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Tus Relatos y experiencias - Enganchada a mi padrastro Herramientas
Antiguo 09-abr-2018, 20:51   #51
Angel y Diablo
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Buuuuuuff excitante, tensión sexual por todos los costados,.... he tenido que utilizar mi mano porque no he podido aguantar

Felicidades!!!!!
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Antiguo 11-abr-2018, 15:26   #52
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 9. Parte I

Capítulo 9

Parte 1

Y finalmente, casi sin darme cuenta, llegó el día de la boda. Ésta iba a celebrarse en una antigua iglesia del pueblo de mis abuelos, tal y como ellos deseaban. Mi madre había preferido regalarles eso y Leo no se había negado, pues él tan sólo había llevado como acompañantes a su hermana, su marido y su hijo pequeño, una cucada de bebé llamado Adri, y a unos pocos amigos. Todos tenían más o menos su edad, así que deduje al verlos entrar en la iglesia que debían ser antiguos compañeros de la universidad.

La verdad es que no me hicieron mucha gracia, porque iban… cómo decirlo, bastante de sobrados por la vida. Le tiraron los trastos a todas mis primas mayores de edad, menos a mí, y me resultó muy raro el buen rollo que tenían con mi madre, pues la trataban como si se conocieran de hace años, y no pude evitar pensar si ellos también estarían dentro de su “mundo”. Me sorprendí sentada al lado de mis abuelos, mis tíos y mis primos y amigos diversos de mi madre (mi padre y Sandra, y mi familia paterna, no habían sido invitados, aunque mi padre y su novia fueron a felicitar a mi madre unos días antes), imaginando en ella rodeada de esos hombres desnudos, dejándose usar por las órdenes de su amo que la miraba sentado y sonriendo. Mal empezaba.

No os voy a relatar demasiado de la ceremonia, porque no fue nada del otro mundo. Mi madre no llevaba el vestido de la boda con mi padre, sino uno nuevo bastante más moderno y ceñido, con más escote y cola de sirena. Leo, por su parte, llevaba un traje negro con camisa blanca y sin corbata. Su imagen era perfecta, como siempre. Sinceramente, creo que Leo se pasa más tiempo que yo mirándose al espejo.

Yo llevaba un vestido rojo corto, ceñido hasta la cintura y con una falda que se abría ligeramente. El escote tenía forma V y era un poco pronunciado, pero no demasiado, y con tirantes a los hombros. Llevaba el pelo recogido con algunos mechones sueltos. También me gusta darme un toque rebelde, y me resulto más atractiva así. Por último, llevaba un maquillaje bastante ligero.

Mi corazón no pudo aguantar un pinchazo cuando ambos dijeron el “Sí quiero” y se dieron el beso. Finalmente, Leo se había convertido en mi padrastro.

Después de la ceremonia y mientas todos los invitados se desplazaban al restaurante, en un hotel de lujo en las afueras que organizaba este tipo de eventos, yo me quedé con mi madre y Leo para hacernos las fotos. Al fin y al cabo, éramos una familia, ¿no? Era un jardín precioso, la verdad, con alguna estatua de imitación a piedra antigua, arcos llenos de flores y paredes de piedra con enredaderas. Clásico pero bello.

Primeros se hicieron las fotos ellos, muy románticas todas. Después me hice yo unas fotos con los dos juntos, con mi madre a solas, abrazándome con fuerza y diciéndome que me quería mucho y que era el día más feliz de su vida porque lo estaba compartiendo conmigo. Y luego llegaron las fotos con Leo. Con mi madre delante y el fotógrafo, no esperaba que fueran nada más que unas fotos formales, pero en cuanto el fotógrafo empezó a darnos órdenes… me di cuenta de que no iban a ser para nada normales.

La primera me incomodó mucho y tuve que hacer gala de todo mi aguante para que no se me notara el rubor. Yo tenía que apoyarme en una pared, mirando al suelo con las manos cogidas delante de mí, y Leo se apoyaba en el borde, a un metro, con una pierna cruzada y mirándome. Me preguntaba a quién cojones se le había ocurrido esa foto, pero como mi madre estaba mirando y sonriendo supuse que ella no encontraba ninguna connotación oculta. Sin embargo… cuando sentí su mirada clavada en mí noté me sentí… uff… creo que la palabra correcta es ésa, sí. Penetrada. No sólo mi rostro se tiñó de rubor entonces.

La segunda fue la peor, porque las siguientes fueron normales. Él tenía que cogerme por la cintura mientras yo sonreía a la cámara. Leo puso su mano en mi hombro, pero el fotógrafo le dijo que era mejor en la cintura, así que él la deslizó por mi espalda hasta llegar a agarrarme por allí. Fueron unos segundos, pero sentir su tacto cálido recorriendo mi piel hizo que se me erizara el cabello. No pude reprimir un escalofrío, y entonces Leo se acercó a mí y me dijo.

- ¿Estás bien? – lo dijo en voz alta, pero añadió en un susurró-. Estás muy guapa - yo sólo pude asentir con la cabeza.

Agradecí llegar al restaurante y situarme de nuevo en un ambiente lleno de otras personas, porque me sentía muy incómoda y, lo que es peor, excitada. Pero la comida sólo hizo que empeorar las cosas. Me situaron, como era de esperar, en la misma mesa que ellos, la presidencial. Era la única que compartía el espacio con ellos, ya que no había nadie tan cercano como yo a ambos.

El problema es que, desde allí, podía ver perfectamente lo que mi madre pensaba que no estaba viendo. Su mano deslizarse por debajo del mantel hacia el pantalón de Leo, y viceversa. De vez en cuando mi madre soltaba una risita tonta, y su rostro estaba rojo, pero el ambiente, la música, las voces y el alcohol hicieron que nadie más sospechara nada.

