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Tus Relatos y experiencias - Enganchada a mi padrastro Herramientas
Antiguo 31-mar-2018, 15:31   #26
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 4

Capítulo 4

Lo que pasó en la fiesta me atormentó durante varios días. Ahora los recuerdos vienen más claros a mi mente, pero entonces todo parecía sumido en una densa neblina. Sabía que había sido Leo quien me había traído a casa, y algunos de los detalles de lo que os he contado, pero poco más. Mi madre me echó una buena bronca al día siguiente por beber tanto, y durante unos días Leo no apareció por casa. Imagino que por trabajo, o tal vez porque mi madre prefirió no mostrarle su faceta de “madre estricta”, o quizá ambas cosas.

El momento en que comencé a sentir que algo en mi interior se estaba enganchando a él ocurrió el martes de la semana siguiente, la de Navidad. Esos días mi madre se estaba quedando hasta tarde en el trabajo para terminar unos asuntos antes de que llegaran las vacaciones, así que yo pasaba el día en casa prácticamente sola.

Recuerdo que aquella era una tarde fría y lluviosa, de estas desapacibles que sólo invitan a un baño caliente o a una taza de café y una película. En mi caso opté por la primera opción. Hace unos años mi padre construyó una pequeña piscina climatizada en un aledaño a la casa, en el jardín. La verdad es que mi madre la usaba mucho al principio, pero luego se aburrió y soy yo quien le saca provecho. Suelo hacer algo de aquagym y ejercicio, pero no todos los días. Esa tarde no me apetecía ejercicio, caldeé la estancia y dejé que el agua se calentara bastante. Me apetecía estar calentita mientras fuera hacía un frío que pelaba.

Teníamos un chico contratado que la limpiaba periódicamente y se encargaba del mantenimiento, y como muchas veces que yo la usaba coincidía que estaba terminando él, me acostumbré a llevar siempre el bikini. Aquel día hice lo mismo, por costumbre, pero cuando me cansé del agua y me tumbé en la hamaca a escuchar música y relajarme, me quité la parte de arriba.

Pronto vino a mi mente la noche de la fiesta. Imaginé estar en la pista, bailando, y entonces alguien me agarraba por detrás, sujetando mi cintura con sus manos. Un olor ya familiar me rodeaba mientras sentía cómo me apartaba el cabello y me acariciaba el cuello con sus labios. Me dejé llevar por la fantasía y permití a mis manos deslizarse por mi pecho, acariciar la suave piel de mis senos, pellizcar mis pezones, y descender muy despacio hasta mi coño, húmedo no sólo por la piscina. Empecé a acariciarme por encima de la tela, pero rápidamente me cansé y me lo quité. Al fin y al cabo, estaba en mi casa, ¿no? Eran las 7 de la tarde y mi madre tardaría un rato aún en llegar.

La fantasía pronto se trasladó al coche, reconstruido a base de mis recuerdos confusos. Imaginaba que, cuando gemía por el calor y me remangaba la falda, Leo perdía el control de sí mismo y se abalanzaba sobre mí, besándome en la boca, levantando más mi vestido y metiéndome los dedos. Tan rápido y fuerte como lo estaba haciendo yo en la realidad, mientras me apretaba un pecho.

Cerré los ojos, Leo me agarraba entre sus brazos y me obligaba a ponerme a cuatro patas con el cuerpo desnudo fuera del coche. Sin darme tiempo a pensarlo, me penetraba. Mis tres dedos apenas emulaban lo que imaginaba que aquello sería. No podía parar, me follaba sin bajar el ritmo y me hacía sentir usada, y aquello me ponía aún más. Dios, más, más, por favor, me iba a correr… y entonces me sobresaltó golpe en la puerta. Casi se me sale el corazón por la boca. Me tapé como pude con la toalla y miré hacia la puerta, situada al otro lado de la sala. Allí, detrás del cristal, con una toalla en la mano y vestido con un jersey de punto de cuello alto y unos vaqueros, estaba Leo.

Entró cuando vio que le había visto. Yo estaba completamente roja, avergonzada y aterrorizada, y muy mojada. ¿Me habría visto? Dios, por favor, me moriría si lo había hecho.

- Espero no molestarte…- dijo él-, tu madre me dijo que podía darme un baño, pero pensaba que tú no estabas. Todas las luces estaban apagadas.
- No… no… no molestas- respondí como pude. Él me miraba a los ojos casi sin pestañear, pero mostrando una serenidad increíble. Estaba desnuda, era obvio, aunque no pudiera ver nada, pero él no parecía sentirse molesto, incómodo, o al menos avergonzado por haberme pillado por sorpresa. Más bien parecía sentirse… a gusto.
- No te preocupes, ni que fueras la primera chica que veo desnuda, además- me dijo mientras dejaba la toalla en una silla, a unos metros de mí-, es tu casa, ¿no? El invitado soy yo, así que, ¿te importa que haga lo mismo?
- ¿El qué?- en aquel momento no comprendí a qué se refería, aunque ahora sea muy obvio.
- Me gusta bañarme al natural, es más sano- dijo con toda naturalidad, valga la redundancia. Si mis mejillas estaban ruborizadas, ahora era mi cara la que debía parecer un tomate.
- Bueno… eh… no sé… puedes hacer lo que quieras…- acerté a decir.

Él me sonrió y comenzó a quitarse la ropa. Mi coño comenzó a latir con intensidad, ya que no me había corrido, y cuando él se quitó la camiseta tuve que apartar la mirada para que no me pillara observándole con la boca abierta.

- Creo que… voy a darme una ducha- dije, intentando ponerme de pie sin que se me cayera la toalla.

