Antiguo 24-oct-2017, 01:16   #1
anodilatoMAD
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Predeterminado Aquel verano

Aquel verano no sería uno más y aquel viaje en coche tampoco, habíamos quedado temprano para ir a una playa, lejos del pueblo y de los turistas, entre los acantilados. Su difícil acceso favorecía que pocas personas fueran a pasar el día allí, bueno también que el aparcamiento improvisado por los visitantes se llenaba si no llegabas temprano y que dejar el coche entre las dunas se hacía poco más que temerario. Éramos más personas que plazas estipuladas tienen los coches, dos coches para catorce personas, pero cuando eres joven ese nunca es impedimento, en un coche todo el mundo sabe que caben más de cinco personas.

Antonio conducía su golf rojo, a su lado Miguel, su amigo inseparable, detrás íbamos Koke y encima suyo Raquel, en el centro Raul, encima mía Cris, la única que era del pueblo, el resto de diferentes lugares, Cordoba, Badajoz, Madrid, Sevilla… Cris era un año mayor que yo, su padre era el guarda de la urbanización en la que veraneábamos y desde que éramos pequeños jugábamos con ella en el verano, aunque al llevaban dos años estudiando en Granada había hecho mucha amistad con Raquel que también estudiaba allí. Por aquel entonces teníamos entre los dieciocho años, como yo, el más joven de todos, y los 23 que tenía Miguel, el mayor.
Sonaba una canción de Sabina y llevábamos unos veinte minutos en carretera Raquel y Cris no paraban de cantar cada una de las canciones que salía por los altavoces, mientras Miguel y Antonio hablaban de un amigo que tenían en común, el resto callados dejando que pasase el tiempo. De vez en cuando Cristina, me preguntaba qué si iba bien, a lo que yo sin dudarlo la respondía que si, como no iba a irlo, me encontraba en la gloria, sintiendo su culo en mis piernas, y mis manos rozar sus muslos, su pelo rozando mi cara, su olor, oír su voz, su risa.. no es que yo no tuviera otra oportunidad de sentir el cuerpo de una chica, pero no había cosa que me gustara más que una chica bonita y bueno Cris no era una chica cualquiera, a mí me gustaba desde que éramos pequeños, nunca se lo había dicho a nadie, pero hay ciertas cosas que no hace falta decir para que se sepan, todo el mundo lo sabía, pero ella era tres años mayor que yo y aunque era muy simpática conmigo y siempre pensé que algo la gustaba, nunca tuve el valor suficiente para decírselo, salvo un verano yo aún un crío sin desarrollar y ella ya desarrollada, recuerdo como el último día del verano la busque por toda la urbanización al encontrarla, la di una nota, me gustas, ponía y salí corriendo me monte en el coche y no la volví a ver, nunca hablamos de lo ocurrido.
Ella se apoyo contra el respaldo del asiento delantero, mire su espalda y lleve mi vista aún más abajo, y entre sus banqueros y su bañador pude ver cómo su piel era más blanca y el principio de la raja de su culo, Mi mente calenturienta no controlo sus impulsos y sin quererlo me había empalmado. La preocupación invadió mi cuerpo y mi mente, respiraba para intentar controlar aquel ser vivo que tenía entre mis piernas y rezaba para que mi amiga, mi amor platónico no se echará para detrás y notase, que aquel chico sobre el que iba sentado era un pervertido que se empalmaba simplemente por llevarla sentada. Pero, mis plegarias no surtieron efecto, ella se acomodó deslizando su cuerpo contra aquel mástil duro, aguante la respiración, aquellas milésimas de segundo en la que su culo rozó mi dureza se hicieron eternas, pero no fueron más que un fugaz instante, Cristina, al sentirlo, dio un pequeño saltito y un leve uuh salió de su boca, Raul la miró, sorprendido por aquella reacción, ella me miró, en su cara vi la sorpresa de sentir lo inesperado, yo me sentí completamente avergonzado, paralizado por la situación.

- ¿que haces cris?.- le preguntó Raúl, yo, temía que ella empezará a despotricar contra mí y todos se enterasen y se burlasen de mi.

-Nada, un pequeño pinchazo en el estomago.- contestó ella para mi sorpresa, mientras se sentaba sobre mis rodillas alejándose de aquello que la había pinchado aunque no en el estomago, no podía creer que eso estuviera pasando.

No podía creerlo, pensé que aquello acabaría como el rosario de la aurora pero Cristina en lugar de enfadarse, hizo como si no hubiera pasado nada. Yo intentaba respirar para que aquello volviese a su estado natural pero no había manera y menos aún cuando Llegamos al desvío de la playa. Al dejar la autovía comenzamos a circular por un camino sin asfaltar lleno de baches lo que hizo que fuera inevitable que con los baches Cristina apoyara todo el peso de su cuerpo sobre mi ereccion, los dos disimulabamos, ella ni me miraba y yo intentaba colocarme para no darla con mi pene, pero eso era imposible se rozaba con cada bache y mi pene comenzaba a humedecerse, no podía ser, ella ya comenzó a reír con cada salto que daba por los amortiguación del coche, estábamos rodeados de nuestros amigos y puedo asegurar que ninguno se percató de lo que pasaba a escasos metros de ellos y yo cada vez más excitado... pensé en que quizá si acariciaba sus muslos a ella no la importaría que a lo mejor incluso la situación a ella también la excitaba, pero no me atreví y menos allí en el coche.

No tardamos mucho en llegar al destino, y la verdad no sé si quería que el viaje acabase o no, pero la realidad es que terminó, cuando bajamos disimule como pude mi erección. Mire a Cristina y ella mordió sus labios no dijo nada, su gesto lo interprete como un vaya tela y vaya situación más bizarra... la que me has liado.
Luego caminando a la playa pensé; " no debe de ser la primera poya que siente que se empalma debajo suya".

Última edición por anodilatoMAD fecha: 24-oct-2017 a las 01:21.
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Antiguo 25-oct-2017, 00:41   #2
anodilatoMAD
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Predeterminado Continúa....

