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Tus Relatos y experiencias - Antes de ser tu Natalia (-precuela-) Herramientas
Antiguo 08-dic-2017, 17:07   #1
cornidox30
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Post Antes de ser tu Natalia (-precuela-)

Bienvenidos a todos. Como os conté ayer, empiezo aquí la precuela sobre Natalia. Claro está, que para poder disfrutar 100% de estos relatos, lo ideal es haber leído o llevar al día la historia de Mi Natalia, en mi hilo principal.

Como ya adelanté ayer, estos relatos son casi todos obra del compañero lok1, con algunos, añadidos, corrección y consejos por parte mía.

Espero que la disfrutéis....
__________________
Sigue mi relato en el hilo:
http://www.pajilleros.com/relatos-ex...tos-chica.html

Última edición por cornidox30 fecha: 08-dic-2017 a las 17:17.
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c1berj4ck
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C1berj4ck
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Antiguo 08-dic-2017, 17:13   #3
cornidox30
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Predeterminado

(Para poneros en situación, la escena comienza unos años antes de empezar la historia de Mi Natalia, justo la tarde antes de la primera cita de Natalia y Luis. Ella se encuentra en su habitación pensando qué ponerse.... luego surgen los recuerdos...)

lok1 & cornidox30
Antes de ser tu Natalia


Introducción:


─¡Ya sabía yo... qué con éste iba a parecer una monja! ¡¡Bufff...!! ─resoplé resignada y un tanto agobiada, mientras me quitaba con rabia aquel vestido.

Sinceramente, sólo se me podría ocurrir a mí, el plantearme ponérmelo para esta noche después de todos los malos recuerdos que me traía. Creía que lo había superado del todo, pero no era así; aquel cabrón me había hecho tanto daño, que aun percibía pequeñas sombras y cicatrices en cuando intentaba retomar mi vida con algo nuevo.

Tiré aquel horrendo vestido sobre una silla y me senté en la cama a pensar: “¿Qué coño podré ponerme para salir con Luis esta noche?”

Antes de que me diese tiempo siquiera a plantearme otra opción, el sonido del móvil vibrando sobre la mesita me sacó de mi abstracción: “¡¡¿A ver si es él ya...?!! Bufff... Y yo aun así...”, se me vino este pensamiento a la mente, como una reacción instintiva, nada más escuchar el primer tono de mi teléfono.

Al mirar la pantalla, descubrí que era Carla, una amiga. Se lo cogí un poco por compromiso, la verdad; en aquel momento, no me apetecía demasiado atender la llamada chismosa de nadie. Yo sabía perfectamente que Carla estaba muy preocupada por mí desde lo de Kike, pero aun así, me agobiaba con esa insistencia, casi molesta, de que saliese de nuevo con alguien de una vez.

Le cogí el móvil, aunque en principio, con algo de desgana:

─Dime, Carla... ─respondí al descolgar.

─A ver, tía... ¿Al final, quedaste con el chico éste... o no? ─me dijo con un tono casi de interrogatorio. Ella sabía que me llevaba viendo con un chico desde hacía unas dos semanas; aunque hasta ahora, sólo para tomar café y poco más, sin ser nada serio, aunque ayer le había dicho que quizás esta noche saliese con él al cine.

─¡Sí... pesada! Hoy vamos a salir a dar una vuelta al cine... Y quizás luego a cenar y a tomarnos algo por ahí. ─le dije sin dejar de mirar hacia el vestido que me acababa de probar, pensando aun en las dudas que me surgían sobre la cita.

─¡Pues qué bien, ¿no...?! Y ya me contaras, ¿eh...?, ¡cabrona!

─¡¡Mira que estáis pesadas tú y Cris, eh...!! ─le respondí, recordándole la tabarra que me llevaban dando desde que rompí con Kike para que volviese a salir con alguien. Hasta ahora, no me había apetecido salir con ninguno de los buitres que se me habían acercado, aprovechando mi debilidad al dejarme con mi ex. No quería ningún machito que me consolase. Hasta conocer a este chico: Luis, no me había apetecido quedar ni salir con nadie; llevaba seis meses sin echar un polvo.

─Claro, tía. Joder... no puedes quedarte cerrada tanto en casa... ¡que tienes 24 años! Debes salir más. Además... ¡pegarte un homenaje con este tío, te vendrá bien!

─No sé... parece un buen chico, pero no quiero hacerme aun muchas ilusiones. No vaya a ser... ─le respondí.

─Bueno, Nati... tú hoy sales con él, le vas conociendo, y si te apetece, pues te lo tiras... ¡¡Y ya está!! ¡Ya verás como así te olvidas de una vez de todo lo de estos meses últimos! Ese imbécil... no se merece que sigas encerrada en casa. ¡Con lo que tú vales!
─exclamó mi amiga con énfasis desde el otro lado del teléfono.

Carla me intentaba animar con aquellas palabras. Yo entendía, que para ella era sencillo decirlo: tenía un novio formal, con el que convivía desde hacía ya 2 años y le iba todo genial. En el fondo, yo quería algo así para mí, pero aun no había encontrado a nadie que mereciese la pena como para irme a vivir con él. Había perdido casi 4 años de mi vida, con un tío, con el que no había llegado a ningún lado; sólo a sentirme agobiada, acomplejada y frustrada...

─En principio, sí... eso había pensado yo también: salir con él y divertirme sin complejos... Y bueno, si me apetecía pues tirármelo... sin más. Pero ahora que se acerca el momento, no sé... creo que me gusta y que tengo algo de miedo a volver a pasarlo mal... ¡Aun estoy un poco tocada! ─le dije con un tono de cierta tristeza.

─¡A ver, tía...! tampoco puedes ser tan cobarde. ¡¡Olvida ya a ese idiota!! Todos no van a ser como él... ¡Pasa página! Es una pena que aun no haya podido ver yo a ese tal Luis, y darte así un consejo más profundo... ¿Qué tal es? ¿es simpático? ¿es guapo...?─me preguntó Carla, con un tono de amiga preocupada, aunque yo no sabía muy bien cómo responderle. Sinceramente, durante todos aquellos años con Kike me fui distanciando un tanto de mis amigas, lo que poco a poco me hizo perder mucha confianza con ellas para contarles ciertas cosas.

─Bueno... es guapete, sí... Y muy simpático... Tiene una sonrisa encantadora. Tampoco es ningún tío fuera de lo normal, pero me parece una buena opción para algo serio. Y... la verdad, que ese es mi miedo... ¡ya sabes que me enamoro o me encapricho de alguien muy fácil! Ya viste lo de Kike.

─¡¡Joder, tía!! ¡Lo primero, olvida ya a ese tío! Es que... ¡a cada dos frases le nombras! ¡¡Pasa ya de eso... olvídalo de una vez!!─me replicó ella ya casi en un tono de enfado.

─Si olvidado.... le tengo olvidado... Si fue un completo alivio para mí haber sacado el valor necesario para mandarle de una vez a la mierda, pero... aun así, creo que me ha dejado unos complejos y una culpabilidad malsana dentro, de la que me está costando desprenderme... Mismamente, antes de llamarme tú, estaba algo agobiada por que no sabía ni que ponerme... Incluso me acabo de probar un vestido horrible, temiendo que, si me ponía uno que fuese demasiado llamativo, Luis pudiese pensar que soy una fresca.─le dije intentando sacar fuera los miedos que aun llevaba dentro.

─¡Joder, tía...! Pues sí que estás mal, sí... ¡Necesitas retomar tu vida como sea...! ¡¡Joder !! ¡cómo pudiste aguantar casi cuatro años con ese cretino...!

─Ya, Carla, ya... No sé como pude estar tan ciega. ─balbuceé, mientras me volvía a poner de pie, al lado de la cama─. Aun no sé como me fui cerrando tanto... para pasar de ser esa chica segura de mí misma que era antes, a convertirme en esta chica con tantos complejos que soy ahora...─proseguí diciéndole, mirando al suelo, mientras caminaba en dirección a mi armario.

─Bueno... ahora, lo primero, empieza por ponerte bien guapa para esta noche... Debes dejar a este chico impresionado; que sepa la mujer que puede tener si está a la altura... Y tú, además... ¡tienes dos sobradas razones para impresionarle...! Je je je je...

─Ya.... je je je...─asentí su carcajada con otra tímida risita. Mientras me recolocaba los pechos dentro de las copas de mi sostén. Me estaba dando cuenta, que mis tetas me habían crecido más estos últimos meses. Aquel sujetador que llevaba no tapaba del todo mis pezones, y mis redondas y grandes areolas se asomaban fuera él, por mucho que intentase colocarlas bien.

─Tú ponte lo más atrevido que veas... ¡No tengas miedo...! Ponte un buen escote, o un vestido corto; ponte una lencería sexy debajo... Si decides dar el paso, que vea que tú venías ya dispuesta a agradarle y con ganas de marcha... ¡Qué vea que eres una chica lanzada...! No dejes que piense que eres una chica con complejos. Eso no, Natalia...─me intentaba animar Carla con aquellos consejos.

─Tienes razón... pero... no sé... ahora tengo pocos vestidos y ropa así, llamativa... Ya sabes que Kike no me dejaba ponerme nada de eso...─le volví a decir, mientras abría de par en par las puertas del armario para mirar qué tenía por ahí.

─Joder, tía... !!¿OTRA VEZ?!! ¡Te dije que no le nombrases más...! Piensa en Luis, el chico de ahora... éste es el objetivo. El otro ya es historia...

─Ya, Carla, ya...─le respondí mientras rebuscaba entre la ropa, con el móvil apoyado entre mi hombro y mi oreja.

Entonces encontré, perdido por un cajón, un vestido que no recordaba que aun guardaba: era uno con mucho escote. Lo cogí en mi mano, y recordé, al verlo, que me lo ponía mucho hace unos años, sobre todo, durante la época de los veranos en el pueblo de mis tíos, cuando pasaba las vacaciones con mi prima Erika y estaba con Alberto: aquel noviete que tenía yo en su pueblo. Pero, la última vez que me lo puse, fue aquella en que me lo vestí para salir de cena con Kike y varios de sus amigos; en la época en la que estábamos aun empezando. Recuerdo la bronca que tuvimos de regreso a casa; fue la primera gorda que tuvimos; él no soportó que sus amigos me mirasen el escote y que yo hubiese sido el centro de atención de ellos durante toda aquella noche. Era un celoso horrible. Pero lo peor de aquello fue que yo, durante bastante tiempo, estuve de acuerdo con él en no vestirme de ese modo; llegué a pensar, que los escotes pronunciados teniendo los pechos tan grandes como los tengo yo, eran de guarras... No volví a comprarme ni a ponerme ropa así... “¡Como llegué a pensar eso por culpa de un tío!”─pensé para mí, pero sin decirle nada a Carla.

─Natalia... Natalia... oye, ¿sigues ahí...?─me preguntó mi amiga al notar que llevaba unos segundos sin abrir la boca.

─Sí, Carla... Es que... acabo de encontrar un vestido aquí, que hace tiempo que no me pongo... Recuerdo que me quedaba muy bien, pero.... tiene un escote tremendo... ¡Bufff.....! Voy a enseñar un montón con él si me lo pongo... y es el único que tengo ahora un que sea así: algo sexy... Los demás son demasiado informales... y no me dio tiempo comprarme nada para salir hoy.... Fue todo tan precipitado.

