Antiguo 09-abr-2017, 08:25   #1
rojoross
Pajillero
 
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Predeterminado La Cafeteria

El destino es un niño caprichoso y malcriado, le gusta jugar y su mayor diversión, a veces, consiste en enseñarnos lo que no pudimos tener y, en ocasiones más perversas, las que él nos impidió tener.

Una tarde cualquiera, una cafetería cualquiera…

A pesar de la dura jornada laboral aún no quería volver a casa, realmente nadie le esperaba allí, una casa vacía, llena de antiguos recuerdos, así que decidió apurar un poco el tiempo y tomarse un café caliente, aprovechando que la tarde estaba bastante fría. Decidió entrar en la primera cafetería que encontrase. Y así hizo, nunca había estado allí, pero tenía pinta de ser un lugar tranquilo y eso, precisamente, era lo que el cuerpo le pedía.

Se sentó en una mesa del fondo, y sólo levantó la cabeza cuando la camarera se le acercó para ver que iba a tomar.

- “Un café cortado, por favor…”

Sacó su móvil del bolsillo, miró la pantalla para comprobar si alguien se había acordado de él y al ver que no había sido asi decidió apagar el terminal, era una tarde para tomar decisiones sin pensar, simplemente abstraerse un poco del mundo.

La cafetería estaba bastante bien, tenían una carta interesante pero no le apetecía nada en concreto, solo estaba curioseando a su alrededor. Algo llamó su atención, unas tres mesas mas cerca de la puerta había una chica de espaldas, no se había fijado en ella al entrar, pero su cabello, su figura, su forma de moverse, le recordaban demasiado a alguien, pero no podía ser…

En un intento bastante torpe de acercarse sin llamar demasiado la atención se levantó de la silla y se acercó a la barra para quedar a la altura de la mesa. Llamó la atención de la camarera y al aproximarse únicamente le pidió que llevase un vaso de agua. Bruscamente se dio la vuelta para poder mirar de reojo la cara de la mujer de aquella mesa pero no terminó de hacer el recorrido, su cuerpo se paralizó, su mente se quedó en blanco, como si alguien le hubiese dado al botón de pausa, era ella…

La chica se dio cuenta que alguien a apenas metro y medio se le había quedado mirando, mientras acercaba una humeante taza de café a sus labios giró un poco la cabeza y durante unos segundos, que parecieron horas sus ojos se quedaron clavados el uno en el otro.

- “¿De verdad eres tú?”, balbuceo él, ya que apenas era capaz de mover los labios

- “¿Y tú?, hacia siglos que no te veía, ni siquiera he sabido de ti…” se contestó ella con una sonrisa en los labios.

Esa sonrisa siempre había sido su talón de Aquiles, pocas cosas eran capaz de desarmarle, se consideraba una persona inteligente, tanto que siempre creyó que era uno de los motivos principales de su soledad, no todo el mundo es capaz de convivir con una persona que siempre tiene respuesta para todo, a veces, ser bueno en algo significa que los demás no lo son, y eso intimida. Pero aquella sonrisa, con su correspondiente mirada… Era como entrar en un túnel oscuro, con solo un punto de visión luminoso al fondo, desaparecía el mundo a su alrededor, los sonidos, los olores, simplemente ella. Precisamente por eso había decidido cambiar de vida, no pudo soportar no ser capaz de ocultar sus sentimientos hacia ella, aunque nunca los dijese, se volvieron cada vez más evidentes y ella… era la mujer de un amigo suyo…

- ¿“No esperaba verte, ¿Qué haces por aquí? Esta cafetería no queda cerca de tu trabajo ni de tu casa…”, fue lo único que se le ocurrió para romper una situación que para él era incomoda.

- “Han cambiado tantas cosas…” le replicó mientras agachaba la cabeza, pero al segundo volvió a levantarla y resurgió en su rostro aquella sonrisa… - “¿Por qué no te sientas aquí y nos ponemos al día?”