Pase parte de la mañana pensando en que la había cagado con Cris, prácticamente no hable con nadie y lo que hable no fueron más de tres o cuatro palabras por compromiso, a Cristina casi ni la miraba y cuando lo hacía con cuidado de que no me viera, yo a ella no la veía afectada, continuaba con las risas y bromas con los demás del grupo.

Un poco antes del medio día mientras todos se bañaban yo me quedé guardando las cosas que teníamos en la sombrilla, no las prestaba mucha atención pero el estar allí tumbado era más que suficiente por sí algún amigo de lo ajeno intentaba hacer alguna de las suyas.
Estaba tumbado boca abajo y no pude evitar dar un pequeño respingo al sentir un pequeño chorro de agua fría en mi espalda, escuche una sonrisa maliciosa, era Cristina, estrujando su pelo encima de mi espalda, vi su precioso cuerpo delante de mí, con un bikini blanco que remarcaba su figura y acentuaba su moreno, mojado era como una segunda piel que por zonas dejaba transparentar su auténtica piel, no fui capaz de decir nada, pero aquel gesto me produjo cierto alivio.

- pensé que te vendría bien, ahí tumbado toda la mañana, estarás muerto de calor.- me dijo burlona mientras se dirigía a su toalla, se agachó para cogerla y se puso a colocarla a mi lado.

- ¿no te importa verdad?.- me pregunto
-Cristina, siento lo del coche.- logre a decirla con un leve hilo de voz.
-¿Qué?.- me pregunto, aunque yo sabía que me había escuchado perfectamente.
-Pues eso, que lo que ha pasado en el coche.- tartamudee muerto de vergüenza.

Ella rió, puso su mano en mi hombro y me dijo:

-tranquilo, respira, que ha sido más humillante para ti que para mí.- me acariciaba el hombro como gesto de consuelo mientras me lo decía, el simple roce de su piel hacía que mi corazón se acelerase. Al oír decir la palabra humillante, senti un puñal que se clavaba en mi estómago, aunque sabía que esa no era su intención pero instintivamente pensé, que se refería a que el tamaño que había notado de mi pene en ereccion era pequeño.

-no sé que me ha pasado.- continúe, intente excusarme pero no me salían las palabras y antes que encontrase las palabras que quería decir y continuase, ella me corto.
-Que sí, sí esa excusa; que no lo controláis me la sé, y eso quiero pensar que te ha pasado, como a mi hermano, un día que salió a la pizarra…- me contó cómo su hermano pequeño se había empalmado cuando un profesor le sacó a la pizarra, los dos nos reímos de aquella anécdota he hizo que me sintiera más tranquilo, sobre todo porque no se lo había tomado a mal, pero lo de humillante, aquello fue demasiado, que la chica que me gustaba pensara que la tengo pequeña me hundió, y para ser honesto conmigo mismo, no seré un portento de la naturaleza, pero ¿pequeña? Nunca pensé que la tuviera pequeña aún así continuamos hablando. Ella me preguntó qué cuánto tiempo iba a estar y que que carrera iba a hacer, yo la pregunte por granada, por cómo era vivir sin sus padres en una ciudad grande, fuimos contándonos cosas sin apenas importancia pero estábamos a gusto el uno hablando con el otro, sonrisas, bromas… no esperamos a los demás y comenzamos a comernos el bocadillo, que cada uno se había llevado, me encantaba estar al lado de Cristina, oírla reírse, verla a gusto a mi lado interesada por lo que la contaba, haciendo bromas… la miraba y pensaba en algunos momentos que ella estaba atraída por mi, pero no podía ser, ella juega en otra liga, una chica mayor, independiente que se sintiese atraída por mi, IMPOSIBLE.


por la noche nos separamos en dos grupos, unos fuimos al cine y otro fueron a cenar a un mexicano que se había puesto de moda en le pueblo. Yo casualidades de la vida fui al cine al igual que Cristina. Éramos tres chicas y yo, compramos las entradas para ver la última de Almodóvar, Todo Sobre Mi Madre. Yo fui el último en sentarme, justo al lado de Cristina.

-no me he traído las gafas, así que no veo muy bien.
-anda que venir al cine sin gafas.- se hecho las manos a la cabeza.
-No tengo mucho, pero llevaba todo el día con las lentillas y me las he quitado para descansar los ojos y cuando estaba a medio camino me he acordado.- esa no era la verdad, s no que no quería que me viese con gafas.
-Bueno no te preocupes si sale algo de leer yo te lo leo.

Poco después la película comenzó y nada más empezar en letras blancas en la pantalla algo escrito

-A Coruña.- al oido y en bajito me dijo, se acercó tanto que sentí su mejilla contra la mía, los dos nos aguantamos la risa, y nos pasamos así toda la película, riendo comentándola el uno con el otro.

Cuando salimos del cine fuimos al chiringuito de la playa, donde habíamos quedado con el resto para tomarnos algo tranquilos, ya que el día había sido cansado. Había una media hora andando, la primera parte hasta llegar a la arena de la playa fuimos los cuatro juntos, pero Cristina y yo nos fuimos quedando detrás sirvió de excusa que yo me quite las chanclas para handar por la arena y ella se quedó rezagada para esperarme mientras Raquel y Elena continuaron andando, mientras nuestros pies se hundían en la fría arena de la playa al caminar hablábamos sobre lo bonita que está el agua del mar por la noche con la luna reflejada. Ella se abrazó a mi brazo para andar más fácil me encantaba sentirla así a mi lado agarrada a mi, pensaba que con eso ya había merecido la pena ir al cine y por dentro me decía a mí mismo que a ella le gustaba, pero enseguida a mi mente venían las ideas de que no fuera tonto que no hiciera nada que pudiera hacer que cambiara lo a gusto que estábamos el uno con el otro, el pensar que pudiera rechazarme era demasiado arriesgado.

