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Tus Relatos y experiencias - Susan Baker´s - Casada y Consentida. Herramientas
Antiguo 01-ago-2017, 17:53   #1
alpharero
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Lightbulb Susan Baker´s - Casada y Consentida.

Hola a todos, gracias por visitar esta sección.

Susan y yo tenemos un hilo en la sección de chicas y parejas, en él estamos posteando fotos (vídeos en breve) de todas nuestras hazañas. Junto a todo el material visual, adjuntamos el relato de dichas aventuras desde el inicio de nuestra relación, pero éste se diluye entre el resto de contenidos; es muy difícil concentrarse en un texto con un montón de fotos de Susan pululando por los alrededores (visitad nuestro hilo y lo entenderéis ). Por ello, hemos decidido abrir este pequeño reducto y transportar dicho relato, puro y duro, sin intromisiones y para el deleite de los más sibaritas, onanistas y amantes de las historias 100% reales.

En cuanto a la cadencia de la historia, os auguro que la cosa no va a ir muy rápida, pues no disponemos de demasiado tiempo y el poco que tenemos lo invertimos en "vivir la vida" para no quedarnos sin argumentos

En principio, nada más que apuntar. Esperamos que lo disfrutéis tanto como nosotros lo vivimos.
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Antiguo 01-ago-2017, 18:18   #2
DONATIO
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Hola!

Estoy deseando leer vuestras experiencias.....

Intuyo que va a ser muy, muy, muy interesante y morboso.

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Antiguo 01-ago-2017, 18:44   #3
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Esperemos disfrutéis y no decepcionaros!!!
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Antiguo 01-ago-2017, 18:49   #4
alpharero
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Lightbulb 1. Antecedentes.

Susan y yo, somos una pareja de éstas que llevan toda la vida juntos, de hecho hemos pasado más tiempo juntos que sin estarlo. Aunque serios y formales, ya de bien jovencitos nos permitíamos saciar pequeñas perversiones, pecadillos sin importancia como masturbar a Susan con un chupa-chups en el cine o hacernos pajas en portales o pasajes solitarios, y así, podría citar un un sin fin de tropelías sexuales que no vienen al caso, pues son pueriles comparadas a las que nos depararían en un futuro y no son claves para el relato en cuestión.

Un dato que desde mi punto de vista no carece de importancia, dado que revela parte de la personalidad de Susan, es el relato de la primera vez que ella me hizo una mamada. Fue nuestra primera relación carnal y en ese momento descubrí que Susan no era lo que parecía. Aquella buena chica, tímida y modosita de la que me había enamorado (pues antes de salir con ella, bien que me había informado al respecto) albergaba en su interior una indómita naturaleza, tan elegante como sórdida e incontrolable. Esto último no lo descubrí hasta ser lo suficientemente maduro como para aceptarlo, es muy difícil de entender y aceptar a tan temprana edad lo perversa que puede ser la mente de una chica como ella...
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Antiguo 01-ago-2017, 18:52   #5
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Esperemos disfrutéis y no decepcionaros!!!
Bueno, esta chica tan preciosa y consentida es Susan, mi mujer.
Gracias por saludar, mi amor.

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Antiguo 02-ago-2017, 13:10   #6
AnalTrainer
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Esperemos disfrutéis y no decepcionaros!!!
No creo que nos decepcionéis.
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Antiguo 02-ago-2017, 14:18   #7
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Bienvenido a RELATOS... espectacular vuestro otro hilo, os deseo el mismo éxito con este...thu mbsupb eerchugbee rchugbeerc hug
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visita mi hilo: http://www.pajilleros.com/showthread...ferrerid205900
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Antiguo 03-ago-2017, 10:51   #8
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Susan y yo, somos una pareja de éstas que llevan toda la vida juntos, de hecho hemos pasado más tiempo juntos que sin estarlo. Aunque serios y formales, ya de bien jovencitos nos permitíamos saciar pequeñas perversiones, pecadillos sin importancia como masturbar a Susan con un chupa-chups en el cine o hacernos pajas en portales o pasajes solitarios, y así, podría citar un un sin fin de tropelías sexuales que no vienen al caso, pues son pueriles comparadas a las que nos depararían en un futuro y no son claves para el relato en cuestión.

