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Tus Relatos y experiencias - La coleccionista de semen Herramientas
Antiguo 02-mar-2017, 17:35   #26
elefant
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Neferet llega empapada al hotel. Pide la cuenta y un taxi en recepción y después sube a darse una ducha y a recoger sus cosas. Al cabo de una hora ya está instalada en su nueva habitación en un hotel del centro de Hacinada.

Piensa en Milos, en la mirada de decepción que se dibujó en sus ojos cuando ella se puso en pie de nuevo, sin darle tiempo a limpiarla, y salió de debajo del árbol corriendo, sin abrocharse siquiera los pantalones. Hubiera sido todo demasiado arriesgado. Ahora, en la gran ciudad, sus actos se van a mezclar con los de muchos otros, es un camuflaje perfecto para los bichos raros que en cualquier otro lado llamarían la atención.

Y nuevamente mira por la ventana. Bloques y más bloques de edificios. Algunos vetustos, otros escandalosamente nuevos. Sobre ellos ya ha empezado a derramarse la noche, como una leche negra que humea niebla y que desdibuja las formas y diluye los colores.

No tiene ganas de salir, preferiría quedarse hecha un ovillo en el sofá viendo la tele, cualquier programa, cualquier película, cualquier cosa antes que volver a cazar… Suena su móvil, es su marido, le dice que la ama, que la echa de menos, que vive por ella…

Cuando cuelga, cinco minutos después, Neferet toma su bolso y sale de nuevo al aire templado y viciado de la ciudad. La gente abarrota las aceras, unos van a la derecha, otros a la izquierda, no se miran entre ellos, como si cada uno de ellos caminara solo, sería lo mismo…

Se ha vestido con una minifalda tejana, una camiseta de manga larga color salmón, el bolso cruzado sobre el pecho, tensionando la camiseta y marcándole los pezones. Ni sujetador, ni bragas, cuanto antes acabe, antes podrá volver al hotel y dormir. Y no pensar.

La mezcla de olores casi la marea. En el estrato más bajo está el humo de todos los tubos de escape de los coches que circulan entre acera y acera, ya con las luces encendidas, sucios, ruidosos. Después las colonias que cada uno de los cientos de humanos que deambulan por allí se han vertido generosamente sobre la piel. Trenzándose con ellos le llegan los hedores de fritanga, de aceite requemado, de carnes indeterminadas chamuscadas al fuego. Y sobre ellos, seleccionando cuidadosamente, las feromonas que a ella le interesan y que la van guiando hacia su objetivo. Es difícil cazar en Hacinada, porque en todos sus estratos subyace ese aroma ancestral, más viejo que ninguna de las piedras que conforman los edificios, esa esencia maligna y pútrida que a la vez que repugna mantiene la urbe habitada, que no viva.

Lo ve venir, va a ser ése. Un hombre de no más de treinta años. Vestido aún con el traje pero con la corbata en la mano. En la otra mano una cartera, barata, de piel de imitación. Va casi corriendo. Seguramente quiere coger el metro, un tren, un autobús que le saque de allí. Neferet se cruza en su camino, choca con él.

Él hombre la mira desconcertado, como si en ese momento se diera cuenta de que no está andando solo por la acera. Los demás siguen pasando a su lado, sorteándolo, sin mirar. Ella le sonríe.

—Perdona, es que iba distraída.
—No, perdóname tú a mí, es que el tren… —Y se mira el reloj en la muñeca izquierda.
—Bueno, ya lo he perdido, ahora a esperar otra hora —La observa como enojado, como si ella tuviera la culpa.
—Lo siento –dice Neferet. Le muestra su mejor sonrisa, dulce, cautivadora. Él ya la está estudiando, sus pechos sueltos bajo la camiseta, sus piernas imponentes, esa melena de rizos en los que hundir la nariz…
—Te invito a un café, si puedes, tengo que esperar al próximo tren –dice él.
—Vale, precisamente iba buscando un lugar donde tomarme algo –añade ella acercándose más a él, esperando a que él camine hacia un lugar determinado.

Él elige un bar pequeño, que a ella le habría pasado desapercibido, una pequeña barra y tres mesas. No hay nadie. Huele a palomitas y a ketchup. El suelo sembrado de sobres de azúcar vacíos que no parecen todos recientes.

Se dan los nombres, hablan un poco de las familias, de sus trabajos. Neferet miente descaradamente e intuye que él también. Van acercando sus caras, se escrutan con las miradas, calculando posibilidades, esperando el momento exacto de atacar.