En el chiringuito unos jugaban a un futbolín y otros estaban sentados en las mesas, estábamos prácticamente el grupo de amigos solos.

-¿que quieres?- le pregunte a cris para pedirla algo en la barra.
-A ti.- En sus ojos por unos segundo vi que no sólo era una broma, era una invitación a ser valiente, un deseo dicho en voz alta.- una cerveza.

Nos quedamos en la barra, ella me hablaba de muchas cosas y yo la escuchaba atento, ensimismado mirando sus ojos verdes, la forma de sus labios carnosos el fino perfil de su cara, su pelo negro moverse por la leve brisa que entraba de la orilla, su cuello largo… a la tercera cerveza me propuso dar un paseo por la orilla, nos alejamos un poco del chiringuito y cuando ya no podíamos distinguir quién era quién nos sentamos, el uno junto al otro mirando las estrellas la suave música y el romper de las olas, ella apoyo su cabeza en mi hombro. Y yo nervioso sopesando los riesgos, recordando las señales, con el corazón en un puño, puse mi brazo al rededor de sus hombros, me miró dulcemente con los ojos entornados, sus labios entornados y lentamente lleno de deseo y de miedo, me acerqué con suavidad a su boca, la di un ligero beso, no más de un segundo, vi sus ojos cerrarse sentí sus labios y no había notado tanta delicadeza en mi vida, toda la presión desapareció de golpe con un simple beso, fugaz, efímero en el tiempo pero lleno de deseo, de esperanza, ansiado durante mucho tiempo, entonces la volví a besar, con cuidado por si aquel beso no fue real y solo hubiera estado en mi mente y me hubiera jugado una mala pasada, nuestros labios nuevamente se juntaron, nuestras bocas se entrelazaron y era perfecta la unión, nos besamos con ganas, con ímpetu, en un beso largo y puro, ella rodeo mi cuello con su mano y yo con las mías acariciaba sus mejillas. No hubo más que delicadeza sentía su cuerpo contra el mío, ella abrazada a mi y yo a ella.

Nos separamos lentamente y nos quedamos callados, dimos un trago a la cerveza y nos pusimos de pie, ella se acurrucó en mi, tenía la piel de gallina y busco mi cuerpo para protegerse la la humedad del mar, beso mi pecho y sonrío, era perfecto por primera vez sentí plena felicidad y aquel peso que llevaba desapareció
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Antiguo 25-oct-2017, 16:30   #3
tripoede78
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Sigue por favor que tiene muy buena pinta
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Antiguo 25-oct-2017, 19:34   #4
llara
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Predeterminado

Me ha gustado mucho como has descrito ese "piquito" , sigue parece interesante y tu manera de describirlo perfecta. Creo que me has enganchado

__________________
La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz.

El mejor día de mi vida. http://www.pajilleros.com/relatos-ex...xualmente.html
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Antiguo 28-oct-2017, 22:54   #5
anodilatoMAD
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Predeterminado El reencuentro

Poco o nada han cambiado los trenes de alta velocidad, es inevitable que me acuerde de los primeros viajes que hice en tren hace más de diez años, a la estación de Atocha con su jungla y ese clima agobiante, nunca le encontré sentido y la verdad ahora tampoco, pero me hace pensar en lo extraño que son las cosas. Recuerdos del pasado que intentó sacar de mi mente aunque la pregunta se repite una vez más ¿que hubiera pasado?. Miro a la gente caminando de un lado al otro, miro sus caras y veo vidas pasar, como la mía paso, aquellos años pasaron…

El tren comienza a andar suave y lentamente va cogiendo velocidad mientras las azafatas ofrecen cascos, la prensa, agua… Espero las gominolas que me daban pero no llegan, siento una pequeña decepción algo si ha cambiado mientras, comienza la película y es mi señal para ir al coche-bar, pido una cerveza y mientras me la sirven, por la puerta, veo una sonrisa que me es muy familiar que me evoca recuerdos del pasado.

-su cerveza.- me dice el camarero, seguidamente, me dice el precio.
-¿Perdone, puede repetir?.- no he podido entender, estaba completamente sorprendido, como si de un fantasma se tratara la persona que acabo de ver.
Pago y escucho su voz, su risa, no han cambiado, aunque se le notan los años no a perdido ni un ápice de atractivo, su pelo más corto y su forma de vestir menos sport más elegante y refinada. No se ha dado cuenta de que estoy en la barra, viene hablando con una amiga con su mismo estilo de vestir, típicas ejecutivas, las dos ríen.

-hola.- las digo al ponerse a mi lado, ¿se acordara de mí? Me pregunto, ha pasado tanto tiempo.
Cuando se da cuenta se queda muda mirándome, su amiga sonríe, me mira ¿quien eres? puedo leer en su cara , Cristina reacciona y me da dos besos.

-qué sorpresa, cuánto tiempo.- exclama.
Si, mucho.- podría decir el tiempo exacto, catorce años y tres meses desde que nos vimos por última vez en la estación de autobuses, pero no se lo digo, sonrió simplemente.

Cristina me mira, sorprendida.

-cuánto tiempo.- vuelve a decir riendo.
-Mucho.- La contesto y los dos reímos. Su amiga de piedra nos mira a los dos extrañada.
- mira Carmen, este es Hugo.- duda por un momento y continúa, pero esta vez mirándome a mí.- ¿que eras?.- suena a añoranza y a juego.
-¿el primer amor?¿o un amor de verano?.- la respondo, entre la broma y la curiosidad.

Cristina ríe, y responde.- algo de eso. Continuando el juego. Su amiga me da dos besos, y mira a Cristina.