─Pues ponte ese... ¡Venga, tía... déjate de complejos...! Sal esta noche con ese chico... y si te gusta... ¡pues echas un buen polvo y ya verás como se te quitan estas tonterías que aun tienes en la cabeza...! Ya veras... hazme caso... Lo que venga luego, pues ya se verá... No le des tantas vueltas.─insistía ella.

─Tienes mucha razón Carla... Voy hacer eso... Voy a probarme este vestido, y si aun me queda bien, salgo con él puesto... ¡¡Se va a cagar el Luis este cuando me vea...!! Intuyo que seguro se debe de pensar por mis pintas de ahora, que soy una mosquita muerta y algo estrecha...

─¡Eso Natalia... esa es la aptitud...!─exclamó Carla, con tono de voz emocionado, al notar que ya iba yo entrando en lo que ella me pedía.

─La verdad, que tengo ganas de hacerlo con él esta noche... ¡Tienes razón...! Voy a salir así vestida, y luego, pues... si la cosa va pa ´lante y volvemos a quedar, pues bien, pero si no... pues, ¡que me quiten lo vailao...!

─Eso, eso... así me gusta... Bueno... mañana me cuentas... ¡¡Pero quiero detalles de todo, eh...!!

─Sí, sí.... je je je... ¡Pesada...!─le dije con una sonrisa, sintiéndome ahora mucho más tranquila después de aquella charla con ella.

─Vale... mañana te llamo sin falta... ¡¡Disfruta, cabrona... que te lo mereces!!

─Vale, Carla, hablamos...─le dije colgando el teléfono.

Volví a posar el móvil sobre la mesita, y me dispuse a probarme ese vestido que había encontrado... Volví a tener que recolocarme el sostén. “Está claro que voy a tener que comprarme ropa interior nueva”─me dije para mí, mientras suspiraba y soltaba el broche de atrás para quitármelo; iba a probarme aquel vestido sin el sujetador puesto.

Me coloqué frente al espejo, desnuda, sólo con las braguitas puestas, y miré como lucían mis pechos reflejados en él: grandes, redondos, bien puestos; coronados por dos redondas areolas: mis galletas María, como yo las llamaba cariñosamente... Siempre me había sentido bastante orgullosa de mis pechos. Siempre habían sido motivo de atracción y de enormes miradas, hasta que mi ex decidió meterme en la cabeza, a base de reproches y de celos estúpidos, que enseñar mucho aquellos atributos era de guarras cuando se tenía pareja fija. ¡Qué cosa más estúpida y machista!─pensé en aquel momento.

Intenté probarme el vestido; me lo empecé a vestir por los pies y, mientras lo hacía, ya estaba segura y convencida de querer salir con él aquella noche. Y lo hubiese hecho, si no fuese por que al llegar a la altura de mis pechos, descubrí como aquel vestido ya no era apropiado para mis tetas; desde que no me lo ponía, me habían crecido de tal modo, que me era imposible tan siquiera llegar a apretar su fina cremallera. Llevé un enorme chasco...

Después de las palabras de Carla animándome, lo que Luis pudiese llegar a pensar de mí en esta primera cita, me empezó a dar un poco igual: sólo quería divertirme y ver que cara pondría al verme aparecer así vestida. Era una pequeña nueva oportunidad para volver a empezar, y recordar aquellos tiempos en los que yo me sentía libre, donde me dejaba llevar por mis impulsos y poco me importaba lo que pudiesen pensar los demás de mí. Quería volver a ser como era antes, pero a la vez, también quería ser importante para alguien. No sabía qué hacer...

Un poco frustrada, decidí olvidarme de aquel vestido, y me lo quité dejándolo caer de nuevo al suelo, quedando allí tirado sobre el parqué de la habitación. Al final, decidí no romperme más la cabeza, y pensé que lo mejor sería ponerme unos simples vaqueros ajustados que me sentasen bien y una camisa entallada. Dejaría lo de impresionar a ese chico con mi escote para otra segunda ocasión... si la hubiese.

Me tumbé en la cama, y volví a mirar el móvil, pero ahora esperando un mensaje de whatsapp de Luis. Aun faltaban unas cuantas horas para la cita, pero estaba realmente nerviosa. La verdad, que aquel chico me estaba gustando más de lo que en principio esperaba...

Durante la semana, mientras nos tomamos juntos aquellos café, siendo sincera, las primeras veces que quedé con él fueron sin demasiado interés, casi por pasar el rato. Bueno, era guapete y tal... pero tampoco se acercaba físicamente a Alberto, el del pueblo, ni, si me apurabas, a Kike, pero parecía muy buen tipo y encantador. Su sonrisa contagiosa y su cara de buen chico, hicieron que estos días recobrase un poco la ilusión por quedar con alguien.

En aquel instante, aún no lo sabía, pero intuía que quizás me podía estar enamorando un poco ya de él. Aunque seguía pensando que lo mejor era seguir con la idea de salir sólo con la intención de echar un polvo, en el fondo de mí sabía que en parte me estaba haciendo ilusiones de algo más. Sólo esperaba que éste no me saliese rana otra vez...

Con todas esas dudas en mi cabeza, por otro lado, no pude sino acordarme de mi prima Erika. Aunque llevábamos ya casi tres años enfadadas y sin hablarnos, no podía dejar de sentir la sensación de que me vendrían muy bien hoy sus consejos. Seguro que ella sabría qué decirme sobre lo que hacer hoy. Conociéndola, seguro que me diría más o menos como Carla: “Ponte un buen escote... y date un buen homenaje con este chico... ¡No seas tonta y fóllatelo!”.

En ese instante, recordando a mi prima, comencé a sentir una enorme pena por seguir enfadadas. Pensaba que quizás debería llamarla y pedirle perdón, hacer las paces... Pero aun no me sentía preparada para llegar a eso. Había pasado tiempo y no me atrevía a dar yo el paso. Notaba que había sido muy injusta con ella, echándole a ella toda la culpa de nuestro enfado, cuando fue culpa por completo de Kike. Él no debería haberse puesto así conmigo, por nada, que fue en verdad de lo que pasó. No fue para tanto.... Ella tenía razón, y ese tío no era para mí... Debí hacerle caso a Erika y dejarle cuando me lo avisó; no haber dejado de hablarle a ella... Ahora quizás todo sería muy distinto.

En ese momento, no pude evitar recordar con nostalgia aquellos años donde eramos casi inseparables. Para mí, mi prima Erika, era lo más parecido a una hermana que nunca tuve. Durante nuestra vida, casi siempre habíamos terminado en ciertos momento con algún pequeño enfado... casi siempre sin mucha importancia, pero nunca como esta última vez.

Aunque, pensándolo bien y siendo del todo sincera, tengo que reconocer que ella y yo siempre tuvimos una relación extraña; una relación de amor/odio que al final terminó así: con un enfado gordo.

Ahora pensaba con detenimiento y nostalgia en aquellos años locos de juventud; aquellos años, donde Erika me enseñó a saber disfrutar de la vida y del sexo sin miedo, con total libertad. Años después, la manera de ver las cosas de mi ex me hicieron renegar de todo aquello. Pero hoy, no podría olvidar aunque quisiese, unos años que, ahora que ya me iba quitando de encima un poco las tela arañas de una relación amorosa tóxica, tenía que reconocer que fueron los mejores de mi vida.... hasta ahora.

─¡Qué recuerdos...!

Casi desnuda como estaba, tumbada en la cama, esperando una llamada de Luis, fui recordando desde el principio aquellos años con mi prima Erika. Intenté echar la vista atrás, hasta el momento donde empecé a sentir la pasión por el sexo, y recordando desde el suceso donde yo creía que comenzó todo... Y que todo fue, de manos de ella:
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cornidox30
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PARTE 1
Mi relación con Erika

I

Siempre recordaré esa ilusión con la que acogía la noticia anual de ir al pueblo de vacaciones. Desde muy pequeña hemos pasado días en familia en la casa del pueblo. Era algo muy especial para mí; un momento esperado durante todo el año, ya que me sacaba de mi rutina de la ciudad, me permitía más libertad para estar por la calle; disfrutar por ahí con mis amigos y, sobretodo, ver a mi prima Erika. En aquellos años de juventud, la comunicación era muy diferente a ahora; nos veíamos en casi cualquier reunión familiar: mínimo tres o cuatro veces al año. Navidades y verano eran seguras.

Nuestra relación siempre había sido muy especial; recuerdo cuando llevaba mis primeros juguetes al pueblo, mis muñecas más bonitas y especiales, para enseñárselas a Erika, y como al final de cada verano, rara vez no terminaba enfadada con ella porque se le perdía alguna , se le estropeaba algún vestido o les cortaba el pelo…Y es que, eso era lo que mejor definía mi relación con ella: la distancia y el tiempo sin vernos generaba una ilusión, que después, con el paso de los días y la convivencia, se iba torciendo hasta acabar todos los veranos enfadadas por uno u otro motivo.

Nunca olvidaré la vez donde creo que empezó todo, años después, ya de mayorcitas. Era una calurosa noche de verano en la que yo dormía profundamente, cuando de pronto comencé a notar ciertos movimientos a mi alrededor. En ese estado, entre dormida y despierta, no era capaz de localizar de dónde venía ni qué era aquello que notaba, pero con el paso de los minutos, ese movimiento fue a más y más, hasta que consiguió despertarme. Pensé que se trataría de mi tía recogiendo la habitación... En verano, siempre nos despertábamos más tarde que ella, sin embargo, cuando pude entreabrir por fin un ojo, me di cuenta que todavía era noche cerrada; la recuerdo muy calurosa... Inconscientemente, me había deshecho de la sábana que cubría la cama y mi pijama estaba totalmente arremangado dejándome casi desnuda, boca abajo, y con la almohada entre las piernas. Esa posición no era extraña para mí; muchas veces me despertaba así y lo achacaba a que siempre había sido muy inquieta durmiendo. Poco a poco, mi vista se fue acostumbrando a la escasa luz que había en la habitación, y fue entonces cuando vislumbre la silueta de Erika en su cama. En un primer momento, pensé que estaba dormida, tumbada de lado mirando hacia mí, pero, al observar detenidamente, me fijé en que su posición no era relajada como cuando duermes: estaba tensa, y se podía apreciar un claro movimiento en su hombro derecho. Seguí con atención la trayectoria de su brazo, que me llevó a su entrepierna... ¡¡Erika se estaba tocando!! Escandalizada, encendí como un resorte la luz de la mesita de noche y, como pude, me recompuse el pijama. La cara de Erika era un poema... se quedó paralizada; tenía los mofletes completamente rojos; la camiseta del pijama arremangada, y sus pechos estaban colorados e hinchados, con los pezones muy duros. Su otra mano no se movió de donde estaba, la tenía debajo del pantalón del pijama, pero ya no se movía... se había quedado paralizada, supuse del susto.

Pasados unos instantes, en las que las dos nos fuimos tranquilizando, le pregunté qué estaba haciendo... Ella, bajó la mirada, esperó unos segundos, y me dijo:

─Pues... resulta... que no me podía dormir. ¡Este calor es asqueroso...! Me he levantado a refrescarme, lavarme la cara y beber un vaso de agua... Cuando he vuelto a la habitación, te he visto así…

─¿Así, cómo...? ─le pregunté yo, extrañada.

─Sí, Natalia, ¡ASÍ! ─dijo con un tono en su voz que no sabría identificar.