—Me apetece fumar, ¿me acompañas a la trastienda? –dice él.
—Claro, vamos –acepta Neferet, agradecida de que él haya dado el paso.

Una puerta medio salida de sus goznes les da paso a un mugriento y oscuro callejón. Cubos de basura, hierbas que han crecido en las grietas de un asfalto tan irregular que parece una colada de lava, silencio, un trozo de noche sobre sus cabezas.

Sin darle tiempo a sacar el cigarrillo, ella le da un suave beso en los labios. Él parece sorprendido, ¿qué ha sido eso? ¿ternura? Y la empuja contra la pared, poniéndola de espaldas a él. Ella lo nota, apretándose contra su culo, su pene duro, sus manos apartándole los cabellos, sus dientes en su nuca…

Pasa a veces, no elige bien, la gente no es lo que parece…

Las manos de él se deslizan rápidamente bajo la camiseta de Neferet, se posan sobre sus tetas, las aprietan y sus dedos pellizcan los pezones. Ella empuja con su culo. El aprieta más sobre los pezones. Ella gime y siente la humedad en la entrepierna.

Neferet está aprisionada entre la pared de ennegrecidos ladrillos y él. Solo ve piedra pero a su espalda todo es fuego. El hombre le ha subido la falda, sus manos han pasado de los pechos a sus nalgas, que está amasando, juntando y separando. Le oye jadear. Una mano se desliza entre las piernas de ella, un dedo la penetra con certera habilidad.

Quizás sí eligió bien, después de todo. El hombre se agacha, le separa los cachetes del culo y empieza a lamerle el ojete mientras con la otra mano le frota el resbaladizo coño, acariciando labios menores, clítoris, agujero… en cada pasada.

Ella nota como sus agujeros se dilatan, la lengua de él le penetra el culo. Ella ya está babeando a pesar del asco que le provoca el sitio. Se siente encendida, se abre un poco más de piernas, se arremanga la camiseta para que sus pezones se pongan más duros aún con el frescor de la noche. Hecha la cabeza hacia atrás, grita y se deja arrastrar por un orgasmo que la ondula contra la pared como si fuera una sábana de carne tendida al viento.

Él se separa un poco, ella no se gira, pero sabe lo que hace, lo intuye por el ruido. Está sacando un preservativo de la cartera. Se lo está poniendo. “Vale, no es problema”, piensa ella.

Después las manos de él vuelven a abrirle el culo, su glande presiona sobre el ojete, ella traga saliva, se relaja, se deja hacer, se inclina un poco hacia delante, sus tetas le cuelgan oscilando a derecha e izquierda. Neferet pone una mano sobre la pared y otra la desliza entre sus piernas, hasta alcanzar su clítoris, que sigue duro, enervado y asomando entre los labios.

Él jadea, no han hablado desde que han salido fuera. La tiene cogida por la cintura y sigue haciendo fuerza para ir entrando poco a poco. Ella tiene la mano empapada de sus jugos, echa el culo un poco más para atrás y a él se le escapa un grito cuando su polla entra entera, los huevos mojándose en el coño de ella.

A Neferet se le saltan las lágrimas al mismo tiempo que otro orgasmo le nace en las entrañas. Él se mueve despacio, dejando un rastro ardiente en cada movimiento. Pero ella no puede evitar agitarse con el placer, las contracciones en su vagina y en su recto son casi dolorosas de tan fuertes y arrancan la eyaculación de él, que ahoga un nuevo grito y hunde su cara en la melena de ella, que gime al final como una bestia herida.

Se separan. Él no la mira a la cara. Mejor.

—Espera, yo te quito el preservativo –dice ella.

Él se deja hacer, aún está intentando recuperar el ritmo normal de su respiración. Mira el reloj y se da cuenta de que va a perder también el siguiente tren. “Tengo que irme” es todo lo que dice antes de salir corriendo.

Neferet saca el frasquito de su bolso y con dedos expertos escurre el contenido del preservativo en el bote. Después se baja la falda y la camiseta. Se limpia entre los muslos con un pañuelo. Vuelve al interior del bar, paga la consumición y regresa al hotel.