Comenzamos a hablar Cristina y yo, su amiga convidada en nuestra conversación, solo sonríe y asiente. Hablamos de nuestros trabajos, de cómo es nuestra vida ahora, como si dos desconocidos quisieran conocerse, pero con la confianza de dos amigos que no han dejado de hablar ni un solos día de sus vidas, recordamos a nuestros amigos de la playa y nos informamos mutuamente de cómo están aquellos con los que seguimos manteniendo contacto. No puedo evitar ver a aquella chica de la que me enamore cuando era un niño, como si el tiempo no hubiera pasado, nos tomamos una cerveza y otra, el tiempo pasa rápido, bromeamos, me siento muy agusto hablando con ella, verla los mismos gestos, las mismas miradas, como se mueven sus manos al explicarse, como acaricia mi brazo instintivamente, como humedece sus labios mientras me escucha, como coloca su pelo detrás de la oreja y sin darnos cuenta, solo quedan cinco minutos para llegar a nuestro destino, nos despedimos, siento el roce de su cara con la mía y siento el deseo de besar sus labios que se quedan a escasos milímetros de los míos.

Mientras recojo el equipaje no paro de pensar en ella, aún siento su piel con la mía mientras nos despedíamos, la cercanía de sus labios con los míos, el deseo y los nervios, quizá haya sido mejor así, una conversación, nada más que unos recuerdos y una ilusión. Espero en la cola del taxi, la veo a lo lejos, dudó en sí llamarla o no, pero ni siquiera tengo que decidir, un hombre baja del coche saluda a las dos chicas y mete sus maletas en el coche mientras ella se suben, se alejan y me tranquilizo, mejor así intento convencerme, pero no puedo quiero volver a verla, recuerdo el nombre del hotel en el que se aloja.

-¿tendrían una habitación para entrar esta noche y salir el jueves?.

El coche aparcado en la puerta del hotel es en el que se montó Cristina, me pongo nervioso, se me acelera el corazón pensando en qué puedo volverla a ver. Cuando entró por la puerta llegó a recepción mirando a un lado y a otro, buscándola pero no la veo.

-buenas tardes señor, ¿en que puedo ayudarle?.- le sale la frase automáticamente a la rubia de recepción.
-Buenas tardes, he hecho una reserva hace no más de diez minutos, a nombre de Héctor Miravalles.- contesto, entregando mi DNI.
-Un segundo por favor que lo comprobamos.

Entro en la habitación y dejó la maleta encima de la cama, no se me va de la cabeza Cristina, se que está en mí mismo hotel, miro por la ventana que me da a la entrada principal del hotel, miro donde estaba aparcado el audi a6 negro que ha traído a Cristina y aún sigue en el mismo sitio, pero por poco tiempo, entra un hombre solo y conduce calle abajo, miro a la mesilla, veo el teléfono y llamó a recepción.

-¿me podría dar la habitación de la señorita Cristina Heras?.
-No se nos permite dar la habitación de otros clientes por teléfono, señor.- la respuesta entraba a dentro de mis pensamientos.
-¿Me podría pasar con su habitación?, es importante, por favor.- insisto, aunque temo que tampoco sea posible.
-Espere un momento, voy a ver.- el teléfono se queda en silencio, no hay hilo musical, no sé si se abra cortado, aguantó sin colgar.
-¿Si?.- es Cristina, oigo su voz y el corazón late tanto que pienso que lo puede oír
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Antiguo 28-oct-2017, 22:56   #6
anodilatoMAD
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Me ha gustado mucho como has descrito ese "piquito" , sigue parece interesante y tu manera de describirlo perfecta. Creo que me has enganchado

Me alegra que te guste, espero que te siga gustando

Un saludo
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Antiguo 28-oct-2017, 22:57   #7
anodilatoMAD
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Sigue por favor que tiene muy buena pinta
Ya tienes la continuación, espero tus comentarios,

Un saludo
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Antiguo 29-oct-2017, 01:05   #8
anodilatoMAD
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A la mañana siguiente en la playa esperaba que llegase Cristina, no me moví de la toalla mirando en la dirección en la que todas las mañanas durante más de diez años venía caminando desde su casa. De pronto y después de la espera apareció su silueta a lo lejos, poco a poco se iba haciendo más grande, después de un saludo general colocó su toalla al lado de la mía, cuidadosamente dejo sus chanclas en una esquina de la toalla, yo no dejaba de observarla y ella no dejaba de mirarme con una sonrisa, yo estaba sentado en la toalla y lo más cercano que tenía de ella eran sus piernas, las veía perfectamente, recuerdo que pensaba que tenían que ser muy suaves, delgadas y bien torneadas, tenía unos muslos firmes, su braguita del bikini tapaba lo que anhelaba ver imaginaba cómo sería, y esperaba no tardar mucho en poder verlo, su vientre plano, sus pequeños pechos guardados en el sujetador de triángulo, los hombros marcados, su cuerpo era muy increíble , se tumbó a mi lado boca abajo, con la cabeza girada hacia mí y los ojos cerrados, era realmente guapa, con disimulo acerco su mano hasta que rozó la mía. Me tumbe igual que ella y Entrelace mi meñique con el suyo, al sentirlo abrió los ojos y me sonrió, pude leer en sus labios soy muy feliz.

Aquella noche habíamos quedado en salir por el pueblo, estábamos en un bar pequeño, disfrutando sin preocupaciones de una noche más de aquel verano, llegó el momento de los chupitos, y con eso el principio de una larga noche de alcohol.

Sonaba la música y nos retiramos un poco del grupo, buscamos un lugar un poco más discreto y oscuro, ella con su pajita acaricio mis labios, aún no nos habíamos vuelto a besar y yo me moría de ganas de volver a hacerlo, pero si el primero es difícil, El Segundo también lo es o más. La confirmación de que no había sido una cosa de una noche o de un momento tonto, la mire a los ojos, me acerqué y según lo hacía, ella los cerró y me facilitó sus labios, volvimos a besarnos, esta vez nuestras lenguas jugaron un papel importante, jugueteaban vivas enrollándose la una con la otra, ella me mordía y luego yo era el que la mordía, parábamos, nos mirábamos con deseo y volvíamos a besarnos. Cuando paramos la agarré de la mano y salimos a la calle.
Sin decirnos nada comenzamos a caminar hacia la playa íbamos un poco borrachos y no parábamos de reír. Cuando salimos era ya de madrugada y poca gente nos encontramos en el camino, en cuanto encontrábamos un lugar oscuro parábamos y nos besábamos, dejábamos libre la pasión y el deseo, éramos dos adolescentes conociendo y disfrutando de su amor y su sexualidad, nuestras manos recorrían el cuerpo del otro, ansiosos por tocarnos llenos de fuego y ardor interior.
Yo tocaba su culo y lo apretaba con mis manos (pensaba en la suerte que tenía y no podía creer que la estuviera tocando el culo), con sus pechos era más delicado, prácticamente solo los acariciaba. Los dos excitados apretábamos nuestras pelvis el uno contra el otro, yo para que notara mi ereccion ella para sentir mi pene, yo pensaba que el pantalón me iba a estallar de la tremenda erección que llevaba, cuando caminábamos bromeábamos por cómo se me notaba.

