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Tus Relatos y experiencias - Mirándome aquel tio se paj... !! Herramientas
Antiguo 11-jun-2018, 11:14   #1001
dennycolt
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...estoy en algún rincón del planeta y quería mandar saludos a [email protected] os habéis acordado de mi, de forma pública y privada.

Suena ñoño, pero os he echado de menos.

P.D.: Aunque os vigilaba de cerca.

XXXOOO
Besazoossss preciosa
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Antiguo 13-jun-2018, 08:24   #1002
nosotrosyotro
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Hola a todos, como véis, sigo vivita y coleando. No voy a pedir disculpas por la tardanza en escribir, pues considero no es necesario, tan solo comentaros que “una no ha parado”, más al tener “criaturas”, que voy a contar que no sepáis…
Me encanta la forma que tienes de escribir, me parece sensual, excitante y muy muy morbosilla. Te rogaría, si puedo permitirme hacerlo, que compartieras más situaciones excitantes que hayas vivido, será un placer enorme leerte.

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Antiguo 13-jun-2018, 17:35   #1003
alvarito1983
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Siempre es una alegría volverte a ver por aquí
quedamos pocos pero somos fieles los que seguimos tus letras llenas de morbo, pasión y por que no, también cariño!!

Mil besos guapa!!
__________________
En la vida todos tenemos un secreto inconfesable, un arrepentimiento irreversible, un sueño inalcanzable y un amor inolvidable
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Antiguo 13-jun-2018, 18:40   #1004
sumisa1969
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Predeterminado Mucho calor.

Entré en casa acalorada y, todavía, alucinando de lo que acababa de sucederme. Literalmente tiré las bolsas de la compra en medio del pasillo y rápidamente me fui a la cocina. Mientras me servía un vaso de agua helada, me quitaba los zapatos de tacón empujando un talón con el otro, tal y como si no quisiera perder el tiempo con ello.

Apoyada en la cocina, crucé los brazos mientras tanteaba la bebida. Miraba a la pared, pero me sentía muy lejos de allí, concretamente me retrotraía a momentos atrás. Cuando llegué al parking de casa, cargada como una mula de bolsas de compra, más el bolso y la gran carpeta del trabajo, hecho unido al mucho calor que había hecho toda la mañana, hacían que estuviera agobiada a más no poder. Llamé al ascensor y nuevamente me puse a cargar todo “el equipo”, distrayéndome demasiado, ya que cuando me di cuenta, el aparato estaba ascendiendo y deteniéndose en la planta baja, pensando para mis adentros en las pocas ganas que tenía de conversar con vecino alguno.

Apoyándome en la barandilla interior del pequeño ascensor, traté de dejar hueco para el/los vecinos que había llamado desde la planta baja. Pronto descubrí (para mi disgusto), que quien pretendía subir era el suegro de los vecinos de planta, al que no tenía especial aprecio, dado que en primer lugar no era muy amigo del jabón y el agua, con lo que podéis imaginar cómo sería estar un rato juntos en tan angosto espacio. Además, era la típica persona que a las mujeres nos causa repulsión, pues tiene esa típica mezcla de mirada de misógino y de tipo que te “comería entera”, vamos, que te contempla como quien mira un trozo de carne.

Nada más abrir la puerta y verme, cambio la mirada:

-Hola vecina, buenos días.- Para no variar lo dijo sin mirarme a la cara, repasando todo mi cuerpo, especialmente mi culo, que se marcaba en la falda de tubo que llevaba aquella jornada.

El silencio era incómodo, pues notaba su mirada clavada en mí, pudiendo imaginar esa típica cara de salido que ponía al verme a mí o a alguna mujer que se cruzara con él. Lo tenía a mi espalda, tratando yo de dejarle hueco, haciendo equilibrios sobre mis bolsas.

El ascensor tiene espejo, por lo que cuando pude, con cara de circunstancias y una sonrisa elevé la mirada y pude contemplar cómo me desnudaba con la mirada aquel sátiro que, por cierto, tendrá sus setenta y muchos años, siendo el típico hombre con buena panza, poco pelo y, como ya decía, bastante descuidado en su aspecto general, hecho por el cual siempre he pensado en, como es que lo aguanta su mujer. Dichos pensamiento sobre él, suceden de forma recurrente, ya que cuando va de visita a ver a su hija y yerno, deja todo impregnado de su característico (mal) olor.