Son solo unos minutos hasta llegar, pero la noche ya se ha hecho completamente con Hacinada, las aceras se han vaciado de transeúntes y la circulación ha disminuido considerablemente. La niebla observa agazapada sobre las farolas, esperando el momento oportuno de dejarse caer. A lo lejos se oye el sonido ahogado de unas campanas tocando a muertos.
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Antiguo 02-mar-2017, 18:43   #27
LUDICO
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UMMM! Esa mezcla de prisa, temor, necesidad, angustia y sobre todo morbo....
Como en toda tu temática , me encanta como tratas cada entrega y cada relato!!

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Antiguo 02-mar-2017, 20:15   #28
Gadwing69
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Espectacular!!! no tworthnotw orth
Neferet es como una especie de vampira de semen.
Y la mezcla de remordimientos y culpabilidad enfrentada a la necesidad de "nutrirse" es sublime.
Bravo elefante
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Antiguo 04-mar-2017, 21:09   #29
Gamberrilla
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Es innegable que escribes muy bien, gracias.


Logras que el lector, se detenga en las descripciones de la situación, del lugar; logras que se adentre en la atmósfera que se respira.

Elefant

Gmbr.
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Antiguo 05-mar-2017, 08:57   #30
elefant
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Os agradezco muchísimo a todos las lecturas y los comentarios. Como siempre digo, el tiempo es lo más preciado que poseemos y cada día que pasa tenemos menos. Por eso valoro más aún que os detengáis a pasar vuestros ojos por mis letras. Es innegable que el relato va de sexo a saco, porque la protagonista vive un encuentro sexual tras otro. Pero a la vez intento reflejar que el sexo no es algo que pueda existir independientemente del entorno, de los sentimientos, de la propia historia vital de cada individuo. Cuando follamos o hacemos el amor, no somos solo cuerpos aislados. Somos entrega, acoplamiento, deseo y ansia. Y somos el resultado de todo lo que hemos vivido y sentido hasta ese momento. Tantas cosas juntas que, si somos capaces de percibirlas y sumarlas a nuestros actos, pueden hacer de cada encuentro sexual una experiencia única. En el relato he dejado que se me vaya un poco la imaginación más allá de lo que puede parecer real, pero cada vez que Neferet está con alguien (o sola) no es solo un cuerpo. Todos los sentidos están presentes para intentar humildemente haceros sentir a vosotros también, como yo lo siento con solo escribirlo.
Es maravilloso poder conmover, excitar, asombrar… a alguien con solo palabras escritas.
Gracias.
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Antiguo 05-mar-2017, 13:28   #31
Crisalida
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Os agradezco muchísimo a todos las lecturas y los comentarios. Como siempre digo, el tiempo es lo más preciado que poseemos y cada día que pasa tenemos menos. Por eso valoro más aún que os detengáis a pasar vuestros ojos por mis letras. Es innegable que el relato va de sexo a saco, porque la protagonista vive un encuentro sexual tras otro. Pero a la vez intento reflejar que el sexo no es algo que pueda existir independientemente del entorno, de los sentimientos, de la propia historia vital de cada individuo. Cuando follamos o hacemos el amor, no somos solo cuerpos aislados. Somos entrega, acoplamiento, deseo y ansia. Y somos el resultado de todo lo que hemos vivido y sentido hasta ese momento. Tantas cosas juntas que, si somos capaces de percibirlas y sumarlas a nuestros actos, pueden hacer de cada encuentro sexual una experiencia única. En el relato he dejado que se me vaya un poco la imaginación más allá de lo que puede parecer real, pero cada vez que Neferet está con alguien (o sola) no es solo un cuerpo. Todos los sentidos están presentes para intentar humildemente haceros sentir a vosotros también, como yo lo siento con solo escribirlo.
Es maravilloso poder conmover, excitar, asombrar… a alguien con solo palabras escritas.
Gracias.
A esta ciudad de Hacinada... sólo le falta una Serial Killer que después de llevarse sus muestras de manjar lácteo, dé matarile al que no dé sexualmente la talla....
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Antiguo 06-mar-2017, 16:49   #32
mikeloliva
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“En el relato he dejado que se me vaya un poco la imaginación más allá de lo que puede parecer real, pero cada vez que Neferet está con alguien (o sola) no es solo un cuerpo. Todos los sentidos están presentes para intentar humildemente haceros sentir a vosotros también, como yo lo siento con solo escribirlo.”

Pues lo estás consiguiendo por partida doble. Como ejemplo:

“Él se mueve despacio, dejando un rastro ardiente en cada movimiento”

“La niebla observa agazapada sobre las farolas, esperando el momento oportuno de dejarse caer. A lo lejos se oye el sonido ahogado de unas campanas tocando a muertos.”