Una de las veces que les pillé metiéndose mano me topé de lleno con la mirada de Leo, quien me dedicó una sonrisa. Yo aparté la mirada rápidamente y me bebí de golpe toda la copa de vino. A partir de esa copa caí en picado. No sabía si estaba celosa, cachonda, idiota perdida o qué, pero la única manera que tenía de evadirme allí, sola mientras ellos se metían mano, tan lejos y tan cerca de todo el mundo, fue beber. Y bebí, vaya que si bebí.

Fue tras el chupito después del postre, tras partir la tarta y que poco a poco la gente fuera empezando a prepararse para el baile y la fiesta, cuando empecé a sentirme un poco mareada y como pude, intentando aparentar que estaba bien, saludando a quien se cruzaba en mi camino y me felicitaba, me dirigí al baño.

Cuando entré fui corriendo al lavabo, apoyé las manos en él e intenté tranquilizarme. Me miré al espejo y recuerdo pensar lo idiota que era, porque me estaba dando cuenta de que estaba así por puros celos. Celos de mi madre, por él. Cerré los ojos, cogí un poco de agua y me mojé la nuca, me deshice los nudos del pelo y lo dejé caer suelto por mis hombros. Sentía muchísimo calor y estaba muy excitada. Inconscientemente, aún con los ojos cerrados, dejé que mis dedos descendieran desde mi cuello, por mi pecho, húmedos por el agua, hasta…

- ¿Qué te pasa? – casi me muero del susto. Abrí los ojos de golpe y miré a la puerta. Era Leo, estaba mirándome con una expresión de preocupación en el rostro.
- No puedes estar aquí… este es el baño de chicas – él cerró la puerta tras de sí y se acercó unos pasos -, ¿qué haces?
- Tu madre está preocupada, ¿estás bien?

Alzó una mano hacia mí y la puso sobre mi mejilla. Dios. Sentí cómo el calor de aquel lugar aumentaba hasta un punto inaguantable. Mi coño comenzó a latir con mucha fuerza y mi corazón parecía querer saltar, desbocado. Mis mejillas se ruborizaron hasta tal punto que me ardía el rostro. No había nada más, ni música, ni gente. Sólo él y yo y un mar ardiente de deseo y alcohol que me cegaron y me llevaron a hacer la mayor estupidez del mundo. Era ahora o nunca. Le agarré del rostro y le besé.
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Antiguo 11-abr-2018, 21:27   #53
Volter54
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Interesante, desde el punto de vista narrativo y sensual con un discreto inicio de morbo.
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Antiguo 11-abr-2018, 22:06   #54
Angel y Diablo
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Otro capitulo salvajemente erótico, una narrativa impresionante.

Solo decirte que estoy enganchado a ti.
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Antiguo 12-abr-2018, 14:24   #55
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 9. Parte II

Capítulo 9

Parte II

Leo retrocedió, empujado por el ímpetu de mi pasión, y quedó apoyado contra la puerta de una de las cabinas. Durante unos segundos nuestros labios y nuestras lenguas se encontraron y se dejaron llevar, hasta que, de pronto, él me separó bruscamente. Miró alrededor, con el rostro desencajado por la desesperación, abrió la puerta de la cabina y agarrándome del brazo me llevó dentro. Después, la cerró tras de sí y con la mano en la puerta me miró. Estaba sudando y su respiración estaba igual de acelerada que la mía. Yo me quedé sentada en la taza. No puedo describir cómo debía ser mi expresión, mi mirada, porque en ese momento, aun consciente, estaba completamente poseída por el deseo.

- ¡¿Qué haces?! – me preguntó-, qué… has hecho.
- Si no me besas tú te volveré a besar yo – las palabras salían de mi boca sin que pudiera controlar lo que decía.
- ¿Estás loca?
- Claro que lo estoy – añadí jadeando – desde el momento en que te vi por primera vez.
- Rosell… esto no… me he casado con tu madre – notaba como él intentaba esquivar mi mirada. Intentaba no cruzarse con mis ojos, que le buscaban para que no pudiera zafarse de mí.

Me levanté de la taza y le arrinconé contra la puerta. Él intentaba esquivarme, evitar el contacto físico. Le puse las manos en el pecho y despacio subí por la tela hasta su cuello. Me moría de ganas por besárselo. Lo que dije se lo susurré al oído.

- Fóllame, por favor.
- No… yo no quiero… para… - que él dijera eso me estaba volviendo loca, me estaba excitando como nunca lo había estado. Me sentía poderosa, notaba con mi rodilla la erección que trataba de ocultar. En ese momento estaba convencida de que estaba poniendo todo de sí para reprimirse, y entonces me vendí. Se lo puse en bandeja.
- Si no lo haces, le diré a mi madre lo que sé, y sólo puedo saberlo por ti – su rostro cambió de repente, del rubor avergonzado a una expresión seria, sorprendida.

En ese momento me empujó contra la pared. Hizo el ademán de besarme, pero evitó mis labios en el último momento y apartó el rostro. Yo me mordí el labio por la frustración. Su mano izquierda me aferraba las manos contra la pared, mientras su derecha se internaba entre mis muslos. No hubo caricias, ni delicadeza, llegó rápidamente a mis bragas y las bajó con una destreza increíble, hasta dejármelas por las rodillas.

- Eres…
- Soy lo que tú quieras que sea – fue lo último que dije antes de que sus dedos palparan mi sexo y me penetraran.

Empezó a masturbarme despacio, pero con fuerza. Sus dedos índice y anular se doblaban hacia dentro, rozando donde debían. Yo sentía que me deshacía allí mismo y empecé a suspirar, así que él soltó mis manos y me tapó la boca. No importaba, era lo que deseaba, no iba a resistirme. Quería más.