Recogí mi ropa y me dirigí hacia la puerta, aún desnuda e intentando como podía evitar mirarle. Fue entonces cuando los nervios y el morbo me pudieron una mala pasada y tropecé con un extremo de la toalla que iba arrastrándose por el suelo. Estuve a punto de caerme, pero él me sujetó con sus brazos y lo impidió. Ahora sí, sentí que me moría. La toalla se había caído, como la ropa, al agua, y él estaba ya completamente desnudo, sujetándome exactamente igual. Durante unos instantes no dije nada, ni parpadeé, ni moví un solo músculo. Él tampoco dijo nada, pero parecía totalmente sereno. Quizá fueron un par de segundos en realidad, aunque a mí me parecieron una eternidad. Me ayudó a equilibrarme y me sonrió, otra vez.

- ¿Estás bien?- preguntó. Yo sólo acerté a asentir con la cabeza mientras intentaba taparme con los brazos-, toma, coge mi toalla, ya recojo yo la ropa.

En cuanto tuve la toalla salí pitando de allí, con una mezcla tremendamente excitante de miedo, morbo, orgasmo a medias y vergüenza increíble pugnando dentro de mí. Cuando entré en casa, pelada de frío por ir desnuda y con la toalla, como una imbécil, me encontré a mi madre en la cocina, tomando una taza de té. Al verme me miró extrañada.

- Pero, ¿qué haces? ¿Esa es la toalla de Leo?
- Me he tropezado y mi ropa y mi toalla se han caído a la piscina.
- ¿Estás desnuda?
- Sí… bueno… pensaba que llegaríais más tarde.
- No, hemos terminado antes- dijo tranquilamente. Eso me irritó, su novio se había desnudado delante de mí.
- Mamá, ¿Leo siempre se baña desnudo? Porque ha llegado y directamente me ha dicho que él lo hacía siempre y se ha quitado la ropa.
- ¿No te ha pedido permiso?
- Sí, pero…
- Entonces, ¿qué problema hay?- dijo ella mientras daba un sorbo.
- No sé, problema no hay ninguno, sólo que no me parece muy… ¿normal?
- Parece mentira que tengas 19 años, deberías tener la mente mucho más abierta, la desnudez es normal- respondió mi madre.

Yo estaba flipando. Mi madre siempre había sido bastante estricta, era mi padre el que tenía una mente más abierta y consentía más este tipo de cosas. Ella se dejaba llevar muchísimo más por el “qué dirán”, más propio de mis abuelos y más en un ambiente como el suyo, conservador. Y ahora me hablaba de lo normal que era que su novio buenorro se desnudara delante de su hija, también desnuda, para darse un baño. Sin añadir que puede que la hubiera pillado masturbándose como una loca. Eso me lo callé, claro.

- No, si yo tengo la mente abierta, si a ti no te molesta, a mí tampoco.
- Genial.

No era sólo la presencia de Leo y la irresistible atracción física que generaba en mí, sino que la actitud y forma de pensar de mi madre había cambiado radicalmente desde que estaba con él. Por una parte, me sentí egoísta al darme cuenta de que prefería que Leo y mi madre terminaran. Lo que no tenía claro era por qué, si era porque quería volver a la vida normal de antes o, en cambio, aunque no quisiera reconocer, mi yo interno deseaba que estuviera libre para mí. Aquello me hacía sentir confusa y asustada, tanto por mí misma como por ella y él, así que aquella noche tomé una decisión. Me iría a pasar las Navidades con mi padre y su novia, me alejaría un poco de casa y, con suerte, cuando volviera todo sería normal.
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Antiguo 31-mar-2018, 15:57   #27
Angel y Diablo
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Para cuando el capítulo 5?

Estoy deseoso de leer el siguiente capítulo, me estoy enganchando a tu historia como la lean los de Netflix te hacen una serie 😉
__________________
Alegrame el dia
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Antiguo 31-mar-2018, 16:15   #28
20antonio lopez
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Como de costumbre me dejas a mil, hoy no he podido mas y la verdad exploté de gusto, tan solo pensar en la situación, si soy yo el..............
Felicidades es un placer leerte.
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Antiguo 01-abr-2018, 12:59   #29
F458
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Buenísimo el relato, perfectamente editado, y con un morbo increíble en todo momento!!

No he podido hacer menos que hiciste tú al escribir el capítulo pasado, y nos lo contaste.

Sigue así
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Antiguo 01-abr-2018, 15:10   #30
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 5

Capítulo 5

Normalmente suelo pasar las Navidades con mi madre y mis abuelos, y me reúno con mi padre y su familia para pasar sólo la Nochevieja. Antes iba mi madre, pero desde que se separaron sólo voy yo. Para mí es una ventaja, porque mis abuelos paternos son algo más “modernos” y mi padre vive ahora en el centro, lo que me viene fenomenal para salir de fiesta esa noche, aunque al día siguiente mi padre tenga que acercarme a casa. Sin embargo, esas Navidades decidí pasarlas enteras en casa de mi padre.

Eso me supuso una discusión con mi madre, pero yo sentía que tenía que alejarme unos días y no me moví de mi postura. Sólo cedí en pasar Nochebuena y Navidad con ella y mis abuelos y, aunque no le dije que era por eso, fue porque me dijo que aún era pronto para que Leo fuera.

Así, desde el día 22 me asenté en la habitación de invitados del piso de mi padre, un lujoso ático con tres habitaciones (una de ellas su despacho), un salón, una cocina pequeña y un baño bastante espacioso con una ventana de cristal para mirar las estrellas mientras te dabas un baño en el jacuzzi. Vamos, una pasada.

Mi padre, Ricardo, al que cariñosamente llaman Ricky, es un hombre en los últimos años de la cuarentena, alto, fuerte de envergadura, con el pelo corto y una barba muy cuidada. Dejaba entre ver algunas canas en su cabello castaño, lo que le daba un aspecto de maduro atractivo con los años muy bien llevados. No me entendáis mal, es mi padre y cuando le veo sólo siento cariño hacia él, pero si lo veo como chica tengo que reconocer que no está nada mal.