Gracias mil por compartir
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Antiguo 06-mar-2017, 23:34   #33
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Os agradezco muchísimo a todos las lecturas y los comentarios. Como siempre digo, el tiempo es lo más preciado que poseemos y cada día que pasa tenemos menos. Por eso valoro más aún que os detengáis a pasar vuestros ojos por mis letras. ...................................
Gracias.
Gracias a tí, por deleitarnos y entrecortarnos la respiración mientras absorvemos cada sombra, cada fugaz reflejo, cada golpe de hedor en Hacinada y cada gota de sudor que recorre la espalda de la protagonista.

Elefant.

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Bajo el sol naciente....................seré tu Samurái y.......................moriré con honor si te deshonro.
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Antiguo 08-mar-2017, 07:39   #34
HachaX
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Voy a comprarle mas tarros a Neferet, que no le falten.

Nos excitas la mente.

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Antiguo 12-mar-2017, 17:59   #35
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La mezcla de olores casi la marea. En el estrato más bajo está el humo de todos los tubos de escape de los coches que circulan entre acera y acera, ya con las luces encendidas, sucios, ruidosos. Después las colonias que cada uno de los cientos de humanos que deambulan por allí se han vertido generosamente sobre la piel. Trenzándose con ellos le llegan los hedores de fritanga, de aceite requemado, de carnes indeterminadas chamuscadas al fuego. Y sobre ellos, seleccionando cuidadosamente, las feromonas que a ella le interesan y que la van guiando hacia su objetivo. Es difícil cazar en Hacinada, porque en todos sus estratos subyace ese aroma ancestral, más viejo que ninguna de las piedras que conforman los edificios, esa esencia maligna y pútrida que a la vez que repugna mantiene la urbe habitada, que no viva.
¡¡Me encanta!!

Bueno, ya se sabe, "cada loco con su tema", y soy un loquito, para qué negarlo, que te relee y al que le encantan tus huesitos:
La medula de tu literatura.
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Antiguo 12-mar-2017, 18:23   #36
elefant
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¡¡Me encanta!!

Bueno, ya se sabe, "cada loco con su tema", y soy un loquito, para qué negarlo, que te relee y al que le encantan tus huesitos:
La medula de tu literatura.
Confieso que cuando escribí ese párrafo se me llenó la boca de saliva, a mí también me encanta jajaja, aunque quede mal que lo diga yo, pero es así.
Loquito
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Antiguo 14-mar-2017, 20:25   #37
elefant
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Cuando Neferet está a punto de entrar en el hotel, una mano la agarra del brazo y la frena. Ella se da la vuelta.

—Hola, bonita y huidiza extraña –le dice Milos con frialdad, a pesar de que su boca construye una sonrisa.
— ¿Qué quieres? –le pregunta Neferet. Se siente cansada. Ni siquiera le pregunta cómo la ha encontrado. Es obvio que el taxista que la llevó al nuevo hotel se lo ha dicho.
—Creo que quedó algo pendiente entre nosotros, no acostumbro a hacerlo pero creo que me debes “algo” –dice él con el deseo deslizándose por sus pupilas.

Aprovechando que el hombre, por unos instantes, se queda prendado de los pezones que se le marcan bajo la blusa, Neferet se suelta de su brazo y sale corriendo. Sabe que en un cuerpo a cuerpo no tiene nada que hacer con ese gigante. Lo único que puede hacer es intentar despistarle y esconderse hasta la mañana siguiente, cuando él tenga que incorporarse a su turno de trabajo de camarero. Podría entrar en recepción y pedir ayuda, pero lo último que desea es llamar la atención.

Corre por las aceras sorteando los pocos viandantes que quedan. La niebla ya está descendiendo en una lluvia de tules rasgados. Oye los pasos de él a su espalda. Ve una boca de metro y se apresura, quizás ahí dentro pueda despistarle. Empieza a bajar los irregulares escalones y ese hedor tan familiar, sale a recibirla. Viene vestido de bochorno rancio, zotal y lágrimas ácidas.

Neferet se arrepiente ahora de haber salido sin ropa interior porque, al final sí, sí que unos cuantos usuarios se quedan mirando como sus tetas saltan libres bajo la fina tela. Ella sigue corriendo por el andén. El olor de cables recalentados, de electricidad sometida, le pone la piel de gallina.