Una vez en la playa buscamos un lugar discreto, nos separamos de la pasarela de madera y nos arrodillamos en la arena.

-tengo que decirte una cosa.- mientras decía estas palabras, en sus ojos vi por primera vez timidez.
-¿El que?.- pregunte sorprendido por aquel cambio.
-Soy virgen, ¿te importa?. - sus palabras me dejaron sorprendido, pero también me tranquilizaron, durante el camino y antes de ese día siempre tuve miedo a que me comparase con cualquier otro amante y no saliese bien parado.
-¿Porque me iba a importar?, no pensaba que lo fueses, pero bueno, si te tranquiliza, yo también lo soy.- no se lo había dicho antes porque no me había preguntado y por miedo a que se riese de mi y ahora apareció esa timidez y el miedo.
-Estaba muy nerviosa pensando que tú tendrías experiencia y yo no. - cuando la oí, me surgieron las dudas de si lo estaba haciendo por no decepcionar las expectativas que yo pudiera tener, me moría de ganas de hacer el amor con ella, pero no quería que lo hiciese simplemente por cumplir.
-¿Quieres que lo hagamos?.- la pregunte
-Si, claro, quiero que tú seas el primero.

Volvimos a besarnos, esta vez suavemente, nerviosos de saber que por primera vez íbamos a tener sexo completo con otra persona. Comenzamos a desnudarnos cada uno al otro, desabrocho los botones de mi camisa y yo con cuidado la quite la camiseta, y con su ayuda desabroche su sujetador.

-¿puedo?. La pregunte dirigiendo mi boca a sus tetas que veía por primera vez.
-si., me sonrió mientras con sus manos me las ofreció.

Entonces las bese, eran suaves, blandas y deliciosas, absorbía con mi boca aquellas dos maravillas y con mi lengua jugaba con un pequeño pezon duro, ella respiraba hondo y me acariciaba el pelo mientras saboreaba sus tetas, primero una y luego otra. Pare y se tumbó, desabrocho su pantalón, separo sus piernas y la ayude a bajarse el pantalón, por primera vez la veía completamente desnuda delante de mí, tantas veces me la había imaginado pero la realidad superó a la imaginación, al ver su pubis lleno de pelo negro rizado, sentí una gran excitación, quería comérmelo lanzarme a él sin miramientos pero fui con cuidado, me puse tumbado a su lado, la bese en los labios, en el cuello, bese sus pechos, con mi lengua recorrí la distancia entre su pecho y su sexo, al llegar a él sentí su olor fuerte que me encantó, ella sujeto mi cabeza y la hundí entre sus piernas saboreando aquel delicioso manjar, ella jadeaba y acariciaba mi pelo, yo atento a las reacciones de su cuerpo, ella disfrutaba de mi lengua y mi boca que jugaban con su perlita, cuando comencé a chuparsela, ella me agarró del flequillo para ver mi cara mientras lo hacía, vi sus ojos llenos de lujuria y su boca completamente abierta, no paraba de jadear lo que me excitaba aún más. Cogio mi cara con las dos manos y me llevó hasta su boca, nos besamos y aproveché para ponerme entre sus piernas, ella me desabrochó el pantalón, y me lo bajo como pudo.

Tenía mi pene duro entre sus manos y lo pasaba por toda su rajita

-ponte una goma.- me dijo mientras sujetaba con sus dedos mi miembro.
-no tengo.- tanto tiempo esperando este momento y sin condón, pensé que lo había jodido todo.

Ella me miró, y sin dejar de besarme, me dijo.

-Ten cuidado.

Con sus manos, puso mi pene tremendamente duro en la entrada de su sexo, separo más las piernas y justo cuando se la iba a meter me dijo.

-despacio por favor.

Aquella sensación era completamente nueva para mi, aquel calor, aquella humedad, el sentir cómo iba abriéndome paso dentro de ella, su mano controlando la penetracion, su mirada mientras la penetraba, como se arqueaba… me podía morir de excitacion, cuando faltaba poco para estar completamente dentro, me paro durante unos segundos para acostumbrarse a aquel intruso se la metí hasta el fondo lo que la hizo gritar y se la saque.

Cuando se la volví a meter cerro los ojos, la pregunte que si la dolía.
-Un poco.- me dijo, pero me pidió que siguiera y así lo hice, volví a metérsela y sacársela, oía sus gemidos, y se la metía y se la sacaba una y otra vez, sin dejar de mirarla, me pidió que la besara, me dijo que la gustaba mucho, pero que también la dolía. Yo estaba más concentrado en no hacerla daño y en que la gustara que en mí mismo, aunque el placer que sentía cada vez que se la metía ira indescriptible. Entonces después de no más de dos minutos.