Su novia, Sandra, es más joven que él. De hecho, debe rondar la treintena, como Leo. Paradójico, ¿no? Sin embargo, Sandra lleva con mi padre desde hace muchos años, probablemente desde que tenía 21 o 22. Creo que es apropiado mencionar aquí que mi padre es profesor en la universidad, y ella era su alumna de máster. Ahora que lo pienso y lo escribo, también parece sacado de una fantasía un poco morbosa.

Sandra no es muy alta, tiene el pelo castaño cortado a media melena y es más bien de constitución delgada. Es muy guapa, pero su rostro es más dulce que el de mi madre si las comparo. En cierto sentido, creo que pega mucho más con mi padre, y entiendo por qué él se enamoró de ella. Su apariencia, forma de vestir, de hablar y de ser son radicalmente opuestas a mi madre, pero encajan como un puzle con mi padre. Me recuerda a la protagonista de Castle, de hecho.

Terminadas las presentaciones, os resumo brevemente lo que aconteció esos días, ya que no hay nada reseñable. Me lo pasé estupendamente. Salí varias veces con Sandra de compras, y mi padre nos llevó un par de noches a cenar por allí. Otras tantas noches nos pusimos a cocinar los tres juntos, y la verdad es que pude olvidarme de lo confusa que estaba en relación a Leo. Quiero mucho a mi madre, y me encanta vivir con ella porque ambas tenemos nuestro espacio, pero siempre he tenido mucha más conexión con mi padre, y Sandra, quizá por edad, congenia conmigo casi como si fuera una amiga. Además, sabe cuál es su sitio y nunca ha intentado aparentar ser mi madre postiza.

Y finalmente llegó el día de Nochevieja. Lo celebramos con mis abuelos en su casa, tomamos allí las uvas y después mi padre me dejó en el centro. Yo había quedado con mi amiga Aurora y con otra chica para tomar algo, sin mucha pretensión ya que la pandilla había fallado al plan de reunirnos todas de madrugada.

Mientras las esperaba, apoyada en una farola y viendo a los que ya iban como cubas a apenas la 1 de la mañana, me puse a leer la multitud de WhatsApp que tenía en el móvil. La mayoría de ellos de felicitaciones de mis amigas, primos, tíos, grupos, etc., y entre todas ellas un número que no conocía. Abrí el chat, entorné los ojos y leí el mensaje “¡Feliz Año guapa! Pásalo muy bien y no bebas mucho esta noche, que luego no controlas, ¡muchos besos!”. Me sorprendí al leer el mensaje, no sabía quién podía ser, ya que suelo ser muy escrupulosa con a quién doy mi número de teléfono. Estuve tentada de escribir preguntando quién era, pero entonces me fijé en la foto y la abrí para verla más grande. Era él. Era Leo. Sentado en un taburete de discoteca con una camisa blanca entre abierta y sujetando al hombro una chupa de cuero. Me quedé de piedra.

- ¡Eh! ¡Rosell! Que te has quedado blanca- la voz de Aurora me sacó de mi ensimismamiento. Tuve que apagar la pantalla del móvil rápidamente para que no viera la foto de Leo.
- Ah, perdona, estoy un poco cansada- sonreí forzadamente y le di un abrazo para felicitarle el año.
- No te preocupes, estando sólo nosotras no estaremos mucho rato.

Así sucedió, apenas estuvimos un par de horas, tomamos un par de copas o tres y charlamos y nos reímos un rato. El problema lo provocó Aurora, que cuando ya teníamos el puntillo por el alcohol nos contó el polvo que le había echado el chico de la discoteca el día que salimos de fiesta. La zorra, con cariño, nos lo contó con pelos y señales, y me puso más cachonda que una moto. Tanto fue así, que mientras regresaba a casa de mi padre en un taxi tuve que reprimir las tremendas ganas de masturbarme que tenía. El taxista era un señor mayor bastante simpático, pero me recordaba a uno de mis tíos y me daba más ternura que morbo, así que como no tardó en darme conversación conseguí distraerme.

Pero al llegar a casa, el alcohol en todo su esplendor volvió a hacer presa de mí y, ya en la cama, vestida sólo con una camiseta de tirantes y las braguitas, sin darme cuenta encendí el móvil y abrí de nuevo la foto de Leo. Dios, es que estaba como un tren, o como dos, o veinte, no sé. Un tren uno tras otro. Cada vez me excitaba más y más, y sintiendo lo empapada que estaba no pude aguantarme más y tuve que acariciarme, encendiendo poco a poco mi llama hasta que exploté en un orgasmo apagado por la almohada. El primero del año había sido pensando en él.

A la mañana siguiente sentí que de nuevo me dominaba la confusión. Comprendedme, yo misma sabía ya que no era normal que me excitara de aquella manera, que me hiciera perder el control sin hacer prácticamente nada. No sabía si era precisamente eso, que no hacía nada, o si estaba haciendo algo, pero era verle, sentirle, olerle o pensar en él y mi cuerpo parecía renegar de mi mente y entregarse al placer.

Mi padre y Sandra me notaron apagada ese día, y mientras comíamos (mis abuelos comían con mis tíos) intentaron animarme conversando de temas banales. Finalmente, Sandra debió optar por apartarse y dijo que ella recogería la mesa y fregaría. Cuando pasó a mi lado me puso una mano en el hombro y me sonrió.