- Más rápido… ahhh… por favor… - él no me hacía caso y yo sentía que me estaba volviendo loca. Nunca me correría así, pero mi nivel de excitación estaba ya en el extremo, como un termómetro de mercurio a punto de explotar.

Sólo cuando se lo supliqué otra vez aceleró el ritmo, y esta vez fue demasiado rápido, tanto que mi orgasmo comenzó a precipitarse. Demasiado, demasiado rápido.

- No… no tan… ahhh… joder… - si seguía así explotaría, no podía aguantarme, me iba a morir allí mismo consumida por el placer-, voy… me corro, me…

Y entonces paró. Retiró la mano de mí y yo le agarré con las mías, suplicando que regresara, pero Leo me apartó con brusquedad. Se miró los dedos, empapados con mi flujo, y después me miró a mí.

- Sólo vas a conseguir eso de mí – me espetó.

Salió de la cabina y me dejó allí sola, con las bragas por las rodillas, el peinado deshecho y el orgasmo a medias. Desesperada me senté en la taza y volví a masturbarme, y sólo cuando finalmente pude correrme, entre la frustración y el odio asomó el sentimiento que sería mi perdición. La culpa.
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Antiguo 12-abr-2018, 14:44   #56
Angel y Diablo
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Fantástico capítulo, me has puesto a 1000, creo que tendré que relajarme.

De nuevo felicidades.
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Antiguo 12-abr-2018, 15:23   #57
Sigrid
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Cada día es más impactante el relato. Seguire esperando y deseando cada momento

Un beso.- Cristina
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Antiguo 12-abr-2018, 18:26   #58
pajerobcn
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!!!UUUFFFF que locura¡¡
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Antiguo 15-abr-2018, 14:49   #59
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Predeterminado Capítulo 10

Este capítulo es de transición, así que es un poquito más cortito que los anteriores, ¡espero que aun así os guste y os animéis más a comentar! Me encantaría saber vuestras opiniones sobre los personajes y la historia

Capítulo 10

Después de la boda, mi madre y Leo se fueron a celebrar una larga luna de miel. Estarían un mes fuera, del cual los primeros 15 días eran en un crucero y los últimos en un resort del Caribe. En ese tiempo yo decidí quedarme en casa, aunque mi padre me ofreció ir a su piso. Prefería estar a mi aire y no estar allí estorbándoles.

De todas formas, mi padre y Sandra solían venir casi todos los días a comer o cenar conmigo. Ya tenía cierta complicidad con Sandra antes de eso, pero creo que ella, aunque no podía imaginarse lo que había pasado en aquel baño, se imaginaba que la llegada de Leo y la boda de mi madre iba a ser algo que iba a afectar directamente a mi vida, así que sin darme cuenta consiguió hacerse aún más cercana.

De hecho, de forma bastante habitual me escribía al WhatsApp, algo que no había hecho antes, para preguntarme si necesitaba algo, si estaba bien, si quería charlar de algo… pero no sólo eso, también me hablaba de sus gustos, me contaba anécdotas sobre mi padre del que me enviaba fotos divertidas. Sus esfuerzos consiguieron que, al menos durante unas horas al día, olvidara lo que había hecho. Incluso sentí tentaciones de contárselo más de una vez, pero siempre terminé reprimiéndolas. Quizá, si lo hubiera hecho…

Pero era incapaz, hiciera lo que hiciera volvía continuamente a mi mente y me excitaba tanto como me martirizaba. Me sentía culpable. En ese momento aún creía que era yo la que le había obligado a hacer algo que él no quería, aunque era obvio que lo deseaba. Y por si fuera poco el hecho de que él tuviera pareja, algo que siempre había pensado que era una guarrada, esa pareja que estaba al otro lado no era otra que mi propia madre. En definitiva, había derrumbado hasta dejar hechos polvo los cimientos de la moral que creía tener.

Sin embargo, tan pronto como empezaba a pensar en ello y por mucho que la culpa me hiciera llorar de rabia… era volver a imaginar su rostro, su mano en mi boca, sus dedos dentro de mí… la sensación de dominación que él ejercía sobre mí, atenuada por la sensación de poder que sentía era capaz de generar en su deseo… Me volvía loca. Completamente loca. Deseaba volver a sentir todo eso otra vez.

Yo solía hablar todos los días con mi madre por video-llamada de WhatsApp. Alguna vez estaba Leo con ella, y en esas ocasiones yo me ponía muy nerviosa, pero él parecía tan tranquilo y normal como siempre, como si no hubiera pasado nada. Pero los besos que le daba a mi madre en esas llamadas me hacían hervir de celos. Con él, en cambio, no había hablado más que algún saludo o broma breve en esas ocasiones. Nada en privado. Ni una palabra sobre lo que había pasado aquel día.

Cuando me desperté una mañana y me encontré su mensaje, enviado muy poco antes (por el cambio horario debía de ser por la noche), me puse muy nerviosa. Por una parte, su indiferencia me había convencido de que lo que había pasado era un paréntesis en el camino, un aparte, algo que nunca tenía que haber ocurrido y que así debía ser en adelante. Por otra… ansiaba saber de él, explorar más su deseo, si me echaba de menos… Y eso fue lo que me dijo.

- Me he casado con ella, me he ido de luna de miel con ella, acabo de hacerle el amor… pero no puedo dejar de pensar en ti. ¿Por qué me has hecho esto?