Todo su cuerpo le pedía salir de allí, dar cualquier excusa, por tonta que fuera, pero, aunque su cabeza tímidamente mandaba la orden, sus piernas temblaban. Debía parecer un idiota, allí, de pie, con una boca entreabierta, paralizado, arrepintiéndose de haber entrado en aquella cafetería, de haber pedido ese café, de haberse levantado… Ojalá le sonase el teléfono, ¡pero lo había apagado! Poco a poco, fue reuniendo las fuerzas para hablar, le diría que tenía una cita y que solo estaba haciendo tiempo, que quizás en otro momento… Por fin su cerebro reaccionó, su boca se abrió y su lengua se preparó…

- “Vale…”

Pero… ¿serás idiota?, fue lo único que le vino a la cabeza después, hasta que se dio cuenta que a su lado estaba de pie mirándole la camarera, con una leve sonrisa en los labios en una mano llevaba una taza de café y en la otra el vaso de agua.

- “Entonces caballero… ¿se lo sirvo en esta mesa?”

Pero antes de poder contestar ella se adelantó y le asintió con la cabeza a la camarera, que dejo las cosas en la pequeña mesa.

Se acercó a la silla, la rodó pesadamente y se sentó enfrente suyo.

- “¿Dónde fuiste, Pablo? ¿Por qué desapareciste de repente?”

- “Necesitaba alejarme, cambiar de aires…”, al fin pudo contestar sin antes exhalar un suspiro

- “¿Alejarte? Si te iba muy bien en la empresa, ¿Quizás pasó algo que yo no supe? Te aseguro que Román se quedó destrozado”

Román era un antiguo compañero de clases, que por diversos motivos acabó también en la misma empresa que Pablo y gracias a eso habían podido retomar su amistad, que poco a poco se había vuelto bastante estrecha, por lo menos hasta que Maite entró en escena…

- “Hablando de Román… ¿Cómo está...?”

- “Nos separamos poco tiempo después de…”

- “¿¿Qué?? ¿Después de qué…?”, no esperaba esa respuesta, en su imaginación siempre se los había imaginado con hijos, en una bonita casa y comiendo perdices…

Maite tomó un breve sorbo de café, su sonrisa se había tornado en una mueca de tristeza, finalmente le miró a los ojos.

- “Después de ti… Pablo… después de ti…”

Sus miradas quedaron enfrentadas durante unos segundos, en otra época él tenía el don de hacer florecer su sonrisa, pero esta vez, quizás por el paso del tiempo o porque, simplemente, no había motivos para eso, sólo que quedaron mirándose

- “Maite… ¿Después de mí, a que te refieres exactamente con eso?”

- “Ayysss…. Ese siempre ha sido tu problema, Pablo, y veo que después de 6 años sigue siéndolo… Eres incapaz de darte cuenta de las cosas sin tener una certeza antes… Nunca has dado un paso sin asegurarte de que el suelo es firme. Ni tú ni yo somos tontos, y tampoco lo éramos en aquella época…”

Se quedó pensando en lo que le acaba de decir con la mirada fija en la taza ya no tan humeante y sin mirarla replicó…

- “Creo que nunca mantuvimos esa conversación porque era demasiado evidente, lo que al principio eran sospechas poco a poco se volvieron evidencias… Maite… sé que fui un cobarde, y no pasa un solo segundo de mi vida en la que no me arrepienta de no haberme atrevido a luchar por ti. Tú eras de las pocas personas que realmente me conocían o, por lo menos, de las pocas que se molestaron en intentarlo, sabes que nunca había actuado así, pero…”

- “Pero estaba Román… si eso lo sé, por eso nunca te he guardado rencor, más bien al contrario, en cambio a él… mi corazón quedó destrozado y le culpaba… poco a poco fui viéndolo diferente y distanciándome de él”

- “¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos?”

- “Apenas dos años más, él hizo todo lo posible para quedarse conmigo, incluso tuvimos un hijo, pero aun así, llegó un momento en el que no pude más”, dijo mientras sacaba una pequeña cartera de colores y de ella una desgastada foto por el roce.

- “Este es Jaime…”

Tomó la fotografía con dos dedos, y al verla una breve sonrisa surgió en su boca…

- “Tiene tu sonrisa…”

- “Si, es un buen chico. Creo que te gustaría, le estoy intentando criar enseñándole lo mejor que puedo, pero no es fácil, estando sola…”

- ¿Pero… sola…?