Un dato que desde mi punto de vista no carece de importancia, dado que revela parte de la personalidad de Susan, es el relato de la primera vez que ella me hizo una mamada. Fue nuestra primera relación carnal y en ese momento descubrí que Susan no era lo que parecía. Aquella buena chica, tímida y modosita de la que me había enamorado (pues antes de salir con ella, bien que me había informado al respecto) albergaba en su interior una indómita naturaleza, tan elegante como sórdida e incontrolable. Esto último no lo descubrí hasta ser lo suficientemente maduro como para aceptarlo, es muy difícil de entender y aceptar a tan temprana edad lo perversa que puede ser la mente de una chica como ella...
Ánimo con esos relatos, me da a mí que nos van a gustar mucho con Susan de protagonista.
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Antiguo 04-ago-2017, 15:31   #9
alpharero
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Lightbulb 2. Preámbulo.

Susan y yo hacía poco tiempo que salíamos, acabábamos de consolidar nuestra relación, puesto que antes habíamos pasado por un periodo bastante largo de tránsito e indecisiones en cuanto a amores se refiere.

Resueltas nuestras dudas amorosas, nos dedicábamos a pasar juntos todo el tiempo posible. Vagábamos por la ciudad auspiciados por mi ciclomotor y una inconsciente búsqueda de intimidad.

Hasta la fecha, Susan había sido muy pudorosa en los asuntos sexuales; No le gustaba sentarse encima de mí en los bancos de los parques, ni que nos comiéramos la boca cuando había gente alrededor, tampoco se dejaba meter mano, pues como ya dije, era una chica muy “decente” y con muy buena reputación. Los informes que me llegaban de amigos y conocidos así lo constataban. Susan era la niña tímida y modosita, a la que todos cortejaban pero nadie era capaz de llevarse al huerto.

Aquella noche de verano la luna llena brillaba intensamente, se podían ver de forma nítida los rincones más oscuros de la ciudad. Transitábamos a todo gas por los escarpados arrabales alejándonos tácitamente del bullicio.

Justo dónde termina la ciudad, a la falda de la montaña, empezaban a vislumbrarse los campos de olivos circundados por un lugar santo. Nos metimos por uno de los caminales y fuimos a parar a una especie de lugar anexo escondido entre los árboles. Aquello parecía bastante desangelado. Había una construcción no mucho más grande que una caseta de aperos. La puerta de acceso estaba cerrada, pero frente a ella, en la pequeña explanada, hallamos una mesa redonda de piedra. Nos sentamos en ella a conversar.

En un momento dado, Susan se levantó y empezó a besarme. La sentí muy dulce, mimosa, tal cual es ella. Se apartó un poco de mí y la observé. Estaba preciosa, era como una frágil muñequita de porcelana; delgadita, con las curvas bien marcadas, con sus muslos bien contorneados por debajo de la minifalda, y sus tetas redondas e inhiestas marcándose a través del suéter… y esos ojazos, brillantes, que hacen que te enamores de ella en cuanto la miras.

Sin apartar su mirada ni mediar palabra, empezó a desabrocharme los botones del pantalón. Mi polla respondió a su impulsó y empezó a dificultar la maniobra. Ella, ansiosa, siguió hasta desabotonar toda la bragueta. Metió la mano por debajo de mis calzoncillos y me la sacó babosa, dura como una piedra. Sin bajarme los pantalones y con su mano aferrada a mi miembro, se acuclilló. Con un sensual movimiento de cabeza, apartó su larga melena de la cara y acto seguido engulló mi falo entero.

Así que, allí estaba yo, inmóvil, sentado en la mesa de piedra, apoyado sobre mis manos y la cabeza echada hacia atrás, sintiendo como mi polla resbalaba entre los labios de aquella chica tan decente y pura. No me atreví a coger su cabeza, ni tan siquiera a marcar el ritmo, pues tenía miedo de interrumpir tan sorprendente acto divino.

Bajé mi cabeza y la descubrí concentrada en su labor, ni siquiera me miraba. Notaba como su boca caliente entraba hasta la base de mi miembro, para luego salir casi hasta la punta del mismo. La escuchaba salivar y coordinar la respiración para poder seguir con el vaivén. Sus manos permanecían agarradas a mis pantorrillas y empezó a variar el ritmo guiada por mi excitación. Ella no me dijo que la avisara y yo no la avisé. Aceleró en su empeño por ordeñarme y me derramé en su boca. Yo notaba como mi corrida potente y espesa, inundaba toda su cavidad bucal y se mezclaba con la saliva. Ella siguió chupando con fruición hasta que mi polla dejó de palpitar. La sacó de su boca de una sola chupada, me miró a los ojos y sin abrir los labios tragó hasta la última gota, se relamió, limpió con el dorso de su mano la comisura de su boca y se puso en pie. Me abrazó y la abracé, le di un casto beso en la frente, arrancamos el ciclomotor y nos alejamos del lugar.