A ver, no es que yo me considere ahora una experta de la vida o del amor, o mucho más madura que hace dos años, pero tenéis que intentar poneros en el lugar de una post-adolescente con poca experiencia sexual, con escaso bagaje amoroso, al recibir un mensaje así del tío del que está completamente pillada. Pues eso, hizo que mi voluntad se convirtiera en pedacitos.
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Antiguo 16-abr-2018, 06:41   #60
F458
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Historia relatada de 10! Que si es real ni te cuento que tensión!
Me encanta como la narras, y como llegas engancharte de Leo.. pero también el de ti... esto último, era cuestión de tiempo que saliese..
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Antiguo 16-abr-2018, 20:44   #61
Angel y Diablo
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Me parece sensacional tu forma de hacernos vivir la historia.
El personaje de Rosell entre la lujuria y la inocencia me encanta.
Igual el personaje mas desaprovechado es el de la madre.

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Antiguo 17-abr-2018, 11:10   #62
20antonio lopez
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ya me estoy imaginando como acabará esto.
Seguro que lo pasarás bie con el.
yo si fuese el ...........asi lo haría.
Como siempre un placer leerte.
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Antiguo 17-abr-2018, 15:08   #63
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 11

Capítulo 11

Mi madre y Leo volvieron a casa a finales de julio de hace dos años. Como estaba previsto, Leo se instaló en nuestra casa apenas unos días después de su regreso. Yo ansiaba volver a verle, pero no quería hacer daño a mi madre, y en cuanto comenzó la convivencia mi fantasía se dio de bruces con la realidad de que ambas opciones no eran compatibles. Toda la sensación de poder y de, por qué no, egoísmo por mi parte desaparecieron al ver la sonrisa y la felicidad de mi madre. Yo no podía hacerle eso, por mucho que lo deseara.

Leo y yo procurábamos evitarnos en la medida de lo posible. Él no se quedaba nunca sólo en casa conmigo, y yo intentaba no encontrarme demasiado rato con él en la misma habitación. Los únicos momentos en que estábamos obligados a fingir que no había nada raro eran las comidas. De hecho, había situaciones en que era francamente difícil mantener la tensión de lado. Cualquier mínimo roce o mirada me hacía sentir demasiado nerviosa, y tenía que dar todo de mí para que mi madre no se diera cuenta.

Y entonces, ocurrió.

Era un día cualquier de finales de agosto. Mi madre y Leo se habían ido al cine y a cenar por ahí, o eso era lo que me habían dicho. Recuerdo que había sido un día muy bochornoso y que por la tarde se había nublado. Debían ser alrededor de las 8 y una tormenta de verano amenazaba con descargar su contenido.

Yo estaba tranquilamente en mi habitación, jugando un videojuego en el ordenador con los cascos puestos. Al final no había surgido la posibilidad de hacer aquel viaje que tanto había pensado y al mes siguiente empezaría la universidad, así que estaba aprovechando el tiempo para disfrutar de mis aficiones.

Llevaba una camiseta blanca holgada a la que le había cortado las mangas, dejando al descubierto parte de mi costado por donde se intuía el nacimiento de mis pechos. Ese tipo de camisetas no le gustaban nada a mi madre, pero a mí me resultaban tremendamente sensuales, y me hacía gracia ver la cara de mis convecinos de alto standing cuando salía con ella. También llevaba unos pantaloncitos de deporte cortos sin bragas. Al fin y al cabo, estaba en mi casa, y estaba sola, podía ir como más a gusto estuviera, ¿no?

Abstraída en el mundo, no le escuché llegar. No sé si él me llamó o, sencillamente, entró en silencio y se quedó allí, mirándome. En cierto sentido, ahora que lo pienso, podía resultar hasta un poco siniestro. Recuerdo que estaba jugando a un juego de supervivencia, de estos de zombis, y un jugador capullo me mató desde lejos. La pantalla se puso en negro y entonces vi su reflejo en el monitor. El susto que me dio me hizo soltar un grito de puro terror, que el sofocó no de la mejor manera, pues se lanzó hacia mí y me puso una mano en la boca. Durante unos instantes os prometo que me asusté de verdad, hasta que me di cuenta de que era él.

Estaba empapado, llevaba una camiseta negra ceñida y un pantalón vaquero largo. Un relámpago nos iluminó. Debía de haberse empapado con la tormenta, que descargaba ahora un tremendo chaparrón. Le puse las manos en el brazo y le empujé para que me dejara hablar. Él aflojó un poco la presión, pero su cuerpo seguía bloqueándome en el sillón con ruedas que tenía.

- Leo… me has asustado – le dije. Él me miraba casi sin parpadear, respirando agitadamente-, ¿Leo?
- ¿Por qué tuviste que hacerlo? – preguntó. Su voz sonaba desesperada.
- ¿Qué?
- ¿Por qué tuviste que espiarnos desde el pasillo, masturbándote en la oscuridad? – me quedé atónita, ¿me había visto? -, ¿por qué hiciste… por qué te comportaste así en el coche, poniendo a prueba mi aguante? ¿Por qué te mostraste ante mí desnuda, en la piscina? ¿Por qué tuviste que preguntar por la foto? – mi cabeza estaba dando vueltas, demasiadas vueltas. Era todo, todo lo que había pasado desde que había llegado, todo me lo estaba… - ¿Por qué no puedes irte de mi cabeza?
- Leo… yo… - ya os podéis imaginar que no sabía qué demonios decirle.

Había sido tan vehemente, tan desesperado como un actor de película, y en una película me sentía yo en ese momento. Una película que definitivamente me hizo evadirme de la realidad, pensar que estaba en una fantasía, y dejarme conquistar de nuevo por la dulce y morbosa sensación de poder. Una película que él había construido específicamente para mí.

