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Antiguo 10-ago-2017, 13:13   #1
ferpenet
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Predeterminado Ensueño, el mundo del deseo.

Ensueño, El mundo del deseo

Buenas a todos,

Quería postear una trabajo en el que estoy ahora mismo. No es un relato en sí, sino una novela. Antes de nada decir que mi interés en ella no es a nivel profesional ni mucho menos, ni abro este hilo para publicitarla. Simplemente compartirla y saber vuestra opinión.

También me gustaría aclarar algunos conceptos antes de sus lectura:

  • En primer lugar, decir que no es una historia romántica. En esta novela no encontrareis un príncipe azul, ni un guapo millonario, como se acostumbra a llevar en las novelas eróticas que tal y conocemos. Su contenido es erótico-pornográfico combinado con un género de ciencia-ficción y fantasía.
  • Segundo, no todos los capítulos tendrán escenas de sexo, dado que es una narrativa y eso conlleva una crear una escenificación, trama y ambiente, sombre todo al principio . A pesar de ello y en mi opinión, simpatizar con los personajes ayuda a crear morbo para posteriores circunstancias o situaciones de sexo.
  • Tercero, la narrativa no esta totalmente acabada, por lo que acepto opiniones, cambios de guión, así como sugerencias para como continuar la historia.
  • Y por último me gustaría dejaros la sinopsis del libro antes de introducirse a la lectura.

    "A sus treinta y cuatro años, Raquel se encuentra en trámites de divorcio, con una juventud consumida por un matrimonio precoz y con un círculo cada vez más pequeño de amistades. Una zona de difícil salida para una mujer púdica y recatada como ella. Sin embargo, una nueva y discreta empresa tecnológica le hará descubrir un mundo de perversidades y lujuria que sin saber, había deseado toda su vida."

Como ya he dicho es un género combinado de ciencia-ficción-pornográfico. Un género del que hasta ahora no he visto material, por lo que acepto cualquier crítica siempre que sea constructiva. Sin mas moratoria, os dejo con los primeros capítulos.

Gracias por la lectura. Att Vernon Bald
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Predeterminado Capítulo 1

Capítulo 1
Melancólica Raquel


El espejo devolvía a Raquel su figura desnuda y todavía húmeda de su ducha tras el gimnasio. Las gotas se deslizaban por su torso cuan condensación en una cerveza bien fría. Giró el cuerpo manteniendo la mirada en su reflejo y palpó su nalga derecha. Raquel inspeccionaba cada centímetro de su cuerpo buscando un causante físico a su terminada relación, el motivo por el que su todavía marido le haya cambiado por una veinteañera con las tetas en su sitio. Agarró un pequeño Michelin de su cintura con ambas manos, una por cada lado de su torso, y soltó un pequeño bufido. No, ese no era el problema, al menos no el principal. Desde luego ya no conservaba la misma figura que hace quince años, no tenía las medidas perfectas, pero bien sabía que su cuerpo no le sería un gran impedimento para encontrar a otro hombre, o quien sabe, incluso para recuperar a su marido.

El timbre sonó. Raquel reaccionó de su asismamiento y cogió rápidamente del cajón de su mesita de noche la primera braga que encontró. Abrió el cajón superior e hizo lo mismo con un sujetador que se fue poniendo de camino a la puerta.

Descolgó el telefonillo y reconoció la voz de aquél “Abre, soy yo” de Laura y le abrió el portal. Aprovechó aquellos minutos en que Laura subía al cuarto piso para buscarse un vestido cómodo para estar por casa.

Laura entró sin avisar, Raquel había dejado la puerta del piso entreabierta.

—Joder tía, ¿Cuándo piensas mudarte a un piso con ascensor? — Laura todavía llevaba sobrealiento.

Raquel le recibió secándose todavía el pelo húmedo. Laura le acercó la cara y ambas lanzaron un sonido beso con escaso roce.

—Que tal… ¿Cómo vas? —Preguntó Laura. Mientras se sentaba en el sofá de escay blanco del salón.

— ¿Cómo voy de qué? —Intentó disimular Raquel. Miró a Laura y supo que sabía de qué hablaba. —Bueno… mejor. —Dijo. — ¿Has venido otra vez a sacarme de casa?