-para por favor.- Me dijo.
- me duele. - se excusó

Se la saque, seguí besándola, estaba completamente caliente deseoso de hacerla disfrutar y hacer que tuviese un orgasmo, así que acerque mi mano a su clitoris y comencé a jugar suavemente con el, y con la otra mano eran sus pezones los que recibían placer, ella hizo lo propio con mi polla, continuamos uno tumbado al lado del otro besándonos y masturbándonos.
No tardamos en corrernos, ella fue escasos dos segundos antes que yo, mientras ella lo hacía, mientras tenía su orgasmo, dejo de Pajearme, para apretárme el pene con fuerza lo que me puso muchísimo y no aguante más me derrame en su mano y en su muslo. Así fue como nos corrimos, uno junto al otro.
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Antiguo 30-oct-2017, 00:13   #9
anodilatoMAD
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Predeterminado Hab 523

Cuando cuelgo el teléfono tengo una sensación extraña de victoria sin haber ganado nada o quizá si, he ganado a mis nervios, a mis miedos al tiempo, siento júbilo, alegría, euforia. Me dirijo al baño y me veo reflejado en el espejo, me observó por un instante y una ligera sonrisa se dibuja en mi cara, ya no veo a aquel adolescente de piel suave y joven, ahora veo un hombre de piel curtida, pequeñas arrugas de expresión en los ojos y principio de barba, enciendo el grifo del agua caliente y me vuelvo a mirar en el espejo, recojo mi pelo hacia detrás, lo suelto y cae sobre mis hombros, al quitarme la camiseta veo un torso aún musculoso por el deporte que aún práctico, me desnudo me veo de arriba a bajo, hace dos semanas que me depile completamente y ya empieza a salir nuevamente el bello, en el móvil pongo música clásica, Chopin Nocturno Op.9 N2, y me meto en la ducha, el agua cae por mi cuerpo mientras suena el piano, pienso en Cristina, la recuerdo cuando éramos niños, en la playa, en sus miradas, sus palabras, sus caricias, sus besos, recuerdo su cuerpo desnudo corriendo en la habitación del primer hotel al que fuimos juntos, la veo dormida tumbada en la cama, en la ducha a mi lado, despertándome por la noche para hacer el amor, oigo su risa…

Nunca la ha gustado que me ponga camisa blanca y vaquero, decía que era de camareros, pero luego cuando estábamos juntos, paseando por la calle y se le había pasado el prejuicio de la camisa blanca me decía que le gustaba como me quedaba, me perfumo uso la misma fragancia que cuando tenía dieciséis años, ella me decía que la encantaba como olía. Me recojo el pelo con una coleta, parte del flequillo queda libre, pero no me molesta como queda.

Salgo del ascensor y la veo a lo lejos de espaldas a mi hablando con la rubia de recepción, vaqueros negros ajustados que la hacen un bonito culo, camiseta de tirantes ajustada por dentro del pantalón dejan a la vista sus preciosos hombros, lleva un moño con dos palitos japoneses. Antes de que llegue a su altura se gira y me ve sonríe y se dirige a la puerta, abre su bolso, saca un cigarro y no llega a salir, espera a que llegue a su altura, me da dos besos y puedo olerla, ver sus labios pintados con carmín rojo a juego con los tacones, no puedo evitar pensar que se a puesto guapa para mí.

Cuando salimos del hotel se enciende el cigarrillo, me ofrece pero cojo de los míos, me ofrece fuego y aspiro la primera calada, me dice que tenemos que esperar a su compañera, que viene con nosotros, no la podía dejar sola, mientras la esperamos decidimos donde ir, antes de acabar el cigarro suena su móvil. Cuando cuelga me dice que al final vamos solos, Carmen al final a preferido cenar en la habitacion.
El sitio al que vamos está a diez minutos andando, preferimos da un paseo que ir en taxi, vamos hablando, en un momento me agarra del brazo.

-¿te importa?.- Es su forma de pedir permiso para ir sujeta de mi brazo.
-No, agárrate, que ir por este suelo con tacones.- siento sus brazos agarrarse al mío, el paseo es muy agradable, oírla hablar contarme historia, pensamientos todo entre mezclado.

Pedimos una copa de vino blanco cada uno mientras decidimos que cenar, cuando nos decidimos avisamos al camarero, toma nota de la cena y de la bebida, el mismo vino blanco que ya estábamos bebiendo, brindamos. Durante la cena Cristina me pregunta por detalles de mi vida.

-¿te casaste?.- al preguntármelo no me mira, juguetea con la comida que tiene en el plato.
-¿Ves algún anillo?.- es la forma de responderla que no y de que yo me he fijado que ella si tiene un anillo de casada.-por lo que veo tú si tienes uno, ¿hace mucho que te has casado?.
-A los veintinueve, una boda por todo lo alto y por la iglesia, como dios manda.
-¿Por la iglesia? Si tú eras la mujer más atea del mundo.
-Y también decía que nunca me casaría y lo hice y de blanco.- sus gestos delatan su burla hacia su propia boda
-Blanco roto, en todos caso, que si no es pecado- se lo digo haciendo referencia a que blanco en una boda era sinónimo de pureza y castidad y como bien sabíamos los dos ella no llegaba virgen a su enlace. Al oírlo río, no se lo tomó a mal, aunque se lo había dicho maliciosamente ya que me dolió el que se hubiera casado.
-Touche , bueno ese no fue el peor de mis pecados.- me mira mientras da un pequeño sorbo a la copa para terminársela, acto seguido se la lleno, llevamos la mitad de la botella y aún no vamos por El Segundo.
- No sé si preguntar.- la miro y no puedo evitar pensar en su belleza, en desear haber ocupado el lugar de su marido en esa iglesia.
-Lo tienes frente a ti.- me mira y se calla, vuelve a beber, sus ojos acaban de perder el brillo. Seguidamente continúa.
-Siento lo que te hice.- sus palabras las noto sinceras, me da la impresión que aguanta las lágrimas.
-El pasado, pasado esta, éramos jóvenes, durante un tiempo dolió pero ahora, ya ni lo recuerdo solo te recuerdo a ti mirándome con tu risa eterna.
-Te perdí y me dio tanta rabia, recuerdas un día hablando por el ordenador, cuando ya no estábamos juntos, ese día note que tu tren había pasado y me pasé toda la noche llorando, luego me propuse olvidarte, pero no pude. Me casé enamorada de mi marido, pero también seguía enamorada de ti, casi te olvide, pero siempre estabas ahí, había algo que me recordaba a ti. Y ese fue mi mayor pecado, casarme estando enamorada de otra persona.
quizá por eso yo no me haya casado, ninguna eras tú.