- A ver, cariño, ¿qué te pasa? ¿Pasó algo anoche? - dijo mi padre cuando estuvimos solos.
- ¿Qué? No, no tranquilo, no pasó nada.
- Sabes que no me puedes engañar, hay algo que te preocupa – suspiré, le miré y sonreí.
- Es que… ya sabes que mamá tiene un nuevo novio, ¿no?
- Ah sí, claro, creo que se llama Leo.
- Sí, Leo… ¿lo conoces?
- Tu madre aún no me ha concedido el honor de presentármelo, ¿por? ¿No te gusta?
- No, no es eso… sí que me gusta – aquello sonaba a una verdad demasiado extensa para mi gusto.
- ¿Entonces?
- No sé, mamá está… diferente. No es que él sea malo, pero sí que ha trastocado un poco la forma de ser de mamá.
Mi padre sonrió y negó con la cabeza, se levantó y me dio un abrazo antes de besarme en la cabeza y decir:
- Ya sabes cómo es ahora tu madre, pero no te preocupes por ella, sabe poner los puntos sobre las íes a quien sea. Además, seguro que no tarda en cansarse de él, como con los otros.
- ¿Tú crees?
- No es que me guste que esté deshojando margaritas o saliendo con chicos… así, me gustaría más que encontrara alguien con quien estar – miró a la cocina-, y que fuera feliz. Yo sigo queriendo mucho a tu madre, y ella merece eso y más.

Volví a darle un abrazo. Así es mi padre. Podía estar totalmente enamorado de su novia, de Sandra, y aun así ser dulce y cariñoso al hablar de la mujer con la que había compartido tantos años de su vida y había tenido una hija.

Conversar con él me hizo sentir tranquila y segura, y me aferré a la convicción de que Leo sería como los demás. Que equivocada estaba. Cuando llegué a casa un día después de Reyes, éstos me habían dejado una sorpresa que no esperaba. Mi madre salió a recibirme a la entrada en cuanto me escuchó abrir, y tras abrazarme con fuerza, algo que no hacía nunca, me miró a los ojos sonriendo. Su cara brillaba por la felicidad.

- ¡Cariño! ¡Te tengo una gran noticia! – exclamó. Mientras lo decía, alzó su mano derecha y, en el anular, un anillo dorado con una gema brillante lanzaba destellos a la luz de la lámpara-, ¡Leo y yo nos vamos a casar!

Mi padre tiene un aire a Richard Armitage, y como os dije, Sandra se parece mucho a Stana Katic. Adjunto fotos para que os hagáis una idea...
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Antiguo 01-abr-2018, 23:46   #31
F458
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Espero con ganas el otro.. que pinta tiene la novia de tu padre..
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Antiguo 02-abr-2018, 13:33   #32
Angel y Diablo
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Cada capítulo es mejor que el anterior, de verdad que no eres escritora?
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Antiguo 02-abr-2018, 16:39   #33
Permutante
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Predeterminado Enhorabuena!!!

Gran trabajo, sigues manteniendo el nivel, y eso que has puesto alto el listón.... y otras cosas. Tras ponerme al dia esta mañana con tus relatos he tenido una reunión importante y creo que más de una de mis compañeras ha notado que mi mente estaba contigo, se me notaba distraido y el bulto del pantalón me delataba, ninguna se quejó, pero no sabián que sus escotes no tenian nada que ve,. dejemoslas que se ilusionen, tu y yo sabemos a quien pertenecia esa erección.

Sigue escribiendo.
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Antiguo 02-abr-2018, 21:25   #34
chulainn69
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Predeterminado Graciassss

Muchas gracias por el relato Succubus, me encantaaaa como describes las situaciones morbosas.
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Antiguo 03-abr-2018, 10:52   #35
Succubus Rosell
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Cita:
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Espero con ganas el otro.. que pinta tiene la novia de tu padre..
La verdad es que Sandra es muy guapa, ¿a que sí? Cuando la vi por primera vez me quedé sorprendida de que fuera así.

Cita:
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Cada capítulo es mejor que el anterior, de verdad que no eres escritora?
No, pero me encantaría

Cita:
Empezado por Permutante Ver Mensaje
Gran trabajo, sigues manteniendo el nivel, y eso que has puesto alto el listón.... y otras cosas. Tras ponerme al dia esta mañana con tus relatos he tenido una reunión importante y creo que más de una de mis compañeras ha notado que mi mente estaba contigo, se me notaba distraido y el bulto del pantalón me delataba, ninguna se quejó, pero no sabián que sus escotes no tenian nada que ve,. dejemoslas que se ilusionen, tu y yo sabemos a quien pertenecia esa erección.

Sigue escribiendo.
Jijiji, pobrecitas, no les quites la ilusión. Además, seguro que esos escotes tampoco te habrán dejado frío, ¿no? A nadie le amarga un dulce

Cita:
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Muchas gracias por el relato Succubus, me encantaaaa como describes las situaciones morbosas.
¡Gracias a ti! Pero llámame Rosell, que lo de Succubus es sólo por mi preferencia sexual
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Antiguo 03-abr-2018, 10:55   #36
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 6. Parte I

Este capítulo es un poco largo así que lo voy a dividir en dos.

Capítulo 6

Parte I

La noticia de la boda de mi madre con Leo cayó sobre mí como una losa. No me lo podía creer, y tardé varios días en asimilarlo, de hecho. No es que no me alegrara por ella, de hecho, hacía años que no la veía tan feliz. Pero eso mismo era lo que me ponía nerviosa. Conocía a Leo desde hacía muy pocos meses, y llevaban aún menos de relación. Tenía la terrible sensación de que se había encaprichado de él por el sexo, o por el hecho de tener un novio del que poder presumir ante mi padre y Sandra, pero… ¿casarse? Y sin embargo… en algún momento también tuve la lucidez de pensar que, quizá, lo que tenía era celos.

Cuando intenté hablar con ella tanto mis sospechas como los confusos sentimientos que Leo despertaba en mí hicieron que la conversación terminara en una durísima discusión. No voy a escribirla aquí, pero yo no fui nada delicada ni comprensiva y mi madre perdió los nervios. Ahora mismo me arrepiento de no haber intentado entenderla mejor.