—No. Ya paso de eso. —Dijo con voz seca y cortante.

— ¿Te molesta que prefiera estar sola? —

—No. Me molesta que sigas pensando en ese cabrón. —Contestó Laura. Raquel se sentó a su lado. Sus muslos todavía estaban húmedos y se pegaban al cuero del sofá.

—Ya no pienso en él. Eso está superado. —Mintió Raquel. Laura le lanzo una mirada furtiva.

— ¿Crees que no miro tu Facebook? —Preguntó su amiga levantando una ceja. —Estado: casada. Mantiene una Relación con Juan Carlos Izquierdo— Decía Laura con voz tirria. — ¡Anda!, ¡que montón de fotos juntos, que felices! —Continuó Laura con Sarcasmo.

—Déjalo ya —Contestó Raquel derrotada.

—Entonces podría mirar tu móvil y no encontraría ninguna conversación con él, ¿verdad?

—Verdad —Mintió de nuevo mirando fijamente Laura para dar mayor credibilidad. Laura había desviado la mirada hacía una gran mochila de deporte que había en el suelo.

—Serás…—Dijo Laura apretando los dientes. — ¿No te habrás apuntado a un gimnasio?

—No. —Volvió a mentir. Aunque demasiado tarde supo que de esta no se libraba.

Antes de que pudiera reaccionar, Laura se abalanzó sobre la mochila de deporte y Raquel intentó evitarlo. Demasiado tarde Raquel intentó sujetar sus brazos mientras su amiga ya había abierto la cremallera.

— ¡Serás puta! — Dijo con una sonrisa en la boca. Laura comenzó a sacar unas mallas de deporte ajustadas. — ¿Con que no te has apuntado a un gimnasio eh? — Continuó sacando unas deportivas… — ¡Mentirosa!

Raquel se llevó la mano a la frente mientras reía también. Laura sacó por último un tanga negro retorcido mientras ponía cara de asco y se lo lanzó a la cara a su amiga. — ¡Guarra mentirosa! — Ambas rieron todavía más mientras el tanga había quedado colgado de su cabeza tapándole un ojo.

—Tu misma me dijiste que ahora debía entrar de nuevo al mercado ¿no? —Se defendió Raquel mientras se quitaba la ropa interior de su cabeza y la dejaba junto al resto de prendas en el suelo.

—Por supuesto —Dijo Laura —Pero no para pescar al mismo pez podrido. —

—No es tan fácil, Laura — Raquel bajó la cabeza. —Llevamos diez años juntos —

—Sí y mira lo que le ha importado a él todo ese tiempo —Contestó su amiga. —Pero tiempo al tiempo. Esa niñata solo está con él por su dinero. —

—Eso mismo decía de mi la gente ¿sabes? —Dijo Raquel. Laura no supo que decir. Era cierto.

Pasaron unos segundos más hasta que Laura rompió el hielo. — ¿Por qué no salimos a comer por ahí? — Raquel miró su reloj, apenas eran las diez de la mañana pero tenía recados que hacer.

—No sé, tengo muchas cosas por hacer todavía— La verdad es que no le apetecía mucho.

—No voy a aceptar un no. —

—Tengo que llevar el nórdico a la lavandería y ya sabes, lavado, secado…—

—He dicho que no acepto un no. Tienes una lavandería rápida en la calle Oviedo y un poco más adelante hay un italiano que hace esquina con la calle Asturias.

—Eso está a tomar por el culo. Es la otra punta de la ciudad. —

Quedamos ahí a la una y media. ¿Vale? —Laura ya se había levantado y colgado el bolso del hombro mientras hablaba.

—Está bien. —Aceptó Raquel a regañadientes.

Laura se despidió con un beso que lanzó con la mano y cerró la puerta del piso.
Raquel miró el suelo. Toda su ropa de deporte estaba tirada por el suelo del salón. Recordó la escena anterior y sonrió. Desde luego agradecía tener una amiga así en una situación como esa.

Se agachó al suelo y comenzó a recoger toda la ropa, con la otra mano agarró las asas de la mochila y se la llevó hasta la lavadora.

