hecho nada malo, pero creo que a Irene, mi mujer, le sorprendería saber que me estaba enviando mensajes con Marta. Llevaba cuatro días obsesionado con ella. Cuatro días pensando cómo abordarla para intentar quedar con ella a cualquier hora, con cualquier excusa. Había bastado verla por la calle con aquel fulano para despertar un instinto que creía dormido… Estaba claro que Marta me atraía desde hacía tiempo, pero nunca me había planteado nada….

- ¿Estás bien? – me preguntó Cris cogiéndome del brazo.
- Sí, sí, claro. ¿Por? – respondí acercándome a ella.
- No sé, estabas raro.
- Nada, tranqui, es que acabo de recordar que olvidé enviar un mensaje – mentí. - Vamos a la puerta a ver si está ya el avión.

Cristina pareció resignada y no soltaba mi brazo. Aquella chica estaba rara. Pero tenía cuatro días por delante para saber qué le pasaba. Nos levantamos, la cogí del hombro y arrastramos las maletas hasta la puerta.

(continuará…)
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Antiguo 14-feb-2017, 08:35   #5
PabloRT
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Empezado por Contranatura Ver Mensaje
Que buena pinta tiene este relato.....
Gracias, Contranatura. Da ánimos saber que alguien lee el relato!
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Antiguo 14-feb-2017, 12:07   #6
john10marston
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Otro que te lee por aquí... con ganas de saber como sigue
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Antiguo 14-feb-2017, 12:46   #7
josechafer
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esperando como sigue
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Para que echeis un vistazo.../chicos/70925-fotos-uso-disfrute-tod-s.html
Interesante...
/relatos-experiencias/70975-deseo-se-follen-mujer.html
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Antiguo 14-feb-2017, 15:37   #8
percutor74
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Impaciente esperando la continuación. Pinta muy muy bien ese viaje.
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Antiguo 14-feb-2017, 22:13   #9
PabloRT
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En el capítulo anterior…

Cristina pareció resignada y no soltaba mi brazo. Aquella chica estaba rara. Pero tenía cuatro días por delante para saber qué le pasaba. Nos levantamos, la cogí del hombro y arrastramos las maletas hasta la puerta.


Nos sentamos en el avión. Business. Bueno, al menos no iba a estar tan mal el vuelo. Después del procedimiento de rigor, el avión despegó y puso rumbo al norte, con escala en Frankfurt para luego tomar otro aparato a Goteborg. Debí tardar cinco minutos en quedarme dormido. Dos asientos más allá, Cristina también dormía, al menos justo antes de que me cayera rendido. Demasiadas emociones en muy poco tiempo…

Al aterrizar en Frankfurt, le di los buenos días de nuevo a Cristina y enfilamos a la siguiente puerta de embargue.

- ¿Has dormido algo? – me preguntó.
- Sí… Todo el vuelo… ¿Tú?
- Bueno, a ratos. Estoy tomando unas pastillas para dormir y no siempre me hacen efecto.
- ¿Y eso? – Pregunté sorprendido.
- Bueno… Es que no duermo bien y me las han recomendado.

Era un poco extraño. Jamás había oído que Cristina tuviera problemas para dormir. Pero bueno, quizás tampoco le había preguntado nunca. Tenía el pelo un poco revuelto del avión, pero aún así, parecía recién salida de la peluquería. Aquella chica tenía un don natural para estar siempre impecable.

- Vamos a por el siguiente avión – la animé haciéndole una pequeña caricia en el hombro.
- Qué remedio... – me respondió con una sonrisa.

Mientras esperábamos, encendí el teléfono. Mi mujer estaba a punto de subir al avión cuando me había enviado aquel mensaje y, además, tenía otro mensaje.

Marta.


- “Ah sí! Ni idea, no sabía que trabajas por aquí. ¿En qué calle?

Otro mensaje… Marta estaba respondiéndome prácticamente al momento. Sí, podía parecer una actitud adolescente por mi parte, pero sinceramente, no me lo esperaba. Tampoco me seducía mucho la idea de mandarle un mensaje en cada aeropuerto, pero aún así no pude resistir la tentación…

- “Pues dos calles más arriba que tú! A ver si quedamos…”

La piedra estaba tirada. No sé por qué, pero me produjo una excitación interna darle a la tecla de enviar… Noté calor subiendo por mi cara y mucha ansiedad al esperar su mensaje… Minutos después, no había contestado, así que opté por apagar el teléfono y concentrarme en el siguiente vuelo.

- Pablo, dirás lo que quieras, pero ese teléfono te sienta muy mal – me espetó Cris.
- ¿Por qué lo dices? – pregunté extrañado.
- Cada vez que lo coges te transformas… Te has puesto pálido y luego como muy rojo… ¿Seguro que estás bien?

El calor ese no solo lo notaba yo…

- No, tranquila, va todo bien, solo son cosas del trabajo…
- Deja ya el teléfono que me vas a asustar – me dijo con aire protector.
- Sí, mamá – me burlé riéndome.
- ¡No seas tonto!

La verdad es que Cris era una tía bien maja. No sé por qué alguien como ella no podía dormir, pero tenía que averiguarlo.

En media hora, estábamos en el otro avión. Pero, esta vez, el business no era tan business. Me tocaba ir en ventanilla con Cris al lado, eran filas de dos más dos. Nada más despegar, hicimos el mismo procedimiento: yo tardé cinco minutos en dormirme y Cris antes que yo, porque, justo cuando me estaba quedando dormido, posó su cabeza sobre mi hombro…

En menos de dos horas estábamos enfilando el aeropuerto de Landvetter, en Goteborg. Cris se despertó y, con una cálida voz, me pidió perdón por dormise en mi hombro…

- Tranquila – le dije. - ¡Para eso estamos!
- Gracias…. – contestó risueña.

Aquella chica estaba empezando a hacerme olvidar a Marta... Con un gesto suave se apartó, pasó la mano por mi hombro como intentado borrar su rastro y se sentó erguida para preparar su cuerpo para el aterrizaje. Al dormir se le había abierto un poco la chaqueta que llevaba y su escote se veía aún más pronunciado…

- Ahora sí que has dormido – le dije murmurando al oído.
- ¡Sí! – contestó contenta. – Hacía mucho que no dormía tanto tiempo seguido.

Ternura. Eso era lo que me inspiraba Cris en ese momento. Y algo tenía que pasarle porque, desde luego, no es normal que alguien se alegre de dormir dos horas seguidas… Y menos en un avión.

- Listos – le dije tras tocar tierra. – ¡Y, como te dije, está nevando!

Nos bajamos del avión y nos dirigimos, sin prisa, al mostrador de coches de alquiler. En 10 minutos, Cris y yo nos dirigíamos al garaje a buscar el Volvo, cortesía de Fernando, con el que nos moveríamos por allí.

- Cris, ¿qué te parece si vamos al hotel, dejamos las cosas y salimos a dar una vuelta por ahí? La reunión es mañana, creo que es justo que descansemos un poco hoy.
- Me parece perfecto – me dijo ilusionada. – Me apetece mucho conocer esta ciudad.

