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Tus Relatos y experiencias - Microrrelatos ilustrados. Herramientas
Antiguo 02-jul-2018, 21:20   #26
tientador
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No quiso.
Se opuso.
Dijo un gran NO.


·Pero se mantuvo firme
Tremenda amenaza.

-Ella se sintió débil
Fallaron las fuerzas. La voluntad.


No quiso, pero comenzó a dudar
Se opuso, -un poco-, sólo para agradar a su conciencia.
Quiso decir un gran NO, pero no supo, o ya no era NO


Cobardía y atrevimiento. Calor y escalofríos. Fallarse a fuerza de inciertos aciertos.
Repugante adictivo sabor.

-No cederé. - Seré más fuerte la próxima vez...,
Debía engañarse a sí misma, mientras, se dejaba media vida en tragarla entera, y otra media vida en maquinar el precio del silencio en gemidos.

Y junto a su prometido gritó su amor a los cuatro vientos.
Y junto al resto de la cuadrilla silenció sus orgasmos a cienmil gemidos.
Y fueron felices y comieron perdices. Ella pollas. A montones.
__________________
La vida es más dura que mi entrepierna
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Antiguo 03-jul-2018, 00:09   #27
luis5acont
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Joder, entre el relato y la imagen... .
de eso se trata, de buscar un buen maridaje...me encanta que guste
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Antiguo 13-jul-2018, 01:49   #28
luis5acont
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Sandra agradeció la suave brisa de la calle. Hacía ya calor, pero al menos algo de aire se movía. Odiaba el metro en hora punta. Eso de ir como sardinas en lata, sin poder sentarse y con la sensación de bochorno de un espacio cerrado la ponía de los nervios. Ojalá pudiese vivir en uno de esos modernos estudios al lado de la universidad. Pequeños pero con todas las comodidades. A 10 minutos andando de la facultad. Y además individuales, lo que a ella le vendría genial para montarse un buen desahogo sexual de vez en cuando. Cuando se vino a estudiar a Madrid se las prometía muy felices en ese aspecto. Muchos chicos jóvenes y guapos donde elegir. Se follaría a los que ella quisiera. Sin compromisos, lo primero eran sus estudios, pero ya encontraría su tiempo para darse un buen homenaje al menos una vez en semana. Candidatos seguro que no le iban a faltar y allí sola en Madrid… pues podría hacer lo que quisiera sin nadie que la controlara ni la juzgara.

Sin embargo había pasado un trimestre y solo tenía una experiencia en su haber. Y no muy positiva por cierto. Una fiesta en un piso de estudiantes, un chico guapo y mucho alcohol. Se sentía eufórica y desplegó todo su encanto con él. Demasiado rápido y demasiado descontrolado. Acabaron follando en el cuarto de baño, ella echada sobre el lavabo mientras la follaba desde atrás. Las bragas bajadas hasta los tobillos, sin juegos previos más allá de unos morreos, ni una buena lubricación. Sandra casi ni se enteró cuando el chico se corrió. Entre el mareo del alcohol, el calor del cuarto de baño y algún idiota aporreando la puerta, imposible concentrarse ni disfrutar. La experiencia no daba ni para una paja posterior recordando el evento (todo había sido muy confuso), o reinventándolo a su gusto (demasiado sórdido para aprovecharlo).

Ni siquiera fue el inicio de algo mejor. El muy idiota quedo en que la llamaría y un mes después, ni rastro. Y ella no pensaba en modo alguno rebajarse a tomar la iniciativa de contactar con él.

Pero Sandra era una chica positiva. Se negó a caer en el pesimismo mientras caminaba los diez minutos que separaban la boca del metro de su piso de alquiler. Es cierto que vivía lejos porque sus padres no podían pagarle el precio de uno de esos estudios, pero al menos estaba en Madrid, estudiaba lo que quería y vivía por primera vez la aventura de su independencia. Ya habían hecho mucho por ella, la mayoría de sus amigas no tenía tanta suerte.

Además, lo de compartir piso le había salido bien. Era tan pequeño (dos habitaciones) que solo tenía que estar con otra chica: Paula.

Al principio se sintió decepcionada, porque Paula parecía recién salida del cascarón. Venia del pueblo y le daba miedo todo. En vez de una chica lanzada y descarada con la que compartir juergas y aventuras, le había tocado adoptar a una paleta asustada. Apenas hablaba y todo parecía superarla. Si hasta madrugaba una hora antes para irse con ella en el metro (le daba miedo salir sola de casa tan temprano). Pero en apenas un mes le había cogido cariño. Se le había pegado como una lapa y era su confidente, se ocupaba de la mayoría de las labores del piso, cocinaba para las dos y la seguía todos sitios. Parecía que Sandra era la primera amiga de verdad que había tenido y además se sentía deslumbrada por su autosuficiencia y desparpajo a la hora de enfrentarse a problemas que para ella parecían irresolubles. Se hicieron íntimas.

Y de sexo…bueno, Paula decía que no era virgen. Tenía un novio en el pueblo que cortó con ella antes de venirse a estudiar, pero por lo que contaba, Sandra no se explicaba que había hecho con él aparte de abrirse de piernas. Su inexperiencia quedó clara cuando le enseño a “sus amigos”, como ella los llamaba.

Sus amigas de toda la vida le habían hecho una fiesta de despedida cuando se vino a Madrid. En ella le regalaron dos juguetes eróticos para que se fuera aliviando mientras “encontraba novio”. El primero, un consolador flexible y gordo de goma. Este era más de cachondeo que otra cosa, se suponía que para hacer risas por el tamaño y el grosor…y efectivamente se rieron mucho, ¡que cabronas eran sus colegas! Aun no le había dado uso. Se le antojaba demasiado grande. El segundo, era un estimulador de en forma de U. Un extremo se introducía en la vagina y la vibración actuaba desde dentro. El otro se colocaba directamente sobre su clítoris y la combinación de ambas estimulaciones le provocaba unos orgasmos bestiales.

Ella necesitaba placer a diario, pero por la mañana siempre se levantaba tarde, le gustaba demasiado la cama, así que se iba al campus con las ganas intactas.

Normalmente era por la noche, ya en su cama y descansando, cuando le subía la libido y se había acostumbrado a correrse antes de dormir. La relajaba mucho. Y desde luego, no se cortaba. Sus jadeos se oían en todo el piso. Paula le dijo un día, que la iba a grabar con el móvil y le iba a enviar el audio a su familia. Vaya escándalo.

¿Qué pasa, tú no te tocas? Le preguntó…

Si claro, pero no grito tanto…dijo mientras bajaba la mirada avergonzada por hacer esa confidencia.