Le aparté el brazo, le agarré del rostro y lo acerqué de un rápido impulso para besarlo. Leo intentó apartarse, zafarse, pero notaba el deseo en su lengua mientras le besaba. Por fin se apartó unos instantes, me miró y yo le miré, me levanté y con una sonrisa malvada le dije:

- ¿Me deseas? – me puse de espaldas a él, y perdida en un auténtico sueño morboso, no sé si consciente o inconsciente, me bajé el pantalón y me arrodillé en el asiento, apoyada en el respaldo. Me aparté el pelo mientras le ofrecía todo mi sexo, pero no fui capaz de mirarle. Un pequeño punto de miedo y vergüenza pugnaba por hacerse hueco en mi yo interno y me hacía sentir sucia, fácil. Por desgracia, eso también me excitaba -. Demuéstramelo.

Pero lo que él me demostró fue que, ahora lo sé, por mucha sensación de poder que yo tuviera en ese momento no era más que una fantasía tejida en sus manos. No hizo lo que me esperaba, tomarme así, sino que me obligó a levantarme, a girarme y a besarle. El pantalón se me cayó y quedé desnuda de abajo, sin necesidad de que él me tocara. Me obligó a mirarle a los ojos, y por mucho que yo intentaba evitarlos, avergonzada, él no me lo permitía.

Leo me cogió en brazos y me llevó a la cama, me quitó la camiseta y me tumbó, desnuda. Yo giré el rostro a un lado y me abrí de piernas, con los brazos hacia arriba en una postura de completa inocencia e indefensión. Me estaba entregando totalmente a su ser. Pero ése no era su plan, él me agarró de la barbilla y me obligó a mirarle.

- Después de lo que me has hecho, ahora no te escondas.

Volvió a besarme y me dejó un instante en la cama, mientras él se desnudaba a la única luz de la farola y los relámpagos que ocasionalmente blanqueaban todo con su destello. No dejó de mirarme en ningún momento, y recuerdo perfectamente que cuando él se quedó desnudo frente a mí estaba completamente erecto, duro y preparado para poseerme. Sonreí con malicia imaginando cuánto tiempo habría estado deseando tenerme así.

Empezó a besarme los pies y a ascender muy despacio por mis piernas, con caricias y besos suaves, húmedos pero cálidos. La sensación de notar su lengua y sus labios me encendía más y más por cada centímetro de su ascensión, tanto que sentía que iba a enloquecer cuando estaba acercándose al interior del muslo, y entonces… saltó a mi vientre, en un movimiento que aumentó mi frustración y mi excitación al mismo tiempo. No duré mucho frustrada, pues subió por el vientre hasta mi pecho y, ahí sí, se entretuvo en mis pezones y en todo su contorno.

Dios. A mí me encanta masturbarme acariciándome los pezones y los pechos, pero jamás nadie me había tocado allí de esa forma. Estuvo a punto de provocarme un orgasmo, y tan excitada estaba que desesperada busqué su rostro para besarle y obligarle a ponerse encima, pero él, serio y sin mediar palabra, me rehuyó y volvió a descender por mi costado, generándome un escalofrío tras otro.

- ¡Me vas a volver loca! – le grité, entre enfadada y gimiendo de unas erupciones de placer en toda mi piel.

Paró un instante, se irguió y me miró, mientras sus manos se apoyaban en mis rodillas y, tras descender hasta medio muslo, me abrieron las piernas con una suavidad no exenta de firmeza. Se tumbó allí, y enterró su rostro en mi coño.

Si los pechos habían sido una locura, lo que me hizo allí debía mandarme al manicomio. Tuve tres orgasmos sólo con su lengua, y juro que no exagero. No usó los dedos para nada, sólo la lengua, los labios, la succión y hasta los dientes ligeramente. Me lamía, besaba, succionaba, chupaba, y mordisqueaba en una secuencia perfecta.

Después del tercero se separó un poco para dejarme descansar. Estaba sudando sobre la cama, con mi pecho elevándose rítmicamente y mi piel brillando por el sudor. El agua de la lluvia golpeaba con fuerza la ventana. Le miré. No le había tocado y no había perdido ni un milímetro de erección. Yo estaba fuera de mí, ávida de probarle a él, así que quise levantarme, pero Leo me lo impidió he hizo que me tumbara.

No me dio tiempo a quejarme, porque inmediatamente estaba sobre mí, con su rostro a apenas un centímetro del mío. Mis ojos se perdieron en los suyos, mis labios buscaron los suyos… y sólo pude aferrarme a su espalda con fuerza cuando comencé a sentir cómo su polla se introducía lentamente dentro de mí. Estaba empapada, completamente empapada, y él estaba perfectamente duro. Encajamos a la primera, como si estuviéramos hechos el uno para el otro.

Leo se separó un instante del beso y me apartó un mechón de la cara. Ahora sonreía, pero no se movía. Yo intentaba empujarle con mis manos en el culo, pero él no hacía nada.

- Todo esto es culpa tuya – fue lo único que dijo, y entonces…

Me folló. No hay otra palabra para definir a lo que pasó allí. Fue sexo, sin aditivos, sin nada más. Lo hizo de una forma que yo me perdí completamente en sentirle. No había nada más que yo, mis gritos, mi placer, su polla y sus suspiros. Primero lo hizo como empezó, encima de mí. Después me puso a cuatro patas sobre la cama y él se puso detrás, de pie. No hizo más que incrementar mi morbo el pensar que era así como se había follado a mi madre. Quizá se la seguía follando así, pero ahora lo estaba haciendo conmigo, y no con ella.

Quise cambiar para ponerme yo encima y cabalgarle, pues tenía una necesidad imperiosa de sentirme poderosa ante él, de dominar su placer, pero no me dejó. En ese momento me estaba empezando ya a demostrar quién era quien dominaba el placer del otro.