Neferet llega al final del andén y no tiene más remedio que bajar a las vías por una diminuta escalera de servicio. Avanza cada vez más a oscuras, rezando para que no llegue un convoy. Ve un pequeño túnel auxiliar, iluminado por luces de emergencia y se para. No puede seguir. De acuerdo. Que sea lo que él quiera.

Milos llega en dos segundos. Se detiene delante de ella y comprende que no va a huir.

—Ya sé tu nombre, Neferet, lo miré en el hotel –le dice él mientras se va desabrochando los pantalones.
— ¿Y sabes lo que significa? –dice ella, quitándose el bolsito y la camiseta en un solo gesto.
—Creo que es egipcio ¿no? Belleza, o algo parecido –su respiración es jadeante, por la carrera, por la excitación de ver a Neferet, que también se ha quitado la falda y está completamente desnuda frente a él.
—Bueno, es más antiguo que la cultura egipcia –le dice Neferet, dando un paso adelante y abrazándose a él.

Y no hay más palabras. Abrazados como están, el gigante coge las piernas de Neferet y las pone alrededor de su cintura, sujetándola por las nalgas, haciendo que ella baje el cuerpo lentamente hasta sentir la polla presionando en el agujero de su coño. Ella se deja caer un poco, el pene entra bien, pero le escuece el culo, espera que él no se lo toque.

Milos la mueve arriba y abajo sin esfuerzo aparente. Neferet se frota con él, su cara, su aliento, sus tetas en el pecho de él.

Oyen una especie de zumbido que va aumentando de intensidad. El metro. No va a pasar por ahí, pero lo hace a unos diez metros. El aire baila y se remueve alrededor de ellos, componiendo figuras que no se ven pero que les acarician, los envuelven, casi les ahogan. Y Milos grita y eyacula dentro de ella.

Después la deja caer con suavidad. Neferet da un traspié, pero aprieta sus muslos, no va a dejar que se pierda el semen. Él la mira.

—Ahora que ya somos amigos, podríamos ir a tu hotel –le dice mientras se sube los calzoncillos y los pantalones.
—“La que arrebata la luz” –dice ella.
—¿Qué? –replica él desconcertado.
—Ese es el primigenio significado de mi nombre –dice ella, desapareciendo en las sombras de un rincón, agachándose y depositando el semen en un frasco.

Milos piensa que ella está orinando y hace lo mismo contra la pared del otro lado.

Neferet se viste. Las ropas están tiznadas, así como sus pies, las manos… Y eso que ahí hay poca luz, “suerte que en la calle las personas miran pero no ven”, piensa ella.

—¿Salimos? –pregunta Milos ofreciéndole una mano.
—Espera un poco, dame unos minutos –pide ella.
—¿Por qué lloras, Neferet? Tú también querías, a las mujeres os gusta haceros de rogar, he notado que te gustaba…

Milos habla cada vez más lentamente, las palabras se le caen de entre los labios sin llegar a pronunciarse enteras, sus manos tiemblan y cae de rodillas sobre el irregular suelo de hormigón y grava.

Neferet espera a que pase otro metro y después sale corriendo hacia el andén. No hay absolutamente nadie, todos han subido al convoy y se han ido a sus casas. Ojalá ella pudiera hacer lo mismo… Sube los escalones hacia la calle con la sensación de que decenas de manos la intentan agarrar de los pies. La neblina la mira a los ojos y se derrama en ellos. La sirena de una ambulancia corta en dos la noche.

Última edición por elefant fecha: 14-mar-2017 a las 21:08.
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Antiguo 16-mar-2017, 17:05   #38
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Cuando Neferet está a punto de entrar en el hotel, una mano la agarra del brazo y la frena. Ella se da la vuelta.

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Milos habla cada vez más lentamente, las palabras se le caen de entre los labios sin llegar a pronunciarse enteras, sus manos tiemblan y cae de rodillas sobre el irregular suelo de hormigón y grava.

Neferet espera a que pase otro metro y después sale corriendo hacia el andén. No hay absolutamente nadie, todos han subido al convoy y se han ido a sus casas. Ojalá ella pudiera hacer lo mismo… Sube los escalones hacia la calle con la sensación de que decenas de manos la intentan agarrar de los pies. La neblina la mira a los ojos y se derrama en ellos. La sirena de una ambulancia corta en dos la noche.
Qué escena mas bien dexcrita, me ha hcho viajar a una novela negra de los mejores años, lo morboso y desesperante de la escena que ella no puede evitar pese a su esfuerzo...