Pues te lo presto un día, ya verás que guay…solo me lo tienes que devolver limpito, eso sí…explicó mientras soltaba una carcajada…

¡Ay Paula que inocente!

Todavía recordaba el día que le confesó que un chico de la clase le gustaba. Guapo y deportista (practicaba triatlón) la tenía loquita perdida. Él no sabía nada claro y Sandra tardo lo justo en aparecer para echarle la radiografía. Esa tarde tuvieron reunión para analizar la cuestión. El veredicto de la “experta” estuvo claro: Paula no tenía nada que hacer. El chico era un encanto y tenía “mosconas” siempre a su alrededor, estaba rifado. Algunas de las chicas más guapas de la facultad iban detrás de él. No es que Paula fuera fea, es que el nivel era muy alto. Ella se sacaba muy poco partido, no sabía arreglarse y además su actitud cortada no ayudaba. Nada que hacer respecto a las barbies descaradas dispuestas a comérselo crudo si él se dejaba. Fuera de sus posibilidades…a menos que…

¿A menos que…? Preguntó Paula.

A menos que se lo pongas tan en bandeja que no se pueda resistir. Para un tío, por bueno que esté, un polvo es un polvo. Déjaselo tan fácil que no pueda decirte que no. Si en la cama le gustas, igual por ahí lo pillas, y si no, al menos te habrás follado un pibón.

Paula arrugo el entrecejo y se fue a preparar la cena sin contestar. Estaba claro que no se veía acercándose al chico y diciéndole: hola ¿quieres follar conmigo?

Sandra llego al piso. Ahora le quedaban tres plantas sin ascensor subiendo cargada con el portátil y los apuntes. Ufff, otra vez pensó en aquellos estudios con ascensor…bueno, de nuevo a ser positivas. Hoy había premio. Esa tarde se habían suspendido unas prácticas por una avería informática y llegaba a casa un par de horas antes. Se ducharía, comería algo y tras echarse una siesta, se llevaría a Paula de compras. Nada como unas amigas de tiendas para subirle el ánimo. Trataría que se comprara algo sexy para incrementarle la autoestima. Un clavo se saca con otro clavo. En cuanto otros chicos más asequibles le tiraran los tejos a su amiga, se le olvidaría su amor platónico. Ella sabía por propia experiencia, que más hacia una caricia real que cien imaginadas.

Llego casi sin resuello a su planta y abrió la puerta con cuidado. Quería sorprender a Paula. Dejó su mochila en el suelo y fue hacia la cocina. Ni rastro de su amiga. En el salón tampoco estaba. Solo podía estar entonces en el cuarto de baño o en su habitación. Se acercó a esta última y antes incluso de llegar a la puerta escuchó unos gemidos que provenían del interior.

Le costó identificarlos unos instantes. No porque no supiera que eran gemidos de gusto, sino porque le costaba imaginarse a su amiga dándose placer. A pesar de estar sus habitaciones pegadas una a la otra, en tres meses no la había sorprendido en una sola ocasión masturbándose. Sandra sonrió para sí misma. Su amiga se aguantaba las ganas hasta quedarse sola. Pero ganas tenia, a pesar de su compostura y formalidad cuando tocaban el tema del sexo, a tenor de los grititos que estaba soltando.

De repente se acordó de su frase: “te voy a grabar un día y enviaré el audio a tu familia, para que sepa lo que tengo que aguantar aquí contigo”…y se le ocurrió una maldad. Fue hasta su mochila y sacó el móvil. Seria ella la que la grabase por sorpresa. Solo para reírse un rato claro, luego lo borraría…esperaría a que acabase antes de dejarse ver para no cortarle el orgasmo. La cara de Pauli no tendría precio jajajajaaa…

Entreabrió la puerta solo lo justo para meter la cabeza. Activó la cámara del móvil y con mucho sigilo fue asomándose. Ahora oía con toda nitidez los suspiros y quejidos de su amiga, pero entre ella y Sandra estaba la pantalla del celular, que en ese momento era sus ojos. Mientras se aclaraba la imagen y el móvil se enfocaba en automático, un bulto borroso se movía frente a ella. Cuando este se volvió nítido, Sandra se quedó helada…

El bulto borroso era un culo…de hombre. De un chico atlético y joven para más señas. Un culo precioso y sugerente de modelo, sin una pizca de grasa. Duro y en tensión. Tan tenso como que el chaval se estaba follando a Paula, que abierta de piernas al borde de la cama, lo recibía en su interior facilitándole al máximo la penetración.

Ahora debía ser su cara la que no tenía precio, pensó Sandra. Con la boca abierta bajó el móvil hasta que quedó colgando de su mano, grabando el suelo. Incrédula aun, fijó de nuevo la mirada en la escena que tenía delante.

El chico, con los pies apoyados en el suelo, embestía con suaves golpes de cintura a su amiga. En la posición que estaba, abierta de piernas para él, era todo cuanto necesitaba para clavársela hasta el fondo, sin ningún obstáculo, sin demasiado esfuerzo. Le tenía que estar llegando hasta la matriz y cada vez que empujaba, ese sabroso culito se encogía un poco. Las piernas de la chica, sueltas en el aire, se mecían con cada arremetida. Ella acompañaba el movimiento con su pelvis, follándose a su vez esa polla que Sandra no podía ver porque la tenía enterrada en su vagina. No obstante, alcanzaba a ver los testículos entre las piernas del muchacho. Una mano de Paula agarraba el culito, arañando una de sus nalgas con apretones que coincidían con cada vergazo que recibía, y la otra quedaba oculta, seguramente abriéndose paso entre los dos pubis que se frotaban, para alcanzar su clítoris y provocar el orgasmo.

Sandra se volvió a fijar en el joven. Chico alto y con una buena envergadura, su compañera quedaba totalmente sobrepasada por él. Cuerpo musculado y fibroso y en buena forma. Apenas le costaba esfuerzo mantener la postura y parecía poder estar follándose a su amiga toda la tarde sin apenas sudar. Por eso solo había escuchado a ella, él apenas jadeaba.

Había algo familiar que… ¡Claro coño, que tonta! ¡Era el chico de su clase que tanto le gustaba! ¡El deportista!

La madre que pario a Paulita. Jamás hubiera pensado que se tomara su consejo tan en serio. No sabía cómo leches lo había hecho, pero se estaba follando al pibonazo de la facultad. La mosquita muerta. Allí estaba muriéndose de gusto mientras ella , la espabilada, la echada para delante, no se comía una rosca.

El orgasmo se adivinaba ya inminente. Paula se retorcía ahora y subió la cabeza poniéndose rígida. En ese momento, a través del costado, pudo ver a la boquiabierta Sandra asomando la cabeza. Por la puerta. Sus miradas se encontraron un instante. Abrió la boca como queriendo decirle algo a su amiga, pero solo un gemido ronco y prolongado salió de sus labios. Renunció a hablar y se dejó caer hacia atrás de nuevo, en un gesto de abandono, mientras el orgasmo la devoraba entera.