El plan era interesante, pero ya casi era mediodía en Goteborg y no quedaban muchas horas de luz. Aunque Cris no lo supiera, lo que en realidad estaba haciendo era invitándola a salir a cenar… Con el horario sueco, claor está…

- ¡Guau! Menudo coche – se sorprendió al ver el Volvo.
- Hay que impresionar a los suecos… Aunque no sé muy bien por qué les tendría que impresionar un coche sueco.
- Ya, bueno, cosas de Fer, ya sabes… - contestó ella.
- Sí…

En 35 minutos, atasco mediante, estábamos en el lobby del hotel. Nos asignaron nuestras habitaciones, seguidas, y nos dimos 1 hora para quedar de nuevo abajo.

- ¡Ponte guapa! – le dije sin ninguna doble intención. – Esta noche nos vamos de fiesta.
- ¡Claro!

Entré a la habitación, dejé la maleta y me di una ducha caliente. Caliente por el agua y caliente por la sensación de saber que Cristina estaba a menos de dos metros de mi, en su habitación, probablemente haciendo lo mismo. Aquella cara de niña buena, aquellas tetas tan bien puestas y el vaquero ajustado…

-¡Joder, Pablo! ¿Qué te pasa? - me pregunté a mi mismo buscando una explicación a tanta excitación.

Mientras me bañaba el agua caliente mezclaba en mi cabeza las imágenes de Marta con su botas y Cris con su escote… No sabría cuál de las dos estaba más buena, pero probablemente la respuesta estaría en el equilibrio…. En aquel momento, mientras me masturbaba pensando en Cris y en Marta a la vez, no podía dejar de pensar en el momento de estar con cualquiera de las dos, donde fuera y como fuera… Cinco minutos después, a pesar del agua y del vapor, me estaba corriendo sobre el grifo de la ducha… Demasiada tensión acumulada…

(continuará....)
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Antiguo 15-feb-2017, 09:22   #10
manubrapi
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Predeterminado Muy interesante

El relato está muy interesante y sobre todo muy bien escrito.

Gracias.
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Antiguo 15-feb-2017, 17:28   #11
PabloRT
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Predeterminado

En el capítulo anterior

En aquel momento, mientras me masturbaba pensando en Cris y en Marta a la vez, no podía dejar de pensar en el momento de estar con cualquiera de las dos, donde fuera y como fuera… Era una bestia a punto de explotar. Cinco minutos después, a pesar del agua y del vapor, me estaba corriendo sobre el grifo de la ducha… Demasiada tensión acumulada…


Lo que vi al bajar a la entrada del hotel me dejó sin respiración. En un sillón de inspiración nórdica, cómo no, con las piernas cruzadas, Cristina miraba la calle sin demasiado interés. Llevaba los mismos vaqueros que antes, una camisa blanca diferente, un abrigo de piel y, para rematar, unas botas de ante negro que le llegaban casi hasta las rodillas. Puro fetichismo para mi… Cris se giró al sentirme y se levantó casi de un salto, creo que ahogando lo que podría haber sido, en otras circunstancias, un beso cariñoso.

- Caray – le dije. – estás espectacular.
- Gracias… - contestó mirando al suelo.
- Voy a ser la envidia de los suecos, saliendo a cenar con una morena española.

Cris se rió, pero pareció avergonzada. No sabía si mis palabras le habían sentado mal pero, en mi descargo, debo decir que lo dije sin ápice de lujuria. Cristina estaba realmente espectacular. Se había peinado a conciencia y llevaba muy poco maquillaje, consciente de que por su tez morena casi no lo necesitaba. Los vaqueros con las botas le sentaban espectacular y el abrigo realzaba su figura y sus tetas, que a mi, la verdad, cada vez me parecían más grandes. Aquella mujer había dormido sobre mi hombre durante casi dos horas en el avión…

- Bueno, vamos a dar una vuelta. Mejor vamos en taxi, ¿no te parece? No me apetece conducir después de cenar.
- Vale, Pablo, como quieras.

Por un momento, sentí que estaba tratando a Cristina con cierto aire paternal. Tenía seis o siete años más que ella, pero bueno, éramos dos adultos hechos y derechos y ambos teníamos capacidad de decidir.

- Si prefieres ir en coche… - le dije, por si acaso.
- No, como tú quieras. El taxi me parece bien – respondió sin mirarme.

Había algo raro en sus ojos, otra vez. Sonreía, pero parecía avergonzada de algo. Quizás eran solo cosas mías, no sé. Yo la veía espectacular y solo quería verla bien, disfrutando un rato antes de las dos o tres jornadas infernales que nos esperaban en la oficina de los suecos.

Cogimos un taxi y nos dejó en el centro. La verdad es que la ciudad es preciosa y ambos mirábamos a un lado y a otro por la ventanilla durante todo el trayecto… Pero el frío que hacía era espantoso. Había dos grados bajo cero, el sol casi no brillaba y un viento gélido te recordaba que lo mejor que se podía hacer era entrar a algún sitio a sentarse a ver el frío desde la barrera.

- ¿Qué te parece si buscamos un sitio para comer, cenar o lo que sea que se haga aquí a esta hora?
– le propuse.
- Vale, me parece perfecto.

No tengo la menor idea de dónde estábamos en ese momento pero a lo lejos vimos las luces de lo que parecía un restaurante. Era increíble la poca luz que había, algo de locos viniendo de España. Entramos, cogimos una mesa al fondo, y nos acurrucamos contra el sofá para coger algo de calor…

En cuanto llegó el camarero, supe nos quedaríamos allí también para cenar. Nos traía ya la carta de bebidas y la de comida. Se la pedí en inglés, me la trajo y empezamos a mirar la carta…

- Para empezar, dos vodkas, por favor – le pedí al camarero.
- Claro, ahora mismo – me respondió el fornido local.
-
Cris me miró sorprendida.

- ¿No pretenderás emborracharme? – preguntó riéndose.

No lo había pensado, pero dicho por ella sonaba hasta bien… Solos, a cinco mil kilómetros de casa…

- ¿Qué te parecería si lo hiciera? – le dije mirándola a los ojos.

Cris apartó la vista. Miró al suelo y aprovechó para ajustarse la bota. ¿Esa respuesta era un no? ¿Un sí? ¿Las dos cosas? El camarero llegó con los vodkas y le pedimos comida: básicamente, cosas sencillas para estar seguros de que nos gustarían.

El primer vodka cayó nada más empezar.

- Por los suecos – propuse brindar.
- Por los suecos – contestó Cris. Y nos bebimos el vodka del tirón.
- No sé si debería beber – dijo nada más terminarlo. – Las pastillas de dormir no sé si harán efecto.
- Aquí anochece pronto – le contesté. – No tendrás problema.

En menos de media hora, el camarero había decidido traernos también unas cervezas suecas y optó por dejar la botella de vodka encima de la mesa para que nos sirviéramos, cansado de tanto viaje.

Yo, desde luego, notaba el alcohol fluir por mis venas. A decir verdad, estaba contento de que no había vuelto a pensar en Marta. Ni en mi mujer, a quien por cierto le había dicho a mediodía que hoy cenaba con los suecos… Tenía delante de mi a Cristina Romero, probablemente la chica más codiciada de la oficina. El alcohol me hizo olvidarme de todo. O casi todo.

- Pablo, ¿puedo preguntarte algo? – se arrancó después de darle un sobro a la cerveza.
- Claro, Cris.
- ¿Sigues casado?