Durante el taciturno trayecto me asaltaron un sinfín de dudas entre recelos y conjeturas. Pero que importaba eso, estábamos enamorados hasta las trancas y no permitiría que nada ni nadie nos arrebatara eso.




Y para ilustrar nuestro preámbulo, os dejamos el link de un vídeo que Susan y yo grabamos el otro día:

Susan tomando su ración de leche


Esperamos que os guste
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Última edición por alpharero fecha: 05-ago-2017 a las 12:26.
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Antiguo 05-ago-2017, 15:56   #10
josedeseo
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donde he estado yo para pasar por alto esta pareja...creo que nos dareis muy buenos momentos,ella espectacular
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Antiguo 06-ago-2017, 13:11   #11
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Bueno, esta chica tan preciosa y consentida es Susan, mi mujer.
Gracias por saludar, mi amor.

De nada mi vida, esperemos que guste y disfruten de nuestras experiencias y vivencias tal y como nosotros lo hacemos.
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Antiguo 06-ago-2017, 13:13   #12
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Hola!

Estoy deseando leer vuestras experiencias.....

Intuyo que va a ser muy, muy, muy interesante y morboso.

Muchas gracias, espero disfrutes.
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Antiguo 06-ago-2017, 13:13   #13
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donde he estado yo para pasar por alto esta pareja...creo que nos dareis muy buenos momentos,ella espectacular
Eso esperamos. y sigue y sigue.... jejejejje
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Antiguo 10-ago-2017, 01:25   #14
claracuevas38
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Librame de los toros mansos... jijij
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Antiguo 10-ago-2017, 17:09   #15
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Lightbulb Coto privado de caza.

Susan y yo llevábamos ya unos 7 años saliendo, pero todavía éramos muy jóvenes y vivíamos en casa de nuestros padres. Manteníamos una relación cotidiana muy intensa; comíamos y cenábamos juntos, nuestros trabajos estaban muy cerca y ella pernoctaba casi de continuo en “mi casa”. ¡Vamos! que teníamos planes de futuro y que la cosa iba en serio, muy en serio.

Por aquel entonces, seguíamos explorándonos mutuamente con igual o mayor intensidad que cuando empezamos a salir. Susan, ya hacía años que me había confesado que perdió su virginidad antes de conocerme, pero que tan sólo había sido profanado su coñito. Nunca antes había mamado una polla, y su culo, hasta la fecha, seguía siendo incólume.

Hacía años que nos confesábamos nuestras fantasías para luego convertirlas en juegos de cama. Con el tiempo, fuimos enriqueciendo estas ficciones, incorporando a terceras personas que todavía no tenían rostro, pero sí género; ¡masculino! y no precisamente “singular”. Machos etéreos que se encargaban de satisfacer a Susan en nuestras noches más húmedas. Durante este tiempo, incluso llegamos a dar tímidos pasos para acercar dichas fantasías a la realidad. Si hago memoria, puedo recordar a Susan encerrada en el baño y haciéndose una paja telefónica, con un tío que habíamos conocido en un rudimentario chat de los anales de internet o, tiempo después, haciendo una sesión de cam por Messenger con otro chico, etc.

Nuestra vida en pareja avanzaba con armonía. Nuestra sexualidad era un terreno vedado, un coto privado en el que Susan y yo ostentábamos la potestad a partes iguales, sin intromisiones. Hasta que apareció Damián.

Conocí a Damián por motivos laborales. He de confesar, que la primera vez que interactué con él me cayó bastante mal, a pesar de su simpatía y cordialidad. Poco a poco, debido a afinidades en nuestros hobbies, fuimos entablando amistad, hasta el punto de que nos veíamos casi todos los días. Él era de una ciudad cercana y se instaló en la nuestra, para no tener que viajar a diario hasta su puesto de trabajo. Por ello, conocía todavía a poca gente con quien poder compartir sus filias o, tal vez, simplemente le caí bien.

Damián era un chico un tanto altivo, inteligente, sibarita y experimentado. Un vividor que a pesar de ser tan sólo unos años mayor que yo, hacía gala de una madurez y seguridad que distaba mucho de mi persona. Aunque en aquella época yo no lo viera así.

Siempre he sido una persona muy apasionada por “mis cosas”. Con una curiosidad y capacidad innata por aprender y por la vida en sí misma. Algo rudo y solemne, pero para entonces poco experimentado tanto en el arte de amar, como en lo mundano en general. Pues tardaría unos años en descubrir que eso de la amistad es algo sobrevalorado y volátil.