En tal situación, para mis adentros me lamenté de haberme quitado la chaquetita del vestido de ejecutiva, pero como decía, hoy hacía un terrible calor. El caso es que yo sudaba mucho y tenía miedo de marcar demasiado bajo la blanca blusa que vestía. Cuando llegamos a la planta, dado que su hija reside en la misma que yo, él no hice el menor gesto de ayuda, poniéndome yo en marcha para pasar de aquella situación lo más rápido posible, reclinándome para recoger mis cosas, sin que aquel bastardo se dignase ni tan siquiera a aguantar la puerta.

Mientras descargaba cosas, con un pie aguantaba la puerta, viendo de reojo que él estaba a mi espalda, notando su mirada clavada en mi, concretamente en mi culo, así como un leve roce del canto de su mano sobre mi nalga derecha.

-¡Hija, que buena estás!.- De pronto dijo de forma seca, pero en tono no muy elevado. Si no fuera por mi urgente necesidad de escapar de allí, creo que me hubiera quedado helada de oír algo así. La verdad es que me sentía fuera de juego, ya que no lo esperaba y tampoco quería montar una escena, puesto que mis vecinos son gente adorable y llevamos una relación genial, además, pensé que nadie más había presenciado aquello y que, por tanto, allí podía morir el asunto.

Os pareceré una idiota, pero al no esperármelo, ni saber reaccionar, fui tan tonta que le solté:

-Gracias.- Tal y como si me lo hubiera tomado como una halago y no como la burrada que un salido acaba de soltarme, conociéndome bien, sabiendo que soy madre y mujer casada,

Él no decía nada, solo estaba inmóvil, continuando con ambas manos metidas en los bolsillos del viejo y amplio tejano que vestía. Me di cuenta que tenía una mirada como de ido, como cuando alguien te observa para follarte allí mismo.

Cayéndome la mitad de las cosas, con una sonrisa impostada y caminando con dificultad, abrí la puerta de casa, momento en el cual, el sátiro, sin que me lo esperara, me pasó una de las bolsas que se me había caído, mientas que con la mano libre tomaba suavemente mi nalga izquierda. Le di las gracias, instante en el que apretó la mano tomando con fuerza mi nalga y en el que se tuvo que dar cuenta que no llevaba braga (ya que solamente uso tanga). Rápido entre en casa, viendo por la mirilla como él se iba a casa de su hija, como si nada hubiera sucedido.

Como os contaba, ahora lo recordaba, en mi cocina, ya segura, descalza y refrescándome, viniendo a mi mente su mirada, que definiría como la de un salido, muy sucia. El caso es que lo que también notaba es que estaba totalmente mojada. Si, tenía mi coño totalmente excitado, pensando en que si hubiera un macho ahora en casa, necesitaría de él. Por ello, lo que hice fue subirme la falda, no quitándomela, ya que así me sentía más cerda. Lo dicho, ya tenía la falda enrolla en mi cintura y separé la tanguita de mi coño, apartándola a un lado, comprobando que estaba empapada, al igual que toda la entrepierna. Joder, estaba salidísima por lo que comencé un rápido y frenético machaque de mi clítoris, pues sabía que aquello acabaría pronto, ya que me conozco demasiado y sé cuando no tardaré en orgasmar.

El caso es que necesitaba redondear aquella paja con algo más, con alguna otra cerdada, por ello, de pie y como pude me abrí a tope de piernas y pasando los dedos de mi mano izquierda por mi coño, los humedecí con mi cálido y espeso flujo. Después, me llevé esa mano a mi ano y sin piedad lo penetré, entrando sin mayor dificultad los tres dedos con los que habitualmente me lo follo. Como os dije, cada día siento que me gusta más el anal, especialmente si lo acompaño con estimulación de mi “botón”, además de la circunstancia de que últimamente la penetración vaginal me está dando “algún problema” (que tal vez os cuente). Para mis adentros, he rebautizado a mi trasero como “mi otro coño”.

Ya os comenté que aquello no podía durar, más de pensar que aquel viejo dudo pensara en la paja que me estaba haciendo al pensar en él y en lo sucedido, así como por el hecho de su trato humillante a una conocida, casada, madre y trabajadora como yo, que en otra circunstancia tal vez lo hubiera mandado a la m…, el caso es que visualicé su mirada sobre mi culo y no pude evitar el correrme como una adolescente, con mi culo lleno y con mi pobre clítoris machacado por mi mano y ahogado de mi propio flujo.

Al estar sola, caí derrotada al suelo, quedándome sentada con el culo sobre el frio suelo, llenando éste de mis líquidos, respirando de forma pausada para recuperar el aliento, mientras pensaba en lo sucedido.

Por cierto, aunque tal vez os parezca una cerdada, no pude evitar limpiar mis tres dedos, penetradores del culo, como mi boca, con mis labios, así como después con los otros que habían masturbado mi clítoris.