Tocado. Cris sabía que estaba casado porque cuando trabajábamos en la misma oficina se enteró de mi boda. No tenía escapatoria. Yo nunca se lo había dicho, quizás pensando que el hecho de ocultárselo sirviera para algo, algún día. Típicas actitudes infantiles de los hombres…

- Sí, Cris. ¿Por? – le pregunté.
- Me preguntaba qué le parecería a tu mujer si nos viera ahora mismo aquí…


Dos segundos después de decirle esto, Cristina estiró su mano por debajo de la mesa y acarició mi paquete. No hace falta decir que mi entrepierna estaba dura como una piedra. Casi una hora al lado de semejante mujer, con alcohol y comida por el medio, habían dejado mis defensas a cero.

- No tiene nada de malo – contestó sonriendo. – Pero algo me dice que tu polla no está pensando solo en cenar…

Aquello me dejó frío. Más aún que en la calle. Aquella no era la Cristina que yo conocía, aunque en un rápido recuento mental recordé que la botella de vodka ya estaba casi a la mitad y debíamos ir por dos cervezas cada uno.

- Bueno, Cris, ya sabes… Creo que lleva así desde que te recogí esta mañana en tu casa –
contraataqué, envalentonado por el alcohol.

No hizo falta mucho más. Cris soltó mi polla, agarró mi cuello con la misma mano y acercó mi boca a la suya. Sentí un beso húmedo, profundo, mientras su lengua recorría la mía y su otra mano había empezado a buscar un rendija en el pantalón en busca de mi mástil. Aquella situación se me estaba escapando de las manos, aunque bendita escapada…

- Lo noté cuando me subí a tu coche, Pablo… Ahora empiezo a entender por qué insististe a Fer para que viniera…

Aquella pequeña mentira, mezclada con el alcohol, había dado sus frutos.

- Cris, llevo deseando verte desnuda desde que te conozco…
- ¿Y por qué no me lo habías dicho antes? ¿Es por tu mujercita?

No sabía qué decir. No quería meter a mi mujer en esto, pero aquella preciosidad me tenía atrapado en su juego. Me estaba provocando, burlona. Probablemente yo estaba más borracho que ella y, aunque quería reaccionar, no sabía cómo...

- No sé, Cris… Pero te aseguro que lamenté mucho cuando te cambiaron de departamento…
- Vámonos de aquí, por favor -me dijo de repente…

Nos levantamos, recompuse mi polla en el pantalón y me acerqué a la barra a pagar. Entregué la tarjeta y nos fuimos rápido… En la calle, en una hilera de taxis, todos Volvo, cogimos el primero y le pedí que nos llevara al hotel. Cristina me miraba con una media sonrisa. Cada 30 o 40 segundos me daba un pico o me lamía los labios. Era un juego erótico brutal… Tenía la camisa desabrochada un botón más que cuando salimos del hotel y, por debajo de mi abrigo, se las había apañado para desabrochar el botón de mi pantalón y empezar a jugar con mi polla. ¡En el taxi!

- Cris, nos van a ver…. – gemí sin sonar convincente.
- Tranqui… Ya es de noche… Tú mismo dijiste que aquí anochece pronto.

Cristina no paraba con su juego. Parecía cada vez más deshinibida. El alcohol, quizás… Por encima de la tela del bóxer, ya rozaba mi glande con su mano y, lo peor de todo, estaba volviéndome loco en aquel puto taxi.

- No deberías haberme hecho beber ese vodka, Pablito…

No podía decir nada. Estaba atrapado. Quería salir ya del Volvo, desnudar a Cristina y follármela en la misma calle. Diez minutos después, estábamos delante del hotel. Pagué el viaje y entramos. La camisa de mi compañera estaba ya totalmente desabrochada y solo su abrigo era capaz de tapar el sujetador negro que servía para mantener sus suculentas tetas erguidas. En el hotel, cruzamos rápidamente el lobby y nos metimos en el ascensor. En cuanto la puerta se cerró, Cris me agarró del cuello y volvió a jugar con mi lengua, mordiéndome los labios y tocándome la polla con la otra mano, mientras me susurraba cosas al oído que yo no era capaz de ni de entender.... Estaba a punto de correrme y ni siquiera habíamos salido del ascensor…

En el pasillo, ya de camino a la habitación, mientras buscaba la tarjeta para abrir la puerta, Cristina me dejó perplejo. Detrás de mi, se quitó el abrigo, la camisa y se quedó en sujetador, solo con el vaquero, a duras penas ocultando las mejores tetas que yo había visto en vivo en toda mi existencia. Aquello era una película porno....

- ¿Te gusta lo que ves? – preguntó en cuanto me giré.

Tenía un punto atrevido por el alcohol, pero mantenía la educación y el tono exquisito que solía. Era una mezcla entre una puta sofisticada y una niña buena. Una combinación indescriptible que tenía a mi verga bombeando sangre sin parar.

- Cris, creo que tienes las mejores tetas que he visto nunca, cielo…
- le dije mientras agarraba una de ellas con mi mano y con la otra intentaba torpemente abrir la puerta.

Si en ese momento hubiera pasado alguien, seguramente se habría escandalizado de ver a dos españoles, casi desnudos tocándose en el pasillo del hotel.

(continuará...)
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Antiguo 16-feb-2017, 11:44   #12
manubrapi
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Predeterminado Va muy bien

El relato sigue iguel de bién escrito, pero ahora gana en intensidad y erótismo. Ya has conseguido mi primera erección.

Muy bueno.
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Antiguo 16-feb-2017, 17:18   #13
UNO PARA MIRAR
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Se ve que sólo era cuestión de tiempo que la acción llegara, y de momento, lo que se barrunta es bastante bueno

Pues nada Pablo, mis felicitaciones por el prólogo y expectante por saber como saldaste cuentas con la chica de las cuentas, nunca mejor dicho...jeje

Saludos
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Antiguo 16-feb-2017, 18:31   #14
PabloRT
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Cita:
Empezado por manubrapi Ver Mensaje
El relato sigue iguel de bién escrito, pero ahora gana en intensidad y erótismo. Ya has conseguido mi primera erección.

Muy bueno.
Gracias por tus comentarios, manu! Estimulantes para continuar!


Cita:
Empezado por percutor74 Ver Mensaje
Impaciente esperando la continuación. Pinta muy muy bien ese viaje.
Percutor, ya hay novedades... Espero que las disfrutes!


Cita:
Empezado por josechafer Ver Mensaje
esperando como sigue
Jose, gracias por tus palabras!

Cita:
Empezado por john10marston Ver Mensaje
Otro que te lee por aquí... con ganas de saber como sigue
John, espero que sigas por aquí leyendo!
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Antiguo 16-feb-2017, 18:36   #15
PabloRT
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En el capítulo anterior

- Cris, creo que tienes las mejores tetas que he visto nunca, cielo… - le dije mientras agarraba una de ellas con mi mano y con la otra intentaba abrir la puerta.

Si en ese momento hubiera pasado alguien, seguramente se habría escandalizado de ver a dos españoles, casi desnudos tocándose en el pasillo del hotel.