Su ropa desprendía el característico olor del esfuerzo por eliminar sus escasos kilos de sobra en una bicicleta. La toalla estaba intacta, de la misma forma plegada que la había introducido a la mochila. Se avergonzaba de su pudor para ducharse con el resto de mujeres, así que prefería hacerlo en casa. Una de esas costumbres que se había prometido cambiar.

Estiró la toalla para meterla de todas formas con el resto de la colada, pero algo le hizo retrasar esa tarea para luego. Una tarjeta planeó por el aire hasta acabar en la baldosa grisácea del suelo. Raquel se agachó para recogerla y le dio la vuelta.

No tenía ni la más mínima idea de que era. Las palabras BlueBell Global Corporation aparecían en mayúsculas en forma de anuncio del nombre de una empresa. Con una tipografía más pequeña y detallista aparecía unas líneas más abajo como eslogan “Ignoras tus deseos”. Poco más podía deducirse, ni siquiera una dirección, un teléfono de contacto o alguna reseña.

A pesar de aquél eslogan más típico de bar de carretera que de una corporación, aquella tarjeta daba una imagen seria y elegante. Una combinación inusual que daba lugar a la curiosidad.

Sin darle más importancia, Raquel dejó la tarjeta sobre la encimera y terminó de poner la colada.
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ferpenet
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Capítulo 2
Sucedió en un probador


El tráfico había mejorado por aquella parte de la ciudad, la femenina voz del GPS volvió a indicar a Raquel que girase a la derecha para entrar a la calle Oviedo. Era una calle estrecha y poco transitada, Raquel cruzaba los dedos para poder encontrar un hueco donde aparcar. Tuvo suerte y cien metros más adelante había un pequeño sitio. Una suerte conducir un mini que apenas ocupaba espacio.

Abrió su maletero y agarró con ambas manos las asas de la enorme bolsa que ocupaba casi todo el espacio. De un amago sacó la bolsa con el edredón, y como pudo palpó la llave del mini hasta que los intermitentes y un “beep” le cercioraron que se había cerrado. Con misma pericia introdujo de nuevo las llaves en el bolsillo de unos shorts.

La lavandería se encontraba a pocos metros en la misma acera donde había aparcado, cosa que agradeció al no tener que cruzar la calle tan cargada. A diferencia de su lavandería habitual, esta no contaba con personal. El poco espacio disponible era para unas sillas de espera y una pequeña mesa con revistas que seguro estaban anticuadas. El resto del espacio estaba ocupado por grandes máquinas de lavado y secado que funcionaban a monedas.

Un hombre de mediana edad se encontraba cargando una de las máquinas. Raquel Aprovechó para leer el enorme cartel donde indicaban las instrucciones. Sin mucha más dilación, Raquel se acercó a una de las grandes lavadoras y se dispuso a introducir el edredón. Cuando parecía que ya casi había acabado de entrar, la cosa empezó a complicarse. Apenas quedaba ya espacio en el tambor y Raquel empezó a empujar con fuerza ante la mirada de aquel hombre.

—Prueba mejor en esa otra —Dijo el hombre de al lado. Mientras señalaba con el dedo a la máquina contigua. Raquel le miró de soslayo.

—No es necesario, falta poco. —Raquel siguió empujando en vano.

—Aquella es de veinte kilos — Dijo de nuevo el caballero. —No te cabrá en la de doce kilos. —

Raquel se ruborizó por aquella estupidez. Ni siquiera se había percatado del tamaño de las lavadoras.

—Gracias —Contestó de forma seca y avergonzada, y se dispuso a sacar de nuevo el Edredón para cambiarlo de máquina. El hombre aceptó las gracias con una sonrisa, giró su muñeca y miró el reloj.

—Supongo que nos veremos en treinta minutos —Dijo él. Raquel le miró confusa. El hombre señalo la pantallita donde indicaba los minutos restantes para acabar el lavado.

—Ahh —Dijo ella. Y aprobó con una sonrisa. Él se despidió levantando ligeramente la palma de la mano y salió por la puerta de la lavandería.

Raquel aprovechó los treinta minutos de lavado para acercarse a una sucursal de su banco a varias calles de allí, a su vuelta lo hizo por la acera de enfrente. Paró frente al escaparate de un SportZone donde un maniquí lucía un bonito biquini blanco con broches dorados. Todavía no era verano pero al fin y al cabo ahora iba a un gimnasio con piscina climatizada y pensaba amortizarlo al máximo.