Lo siento, pero (en la intimidad) soy una cerda.

Besos para todo el que haya leído esto.
__________________
La verdad es que si la de la foto no fuera yo, joder..., se me parecería un montón.

Necesito algún..., cerebro, viscosillo, calentito y amueblado.
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Antiguo 14-jun-2018, 16:40   #1005
chulainn69
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Entré en casa acalorada y, todavía, alucinando de lo que acababa de sucederme. Literalmente tiré las bolsas de la compra en medio del pasillo y rápidamente me fui a la cocina. Mientras me servía un vaso de agua helada, me quitaba los zapatos de tacón empujando un talón con el otro, tal y como si no quisiera perder el tiempo con ello.

Apoyada en la cocina, crucé los brazos mientras tanteaba la bebida. Miraba a la pared, pero me sentía muy lejos de allí, concretamente me retrotraía a momentos atrás. Cuando llegué al parking de casa, cargada como una mula de bolsas de compra, más el bolso y la gran carpeta del trabajo, hecho unido al mucho calor que había hecho toda la mañana, hacían que estuviera agobiada a más no poder. Llamé al ascensor y nuevamente me puse a cargar todo “el equipo”, distrayéndome demasiado, ya que cuando me di cuenta, el aparato estaba ascendiendo y deteniéndose en la planta baja, pensando para mis adentros en las pocas ganas que tenía de conversar con vecino alguno.

Apoyándome en la barandilla interior del pequeño ascensor, traté de dejar hueco para el/los vecinos que había llamado desde la planta baja. Pronto descubrí (para mi disgusto), que quien pretendía subir era el suegro de los vecinos de planta, al que no tenía especial aprecio, dado que en primer lugar no era muy amigo del jabón y el agua, con lo que podéis imaginar cómo sería estar un rato juntos en tan angosto espacio. Además, era la típica persona que a las mujeres nos causa repulsión, pues tiene esa típica mezcla de mirada de misógino y de tipo que te “comería entera”, vamos, que te contempla como quien mira un trozo de carne.

Nada más abrir la puerta y verme, cambio la mirada:

-Hola vecina, buenos días.- Para no variar lo dijo sin mirarme a la cara, repasando todo mi cuerpo, especialmente mi culo, que se marcaba en la falda de tubo que llevaba aquella jornada.

El silencio era incómodo, pues notaba su mirada clavada en mí, pudiendo imaginar esa típica cara de salido que ponía al verme a mí o a alguna mujer que se cruzara con él. Lo tenía a mi espalda, tratando yo de dejarle hueco, haciendo equilibrios sobre mis bolsas.

El ascensor tiene espejo, por lo que cuando pude, con cara de circunstancias y una sonrisa elevé la mirada y pude contemplar cómo me desnudaba con la mirada aquel sátiro que, por cierto, tendrá sus setenta y muchos años, siendo el típico hombre con buena panza, poco pelo y, como ya decía, bastante descuidado en su aspecto general, hecho por el cual siempre he pensado en, como es que lo aguanta su mujer. Dichos pensamiento sobre él, suceden de forma recurrente, ya que cuando va de visita a ver a su hija y yerno, deja todo impregnado de su característico (mal) olor.

En tal situación, para mis adentros me lamenté de haberme quitado la chaquetita del vestido de ejecutiva, pero como decía, hoy hacía un terrible calor. El caso es que yo sudaba mucho y tenía miedo de marcar demasiado bajo la blanca blusa que vestía. Cuando llegamos a la planta, dado que su hija reside en la misma que yo, él no hice el menor gesto de ayuda, poniéndome yo en marcha para pasar de aquella situación lo más rápido posible, reclinándome para recoger mis cosas, sin que aquel bastardo se dignase ni tan siquiera a aguantar la puerta.

Mientras descargaba cosas, con un pie aguantaba la puerta, viendo de reojo que él estaba a mi espalda, notando su mirada clavada en mi, concretamente en mi culo, así como un leve roce del canto de su mano sobre mi nalga derecha.

-¡Hija, que buena estás!.- De pronto dijo de forma seca, pero en tono no muy elevado. Si no fuera por mi urgente necesidad de escapar de allí, creo que me hubiera quedado helada de oír algo así. La verdad es que me sentía fuera de juego, ya que no lo esperaba y tampoco quería montar una escena, puesto que mis vecinos son gente adorable y llevamos una relación genial, además, pensé que nadie más había presenciado aquello y que, por tanto, allí podía morir el asunto.