Cuando por fin se abrió la puerta, ya sin el temor a ser vistos, Cristina se volvió loca. Tiró toda su ropa al suelo, se quitó los vaqueros y me dejó ver su conjunto de ropa interior: encaje negro, liguero y un tanga espectacular que realzaba su culo de manera espléndida. Y, en un acto casi reflejo, volvió a ponerse las botas solo con el conjunto de ropa interior. ¿Cómo sabía que me moría por una mujer con botas puestas?

- Pablito, has sido malo trayéndome aquí
– me dijo divertida. – Y ahora lo vas a pagar.
- Encantado - le dije…

Se arrodilló, desabrochó lo que aún quedaba de mi pantalón y se lanzó a mi polla. Reconozco que siento debilidad por las mamadas, pero lo de aquella niña era demencial: dos enormes tetas se balanceaban de un lado a otro mientras se tragaba mi rabo entero, llegando varias veces a la garganta. La saliva le salía por la boca en cada respiración y, lejos de parar, mi compañera seguía chupando aquel juguete como queriendo sacarle todo el brillo.

- Cris, como no pares me voy a correr – le dije murmurando. Ni siquiera el pajote que me había hecho apenas unas horas antes, justamente pensando en ella, me hacía perder fuerza.
- Cariño… Yo decido cuando te corres, así que ni se te ocurra... – me espetó antes de volver a tragarse mi verga.

Estaba alucinando. La niña dulce prometía, desde luego. Con semejante cuerpo es difícil ser una niña buena. Y, desde luego, viendo cómo se estaba comiendo mi polla, no era la primera que se comía. Ni la última, desde luego… Después de unos minutos, con mi aparato a punto de explotar, tuve que apartarla con fuerza para no correrme. Solo quería chuparla, se había vuelto adicta.

- Vas a hacer que me corra… Y aún nos queda mucha noche…. – le dije intentando imponerme.
- ¿Qué plan tienes? – me dijo mientras tomaba aliento para darme un nuevo morreo, húmedo y con sabor a mi propia polla. Cada vez que me comía la boca bajaba una mano y me acariciaba los huevos… No había visto nunca nada igual…

No respondí. Me agaché. De un tirón, rompí su tanga y dejé a la vista un coño depilado, con una V descendente que daba acceso a unos labios carnosos y húmedos. Debí suponer que un cuerpo así debía tener un coño tan sabroso y cuidado, pero Cristina había sido hasta ahora una compañera con la que tener sexo no había entrado en mis planes.

- Chúpame, cielo, por favor. Si no me dejas comértela, al menos chúpame bien – suplicó Cris sin perder las formas. - Llevo húmeda todo el día pensando en este momento.

De aquel coño manaba flujo sin parar. Mi cara estaba ya húmeda y mientras frotaba mi barba de tres días suavemente contra su vulva labios extendía mis manos en busca de sus tetas. Cris se había quitado ya el sujetador y había dejado libres aquellos dos monumentos. Dos tetas perfectas, inevitablemente un poco caídas por su enorme tamaño en comparación a su menudo cuerpo, pero con una forma deliciosa. Apetecibles, carnosas, llenas de vida… Además, a estas alturas ya brillaban producto de la mezcla del flujo de su coño, la saliva de su boca y el líquido de mi polla. Una mezcla divina que me estaba haciendo olvidar quién era yo y qué estaba haciendo allí…

No sé cuánto tiempo llevaba chupando aquel dulce, pero de repente su dueña empezó a convulsionar, apretó sus menos contra mi cabeza y de su coño salió un pequeño chorro, casi imperceptible, que me llenó la boca con un sabor entre salado y amargo. Se estaba corriendo y yo no sabía si parar o seguir, pero por sus movimientos con las manos, parecía que le estaba gustando…

- Ohhhh, gritó casi enfurecida. Me corro cariño… Toma mi lechita…..


Aquellos gritos se tenían que estar oyendo en toda la planta… De repente, se había transformado en un animal salvaje, nada que yo hubiera visto antes. Un minuto después, dejó de convulsionar, se dejó caer de rodillas y cogió mi polla con las dos manos, con la respiración entrecortada.

- Pablo, quiero que me folles, por favor. Quiero sentir esta polla dentro de mi…

Aquella no era la chica que yo conocía. Después de correrse, las formas habían dejado paso a una fiera incontrolable. Me cogió de la mano, se sentó en el borde de la cama y después de haber chupado mi polla para darle brillo y ponerla de nuevo tiesa, la cogió con su mano y enfiló camino de su coño. Estaba usándome como un puto juguete. Estaba utilizando mi polla como su consolador. Estaba a merced de sus deseos, pero era un juego fabuloso en el que los dos ganábamos…. Cristina quería sexo, quería jugar a ser una auténtica zorra. Y yo estaba disfrutando como nunca...

- Dame, joder, quiero correrme otra vez contigo dentro.

No paraba de repetir “polla” y “dentro”. Estaba fuera de sí. El subidón del alcohol ya casi había desaparecido de mi. Pero a Cris, claramente, le duraba. O quizás era el efecto de haberse corrido tan violentamente. Sea lo que fuera, su vagina recogía mi polla de maravilla, me apretaba dentro de ella y con mis manos no dejaba de recorrer un cuerpo que, sin ropa y con ese brillo, era pura lujuria. Sentía ganas de sacar mi miembro y chupar cada rincón de aquel monumento, pero cada vez que intentaba escapar Cristina me gritaba de nuevo “polla” y “dentro”. No tenía escapatoria: estaba condenado a correrme en aquella cueva cada vez más caliente.

Después de no sé cuántos minutos, sentí que no podía más. Estaba llegando el momento de correrme. Intenté sacar la polla, pero Cris no me dejó.

- No se te ocurra parar ahora, cabrón. No pares, no pares… - gritó de nuevo.
- Cris, me voy a correr, tengo que salir, no puedo hacerlo dentro...

Ni me había dado ni cuenta de que estábamos follando sin condón. Salí de casa sin ellos porque, al fin y al cabo, era un viaje de trabajo. Pero debí suponer que tener a Cristina todo el día pegado a mi acabaría despertando viejas pasiones.

- Córrete dentro, joder, tomo la píldora, pero no pares ahora, me quiero correr con esto dentro.

No dejaba de decir palabrotas. El primer orgasmo había convertido a Cristina en otra mujer. Su lenguaje ya no era dulce, estaba completamente desatada. Solo quería polla. Cuando ya no aguanté más, le anuncié que la tormenta venía.

- Cris... Me corro, me corrooo....
- Nooo, joder, por favor, un poco más.

En cuanto oí eso, en cuanto oí a Cristina diciéndome un poco más, un enorme chorro salió en busca de su interior. Aquel coño caliente pedía más, pero mi rabo no podía aguantar semejante vista: ella tenía la espalda apoyada en la cama, el culo casi fuera y yo, de pie, bombeaba sin piedad aquella preciosidad. Sudábamos, la habitación olía a sexo y estábamos a punto de terminar la primera parte de aquella partida…

En cuanto me corrí, noté cómo mi compañera convulsionaba de nuevo, aunque más suavemente que en la primera corrida.