Con Damián lo pasaba genial, podíamos hablar de cosas interesantísimas con un feedback inagotable. También nos gustaba ser muy sarcásticos y corrosivos, él no dejaba títere con cabeza y yo siempre acababa uniéndome sagazmente al escarnio. La verdad es que el tío era un poco canalla, aunque no se le apreciaba a simple vista.

Dado a la intensa relación que yo seguía manteniendo con Susan, era inevitable que coincidiéramos los tres en algún punto de la ecuación. Y así fue, en muy poco tiempo también entablaron amistad. Todavía recuerdo la primera vez que cenamos juntos, fuimos a la casa que Damián tenía alquilada en nuestra ciudad. Era verano y cenamos en la terraza a la luz de las velas y escuchando buena música. Fue una velada muy agradable e interesante. Damián era un buen anfitrión.

Unos días después de esa cena, Damián nos presentó a una novia que se había echado. Ya nos había hablado de ella y al parecer llevaban un tiempo saliendo antes de conocernos. Empezamos a salir los cuatro a sofisticados y exóticos restaurantes (para mí lo eran), cines de verano, conciertos... Cosas que en su mayoría, por no decir todas, Damián conocía, pues él, como he dicho, era muy sibarita.

Yo siempre he sido más bien una persona casera, que se ha nutrido de su entorno más inmediato, soy de los que piensa que los placeres están en las pequeñas cosas. Aunque a nadie le amarga un dulce, y menos a Susan.

Con el tiempo se fueron estrechando los lazos de amistad entre Damián y nosotros. Cuando hablo de tiempo, me refiero a unos 3 o 4 años. Durante este tránsito, la relación seguía con la misma tónica pero más loca; salidas a restaurantes, recorridos por zonas costeras, conciertos, cine, discotecas, pubs, etc. No parábamos, y cuanto más avanzaba el tiempo menos participaba en nuestras salidas la novia de Damián. De hecho, lo de los pubs y discotecas llegó más tarde (sin ella), y con ellos las borracheras nocturnas y los desfases. Solíamos acabar la fiesta en la ciudad de Damián, para terminar durmiendo la mona en su piso.

Como era de esperar, Damián rompió con su novia y nosotros le rendimos nuestro apoyo.

Por otro lado, Susan y yo, en nuestra intimidad, seguíamos jugando en el mismo campo; fantaseando con terceros desconocidos.

El papel de Susan en el triángulo de amistad era más bien pasivo, se divertía y se dejaba llevar. Como chica tímida que es, se limitaba a escuchar las apasionadas conversaciones entre Damián y yo, y a participar de ellas si uno de los dos la instaba a ello. Damián hacía eso con más frecuencia que yo, con el pretexto de que ella no se sintiera desplazada. Evidentemente, en los festivales que nos pegábamos, Susan era una importante parte activa y desfasaba al mismo nivel que nosotros. Fueron unos años muy locos.

A mediados de Agosto, Susan y Damián empezaron sus vacaciones de verano. A mí, por el contrario, me tocó trabajar. Por aquel entonces mi confianza con Damián era absoluta y por ello no tenía ningún reparo en que ambos disfrutaran juntos de su tiempo libre. Aquel mes, Damián empezó a pasar todas las tardes a por Susan. Ellos se marchaban más pronto para, cuando yo hubiese terminado, reencontrarnos en su piso. Y así sucedía.

No siempre salíamos, pero si no lo hacíamos, terminábamos bastante borrachos, siendo yo siempre el más perjudicado. A la mañana siguiente, si me tocaba trabajar, frecuentemente dejaba que Susan durmiera plácidamente y Damián la trajera de vuelta a nuestra ciudad a media mañana.

En la intimidad, en uno de nuestros calentones y alentada por mí, Susan me confesó que se sentía atraída por Damián y, como un juego que era, empezamos a fantasear con ello. La fantasía consistía básicamente en que Damián la follara delante de mí para terminar con dos pollas para ella sola.

Susan, en adelante, se mostró bastante esquiva ante el tema. No le gustaba hablar de ello, aunque a veces, cuando estaba muy caliente se dejaba llevar.

Una tarde de finales de mes, antes de que Damián pasara a recogerla, nos pusimos tontorrones y empezamos a juguetear. Le dije de forma perversa y susurrándole al oído que me encantaría verla follar con Damián. Ella me besó y me dijo que primero quería follárselo sola. A mí eso, aparte de sorprenderme (no era algo propio de Susan) no me pareció nada bien y se lo hice saber. Me puse muy celoso, pero seguí confiando en ella. Sólo era un divertido juego en nuestro "coto privado".