─No se qué quieres decir Erika, yo estaba durmiendo muy a gusto... Bueno, todo lo a gusto que permite este asqueroso calor.─le contesté con la mayor normalidad del mundo.

─¡¡Venga Natalia, no me fastidies!! ¡Qué me he quedado un rato mirándote y no había ninguna duda de lo que estabas haciendo….!

─¿Pero qué dices Erika?─Mi cara debía ser un espejo de mi desconcierto... Realmente, no sabía de qué me estaba hablando y eso relajó el gesto de mi prima, al notar que hablaba en serio.

─¿Me dices en serio que estabas dormida?─preguntó.

─Claro que te lo digo en serio Erika... ¡estaba en el quinto sueño ya!

─Pues Natalia... estabas … estabas...─se puso muy colorada y bajó la mirada.

─¿Qué estaba qué?─le pregunté intrigada.

─¡Jolín Natalia! ¡¡Pues que estabas tocándote!!─dijo por fin mirándome a los ojos.

Me quedé petrificada, es cierto, que en esa época, teníamos todas las hormonas revolucionadas y algunos pensamientos de esos se habían pasado por mi mente, pero debido a mi educación, la simple idea de tocarme me parecía algo malo, y nunca me había atrevido más que a algún coqueteo semi inconsciente con la ducha que acababa en cuanto me daba cuenta de lo que estaba haciendo.

─¿Estás bien?─preguntó mi prima, al verme como me quedé callada y un poco pálida.

─¿Eh....? Sí, sí, perdona. Es que me has dejado descolocada. No entiendo nada. Yo nunca… ─dije avergonzada.

─¿Cómo que nunca? Me estás diciendo... ¿que nunca te has tocado? ¡¡Vamos Natalia... por favor!! No me cuentes cuentos… qué ya eres mayorcita.─dijo medio enfadada.

─Te lo prometo, es más... te seré sincera: llevo una temporada en la que lo he pensado, pero me da miedo... tengo la sensación de que si lo hago, me pueda pasar algo malo…

En ese momento, Erika soltó una carcajada que rápidamente ahogó con sus propias manos para no despertar al resto de la casa.

─¡¡Pero Natalia!! ¡Cómo puedes decir eso! ¡Si lo estabas haciendo hace un momento! Mientras dormías ─dijo en un tono que me sonó a burla.

─¡Oye! Te prometo que estaba durmiendo... Tenemos confianza y, sino, te lo contaría. ─le contesté indignada.

─Bueno... pues eso, entonces... debió ser la llamada de la naturaleza, jajajaja... Si lo estás reprimiendo, tu cuerpo te lo está pidiendo a gritos.─dijo mi prima sin dejar de sonreír.

─Pero.... ¿es que tú lo haces?─le pregunté

─¡Pues claro! Y hace ya tiempo además. No sabes lo que te estás perdiendo...─ contestó con orgullo.

─¿Ah sí?

─¡Pues claro! Es algo muy divertido; ayuda a conocerte mejor y a prepararte para cuando estés con un chico. ¿Porqué... no me dirás que tampoco aun no has estado con un chico...? Vamos... ya me entiendes...─contestó mi prima con mucha seguridad, haciendo un gesto con su mano como recreando una polla y una vagina.

Yo le contesté con un No con la cabeza, consciente de que aquella era una respuesta muy extraña para una chica de mi edad. Pero era la verdad... aun no había encontrado ningún chico que me gustase lo suficiente, o mi forma de ser no me había llevado a ello... Lo máximo para mí hasta ahora, habían sido besos y algún que otro toqueteo y tal... pero sin llegar a nada más. Siempre había evitado hablar de eso con mis amigas, pues me avergonzaba reconocerlo.

En ese momento, Erika adopto una posición mas relajada y me dijo:

─Nati... ¿Por qué no acabamos lo que estábamos haciendo? Pero esta vez, despiertas las dos, a lo mejor podría enseñarte algo...

Me puse colorada como un tomate, no sabía qué contestar. Mis hormonas, ya revolucionadas por la edad, en ese momento estaban dando saltos. Notaba fuego en mis mejillas, debía estar muy colorada... Miré hacia abajo, y vi que mis pezones se marcaban muchísimo a través de la camiseta del pijama. Cuando eso pasaba, estaban mucho más sensibles y, al prestarles atención, el simple roce de la tela de la camiseta me producía un cosquilleo muy agradable.

Sin esperar a mi respuesta, Erika metió la mano debajo del pantalón de su pijama, soltó un suspiro, y cerró los ojos empezando a sonreír.

Yo, me quedé congelada, no sabía que hacer... dónde meterme... Mi primer impulso fue salir de la habitación corriendo, pero sentía que estaba clavada a la cama. Me incorporé un poco, sin despegar mis ojos de Erika, y apenas sin parpadear.

Al cabo de un rato, los ojos de mi prima se clavaron en los míos y me dijo:

─¡No sabes lo qué te estás perdiendo...! ¿Por qué no te dejas llevar...? Tu cuerpo lo está deseando─dijo Erika. Esta frase, iba a ser mi perdición a partir de ese mismo instante.

─Pero… es qué... ¡No sé qué es lo que tengo que hacer!

─Vale, vamos a hacer una cosa... Vamos a quitarnos la ropa y te voy a dar un cursillo acelerado, jajaja.─Al decir esto, Erika se deshizo de su pijama y se quedó desnuda frente a mí. A pesar de haberla visto mil veces desnuda mientras nos cambiábamos, en el baño o en cualquier situación, ese momento fue distinto: empecé a fijarme en su cuerpo... Pese a ser parecidas, éramos muy distintas. Mi pecho era mucho más grande que el de ella, sus pezones eran más pequeños también, los tenía muy duros y oscuros; los míos eran grandes y sonrosados. Su pubis brillaba de la humedad. Tenía un cuerpo muy bonito y era la primera vez que lo veía así, de ese modo...

Poco a poco, le hice caso, y me fui despojando también de mi ropa, quedando las dos desnudas sobre las sábanas.

─Lo mejor es empezar poco a poco, aunque... después de lo que ya llevamos encima... ─dijo Erika sonriendo.

─¡Oye... que yo no estaba haciendo nada!─seguí con la risa, pero mi respuesta fue sincera.

─Mira... te voy a demostrar que sí que estabas haciendo algo… Ponte como yo.─En ese momento, Erika se colocó sobre la almohada, situándola entre sus piernas, y comenzando a mover rítmicamente las caderas.

Copié sus movimientos y su posición, que me resultaba muy familiar por mi forma habitual de dormir. Después de unos instantes, cuando estaba a punto de decirle a mi prima que tenía yo razón, y que esa era una manera cómoda de dormir, una oleada de sensaciones empezó a recorrer mi cuerpo: sentí calor, escalofrío... y un gustito que hacía que no quisiera parar de mover mis caderas y de frotarme con aquella almohada. ¿Cómo era posible...? Muchísimas veces me había despertado en esa misma postura y nunca había sentido nada parecido. El placer iba en aumento, así como el ritmo de mis movimientos. Era como si mi cuerpo supiera lo que tenía que hacer y yo simplemente sólo me dejaba llevar ahora.

En ese momento, Erika me sacó de mi abstracción:

─¿Lo ves...? ¿Aún piensas que no estabas haciendo nada?─dijo con la voz entre cortada y una enorme sonrisa en los labios.

─Pero... yo no sabía... Es la primera vez que me doy cuenta... ─dije torpemente.

─Pues... lo que yo te decía, Natalia: tu cuerpo te lo estaba pidiendo a gritos y como tú no se lo dabas, pues lo hacía el solo por su cuenta.

─¡¡Pues qué listo que es mi cuerpo, jajaja...!!─contesté con una risa nerviosa, fruto de la excitación que estaba alcanzando.

Mis caderas se movían muy deprisa, notaba cómo de mi sexo se escapaba mucha humedad, que estaba empezando a dejar marca en la almohada. Eso hizo que me parase y que mi prima se diese cuenta. Ella, empezó a gemir y a moverse más deprisa... mis ojos estaban fijos en sus pechos... me fijaba con detalle en cada arruga de sus pezones, en lo duros que los tenía, y esa visión me excitaba aun más todavía. De pronto, se dio la vuelta, dejando su sexo expuesto ante mí, y empezó a frotarlo con sus dedos; la imagen era lo más pornográfico que había visto hasta ahora en directo en mi vida, y me asustaba un poco, pero era incapaz de apartar la mirada ni de moverme siquiera. Estaba hipnotizada por los movimientos de Erika... Veía su sexo cada vez más mojado; sus dedos impregnados en sus fluidos...

Ahora, mi atención estaba fija en ese movimiento; estudiaba su sexo: muy parecido al mío, notaba sus labios muy rojos e hinchados. Ella no dejaba de frotar su clítoris y, de vez en cuando, introducía la punta de uno de sus dedos dentro, de donde lo sacaba al instante empapado. Con la otra mano, sujetaba su pecho y se acariciaba un pezón, y le daba pequeños pellizcos a la punta; eso provocaba en mi muchísima excitación. La cual iba en aumento, pero yo estaba congelada, sin casi moverme, sólo podía observar el espectáculo que me estaba ofreciendo Erika. Ella, cada vez más fuera de si, gemía y se retorcía sobre las sábanas... Entonces, en mi cabeza, se comenzó a dibujar una idea: quería tocar esos pechos; ese sexo...; deseaba notar su humedad, su calor...

Pero, en ese momento, escuchamos un ruido fuera de la habitación y una voz que nos decía:

─¿Por qué armáis tanto alboroto? ¡No son horas! ¡¡A dormir todo el mundo... Que aquí hay quién mañana sí trabaja!!─Era mi tía... Por lo visto, con los ruidos de mi prima se había despertado.
Esto nos cortó automáticamente, y nos metimos debajo de las sábanas a toda prisa, justo en el momento en que mi tía abría la puerta de la habitación. Vio la luz encendida y preguntó que qué pasaba...

─Es la prima Natalia... que estaba haciendo ruidos en sueños y moviéndose mucho... ¡A mí también me ha despertado, mamá! ─dijo Erika, haciéndose un poco la dormida.

Mi cara era igual que un tomate. Me quedé muda y odiando a mi prima por haberme echado a mí toda la culpa. No era capaz casi ni de articular palabra al ver a mi tía Luisa allí en la puerta, solamente me salió decir:

─Lo siento tía, no me he dado cuenta... No podía dormir bien con este calor... No pensé que hacían tanto ruido.

Mi tía se mostró muy comprensiva, y aunque supongo que notó que la mentíamos, nos dijo que apagásemos la luz y nos durmiésemos, que sino, a la mañana nos levantaríamos muy tarde... Al final, eso fue lo que hicimos, pero mi cabeza era un cúmulo de sentimientos y sensaciones; por un lado, había sentido un placer muy grande gracias a lo que me había descubierto Erika, pero, por otro, me había fastidiado una vez más, echándome a mí la culpa frente a su madre. Esa sensación de traición hizo que me durmiera de muy mala leche y sin querer hablar más con ella... Por esa noche.