- Joder, Pablo, joder… me corro otra vez… ohhhhhhh……

Aquella era el paraíso. Semejante mujer se había corrido por segunda vez gracias a mi. O, mejor dicho, gracias a mi polla, porque la trataba como si tuviera vida propia. En aquel momento, mientras me dejaba caer sobre ella, supe que desde el viernes era otro hombre. Por primera vez desde que estaba casado había follado con otra mujer. Por primera vez en mi vida me había follado a una compañera de trabajo. Y, mientras tenía a mi lado a Cris jadeando y yo acariciaba sus tetas con mi mano derecha, decidí, por segunda vez en apenas cuatro días, que también quería follar con Marta…

(continuará…)
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Antiguo 16-feb-2017, 22:07   #16
annuvion
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Predeterminado Genial

Buenisimo...me ha gustado mucho la historia

Esta muy bien hilado....y muy bien contado
__________________
Existen otros mundos, pero están en este
Mis historias...
Actualizado relato el despertador

http://www.pajilleros.com/showthread...=1#post6757881
y
http://www.pajilleros.com/showthread...80#post6780980
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Antiguo 17-feb-2017, 01:12   #17
joketetas
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Predeterminado

Bravo, bravisimo

Muy buen relato, bien redactado y clarito, eso quiere decir que te has pegado un curro de la leche y se agradece.

Las entregas son grandes y continuas, es un lujo de hilo.

Felicidades PabloRT
__________________
" Fuerza y honor "
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Antiguo 17-feb-2017, 16:11   #18
john10marston
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John, espero que sigas por aquí leyendo!
Aquí sigo sin perder detalle, un lujo leerte!
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Antiguo 17-feb-2017, 17:12   #19
PabloRT
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En el capítulo anterior…

Aquella era el paraíso. Semejante mujer se había corrido por segunda vez gracias a mi. O, mejor dicho, gracias a mi polla, porque la trataba como si tuviera vida propia. En aquel momento, mientras me dejaba caer sobre ella, supe que desde el viernes era otro hombre. Por primera vez desde que estaba casado había follado con otra mujer. Por primera vez me había follado a una compañera de trabajo. Y, mientras tenía a mi lado a Cris jadeando y yo acariciaba sus tetas con mi mano derecha, decidí, por segunda vez en apenas cuatro días, que también quería follar con Marta…

Me desperté con la boca seca. Muy seca. Afuera era de noche, pero en aquel país eso no era ninguna novedad. A mi lado dormía Cristina, completamente desnuda, tapada únicamente con la colcha de la cama. No sé cómo habíamos conseguido taparnos con algo y yo, la verdad, no me preocupé de recordarlo. Estaba con una resaca enorme. Estiré el brazo buscando el teléfono en la mesita, pero no encontré nada, así que me di la vuelta y me dediqué a tocar el cuerpo de Cris por debajo de la colcha.

No me podía creer que me hubiera follado a semejante mujer. No es que yo me considere un tío feo, pero Cristina formaba parte de ese elenco de tías inalcanzables que piensas que nunca vas a poder catar. Empezaron a venir a mi mente imágenes de la noche: sus gritos, sus súplicas para que le comiera el coño, aquella manera tan salvaje de correrse con mi rabo dentro… Me estaba empalmando de nuevo solo de pensar en todo lo que habíamos hecho.

Con sigilo, me levanté para beber agua en el baño y, de paso, buscar el teléfono para ver la hora que era. Tenía tropecientos correos, una llamada perdida y 10 mensajes de Whats… Con la salida a cenar y las copas, ni siquiera le había escrito a mi mujer… Aunque no sabía muy bien que decirle. Me debatía entre la culpabilidad por mi infidelidad y la satisfacción por haber estado a las órdenes de Cris toda la noche: y definitivamente ganaba la sensación de placer de haber retozado con mi compañera.

-Joder, las 7 y media - grité casi sin darme cuenta. Habíamos quedado con los suecos a las 8 y media en su oficina así que, claramente, ya íbamos tarde..

Cris se despertó y comenzó a a moverse. Yo no sabía que hacer. ¿Cómo se supone que debía actuar? ¿Debía acercarme a ella y darle un beso de buenos días? No tenía claro qué habíamos hecho… ¿Era un simple polvo? ¿El inicio de algo más? ¿Cómo serían los próximos días?

De tanto pensar qué hacer, Cris se adelantó…

- Buenos días – gimió aún dormida.
- ¿Qué tal? – contesté sin saber qué más hacer.
- He dormido muy bien – sonrió sin malicia. - ¿Tú?
- Sí, la verdad es que también – contesté sonriendo también.

Aquella mujer era capaz de salir airosa de cualquier situación. Yo estaba desnudo, de pie. Ella también desnuda, tumbada y ligeramente tapada con la colcha. Y actuaba con una naturalidad asombrosa. Aunque el día anterior había perdido los papeles después de su primer orgasmo, volvía a ser todo elegancia y dulzura. Me acerqué a ella, casi por instinto y sin sentarme en la cama le di un beso en los labios. No me podía resistir. Olía a sexo, tenía la cara reseca de restos de flujo y semen, estaba muy despeinada… Pero a mi, aún así, me parecía que estaba preciosa.

- Tenemos que irnos – le dije tras besarla. – Nos esperan los suecos en una hora.
- ¿Una hora? Ostras… - protestó… - ¿No podemos retrasarlo, verdad?
- Me temo que no….

Se levantó, fue al baño, cogió un albornoz y buscó la llave de su habitación en su bolso.

- Me voy a duchar y a cambiarme – anunció - ¿Nos vemos abajo en media hora?
- Perfecto, allí estaré.

Probablemente en mis fantasías había soñado con una escena de sexo matutino en la ducha, pero la realidad es que habíamos venido a Suecia a trabajar y, de momento, ya íbamos a llegar tarde... Entré en la ducha pasando por encima del tanga y el sujetador de Cris, abrí el grifo y me enjaboné a conciencia: también estaba lleno de restos de flujo… Joder… Había sido una noche brutal, quizás la mejor noche de sexo que había tenido en mi vida… Me sentía culpable por engañar a mi mujer y también me sentía culpable por no haber reservado aquel primer polvo infiel a Marta… Estaba hecho un lío.

(continuará...)
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Antiguo 19-feb-2017, 00:51   #20
PabloRT
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En el capítulo anterior…

Entré en la ducha pasando por encima del tanga y el sujetador de Cris, abrí el grifo y me enjaboné a conciencia: también estaba lleno de restos de flujo… Joder… Había sido una noche brutal, quizás la mejor noche de sexo que había tenido en mi vida… Me sentía culpable por engañar a mi mujer y también me sentía culpable por no haber reservado aquel primer polvo infiel a Marta… Estaba hecho un lío. Pero me daba todo igual..


Una vez duchado y vestido, aunque con una cara de resaca brutal, bajé al lobby a esperar a Cris. Aún faltan 10 minutos para la hora que habíamos quedado, así que saqué el teléfono y empecé a desbrozar todos los mensajes y asuntos por atender. En el Whats, seguían 10 mensajes… Tres de mi mujer, preguntándome si iba todo bien, del día anterior a las 19:00… Joder, no me había vuelto a escribir desde aquella hora. ¿Dónde habría dormido? Viajaba con Andrea, pero no sé qué plan tenían ni con quién cenarían… ¿Y por qué no me había escrito por la noche? Mi pregunta era absurda, porque yo, al fin y al cabo, tampoco había contactado con ella desde prácticamente el mediodía….

Repasé mi conversación con Marta.