Sandra reaccionó al fin. Paso a paso, como si tuviera zapatos de plomo, retrocedió hasta su propia habitación. Cerró la puerta y se apoyó contra ella mientras entornaba los ojos. Las sienes le latían aun y la imagen del culo del joven con los huevos moviéndose, consiguió que se mojara.

Joder Paulita, joder…

Última edición por luis5acont fecha: 13-jul-2018 a las 02:05.
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Antiguo 14-jul-2018, 20:07   #29
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Te empeñaste, hacía años que no me depilaba el coño completamente, pero insististe en que lo hiciera. Y después resultó que no pudiste venir, y verlo, y tocarlo… Y ahora las braguitas se me pegan a la piel. Y cada paso es un deslizamiento del algodón sobre mi coño, cada movimiento un susurro hambriento de caricias, cada vez que me siento un estremecimiento de placer. Mi mano ya desciende para acabar lo que tú empezaste…
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Antiguo 15-jul-2018, 15:11   #30
luis5acont
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Te empeñaste, hacía años que no me depilaba el coño completamente, pero insististe en que lo hiciera. Y después resultó que no pudiste venir, y verlo, y tocarlo… Y ahora las braguitas se me pegan a la piel. Y cada paso es un deslizamiento del algodón sobre mi coño, cada movimiento un susurro hambriento de caricias, cada vez que me siento un estremecimiento de placer. Mi mano ya desciende para acabar lo que tú empezaste…


Hay oportunidades que se pierden como lagrimas en la lluvia...que diria nuestro amigo el replicante...

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Antiguo 16-jul-2018, 05:01   #31
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Pon algo de crema en la punta de tus dedos, y despierta tu polla, acariciala despacio.. siéntela bajo la Palma, como se desliza y empieza a luchar para levantar tu mano. Agárrala y pajeala, despacito, mírala como aparece y desaparece el glande en tu mano.. mantén un ritmo lento, constante.. y mantenlo mientras lees, ya te diré cuando cambias. No olvides tenerla bien lubricada, con la crema o el aceite a mano.

Estírate y ponte bien cómodo en la cama, cierra los ojos.. y transpórtate a esa primera vez... la primera vez que entendiste lo que ella estaba pensando, follandote con sus manos apoyadas en tu pecho.. con los ojos cerrados hacia el frente.. y por qué no cierra la boca? Y entonces lo comprendes.. su mente está devorando una polla mientras cabalga encima de ti... y eso te excita... en ese momento vuestras mentes parecen conectadas.. sin que ninguno de los 2 se haya atrevido a decir nada, los 2 estáis pensando lo mismo.. y lo sabéis.. y os pone.. os lo decís con la mirada, y ella más suelta aumenta el ritmo de la follada.
Y tú ahora aumentas el ritmo de tu paja.. no demasiado..
Quieres seguir, sabes que va a encantarle.. pero ese miedo en el estómago.. por si solo es fruto de tu calenton.. que gusto cuando sientes como se tensa al notar la presión de tu índice en su ano.. como la expresión de su rostro cambia.. y presiona ella misma para sentirse penetrada por sus 2 agujeritos.. te araña los hombros sin darse cuenta, y envalentonado le metes los dedos de la mano libre en la boca.. nunca habéis hablado de ello, ni te lo imaginabas..pero ahí estabas, siendo cabalgado por tu hembra, completamente enajenada, devorando tu dedo sin pudor alguno, mientras intentas meterle el dedo más adentro del culo..
Aumenta el ritmo de tu paja.. porque ya no vas a aguantar..
Recuerda ese momento.. cuando al fin te decides a preguntarle inseguro,
-Te gustaría tener 3 pollas para ti solita?-
No sabes si te ha escuchado xq parece en otro mundo.. parece que ya viene.. pero necesitas oírlo..
-quieres tener 3 pollas para ti solita- gritas..
Demasiado para ella... que se corre como una loca sobre tu polla confesándote por primera vez, que esa novia tuya que tanto se hacía la dura al principio en realidad se muere por sentirse rodeada de pollas escupiendo semen sobre ella... y tú estás encantado de ofrecérselo 🙂
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Antiguo 03-ago-2018, 00:55   #32
luis5acont
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¿Que coño haces?

Me has mandado los datos de la semana pasada. ¿Quieres hacer el favor de concentrarte de una vez? joder, media tarde y aun estamos liados con esta mierda de informe. Espabila que quiero irme ya a casa!!!!!

Ostia puta, es verdad. Perdona Ruben, en dos minutos los tienes...

Tu jefe tiene toda la razon. Llevas toda la tarde ido. Con la cabeza en otro sitio, en otro lugar aunque no muy lejano. Mas bien al otro lado del pasillo, en el servicio masculino.

Y no estas ido por los chupitos que os habeis metido en la comida. La cosa se os ha ido de las manos celebrando que los tres becarios ya pasan a formar parte de la plantilla. Pero no es el alcohol, al menos en tu caso. Quiza si en el caso de Elena, una de las dos chicas nuevas que junto con Pedro forman el trio afortunado.

Fuiste al servicio a la vuelta del almuerzo, mucha cerveza que mear, y te quedaste de piedra. ¿Que hacia alli Elena sola? ¿Por que habia entrado en los aseos masculinos?

Te diste la vuelta para salir, ella no se habia dado cuenta de tu presencia, pero en la puerta te volviste de pronto. Estabas descolocado...que coño hacia Elena?

Cogistes el movil y sacaste una foto. Aun no sabes porque lo hiciste.

Lo unico que sabes es que no puedes parar de mirarla, cada dos por tres lo desbloqueas y te quedas en babia contemplandola. Ya no te preguntas nada, has renunciado a comprender, solo miras...
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Antiguo 03-ago-2018, 21:42   #33
elefant
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Antiguo 02-sep-2018, 11:13   #34
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Ernesto se situó en su lugar preferido para desayunar. Entre dos panteones, pegado a la tapia y a la sombra de una frondosa higuera. Allí, sobre el suelo de mármol que rodeaba la construcción fúnebre, se estaba relativamente fresco y a salvo de miradas curiosas. No es que en el caso improbable, de que un día laborable por la mañana apareciera alguien, le fuera a importar encontrárselo desayunando. Allí en el pequeño pueblo todos se conocían. Pero él conservaba costumbres de la gran ciudad. Y prefería que siempre lo vieran trabajando. Y también estar en un sitio donde hacer una pausa y poder ver sin ser visto. Eso lo relajaba. Desde allí, podía ver la entrada y la calle principal del camposanto.