CONTINUARÁ....
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Falcom00
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Muy buen comienzo la historia de Natalia para conocer sus orígenes antes de conocer a Luís y al comenzarla.Como fueron sus comienzos con su prima Erika y demás aprendizajes jejeje.Con ganas de seguir leyendo sus comienzos hasta llegar al día de hoy y ver hasta donde han llegado sus ganas de fiesta profunda con Luis Interesante verlo esta vez desde el punto de vista de ella.
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Antiguo 08-dic-2017, 21:38   #6
javiaus
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Excelente! Con ganas de saber más de la historia!
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Antiguo 09-dic-2017, 12:44   #7
lokko007
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excelente esta precuela y la verdad no me esperaba que natalia haya sido en una parte corrompida por su prima erika, supongo que todas las experiencias que se vienen y las pollas enormes estan en este ambiente de verano en casa de su prima y por supuesto su iniciacion anal tambien

saludos y quedo en espera de los proximos capitulos


p.d.: solo una consulta? de cuantos capitulos consta esta precuela?
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Antiguo 09-dic-2017, 13:44   #8
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excelente esta precuela y la verdad no me esperaba que natalia haya sido en una parte corrompida por su prima erika, supongo que todas las experiencias que se vienen y las pollas enormes estan en este ambiente de verano en casa de su prima y por supuesto su iniciacion anal tambien

saludos y quedo en espera de los proximos capitulos


p.d.: solo una consulta? de cuantos capitulos consta esta precuela?
Aun no te puedo decir con exactitud, depende un poco de como vaya yendo la cosa y los ánimos. Pero fijos ya unos cuantos: 5 o 6 más al menos. Y algunos muy cachondos, y morbosos os lo aseguro... jejeje.
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Antiguo 09-dic-2017, 14:21   #9
lokko007
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Y algunos muy cachondos, y morbosos os lo aseguro... jejeje.
se eso ni lo dudo y tampoco lo pongo en tela de juicio

saludos
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Antiguo 11-dic-2017, 17:59   #10
joven85
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Pendiente de tener un ratito para leerme el relato tranquilamente.
Aun no he podido empezar, pero queria decirte que me muero de ganas
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Antiguo 12-dic-2017, 13:08   #11
lok1
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Parece que la cosa está un poco fría, a ver si poco a poco la gente se va animando según vayas subiendo más partes
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Si te apetece leer un relato escrito por mi..
/relatos-experiencias/46605-escapada-montana.html
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Antiguo 12-dic-2017, 13:52   #12
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Esperando con ansias el siguiente capítulo para ver como empiezan las enseñanzas en el tema sexual por parte de su prima,que seguro que ella es la que la incita en todo lo que hizo en el pasado y a su vez,la prima se aprovecha de como enseñarla y le hace de todo,para su uso y disfrute,creo que será ella la que estrene primero todos sus agujeros,No?Esperando que el autor nos lo confirme con su relato..
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Antiguo 12-dic-2017, 14:58   #13
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Parece que la cosa está un poco fría, a ver si poco a poco la gente se va animando según vayas subiendo más partes
Bueno, supongo que la cosa se irá animando mas a medida vayamos entrando en harina....
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2


Pasó ese verano, y aunque ahora no podría especificar la fecha exacta, sé que volví a pasar unos días a casa de Erika unos pocos meses después. Durante aquella época, recuerdo que mi autoestima se encontraba por las nubes, estaba siendo un año genial; mis notas eran excelentes; la relación con mis padres era perfecta y todo marchaba para mí a las mil maravillas. Además, empecé a relacionarme mucho más con la gente de mi entorno, y ahora era una chica bastante popular; nunca me faltaba un plan para los ratos libres y notaba que los chicos se interesaban cada vez más por mí.

Al llegar de nuevo al pueblo, quería contarle todo a Erika, y para ser sinceros, presumir también un poco. Ella siempre sacaba malas notas y se pasaba media vida castigada o discutiendo con sus padres. A mi me daba algo de pena por ella, pero en el fondo eso hacía que me sintiera un poquito por encima de ella. Parecía que sólo gracias a mí y a mis visitas, Erika conseguía algo más de libertad para que la dejasen salir hasta más tarde por las noches. Yo estaba convencida, que para sus padres yo era algo así como: la prima buena...

Cuando llegué al pueblo, todo fueron risas y abrazos; las dos teníamos muchas ganas de ponernos al día, así que, corrimos a la habitación de mi prima y allí comenzamos a contarnos cositas...

Dejé que fuese Erika la que se sinceraba primero: contándome cómo estaba ya aburrida de estudiar ─”que eso no iba con ella”─, y que tenía ganas de dejarlo y ponerse a trabajar. Me decía que eso le causaba muchos problemas y bastantes discusiones con sus padres. En ese momento, con falsa modestia, le hablé de mis sobresalientes y de todo lo que me habían regalado mis padres por la excelente relación que teníamos. Podía ver en sus ojos la envidia y eso hacía que me sintiera un poco superior.

Con ese ánimo reflejado en mis ojos, me lancé ahora a presumirle de mis relaciones con los chicos. Desde ese suceso de la habitación, unos meses atrás, me había quedado con las ganas de devolverle la jugada y demostrarle que yo no era tan mojigata como ella se creía. Le conté que había tenido varios novietes. La verdad, que yo de aquella, si me morreaba un par de veces con un chico o me dejaba sobar un poco por él, ya decía que eramos novios. Al oírme decir eso, mi prima se rió. Me dijo que ella pasaba de novios, que tenía muchos amigos....

Yo en principio no entendí que quería decir con aquello, y decidí seguir confiando en mis avances y presumir un poco más: le hablé de que ya me había besado con varios chicos ─4 concretamente─. Le dije que los más guapos y populares de mi clase.

En ese momento, pareció interesarse, me interrumpió y me dijo:

─Entonces... ¿te has besado ya con 4 distintos? ¡Madre mía, prima! ¡Estás hecha toda una golfa!! JA JA JA JA ─y se rió fuerte. Yo no entendía a qué venía esa risa...

─Pues, sí ─dije un poco enfadada y reafirmando mi posición─. Con cuatro distintos... ¡Y besaban muy bien!

─Jolín, prima... ¡¡Ten cuidado no te dejen embarazada!! Jajajajaja ─Casi se cae de la cama riendo.

─¿Sí...? ¡¡Pues que sepas que también me han tocado las tetas!! Bueno... sólo por encima de la camiseta... ─dije roja del enfado, mientras miraba hacía abajo para mirar hacia ellas. Hoy llevaba un ajustado jersey que me las marcaba mucho.

En ese momento, mi prima dejó de reír, se puso seria y me volvió a decir:

─¡Pues vaya cosa, prima…!

Me quedé mirándola enfadada; sólo quería dejarla mal, bastante de tonta ya me había dejado hace meses con lo de enseñarme a tocarme... No podía ganarme.... ¡este año no!

─A ver... ¿tú con cuantos te has besado? ¡¡Lista!! ─pregunté casi gritando.

─¿Besado, besado...? pues con unos a 4 chicos también ─me contestó orgullosa, pero con una risa burlona en su cara.

─¡Vaya cosa!, pues los mismos que yo, y eso que tienes casi tres años más... ¡No sé porqué te ríes tanto entonces! ─respondí indignada─. ¿A qué viene tanta risa?

─Ya prima... pero para mí, resulta, que los besos no son más que la excusa para cosas mucho más divertidas... ¡No sé para ti! ─contestó con una cara de zorra que nunca olvidaré.

─¡Pues claro!... lo sé. ¿Qué piensas, que a mí no me hace cosquillas ahí abajo cuando me tocan las tetas? ─dije intentando poner en valor mis logros.

─Ya, prima.... pero es que eso no es nada. ¿Sólo te hace cosquillitas...? Jejejeje... ¿con 18 años ya?, jejejeje ─se volvió a reír a carcajadas.

─¡¡Pues a mí eso me sirve para cuando llego a casa!! ─le interrumpí con rabia.

─¿Ah, sí...? ¿Y qué haces cuando llegas a casa?: ¿dormirte como cuando eras pequeña? Jijiji ─dijo con una sonrisa maliciosa.

─¡¡Pues no!! Hago otras cosas más divertidas. ¡¡¡ME TOCO!!! Hago como tú... ¿No fue lo que me enseñaste aquella vez? ─añadí encendida por la rabia que me estaba dando la situación.

─¿Ah sí...? ¿Como yo te enseñé? Muy bien primi, me siento orgullosa de ti ─dijo con toda la ironía del mundo.

─Pues sí.... ahora lo hago casi todos los días ─presumí, pensando que por fin me iba a anotar un punto.

─¡¡Prima.... que no te enteras!! Yo eso te lo dije para que te dieses gusto de vez en cuando; cuando estés sola.... ¡Pero lo divertido de verdad es que te lo hagan! Si es que... ¿no entiendo como me cuentas estas cosas de este modo... a tu edad? Jejeje... ─exclamó ella con autosuficiencia y queriendo seguir riéndose de mí. Estaba claro que me sacaba bastante ventaja en esto de los chicos. Yo no dejaba de ser una principiante en eso, al lado suyo, y ella siempre intentaba burlarse de la sorprendente inexperiencia que tenía yo para mi edad.

Mi cara ya era todo un poema, me quedé con la boca abierta, la rabia que sentía había dado paso a la incredulidad. Estaba claro, que siendo yo aun virgen a los 18, no podía pretender vacilar de eso a mi prima, por mucho que yo me creyese que estaba más buena o era podría ser más popular. Podría presumir de lo guapos que eran algunos con los que me había enrollado, pero... como Erika ni los conocía, pues ni eso.

─¿Cómo que te lo hagan? ─pregunté con humildad, pensando que haría mejor dejándola que me contase qué hacia ella, que intentando presumir yo de lo que no podía.

─Pues, prima, que cuando sientes esas cosquillas, ahí abajo, jejeje... lo mejor es que te rasquen… ¡y luego rascar tú! ─dijo Erika.

─¡¡Pero prima!! ─me escandalicé. Eso era demasiado.

─¡¿No me dirás... que aun nunca te han hecho un dedo, o que le has hecho una paja a un chico? Jejejeje ¡No me lo puedo creer! ¿A tus años? ─me preguntó otra vez entre risas de burla.

Yo afirmé con la cabeza y miré al suelo avergonzada...

─ Joder... ¡Pues debes ser la única que quedará! ─añadió Erika al ver cómo asentía con ese gesto.

Yo miré hacia ella, como si le diese la razón, y en ese momento Erika me empezó a relatar:

─Mira Nati, lo que hacíamos estaba bien... y yo lo sigo haciendo, pero esto es otro nivel. ¡No te imaginas la sensación de sentir unas manos por debajo de tu ropa, sentir como otra piel distinta a la tuya recorre todo tu cuerpo! ¡¡Mira, me mojo sólo de pensarlo!! Cuando siento sus manos cogiendo mis tetas, pellizcando mis pezones… ¡¡Ay, prima!! ¡¡Nunca se me han puesto tan duros!! Y cuando bajan la mano y la cuelan debajo de mis braguitas… ¡¡Que humedad, Nati!!: ¡según empiezan a tocar, lo tengo ya chorreando si me gusta bien el tío! Eso de sentir otra mano que no es la mía, me pone a cien, y así suelo llegar enseguida... sobretodo, cuando me empiezan a meter un poquito el dedo... ahí ya me vuelvo loca y tengo unos orgasmos que me hacen gritar...