- MARTA: “Ah sí! Ni idea, no sabía que trabajas por aquí. ¿En qué calle?
- PABLO: “Pues dos calles más arriba que tú! A ver si quedamos…”

Marta había contestado a este último mensaje mío…

- MARTA: Pues podíamos comer un día, ¿te parece? Así me cuentas qué tal y nos ponemos al día…

Joder… Suponer que Marta quería algo conmigo solo porque me ofreciera comer juntos era mucho suponer… Pero habiendo pasado la noche con Cris, la verdad, cualquier cosa es posible. ¿Qué debía responder? Decidí atacar. Las hormonas me acompañaban y la distancia me envalentonó…

- PABLO: Quedamos cuando quieras, tengo ganas de verte!

Justo al darle a la tecla de enviar y quedarme mirando a la ventana, como intuyendo por dónde irían las ondas del teléfono, Cristina me tocó el hombro para avisarme de que estaba lista. Pero no habló.

- Cogemos el coche y nos vamos a la oficina, no nos da tiempo a desayunar –
le dije. – Ya tomaremos algo allí, ¿vale?

Cris asintió, pero no habló. Bajamos en el ascensor, en el mismo que unas horas antes había sido escenario de aquel espectacular morreo. Cris miraba al suelo y yo, la verdad, no sabía qué decir. Sabía que lo que habíamos hecho no está socialmente considerado como “bien hecho”, pero había habido tanta química que era injusto catalogarlo como “mal hecho.

En el sótano, enfilamos al coche, arranqué y puse el GPS para que nos guiara a la oficina del fondo, a las afueras de la ciudad.

Había un silencio incómodo, la verdad. Puse la radio, pero el locutor hablando en sueco no ayudaba mucho… Al final, me arranqué a decir algo.

- Cris, ¿estás bien? – pregunté casi sin mirarla.
- Eh.. Si, si, claro… - respondió . – Estoy bien.

No sabía qué decir, ni cómo continuar la conversación. Decidí enfocarlo a temas de trabajo para, de paso, asegurar que llevábamos todo..

- ¿Llevas los papeles y demás, no? – pregunté en tono amable. – Yo he cogido el ordenador por si quieres conectarte.
- Vale, perfecto, está todo en la nube, así que usaré el ordenador.
- Estoy seguro de que nos irá bien con esta gente – la tranquilicé.
- Sí, seguro. Cuando tenga que intervenir, avísame, porfa.
- Claro, no te preocupes.

Con el Volvo ya enfilando la salida de la ciudad, el GPS decía que faltaban solo 10 minutos para llegar. Íbamos a llegar justo a tiempo, pero en estos países llegar a tiempo es llegar tarde…

- Pablo… - dijo de pronto Cris… - Quería… Bueno… El caso es que… De lo de anoche, yo.. Bueno… No sé qué pensarás de mi, pero… La verdad es que yo… Joder, no sé qué pensarás de mi ahora, porque yo…
- Cris – la interrumpí. – No sé qué estás pensando, pero no pienso nada de ti. Somos dos personas adultas que han pasado la noche juntas y eso no es nada malo.

Mientras decía esto, venían a mi mente las imágenes de sus ojos desencajados chupando mi rabo, el flujo de su coño saltando en mi cara y sus majestuosas tetas, hoy tapadas por un discreto traje gris, en mis manos… Joder… Mi frasecita había sonado muy madura, pero la verdad es que Cristina se había transformado aquella noche.

- Bueno, gracias – murmuró. – Solo quiero que no pienses que yo…
- No pienso nada de ti – le dije. – Solo pienso que eres una mujer increíble y me has hecho pasar una noche espectacular.

Cris ya no dijo nada. Estaba como avergonzada, pero descubrí una pequeña sonrisa al oír mis palabras. Dos minutos después, estábamos entrando por la garita del parking de las oficinas de los suecos. Aparcamos y, justo antes de salir del coche, Cristina me frenó.

- No me acostaba con nadie desde lo de mi novio
– dijo con voz entrecortada. Mantuvo silencio tres o cuatro segundos y añadió – Gracias.

No tenía ni idea de que era eso de su novio, pero, en todo caso, llegábamos tarde. Sonreí y, como no sabía que decir, acerqué mi boca a la suya y le di un beso. Aquella chica estaba volviéndome loco…

Cuatro horas, cinco cafés y siete pastas danesas después de entrar en aquella oficina, los suecos seguían haciéndonos preguntas sobre nuestro cliente. La operación, para no aburriros, era básicamente la venta de una compañía de petróleo a un fondo de inversión. Los suecos representaban al comprador y mi empresa, nosotros, al vendedor. Era cuestión de ponerse de acuerdo en los números, dar mil vueltas a lo mismo y, después, quizás, cerrar la operación, con una jugosa comisión para las dos partes. Comisión que, obviamente, no me caería a mi, sino a mi jefe.

Precisamente Fernando me había llamado varias veces para preguntarme cómo iba todo. Tuve que salir un par de veces de la sala para atenderle y, en esos descansos, aprovechaba para responder mensajes. Mi mujer seguía sin contestarme, pero Marta y yo llevábamos toda la mañana chateando….

- MARTA: Jo, ¡yo también tengo ganas de verte! ¿Qué día te viene mejor?
- PABLO: Pues, cuando quieras, yo no suelo tener mucho lío a mediodía.
- MARTA: Aún llevo poco aquí, pero bueno, intentaré escaparme. ¿Conoces algún sitio para comer?
- PABLO: Si, hay un japonés cerca. Y está bastante bien.
- MARTA: ¿Japo? Ummm… me encanta!!!

A mi, de repente, me encantaba ella. Tenía la polla dolorida de la noche anterior con Cris, así que cada vez que miraba su foto sentía alguna pequeña punzada. Volver a la sala no lo arreglaba: Cris se defendía de los números del contable de los suecos y se había desabrochado un botón de la camisa. Ser mujer en aquella reunión tenía sus ventajas, aunque, desde luego, la estaban poniendo a prueba como profesional.

A eso de las 2, después de vaciar otra jarra de café, los suecos decidieron que ya estaba bien por ese día. Nos emplazamos al día siguiente y, al contrario de lo que suele ser normal en España, no nos ofrecieron comer ni cenar juntos. Lo cual, en cierto modo, me daba vía libre para estar a solas con Cris.

Salimos de allí, agarramos el coche y decidí buscar algún sitio para comer. Cris se opuso.

- ¿No será mejor volver al hotel?
– dijo con miedo.
- ¿Al hotel? Pero habrá que comer algo – protesté.
- Si bueno, vale…

Cris seguía pensando que se había portado como una zorra y que disfrutar del sexto era algo mal. Estaba seguro. Pero la verdad es que no sabía cómo decirle que no hay nada malo en echar un polvo con un compañero. Sobre todo, si la compañera era ella…

- Vamos a comer algo tranquilamente y luego si quieres volvemos.
- Vale…

Enfilé de nuevo hacia la ciudad y aproveché para preguntarle qué tal la reunión, al menos en su parte.