Perdí la cuenta de los orgasmos. Yo gritaba, gemía sin parar, me agarraba a todo y sudaba. Sentía que perdía la razón, pero pedía más y más. Estaba a punto de llegar una última vez cuando Leo empezó a moverse más rápido. Su orgasmo estaba cerca y eso hizo que se aproximara el mío, pero… de nuevo el hijo de… paró antes de que llegara. Sacó su polla de mi interior y en un par de movimientos empezó a regarme con su semen, que cayó sobre mi espalda y mis nalgas. Incapaz de controlarme, me masturbé mientras él me miraba en silencio hasta que me corrí.

Después, me quedé allí, con los brazos en la cama, el culo en pompa y tratando de controlar mi respiración. Su semen, caliente y espeso, se deslizaba por mi piel y llevaba un rato ya goteando a la cama. Cuando me tranquilicé, toda la adrenalina y el morbo desaparecieron y dejaron paso al sentimiento de culpa y vergüenza. Me senté e instintivamente me tapé con la sábana.

- Leo…
- Creo que debería ponerme ropa seca – me miró y, con una sonrisa, ignorando completamente que estaba desnuda, que era mi padrastro y que acababa de follarme, dijo -, debería echar ésta a lavar con esa sábana, ¿no?
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Antiguo 17-abr-2018, 20:07   #64
Angel y Diablo
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El mejor relato que he leído en muchísimo tiempo, simplemente sensacional

Felicidades Rosell.
__________________
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Antiguo 20-abr-2018, 09:58   #65
20antonio lopez
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mmmmmmmm,
No puede estar mejor escrito, casi me sentía espiando esa escena de sexo.
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Antiguo 21-abr-2018, 10:44   #66
lokko007
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Holas, no he podido esperar para poder comentar ya que aun me faltan leer los ultimos capitulos, asi que te queria dejar un mensaje y felicitar por el relato que hasta donde he leido me tiene impactado y pegado a tu historia

Cuando termine de leer hasta el ultimo capitulo te vuelvo a comentar nuevamente, pero dejame decirte que esta muy morboso y tiene algo de intriga de ver hasta donde puedas llegar

Saludos
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Antiguo 23-abr-2018, 18:48   #67
chulainn69
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Predeterminado Muy Excitante

gracias rosell, excitantes todos los relatos....
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Antiguo 05-may-2018, 22:02   #68
Sigrid
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Joooooooooooooo, cuánto te echo de menos. Cómo va la continuación????? Espero que muy pronto volvamos a tener noticias tuyas en forma un nuevo capítulo

Un beso.- Cristina
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Antiguo 22-may-2018, 09:43   #69
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 12. Parte I

¡Hola! Siento haber tardado mucho en subir la continuación, pero no la tenía escrita, y como ando con exámenes y trabajos y todo... pufff... está siendo un mes... Aquí tenéis la continuación, besosss

Capítulo 12

Parte I

Después de aquel día, la situación con Leo se convirtió en un perpetuo tiro y afloja. Yo sabía que trataba de evitarme por todos los medios, nunca se quedaba sólo en casa conmigo y procuraba marcharse con mi madre o con alguien si preveía que eso fuera a ocurrir, pero yo estaba desbocada.

Me sentía fuerte, poderosa, y eso hacía que mi osadía se disparara. Incluso estando mi madre, y con la excusa de su nueva y abierta forma de pensar, empecé a hacer top-less en el jardín y en la piscina. En ningún momento Leo volvió a bajar a bañarse, al menos no mientras yo estaba en casa, pero me excitaba imaginar que podía estar mirándome tras las ventanas. Sentir que dominaba su deseo era algo que me volvía completamente loca.

Un día de septiembre estaba especialmente cachonda. No por nada, no sólo los chicos están así a veces. Normalmente, el hecho de que mi madre estuviera en casa cortaba mi morbo de raíz, pero aquella tarde no. Necesitaba sentir su mirada ansiosa de mi cuerpo, provocar en él una erección y... ufff... quién sabe si hacer que perderiera el control como aquella noche.

Estuve un rato dándole vueltas a cómo llevar a cabo mi plan. Al final, decidí intentar robarle el móvil, subirlo a la habitación de mi madre y llamarle, para obligarle a subir. Me deslicé por la casa, bajé las escaleras en silencio mientras escuchaba las voces de la película que estaban viendo en el salón. Si llevaba el móvil encima o lo tenía en la mesita delante del sofá, sería imposible... pero... ¡bingo! Lo había dejado en la entrada.

Sé que estaba mal, sé que os pareceré una zorra loca y obsesiva, pero la adrenalina no hizo más que multiplicar exponencialmente mi humedad. Éstaba chorreando. Dejé el móvil en de vuelta en la cama de mi madre, me fui a la habitación, me desnudé completamente, me envolví en una toalla de ducha y, temblando, cogí mi móvil y le llamé.

- ¿Dónde está? - le escuché decir.
- A lo mejor te lo has dejado arriba - le respondió mi madre. Mi corazón estaba a punto de explotar.

Esperé 10 segundos, cogí aire y salí al pasillo. Justo, me topé con él de frente y nos chocamos. Mi toalla se deslizó por mi cuerpo hasta el suelo, dejándome desnuda frente a él. Sentí su mirada perforarme. Ahora estoy segura de que debía notar lo agitado de mi respiración.

- Lo siento - dijo, agachándose a coger la toalla. Yo fui más rápida y la aparté con el pie.
- Voy a la ducha... no la necesito, además... ¿no te gusta más así?
- ¿Qué dices? - su expresión era deliciosa. Mezcla de terror, nervios, y un terrible deseo apenas controlado.