El viejo Eufrasio, el peón de mantenimiento y jardinería al que había sustituido, le había indicado que ese era el mejor lugar de todo el cementerio para sentarse a descansar. Y no se equivocaba. Sonrió al acordarse de Eufrasio. El alcalde había tenido buen tino al hacerles coincidir un par de meses, para que pudiera ponerlo al día antes de su jubilación. Menudo personaje. Le había enseñado todo lo necesario: del trabajo y del pueblo.

Ernesto se llevó el sandwich a la boca, pero justo antes de dar el primer bocado, se quedó paralizado. La mano no llego a completar el movimiento. La boca permaneció abierta, como queriendo morder el aire. No podía ser cierto. No podía creer lo que estaba viendo.

Eufrasio le había contado muchas historias. Y era condenadamente difícil distinguir las ciertas de las inventadas. A veces, cuando algo le parecía real y lo comentaba con el resto de vecinos, se reían poniendo de manifiesto que el viejo peón se había vuelo a quedar con él. Por el contrario, en otras ocasiones, ante una historia sorprendente o rara, que hubiese apostado todo a que era falsa, muy serios le decían: pues claro que pasó. Eso es cierto. Ya había renunciado a entender aquel sitio y a aquellas gentes. Le bastaba con saberse querido e integrado, tener sueldo fijo y una vivienda cedida por el ayuntamiento para él y su familia. La gente joven escaseaba por allí. Pero de todas las anécdotas que le contó Eufrasio, si había una que estaba convencido que no podía ser cierta de ninguna de las maneras, era aquella.

Una mujer joven y enlutada, a principios del verano, una vez al año. Siempre por la mañana y en día laborable. Cerciorándose que no hubiese ningún entierro. Asegurándose que el cementerio estuviese vacío, que el operario municipal estuviese en otras faenas por el pueblo. Sin duda no lo había visto, allí entre las sombras de la higuera.

Cerró los ojos y la recordó tal y como su viejo mentor la había descrito. Morena, pelo recogido en un moño, siempre de negro. Con medias transparentes con una raya negra atrás y un sombrero con velo. Todo combinado, de un gusto exquisito que no cuadraba en absoluto con aquel olvidado rincón de la serranía.
Volvió a abrirlos pasados un par de segundos. Tenía que ser un espejismo, una imagen creada por su mente, una sugestión al acordarse de su amigo. Sin duda ya habría desaparecido y...

¡Efectivamente! ¡Ahora el camino parecía desierto!


Pero algo no cuadraba. Seguían oyéndose pisadas sobre la grava. Ernesto se incorporó y salió con sigilo a la calle principal, justo a tiempo para ver a la figura negra girar hacia la derecha, entre unas tumbas descuidadas. Un escalofrio le recorrió la columna vertebral: Era real.

¿Sería una coincidencia? Bueno, si era la persona que Eufrasio le había descrito, ya sabía dónde se dirigía. A la esquina más alejada de cementerio. A una sepultura muy concreta. Ernesto dio un rodeo, accediendo al lugar pegado a la parilla exterior, procurando no hacer ningún ruido y ocultándose entre nichos y panteones familiares. Seguro que solo era una casualidad. Una chica de fuera del pueblo visitando la tumba de sus abuelos. Solo eso.

¡Mierda! se había detenido junto a la tumba que le había señalado Eufrasio.

Se pone allí…y hace cosas…

¿Cosas? ¿Qué cosas? Había preguntado él, burlón.

Cosas de mujeres. Le contestó su amigo muy serio.

Ninguna explicación y ninguna pregunta más. Ernesto ni siquiera consideró la posibilidad que fuera cierto. Una mirada de desaprobación y un meneo de la cabeza a ambos lados, como mostrando su negativa a que Eufrasio le volviera a tomar el pelo.

Y ahora volvía a hacer ese gesto, pero de asombro: no puedo creerlo…murmuró.

Ella se situó frente a la tumba. A sus pies, una gruesa lápida de mármol gris, con una figura esculpida a modo de bajorrelieve, mostraba a un hombre joven tumbado boca arriba. Sus fracciones eran suaves y su rostro relajado, como si durmiera. Estaba vestido con un traje, elegante en su sueño eterno. Ernesto se había fijado a veces en aquella sepultura. Se preguntaba quién sería. Si la imagen era un reflejo fiel del allí enterrado o solo una alegoría.

La misteriosa mujer separó las piernas, quedándose en una postura muy poco considerada para el lugar. No le había visto aun la cara, pero el vestido negro ceñido dejaba adivinar un cuerpo hermoso, proporcionado y con redondeces muy sugerentes. Poco paño para visitar un camposanto. Se le quedaba tan corto que las ligas se advertían apenas ocultas en su borde. Pronto no hubo que adivinar nada. Ella giro la cabeza en todas direcciones para cerciorarse de que no la veía nadie y para sorpresa de Ernesto, se lo subió hasta la cintura dejando ver un culo perfecto, enmarcado por unas bragas transparentes ribeteadas de cinta negra. Una de las manos se fue a su vientre. Quizá a la entrepierna. No podía verlo desde esa posición, ella estaba de espaldas.

Luego, un suave balanceo de caderas, como si presentara o enseñara algo a la figura esculpida. Ernesto no tuvo que imaginar mucho que podía ser. Con una elegancia pasmosa se subió en la lápida, mientras contoneaban sus nalgas a cada paso que daba. Cuando llego a la altura de la entrepierna de la escultura, se dejó caer de rodillas, sentándose sobre el lugar donde debería estar la verga. Un momento embarazoso mientras se acomodaba a horcajadas, pero a pesar de todo, la chica tenía una gracia natural hasta cuando perdía la compostura.

Ahora, el vestido quedaba muy arriba y no ocultaba nada. El culo, (adornado por el liguero y las medias), se ofrecía como un manjar a la vista y se apreciaba claramente el contacto de su sexo con el mármol, recalentado ya a esas horas.
La joven viuda (esa categoría le había otorgado ya Ernesto), se inclinó hacia delante, echando los brazos sobre la cabeza. El tintineo del collar de plata al tocar el canto tallado, anunciaba que los pechos pronto rozarían la piedra tibia. Las manos rodearon la cara del inmóvil amante. Sus labios tocaron la boca de mármol. Un beso quedó depositado en ella, junto con restos de carmín.