- “Si… Román acabó pidiendo traslado, nunca me perdonó que le dejase y tampoco ha querido saber nada del niño…”

- “Vaya… lo siento…” aquella conversación le estaba matando por dentro. “Me gustaría conocerle…”

- “Quizás algún día… pero no puedes reaparecer de repente y pretender que haga como que nunca pasó nada…”

Se produjo un silencio incomodo que se prolongó unos minutos, ninguno de los dos se atrevia a cruzar miradas, quizás alguna breve furtiva, y fue en una de estas en la que Pablo creyó intuir el brillo de una lagrima corriendo por la mejilla de Maite…

- “Vale, déjame hacer una cosa, después de tanto tiempo quizás el destino nos citó en esta cafetería… deberíamos celebrarlo, ¿no crees?”, dijo Pablo, rompiendo el silencio.

Ella se limitó a sonreírle, asentir con la cabeza, y ver como se acercaba a la barra para hablar con la camarera. Enseguida Pablo volvió a la mesa con un pedacito de tarta de queso con arándanos y nos tenedores en un pequeño plato.

- “Espero que siga siendo tu preferida…”, le dijo guiñando un ojo mientras apoyaba el plato en la mesa - “Jajajaja, pueden que hayan cambiado algunas cosas, pero otras no…”

- “No… Realmente hay cosas que no han cambiado… quizás porque nunca puedan cambiar…”, dijo con voz dulce mientras la miraba a los ojos y notaba como una sonrisa se dibujaba en su propia cara.

Y lo notaba porque hacia muchísimo tiempo que no sentía esa sensación de bienestar sin ninguna razón aparente, simplemente porque tiene que ser así en ese mismo instante, y que se queda grabada a fuego en la memoria. Ese momento es el que nos infunde el valor para atrevernos con todo, quizás para dar el paso adelante que nos haga avanzar, o quizás para dar el paso atrás que nos permita cambiar lo ocurrido.

Por primera vez desde el reencuentro se atrevieron a cogerse la mano, fue apenas un segundo, pero lo suficiente para hacer aflorar todos aquellos recuerdos que quedaron enterrados bajo la arena de la distancia y el tiempo.
A partir de ahí decidieron ponerse al día, recordar esos antiguos buenos momentos y descubrieron que la química y la complicidad son cosas que resultan muy complicadas de destruir.

La tarde pasó casi en un suspiro y pesar de querer apurarla hasta el límite, la cafetería ya iba a cerrar y se vieron obligados a salir de ese local que ya formaba parte de su historia. En la puerta decidieron no intercambiarse los teléfonos, simplemente quedaron que, en dos días, volverían a encontrarse en la misma mesa de la misma cafetería, a la misma hora. Una forma de intentar empezar de cero o, quien sabe, de ver si era posible darle una continuidad a una historia que había quedado en puntos suspensivos.

Ya fuera, se despidieron con un abrazo eterno y dos besos, dieron dos o tres pasos en direcciones opuestas, pero Pablo se detuvo en seco, se dio la vuelta y dijo en voz alta…

- “Deseaba de corazón poder hacerte feliz el resto de mi vida…”

Ella, tras oírlo, también se paró, giró la cabeza y le contesto…

- “…y yo me hubiese conformado con que lo hubiese hecho el resto de la mía…”

Y se alejaron, con una sonrisa en la cara y con el deseo en el corazón de que el destino les hubiese regalado una segunda oportunidad…

Quizás al final de todo, un niño caprichoso no suele ser tan malo… cuando le haces caso…
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Antiguo 09-abr-2017, 18:12   #2
asisera2
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Interesante, con ganas de saber que derroteros toma el relato
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Antiguo 09-abr-2017, 20:58   #3
testosterona
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parece el guion de una pelicula,,,,, si los actores son buenos pueden comer perdices
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Antiguo 10-abr-2017, 20:06   #4
Mo Chuisle
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Quizá y solo quizá no sea un niño caprichoso

Como siempre, sorprendente ... tómate el tiempo que necesites

PD: No dejes de escribir.
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Antiguo 13-abr-2017, 10:50   #5
Quela
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Antiguo 13-abr-2017, 21:31   #6
Mo Chuisle
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Eso le digo yo... que se anime a escribir y subirlos para que podamos disfrutarlos
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