Durante un instante no dijimos nada. Yo di un paso hacia él, haciendo como si fuera a la ducha, pero entonces...

- ¿Lo encontraste? ¿Subo? – la voz de mi madre nos sobresaltó a ambos, y Leo aprovechó para zafarse de mí y dirigirse a la habitación. Mi intentona había quedado en nada.

Así pasó otro mes y pico. Yo empecé por fin la universidad, en mi propia ciudad, y la rutina diaria a la que me costó adaptarme después de tanto tiempo me absorbió. Dejé un poco de lado el juego con Leo y me centré en los estudios. Hasta que pasó.

Debió ser a finales de octubre. Yo acostumbraba a quedarme los viernes por la tarde adelantando trabajos en una cafetería cercana a la facultad con Marta, una compañera, o más bien, amiga, que había venido a hacer la carrera desde Andalucía. Marta tenía mi edad, y era un bombón. Morena de pelo, de piel, con el pelo largo, unas tetas que quitaban el hipo a la mayor parte de compis de clase y un culazo.

Mi madre salía a las 9 de trabajar, y la facultad no le quedaba demasiado lejos de camino a casa, así que yo aprovechaba bien el tiempo y luego ella pasaba a recogerme. Así, aquella tarde, a eso de las 9 menos cuarto, Marta y yo estábamos apurando un batido mientras dábamos por terminado un Power Point para una presentación que teníamos la semana siguiente, cuando me llegó un mensaje de WhatsApp.

- Será mi madre – dije en voz alta, pero cuando desbloqueé el móvil me encontré con algo muy diferente.

- Tu madre tiene que quedarse trabajando hasta tarde, me ha dicho que te vaya a buscar. Te espero en el párking en media hora. No tardes.

Ya os lo podéis imaginar. Era Leo.

De cara Marta es un poco más dulce, pero de cuerpo se parece mucho a Hiba Abouk

Última edición por Succubus Rosell fecha: 23-may-2018 a las 00:10.
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Antiguo 22-may-2018, 15:04   #70
kuko022
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gracias por volver no pares ahora.
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Antiguo 22-may-2018, 18:31   #71
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UFFF los demás no se pero yo ya tenía mono.
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Antiguo 22-may-2018, 23:00   #72
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uuuuuuuuuuuuummmmmmmm


Ha valido la pena la espera


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Antiguo 23-may-2018, 00:11   #73
Succubus Rosell
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¡¡Muchas gracias por vuestros comentarios!! Se me había olvidado subir una foto de Marta. Quizá en el futuro sea importante que tengáis una idea de cómo es ella... quién sabe
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Antiguo 23-may-2018, 18:21   #74
lokko007
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En que situaciones lo pones al pobre de Leo

Si fuera mi caso aunque no lo es pues creo que te merecias una empotrada contra la pared

Saludos y sigue cuando puedas
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Antiguo 26-may-2018, 14:40   #75
Succubus Rosell
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Predeterminado Capítulo 12. Parte II

Capítulo 12

Parte II

Me quedé petrificada. Hacía más de un mes que no me quedaba a solas con Leo, y la lujuria extrema que me había dominado desde que él me follara había descendido a cotas más… normales. En realidad, no tenía ni idea de cómo iba a reaccionar ante él, pero lo que sí tenía claro es que sólo oír su voz me había puesto como una moto.

- ¿Pasa algo? Te has quedado blanca, hija – me dijo Marta.
- No, no, que viene a buscarme el marido de mi madre porque ella tiene curro – respondí.

Como hacía normalmente, Marta me acompañó al aparcamiento, ya que estaba al lado de su residencia, y esperó conmigo a que llegara Leo. Cuando él llegó, bajó la ventanilla del copiloto e inclinó la cabeza para saludar a Marta. Fue verlo y me derretí. Iba con la camisa blanca del trabajo y el pantalón del traje, con la chaqueta colocada en el respaldo del asiento. Llevaba el pelo arreglado y la barba recortada. Sentí una punzada de celos al ver la expresión en los ojos de Marta cuando se agachó a saludarle y metió el cuerpo por la ventanilla para darle dos besos.

- Soy Marta, encantada.
- Hola Marta, Sandra me ha hablado mucho de ti - ¿qué dice? Si no hablo con él de nada.
- ¿Ah sí? – comenzó ella, pero yo la cogí del brazo y tiré de ella hacia atrás.
- ¿No tenías que irte? – le espeté, molesta.
- Sí, sí, ya me voy, hasta mañana guapa – me dio un beso en la mejilla y se marchó, no sin antes lanzar una mirada a Leo.

Con Marta alejándose, me monté en el coche. Él no dijo nada, simplemente arrancó y comenzó a conducir, y yo tampoco tenía mucha idea de qué decir. En realidad, no miento si os digo que deseaba desabrochar su pantalón y comerme lo que escondía, algo que llevaba semanas anhelando probar otra vez. Mi móvil me avisó de que me había llegado un mensaje al WhatsApp:

- Joder cómo está el marido de tu madre – decía Marta junto a una ristra de emoticonos con corazones en los ojos.

Bloqueé el móvil y no respondí, y entonces me di cuenta de que él no estaba dirigiéndose a nuestra casa.

- ¿Vamos a buscar a mi madre?
- No.
- ¿Dónde vamos?
- Ya lo verás.- su voz era firme, dura, seca, pero eso sólo hizo que encender mi mecha.
- ¿Me vas a follar? – le solté como un desafío, y él no dijo nada.