La mujer se incorporó, apoyando las manos en el pecho de la estatua. Sus caderas iniciaron un lento movimiento que le permitió frotar su sexo contra la pétrea dureza. Durante un rato estuvo así jugando, aparentemente sin prisas, tomándose su tiempo. Luego, sus manos siguieron caminos diferentes. La derecha desapareció entre sus piernas. Un movimiento suave al principio. Frenético más adelante. Ernesto podía ver como encogía las nalgas al ritmo de las punzadas de gusto que sentía. La mano izquierda fue hacia su escote. En el momento de mayor placer, tiró de él hacia abajo y dos tetas redondas saltaron fuera. Ella agarró y pellizcó los pezones con fuerza, casi con rabia. El orgasmo fue instantáneo. Sus muslos se contraían contra los de la estatua, la boca hacia el cielo emitiendo un sordo rugido, como de pantera en celo, toda de negro, presa de sus instintos.

Luego cayó sobre el inmóvil amado. Un nuevo abrazo no correspondido. Un largo rato murmurándole palabras que Ernesto no podía oír, que no sabía si llegarían al más allá, pero que intuía que se dirigían más a ella misma que a su difunto.
El tiempo no corría, parecía haberse detenido allí, en aquel pueblo perdido de la montaña, donde un día, un desconocido para todos (excepto para la misteriosa mujer), fue a parar a una tumba que desentonaba con su entorno. Nadie supo quien era ni porque habían decidido enterrarlo allí. ¿Quizás por la soledad que le permitía a su viuda hacer esas visitas? ¿Era un hijo desconocido del pueblo?
Ella se levantó despacio. De pie frente a la lápida, se acomodó la ropa. Los pechos aun turgentes volvieron al sostén de encaje negro. El vestido bajó hasta poco menos que el inicio de sus muslos, dejando a la vista unas medias arañadas y con alguna carrera. El tocado y el velo fueron recolocados. Ella recobró la compostura y se dirigió a la salida. Apenas dio unos pasos, se giró y lanzo un último beso de adiós. O más bien de “hasta el año que viene, amor”.

Porque Ernesto no dudaba que volvería.

La siguió con la vista, el caminar elegante y sensual, el paso decidido. Apenas pudo moverse, diríase que se había convertido en uno de los ángeles de piedra que velaban el camposanto. Cuando oyó arrancar un coche, se acercó a observar de cerca la tumba. Algo brillaba en la entrepierna de la estatua, que formaba un pequeño bulto en el que nunca se había fijado. ¿Estaría hecho a propósito?
Una humedad aparentemente pegajosa estaba allí depositada. Posiblemente flujo fresco, aunque solo una pequeña mancha. Junto a la cabeza descansaba una rosa blanca. Arrugó la frente. No había visto a la mujer llevarla. Aunque ese detalle podía haberle pasado fácilmente desapercibido con todo lo demás, demasiado para él.

Se dio cuenta que tenía una erección… ¿Desde cuándo estaba así? Se sintió avergonzado de estar frente a esa tumba en aquellas condiciones y volvió la espalda, caminando hacia la casa que hacía las veces de oficina y almacén. Nada más entrar, se dirigió a la pared donde colgaba un gran calendario, propaganda de una funeraria. Tomo un rotulador del escritorio y marcó en rojo el día que era.
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El relato anterior se me ocurrio a partir de una historia real.

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Antiguo 04-sep-2018, 08:59   #36
elefant
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El relato anterior se me ocurrio a partir de una historia real.
Como siempre, la realidad supera a la ficción .

¡Gracias!
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Antiguo 10-sep-2018, 12:32   #37
luis5acont
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La segunda noche en Ibiza y Carmen sin aparecer. Loli puso un mensaje en el grupo a ver si contestaba. Vaya tela. Nada de nada.

Era hora de recogerse, así que las tres amigas cogieron un taxi de vuelta al hotel.

La segunda jornada en la isla comenzó prometedora, conociendo a unos chicos en la playa por la mañana y siguiendo por la noche para unas copas. Dos de ellos muy guapos y atléticos, con pinta de modelos. Pero la cita no fue bien. Solo vino uno de los apuestos, con tres más que no daban la talla. Ni en hermosura ni en simpatía.

Tampoco pedían tanto, eran chicas de juerga en Ibiza que solo querían pasárselo bien. Estaban dispuestas a bajar un poco el listón, pero no hubo manera.

Se centraron en el más guapo, compitiendo por él sin recatarse demasiado. Gestos, insinuaciones, miradas…Al menos que una pudiera follar bien esa noche. Pero incluso ahí, también el tipo metió la pata. Soltó una “perla” que las dejó frías a las cuatro. Hablaban de sexo y habían puesto la directa. Otra forma de llevarse la presa. Cada chica decía lo que le gustaba hacer en la cama, como ofertas de placer para que el guapete se decidiera al fin por alguna de las candidatas.

Cuando Inma comentó que le gustaba que le hicieran sexo oral, él torció el gesto, en un ademan que no pasó desapercibido a ninguna.

¿Qué pasa? ¿No te gusta comer almeja? Le soltó Bea de sopetón.

Bueno, la verdad es que no me gusta demasiado el sabor a marisco, no…

Pero seguro que te gusta que te la chupen ¿no?

No es lo mismo…

¿¿¿¿No es lo mismo???? Y eso… ¿Por qué?


Bueno, el coño (perdonadme por la expresión, pero mejor hablar claro) es más… no sé, como más propenso a acumular suciedad y olores. El flujo, la regla, etc…al fin y al cabo es un agujero natural y siempre es más difícil de mantener la higiene…a mí siempre me da algo de olor…

Es tan fácil como lavarse, igual que vosotros os laváis la polla y los huevos…bueno, algunos…
contestó Inma con sorna.

Menudo gilipollas. Al final todos iban a salir rana. El ambiente se enfrió, a pesar de los intentos de ellos de reconducir la situación. Parecía claro que esa noche se iban en blanco, cuando Carmen se empleó a fondo con el “modelo”. En un arranque que las dejó a las tres fuera de juego, mientras bailaban, le echó los brazos al cuello y le comió la boca. Sus curvas se ofrecieron a sus manos, sin más restricciones que las que él quiso poner por estar en un sitio público. Varios restregones de las tetas por su pecho y un contacto directo en los bajos, completaron la faena, convirtiendo al chico en una bola de testosterona, músculos y deseo, incapaz de seguir otra senda que la que Carmen le trazaba.

Luego, vieron atónitas como se iban juntos, sorprendidas tanto por el golpe de mano de su amiga, como porque no hubiese dado apenas importancia al comentario hecho por él. Carmen era la más guerrera de la pandilla, y aunque como las demás, estuviese loca por echar un buen polvo con un tío guapo y aparente, les extrañaba mucho que perdonara un desliz de ese calado. Por mucho menos se la había liado parda a otros.

¿Dónde estarían ahora? Estaban preocupadas por su amiga y se entretuvieron en la recepción un momento, comentándolo.