Os pareceré una idiota, pero al no esperármelo, ni saber reaccionar, fui tan tonta que le solté:

-Gracias.- Tal y como si me lo hubiera tomado como una halago y no como la burrada que un salido acaba de soltarme, conociéndome bien, sabiendo que soy madre y mujer casada,

Él no decía nada, solo estaba inmóvil, continuando con ambas manos metidas en los bolsillos del viejo y amplio tejano que vestía. Me di cuenta que tenía una mirada como de ido, como cuando alguien te observa para follarte allí mismo.

Cayéndome la mitad de las cosas, con una sonrisa impostada y caminando con dificultad, abrí la puerta de casa, momento en el cual, el sátiro, sin que me lo esperara, me pasó una de las bolsas que se me había caído, mientas que con la mano libre tomaba suavemente mi nalga izquierda. Le di las gracias, instante en el que apretó la mano tomando con fuerza mi nalga y en el que se tuvo que dar cuenta que no llevaba braga (ya que solamente uso tanga). Rápido entre en casa, viendo por la mirilla como él se iba a casa de su hija, como si nada hubiera sucedido.

Como os contaba, ahora lo recordaba, en mi cocina, ya segura, descalza y refrescándome, viniendo a mi mente su mirada, que definiría como la de un salido, muy sucia. El caso es que lo que también notaba es que estaba totalmente mojada. Si, tenía mi coño totalmente excitado, pensando en que si hubiera un macho ahora en casa, necesitaría de él. Por ello, lo que hice fue subirme la falda, no quitándomela, ya que así me sentía más cerda. Lo dicho, ya tenía la falda enrolla en mi cintura y separé la tanguita de mi coño, apartándola a un lado, comprobando que estaba empapada, al igual que toda la entrepierna. Joder, estaba salidísima por lo que comencé un rápido y frenético machaque de mi clítoris, pues sabía que aquello acabaría pronto, ya que me conozco demasiado y sé cuando no tardaré en orgasmar.

El caso es que necesitaba redondear aquella paja con algo más, con alguna otra cerdada, por ello, de pie y como pude me abrí a tope de piernas y pasando los dedos de mi mano izquierda por mi coño, los humedecí con mi cálido y espeso flujo. Después, me llevé esa mano a mi ano y sin piedad lo penetré, entrando sin mayor dificultad los tres dedos con los que habitualmente me lo follo. Como os dije, cada día siento que me gusta más el anal, especialmente si lo acompaño con estimulación de mi “botón”, además de la circunstancia de que últimamente la penetración vaginal me está dando “algún problema” (que tal vez os cuente). Para mis adentros, he rebautizado a mi trasero como “mi otro coño”.

Ya os comenté que aquello no podía durar, más de pensar que aquel viejo dudo pensara en la paja que me estaba haciendo al pensar en él y en lo sucedido, así como por el hecho de su trato humillante a una conocida, casada, madre y trabajadora como yo, que en otra circunstancia tal vez lo hubiera mandado a la m…, el caso es que visualicé su mirada sobre mi culo y no pude evitar el correrme como una adolescente, con mi culo lleno y con mi pobre clítoris machacado por mi mano y ahogado de mi propio flujo.

Al estar sola, caí derrotada al suelo, quedándome sentada con el culo sobre el frio suelo, llenando éste de mis líquidos, respirando de forma pausada para recuperar el aliento, mientras pensaba en lo sucedido.

Por cierto, aunque tal vez os parezca una cerdada, no pude evitar limpiar mis tres dedos, penetradores del culo, como mi boca, con mis labios, así como después con los otros que habían masturbado mi clítoris.

Lo siento, pero (en la intimidad) soy una cerda.

Besos para todo el que haya leído esto.
muy morboso vecina...me encanta como describes las stuaciones...
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Antiguo 14-jun-2018, 20:00   #1006
chisty81
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Entré en casa acalorada y, todavía, alucinando de lo que acababa de sucederme. Literalmente tiré las bolsas de la compra en medio del pasillo y rápidamente me fui a la cocina. Mientras me servía un vaso de agua helada, me quitaba los zapatos de tacón empujando un talón con el otro, tal y como si no quisiera perder el tiempo con ello.

Apoyada en la cocina, crucé los brazos mientras tanteaba la bebida. Miraba a la pared, pero me sentía muy lejos de allí, concretamente me retrotraía a momentos atrás. Cuando llegué al parking de casa, cargada como una mula de bolsas de compra, más el bolso y la gran carpeta del trabajo, hecho unido al mucho calor que había hecho toda la mañana, hacían que estuviera agobiada a más no poder. Llamé al ascensor y nuevamente me puse a cargar todo “el equipo”, distrayéndome demasiado, ya que cuando me di cuenta, el aparato estaba ascendiendo y deteniéndose en la planta baja, pensando para mis adentros en las pocas ganas que tenía de conversar con vecino alguno.