A principios de Septiembre, Susan y Damián volvieron a sus respectivos trabajos. Damián seguía visitándonos casi a diario y solía “llevarse” a Susan los viernes por la tarde. Muchos sábados, la dejaba allí por la mañana para irme a trabajar y cuando regresaba pasábamos el resto del fin de semana los tres juntos.

Una noche, estando solo con Susan, le sugerí llevar a cabo un juego. A ella le pareció muy bien mi proposición y entre los dos elegimos los vestiditos más sexys de su repertorio. La idea era que Susan nos hiciera un pequeño “desfile de moda”, para luego empezar a juguetear con los dos. Ahora tan sólo quedaba esperar a la próxima cita con Damián, que no se hizo esperar.

Llegué al piso de Damián y, como siempre, allí me estaban esperando. Cenamos con un buen vino y luego nos sentamos en el sofá para hacernos unos cubatas y seguir con la tertulia. No sé exactamente de qué charlamos, ni como Damián llegó a proponer que pusiéramos una peli porno que él tenía por casa. El protagonista de la película en cuestión era Rocco Siffredi; El tal Rocco y una chica de talante sumiso, se encontraban en una pocilga rodeados de cerdos, él la sometía y la vejaba sin contemplaciones, incluso creo recordar una escena con lluvia dorada.

En un momento dado, Susan me miró con complicidad y se marchó, para más tarde aparecer enfundada en tacones y ataviada con uno de sus vestiditos cortos. Estaba espectacular. Desfilaba sibilinamente, misteriosa, con esa timidez que la caracteriza. Tenía un fulgor especial en los ojos y sus pezones se erigían duros y puntiagudos a través de la tela. Su culo, redondo y firme, se contoneaba con cada paso; era un espectáculo verla alejarse para repetir la operación con otro vestido.

Envuelta en su tercer atuendo, Susan avanzó hacía el sofá y se sentó entre los dos. Yo empecé a tocar suavemente su cuerpo, e incité a Damián a que hiciera lo mismo. Él se sentía incómodo. Se lo sugerí de nuevo. Susan cogió delicadamente su mano y la puso sobre uno de sus pechos. Damián se resistía y nos miraba con una sonrisa de incredulidad. Susan tiraba de él; estaba muy caliente, casi desbocada.

Damián empezó a tocarla y súbitamente se detuvo. Caminó hasta el equipo de música y puso un CD. Susan lo siguió hasta encontrarse frente a frente con él. La música empezó a sonar, comenzaron a bailar lento. Damián la rozaba suavemente acercando los labios a su cuello y ella se dejaba hacer, parecía estar en trance. Lo siguiente que recuerdo (lo tengo grabado a fuego) es a Susan, con la parte superior del vestido bajada y sus tetas redondas al aire, desafiando a las fuerzas de la naturaleza, con sus pezones rosados y erguidos. Él tomó cierta distancia y empezó a pellizcárselos magistralmente, lo hacía de forma delicada pero autoritaria. Ella, ruborizada, suspiraba y se mordía el labio inferior. Se derretía.

La escena me empezaba a incomodar, estaba lleno de contradicciones, excitado y frígido a la vez.

Durante una milésima de segundo, Susan recobró su consciencia y empezó a caminar lentamente hacia atrás, dejando estirar más sus pezones y “remolcando” a Damián que seguía aferrado a ellos. Cuando llegaron a la altura del Sofá agarré a Susan por la cintura y la senté a mi lado. Le metí la mano por debajo del vestido para luego hundir mi cabeza entre sus piernas. Pero ella no me dejó hacer y la cosa se puso un poco tensa ¡Susan no quería que yo la tocara!

Me sentí traicionado. Temía perder el control y armar una trifulca de dimensiones épicas. Me intenté serenar, pensé que gran parte de la culpa era mía, pues yo había instigado a Susan para que sucediera. No podía echarme atrás, tenía que conformarme y empezaba a estar dispuesto a ello. Damián se percató enseguida del asunto y jugó sus cartas; se tumbó sobre una alfombra de tela que había entre el televisor y el sofá. Susan ni se lo pensó, fue a buscarlo y se tumbó encima de él intentando seguir con el affaire. Damián se puso un tanto dramático y dijo que iba muy bebido y no se encontraba bien, que lo disculpáramos pero que se marchaba a la cama. Se levantó y se dirigió a su dormitorio, no sin antes echar varias miradas fugaces que Susan correspondió de inmediato.