Como siempre genial...

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Antiguo 16-mar-2017, 22:16   #39
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“La que arrebata la luz”
Joder, me ha dado un repelus al leer esto.



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Wow chica!!! Tocas todos los géneros en este relato... solo falta que aparezcan piratas y elfos .

Como siempre... BRAVO!!!
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Wow chica!!! Tocas todos los géneros en este relato... solo falta que aparezcan piratas y elfos .

Como siempre... BRAVO!!!
Algún pirata que otro hay por el hilo .

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Antiguo 17-mar-2017, 20:46   #42
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Alguien quería un elfo. Jejejejeje

Muy bueno no lo había visto y me lo he leído del tirón .
Muy muy bueno elefant.
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Algún pirata que otro hay por el hilo .

Y alguno con "pata de falo"...perdon de palo.

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Muy buen relato
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Yo no vine aqui para hacer amigos, pero sabes que siempre, puedes contar conmigo.....

el mas turbao is offline   Citar -
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Antiguo 29-mar-2017, 09:53   #45
elefant
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Al día siguiente por la mañana Neferet deja el hotel y se traslada a otro, situado de nuevo en las afueras, esta vez junto al mar.

Está agotada y decide que se va a tomar ese día libre. Después de desayunar sale al jardín y se sienta al sol, con un libro que ha encontrado sobre la mesita de su habitación. Lo abre y sonríe al darse cuenta de lo tonta que puede llegar a ser a veces. Se trata de una Biblia. En ese momento cae en que muchos hoteles dejaban un ejemplar del libro sagrado en el cajón de las mesitas. Pero pensaba que eso ya había quedado relegado al pasado.

Echa un vistazo, la ha abierto al azar. Hay unas palabras que han sido subrayadas por alguien. Seguramente algún cliente en una noche de insomnio.

“¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”

El libro se le cae de las manos al suelo. Un joven camarero, que hace rato que la observa, se apresta a recogerlo y a depositarlo de nuevo en el regazo de la mujer.

—¡Gracias! No sé qué me pasa, hoy me he levantado cansada y torpe.
—No se preocupe, para eso estamos aquí, para facilitarles la vida a nuestros clientes.
—He cogido la Biblia que ponéis en las habitaciones pensando que sería una novela policíaca…
—¿La Biblia? No, nosotros no ponemos ningún libro en las habitaciones. El hotel dispone de una pequeña biblioteca en la zona lúdica –le dice el camarero mirándola aún con más atención.

La piel de Neferet, que había enrojecido con la torpeza y el sol, va perdiendo todo color. El chaval la sigue viendo hermosísima pero tiene la sensación de que la mujer se ha rebozado en ceniza. Se le ocurre una idea:

—¿Sabe qué podría hacer, si no se encuentra bien? Darse uno de los masajes relajantes que ofrecemos en el spa. Mi hermano es masajista allí, la podría dejar como nueva.

Neferet se levanta, dejando caer de nuevo el libro al suelo y empieza a caminar hacia el interior. Se gira, balbucea:

—¡Gracias de nuevo!

Pero el camarero ya no la escucha, iba a recoger ese curioso libro de tapas negras y ha desaparecido.

Ella decide seguir su consejo y se dirige al spa. El hotel está casi vacío de clientes a esa hora, mediodía. Los turistas están visitando la ciudad y los hombres de negocios en sus reuniones. Ella es casi la única clienta que pulula al lado de la piscina cubierta. Al fondo hay un mostrador y una amable señorita le indica que las tres salas de masaje están libres y que puede elegir entre el masaje clásico, el de chocolate, el de caviar y el “sensations”. Neferet se inclina por el primero, no tiene ganas de experimentar…

La mujer le dice que pase a la primera cabina, que se desnude, se ponga un tanga de celulosa, se tumbe boca abajo en la camilla y se cubra con una toalla.

Neferet sigue todo el proceso y espera. A los cinco minutos se abre la puerta y oye una voz de hombre que le dice:

—¡Buenos días! Así que masaje clásico… Vamos a empezar.

Neferet oye como el masajista frota sus manos para calentarlas, después le retira la toalla completamente, dejándola con el tanga.

Sus manos empiezan a recorrer su espalda con suavidad y dulzura. Están calientes e impregnadas en aceite, se deslizan como si tuvieran vida propia y Neferet se va relajando, cierra los ojos.

