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Tus Relatos y experiencias - La tortuosa mente de Nolte. Herramientas
Antiguo 03-abr-2018, 19:47   #1
Alan Nolte
Pajillero Novato
 
Fecha de Ingreso: abr-2018
Mensajes: 4
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Predeterminado La tortuosa mente de Nolte.

Alan Nolte es mi alter ego. Un abogado de treinta y cuatro años que sobrevive lejos del glamour que algunos presuponen a su profesión. Una persona educada y formal que evita meterse en malos rollos, pero no por ello deja de ser curioso. Le gusta conocer gente, vivir experiencias... y disfrutar de todo lo que se le ponga por delante. Alan Nolte es un hombre alto, con un cuerpo normal, moreno, ojos azules... es sensible y divertido.
Nuestras vidas las conforman nuestros recuerdos y nuestros deseos... A continuación os iré mostrando algo de mi vida... bueno, de la vida de Alan Nolte.
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Antiguo 03-abr-2018, 19:51   #2
Alan Nolte
Pajillero Novato
 
Fecha de Ingreso: abr-2018
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Predeterminado La chica del otro lado

La chica del otro lado.

La noche avanza tranquila. Una oscuridad general atravesada por el brillo de la pantalla de mi ordenador, un poco de Coltraine como música de fondo y en mis labios el recuerdo del último sorbo de ron-cola. Visitaba una de esas páginas de contactos en los que los hombres como yo no tenemos mucho que hacer. No soy guapo, no soy fuerte, no soy especialmente simpático, no tengo dinero...

Eva: Chica morena, pelo rizado, ojos verdes, bajita, delgada; enfermera; simpática y romántica.

Selene: Chica morena, ojos castaños, labios carnosos, sonrisa hipnótica, mediana estatura; pechos grandes, grandes caderas... una curvy que dicen ahora; auxiliar administrativo; muy divertida.

- Hola, Nolte.

- Hola, Selene. - Primer sorprendido.

- ¿Qué buscas por aquí?

- Nada en especial, pasar el rato.

- Eso está bien. Te preguntarás qué me ha hecho escribir. Pues bien, he visto tu perfil y me pareciste un chico simpático, pero no te voy a engañar, he visto tu foto y me ha encantado.

- Vaya, tú también me has parecido muy guapa.

- Nolte, ¿te parece que hablemos por web cam?

- Ok, perfecto.

Ahí estaba, del otro lado, en un primer plano. Vestía un camisón ligero sostenido por unos finitos tirantes. Miraba fijamente a la cam, de abajo a arriba, con cara de pícara.

- ¿Te apetece jugar? - dijo.

Y sin dejarme contestar me pidió que me quitase la camiseta. Yo accedí.

- Ahora me debes algo.

Ella amplió el plano, se puso de pie y se quitó el camisón de forma insinuante, bailando lentamente, serpenteando, moviendo sus hermosas y apetecibles caderas. Ya tan solo vestía unas pequeñas braguitas. Le durarán poco, pensé. Giraba sobre sí misma regalándome todos los puntos desnudos de su anatomía. Regalándome, en la distancia, su vasto cuerpo, su hermosa piel, sus morbosos pliegues. Esos inmensos glúteos por donde me hubiese encantado perder mi lengua. Esos senos, coronados por unas imponentes areolas oscuras. Lógicamente, bajo mis calzoncillos la presión era insoportable, así que decidí bajármelos. Ella sólo veía mi cara y mi torso pero adivinaba perfectamente mi erección, las caricias sobre mis testículos y como poco a poco mis manos se dirigían irremediablemente a mi polla.

- ¿Qué te gustaría hacerme, Nolte?

- Perderme entre tus tetas. Mordisquear esos pezones con suavidad hasta que te corrieses.

- Enséñame tu polla, Nolte.
Abrí el plano. Y me masturbé mirando fijamente la cam. Pensando en esos pechos, deseando meter mi polla entre ellos y disfrutar de la que, imaginaba, podría ser la mejor corbata francesa de nuestras vidas. Selene se abrió de piernas y apartó sus braguitas, se chupó un dedo y se lo introdujo en su coño. Más tarde se lo volvió a chupar y se introdujo dos. Y posteriormente, infirió que necesitaba meterse un tercero y así lo hizo. Ambos masturbándonos con fuerza, mirándonos, como si fuera una competición, sudábamos y nuestras caras se desencajaban. Necesitábamos aire y respirábamos con intensidad. Jadeamos. Mucho.

- Selene, me corro.

- ¡Yo también!

Mi cuerpo se encogió levemente y tras ese sobrecogimiento el semen salpicó parte de mi cuerpo. En ese momento Selene cerró sus carnosos muslos, encerrando su mano empapada entre ellos y bajado sus párpados dio dos pequeños gritos, uno de placer y otro de satisfacción. Había sido la mejor paja en mucho tiempo.

- ¿Volveremos a vernos? - pregunté.

- Probablemente.
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