Susan y yo nos quedamos en silencio. Ella estaba de pie. Sus ojos todavía brillaban por la excitación y, con una tímida sonrisa, me preguntó que qué hacíamos. La observé mientras me miraba. Era puro fuego, nunca la había visto así. Parecía tan deseosa de Damián que intuí que no iba a aceptar un no por respuesta.

Me levanté del sofá y le dije convencido que fuera con él y disfrutara. Me preguntó si estaba seguro y aseveré mis palabras. Sentí, mientras las pronunciaba, una extraña presión en mis entrañas, una punzada en el hígado. Me dio un beso, salió del salón y se sumió en la oscuridad del pasillo.

Me senté de nuevo en el sofá y empecé a sentir el sabor de la hiel en mi boca...
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Susan y yo llevábamos ya unos 7 años saliendo, pero todavía éramos muy jóvenes y vivíamos en casa de nuestros padres. Manteníamos una relación cotidiana muy intensa; comíamos y cenábamos juntos, nuestros trabajos estaban muy cerca y ella pernoctaba casi de continuo en “mi casa”. ¡Vamos! que teníamos planes de futuro y que la cosa iba en serio, muy en serio.

Por aquel entonces, seguíamos explorándonos mutuamente con igual o mayor intensidad que cuando empezamos a salir. Susan, ya hacía años que me había confesado que perdió su virginidad antes de conocerme, pero que tan sólo había sido profanado su coñito. Nunca antes había mamado una polla, y su culo, hasta la fecha, seguía siendo incólume.

Hacía años que nos confesábamos nuestras fantasías para luego convertirlas en juegos de cama. Con el tiempo, fuimos enriqueciendo estas ficciones, incorporando a terceras personas que todavía no tenían rostro, pero sí género; ¡masculino! y no precisamente “singular”. Machos etéreos que se encargaban de satisfacer a Susan en nuestras noches más húmedas. Durante este tiempo, incluso llegamos a dar tímidos pasos para acercar dichas fantasías a la realidad. Si hago memoria, puedo recordar a Susan encerrada en el baño y haciéndose una paja telefónica, con un tío que habíamos conocido en un rudimentario chat de los anales de internet o, tiempo después, haciendo una sesión de cam por Messenger con otro chico, etc.

Nuestra vida en pareja avanzaba con armonía. Nuestra sexualidad era un terreno vedado, un coto privado en el que Susan y yo ostentábamos la potestad a partes iguales, sin intromisiones. Hasta que apareció Damián.

Conocí a Damián por motivos laborales. He de confesar, que la primera vez que interactué con él me cayó bastante mal, a pesar de su simpatía y cordialidad. Poco a poco, debido a afinidades en nuestros hobbies, fuimos entablando amistad, hasta el punto de que nos veíamos casi todos los días. Él era de una ciudad cercana y se instaló en la nuestra, para no tener que viajar a diario hasta su puesto de trabajo. Por ello, conocía todavía a poca gente con quien poder compartir sus filias o, tal vez, simplemente le caí bien.

Damián era un chico un tanto altivo, inteligente, sibarita y experimentado. Un vividor que a pesar de ser tan sólo unos años mayor que yo, hacía gala de una madurez y seguridad que distaba mucho de mi persona. Aunque en aquella época yo no lo viera así.

Siempre he sido una persona muy apasionada por “mis cosas”. Con una curiosidad y capacidad innata por aprender y por la vida en sí misma. Algo rudo y solemne, pero para entonces poco experimentado tanto en el arte de amar, como en lo mundano en general. Pues tardaría unos años en descubrir que eso de la amistad es algo sobrevalorado y volátil.

Con Damián lo pasaba genial, podíamos hablar de cosas interesantísimas con un feedback inagotable. También nos gustaba ser muy sarcásticos y corrosivos, él no dejaba títere con cabeza y yo siempre acababa uniéndome sagazmente al escarnio. La verdad es que el tío era un poco canalla, aunque no se le apreciaba a simple vista.

Dado a la intensa relación que yo seguía manteniendo con Susan, era inevitable que coincidiéramos los tres en algún punto de la ecuación. Y así fue, en muy poco tiempo también entablaron amistad. Todavía recuerdo la primera vez que cenamos juntos, fuimos a la casa que Damián tenía alquilada en nuestra ciudad. Era verano y cenamos en la terraza a la luz de las velas y escuchando buena música. Fue una velada muy agradable e interesante. Damián era un buen anfitrión.