De repente, se oyó la notificación de entrada de un mensaje en el móvil. En realidad en los tres móviles casi simultáneamente. Había respondido en el grupo.

Ya vuelvo.

¿Ya? ¿Qué ha pasado?

Nada, ahora os cuento…


Una foto entró en el chat y cargó rápidamente.

Atónitas vieron una imagen tomada desde arriba en lo que parecía ser un aseo de un pub. Carmen sentada en el lavabo, abierta de piernas y sin bragas. No se le veía bien la cara pero era evidentemente ella. El vestido, las formas, su coñito sin depilar por completo como era su costumbre…

Entre sus muslos, una cabeza rubia, que tampoco costaba nada identificar. La boca en contacto directo con su coño. La nariz apenas sobresalía sobre su pubis.
La imagen estaba tomada desde arriba. Carmen la había hecho con el brazo extendido, sin flash, seguramente sin que el chaval se percatara.

No salían de su asombro.

Joder, con el que no le gustaba chupar almejas…

Unos minutos después, Carmen hacia su entrada en el hotel. Sus amigas la recibieron con aplausos que generaron miradas de desaprobación por parte de la recepcionista.

¿Pero ya estás aquí? ¿No habéis seguido?

No, solo de he dado de cenar un poco de marisco y lo he dejado sin postre, rió Carmen…

Jajajaa que cabrona. Si sabíamos nosotras que había gato encerrado. ¿Carmen callándose? ¡Ni de coña!

Pues el pobre estaba como una moto. Lo puse a cien y en el siguiente garito me lo lleve al wáter. No veáis la cara cuando me quité las bragas y me senté en el lavabo. Me la quería meter del tirón. Cuando le dejé claro que tenía que pasar antes por ahí, no dijo ni mu. Se bajó al pilón de inmediato. Y que sepáis que desde esta mañana que me duché, aquello estaba sin tocar. Había ido varias veces a mear y además lo tenía convenientemente mojadito por el gusto que me estaba dando. Este, a partir de ahora, se lo come todo.

Jajajaaaaa…habrás aliviado al chaval al menos ¿no?

No, se me hacía tarde y le dije que ya lo llamaría otro día…que prefería continuar en un sitio más íntimo…

¡Venga ya! ¿Al final no follaste con él? ¿No le hiciste ni una paja al chaval?

Yo no follo con gilipollas…solo los curo de sus manías…



Subieron juntas al ascensor sin poder reprimir las risas…
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Antiguo 19-oct-2018, 23:33   #38
slaveofdesire
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Me encanta este hilo. A ver si me animo un día a escribir yo también un microrelato
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Antiguo 20-oct-2018, 19:15   #39
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Me encanta este hilo. A ver si me animo un día a escribir yo también un microrelato
Pues animo y a ello
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Antiguo 22-oct-2018, 13:19   #40
elefant
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…solo los curo de sus manías…
Tratamiento de choque .
Pero que no presuma mucho Carmen, que se le van a presentar cientos de pacientes para que los cure .
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Antiguo 26-oct-2018, 22:52   #41
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La segunda noche en Ibiza y Carmen sin aparecer. Loli puso un mensaje en el grupo a ver si contestaba. Vaya tela. Nada de nada.

Era hora de recogerse, así que las tres amigas cogieron un taxi de vuelta al hotel.

La segunda jornada en la isla comenzó prometedora, conociendo a unos chicos en la playa por la mañana y siguiendo por la noche para unas copas. Dos de ellos muy guapos y atléticos, con pinta de modelos. Pero la cita no fue bien. Solo vino uno de los apuestos, con tres más que no daban la talla. Ni en hermosura ni en simpatía.

Tampoco pedían tanto, eran chicas de juerga en Ibiza que solo querían pasárselo bien. Estaban dispuestas a bajar un poco el listón, pero no hubo manera.

Se centraron en el más guapo, compitiendo por él sin recatarse demasiado. Gestos, insinuaciones, miradas…Al menos que una pudiera follar bien esa noche. Pero incluso ahí, también el tipo metió la pata. Soltó una “perla” que las dejó frías a las cuatro. Hablaban de sexo y habían puesto la directa. Otra forma de llevarse la presa. Cada chica decía lo que le gustaba hacer en la cama, como ofertas de placer para que el guapete se decidiera al fin por alguna de las candidatas.

Cuando Inma comentó que le gustaba que le hicieran sexo oral, él torció el gesto, en un ademan que no pasó desapercibido a ninguna.

¿Qué pasa? ¿No te gusta comer almeja? Le soltó Bea de sopetón.

Bueno, la verdad es que no me gusta demasiado el sabor a marisco, no…

Pero seguro que te gusta que te la chupen ¿no?

No es lo mismo…

¿¿¿¿No es lo mismo???? Y eso… ¿Por qué?


Bueno, el coño (perdonadme por la expresión, pero mejor hablar claro) es más… no sé, como más propenso a acumular suciedad y olores. El flujo, la regla, etc…al fin y al cabo es un agujero natural y siempre es más difícil de mantener la higiene…a mí siempre me da algo de olor…

Es tan fácil como lavarse, igual que vosotros os laváis la polla y los huevos…bueno, algunos…
contestó Inma con sorna.

Menudo gilipollas. Al final todos iban a salir rana. El ambiente se enfrió, a pesar de los intentos de ellos de reconducir la situación. Parecía claro que esa noche se iban en blanco, cuando Carmen se empleó a fondo con el “modelo”. En un arranque que las dejó a las tres fuera de juego, mientras bailaban, le echó los brazos al cuello y le comió la boca. Sus curvas se ofrecieron a sus manos, sin más restricciones que las que él quiso poner por estar en un sitio público. Varios restregones de las tetas por su pecho y un contacto directo en los bajos, completaron la faena, convirtiendo al chico en una bola de testosterona, músculos y deseo, incapaz de seguir otra senda que la que Carmen le trazaba.

Luego, vieron atónitas como se iban juntos, sorprendidas tanto por el golpe de mano de su amiga, como porque no hubiese dado apenas importancia al comentario hecho por él. Carmen era la más guerrera de la pandilla, y aunque como las demás, estuviese loca por echar un buen polvo con un tío guapo y aparente, les extrañaba mucho que perdonara un desliz de ese calado. Por mucho menos se la había liado parda a otros.

¿Dónde estarían ahora? Estaban preocupadas por su amiga y se entretuvieron en la recepción un momento, comentándolo.

De repente, se oyó la notificación de entrada de un mensaje en el móvil. En realidad en los tres móviles casi simultáneamente. Había respondido en el grupo.

Ya vuelvo.

¿Ya? ¿Qué ha pasado?

Nada, ahora os cuento…


Una foto entró en el chat y cargó rápidamente.