- Bien, creo que bien. No les gusta el EBITDA de los últimos dos años, pero en general creen que la compañía tiene potencial porque tiene muchos activos y está poco apalancada.
- Ah, claro, ya… - fingí entender lo que me decía. - ¿Pero crees que cerraremos la operación?
- Bueno, no sé. Lo que quieran es seguir mirando números mañana y que les cuentes los planes de futuro, que es básicamente lo que más les seduce para comprar…

Sí, bueno, básicamente para eso había ido allí. Aunque está claro que la ayuda de Cris había sido importante para esos numerajos. Y para dormir bien, claro…

- ¿Qué te parece si aparcamos y buscamos un sitio para tomar algo? Todavía hace sol…

Cris no contestó. No quería ser partícipe de ningún plan conmigo, lo cual al principio me pareció mal, pero luego, con más naturalidad, decidí intentar cambiar la estrategia para acercarla a mi terreno. Entramos al parking, salimos caminando y buscamos un sitio abierto, con luz, para que fuera menos íntimo y se sintiera más confiada.

- Dos cervezas, por favor – pedí nada más entrar.

Cris se sentó enfrente y escudriñó el bar. Un sitio de estilo nórdico, con mucha madera y, a esa hora, bastante gente. Decidí disparar: nos quedaban tres días por delante y no quería pasármelos mirando al tendido.

- Cris, ¿vas a contarme que es lo que pasó con tu novio? – empecé con decisión.
- Nada, Pablo, no te preocupes…. No sé por qué te dije eso antes – contestó esquiva.
- Mira, Cris… No tienes que hablar si no quieres, pero somos amigos y los amigos están para eso…

Reciclé esa frase, que siempre me había dado muy buen resultado, aunque me sentí un poco culpable por ello. Estaba cansado de la mañana con los suecos y la noche de sexo, pero la cerveza me estaba haciendo volver a recuperar energía. Cristina se había soltado el pelo, se había quitado la chaqueta gris y estaba solo con una camisa blanca que dejaba ver su sujetador negro… Aquella puta cerveza estaba volviendo a ponerme cardíaco justo cuando ella me estaba contando sus problemas…

- Bueno, es que me da vergüenza esto… - dijo sin mirarme. – No es algo que suela ir contando por ahí.
- Estamos en Suecia, nadie más se va a enterar, estamos tranquilos y hemos hecho nuestro trabajo por la mañana – contesté con aire paternal y decidido. – Nadie más aquí te va a entender y a nadie más le voy a contar lo que tú me digas…
- Ya…
- Pero, Cris, si no te sientes cómoda, yo no voy a obligarte.


El camarero nos trajo la comida y Cris empezó a picotear, pensando sí sería mejor contármelo o no…

- El caso es que… Bueno… Hace ya unos meses de esto…
- Cuéntame – murmuré para animarla.
- ¿Tú no conocías a Borja, verdad?
- ¿Borja? – pensé. – Ni idea, no. ¿Quién es Borja? - pregunté
- Bueno.. Borja era mi novio.
- Ajá – asentí. - ¿Era?

No recordaba que Cristina tuviera novio, pero yo soy un poco despistado para estas cosas y casi nunca participo de chismorreos… Así que tampoco era de extrañar.

- Empecé a salir con él cuando llegué a esta empresa. Y luego llegamos a vivir juntos.
- Vaya… - No sabía qué me iba a contar, pero la cosa parecía que había ido en serio.
- Y un día, al volver del trabajo a casa, Borja estaba follándose a otra en el salón….
- Joder…….

Joder…. No supe qué decir. Parecía la típica escena que ves en las películas y nunca puedes llegar a creer que sea real….

- Vaya, Cris… Lo siento – le dije acariciando su mano. Mi paquete crecía cada vez que la tocaba: me sentía como un cerdo por sentir eso mientras me contaba sus problemas.
- Bueno, no pasa nada, no es tu culpa – me dijo forzando una sonrisa. Estaba luchando por no llorar. Y lo estaba haciendo muy bien.
- ¡Menudo cabrón! – se me ocurrió decir, sin pensar que anoche me había follado a mi compañera sin que mi mujer tuviera la más mínima idea..

Cris no dijo nada. Seguimos comiendo y, para romper aquella situación, pedí otras dos cervezas al camarero…

(continuará…)
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Antiguo 19-feb-2017, 01:06   #21
lord86
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Este relato esta de vicio, y pide a voces una foto de una famosa similar a Cris, Marta ya será otro día
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Antiguo 19-feb-2017, 01:51   #22
a2222
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Buenas, que bien lo haces. Gracias
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Antiguo 19-feb-2017, 08:47   #23
JoeyTribbiani
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Muy bien escrito y muy interesante. Enhorabuena
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Antiguo 19-feb-2017, 12:31   #24
PabloRT
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Este relato esta de vicio, y pide a voces una foto de una famosa similar a Cris, Marta ya será otro día
Gracias, Lord! A mi Cris me recuerda muchísimo a Madison Ivy…


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Buenas, que bien lo haces. Gracias
Gracias!!

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Muy bien escrito y muy interesante. Enhorabuena
Gracias, Joey!
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Antiguo 19-feb-2017, 12:38   #25
PabloRT
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En el capítulo anterior…

Cris no dijo nada. Seguimos comiendo y, para romper aquella situación, pedí otras dos cervezas al camarero…


Después de la confesión de Cris, no sabía que decir. Deduje que ella se sentía mal por follar con un hombre casado y yo, al fin y al cabo, era el que había sido infiel a mi mujer con ella.

- Cris, no estés triste, por favor – intenté animarla también para limpiar mi conciencia. – Has hecho un gran trabajo esta mañana y deberías estar orgullosa.
- Pablo – contestó rápidamente, como si esperara a que yo hablara para decirlo. - ¿Tú quieres a tu mujer?

Joder. Mi mujer no, otra vez no. Bastante debate moral tenía yo encima como para que aquel pibón me hablara de ella… La cerveza iba haciendo efecto en mi y temí no ser capaz de responder algo políticamente correcto.

- Define querer – respondí sonriendo.
- Bueno, no sé. Es tu mujer. Algo sentirás, ¿no? – me dijo con dudas.
- Sí, por supuesto. Llevo cinco años casado con ella, pero eso no significa que no sepa valorar cuando tengo delante a una mujer espectacular – dije marcando el final de la frase mirándola a los ojos.

Cris me mantuvo la mirada y no dijo nada. Cogió su copa, bebió un trago largo de cerveza para coger energía y respondió.

- ¿Sabes, Pablo? Siempre he tenido envidia de tu mujer, aunque tú nunca me habías hablado de ella…
- ¿Y eso? - respondí intentado alejar el tema lo máximo posible de mi mujer.
- Cuando llegué a la oficina tu eras el puto amo allí – arrancó. El alcohol ya transformaba su vocabulario. – Eras guapo, tenías un buen puesto, el mundo te pertenecía…
- Joder, Cris, visto así… No creo que sea para tanto...
- Lo era – me cortó. – Yo era un cría al llegar allí, estaba empezando a salir con el imbécil de Borja y estaba un poco fascinada por conocerte.
- No sé qué decir…. – balbuceé.
- Entonces pasó toda aquella mierda de Borja y tú, en aquel tiempo, te casaste… Fue una época difícil para mi, la verdad…
- Vaya, Cris…
- estaba flipando. - ¿Por qué nunca me dijiste nada?

Cris estaba en otro sitio. Aquí y allí a la vez. No conseguía saber exactamente qué podría estar pensando…

- El caso es que anoche me llevaste a cenar fuera, nos tomamos unas copas y me puse tan cachonda que no sé ni lo que pasó después…

Joder… Ahora ya lo sabía.