Suena una suave música ambiental que se mezcla con el ruido de las respiraciones de los dos. Las manos combinan movimientos de fuerza con otros que casi son caricias. Suben y bajan por sus costados, resiguen la columna, se detienen en sus cervicales, le apartan el cabello para trabajarle el cuello, van hacia sus hombros…

A Neferet se le escapa un gemido de placer. Después de todo, ha sido buena idea lo del masaje. Cuando vea al camarero le dará una propinilla.

Huele como a canela y vainilla, algo dulce que la va adormeciendo.

El hombre acaba con la parte de arriba y empieza el masaje de las piernas. Primero los pies, que se deshacen en sus hábiles manos, después los dedos van recorriendo cada músculo bajo la tirante piel, amasan los muslos, los glúteos…

El hombre coge la tira del tanga, aprisionada entre las nalgas de Neferet, la rompe y tira el tanga al suelo. Sus dedos aceitosos empiezan a pasearse por la raja, después la abandonan y vuelven a las piernas, las separan un poco más, los dedos se hunden en la carne interna de los muslos, casi tocando la vagina de Neferet, que asoma aprisionada contra la camilla.

Ella está entregada, hacía semanas que no se sentía tan bien, es como si las manos del masajista se hubieran llevado todos los rastros de esas otras vidas que ya no lo son…

El hombre observa el culo redondo y prominente de la mujer. Separa los cachetes y le mira el agujero del culo, fruncido, algo irritado, supone que ella habrá tenido relaciones por ahí recientemente. Después hace presión a cada lado de los muslos y el coño de ella se abre como una flor, incluso puede aspirar un ligero aroma a hembra.

—¡Bueno, ya está! Anuncia el masajista, sobresaltando a Neferet.

Ella abre los ojos, se da la vuelta, pero el hombre ya ha salido. “Mejor”, piensa ella al verse completamente desnuda, con los pezones endurecidos. Se viste y regresa a su habitación.
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Antiguo 29-mar-2017, 10:05   #46
combatiente
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Al día siguiente por la mañana Neferet deja el hotel y se traslada a otro, situado de nuevo en las afueras, esta vez junto al mar.

Está agotada y decide que se va a tomar ese día libre. Después de desayunar sale al jardín y se sienta al sol, con un libro que ha encontrado sobre la mesita de su habitación. Lo abre y sonríe al darse cuenta de lo tonta que puede llegar a ser a veces. Se trata de una Biblia. En ese momento cae en que muchos hoteles dejaban un ejemplar del libro sagrado en el cajón de las mesitas. Pero pensaba que eso ya había quedado relegado al pasado.

Echa un vistazo, la ha abierto al azar. Hay unas palabras que han sido subrayadas por alguien. Seguramente algún cliente en una noche de insomnio.

“¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”

El libro se le cae de las manos al suelo. Un joven camarero, que hace rato que la observa, se apresta a recogerlo y a depositarlo de nuevo en el regazo de la mujer.

—¡Gracias! No sé qué me pasa, hoy me he levantado cansada y torpe.
—No se preocupe, para eso estamos aquí, para facilitarles la vida a nuestros clientes.
—He cogido la Biblia que ponéis en las habitaciones pensando que sería una novela policíaca…
—¿La Biblia? No, nosotros no ponemos ningún libro en las habitaciones. El hotel dispone de una pequeña biblioteca en la zona lúdica –le dice el camarero mirándola aún con más atención.

La piel de Neferet, que había enrojecido con la torpeza y el sol, va perdiendo todo color. El chaval la sigue viendo hermosísima pero tiene la sensación de que la mujer se ha rebozado en ceniza. Se le ocurre una idea:

—¿Sabe qué podría hacer, si no se encuentra bien? Darse uno de los masajes relajantes que ofrecemos en el spa. Mi hermano es masajista allí, la podría dejar como nueva.

Neferet se levanta, dejando caer de nuevo el libro al suelo y empieza a caminar hacia el interior. Se gira, balbucea:

—¡Gracias de nuevo!

Pero el camarero ya no la escucha, iba a recoger ese curioso libro de tapas negras y ha desaparecido.