Eso debió ocurrir un poco antes de mediados de enero, y estuvimos casi un mes sin hablarnos. Leo venía por casa muchas veces, pero sólo cuando estaba mi madre, y su presencia hacía que le cambiara el rostro. Hablaban, se reían, planificaban… pero mi madre procuraba mantenerme al margen. Ya no cenaban o comían conmigo, y en cuanto él se marchaba, un frío silencio se hacía dueño del ambiente en casa.

Una tarde, después de ducharme y mientras me secaba el pelo en la habitación, me di cuenta de que la lucecita del móvil parpadeaba. Pensé que sería mi padre o alguna de mis amigas, pero no. Cuando desbloqueé el móvil, apareció un aviso del WhatsApp que decía únicamente “Foto” junto al símbolo de foto adjunta. A la derecha, el nombre del contacto era Leo. Contuve el aliento mientras deslizaba el dedo por la pantalla y se abría el mensaje.

Lo que vi nunca me lo había podido esperar. Era una foto de mi madre. Era de ella, lo juro, porque estaba mirando fijamente a la cámara, sin nada que ocultara o disimulara su identidad. La descargué para verla más grande. Era ella, y estaba practicando sexo oral a alguien en una imagen tomada en primer plano, a apenas medio metro. El hombre debía ser Leo, por el color de la piel y la forma del pene. Estaba tumbado mientras ella hacía eso. Me quedé de piedra, mirando fijamente a los ojos de placer de mi madre. Mi coño empezó a humedecerse al mismo tiempo que la rabia me inundaba al leer el mensaje que acompañaba a la foto: “Pronto la probarás tú mismo”.

¡Qué hijo de puta! Me levanté de la cama y a punto estuve de arrojar el móvil contra el suelo. La ira me dominó, me vestí como pude y me dispuse a bajar corriendo a hablar con mi madre. A mí me tenía que importar poco que ellos jueguen o se hagan fotos, pero, ¿a quién coño se la estaba enviando? Sin embargo, mientras abría la puerta y la boca para gritar, el nombre de mi madre murió en mi garganta al vibrar de nuevo el teléfono. Temblando, cerré de nuevo la puerta y me senté en la cama. Desbloqueé la pantalla, era un nuevo mensaje de Leo, esta vez de texto.

- ¡Lo siento! El mensaje no era para ti, ¿podrías borrarlo?

¿Cómo que si podía borrarlo? ¿Pero de qué iba? Sentía que las manos me sudaban, pero atiné a responder.

- ¡¿De qué vas?! (muchos emojis enfadados) ¡¿A quién le estás enviando una foto así de mi madre?! ¡Voy a enseñárselo tío!

El chat se quedó mudo durante unos instantes, los suficientes como para decidirme de nuevo a bajar a hablar con ella. De repente, el móvil volvió a vibrar, pero esta vez con una llamada. Miré la pantalla y ahí estaba, era él. Casi se me cae el móvil de las manos, y como pude colgué y volví a sentarme en la cama. De nuevo, una vibración, un mensaje.

- Rosell, por favor, déjame que te lo explique.
- No hay nada que explicar, mira, me importa una mierda que os hagáis fotos follando, pero mi madre confía en ti, ¡eres un cabrón!
- No es lo que tú piensas.
- ¡¡Cómo tienes la cara de decir que no!!
- Vístete, le voy a decir a tu madre que vas a venir conmigo a comprar algo de cena, y te lo explico en persona, ¿vale?
- Joder, Leo.
- Si haces lo que crees que tienes que hacer, la ilusión y felicidad de tu madre se desvanecerá, ¿estás dispuesta a hacerlo sin estar segura?

Me dejó vendida. No sabía que responder. Si todo tenía una explicación razonable... ¿pero qué explicación? Joder, no estaba nada segura de esto.

- Mira tío… sólo te voy a dar una oportunidad de explicarte.
- Me parece justo. Enseguida voy.

Era una foto prácticamente igual a esta.
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Antiguo 03-abr-2018, 13:11   #37
Permutante
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Predeterminado Genial

Gran capitulo, me gusta como se pone el tema!!

Pues no te voy a engañar, un buen escote siempre es agradable ya sabes.
¿Y para cuando una fotito tuya???

Sigue escribiendo.
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Antiguo 03-abr-2018, 13:30   #38
Angel y Diablo
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Bbuuuff capítulo muy, muy excitante.
Tengo que reconocer que me ha puesto mucho la situación, lo he leído en el trabajo y he estado un buen rato sin poder levantarme de lo empalmado que iba.

Sigue así 😘
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Antiguo 03-abr-2018, 16:08   #39
AJAX
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Como envidio a Leo. banana 00
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Antiguo 03-abr-2018, 18:30   #40
lucerodelalba
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yo enganchado a ti
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Antiguo 05-abr-2018, 14:58   #41
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Predeterminado Capítulo 6. Parte II

¡Siento el retraso! Pero he estado muy liada ayer y hoy y no he podido ponerme. ¡Espero que os guste!

Capítulo 6

Parte II

La cara de mi madre fue un poema cuando me vio aparecer vestida en el piso de abajo, mientras ella hablaba tranquilamente con Leo, pero no dijo nada. Suspiró y, por primera vez en varios meses, me dio un abrazo y me dedicó una sonrisa. Por su parte, Leo aguardaba en una posición discreta y alejada. Le lancé una mirada furibunda a la que él sencillamente respondió con una media sonrisa. Iba vestido con un pantalón vaquero y una camisa larga de color burdeos con algunos botones desabrochados y las mangas subidas. Había dejado la cazadora de cuero en el respaldo de una silla.

- Bueno, ¿nos vamos? – dijo él, dirigiéndose a mí.

