Antiguo 21-jul-2017, 15:50   #1
calderon2002
Pajillero Novato
 
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Predeterminado Experiencias de pasivo bi

EL PRIMERO
La primera vez tenía 18 años. Desde hacía un par de años me daba muchísimo morbo la situación. Casi sin querer había comenzado a fantasear con ello, incluyendo el sexo entre hombres entre la pornografía que consumía y en mis pensamientos al masturbarme. Aunque nunca se me ocurriría intentar ligar con otro hombre, y he de reconocer que no era mi principal deseo besar y compartir ternuras como lo haría con una mujer, si es cierto que el deseo por una polla grande y dura me obsesionaba.
Al poco de comenzar la universidad descubrí un chat temático LGTB en el que hombres de todo tipo hablaban y buscaban tener sexo entre ellos. Al principio entraba en la sala de cibersexo, en la que fantaseaba con otros hombres sobre cómo podríamos tener sexo en diversas situaciones, la mayoría de ellas de tipo ficticio o fantasioso.
Después de un tiempo practicando cibersexo, empecé a meterme en la sala de mi región. En ella ví todos los hombres que buscaban sexo en mi propia ciudad, tal vez alguno mi propio vecino. Hablaba con todos ellos, pero nunca me atrevía a ir más allá, aunque me excitaba muchísimo leer lo que se ofrecían a hacerme o querían que yo les hiciera a ellos.
Un día, el morbo pudo más que el miedo, y encontré a un hombre de unos 29 o 30 años, no estoy seguro. De hecho ya no recuerdo su nombre, pero estuvimos hablando durante bastante rato. Como la conversación versó sobre muchos temas, no solo sexuales, lo cierto es que me cayó bien y me dio la confianza suficiente para quedar con él, aunque siendo sincero lo hice más movido por mi deseo que por ánimo de hacer un nuevo amigo. Le dije desde dónde estaba chateando y quedamos en que me recogería en un lugar cercano al cabo de media hora. Ésa espera se me hizo eterna, con mil pensamientos asaltando mi cabeza simultáneamente, entre ellos el miedo, ya que no sabía de él más que lo que me hubiera querido contar y ni siquiera sabía si la descripción que mi hizo de su físico era real, el arrepentimiento y la tentación de largarme de allí, pero sí de tentación hablamos, la de quedarme era mayor.
A la hora acordada aparcó cerca de mí un coche, un buen coche, y su dueño se me quedó mirando. Sin saber qué hacer, me acerqué tímidamente y él me pregunto si yo era quien le estaba esperando. Le dije que sí y me hizo un gesto para que subiera a su coche. Una vez dentro me estrechó la mano con normalidad (no sabía si esperaba que le besase) y condujo hasta su piso, que estaba a unos quince minutos de allí.
Durante el viaje su conversación de nuevo logró tranquilizarme un poco, aunque conforme nos acercábamos a nuestro destino yo estaba cada vez más nervioso. Aparcó el coche justo en la puerta y entramos al edificio. Vivía en el tercero, así que subimos en ascensor, donde él recordó de qué se trataba nuestra cita y acercó su mano a mi entrepierna levemente, durante apenas un segundo.
Entramos en la vivienda y me ofreció una bebida. Trajo dos coca-colas que nos bebimos casi sin hablar, sólo mirándonos a los ojos. Entonces me dijo que él realmente no era gay, que tenía una novia que vivía en otra ciudad y a la que veía los fines de semana. Sólo le gustaba el sexo con hombres de forma ocasional. Esto terminó de convencerme, ya que era un planteamiento de la situación similar al mío. Decidí seguir adelante, probar por fin aquello...
Era evidente que yo le atraía. Tenía 18 años, era alto, buen cuerpo de deportista, y por qué no decirlo, guapo. Él tampoco estaba mal, su físico me gustaba (evidentemente era así, pues de lo contrario no me hubiera quedado) así que supuse que no estaría mal empezar con él.
Me llevó a su habitación, donde había una cama de matrimonio con una única sábana. Yo deseaba seguir adelante, pero estaba tan nervioso que me quedé inmóvil junto a ella sin saber qué hacer. Él pasó al otro lado, no sin antes acariciar mi culo al pasar a mi lado, y comenzó a desnudarse enfrente de mí. Sin pensar mucho, comencé a hacer lo mismo. Él sabía, porque se lo había dicho yo, que era mi primera vez, por lo que supongo que no esperaba grandes alardes por mi parte.
Cuando ya estábamos desnudos, me dijo que me tumbara en la cama. Él se puso a mi lado y comenzó a acariciarme el pecho y el abdomen, bajando poco a poco hasta mi polla y mis huevos. Yo me estaba comenzando a excitar mucho, y mi erección era cada vez mayor, al igual que la suya. Me animé y comencé a tocarle la polla. Era la primera vez que tenía la polla de otro hombre en las manos, y su tacto y dureza me excitaron aún más.