Sin darnos cuenta nuestras manos se entrelazan, notó como me aprieta, como si no quisiera que me escapara.

Al salir del restaurante caminamos hacia el hotel, vamos en silencio de la mano, como dos enamorados, ella apoya su cabeza en mi hombro, quiero besarla pero siento el mismo miedo que la primera vez, los mismos nervios, la misma pregunta en mi cabeza, ¿lo hago, no lo hago?, encima el vino se nos ha subido a los dos a la cabeza y si lo hago y mañana nos arrepentimos, está casada y me ha dicho que tiene dos niños, me ha dicho que nunca ha sido infiel a su marido… nos fumamos un cigarro antes de entrar al hotel.

-¿en qué planta estas?. Pregunto mirando a las ventanas del hotel.
-Habitación 523, planta 5.- me responde.
-¿que harías si mañana se acabara el mundo?. Me pregunta.
-La verdad o la mentira.
-La mentira.- se ríe.
-Salir corriendo. ¿Y tú?.-pienso en decirla besarte, besarte pero esa es la verdad
-La verdad o la mentira.- me la devuelve.
-La que quieras.
-Invitarte a tu habitación.
-Mentirosa.
-¿Y si mañana se acaba el mundo?.- su mirada me mata. Sonríe y entra en el hotel, contonea sus caderas al andar y deseo su cuerpo.

Subimos en el ascensor, mudos pegados a la pared uno junto al otro, tengo la angustia de no haberla besado, pero no me atrevo, llegamos primero a su planta, veo cómo sale del ascensor, y cómo según se aleja se cierran la puerta, se gira y en ese momento las puertas se cierran completamente. Dios soy idiota, no la voy a volver a ver, mañana me ha dicho que después de la reunión se marcha, recuerdo su habitación 523
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Antiguo 30-oct-2017, 00:42   #10
Anferrer
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Predeterminado

Excelente historia, que gran narrador eres. Es un placer leerte. sigue así.
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Antiguo 01-nov-2017, 23:41   #11
anodilatoMAD
Pajillero
 
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Predeterminado En la playa

Aquel verano, seguramente sería el verano deseado por cualquier adolescente, amor, locuras sexo… Cristina no era una chica tímida, era extrovertida y decidida, clara, sencilla y sincera, la gustaba pasárselo bien y hacer sentirse bien a los que la rodeaban. Aquellos primeros días del verano habían ampliado los límites de la confianza entre ella y yo, cuando estábamos solos, nuestras conversaciones rápidamente giraban hacia el sexo, ella estaba interesada en mis experiencias anteriores al igual que yo en las suyas. Me preguntaba por las chicas con las que había estado, hasta donde habíamos llegado y que era lo que más me gustaba de cada una de ellas. Ella me contó que había estado con algunos chicos, pero del que más me hablaba era de un tal Alejandro, un chico varios años mayor que ella que aunque no se habían acostado, con el había sido muy activa sexualmente había experimentado y descubierto su cuerpo, aunque no se sintió preparada para perder su virtud. Ella pensaba que si lo hacía con el, al día siguiente todo cambiaría y el perdería el interés hacia ella. Me contó que tampoco la chupaba, que era algo que no hacía, que estuvo apunto una vez pero que al final no lo hizo, era explícita en contarme detalles, me contaba donde lo hacían, y que hacía, me decía que él, Alejandro, siempre intentaba follarsela pero ella no dejaba que se la metiera, algún roce pero no había penetracion. Cristina también hablaba del tamaño del miembro de él, me contó que se la midió, que tenía 25cm y de gorda como su antebrazo, reía al contarlo, sobre todo con el apodo que le tenían sus amigos, búfalo, esto también era una de las cosas que la hechaban para detrás, me contó que siempre que se quedaban solos él se la sacaba y se empezaba a masturbar delante de ella, que le miraba como lo hacía hasta que él la decía que se la terminase, según sus palabras, a aquel monstruo no lo podía controlar, y que cuando se corría, aquello era un géiser, más de una vez la había manchado la ropa.

Aquellas historias que me contaba y que yo la contaba hacía que los dos estuviéramos excitados más tiempo del aconsejable.

-Me empecé a tocar las tetas por encima de la ropa, el me miraba y se ponía más cachondo, estábamos en su cuarto y se empezó a hacer una paja mientras me miraba, me pidió que se las enseñase, lo hice. - dio un resoplido en señal de que estaba excitada.- me dijo que quería verme masturbarme.- mientras me contaba esto Cristina, la imaginaba con las tetas al aire y sus pezones duros, con cara de niña mala.
Sentía celos y envidia de aquel tío, pero me excitaba oírla como lo contaba, lo que hacía que ya estuviera empalmado.

-metí mis manos por dentro del vaquero, y empecé a hacerme un dedo, estaba súper mojada, entonces él se levantó pensé que querría que continuará yo con su pája, pero lo que hizo fue girarme, me puso contra el escritorio y empezó a empotrarme, hacía como que me follaba desde atrás, sentía su enorme polla en mi culo, me apretó la espalda y me dejo con el pecho apoyado en el escritorio, me fui a levantar pero me dijo que me quedara de esa forma, pero no lo hice.

Cuando me contaba esta historia estábamos en la playa tumbados en la toalla, el sol estaba callendo y no quedaba mucha gente en la arena.

-me estoy empalmando.- la corte.

Ella al oírme sonrío y metió la mano con disimulo por debajo de mi bañador, sentir sus dedos recorrer mi miembro duro, manosearlo, agarrarlo, bajar más la mano y llegar hasta los huevos, era increíble, ver su cara mientras lo hacía y oírla contarme aquella historia era completamente perturbador.