- La verdad es que pasamos una buena noche, Cris
– rememoré. – No sé en qué estaría pensando tu novio aquel día, pero…

Cris no dijo nada. Se levantó, cogió el abrigo y el bolso y me dijo:

- Paga y vámonos al hotel, por favor.

No sé qué coño tenían las cervezas de Suecia, pero o mucho me equivocaba, o Cristina estaba pidiéndome de nuevo guerra…

No me dio tiempo ni a cerrar la puerta del coche en el parking. Antes de que pudiera girarme, tenía la mano de Cris en mi paquete y estaba acercando su boca a la mía para darme uno de esos besos húmedos que despertarían a un muerto.

- Pablo, tío… ¿Por qué me pones tan cachonda?

No dije nada. Hundí mi mano en su pantalón y lo desabroché con cuidado para dejar una vía libre en el acceso a su sexo. Cris empezó a suspirar y la obligué a sentarse en el asiento del coche erguida. Con mi mano derecha, sorteando la consola que dividía los dos asientos, avancé con cuidado por su pantalón y hundí la mano en su coño.

La dejé un rato ahí, notando su humedad e impregnándome de su olor. Cristina miraba hacía arriba y apenas se movía, aunque su respiración era muy fuerte.

Arranqué el coche y con la mano izquierda guié el coche hacia la salida del parking. Metí el ticket en la ranura y empecé a conducir, sin rumbo, sin destino. Tenía un plan… Con la mano izquierda guiaba el volante, con la derecha acariciaba y masajeaba el coño de Cris, aprovechando que el coche era automático y no tenía que cambiar de marchas.

Seguí mi masaje mientras Cristina comenzó a bajarse el pantalón y, levantando su precioso culo, se bajó también las bragas. Aquella niña buena, la compañera ideal, estaba con los pantalones por los tobillos y las bragas por las rodillas recibiendo un masaje en su clítoris a bordo de un Volvo en marcha por una carretera sueca. No era mi primera vez en aquella tarea, todo hay que decirlo, pero el coño de Cris estaba húmedo y permitía jugar con los dedos sin ningún problema. No era frecuente encontrar escenarios así en los que los dedos fluyeran tan ligeros.

- Joder, Pablo… Estoy como una zorra en celo – casi gritó mi acompañante.
- Voy a hacer que te corras, cielo – le propuse desafiante. – Así que relájate y disfruta del camino.

Enfilé una carretera, sin saber en qué dirección. Solo quería una autopista, algo amplio sin distracciones para acometer aquella ilegalidad de la manera más eficaz posible. De reojo, sin perder la carretera de vista, veía cómo Cristina se tocaba las tetas y, en un acto reflejo, se desabrochó los botones de la camisa dejando su sujetador a la vista. Cristina seguía contorneándose y moviéndose todo lo que aquella postura y el cinturón de seguridad le dejaban. Mi polla estaba apretada por el pantalón y no podía sacármela. Me dolía. Me dolían los huevos. Estaba teniendo una vista excepcional, única, posiblemente irrepetible, pero también tenía un dolor en la entrepierna que se me hacía difícil de soportar.

Cristina cogió mi mano y tomó mis dedos pulgar e índice. Mojándolos en el flujo de su húmeda vagina, se los llevó a la boca y los chupó a conciencia, mientras con su mano derecha seguía haciéndose un masaje de coño para no perder la excitación.

- Qué rico, cariño – me dijo con los ojos desencajados, pero sin mirarme. - ¿Te gusta lo que ves?
- Cris, buff…


No podía girar mi cabeza si no quería perder de vista la carretera. En aquel tramo de autopista, todavía cerca de la ciudad, el tráfico era bastante intenso. Cogió mi mano de nuevo, la metió en su coño y siguió utilizando mis dedos para darse placer, ahora metiendo la punta en su cueva. Con sus manos se tocaba también el clítoris y no dejaba de gemir, mientras yo sentía una presión cada vez mayor en mi entrepierna.

- Cris, joder, qué buena estás
– dije casi sin querer.
- ¿Esto es lo que querías Pablo? ¿Para eso me has traído a Suecia?
- Sí, Cris, claro – mentí. – Qué bien que hayas venido…..

Ni en mis mejores sueños me había imagino yo que Cristina Romero acabaría tirada en mi coche con el coño abierto.

La carretera se abría cada vez más, el tráfico disminuía y mis miradas furtivas al coño de aquella espectacular mujer eran cada vez más frecuentes. Ella tenía la espalda arqueada, las bragas ya estaban por los tobillos también para poder abrir las piernas un poco más y, la verdad, el antebrazo empezaba a dolerme por el movimiento de los dedos sobre su rico sexo.

Pero, cada vez que intentaba parar para coger fuerza, Cris me abroncaba.

- Ni se te ocurra parar ahora, por favor, por favor – casi gemía con voz de niña buena.

Aquellas palabras eran la gasolina que necesitaba mi brazo. El coño estaba húmedo, encharcado. Los fluidos de su vagina caían sobre el asiento de cuero del Volvo, pero aquel coñito no dejaba de producir líquido para asegurar que mis dedos se podían mover con soltura de arriba abajo, apretando los labios para poder sentir mejor su excitación.

Era una escena brutal. Cris miraba al techo casi todo el rato. Con la mano izquierda se manoseaba las tetas y jugaba con su cuello, dejando la derecha para acompasarla rítmicamente con la mía. Estaba excitada, gemía cada poco y se notaba que el punto álgido no estaría lejos.

- ¿Te gusta? – pregunté inocentemente.
- Ummmm…. – ya no podía hablar, estaba demasiado excitada.

Era increíble la capacidad que tenía para disfrutar de cada corrida. Diez minutos antes de correrse, ya estaba fuera de sí, disfrutando, metiéndose un dedo por el coño mientras yo me centraba en el clítoris. Por lo poco que la conocía en ese terreno, sus orgasmos empezaban mucho antes del clímax: era una bomba que iba liberando su carga muchos minutos antes de la explosión.

Yo estaba en la gloria. Tocaba su coño, acaricia su pubis, volvía a bajar. Estaba muy concentrado en no parar, aunque la otra mitad de mi cerebro debía conducir aquel coche por la carretera sin provocar ningún accidente. Me sentía halagado por poder darle placer solo con mis manos, aunque mi polla sufría las consecuencias con un encierro que casi la estaba ahogado.

Por fin, cuando la bomba estaba a punto de explotar, Cris lo anunció.

- Oh, Pablo…. Ohhh…. Me voy a correr – dijo muy bajito.
- Córrete, cielo, échamelo todo en la mano…. – respondí para acelerar el proceso.
- Qué rico, qué rico, ya viene……

Se corrió violentamente. No gritó, pero gimió tan fuerte que parecía que se ahogaba. Apartó mi mano y usó las suyas para darse placer en esos últimos segundos…. Pude recuperar la movilidad de mi antebrazo y estiré el brazo para intentar tocar sus tetas o su cuerpo, me daba igual. Quería ser partícipe de aquella corrida tan brutal. Nada más tocar sus tetas por encima de la ropa, mi polla soltó un pequeño chorro de semen mientras Cristina caía rendida sobre el asiento.

Cristina había conseguido que me corriera sin haberme tocado.


(continuará…)
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