Entonces me dijo que se la chupara. Yo seguía con su polla en la mano, quieto, sin saber qué hacer, hasta que me lo volvió a decir. Ésta vez sí, me incliné y sin pensármelo más me la metí en la boca. Era una sensación completamente nueva, tener una polla dura y salada en la boca. Torpemente comencé a mamársela, tratando de imitar la forma en que había visto hacer mamadas en el porno. Seguramente no fue la mejor mamada que le habían hecho hasta entonces, pero parecía que le gustaba. Y a mí. Me estaba gustando mucho y me estaba dando muchísimo morbo la situación. Él estaba tumbado en la cama y yo estaba de rodillas frente a él, cogiéndole la polla con la mano derecha y chupándosela.
Así seguí con la mamada un buen rato, cuando me hizo parar y me preguntó sin rodeos:
- “¿Quieres que te folle?”
Pensé que ya que había llegado hasta allí, no podía parar ahora. Le dije que sí, pero que por favor tuviera muchísimo cuidado. Me dijo que lo tendría que me pusiera boca abajo en la cama.
Cuando lo hice comenzó a acariciar mis nalgas y a darme suaves azotes, lo que me excitó muchísimo más. Del cajón de su mesilla sacó un bote de lubricante, y me puso un poco en mi ano, masajeándolo con su dedo medio, también lubricado, hasta que me lo metió poco a poco. La sensación no era desconocida para mí, ya que yo me había metido el dedo a mí mismo masturbándome, así que levanté un poco las caderas provocando que aumentara el ritmo. Me preguntó que si me gustaba, a lo que contesté con leve gemido. Entonces me metió también el dedo índice y se dedicó a dilatar mi ano con los dos dedos, hasta que me dijo que ya no podía más, que quería follarme ya.
Me puso a cuatro patas al borde de la cama, y él se situó de pie detrás de mi. Yo no podía estas más excitado. Estaba muy nervioso, pero también ansioso por saber lo que era que un hombre te follara.
Volvió a ponerme lubricante y él se aplicó también una buena cantidad. Con mucha suavidad, puso la punta de su polla en mi ano y empezó a empujar levemente. Mi esfínter ofreció bastante resistencia al principio, así que empujó un poco más fuerte para vencerla. Todo su glande se coló dentro de mí de golpe, provocándome una punzada de dolor. Paró y esperó hasta que el dolor remitió, y entonces empujó un poco más. El lubricante cumplió con su función y su polla entró despacio hasta la mitad. Volví a sentir dolor, pero aguanté y le dije que siguiera. Retiró su polla hasta el glande y la volvió a meter de nuevo hasta la mitad, repitiendo el movimiento varias veces. Yo casi ya no sentía molestia, así que de una vez me la metió entera. Sentí sus caderas chocar con mis nalgas cuando entró del todo, quedándose así unos segundos.
Me agarró de las caderas, y empezó a bombear poco a poco, aumentando el ritmo paulatinamente. Un súbito placer comenzó a invadir mi cuerpo, avanzando desde mi ano por mis ingles, mi polla, mis piernas, mi abdomen, inundándome conforme aumentaba la velocidad con la que su polla entra y salía de mí.
Aquel placer era increíblemente mayor que el que me había imaginado. Sus manos en mis caderas, sus huevos chocando con mis nalgas, su polla penetrándome... Me sentía desbordado de placer, tanto que en cuando me toqué para masturbarme mientras me follaba no pude evitar correrme. La intensidad del orgasmo fue enorme. Fueron unos segundos que se me hicieron eternos. Mis piernas temblaban y casi no me sostenían. Una corriente eléctrica recorrió mi espina dorsal. Mi esfínter se contrajo al tiempo que mi próstata desbordaba oleadas de placer, aprisionando su polla en su magnífico vaivén, provocando que él también se corriera con un grito de placer.
Caí rendido en la cama, sobre mi propio semen. Él se tumbó a mi lado con la respiración entrecortad. Los dos estábamos exhaustos.
En cuanto nos recuperamos un poco, nos limpiamos y fuimos a beber algo. Se fumó un cigarrillo mientras hablamos unos minutos, y me despedí de él. Se ofreció a llevarme a casa, pero prefería pasear. Quería pensar traquilamente en lo que acaba de vivir.
Era la primera vez que un hombre me follaba. Y me gustó como no puedo describir...
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Antiguo 21-jul-2017, 19:06   #2
LUDICO
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Bonita experiencia. La primera vez ( en cualquier experiencia ) siempre es importante y por lo que nos cuentas... parece que ati te fue muy bien y seguro que hubo muchas más....