Ella decide seguir su consejo y se dirige al spa. El hotel está casi vacío de clientes a esa hora, mediodía. Los turistas están visitando la ciudad y los hombres de negocios en sus reuniones. Ella es casi la única clienta que pulula al lado de la piscina cubierta. Al fondo hay un mostrador y una amable señorita le indica que las tres salas de masaje están libres y que puede elegir entre el masaje clásico, el de chocolate, el de caviar y el “sensations”. Neferet se inclina por el primero, no tiene ganas de experimentar…

La mujer le dice que pase a la primera cabina, que se desnude, se ponga un tanga de celulosa, se tumbe boca abajo en la camilla y se cubra con una toalla.

Neferet sigue todo el proceso y espera. A los cinco minutos se abre la puerta y oye una voz de hombre que le dice:

—¡Buenos días! Así que masaje clásico… Vamos a empezar.

Neferet oye como el masajista frota sus manos para calentarlas, después le retira la toalla completamente, dejándola con el tanga.

Sus manos empiezan a recorrer su espalda con suavidad y dulzura. Están calientes e impregnadas en aceite, se deslizan como si tuvieran vida propia y Neferet se va relajando, cierra los ojos.

Suena una suave música ambiental que se mezcla con el ruido de las respiraciones de los dos. Las manos combinan movimientos de fuerza con otros que casi son caricias. Suben y bajan por sus costados, resiguen la columna, se detienen en sus cervicales, le apartan el cabello para trabajarle el cuello, van hacia sus hombros…

A Neferet se le escapa un gemido de placer. Después de todo, ha sido buena idea lo del masaje. Cuando vea al camarero le dará una propinilla.

Huele como a canela y vainilla, algo dulce que la va adormeciendo.

El hombre acaba con la parte de arriba y empieza el masaje de las piernas. Primero los pies, que se deshacen en sus hábiles manos, después los dedos van recorriendo cada músculo bajo la tirante piel, amasan los muslos, los glúteos…

El hombre coge la tira del tanga, aprisionada entre las nalgas de Neferet, la rompe y tira el tanga al suelo. Sus dedos aceitosos empiezan a pasearse por la raja, después la abandonan y vuelven a las piernas, las separan un poco más, los dedos se hunden en la carne interna de los muslos, casi tocando la vagina de Neferet, que asoma aprisionada contra la camilla.

Ella está entregada, hacía semanas que no se sentía tan bien, es como si las manos del masajista se hubieran llevado todos los rastros de esas otras vidas que ya no lo son…

El hombre observa el culo redondo y prominente de la mujer. Separa los cachetes y le mira el agujero del culo, fruncido, algo irritado, supone que ella habrá tenido relaciones por ahí recientemente. Después hace presión a cada lado de los muslos y el coño de ella se abre como una flor, incluso puede aspirar un ligero aroma a hembra.

—¡Bueno, ya está! Anuncia el masajista, sobresaltando a Neferet.

Ella abre los ojos, se da la vuelta, pero el hombre ya ha salido. “Mejor”, piensa ella al verse completamente desnuda, con los pezones endurecidos. Se viste y regresa a su habitación.
Sublime, mujer hermosa, Neferet...
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Antiguo 29-mar-2017, 12:28   #47
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Masaje:ñam :

Con las ganas que tengo yo de hacer uno de esos... solo que yo en vez de decir "¡Bueno, se acabó!" sigo masajeando la zona "sensible"
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Bebe, canta, sueña, piensa que el viento ha sido hecho para ti. Vive, escucha y habla usando para ello el corazón. Siente que la lluvia besa tu cara cuando haces el amor. Grita con el alma, grita tan alto...

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Antiguo 29-mar-2017, 12:34   #48
elefant
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Masaje:ñam :

Con las ganas que tengo yo de hacer uno de esos... solo que yo en vez de decir "¡Bueno, se acabó!" sigo masajeando la zona "sensible"

No creas que a mí no me ha costado levantar los dedos del teclado para evitar que el masajista metiera dedos... Pero es que no puede ser que la "pobre" Neferet tenga tanto sexo (y otras tan poco ).
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Antiguo 29-mar-2017, 13:24   #49
Gadwing69
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No creas que a mí no me ha costado levantar los dedos del teclado para evitar que el masajista metiera dedos... Pero es que no puede ser que la "pobre" Neferet tenga tanto sexo (y otras tan poco ).
Uy si... pobriña... (modo ironía on)
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Antiguo 29-mar-2017, 19:27   #50
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No creas que a mí no me ha costado levantar los dedos del teclado para evitar que el masajista metiera dedos... Pero es que no puede ser que la "pobre" Neferet tenga tanto sexo (y otras tan poco ).
Habrá que darle un descanso a la pobre para la que se le viene encima...
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