Me quedé muda. Otra vez mi prima me había ganado. Además de envidia, sentía que con lo que me contaba se me habían mojado las braguitas. Nada más terminar de contarme aquello, estaba deseando encerrarme en el baño para tocarme. Pero ahí no se había acabado la cosa, Erika volvió a la carga:

─Y ya sabes.... que hay que ser educada y agradecida. Por eso yo siempre se lo devuelvo, jijjiji. Ya sabes: el favor; si ellos me dan gusto a mí, pues yo a ellos. No veas cómo me calienta esa sensación de no saber lo que me voy a encontrar bajo de su bragueta... Cuando se la rodeo con mis dedos y noto que está morcillona, pero poco a poco siento cómo empieza a crecer hasta ponerse dura como una piedra, es la sensación que más cachonda me pone del mundo; descubrir el tamaño de su polla me enciende tanto, que la mayoría de las veces les pido que vuelvan a tocarme. Incluso, cuando llego a casa, tengo que rematar yo la faena varias veces... Bufff... ¡ya sabes cómo!

Esas palabras se clavaron en mi mente; sentía rubor en mis mejillas y una tremenda humedad en mi entrepierna, pero a la vez, mucha rabia porque mi prima me había dado otro chafón. Esto no podía quedar así....

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3



Creo que fue durante aquellas mismas vacaciones, días después, aunque ahora no lo tengo claro; me recuerdo entrando en casa de Erika, encendida y acalorada; casi di un portazo, dije un “hola” general y subí rápido los escalones hacia la habitación.

Mi primer encuentro cercano con Alberto había sido muy intenso, estaba convencida de que por fin se iba a atrever a darme eso que tanto deseaba, pero siempre pasaba algo… algo que lo estropeaba. Después de enrollarnos la noche del pasado sábado, estaba deseosa por dejarme llevar nuevamente, pero ahora de forma más calmada, dejándome poseer por completo, entregándome a él... Además, ahora tenía a mi prima toda envidiosa: ella nunca había conseguido nada con Alberto... pero yo sí. Por fin logré ese ansiado tanto sobre ella.
Mirándome al espejo mientras me desvestía empecé a pensar...: “hoy habían sido sus padres los que nos había jorobado”. Teníamos la casa para nosotros solos, el ambiente era perfecto, mi ropa era perfecta, el modelito era perfecto: una camiseta de tirantes con un poco de escote, que mi generosa anatomía convertía en bastante escote. Una minifalda vaquera que me hacía un culo ¡espectacular!, y la ropa interior también era perfecta: un sujetador gris, sin encaje, que abarcaba todo mi pecho, lo colocaba en su sitio y le daba una forma deseable, y un tanga de hilo a juego con el sujetador, que dejaba a la vista un culo del que me sentía muy orgullosa.

Terminé de desvestirme rápidamente, me envolví en la toalla, y fui en dirección al baño para darme una ducha que consiguiera calmar mi fuego.

Una vez en el baño, me despojé de la única prenda que cubría mi cuerpo, la toalla, y me miré al espejo. Ahí seguían las consecuencias de mi encuentro con Alberto: tenía los pechos rojos por sus estrujones, los pezones seguían durísimos de la excitación y aun se podía percibir algún resto de sus babas.

Y es que no entendía por qué otra vez se tuvo que torcer, todo iba genial: según entré en su casa, fuimos directos al sofá, pusimos una película, que ni me acuerdo cual era, y nos empezamos a besar. Al principio, fueron besos pasionales, pero los dos queríamos más, así que, pronto le quité su camiseta. Al ver sus abdominales marcados sentí como la humedad se apropiaba de mis partes íntimas, ¡y es que me ponía muchísimo ese abdomen, era algo que no podía controlar! Además, lo de que fuese un chico varios años mayor que yo, me aumentaba mi lívido enormemente... Él podría tener a cualquier chica de aquel pueblo, pero me prefería a mí. Yo en parte, sabía que lo que más le atraía de mí eran mis tetas, pero me daba igual... yo quería dejarme llevar y disfrutar... quería gozar como lo hacía mi prima, y en aquel pueblo me podía desfogar sin problemas.

Sin pensárselo mucho me empezó a manosear, primero torpemente, seguro fruto de su nerviosismo al ver mi visible inexperiencia y por la excitación que se apoderaba cada vez más de su mente, al ver que me tenía por fin para él. Pero, enseguida, poco a poco, fue tomando el control de la situación y empezó a jugar con todo mi cuerpo. Mis tetas estaban al momento ya fuera de la camiseta y una de ellas también fuera del sujetador, mientras su lengua la recorría entera y se centraba en mi durísimo pezón; lo lamía, lo mordisqueaba y succionaba... Eso a mí me provocaba muchísimo placer, mis manos pasaron de su culo a su paquete, e intenté torpemente desabrochar sus vaqueros, pero me tuvo que ayudar él. Se puso de pie, se libró de la hebilla del cinturón, y despacio empezó a desabrocharse los botones de su pantalón. En ese momento, no podía estar más excitada: tenía su torso desnudo y estaba a punto de descubrir ese paquete que tantas veces había deseado las otras dos veces que nos enrollamos, mientras lo tocaba por encima de la ropa.

Cuando desabrochó el último botón, me fijé en que sus calzoncillos no podían abarcar la totalidad de su paquete. Le asomaba por arriba, y es que estaba duro como una piedra. Inconscientemente, me relamí y alargué mis brazos para tocarle; sentía que mi humedad había traspasado mi tanga y lo tenía empapado. ¡Por fin iba a ser mío!

Pero, en ese preciso momento, oímos un coche parar en la puerta, a toda prisa nos recompusimos, y en el momento que Alberto se sentaba en el sofá conmigo, se abrió la puerta de casa...

Eran sus padres, iban a pasar el fin de semana fuera, pero por lo visto el coche había dado algún problema y cancelaron los planes. ¡Maldita sea la mecánica del automóvil!

Ahora, ya en casa, aun sofocada por el recuerdo de este inesperado contratiempo, abrí el grifo a toda potencia y me metí debajo del chorro de la ducha. No esperé a que se calentase el agua, porque era verano, y porque necesitaba apagar el fuego que había aún en mi interior.

El agua recorría mi cuerpo y me dejé llevar; empecé a acariciarme como tanto me gustaba: primero muy suave, pero enseguida pasé a la acción, no estaba para preámbulos, quería acabar con esa excitación. Descolgué el teléfono de la ducha y lo dirigí a mis pechos; tenía los pezones que me iban a reventar de lo duros que estaban. En seguida baje a mi necesitado sexo. Al sentir el primer contacto del chorro de agua con mis labios, mis piernas se separaron instintivamente y busqué el punto exacto que me hiciera sentir más placer. Aunque esa era ahora ya una práctica muy habitual en mí, esa ducha, al ser distinta a la de mi casa, le daba cierto morbo añadido: sentía que tenía más presión, pero no demasiada, y eso, junto a mi estado de excitación salvaje, me estaba aproximando rápidamente a lo que preveía iba a ser un orgasmo de película.

Con una mano sujetaba la ducha y con la otra amasaba mis tetas y pellizcaba mis pezones, estaba fuera de mí. Sentía como un escalofrío recorría mi espalda, el orgasmo estaba llegando, y como intuía, iba a ser de los gordos.

En ese momento, escuché un ruido, abrí los ojos sobresaltada, y ahí estaba Erika. ¡¡Maldita sea!! Con las prisas por meterme en la ducha se me había olvidado poner el pestillo a la puerta...

Me quedé congelada, no me movía, el agua seguía golpeando mi clítoris con fuerza y mi mano aun pellizcaba mi pezón. Lo único que hacía que no me corriera, era la sensación de los ojos de mi prima clavados en mí...

Su carcajada fue lo que deshizo el hechizo en el que parecía sumida, me señaló con el dedo y sus carcajadas se escucharon en toda la casa. Me puse roja como un tomate y mi lívido desapareció al instante. ¡¡Otra vez me había fastidiado!!

Aquellas vacaciones no volví a ver más a Alberto... tuve que esperar al verano siguiente, aunque esa vez... con algo más de experiencia por mi parte.

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4



Llevaba esperando este momento todo el año. Por fin llegó el verano siguiente: volver a ir a ver a Erika, esta vez habíamos estado meses sin vernos. Yo, por fin me había desvirgado, con un compañero de universidad, aunque la experiencia no fue muy satisfactoría. Luego, ya tuve varios rollos más con otros compis de Uni y varios ligues pasajeros, Pero yo, a quien de verdad ahora estaba deseando volver a ver sobre todo, era a Alberto. Ese año, había ganado bastante experiencia con los tíos, y había logrado soltarme de una vez en el plano sexual. Pero Alberto, para mí era especial. A parte, allí en el pueblo, sabía que podía dar de verdad rienda suelta a mis deseos, sin preocuparme mucho por lo que pensasen de mí mis compañeros y compañeras de la facultad, mis otras amigas de la ciudad o mis padres. Sabía perfectamente que ese verano lo tendría por fin para mí.

Después de unos cuantos días por el pueblo, Alberto y yo, llevábamos ya varios viéndonos, pero sin poder quedar solos por un motivo u otro...

Cuando por fin lo conseguimos, una tarde que él estaba solo en su casa, no nos andamos con muchas historias, fuimos directos al grano, nos empezamos a liar sin contemplaciones. Sus manos fueron directas a mis tetas: decía que le volvían loco, que llevaba meses esperándolas, y así me lo hacía saber cada vez que nos enrollábamos, tanto por sus estrujones como por sus afirmaciones: “Nati, ¡¡vaya tetas tienes!!, nunca he visto nada igual”, “me las comería a todas horas...” y demás lindezas que a mí me encantaba escuchar de su boca. Me sentía muy orgullosa de aquellas dos dotes que la naturaleza me había regalado.

Al instante, mi mano revoltosa, tampoco se quedó atrás, rápidamente se coló debajo de su pantalón; adoraba ese instante justo antes de tocar una polla por primera vez: sentir la incertidumbre de cómo sería su tamaño, su tacto, su forma, y cómo reaccionaría al contacto con mis manos…. Aunque la de Alberto no era nueva para mí, llevaba desde el verano pasado sin tenerla entre mis manos, sin poder palparla, y eso hacía que todas esas sensaciones estuvieran presentes a cada nuevo encuentro. En el momento que mis dedos rozaron ya su polla, a los dos nos recorrió un escalofrío por la espalda: había una química especial entre nosotros y ambos lo sabíamos.

Alberto ya me había subido la camiseta y mis tetas asomaban por encima del sujetador. Él lamía y mordisqueaba mis pezones como un salvaje, y yo sentía que si seguía así, me podría correr sólo con ese contacto suyo en mis pezones. Mis dedos notaron que la tenía dura como una piedra, tenía un tamaño muy considerable en comparación con otras que había probado, y eso hacía que la suya me excitase aun más. ¡Quién diga que el tamaño no importa miente!; es cierto que no es lo único importante, pero una polla grande siempre tiene un punto más de excitante y morboso; es una sensación de conquista que nos encanta sentir a todas; ¡eso seguro!, al igual que a los tíos le vuelve locos mis grandes tetas.

Noté como poco a poco su glande empezaba a humedecerse con las primeras gotas de su líquido pre seminal: ese delicioso manjar que tanto me gustaba. Inmediatamente, le bajé sin dudarlo los pantalones hasta las rodillas; él sabía perfectamente de mi ansia por chupar su polla y no le extrañó, se dejó hacer. Eso sí, sin dejar de manosear en ningún momento mis tetas, que a esas alturas estaban rojas, baboseadas y llenas de marcas... Pero me daba igual, me encantaba como Alberto jugaba con ellas.