Tras entrar en la tienda y escoger la talla de su biquini se acercó a los probadores. A esas horas de la mañana había poca gente, ni siquiera había nadie del personal a la entrada de los probadores como en otras ocasiones. Cuando se metió al pasillo de los mismos corroboró que la mayoría de ellos estaban vacíos a excepción de uno de ellos. Una madre se peleaba con su hijo para poder ponerle bien la camiseta, mientras, el padre vigilaba a otro de los pequeños que corría de lado al lado del pasillo. Raquel eligió al azar uno de ellos y cerró las cortinas.

Comenzó quitándose la camiseta que a su parecer le venía demasiado ajustada solo cuando intentaba quitársela. A continuación, se descalzó para poder bajarse los shorts. Habría sido mucho más rápido de llevar el vestido casual cuando su amiga le visitó. Cuando desabrochó el sujetador sus pechos bajaron varios centímetros volviendo a su posición original. Recordó cuando sus pechos eran similares a los de las modelos de las revistas. “No están nada mal” Se convenció a sí misma, “solo han caído algo porque las tengo grandes”. En cierto modo, tenía razón.

Antes de quitarse las bragas, sacó el biquini de su percha y lo dejó listo para ponérselo. Colgó las bragas junto al sujetador y se miró de nuevo en el espejo. Quizás por el tamaño del espejo o por la iluminación de la tienda, Raquel veía más bonito su cuerpo que hace unas horas en su casa. No era de extrañar, los probadores siempre han sido estratégicamente planificados para eso.

El vello púbico resaltaba excesivamente sobre su piel lechosa y decidió que era hora de quitarlo, o al menos recortarlo, ya decidiría en otro momento. A su marido siempre le había gustado y nunca le pidió que se lo quitase. Recordó uno de esos momentos en el que él disfrutaba con la cabeza entre sus piernas. Una calurosa sensación recorrió su cuerpo.

El ruido de la cortina le despertó, no solo salió de su asimamiento sino que se asustó y lanzo un pequeño grito. A través del espejo vio al pequeño chaval que minutos antes corría de lado a lado del pasillo y que, esta vez, había corrido la cortina de su probador dejándola totalmente desnuda. Aun no le había dado tiempo a girarse cuando una mano de mayor tamaño a la suya le agarró el brazo al niño y tiró de él. Durante al menos un segundo mantuvo la vista clavada en los ojos de su padre que miraba su cuerpo desnudo. Su primer reflejo fue taparse su sexo con una mano y con el otro brazo los pechos que sobresalían por los laterales. No tardó en darse cuenta que debía liberar una de las manos para cerrar de nuevo la cortina. Dejo su pubis libre de nuevo durante un segundo para cerrar la cortina ante los ojos del padre del niño.

El corazón le iba a mil por hora. Estaba ruborizada y avergonzada. No podía quitarse la imagen de aquel hombre mirando su cuerpo. No podía parar de imaginar que ahora estaría en la mente de aquel hombre, para bien, o para mal.

Pasado un tiempo, seguía en aquel probador. Le avergonzaba la idea de salir y ver a aquella familia feliz y estar entre los pensamientos de aquel hombre casado. Por su cabeza rondaba la duda de si aquella vista le habría gustado a aquel hombre, sin embargo, un estímulo placentero evocó en ella al recordar esto. Pasó la mano por su pubis y notó el calor de sus labios en sus dedos. “No” pensó. Ya basta, ella no haría algo así en ese lugar.

Se probó el biquini de manera autómata sin prestar casi atención y sin quitarse lo ocurrido de la cabeza. Cuando se bajó la braga del biquini para ponerlo de nuevo en su percha se percató de que el forro de protección higiénica se había manchado. Pasó de nuevo los dedos por sus labios y comprobó que estaba empapada. Seguía sin quitarse de la cabeza los ojos de aquel hombre viéndola desnuda. Ascendió sus dedos un poco más y con las yemas de los dedos rozó su clítoris más hinchado de lo normal. Una agradable sensación le hizo respirar hondo y acompañarlo de un suspiro silencioso.