Unos días después de esa cena, Damián nos presentó a una novia que se había echado. Ya nos había hablado de ella y al parecer llevaban un tiempo saliendo antes de conocernos. Empezamos a salir los cuatro a sofisticados y exóticos restaurantes (para mí lo eran), cines de verano, conciertos... Cosas que en su mayoría, por no decir todas, Damián conocía, pues él, como he dicho, era muy sibarita.

Yo siempre he sido más bien una persona casera, que se ha nutrido de su entorno más inmediato, soy de los que piensa que los placeres están en las pequeñas cosas. Aunque a nadie le amarga un dulce, y menos a Susan.

Con el tiempo se fueron estrechando los lazos de amistad entre Damián y nosotros. Cuando hablo de tiempo, me refiero a unos 3 o 4 años. Durante este tránsito, la relación seguía con la misma tónica pero más loca; salidas a restaurantes, recorridos por zonas costeras, conciertos, cine, discotecas, pubs, etc. No parábamos, y cuanto más avanzaba el tiempo menos participaba en nuestras salidas la novia de Damián. De hecho, lo de los pubs y discotecas llegó más tarde (sin ella), y con ellos las borracheras nocturnas y los desfases. Solíamos acabar la fiesta en la ciudad de Damián, para terminar durmiendo la mona en su piso.

Como era de esperar, Damián rompió con su novia y nosotros le rendimos nuestro apoyo.

Por otro lado, Susan y yo, en nuestra intimidad, seguíamos jugando en el mismo campo; fantaseando con terceros desconocidos.

El papel de Susan en el triángulo de amistad era más bien pasivo, se divertía y se dejaba llevar. Como chica tímida que es, se limitaba a escuchar las apasionadas conversaciones entre Damián y yo, y a participar de ellas si uno de los dos la instaba a ello. Damián hacía eso con más frecuencia que yo, con el pretexto de que ella no se sintiera desplazada. Evidentemente, en los festivales que nos pegábamos, Susan era una importante parte activa y desfasaba al mismo nivel que nosotros. Fueron unos años muy locos.

A mediados de Agosto, Susan y Damián empezaron sus vacaciones de verano. A mí, por el contrario, me tocó trabajar. Por aquel entonces mi confianza con Damián era absoluta y por ello no tenía ningún reparo en que ambos disfrutaran juntos de su tiempo libre. Aquel mes, Damián empezó a pasar todas las tardes a por Susan. Ellos se marchaban más pronto para, cuando yo hubiese terminado, reencontrarnos en su piso. Y así sucedía.

No siempre salíamos, pero si no lo hacíamos, terminábamos bastante borrachos, siendo yo siempre el más perjudicado. A la mañana siguiente, si me tocaba trabajar, frecuentemente dejaba que Susan durmiera plácidamente y Damián la trajera de vuelta a nuestra ciudad a media mañana.

En la intimidad, en uno de nuestros calentones y alentada por mí, Susan me confesó que se sentía atraída por Damián y, como un juego que era, empezamos a fantasear con ello. La fantasía consistía básicamente en que Damián la follara delante de mí para terminar con dos pollas para ella sola.

Susan, en adelante, se mostró bastante esquiva ante el tema. No le gustaba hablar de ello, aunque a veces, cuando estaba muy caliente se dejaba llevar.

Una tarde de finales de mes, antes de que Damián pasara a recogerla, nos pusimos tontorrones y empezamos a juguetear. Le dije de forma perversa y susurrándole al oído que me encantaría verla follar con Damián. Ella me besó y me dijo que primero quería follárselo sola. A mí eso, aparte de sorprenderme (no era algo propio de Susan) no me pareció nada bien y se lo hice saber. Me puse muy celoso, pero seguí confiando en ella. Sólo era un divertido juego en nuestro "coto privado".

A principios de Septiembre, Susan y Damián volvieron a sus respectivos trabajos. Damián seguía visitándonos casi a diario y solía “llevarse” a Susan los viernes por la tarde. Muchos sábados, la dejaba allí por la mañana para irme a trabajar y cuando regresaba pasábamos el resto del fin de semana los tres juntos.

Una noche, estando solo con Susan, le sugerí llevar a cabo un juego. A ella le pareció muy bien mi proposición y entre los dos elegimos los vestiditos más sexys de su repertorio. La idea era que Susan nos hiciera un pequeño “desfile de moda”, para luego empezar a juguetear con los dos. Ahora tan sólo quedaba esperar a la próxima cita con Damián, que no se hizo esperar.