Me detuve un instante, de rodillas, frente a la polla más bonita que había conocido hasta ese momento, para observarla, y una pequeña sonrisa escapó de mis labios: “¡¡Cómo me gustaba esa polla!!”. Acerqué mi boca a su glande, ¡ya me estaba relamiendo por el delicioso bocado que me esperaba! Cuando se lo tuve a escasos centímetros de mi cara, saqué la lengua, y la recorrí entera; era igual que saborear un delicioso helado. Lamí aquella polla con ansiedad, no aguanté más: abrí la boca y la introduje decidida entre mis labios.... De primeras, me costaba, era muy grande, ¡pero qué placer sentía al hacerlo!

Pasados unos primeros instantes de auténtico frenesí desbocado, empecé a ser más consciente de todo: notaba algo diferente; quizá fuera porque hacía mucho tiempo que no estábamos juntos o quizá tendemos a idealizar demasiado el recuerdo de las cosas que nos gustan. El caso es, que algo no era como siempre; intenté concentrarme solamente otra vez en su polla mientras continuaba la mamada. A Alberto lo veía fuera de sí: resoplaba como un animal salvaje. Sin duda le gustaba muchísimo lo que le hacía, pero yo, por alguna razón, ahora no lo estaba disfrutando tanto... algo no iba bien: ¿pero qué era?

Entonces, decidí hacerle un regalo con algo que había aprendido ese mismo año con otro chico: una garganta profunda. Me concentré, y al cabo de un instante, sentí cómo toda mi boca se abría para alojar a su huésped: aquella polla, que para mí era la más grande y gorda que hasta ahora había probado. Centímetro a centímetro, conseguí ir metiéndome toda su polla dentro; la sentía en mi garganta. Reconociéndolo, y siendo del todo sincera, aquella no era la sensación que más me gustase del mundo, pero siempre lo compensaba el notar la reacción de los chicos al ver su polla perderse por completo dentro de tu boca.

Fue en ese momento, con mi nariz totalmente pegada a su pubis, cuando fui consciente de lo que ocurría: era su olor... ¡olía a coño! Mis ojos se abrieron por completo, y saqué casi de golpe su polla de mi boca. Alberto tenía aun los ojos cerrados, estaba disfrutando muchísimo, parecía estar como en otro mundo. Yo, aun con su polla en mi mano, le pegué un pequeño tirón en ella para que volviera a la realidad. Al segundo, me miró sonriente y me dijo:

Ufff, nena, ¡¡que boca tienes!!, ¡me estás volviendo loco! He estado a punto de correrme ya varias veces, menos mal que venía descargado, jajaja....

─¿Cómo...? ─pregunté muy seria.

─Sí, Nati, nunca me habían hecho algo así, ¡me vuelves loco! Te echaba mucho de menos... y bueno... ¡ya no diré a esas preciosas tetas que tienes!

─Así que, ¿hoy ya habías descargado? ─volví a preguntar muy seria. Entonces, Alberto se dio cuenta:

─Sí... pero no te preocupes, que tengo leche de sobra para ti... ¡no te vas a quedar sin tu ración! ─sonriendo, se cogió la polla, y me golpeó con ella suavemente en mis labios y una mejilla.

Ese gesto me hizo explotar; le agarré las pelotas y se las apreté. Él protestó, riendo, hasta que se dio cuenta de que no estaba para nada bromeando.

─¿Qué pasa? ─preguntó, al ver no mucha gracia en mi cara.

─¿Cómo que qué pasa...? Te atreves a decir que vienes descargado... como si fuese lo más normal del mundo ─dije furiosa.

─¡¡Joder, Nati!! Pero si todos nos hacemos pajas, ¡hostia! ¡¡Como si tú seguro no te las hicieras!!

─Claro que me las hago, ¡cabrón!, pero tú hoy hueles a coño, estoy segura... ¡¡¿Vienes de follarte a otra?!! ─me dieron enormes ganas de apretarle los huevos o morderle un poco la polla, pero me contuve─. No me vengas con historias, que ni siquiera has sido capaz de lavarte antes de quedar conmigo. ¡¡Aun siento el olor de esa guarra en tu cuerpo!!, y lo que es peor, ¡¡¡su sabor en mi boca!!! ─le pegué un manotazo y comencé a vestirme.

─Hostia, tía, no pensé que lo notarías... ¡Perdona!, estaba nervioso porque te tenía muchas ganas y no quería correrme muy pronto y decepcionarte. Por eso lo he hecho... pero ella no significa nada para mí, te lo juro.

─Eres increíble Alberto, ya te vale... Te puedes ir olvidando de mí para siempre.

Terminé de colocar mi ropa y salí corriendo hacia casa de mi tía. Entré dando un portazo y subí las escaleras a toda velocidad, solo quería tumbarme en la cama y llorar, me sentía sucia.

Nada más entré al cuarto, vi a Erika tumbada sobre su cama, leyendo. Yo estaba tan agobiada que ni se me hizo raro que estuviera tan pronto en casa. Rápidamente, se interesó por mi estado; vino a mi cama a abrazarme y preguntarme qué había pasado. Por alguna razón ella sabía que algo había ido mal; apoyé mi cabeza en su regazo, y entre sollozos, empecé a contarle lo que me había pasado con Alberto, mientras ella me acariciaba el pelo intentando así que me calmase.

Justo en el instante que le conté que había detectado ese olor en él, y que nunca me iba a poder olvidar de aquello, al tener mi cabeza en esa postura, mi cerebro reaccionó al calor que desprendía mi cuerpo en contacto con el de Erika; la fina tela de sus pantalones de pijama y su manía de dormir sin ropa interior, hicieron que ese extraño olor que noté antes en Alberto volviera a mi nariz: ¡era el mismo que había detectado antes en él!

De un salto, me levanté de la cama, señalé a mi prima con el dedo y roja de furia, le dije:

─ ¡¡¡¡Eras tú, la zorra!!!!

─A ver, Nati... cálmate. ─me contestó Erika intentando mantener la calma.

─¿Que me calme...? Pero, a ver... ¿has sido tú la zorra que se lo ha follado justo antes de que viniera a verme a mí? ¡No me lo puedo creer...!, ¡¡esto sí que no me lo esperaba de ti, prima!! ─yo estaba fuera de mí.

─Vamos, a ver... ¿pero no lo entiendes?, ¡¡si lo he hecho por ti! ─dijo ella de nuevo intentando tranquilizarme─. Yo sabía de las ganas que tenías de estar con Alberto... pero antes vino él a decirme que llevaba mucho tiempo sin follar con nadie, y que seguro que tú venias de la ciudad con mucha más experiencia este año... él no quería decepcionarte y me pidió si podía ayudarle.

No podía salir de mi asombro, no podía creerme lo que estaba oyendo; me lo contaba con una total tranquilidad en su mirada: ¡ella pensaba que lo había hecho por mí!, ¡¡acojonante!!.

Durante los siguientes minutos, Erika siguió contándome lo que le dijo: “que por qué no se había hecho una paja”. Pero, que luego, él le había dicho que eso no era lo mismo; que estaba seguro, que en cuanto sintiera el contacto de mi piel, se iba a correr como un adolescente, que necesitaba descargar a conciencia y eso sólo lo podía hacer follando.

Yo aun no podía salir de mi asombro: estaba oyendo de la boca de Erika esas explicaciones y no me lo podía creer. Le dije, con toda la ironía que pude, “que me alegraba de que fuese tan buena amiga y tan buena prima, y que había conseguido con esto, que no quisiera volver a estar con Alberto nunca más”.

Salí de la habitación, me encerré en el baño, y estuve llorando durante bastante tiempo, hasta que conseguí tranquilizarme un poco. Volví a la habitación, y sin dirigir la palabra a mi prima, me metí en la cama, apagué la luz e intenté dormir ignorando cada una de las frases de disculpa que intentó decir ella. ¡Otra vez otro pequeño enfado!

Aunque sabía que no me duraría mucho... como las otras veces.


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CONTINUARÁ....
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Antiguo 13-dic-2017, 18:56   #17
Falcom00
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Interesantes los comienzos de Natalia.Parece que sus comienzos fueron duros,deseando probar y que la folle una buena polla pero por diferentes imprevistos,nunca puede llegar a su objetivo .Con ganas de saber de dónde le viene el deseo de probar buenos pollones y como le estrenaron su culito.Lo seguiremos con atención
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Antiguo 13-dic-2017, 20:54   #18
lokko007
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muy buenas partes aunque me dejo con las ganas de seguir pensando que el inicio sexual de natalia fue con alberto y que alli empezo toda su perversion sexual. pero creo que vemos que con alberto fue el inicio y deseo sexual por las pollas grandes

ya veremos que cosas mas se nos vienen y su iniciacion anal tambien

saludos
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Antiguo 14-dic-2017, 16:59   #19
javiaus
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Muy bueno el comienzo de este precuela.!


Como ganas de leer más.!
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Antiguo 14-dic-2017, 19:29   #20
cornidox30
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Gracias, como siempre, son agradecidos vuestros comentarios para saber que tal está gustando la historia hasta el momento. Por ahora, vamos entrando en tema poco a poco... En el próximo igual ya puede que haya algo más de acción.
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Antiguo 15-dic-2017, 00:56   #21
lokko007
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En el próximo igual ya puede que haya algo más de acción.
esperemos que asi sea y de la buena como estas siempre caracterizado jejeje

saludos
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Antiguo 16-dic-2017, 12:24   #22
jjgtbenave
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¡Qué maravilla volver a leer historias de una de las novias favoritas de pajilleros! Deseando conocer todos los detalles de esa relación previa con Alberto y los zorreos juveniles de Natalia. Gracias por volver.
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Antiguo 16-dic-2017, 12:39   #23
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5


Después de aquel episodio en casa de Alberto, el verano al final estaba siendo una mierda en lo que a chicos se refería. La verdad es que, la jugarreta de Erika con Alberto, me había dejado algo tocada; llevaba todo el año con ganas de volver a estar con él, y al final, sentía que me iba a tener que regresar a la ciudad con ellas. Pero, ¡eso que me habían hecho no tenía nombre!, bueno si: ¡eran unos guarros!, ¡¡los dos!!

Llevaba días pegándole vueltas a la situación, quizá demasiadas, porque, en cierto modo, había llegado a entender el punto de vista de Erika: ella es una persona mucho más despreocupada que yo, vive más el momento, piensa mucho menos en las consecuencias de sus actos, y en parte, creo que yo envidiaba eso. Mi vida era mucho más organizada que la de ella: era una chica más formal; aunque tenía mis rollos, salía lo que me daba la gana y mi sexualidad pensaba que no tenía secretos para mí. Mis padres, ademas, hasta ahora me tenían por una hija y alumna modelo, y eso me daba una libertad de hacer casi siempre lo que me diera la gana.

Sin embargo, Erika tenía una vida con muchas más restricciones que yo, siempre estaba castigada por las notas o por escaparse, y aun así, ella seguía portándose mal: actuando sin pensar en las consecuencias posteriores de sus actos. Al fin y al cabo, siempre la acababan perdonando... al igual que yo.

En ese momento, lo vi claro: tenía que aprender de ella. El pueblo era el sitio perfecto para desconectar de esa vida que llevaba en mi casa. Aquí tenía mucha más libertad, cero obligaciones, y lo que era lo mejor: nadie me controlaba. Iba a olvidarme de tonterías, ya estaba decidido: ese verano iba a dejarme llevar un poco como ella, ¡de una vez por todas!