Nunca le había ocurrido nada semejante, allí en el probador de una tienda. Intentó recordar en vano la última vez que le abordó el lívido de aquella manera. Hace mucho tiempo que para ella y su marido, sexo y morbo no iban acompañados de la mano.

No podía evitarlo, una fuerza mayor le hizo proseguir sus roces suaves en su clítoris. Comenzó a notar su corazón a todo latir como en momentos anteriores. Echó mano al espejo para sujetarse y arqueó sus piernas. Sus labios se abrieron y un fino hilo comenzó a colgar de su entrepierna.

Su sexo le pedía acción y Raquel se le lo dio. Esta vez de forma más enérgica comenzó a frotar su sexo y su mano comenzó a empaparse. Cuando introdujo sus dedos índice y anular sus piernas empezaron a temblar. Sus dos dedos entraban y salían cada vez más rápido acompañados del sonoro chapoteo y que acababa golpeando con la palma de la mano sus labios. Faltaba poco y Raquel no sabía si podría evitar gritar. Notó la llegada y no tuvo más remedio que apartar la mano con la que se sujetaba al cristal del probador para tapar su boca.

Cuando lo hizo su cuerpo quedó apoyado con sus pechos en el cristal y su mejilla se aplastaba contra el espejo. Cerró los ojos y durante unos segundos creía desmayarse. Sus dedos dejaron de bombear su sexo y pudo notar el palpitar de su ahora sensible clítoris. Cuando abrió de nuevo los ojos el espejo estaba empañado allí donde recibía su incesante respiración.

Con la mano que le quedaba libre rebuscó por su bolso para sacar un paquete de clínex con el que limpiarse. Cuando lo hizo, comenzó a vestirse de nuevo. Estaba acabando de ajustarse la camiseta cuando algo le hizo fijarse en el espejo. La huella de sus dos pechos sudorosos había quedado marcada en el cristal. Raquel sonrió y se marchó de allí.

Se acercó a la caja y pagó el biquini sin ni siquiera recordar si le quedaba bien. Mientras la dependienta le daba su compra, Raquel observó a un joven de apenas veinte años que entraba al probador con un bañador. No pudo evitar imaginarse a aquel joven repitiendo su misma escena mientras fantaseaba con la huella de sus pechos.

Aquel rato había sido el mejor en mucho tiempo de matrimonio. Por un momento se sintió como una adolescente con ganas de probar cosas nuevas y experimentar y abandonó la tienda con una sonrisa en su cara.
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Antiguo 10-ago-2017, 13:40   #4
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Buen relato!!! Bien escrito y controlando el avance de la historia de manera excelente.
Felicidades!!!

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Antiguo 10-ago-2017, 17:50   #5
ferpenet
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Muchas gracias, me alegro que te haya gustado. Pronto continuaré con la historia
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Antiguo 11-ago-2017, 09:31   #6
ferpenet
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Capítulo 3
Prepárate Raquel

Raquel desmigaba en su plato uno de los dos lomos de merluza intentando separar todas y cada una de las raspas. Cuando levantó la vista, su amiga le miraba raro con la comisura de los labios todavía manchada de salsa de tomate.

—No es una operación a corazón abierto —Dijo Laura mientras enrollaba de nuevo espaguetis en su tenedor. Raquel se limitó a sonreír.

— ¿Te estas obsesionando con lo del gimnasio y la dieta? — Le preguntó con los carrillo llenos.

—No me estoy obsesionando con nada —Contestó Raquel —Es solo que me quiero cuidar algo.

A decir verdad el plato de su amiga le entraba más por la vista que aquel insulso pescado con verduras.

—Venir a un italiano a comer pescado es como ir a un McDonald’s a por una ensalada —Dijo Laura mientras bebía de su copa de tinto para pasar el trago.

—Me dan asco las tías como tú que no cogéis un kilo ni aunque me cogieras en brazos —Dijo Raquel bromeando. —Laura no hizo mucho caso a su comentario.

—Precisamente de eso quería hablarte—

— ¿De cogerme en brazos? —Preguntó Raquel riéndose.