__________________
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Antiguo 04-ago-2017, 01:24   #3
Jul777
Pajillero Novato
 
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Predeterminado Excelente relato

Cita:
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EL PRIMERO
La primera vez tenía 18 años. Desde hacía un par de años me daba muchísimo morbo la situación. Casi sin querer había comenzado a fantasear con ello, incluyendo el sexo entre hombres entre la pornografía que consumía y en mis pensamientos al masturbarme. Aunque nunca se me ocurriría intentar ligar con otro hombre, y he de reconocer que no era mi principal deseo besar y compartir ternuras como lo haría con una mujer, si es cierto que el deseo por una polla grande y dura me obsesionaba.
Al poco de comenzar la universidad descubrí un chat temático LGTB en el que hombres de todo tipo hablaban y buscaban tener sexo entre ellos. Al principio entraba en la sala de cibersexo, en la que fantaseaba con otros hombres sobre cómo podríamos tener sexo en diversas situaciones, la mayoría de ellas de tipo ficticio o fantasioso.
Después de un tiempo practicando cibersexo, empecé a meterme en la sala de mi región. En ella ví todos los hombres que buscaban sexo en mi propia ciudad, tal vez alguno mi propio vecino. Hablaba con todos ellos, pero nunca me atrevía a ir más allá, aunque me excitaba muchísimo leer lo que se ofrecían a hacerme o querían que yo les hiciera a ellos.
Un día, el morbo pudo más que el miedo, y encontré a un hombre de unos 29 o 30 años, no estoy seguro. De hecho ya no recuerdo su nombre, pero estuvimos hablando durante bastante rato. Como la conversación versó sobre muchos temas, no solo sexuales, lo cierto es que me cayó bien y me dio la confianza suficiente para quedar con él, aunque siendo sincero lo hice más movido por mi deseo que por ánimo de hacer un nuevo amigo. Le dije desde dónde estaba chateando y quedamos en que me recogería en un lugar cercano al cabo de media hora. Ésa espera se me hizo eterna, con mil pensamientos asaltando mi cabeza simultáneamente, entre ellos el miedo, ya que no sabía de él más que lo que me hubiera querido contar y ni siquiera sabía si la descripción que mi hizo de su físico era real, el arrepentimiento y la tentación de largarme de allí, pero sí de tentación hablamos, la de quedarme era mayor.
A la hora acordada aparcó cerca de mí un coche, un buen coche, y su dueño se me quedó mirando. Sin saber qué hacer, me acerqué tímidamente y él me pregunto si yo era quien le estaba esperando. Le dije que sí y me hizo un gesto para que subiera a su coche. Una vez dentro me estrechó la mano con normalidad (no sabía si esperaba que le besase) y condujo hasta su piso, que estaba a unos quince minutos de allí.
Durante el viaje su conversación de nuevo logró tranquilizarme un poco, aunque conforme nos acercábamos a nuestro destino yo estaba cada vez más nervioso. Aparcó el coche justo en la puerta y entramos al edificio. Vivía en el tercero, así que subimos en ascensor, donde él recordó de qué se trataba nuestra cita y acercó su mano a mi entrepierna levemente, durante apenas un segundo.
Entramos en la vivienda y me ofreció una bebida. Trajo dos coca-colas que nos bebimos casi sin hablar, sólo mirándonos a los ojos. Entonces me dijo que él realmente no era gay, que tenía una novia que vivía en otra ciudad y a la que veía los fines de semana. Sólo le gustaba el sexo con hombres de forma ocasional. Esto terminó de convencerme, ya que era un planteamiento de la situación similar al mío. Decidí seguir adelante, probar por fin aquello...
Era evidente que yo le atraía. Tenía 18 años, era alto, buen cuerpo de deportista, y por qué no decirlo, guapo. Él tampoco estaba mal, su físico me gustaba (evidentemente era así, pues de lo contrario no me hubiera quedado) así que supuse que no estaría mal empezar con él.
Me llevó a su habitación, donde había una cama de matrimonio con una única sábana. Yo deseaba seguir adelante, pero estaba tan nervioso que me quedé inmóvil junto a ella sin saber qué hacer. Él pasó al otro lado, no sin antes acariciar mi culo al pasar a mi lado, y comenzó a desnudarse enfrente de mí. Sin pensar mucho, comencé a hacer lo mismo. Él sabía, porque se lo había dicho yo, que era mi primera vez, por lo que supongo que no esperaba grandes alardes por mi parte.
Cuando ya estábamos desnudos, me dijo que me tumbara en la cama. Él se puso a mi lado y comenzó a acariciarme el pecho y el abdomen, bajando poco a poco hasta mi polla y mis huevos. Yo me estaba comenzando a excitar mucho, y mi erección era cada vez mayor, al igual que la suya. Me animé y comencé a tocarle la polla. Era la primera vez que tenía la polla de otro hombre en las manos, y su tacto y dureza me excitaron aún más.