Finalmente aparcó en una calle no muy iluminada junto a una arboleda. Era una de esas calles de una urbanización de la época de la burbuja que no terminó de construirse, pero en este caso no habían llegado ni a levantar los edificios. Reconocí el lugar porque antes se hacía botellón allí, pero después quitaron la línea de autobús que paraba cerca y se había convertido en un picadero muy famoso en la ciudad.

- Desnúdate – dijo él después de girarse hacia mí, mirándome a los ojos.
- ¿Perdona? – le pregunté. Me había molestado un poco el tono de exigencia.
- ¿No es lo que quieres? Pues venga – Leo se cruzó de brazos.
- ¿Y si no quiero? – él no tenía que ser el que mandaba, yo era quien tenía el control.

Se inclinó sobre mí y, con el rostro a apenas unos centímetros, me acarició el cuello, llevó sus dedos a mis labios y rozó los suyos con ellos. Un escalofrío me hizo temblar.

- Tú no tienes que… - aún era capaz de resistirme, a pesar de que mi corazón latía desbocado y mi coño estaba empapado.

Leo mantuvo el rostro serio, y con delicadeza apartó el pelo de mi cuello y enterró su boca allí. Cuando comenzó a besarme, no pude más que aferrar su camisa con mis dedos mientras unos suspiros se me escapaban de la boca. Entonces sus labios y su lengua fueron subiendo hasta mi oído.

- Desnúdate para mí – me dijo, y el simple roce de su aliento rompió mi última defensa.

Asentí y le obedecí. Me quité la cazadora de cuero, la camiseta larga de cuello ancho que dejaba mi hombro al descubierto, y me quedé con el sujetador rojo. Leo ya me había visto desnuda varias veces, pero no en un lugar público y menos siendo él quien me lo exigía. Me cubrí con las manos con timidez, pero él las apartó.

- Entera – añadió.

Yo miré alrededor, un poco atemorizada de que pudiera haber alguien mirando, pero tal vez era demasiado temprano para que fueran otros allí a hacer lo mismo. Desabroché mi sujetador y lo dejé en el asiento de atrás. Con cierta dificultad conseguí quitarme el vaquero mientras él no dejaba de mirarme. Finalmente, me deshice de toda mi ropa interior y quedé sentada con las piernas abiertas en el asiento del copiloto, respirando agitadamente y temblando por el miedo y el frío.

En ese momento, Leo se abalanzó sobre mí, y con su mano izquierda me tapó los ojos, mientras su mano derecha descendía por mi pecho, daba un pellizco a los pezones, erectos y sensibles por el frío, y los preparaba para sus labios, que tomaron el relevo mientras su mano se aproximaba al plato fuerte.

Sin ver, desnuda en un sitio como ése, siendo masturbada por el marido de mi madre… me sentía como una auténtica zorra, y eso me estaba empezando a gustar demasiado. Sus dedos entraban y salían con maestría, deslizándose por mi interior gracias a mi tremenda humedad. Yo no podía por más que deshacerme en gemidos y apretar con los puños el asiento el agarradero.

Pero el cabrón era demasiado astuto. Cuando sintió que mi respiración se aceleraba aún más y mi coño se contraía, bajó el ritmo, y lo subió cuando ésta se recuperaba un poco. Así me tuvo alargando un orgasmo durante interminables minutos, hasta que, ya loca por la necesidad de correrme, paró.

- ¡No pares! ¡Por favor! ¡No pares ahora! ¡Fóllame! ¡Haz que me corra! – le supliqué, pero él no cedió. En cambio, sin quitar su mano de mis ojos, agarró una de mis manos y la llevó a mi sexo.
- Hazlo tú para mí – me ordenó.
- No…
- Hazlo.

Obedecí, empecé a masturbarme despacio, pero saber que me estaba mirando, pero no verlo, era un matiz tan enloquecedor que mis dedos no tardaron en tomar el mando del ritmo, y deseaban que éste fuera mucho más rápido.

Leo me dejó hacer, sin decir nada, sin hacer nada más que taparme los ojos. Yo no podía parar, no podía bajar el ritmo o intentar seducirle. Estaba a punto…

- ¿Estás lista? – dijo él, y yo pensé que se refería al orgasmo, así que asentí entre gemidos.

Pero Leo quitó la mano de mis ojos, mostrándose ante mí. Seguía vestido, seguía igual que como me había recogido, pero ahora con los brazos cruzados. Yo seguía masturbándome sin dejar de mirarle a los ojos, y entonces… él apartó la mirada y la dirigió al frente. Yo deseaba seguir mirándole, correrme para él, así que miré hacia lo que me había arrebatado su mirada, y entonces lo vi.

Era un hombre de unos cuarenta años, vestido también con un traje, con la corbata aún sin quitar. Me miraba fijamente con unos ojos sedientos de mí. Noté cada una de las cosas que deseaba hacerme mientras me miraba, sólo con ver cómo se masturbaba contemplándome.

Fue un instante que me pareció eterno, pero en realidad, me corrí sólo con verlo, con saber que un desconocido me estaba mirando así, desnuda, masturbándome para Leo y para él. Grité, me agarré al asiento, mis piernas se contrajeron y mi espalda se arqueó antes de caer de nuevo rendida al asiento. No sé si él se corrió.

Sin fuerzas, intentando recuperar el aliento, me intenté tapar como pude, pero Leo ya estaba arrancando para alejarnos de allí. Fui a decir algo, pero no me salían las palabras. Ya no. Ahora, por fin, empezaba a darme cuenta. Nunca había sido yo la que había tenido el control. Era él quien me poseía, quien dirigía mi placer, mi excitación, quien controlaba la zorra en que me estaba convirtiendo. Su casi imperceptible sonrisa me lo demostraba. Me había exhibido como si fuera una puta.

Y me encantaba.
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