Aun estaba yo con esas cavilaciones en mi mente, cuando entró Erika en la habitación; venía solamente vestida con una toalla, acababa de ducharse, y se disponía a vestirse para ir a la verbena: estábamos en fiestas.

Todos los veranos eran igual, al final discutía con ella por algo. Pero éste era en el que habíamos estado más alejadas desde ese incidente con Alberto. Yo prácticamente había dejado de hablarle, sólo me dirigía a ella, a veces, para que mi tía no sospechase nada, pero ese castigo a Erika estaba afectándome a mí también; en el fondo, echaba de menos esa complicidad que siempre hemos tenido: que me contase sus escarceos amorosos durante el verano y yo contarle los míos.

Como si por algo me hubiese leído la mente, Erika se dirigió a mí, me miró fijamente y me pregunto, por enésima vez:

─¿De verdad estás segura de que no quieres venir?, quedan pocos días de fiestas y siempre te lo has pasado genial ─Su tono y su mirada eran sinceros, a ella tampoco le gustaba esta situación, me lo había repetido durante todo el verano y se había disculpado mil veces, a pesar de que ella aun sostenía que no había hecho nada malo, que lo había hecho pensando en mí.

Yo estaba con el pijama puesto y pensando en acostarme pronto, no en salir, pero su mirada realmente me conmovió: había verdad en sus ojos: realmente quería que la acompañase a la fiesta y eso me hizo pensar; pensar en todo lo que me estaba perdiendo por culpa de aquella fatídica noche en casa de Alberto…

Le miré a los ojos, pero esta vez, mi mirada no era seria ni enfadada, era con una media sonrisa que mi prima captó enseguida, sonrió y dijo:

─Eso es un sí, ¿no? ¿Te animas a venir?

─Pues la verdad es que sí, Erika ─contesté al instante deseosa─, yo creo que ya hemos perdido bastante verano por una discusión; sé que no se me va a olvidar en la vida, pero no quiero seguir amargándome el verano por algo que ya no tiene solución, así que… ¡vamos a la verbena!

Erika dio un salto de alegría; una alegría genuina, sincera, rápidamente me ofreció todo su armario para vestirme: desde sus zapatos favoritos hasta su ropa interior. Esto último me hizo mucha gracia: ¿dónde se suponía que podría meter yo mis tetas en un sujetador de mi prima?, comencé a reír mientras le comentaba mi pensamiento a Erika...

Bah, tía, tampoco las tienes tan grandes. Estoy convencida de que en éste te caben ─dijo enseñándome su sujetador favorito: era negro, de encaje transparente, realmente precioso. Pero a mí no me servía. Sería a lo sumo como de una talla 80 o 85, y sus copas eran ridículas para mis tetas.

─¿Estás tonta? Si juntamos las dos copas, a lo mejor puedo meter una sola teta, jajaja ─reí sincera. Al liberarme de la tensión de los últimos días, estaba sintiéndome cada vez mejor.

Uy sí, ¡estoy segura de que te caben! ¡¡Pruébalo y verás!! ─replicó Erika convencida.

─Venga, vale... ¡pero ya verás como no me entran! ─exclamé. La verdad, por un lado, esa sería una buena opción para ridiculizar un poco sus tetas en comparación a las mías. Me gustaba la idea de demostrarle que no me entraba ni de coña...

Ella alargó una mano para pasarme el sujetador, mientras yo me quitaba la camiseta del pijama, liberando mis pechos. Erika, al verlos libres, los miró y dijo:

─La verdad es que no me acostumbro a verlos, si que son grandes, sí.

Jajaja, pues sí, son grandes ─me volví a reír mientras los sujetaba con mis manos.

─Aún así, colocándolas bien, estoy segura de que te caben, ¿qué apostamos? ─añadió Erika divertida. Estaba claro que intentaba recuperar el tiempo perdido conmigo, y esos juegos siempre le habían gustado.

─¿Apostar?, ¿el qué...? ¿No sé... qué estás pensado? ─pregunté sonriendo, mirando abajo y tapándome un poco los pezones con mis manos..,

─Vale, ¡ya sé! ─dijo Erika─, a ver... si tengo yo razón y te caben…. Te elijo yo tu modelito para esta noche.

Uhm… vale ─asentí─, estoy casi segura de que no, así que, si pierdes tú, elijo yo el tuyo, jajajaja ─era la primera risa del todo sincera que soltaba en varios días; sentía que me hacía falta, y era porque estaba ya planeándome qué iba a pedirle que se pusiera. Aquel sujetador era imposible que me entrase. No creía siquiera que fuese capaz de abrochármelo.

Cogí el sujetador, lo volvía mirar escéptica y pensé: ¡ni de coña! Empecé a colocármelo bajo la atenta mirada de mi prima; situé cada copa sobre mis pechos e intenté abrocharlo, pero me resultaba muy complicado por la tensión que tenía ese sujetador que, claramente, estaba acostumbrado a abarcar un pecho sustancialmente más pequeño. En ese momento, llegó Erika al rescate, estaba claro que iba a hacer todo lo posible por no perder la apuesta, y estuvo intentando cerrar el broche hasta que por fin lo consiguió. Hizo un claro gesto de victoria, pero yo le dije que no corriera tanto, que se me salían las tetas por arriba y por abajo, que ni por asomo había ganado.

Ella, con toda la confianza del mundo, cogió mis tetas y comenzó a intentar meterlas dentro de las copas del sujetador; las manoseaba sin ningún pudor; las aplastaba y estrujaba para intentar adaptarlas a ese estrecho contenedor. Mientras estaba en ello, sentí cómo mis pezones se endurecían. Por culpa de aquella bronca con Erika y Alberto no solo llevaba todo el verano sin estar con ningún chico, sino que además, llevaba todo ese tiempo sin haberme siquiera tocado; ¡y yo que ya estaba acostumbrada a por lo menos una vez al día! Mi cuerpo sentía esa ausencia de placer y estaba extremadamente sensible.

Esto, no pasó inadvertido para Erika, que hizo un comentario, que en otro momento quizá me hubiera molestado, pero esta vez, incluso me hizo reír:

─Oye, Nati, ¡¡eso es trampa!!, si los pones duros ocupan más y me cuesta más meterlos dentro del sujetador ─me decía mientras pellizcaba suavemente uno de mis pezones.

Jajajajajaja ─reí a carcajadas─. ¡Eres una cerda prima! ─exclamé al ver cómo me sobaba las tetas sin reparo─. Jajajajaja ten cuidado, que llevo a dos velas todo el verano y a lo mejor me gusta lo que me estás haciendo... ─según le dije esa frase, un poco en broma, pensé si eso mismo sería lo que Erika hubiera dicho.

─¿Ah, sí? Entonces, ¿te gusta lo que te hace tu prima? ─me replicó Erika con voz socarrona, mientras amasaba mis tetas, jugando con mis pezones con la experiencia de quien sabe perfectamente cómo tocar a una mujer.

─Uf, prima, ¡para...! en serio, ¡¡que estoy muy sensible!! ─dije esto mordiéndome el labio. Recordaba con sus toqueteos las manos de Alberto, y me estaba incluso excitando.

Mmm, la verdad, es que se nota que estás sensible, sí... ¡se te han puesto muy duritos! ─me comentó mientras con un pulgar daba toquecitos a uno de mis pezones, a través de la tela de ese minúsculo sujetador.

─Erika, en serio… para o tendré que ir a hacerme una paja, llevo todo el verano sin correrme… ─le confesé con cierta vergüenza.

─Pero... ¿qué me estás contando, Nati? ¡¡Eso no puede ser sano!! Yo no recuerdo la última vez que estuve tanto tiempo sin… ─según dijo esto, la mano que no estaba jugando con mi pezón se dirigió rápidamente a la goma de mi pantalón de pijama, y coló la yema de sus dedos por debajo, y comenzó a acariciar mi sensible piel.

Uff, Erika, para… ─dije sin ninguna convicción-, ¡no hagas eso por favor…!

─¿Que no haga el qué? ─exclamó decidida, mientras sus dedos avanzaban otro centímetro, hacia mi en ese momento ardiente y empapadísimo sexo.

¿En qué momento me había puesto así de cachonda? Estaba fuera de mí; sentía mi sexo palpitar, mis pezones parecía que iban a explotar, y lo mejor de todo, es que no sentía pudor alguno: estaba dejándome llevar. Sentí el calor de sus dedos justo antes de tocar la piel de mi extremadamente sensible coño, noté su respiración caliente en mi cuello y el tacto de su mano pellizcando con mucha suavidad y delicadeza mi pezón derecho.

En ese momento, sentí que me daba igual todo, me estaba muriendo de excitación, sólo pensaba con el placer. Me estaba dejando hacer y quería que me hicieran, cuando de pronto, Erika me susurró al oido:

─Ves... he ganado, ¡te caben!

Al principio no sabía lo qué me decía; ella seguía abrazándome por detrás, con una mano aferrada a mis tetas y la otra bajo mi pantalón, a escasos centímetros de mi sexo. Abrí los ojos y me fijé en lo que decía: había conseguido a la fuerza mal meter mis tetas en ese pequeño sostén. La visión era cómica: mis tetas sobresalían muchísimo, apenas aquello llegaba a cubrir mis pezones; estaba segura que había más parte de pecho fuera, que dentro de la tela, y así se lo hice saber a Erika:

─Vamos... de eso nada prima, ¡se me salen por arriba! ─dije mirando hacia ellas y pasando mi mano todo alrededor para que lo viese.

─No, no... habíamos dicho si te cabían... y te caben, ¡están sujetas! ¡¡ves!! ─dijo dándoles un fuerte meneo─, y no se te salen, así que… ¡¡he ganado!! Me toca elegir tu modelito. ─Dejó por un instante de abrazarme para hacer el gesto de la victoria con ambas manos, mientras seguía muy pegada a mí.

─¡¡De eso nada!! ¡Si tengo más teta fuera que dentro! !!Mira!! ─forcé de nuevo un poco el gesto, abultando más mi pecho, para intentar que se salieran, pero al final aguantaron dentro de la tela.

─¡¡Ahhh!! ¡No se salen! ¡¡He ganado!! ¡¡¡TE ELIJO LA ROPA!! ─celebró Erika.

─¡Que no! ─repetí indignada. No podía dejar que otra vez fuera de listilla conmigo, dejándome un poco de tonta─, que, aunque no se salgan del todo, tengo media teta fuera ─Al segundo, se me ocurrió una cosa─. Vale, a ver, hacemos una cosa: dejémoslo en un empate técnico ─intenté negociar.

─A ver, ¿qué propones? ─En ese momento, mi prima demostró que tenía más ganas de estar bien conmigo, que de ganar la apuesta; eso me llenó de ternura, porque, con lo competitiva que siempre era ella, en otra circunstancia, no hubiera accedido a la negociación.

─Pues que creo... que lo más justo es que tú elijas mi ropa y yo la tuya... ─le dije con la más dulce de mis sonrisas.

─¡¡Hecho!! ─Erika no dudó un instante, aceptó a la primera; estaba claro que las dos necesitábamos estar otra vez bien la una con la otra.

La primera en elegir fue Erika: dijo que tendría que quedarme con ese sujetador toda la noche; llevar también el tango a juego; ponerme una camiseta holgada suya, que según como la pusiera me hacía mucho escote; y unos pantalones vaqueros cortísimos que a ella le encantaban.