Atónitas vieron una imagen tomada desde arriba en lo que parecía ser un aseo de un pub. Carmen sentada en el lavabo, abierta de piernas y sin bragas. No se le veía bien la cara pero era evidentemente ella. El vestido, las formas, su coñito sin depilar por completo como era su costumbre…

Entre sus muslos, una cabeza rubia, que tampoco costaba nada identificar. La boca en contacto directo con su coño. La nariz apenas sobresalía sobre su pubis.
La imagen estaba tomada desde arriba. Carmen la había hecho con el brazo extendido, sin flash, seguramente sin que el chaval se percatara.

No salían de su asombro.

Joder, con el que no le gustaba chupar almejas…

Unos minutos después, Carmen hacia su entrada en el hotel. Sus amigas la recibieron con aplausos que generaron miradas de desaprobación por parte de la recepcionista.

¿Pero ya estás aquí? ¿No habéis seguido?

No, solo de he dado de cenar un poco de marisco y lo he dejado sin postre, rió Carmen…

Jajajaa que cabrona. Si sabíamos nosotras que había gato encerrado. ¿Carmen callándose? ¡Ni de coña!

Pues el pobre estaba como una moto. Lo puse a cien y en el siguiente garito me lo lleve al wáter. No veáis la cara cuando me quité las bragas y me senté en el lavabo. Me la quería meter del tirón. Cuando le dejé claro que tenía que pasar antes por ahí, no dijo ni mu. Se bajó al pilón de inmediato. Y que sepáis que desde esta mañana que me duché, aquello estaba sin tocar. Había ido varias veces a mear y además lo tenía convenientemente mojadito por el gusto que me estaba dando. Este, a partir de ahora, se lo come todo.

Jajajaaaaa…habrás aliviado al chaval al menos ¿no?

No, se me hacía tarde y le dije que ya lo llamaría otro día…que prefería continuar en un sitio más íntimo…

¡Venga ya! ¿Al final no follaste con él? ¿No le hiciste ni una paja al chaval?

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Antiguo 18-nov-2018, 21:03   #42
luis5acont
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Ellos andan delante de ti por el pasillo oscuro y enmoquetado. No sabes si es el ruido apagado de sus pasos sobre la alfombra, o los latidos sordos de tu corazón, lo que te golpea en las sienes. Tú no caminas, sino que pareces levitar apenas a un palmo del suelo.

Un ligero mareo te embarga. Estas en tensión y una leve nausea te sube por la garganta. El, la lleva cogida por la cintura, tomando por anticipado posesión de lo que ya entiende como suyo. Guiándola hasta la puerta de la habitación. Evitando dudas e indecisiones por su parte. Dando ya por consumado el trato.

Ella no le toca. Sus brazos caen a los lados y acompañan el movimiento de sus caderas. La sabes nerviosa. Aunque trata de aparentar seguridad, aun duda.
Piensas en echarte atrás, aún hay tiempo. No habéis cruzado la puerta. Todavía es posible un “vamos a dejarlo para otra ocasión, no estamos preparados”…pero sabes que él tiene razón. O lo estáis ahora o no lo estaréis nunca. Solo hay una forma de saber si este es el camino correcto. Hay que ser valientes. Hay que hacer realidad las fantasías.

Tiene experiencia, ha conseguido que sus palabras os empujen escaleras arriba, y no ha necesitado repetirlas para que aun resuenen en vuestros oídos, dándoos ánimos para traspasar esa puerta que os acaba de abrir.

Tu esposa duda un instante, y luego, sin volver la vista hacia ti, entra en la habitación.

Una botella de champan descorchada, una última copa tiembla en la mano de tu mujer que se la bebe de golpe, tratando de darse ánimos.

Vamos a lo que hemos venido ¿No os parece?...dice él mientras la agarra por la cintura y la lleva hasta la cama. Con estas palabras lo ha dicho todo. Te vuelve a dejar fuera de juego, dominando la situación, como corresponde su rol de macho dominante. Abajo, en el restaurante, no has hecho sino hablar y hablar sin decir nada. Tratando de romper el hielo inútilmente; de crear una atmosfera de complicidad sin conseguirlo; de rebajar la tensión para poder concentraros en disfrutar, pero ésta, no ha hecho sino aumentar. Y sin embargo, él con una sola frase pone las cosas en su sitio. No solo con palabras, son también sus movimientos, estudiados y seguros. Sin apelación posible. Los dos estáis como hipnotizados y le dejáis hacer.

Ella se deja quitar un tirante del vestido. Luego el otro. La ves estremecerse, inquieta, mientras le besa el cuello y lo recorre con sus labios. El sostén de encaje blanco queda al descubierto.

Te desquicias. Estas perdiendo el control. Tienes la horrible sospecha de que quizás nunca lo has tenido.

Una caricia deja al aire sus pechos. Los pezones como dos pitones, furiosos, asustados y excitados, apuntan al cielo… si lo hubiera. Pero no hay cielo, solo un infierno preñado de lujuria, deseo y duda. El vestido cae a sus pies con solo unos movimientos de cadera. Manos expertas desaparecen entre sus muslos y buscan el tesoro bajo las braguitas blancas.

Ella se deja hacer, al principio indiferente, luego obediente y mas tarde, empieza a mover su pelvis, acompañando suavemente las caricias. La mirada se le vuelve turbia, te mira y cierra los ojos. La respiracion se le acelera casi a su pesar.

Pasado un rato, cae de rodillas entre temblores, y se aferra a una verga que roza provocadora su cara. El no le ha pedido que la tome, ha sido iniciativa suya, quiza un acto reflejo.

Cada suspiro, cada jadeo, se te clava en la mente. Luego baja formando un nudo por tu garganta y cae en el estómago, provocando un leve mareo que te hace tambalear. Luego, finalmente un cosquilleo atraviesa el vientre y se trasforma en una gran erección, dura y palpitante. Renuncias a hablar, ya es tarde para decir o hacer nada. Te dejas caer en un sofá…y miras…

Parece que apenas ha pasado un instante, pero no sabes cuánto tiempo llevan entrelazados en la cama. El que él ha considerado necesario para derribar sus defensas, para hacerla abstraerse de tu presencia, para que olvide la situación y se centre en el placer.

La vista se te nubla, te cuesta enfocar en la penumbra.

Crees que la has oído gemir. Piensas que se aferra a su carne con deseo. Sospechas que ha pronunciado su nombre mientras la penetra. Ves que cierra los ojos cuando llega al clímax y se corre entre convulsiones. ¿O eres tú el que los ha cerrado? Todo es como un sueño y luego, no sabrás con seguridad distinguir la realidad de lo imaginado.

