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hugoparati
Pajillero
 
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Predeterminado En casa de Marta

Marta era una de esas mujeres que siempre te metían en jaleos, pero con un forma de mirar y de acercarse a ti que no te quedaba más remedio que desearla o apartarte. A veces incisiva y molesta y otras dulce como una gata en celo. Nunca era fácil tratar con ella, nunca sabías quién ocupaba su cama o su corazón y a veces te tocaba a ti( a mí). Era invierno, aquí son fríos, lluvia, aire helado y las tardes breves, de manera que tras salir del trabajo y tomarme un vino tinto solamente quería llegar a casa, pero sonó el móvil. Un mensaje, uno de sus mensajes y acabé enfilando mis pasos hacia su portal para retomar esa costumbre de verse cuando menos lo esperas o debes. Subí, entré en casa, el salón escasamente iluminado, el resto a oscuras, la falsa chimenea daba calor y cierta luz. Había algo de música en televisor, así que pasé , me desprendí del tres cuartos y me senté en ese sofá que aún guardaba su calor. Entró al momento, sonriendo con una botella de vino y una copa, las posó en la mesilla y se tapó acurrucada en el lado opuesto del sofá. Eché un poco de vino di un trago y no dijo ni palabra. Murmuró algo sobre el frío y en un movimiento pasó sus piernas manta incluida sobre las mías y acabó apoyándose en mi. El ritual solía ser más largo, pero sabía que me tocaba acariciar su espalda, la mano bajo la manta subía entre su ropa y alcanzaba su espalda desnuda y la acariciaba despacio durante largo tiempo. A veces suspiraba, otras me miraba de soslayo pero no dijo ni una palabra. Fui jugando, moviendo mi mano, los dedos, aflojando al ropa, haciendo ceder despacio los elásticos, apartando las costuras, hasta pasar mi mano por dentro de la tela de sus bragas. Estaba girad de manera que acariciaba su muslo y parte de la nalga. Inmutable y callada ni se dignó en mirarme, era su especialidad. Estiré lentamente hacía arriba la tela de las bragas, hacia un lado y otro, y mi mano casi plana pasó del muslo hacia su pubis que ardía. Mi erección ya era completa, casi perfecta, en el sexo nada hay mejor que los momentos previos, las dudas, la incertidumbre del placer. Mis dedos llegaron a su clítoris, y su vulva, estaba empapada pero ni un movimiento, empecé a masturbarla, separó ligeramente las piernas, más por su comodidad que para dejarme hacer pero esa indiferencia me enardeció, apretaba mi mano contra su pubis, frotaba la palma contra su clítoris, mi dedo medio recorría el centro de su vulva y lo dejaba bajar hasta la entrada de su ano. Me aflojé los pantalones, no podía seguir así, me iba a correr vestido y eso no. Entonces la miré y estaba tocándose un pecho por debajo de la ropa, fui quitándole los pantalones y las bragas, ya jadeaba y abrió las piernas . Sentado no me podía mover y de repente ella apoyó la pierna en mi hombro, bajó su mano y comenzó a masturbarse frenéticamente. Su coño abierto frente a mí, rojo brillante, sus tetas asomando ya al subirse la ropa y humedeciendo mi dedo medio en ella lo acerqué a su ano y sin esperar lo metí dentro, empujando, venciendo al resistencia del anillo de carne que daba paso. No lo moví apenas, solo empujaba mientras empezó a gemir y dejarse llevar y mover sus pelvis intentando correrse . Apenas un ruido, un gemido, todo en silencio, en casi penumbra, sus manos ya quietas y su ano apretando mi dedo con contracciones y espasmos como para partirlo. Se giró, dándome la espalda y me dijo : .- "Córrete en mi culo, fuera en mi ano, correte ya". No pude ni pensarlo, casi ni bajar más los pantalones, ella abrió sus nalgas y aquel agujero que aún se agitaba fue el centro de mi atención, me masturbé como si fuese la última vez en mi vida y en nada un orgasmo de esos que te hacen tener espasmos en al espalda me sacudió y acerté a ver como mi semen caía sobre aquel oscuro objeto de deseo. Tarde en recuperarme, mientras ella se levantaba y se lavaba, al volver quise ser cariñoso y darle un beso, me envió al otro lado del sofá, ni me habló cuando me marché. No le importaba, sabía que volvería.
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