Llegué al piso de Damián y, como siempre, allí me estaban esperando. Cenamos con un buen vino y luego nos sentamos en el sofá para hacernos unos cubatas y seguir con la tertulia. No sé exactamente de qué charlamos, ni como Damián llegó a proponer que pusiéramos una peli porno que él tenía por casa. El protagonista de la película en cuestión era Rocco Siffredi; El tal Rocco y una chica de talante sumiso, se encontraban en una pocilga rodeados de cerdos, él la sometía y la vejaba sin contemplaciones, incluso creo recordar una escena con lluvia dorada.

En un momento dado, Susan me miró con complicidad y se marchó, para más tarde aparecer enfundada en tacones y ataviada con uno de sus vestiditos cortos. Estaba espectacular. Desfilaba sibilinamente, misteriosa, con esa timidez que la caracteriza. Tenía un fulgor especial en los ojos y sus pezones se erigían duros y puntiagudos a través de la tela. Su culo, redondo y firme, se contoneaba con cada paso; era un espectáculo verla alejarse para repetir la operación con otro vestido.

Envuelta en su tercer atuendo, Susan avanzó hacía el sofá y se sentó entre los dos. Yo empecé a tocar suavemente su cuerpo, e incité a Damián a que hiciera lo mismo. Él se sentía incómodo. Se lo sugerí de nuevo. Susan cogió delicadamente su mano y la puso sobre uno de sus pechos. Damián se resistía y nos miraba con una sonrisa de incredulidad. Susan tiraba de él; estaba muy caliente, casi desbocada.

Damián empezó a tocarla y súbitamente se detuvo. Caminó hasta el equipo de música y puso un CD. Susan lo siguió hasta encontrarse frente a frente con él. La música empezó a sonar, comenzaron a bailar lento. Damián la rozaba suavemente acercando los labios a su cuello y ella se dejaba hacer, parecía estar en trance. Lo siguiente que recuerdo (lo tengo grabado a fuego) es a Susan, con la parte superior del vestido bajada y sus tetas redondas al aire, desafiando a las fuerzas de la naturaleza, con sus pezones rosados y erguidos. Él tomó cierta distancia y empezó a pellizcárselos magistralmente, lo hacía de forma delicada pero autoritaria. Ella, ruborizada, suspiraba y se mordía el labio inferior. Se derretía.

La escena me empezaba a incomodar, estaba lleno de contradicciones, excitado y frígido a la vez.

Durante una milésima de segundo, Susan recobró su consciencia y empezó a caminar lentamente hacia atrás, dejando estirar más sus pezones y “remolcando” a Damián que seguía aferrado a ellos. Cuando llegaron a la altura del Sofá agarré a Susan por la cintura y la senté a mi lado. Le metí la mano por debajo del vestido para luego hundir mi cabeza entre sus piernas. Pero ella no me dejó hacer y la cosa se puso un poco tensa ¡Susan no quería que yo la tocara!

Me sentí traicionado. Temía perder el control y armar una trifulca de dimensiones épicas. Me intenté serenar, pensé que gran parte de la culpa era mía, pues yo había instigado a Susan para que sucediera. No podía echarme atrás, tenía que conformarme y empezaba a estar dispuesto a ello. Damián se percató enseguida del asunto y jugó sus cartas; se tumbó sobre una alfombra de tela que había entre el televisor y el sofá. Susan ni se lo pensó, fue a buscarlo y se tumbó encima de él intentando seguir con el affaire. Damián se puso un tanto dramático y dijo que iba muy bebido y no se encontraba bien, que lo disculpáramos pero que se marchaba a la cama. Se levantó y se dirigió a su dormitorio, no sin antes echar varias miradas fugaces que Susan correspondió de inmediato.

Susan y yo nos quedamos en silencio. Ella estaba de pie. Sus ojos todavía brillaban por la excitación y, con una tímida sonrisa, me preguntó que qué hacíamos. La observé mientras me miraba. Era puro fuego, nunca la había visto así. Parecía tan deseosa de Damián que intuí que no iba a aceptar un no por respuesta.

Me levanté del sofá y le dije convencido que fuera con él y disfrutara. Me preguntó si estaba seguro y aseveré mis palabras. Sentí, mientras las pronunciaba, una extraña presión en mis entrañas, una punzada en el hígado. Me dio un beso, salió del salón y se sumió en la oscuridad del pasillo.

Me senté de nuevo en el sofá y empecé a sentir el sabor de la hiel en mi boca...
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Antiguo 12-ago-2017, 14:09   #18
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Pajillero
 
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Ánimo con esos relatos, me da a mí que nos van a gustar mucho con Susan de protagonista.
Eso espero, que os gusten y disfrutéis poco a poco con la historia.......
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