En ese momento mi corazón latía muy deprisa. No sabía si era por la rabia de verle allí tan tranquilo, abrazando y besando a mi madre como si nada… o si era por la perspectiva de pasar un rato a solas con él, de nuevo en el coche, como aquella vez que casi no recuerdo…

Hizo gala de caballerosidad abriéndome la puerta del coche e invitándome a pasar, a lo que yo respondí con un sencillo y efectivo:

- Vete a la mierda – a lo que él no respondió.

Leo empezó a conducir, y pronto me di cuenta de que no llevaba un rumbo fijo, simplemente estaba conduciendo por las afueras de la ciudad. Eso me generó un ligero desasosiego, sobre todo porque esperaba que él empezara a lanzar una miríada de excusas sin sentido.

- ¿No vas a decir nada? – pregunté cuando ya no pude aguantarme más-, ¿a dónde coño vamos?
- No vamos a ninguna parte – respondió él, con calma-, sólo estoy conduciendo.
- Creo que no me has llamado para gastar gasolina, ¿no? Ibas a darme una explicación de esto – le enseñé la foto y le miré fijamente, con una tremenda expresión de enfado. Su práctica indiferencia me dieron ganas de golpearle.
- Voy a ser claro, y vas a escuchar antes de decir nada, ¿vale? – no sonó agresivo ni nada por el estilo, pues sus palabras eran calmadas y apacibles, pero algo en su voz me hizo sentir un deje… ciertamente autoritario.
- Tú no eres nadie para decirme cuándo debo hablar o no – le espeté. Él soltó una carcajada que me irritó aún más, y empezó a hablar.
- Tu madre y yo tenemos una vida sexual muy satisfactoria, pero no es… del todo convencional.
- ¿A qué te refieres con eso?
- Nos gusta el ambiente swinger – lo dijo así, sin más, lanzándolo como quien dice “Hola”.

¿Swinger? A ver, no era una ignorante o una palurda, sabía de qué iba el rollo liberal, pero tampoco me había llamado nunca la atención. Ni a ella tampoco, nuestro ámbito familiar ha sido siempre bastante conservador y ese tipo de cosas son temas tabúes. No es que para mí lo sea, pero nunca he tenido la oportunidad de pensar sobre ello. Sé que mi padre es más abierto a hablar de esos temas, pero más allá de la sexualidad adolescente y de decirme simplemente que disfrutara, pero con cabeza, no había llegado a profundizar tanto.

- A mi madre eso no le va.
- ¿Cómo estás tan segura? ¿Se lo has preguntado tú?
- Bueno, no, pero mi madre ha discutido con mi padre muchas veces cuando él… ¡no tengo por qué darte explicaciones de nada! No me lo creo.
- Ya – respondió Leo, y durante un instante se quedó callado-. Yo le he enseñado a tu madre lo que hay en ese ambiente, y a ella le ha encantado. Es por eso que de vez en cuando vamos a algún local, compartimos sexo con otras parejas, chicos, chicas…
- ¡Calla! – me puse muy roja y me tapé los oídos. No quería escuchar eso. ¡Es mi madre!
- ¿Por qué? ¿Acaso te parece mal?
- ¡No! ¡No! No… ¡joder! A mí no me importa lo que coño hagáis vosotros…- me sentía muy confundida en ese momento, y me llegó el bajón. Mis hombros se hundieron y mis ojos se llenaron de lágrimas-, yo sólo quiero que no le hagas daño – en ese momento Leo se apartó de la carretera y entró en un pequeño camino rural.

Estábamos fuera de la ciudad, aunque las luces de la misma se veían a través del espejo, generando un horizonte onírico. Se giró para mirarme y, sonriendo, me sujetó de la barbilla he hizo que le mirara. Su rostro era… no sé, es que no puedo describirlo, pero me perdía en su mirada. Cerré los ojos y esperé, imaginando el beso… pero lo que noté fue un dedo cálido limpiándome las lágrimas.

- Eso que has visto se lo enviaba a un chico con el que vamos a quedar. Tu madre lo sabe, como es lógico, nunca haría nada sin que ella lo supiera – dijo con dulzura-, pero tienes que entender a tu madre. Para ella no es fácil plantearse hablar contigo de esto. Es un mundo que acaba de descubrir y quiere estar segura de que no la vas a juzgar.
- Pero…
- Sólo piensa… ¿estás dispuesta a asumir su reacción cuando se lo digas? Se sentirá confusa, atacada y avergonzada, y querrá dejar de explorar su sexualidad. Aún es joven y se merece disfrutar lo que desee – suspiró un momento-, o prefieres creerme, dejarlo estar y ver feliz a tu madre fingiendo que no sabes lo que sabes.

No supe qué decir, porque, sinceramente, en ese momento pensaba que tenía razón. Si mi madre era feliz así, ¿quién era yo para arrebatarle eso? Aunque sólo fuera irrumpiendo en su intimidad. Por otra parte, no tenía ninguna prueba de que él estuviera mintiendo, por lo que tampoco me podía arriesgar a delatar algo que no sabía lo que era. Ahora me da rabia pensar en todo ello.

Finalmente me sentí obligada a asentir, aunque en mi cabeza la confusión y el desorden mental eran patentes. Tenía tantas cosas pugnando entre sí en mi cerebro que me empezaba a doler mucho la cabeza y me mareaba, y que Leo me diera un abrazo, que su olor volviera a rodearme como si estuviera en una nube, no lo arregló. Para nada. Volví a sorprenderme soñando con que me besaba.
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Antiguo 05-abr-2018, 21:35   #42
Angel y Diablo
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Como siempre excelente Rosell, una tensión sexual en todo el capitulo presente.

Simplemente felicidades y no tardes tanto.