Quizás lo único cierto será la mancha de semen en tu pantalón. Te has corrido solo frotándote, sin llegar a sacar la verga de su escondite. No eres apenas consciente de que ha sucedido. Notas la humedad pegajosa incrédulo, mientras la mancha se extiende.

Y como una alucinación lo ves salir de ella y levantarse de la cama. Se sitúa desnudo frente a ti, para que puedas ver bien su polla aun erecta y con un goterón de esperma que deja un hilo transparente al caer. Se mueve a los lados y el hilo se abraza a su falo, dejando un rastro brillante. Es curioso cómo te fijas en esos detalles y todo pasa a cámara lenta. Y también como ya estás tranquilo, una extraña paz te invade. De alguna forma sientes que ya no hay dudas porque ya es irreversible. Que la suerte está echada.

Esto ha sido solo el principio, afirma…Pronto habrá más…

Él, cumple el pacto y se viste. Debe dejaros ahora solos. Tenéis que digerir todo lo que ha sucedido, el paso que habéis dado y sus consecuencias.

Te acercas a la cama y recorres con la mirada el cuerpo de tu mujer. Las marcas en sus caderas, justo donde sus manos la han aferrado para embestirla; su vientre palpitante aun; su sexo depilado y húmedo de Dios sabe qué; sus pechos pequeños y arañados en el fragor del polvo…y por fin su cara. Ahí debe estar la respuesta.
El sudor cae por su frente, sus labios son un borrón de carmín, la expresión serena. No ves odio, ni arrepentimiento, ni rechazo. Solo brillar un destello de lujuria que parece ir apagándose poco a poco.

Y no habláis.

Te quitas la ropa y observas una nueva erección mientras te colocas entre sus muslos, que ella abre ahora para ti. Notas como el calor invade tu falo a medida que entra sin dificultad en sus entrañas. Ella exhala un sonoro suspiro y ves que de nuevo la luz de la lujuria vuelve a sus ojos.

Todo está bien, piensas mientras hacéis el amor…
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Antiguo 04-dic-2018, 11:21   #43
luis5acont
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Caminas junto al muelle despistado y meditabundo. Delante, Rosa ríe y hace bromas con el resto del grupo. Está contenta y animada.

Tu sin embargo, ni siquiera sabes si alegrarte o no de que haya aparecido de nuevo en tu vida. Es la hermana mayor de tu amigo Pablo y te saca 14 años. Acaba de entrar en los cuarenta.

Tras mucho tiempo desaparecida, divorcio y vuelta a la ciudad. Han pasado años sin verla y ahora a todas horas la tienes alrededor. Recuerdas como ella era tu amor de juventud. Cuando apenas empezabas a salir con chicas, ella era tu diosa, tu referente. Libre, desinhibida, sensual, cercana pero inalcanzable, a otro nivel.
Te colabas en sus fiestas, oías su música, les veías beber y fumar cosas que para ti aún estaban prohibidas. Y ella disfrutaba provocándote, dejándose admirar, divertida ante la expectación que generaba entre los amigos de su “hermanito”.

Ahora parece que todo se repite.

Vuelve a jugar contigo, a envolverse de un halo de picardía y sensualidad, a sacar temas inapropiados para un hombre que lleva tanto tiempo sin ver, que ya no es un chico atolondrado y embobado con ella…o eso debiera. ¿A que vienen esas confianzas, como si se hubiera ido ayer? ¿Por qué te cuenta detalles de su vida íntima? ¿Y ese interés en saber de la tuya?

Ha reconocido el terreno y ya sabe que estas libre. Se ha encargado de que sepas que ella está disponible y que viene con ganas, después de un mal final a su relación. Rompe la distancia tocándote, dándote un beso húmedo en la mejilla vez que se encuentra contigo, prolongando el contacto físico. Hace bromas (¿o no lo son?), acerca de si esta vez no está dispuesta a dejar pasar la oportunidad de follarse un yogurin si tiene la oportunidad…

Pero tú no estás dispuesto a que te trate como un crio. Ni eres ya adolescente, ni ella está en la veintena. Tú quieres dejar las cosas claras entre ambos. No soportas que sea condescendiente ni juegue contigo. Si pretende algo, que lo pida. Que muestre sus cartas. Y si no que te deje en paz.

Así se lo has dado a entender esta mañana en un aparte.

¿Vas en serio o qué? Me gustas pero no estoy dispuesto a perder el tiempo ni a hacer el bobo.


Ella te sonríe y muy calmada te dice que en un rato te dará la respuesta, casi molesta porque hayas interrumpido su diversión
.
¿En un rato? ¿Qué es lo que tiene que cavilar? ¿Está riéndose de ti? No sabes que pensar. El tono ha sido neutro, sin asomo de burla.

Ella se descuelga del grupito y entra en unos aseos. Espérame un momento…te dice.

Cuando sale te mira con picardía. Retomáis el camino juntos tras el grupo de amigos. Está claro que ha parado porque quiere poner distancia. De repente, se da la vuelta y queda frente a ti, dándoles la espalda a los demás. El muelle esta desierto en ese momento. Con una mano, busca el pliegue de su falda y lo retira a un lado. Un triángulo surge ante tus pasmados ojos. Por arriba está delimitado por dos extremos del pubis, donde aparecen pelillos recortados, como césped en una pradera. En el vértice de abajo, su sexo se muestra sin ambages, al aire libre y perfectamente visibles los labios de su coño.

Desafiante, lo mantiene expuesto ante ti unos segundos eternos. Te has quedado paralizado y tu cara debe ser un poema porque ella suelta una risotada. Te estremeces pensando que todo el mundo la ha oído, que todos se han dado cuenta, pero ese momento parece perteneceros, porque nadie os observa. Y si no ha sido así… ¿A quién le importa?...parece decirte ella con la mirada.

Pero aún no ha acabado. Te da algo con la otra mano, en la que hasta ahora no te habías fijado. Son sus bragas. Lencería verde de seda.

Toma, guárdamelas. Ya me las darás esta noche cuando quedemos.

Y acto seguido se da la vuelta y camina al encuentro de los demás. Esta vez anda de forma un tanto diferente. Como moviendo más voluptuosamente las caderas. Hipnotizándote con el bamboleo de su culo. Está claro que te está dedicando el paseíllo…

Hasta entonces has estado atónito por la sucesión de hechos, pero ahora, una erección explota en tu entrepierna. Sabes que va desnuda y que ya es seguro que esta noche vas a gozar de lo que hay debajo de la falda, ese coñito que ella te ha dejado ver.

Bueno, aquí tienes su respuesta…piensas. Ha vuelto a demostrar quién tiene la iniciativa, quien es la que manda…pero eso a ti ya no te importa, casi que te gusta que sea de esa manera…como ha sido siempre.
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