-pues el cabron me dio un par de azotes, era la primera vez que un tío lo hacía. Continuó contando.
-¿Te gusto?.- la pregunte.
-Si me puso más cachonda.
-¿Que hiciste?.- quería que siguiera.
-Le deje que hiciera lo que quisiera, me agarro por la parte de detrás del cuello y me puso la cabeza en el escritorio y termino corriéndose en el culo, el cabron me mancho todos los vaqueros de semen.- termino de contarme.
- ¿te ha puesto cachondo eh?. - Me dijo sonriendo mientras me daba un beso en los labios.
Nos mirábamos y ella no sacaba su mano de mi bañador, yo acariciaba su brazo.
-¿hay mucha diferencia con la de Alejandro ?. La pregunte, ella se rió.- serás capulla, no te rías de mí.- ella apretó su mano al rededor de mi miembro puso gesto pensativo...
-Aquello era verdaderamente enorme.- Se reía mientras me lo dijo.- menos mal que tú no tienes ese monstruo, por que si el otro día me dolió, aquella polla me hubiera reventado.- y mordió mi labio. Aquella forma de referirse a la polla de su ex...
-Yo también podría reventarte.
-Estoy segura, pero ahora prefiero que seas delicado.
-Así que tú no la chupas.- cuestione que me estuviera diciendo la verdad.
-No.
-¿A mí tampoco?.- hablábamos sin dejar de besarnos y sin que ella sacase su mano de dentro del bañador, mientras, comenzó a pajearme despacio, con mucho cuidado de que no se notase que lo hacía.
-A ti tampoco.
-Yo a ti sí te lo he comido.
-Yo no te lo he pedido.
-¿No te gusta?.- la pregunte, entre jadeos silenciosos.
-Me encanta.
-Para que si no la liamos.-pedí que dejara de hacerme aquella paja porque notaba un cosquilleo en el miembro
-Mmm, ¿estás seguro?.
-No, pero me voy a correr en el bañador.- la sujete la mano, ella se reía.

Cristina me abrazo, pegó su cuerpo contra el mío, tenía su pubis contra mi miembro, ella movió ligeramente su cadera dejando mi polla justo en la entrada de su sexo, lo notaba perfectamente desprendiendo un calor infernal, solo nos separaban la tela de mi bañador y de su bikini, se la hubiera metido de un golpe de estar desnudos, recorrió mi espalda con su mano y sentí Su lengua húmeda en mi oreja, Aquello fue demasiado encima un sutil movimiento de su cadera terminó por hacer que me corriera. Apague mis jadeos en su boca, fue sensacional, cuando abrí los ojos, ella me miraba.

- me encantas.- me dijo

Última edición por anodilatoMAD fecha: 01-nov-2017 a las 23:47.
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Antiguo 02-nov-2017, 10:55   #12
pollypar
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Predeterminado

Me encanta tu relato. Me trae recuerdos de juventud, y me engancha su lectura.
Gracias.
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Antiguo 04-nov-2017, 23:43   #13
anodilatoMAD
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Predeterminado

Estoy delante de la habitación 523, miro a un lado y a otro, solo puertas ilumindas por un pequeño haz de luz que sale de la parte superior de cada una de ellas, se abre la puerta que tengo frente a mi, Cristina me mira, no dice nada permanece inmóvil en el marco de la puerta, sus pezones se perciben rosados a través de la fina tela blanca de la camiseta de tirantes que le llega por los muslos, escuchó una leve música de fondo.

-¿vas a pasar, o solo querías darme las buenas noches?.

Se gira y camina hacia el interior de su habitación, mientras se quita la camiseta que dejaba poco a la imaginación. Antes de que termine el pasillo de la habitación, ya la he abrazado por la espalda y estoy besando su cuello, ella aprieta su trasero contra mí, sintiendo mi pene duro.
Esta noche no hay margen para preliminares, el deseo aprieta a los dos. No tardó en abrirme la bragueta, y dejar mi pene libre para follarme a Cristina, oigo su respiración, sus jadeos. Siento su necesidad que es la misma que la mía, no puedo aguantar a la cama y de pie, casi sin caricias y desde atras, acerco la punta de mi miembro a la entrada de su sexo, lo noto tremendamente mojado, ella separa las piernas y arquea su espalda.

follame.- sus voz áspera le sale de las entrañas.

Lo hago, la penetro sin contemplaciones, ella grita al sentir como mi pene se abre camino en su interior de un golpe. Y una vez que estoy completamente en su interior, no se la saco, la aprieto aún más, esperando oír lo que me va a decir.

-así, así párteme. Metemela hasta el fondo, como a mí me gusta

Cuando la oigo se la saco y se la meto, a ritmo de flamenco, duro y seco, como sé que a ella le gusta. Una y otra vez mi polla dura entra y sale de su imteriro acompañada por sus gritos de placer, que son muy excitantes y hacen que me embrutezcan aun más Azotó su culo blanco que se pone rojo al ritmo de mis palmetazos, ella que es una fiera, me pide más.

- follame cabron, dame tu polla.- cuando la oigo parece que la estoy escuchando cuando éramos unos adolescentes.
-¿Así, puta, te gusta cómo te follo?.- y la penetro con todas mis fuerzas.
-Siiiiii, vaya polvo….- vuelve a gritar.- córrete, córrete conmigo.- menos mal que oigo sus palabras, porque se la iba a sacar para no correrme antes de tiempo.
-Me voy a correr.- la aviso y comienzo a derramarme en su interior, el placer es inmenso, una gran cantidad de semen invade su vagina, me esfuerzo para que ella llegue al orgasmo, por qué no voy a aguantar duró mucho más, ella lo sabe y coge mi mano, colocando mi dedo en su ano, está empapado de nuestros jugos, le meto poco más de la primera falange, y comienzo a notar en el las contracciones de su ano signo de que ya tiene su orgasmo.
Me corrooo, me corrooo.- grita mientras su cuerpo se estremece de placer callando de rodillas al suelo.
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