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Antiguo 06-abr-2018, 08:00   #43
F458
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Un 10 una vez más, buen relato y la continuidad con la que escribes es genial, sigue así Rosell!
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Antiguo 06-abr-2018, 15:57   #44
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 7

Capítulo 7

Dejé pasar el tema, intenté olvidar todo el barullo interno que sentía y decidí ocupar mi tiempo en empezar a plantearme qué hacer con mi vida después de ese año sabático, amén de culminarlo con un viaje de uno o dos meses en verano. También aproveché que mis amigas estaban en una época un poco más relajada, pues habían terminado sus exámenes hacía pocas semanas, para salir algo de fiesta con ellas.

En casa, por un lado, tengo que reconocer que la situación mejoró muy notablemente. A partir del día siguiente a mi conversación con Leo, la actitud de mi madre viró hacia una excesivamente comprensiva y cariñosa. No me disgustaba, pero sabía que la mano de Leo estaba detrás de aquello. Sin embargo, en aquel momento me alivió bastante que se levantara por fin aquel frío velo de tensión.

Pero por otra parte… esa conversación con Leo había dejado demasiados flecos abiertos en mi cabeza. No podía evitar pensar, ¿me gustaba? ¿hasta qué punto? Estaba claro que me excitaba, más que ningún otro hombre que me hubiera gustado hasta entonces. Su presencia, su olor, su voz, incluso su recuerdo tenía un efecto inmediato en mi coño.

Ante mi madre, yo procuraba hacerme la ignorante en el ámbito sexual. No era difícil, fingí durante años que era virgen hasta que no me quedó más remedio que confesarle que Carlos, el hijo de unos amigos suyos del pueblo de mis abuelos, había sido algo más que un amigo cuando pasé allí el verano de mis 16 años, y fue porque se me escapó un comentario desafortunado sobre el tamaño de su pene.

Sin embargo, yo ya sabía de qué iba el rollo swinger, aunque nunca me había llamado mucho la atención. Eso de compartir pareja… que no es que no me excitara y fantaseara con un trío con dos hombres, pero no sabía si era la filosofía de vida que me gustaba.

Pero tras las revelaciones de Leo, mi percepción se puso en modo alerta y empecé a ver detalles como lencería nueva y sexy, de color negro con transparencias, que ella se esperaba que no viera nunca porque tenemos a una chica que nos hace la colada. Un día encontré un juguete o, mejor dicho, un arsenal. Yo tenía un vibrador que me había regalado Aurora en mi penúltimo cumpleaños, pero mi madre tenía esposas, antifaces, bolas chinas, un par de consoladores de distinto tamaño y un vibrador carísimo. Salían de fiesta habitualmente, pero todas las semanas salían los jueves por la noche, y mi madre llegaba siempre un poco borracha y con un peinado diferente al que llevaba. Esas noches echaba dos bragas a lavar.

Mi curiosidad empezó a hacerse hueco, y poco a poco me interné en el denso mundillo swinger en Internet. Comencé buscando vídeos, lo que me llevó a este foro. Nunca he sido muy de consumir pornografía, pero los vídeos de tríos con dos hombres me gustaron, y me enamoré de los tríos bisexuales con dos chicas. También encontré mis joyas de la corona, los vídeos de fiestas swinger, sobre todo aquellos temáticos en que la gente va desnuda y con máscaras.

Para mí todo aquello era un mundo nuevo, una ventana a mil cosas que, aunque sabía que existían, jamás me había puesto a buscar. Más de una noche me masturbé viendo vídeos en el móvil, debajo de la sábana, imaginando que Leo me follaba mientras varios hombres me ofrecían sus penes. O que besaba a una chica mientras le hacíamos una mamada.

Pero tanto nuevo conocimiento me pasó factura, y en cuanto tenía el orgasmo llegaba el bajón, y mi mente criada en un ambiente conservador y cerrado empezaba a pelearse. Era imposible que a mí me gustaran esas cosas, jamás me había sentido atraída por una chica y tenía claro que era heterosexual, y que mi cuerpo sería para un solo chico al mismo tiempo. Pero… entonces… ¿qué era mi madre? ¿Una guarra? Entonces otra parte de mí me decía lo hipócrita y antigua que era, y que aquellas dudas y preguntas sólo escondían inseguridad y envidia.

En realidad, me aterraba reconocer que, en el fondo, deseaba todas aquellas experiencias. En el fondo deseaba disfrutar como disfrutaba mi madre, y en el fondo deseaba con todo mi ser que fuera él quien me llevara a ese mundo como la había llevado a ella. No tenía ni idea de que pronto aquello trascendería la mera fantasía.
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Antiguo 07-abr-2018, 11:49   #45
Sigrid
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Extraordinaria la serie, me encannnnnta!!!!!!!!!!

Al final, tanto la madre como la hija estarán en manos de él???? Al final tanto la madre como la hija compartiran unn mismo mundo???????? Al final, veremos a la madre y a la hija en un momento lesbico o un trío con él???

Un beso.- Cristina
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Antiguo 07-abr-2018, 16:53   #46
lucerodelalba
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Buenísimo!!!
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Antiguo 07-abr-2018, 20:12   #47
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Estoy deseoso del siguiente capitulo, estoy enganchado a Rosell.
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Antiguo 08-abr-2018, 12:00   #48
AJAX
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Al final eres la competidora de tu madre. cl ap0000notw orth
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Antiguo 09-abr-2018, 15:30   #49
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 8

Capítulo 8

Apenas quedaba un mes para la boda, iba a celebrarse a principios de junio y mi madre estaba atacada completamente con los preparativos. Yo la había acompañado a probarse un sinfín de vestidos para ella, y casi el triple para mí, pues ninguno que no le resultara excesivamente sexy le parecía tampoco demasiado bonito. Es normal, pensé, querría que todo fuera perfecto en el arranque de su nueva vida.