Entonces me dijo que se la chupara. Yo seguía con su polla en la mano, quieto, sin saber qué hacer, hasta que me lo volvió a decir. Ésta vez sí, me incliné y sin pensármelo más me la metí en la boca. Era una sensación completamente nueva, tener una polla dura y salada en la boca. Torpemente comencé a mamársela, tratando de imitar la forma en que había visto hacer mamadas en el porno. Seguramente no fue la mejor mamada que le habían hecho hasta entonces, pero parecía que le gustaba. Y a mí. Me estaba gustando mucho y me estaba dando muchísimo morbo la situación. Él estaba tumbado en la cama y yo estaba de rodillas frente a él, cogiéndole la polla con la mano derecha y chupándosela.
Así seguí con la mamada un buen rato, cuando me hizo parar y me preguntó sin rodeos:
- “¿Quieres que te folle?”
Pensé que ya que había llegado hasta allí, no podía parar ahora. Le dije que sí, pero que por favor tuviera muchísimo cuidado. Me dijo que lo tendría que me pusiera boca abajo en la cama.
Cuando lo hice comenzó a acariciar mis nalgas y a darme suaves azotes, lo que me excitó muchísimo más. Del cajón de su mesilla sacó un bote de lubricante, y me puso un poco en mi ano, masajeándolo con su dedo medio, también lubricado, hasta que me lo metió poco a poco. La sensación no era desconocida para mí, ya que yo me había metido el dedo a mí mismo masturbándome, así que levanté un poco las caderas provocando que aumentara el ritmo. Me preguntó que si me gustaba, a lo que contesté con leve gemido. Entonces me metió también el dedo índice y se dedicó a dilatar mi ano con los dos dedos, hasta que me dijo que ya no podía más, que quería follarme ya.
Me puso a cuatro patas al borde de la cama, y él se situó de pie detrás de mi. Yo no podía estas más excitado. Estaba muy nervioso, pero también ansioso por saber lo que era que un hombre te follara.
Volvió a ponerme lubricante y él se aplicó también una buena cantidad. Con mucha suavidad, puso la punta de su polla en mi ano y empezó a empujar levemente. Mi esfínter ofreció bastante resistencia al principio, así que empujó un poco más fuerte para vencerla. Todo su glande se coló dentro de mí de golpe, provocándome una punzada de dolor. Paró y esperó hasta que el dolor remitió, y entonces empujó un poco más. El lubricante cumplió con su función y su polla entró despacio hasta la mitad. Volví a sentir dolor, pero aguanté y le dije que siguiera. Retiró su polla hasta el glande y la volvió a meter de nuevo hasta la mitad, repitiendo el movimiento varias veces. Yo casi ya no sentía molestia, así que de una vez me la metió entera. Sentí sus caderas chocar con mis nalgas cuando entró del todo, quedándose así unos segundos.
Me agarró de las caderas, y empezó a bombear poco a poco, aumentando el ritmo paulatinamente. Un súbito placer comenzó a invadir mi cuerpo, avanzando desde mi ano por mis ingles, mi polla, mis piernas, mi abdomen, inundándome conforme aumentaba la velocidad con la que su polla entra y salía de mí.
Aquel placer era increíblemente mayor que el que me había imaginado. Sus manos en mis caderas, sus huevos chocando con mis nalgas, su polla penetrándome... Me sentía desbordado de placer, tanto que en cuando me toqué para masturbarme mientras me follaba no pude evitar correrme. La intensidad del orgasmo fue enorme. Fueron unos segundos que se me hicieron eternos. Mis piernas temblaban y casi no me sostenían. Una corriente eléctrica recorrió mi espina dorsal. Mi esfínter se contrajo al tiempo que mi próstata desbordaba oleadas de placer, aprisionando su polla en su magnífico vaivén, provocando que él también se corriera con un grito de placer.
Caí rendido en la cama, sobre mi propio semen. Él se tumbó a mi lado con la respiración entrecortad. Los dos estábamos exhaustos.
En cuanto nos recuperamos un poco, nos limpiamos y fuimos a beber algo. Se fumó un cigarrillo mientras hablamos unos minutos, y me despedí de él. Se ofreció a llevarme a casa, pero prefería pasear. Quería pensar traquilamente en lo que acaba de vivir.
Era la primera vez que un hombre me follaba. Y me gustó como no puedo describir...
Me ha encantado leerte. Escribes muy bien. Esa penetración maravillosamente descrita... Excitante a tope ! Por fa, no dejes de seguir contándonos tus experiencias...
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Antiguo 07-ago-2017, 09:03   #4
fildeleau
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Thumbs up Buen relato...

Sigue, sigue...
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