Cuando terminé de vestirme, pensé que mi prima se había portado bien conmigo en la elección; si bien es cierto que el sujetador me estaba extremadamente pequeño, el resto del conjunto me quedaba muy bien: el tanga me resultaba muy cómodo y sexy, y además, la sensación de que se lo hubiera puesto ella, mezclado con que llevaba mucho tiempo sin disfrutar y ese jugueteo previo, hacía que me pusiera un poquito cachonda al sentirlo rozarse con mi coñito. La camiseta que me prestaba era una de mis preferidas suyas, si bien es cierto, que nunca se la había pedido porque me daba miedo que se me salieran las tetas al moverme; también era cierto que me encantaba cómo me quedaba. Por último, el pantalón me hacía un culo realmente de infarto; asomaban un poquito mis nalgas por debajo de la tela. En otra ocasión, quizá fuese algo que no me hubiera atrevido a ponerme, sin embargo, esa noche estaba decidida a dejarme llevar por ella y así fue...

Nada más terminé de vestirme todo y mirarme bien al espejo, llegó mi turno, y estuve pensando de qué forma podía vestir a Erika. Creía que nada de lo que yo le propusiese llevar le podría a escandalizar, y aunque no quería pasarme, si me apetecía que ella fuese un poquito incómoda.

Por fin lo vi claro, rebusqué en el armario y saque un vestido de verano muy bonito: la parte de arriba era ceñida al cuerpo y la falda tenía algo de vuelo. Se lo acerqué a Erika y ella sonrió:

─¡Ay, prima!, ¡que buena eres! ¡Este vestido me encanta! ¡¡Gracias!! ─dijo con una sonrisa mientras se quitaba la ropa que llevaba puesta para ponerse el vestido.

Se miró al espejo y sonrió, lo cierto es que le quedaba muy bien y estaba muy guapa con él puesto, pero ella no sabía que ahí no había acabado. Me acerqué a ella por detrás y le dije:

Uy, ¡yo no he elegido este sujetador!, jijiji ─se lo desabroché y ella accedió, mientras me dejaba que se lo quitase.

─Como haga un poco de frío… ¡voy a dar un espectáculo!, porque esta tela es super fina, jajaja ─comentó Erika al instante con una carcajada.

─¿Si? Pues… ese tanga que llevas… tampoco lo he elegido yo ─añadí con una sonrisa muy pícara.

Erika puso una cara de sorpresa exagerada, y se echó a reír diciendo:

─Prima, ¡¡que mala eres!! ─En el fondo noté que ella estaba encantada de verme esa noche así, tan lanzada. Se veía que era lo que tanto deseaba.

Me acerqué a ella, le metí mis manos por debajo del vestido, y fui acariciando sus piernas hasta que me encontré con la tela del tanga; lo sujeté por los lados y tiré de él hacia abajo, lentamente. En todo momento, Erika se dejó hacer con una sonrisa en los labios. Estábamos en un terreno en el que ella se sentía muy cómoda, pero yo aun no; aunque esa noche, todo era distinto, había decidido dejarme llevar...

Cuando terminé de bajar su tanga, ella se miró al espejo por delante y por detrás, como comprobando así si se le marcaba algo.

─Bueno, creo que nadie se dará cuenta ─dijo Erika.

─Ya... jejeje... si no se levanta algo de viento ─añadí mientras levantaba su falda, dejando al aire ese precioso y duro culo que ella tenía, también pude verle su perfectamente depilado sexo.

Erika no protestó, yo le mantuve un rato la falda levantada, observando las vistas, y me fijé en que se le empezaban a marcar los pezones sobre la parte superior del vestido.

─¿Qué pasa prima?, ¿tienes frío? ─dije riendo.

─¿Frío...? Lo que tengo es un calentón que no me veo, Nati. ─comentó con voz un poco excitada─. Primero, esas tetazas que tienes, luego, ese modelito que vas a llevar, con el que me pones hasta a mí… Y ahora, esto... con lo que no paro de pensar que esta noche todos pueden verme… ¿Qué quieres que te diga? Me pone bastante cachonda….

─Eres una guarrona ─le dije mientras le daba un cachete a su temendo culo, justo antes de dejar caer de nuevo su falda. En un momento de instinto y venganza, llevé mi mano a su pecho por encima de la ropa─: Vas a tener que hacer algo con esto, si no le quieres sacar un ojo a alguien ─le dije mientras pellizcaba su ya duro pezón, por encima de la tela del vestido.

─Pues con eso que me haces no ayudas, la verdad… ¡Ay, prima, no veas que caliente estoy... y que manos más suaves tienes!

─¿Sí?, ¿te gustan mis manos? ─dije intentando provocarle mientras amasaba sus dos tetas.

Uff, no veas... esta noche salgo muy caliente… ─Estaba claro que era un tira y afloja a ver quién se cortaba antes.

─¿Y qué pasa si hago esto? ─dije colando mi mano por debajo de su falda. Empecé a acariciar su muslo hasta llegar a la ingle y ahí me detuve sin dejar de acariciarle.

─Pues pasa que voy a empezar a gotear, no te cortes Nati ─y al decir esto, separó las piernas en un gesto que me pareció hasta obsceno.

No pude aguantarme la risa nerviosa y le dije:

─¡Que guarra eres! Jajajaja ─no sin antes, darle una palmadita encima de su sexo, a lo que Erika respondió con un suspiro y una mirada lastimera.

─No, pero no me dejes así… ─dijo ella recomponiéndose y con una sonrisa en la cara.

─Venga, que vamos a llegar cuando se esté acabando todo ─No quería seguir con aquel pequeño juego y tontería. Aunque me divertía en parte, temía que mi prima se pasase... Era demasiado lanzada.

Así que, de esta guisa, nos dirigimos a la plaza del pueblo donde nos esperaba nuestro grupo de amigos y una noche que prometía ser muy divertida.

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Última edición por cornidox30 fecha: 17-dic-2017 a las 11:29.
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Antiguo 16-dic-2017, 12:39   #24
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6


Llegamos a la plaza y había bastante ambiente, era el último día y había venido gente de otros pueblos como era costumbre. Enseguida localizamos a nuestro grupo de amigos y nos dirigimos hacia allí. Era inevitable mirarnos de reojo y partirnos de risa porque las dos sabíamos cómo iba la otra.

Pronto empezamos a beber y a reír con nuestros amigos, hacíamos las tonterías típicas de una verbena, bailábamos mucho todos con todos y lo pasábamos muy bien. Cuando sonaba alguna canción más animada yo sacaba a Erika a bailar, intentaba que diera vueltas y cada vez que lo conseguía me partía de la risa. Por el efecto del alcohol y lo despreocupada que es, ella no se daba cuenta de que con cada giro se le subía la falda y en algunos momentos se le podía ver un poco el culo. Si alguien la hubiera observado desde fuera, seguramente pensaría que llevaba tanga. Pero yo, cada vez que le veía un poquito asomar la piel de sus nalgas, me reía porque sabía que no llevaba nada.

Cuando se dio cuenta, me pegó un manotazo riendo y dijo:

─¿Sí... sí....? ¡¡Te vas a enterar!!

Me cogió fuerte por la cintura y empezamos a bailar salsa. Pronto metió una de sus piernas entre las mías. Ella imitaba, de una manera muy exagerada y torpe, a los bailarines de salsa, pero realmente lo que estaba haciendo era apoyar su muslo en mi entrepierna. Entré el alcohol, los días que llevaba sin actividad sexual de ningún tipo y lo que había pasado en casa, me estaba poniendo más que nerviosa. Además, con tanto meneo, no me había dado cuenta de que se me habían salido las tetas un poco más fuera del sujetador, y mis pezones se marcaban muchísimo con la fina tela de la camiseta.

En ese momento, acabó la canción, y Erika me soltó dándome un cachete en el culo y diciendo:

Uff, necesito ir a mear.

Yo le dije que le acompañaba, que necesitaba hacer sitio para más cubatas. Ni nos molestamos en ir a los baños que montaban, porque siempre había cola, y además eran una guarrada. Directamente fuimos a un descampado que conocíamos que era como el baño público no oficial. Al llegar allí vimos gente, como siempre, y buscamos un rincón oscuro para que no nos viera nadie. La primera fue Erika: lo tenía muy fácil para orinar, de la manera que había salido, sólo necesitó agacharse y empezar a mear. Me dijo:

─Oye, ¡pues sí que esto es cómodo! Igual me tengo que acostumbrar a salir así jajajaja

Una vez hubo terminado, era mi turno: me bajé el pantalón, que fruto de lo ajustado que me estaba y los bailoteos, lo tenía metido por todas partes. Cuando bajé por fin el tanga, me quedé alucinada: parecía que me hubiera meado, ¡lo tenía empapado!

─Hostia, Erika, ¡¡me he meado!! ─dije riendo.

─¡¿Qué dices?!

─¡Que sí, que sí...!, tengo el tanga mojado, se me debe haber escapado algo, jajajaja...

─¡Anda ya, prima! Lo hubieras notado. A ver si va a ser otra cosa ─dijo con malicia.

─¿Cómo que otra cosa? ─pregunté yo.

─Pues que llevas muchos días sin actividad y hoy estás teniendo ya demasiadas emociones, jajajajaja.

─¡¡Ahh!! Jajajaa, ¡no creo!, ¿no? Cuando me pongo, me mojo bastante, pero nunca cómo esto, mira ─le enseñé el tanga empapado.

─A ver... ─dijo Erika acercándose mucho a mí por la escasa luz─. Sólo hay una forma de averiguarlo muy sencilla... mira ─Y sin más, alargó su mano y pasó los dedos por mi coño. Sentí una descarga de electricidad que casi hace que me corra en ese mismo instante. Me había pillado por sorpresa─. Pues no... no es pis. Lo que parece es que estás caliente como una perra prima, jajajaja... ¡¡Madre mía, cómo tienes esto de aquí abajo!! ─dijo mientras retiraba la mano y se limpiaba con un clínex.

─Hostia Eri... ─repliqué avergonzada, y dirigí mi mano a comprobar lo que unos instantes antes había tocado mi prima...

Y así era: tenía los labios empapados, calientes y el clítoris tremendamente hinchado y sensible. Según lo acaricié con mis dedos, solté un suspiro de auténtico placer:

─¡Aayyy! Pues si que parece que estoy mojada, sí...

Shht, no hagas ruido... ¡que viene alguien, y te van a ver el culo!, jajaja ─dijo Erika mientras se agazapaba para que no la viesen a ella.

Cuando se acercaron más los que se aproximaban, pudimos ver que eran nuestros amigos; entre ellos estaba Alberto, venían riendo y haciendo bromas. Fruto del cambio de luz, ellos no nos veían a nosotras y aprovechamos para espiarles un poco. Si nos encontraban, siempre podríamos decir que estábamos meando y eran unos guarros por venir justo a nuestro lado.

Escuché la conversación que tenían....

CONTINUARÁ....

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Sigue mi relato en el hilo:
http://www.pajilleros.com/relatos-ex...tos-chica.html

Última edición por cornidox30 fecha: 16-dic-2017 a las 13:45.
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lokko007
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pfff que morbosas estas primas y no se me habia pasado por ni la cabeza que podrian hacerse toqueteos

me encanto estas 2 partes aunque la ultima algo corta y nos dejas con las ganas de saber de que va esa charla entre alberto y sus amigos

saludos y espero que no demore mucho las siguientes partes
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