—No, inútil. —Contestó Laura siguiendo su broma. — ¿Recuerdas mis clases de Pilates? —

— ¿Las que querías que me apuntase el mes pasado contigo? — Preguntó Raquel apartando su plato y acercando la copa de vino.

—Si esas. — Laura se limpió los labios con la servilleta y volvió a dejarla junto al plato. —Pues resulta que no son clases de Pilates precisamente… —Raquel dejó la copa sobre la mesa y esperó a que su amiga continuara.

—Es…otro tipo de actividad —Ambas se miraron y poco después Laura comenzó a reír.

— ¿De qué coño estás hablando? — Raquel se sentía intrigada y quería más información.

—Te he apuntado a ti también. —Dijo Laura. Raquel arqueó las cejas.

— ¿Pero me has apuntado a qué?— Preguntaba Raquel esta vez más nerviosa.

—Bueno…no puedo explicártelo muy bien, pero luego lo sabrás. —

— ¿Luego? —Exclamó Raquel. —No puedo ya tengo planes…y…—

— ¡Luego!, He dicho — Dijo su amiga con una sonrisa. — ¿Por qué crees que hemos venido a comer tan lejos?—

— ¿Joder y vas a decirme a donde y a qué exactamente vamos a ir? No tengo ninguna ropa preparada y ya sabes que a mí toda cosa que sea en grupo me da reparo y…—

— ¿Quieres tranquilizarte? —Le cortó Laura —En primer lugar, no es ninguna actividad en grupo. Es más, creo que es lo más íntimo y personal que vas a hacer en tu vida. Y segundo, créeme la ropa que lleves va a ser lo de menos. —

Raquel abrió los ojos de par en par. —Me das miedo, Laura. — Su amiga sonrió y vació lo poco que quedaba de la botella de vino hasta cubrir ambas copas.

— ¿Vas a querer postre? — Le pregunto Laura.

—No —Respondió Raquel.

—Me lo imaginaba —Laura levantó la copa invitando a su amiga a brindar. —Por los buenos momentos que están por venir — Raquel le continuó su movimiento y chocaron sus copas. Laura fue la primera en llevarse el vino a la boca que de un enorme trago vació la mitad de la copa. Raquel le imitó.

— ¿Estas intentando emborracharme? —Dijo cuándo dejo su copa igualada a la de su amiga.

—No te vendría mal un empujoncito — Dijo Laura antes de llevarse de nuevo el caldo a sus labios hasta terminar y dejar su copa vacía sobre la mesa. — ¿Nos Vamos? —Dijo mientras se pasaba la manga de la camiseta por los labios.

— ¿Ya? — Raquel todavía notaba la media copa anterior en su garganta como si quisiera salir por cualquier medio. Hizo un esfuerzo, acercó su copa y notó la fragancia intensa del morapio. Respiró hondo y se terminó todo lo que pudo.

Cuando lo dejó de nuevo sobre la mesa, las últimas gotas rojizas resbalaron sobre el cristal hasta el fondo de la copa.

Raquel se levantó de la mesa, cogió su bolso y siguió hasta Laura que le esperaba impaciente en la caja con el monedero en la mano.
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Última edición por ferpenet fecha: 11-ago-2017 a las 09:38.
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Antiguo 11-ago-2017, 18:51   #7
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Capítulo 4 La perfumería
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Antiguo 12-ago-2017, 12:52   #8
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Capítulo 5 El mundo del deseo
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Gracias por tu relato

una pregunta?

Por que no pones el relato aquí directamente?

Gracias por tu tiempo
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Antiguo 12-ago-2017, 14:43   #10
ferpenet
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Bueno, subo relatos a más de un foro . Me es mas sencillo subir los capítulos a una web de lectura y poner los link en los foros.

Gracias
Espero que te guste la novela
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Antiguo 13-ago-2017, 14:44   #11
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Capítulo 5 El mundo del deseo
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Antiguo 14-sep-2017, 11:17   #12
ferpenet
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Predeterminado Capítulo 6

Capítulo 6 | Negro azabache
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Antiguo 14-sep-2017, 12:41   #13
OOAA
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ESPECTACULAR RELATO!!!!!!!!!!!!!!

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Antiguo 14-sep-2017, 12:52   #14
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Me alegra que te guste. Comentarios así son muy motivacionales
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