Por mi parte, yo vivía en una especie de nube irreal. Había tratado en vano de quitarme de la cabeza todo lo relacionado con lo que Leo me había contado, pero había sido meter el dedo en ese mundo y caerme de bruces en él. No dejaba de buscar, leer, curiosear, ver fotos y, sobre todo, vídeos. Me masturbaba diariamente, como una loca, cada vez imaginando situaciones más y más morbosas.

Pronto los vídeos se me hicieron cansinos y anodinos, y empecé a chatear, a entrar en las webs de swingers… pero no me atreví a dar el paso. Siempre iba con un perfil de invitada y un nick muy distinto a lo que suelo usar ahora. De hecho, me presentaba como el chico de una pareja casi diez años mayor que yo buscando la manera de entrar en esto.

Allí, me dijeron que los locales era la mejor opción y la más segura, así que empecé a sumergirme en sus webs. Al encontrar información sobre las fiestas, ver las fotos de personas reales disfrutando de aquella forma y leer acerca de las instalaciones, las facilidades que ponen a las chicas solas… mi mente se disparó y me volví loca. Tanto que, un día y con la excusa de ir a ver un concierto, me presenté en la puerta de uno de los que hay en la gran ciudad.

Y allí me quedé, en la puerta, completamente aterrada y sin saber qué hacer. ¿Qué coño hacía yo allí? Me sentí mareada y confusa. Tal vez sea difícil de explicar con palabras, pero os puedo asegurar que esos meses pasaron para mí como una auténtica espiral de emociones y ensoñaciones. No sé si de verdad era el mundo que deseaba, o tal vez era que en mi cabeza se había roto alguna especie de tabú, o tal vez que, sencillamente, me estaba volviendo ninfómana.

La cuestión es que no entré, me quedé dando vueltas por la ciudad durante horas, sin pensar nada en concreto. Ya había anochecido cuando, sentada en una mesa de un McDonald’s, recibí un WhatsApp de Leo.

- ¿Dónde estás? ¿Ya ha terminado el concierto?
- Estoy cenando en un McDonald’s.
- Tu madre me ha dicho que hoy se quedará trabajando hasta tarde. Está muy liada con las cosas de la boda, ya sabes, y quiere dejar terminado el papeleo para tener más tiempo esta semana.
- ¿Y? – inciso aquí. Mi relación con Leo se había enfriado. Mi madre era ahora quien actuaba de intermediaria, porque él apenas me hablaba y yo también intentaba evitarle.
- Pues que si quieres puedo ir a buscarte.
- Puedo decírselo a mi padre.
- Puedes, pero también podrás explicarle por qué has dicho que ibas a un concierto cuando esta tarde no hay ninguno.

¿Qué? Me quedé blanca.

- Te espero en este sitio en media hora – ese fue su último mensaje, frío, seco y amenazante, como el anterior.

No era la primera vez que me inventaba una excusa para ir a algún sitio que no quisiera que supieran mis padres, pero jamás me habían pillado, o eso creo, así que no había comprobado si había algún concierto en la ciudad aquella tarde. Pero él… él sí lo había hecho, ¿por qué? ¿Y por qué tanto interés en venir a buscarme?

Cuando se presentó con el coche en el sitio en que habíamos quedado, yo le miré con una mezcla de temor y desconfianza, sin saber muy bien a qué tipo de conversación me iba a enfrentar. No sé si me aliviaba pensar que pudiera ser una simple reprimenda paternal.

- Y bien, pues dime – dijo después de unos tensos primeros minutos de silencio.
- ¿Qué quieres que te diga?
- Dónde has ido.
- ¿A ti que te importa?
- ¿Acaso tienes idea de cómo funciona un local liberal? – preguntó como si nada, pero no me dejó tiempo para reaccionar, pues siguió hablando tranquilamente mientras conducía-. ¿Sientes que estás preparada para ser observada? Para desnudarte, bailar… y dejar que hombres y mujeres te deseen, te acaricien, besen cada rincón de tu cuerpo y lo hagan arder.
- Quién eres tú para…

Él no dijo nada más, en su lugar, siguió conduciendo, pero entonces se desvió a una vía de servicio fuera de la autovía. Allí, en la entrada de una finca se detuvo. Suspiró un instante y entonces se giró hacia mí, me agarró de los hombros y me atrajo hacia él.

- Estás muy… cerca… para… - intenté zafarme, pero su mirada me embrujó. No es excusa, pero os digo de verdad que era incapaz de hacer nada.
- ¿Sientes que disfrutarías siendo usada por muchos hombres?
- Yo no… eso no… yo sólo… - no sabía qué decir, lo único que sabía es que estaba muy cerca y que yo estaba chorreando.

Leo puso su mano en mi alto vientre, casi rozando los pechos. Yo cerré los ojos, incapaz de moverme mientras él deslizaba sus dedos por encima de mi camiseta. Notaba el calor de su piel a través de la tela, al mismo tiempo que un escalofrío intenso me erizaba la piel y me recorría la espina dorsal. Descendió poco a poco, y yo creía que iba a volverme loca. Por un lado, estaba deseando que se detuviera, no quería eso, no con él, no así… pero por otro… Sus dedos rozaron el botón de mis vaqueros… Y entonces grité.

- ¡Para! – él no se alteró, sencillamente detuvo su mano y la apartó. Volvió a arrancar el coche y se puso a conducir.
- ¿Ves? Sólo crees que estás preparada, pero no lo estás – dijo, y entonces creí escuchar que añadía-. Aún no.
- Eres…

Tenía ganas de insultarle, de pegarle una bofetada… Lo que no sabía era si era porque estaba jugando conmigo… o porque yo hubiera deseado que esos dedos no se detuvieran.
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Antiguo 09-abr-2018, 18:03   #50
20antonio lopez
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sigue que me tienes en ascuas. La verdad es que lo pasas mal al leerte así, entre excitado e intrigado. mmmmmmm sigue.
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