Apoyándome en la barandilla interior del pequeño ascensor, traté de dejar hueco para el/los vecinos que había llamado desde la planta baja. Pronto descubrí (para mi disgusto), que quien pretendía subir era el suegro de los vecinos de planta, al que no tenía especial aprecio, dado que en primer lugar no era muy amigo del jabón y el agua, con lo que podéis imaginar cómo sería estar un rato juntos en tan angosto espacio. Además, era la típica persona que a las mujeres nos causa repulsión, pues tiene esa típica mezcla de mirada de misógino y de tipo que te “comería entera”, vamos, que te contempla como quien mira un trozo de carne.

Nada más abrir la puerta y verme, cambio la mirada:

-Hola vecina, buenos días.- Para no variar lo dijo sin mirarme a la cara, repasando todo mi cuerpo, especialmente mi culo, que se marcaba en la falda de tubo que llevaba aquella jornada.

El silencio era incómodo, pues notaba su mirada clavada en mí, pudiendo imaginar esa típica cara de salido que ponía al verme a mí o a alguna mujer que se cruzara con él. Lo tenía a mi espalda, tratando yo de dejarle hueco, haciendo equilibrios sobre mis bolsas.

El ascensor tiene espejo, por lo que cuando pude, con cara de circunstancias y una sonrisa elevé la mirada y pude contemplar cómo me desnudaba con la mirada aquel sátiro que, por cierto, tendrá sus setenta y muchos años, siendo el típico hombre con buena panza, poco pelo y, como ya decía, bastante descuidado en su aspecto general, hecho por el cual siempre he pensado en, como es que lo aguanta su mujer. Dichos pensamiento sobre él, suceden de forma recurrente, ya que cuando va de visita a ver a su hija y yerno, deja todo impregnado de su característico (mal) olor.

En tal situación, para mis adentros me lamenté de haberme quitado la chaquetita del vestido de ejecutiva, pero como decía, hoy hacía un terrible calor. El caso es que yo sudaba mucho y tenía miedo de marcar demasiado bajo la blanca blusa que vestía. Cuando llegamos a la planta, dado que su hija reside en la misma que yo, él no hice el menor gesto de ayuda, poniéndome yo en marcha para pasar de aquella situación lo más rápido posible, reclinándome para recoger mis cosas, sin que aquel bastardo se dignase ni tan siquiera a aguantar la puerta.

Mientras descargaba cosas, con un pie aguantaba la puerta, viendo de reojo que él estaba a mi espalda, notando su mirada clavada en mi, concretamente en mi culo, así como un leve roce del canto de su mano sobre mi nalga derecha.

-¡Hija, que buena estás!.- De pronto dijo de forma seca, pero en tono no muy elevado. Si no fuera por mi urgente necesidad de escapar de allí, creo que me hubiera quedado helada de oír algo así. La verdad es que me sentía fuera de juego, ya que no lo esperaba y tampoco quería montar una escena, puesto que mis vecinos son gente adorable y llevamos una relación genial, además, pensé que nadie más había presenciado aquello y que, por tanto, allí podía morir el asunto.

Os pareceré una idiota, pero al no esperármelo, ni saber reaccionar, fui tan tonta que le solté:

-Gracias.- Tal y como si me lo hubiera tomado como una halago y no como la burrada que un salido acaba de soltarme, conociéndome bien, sabiendo que soy madre y mujer casada,

Él no decía nada, solo estaba inmóvil, continuando con ambas manos metidas en los bolsillos del viejo y amplio tejano que vestía. Me di cuenta que tenía una mirada como de ido, como cuando alguien te observa para follarte allí mismo.

Cayéndome la mitad de las cosas, con una sonrisa impostada y caminando con dificultad, abrí la puerta de casa, momento en el cual, el sátiro, sin que me lo esperara, me pasó una de las bolsas que se me había caído, mientas que con la mano libre tomaba suavemente mi nalga izquierda. Le di las gracias, instante en el que apretó la mano tomando con fuerza mi nalga y en el que se tuvo que dar cuenta que no llevaba braga (ya que solamente uso tanga). Rápido entre en casa, viendo por la mirilla como él se iba a casa de su hija, como si nada hubiera sucedido.

Como os contaba, ahora lo recordaba, en mi cocina, ya segura, descalza y refrescándome, viniendo a mi mente su mirada, que definiría como la de un salido, muy sucia. El caso es que lo que también notaba es que estaba totalmente mojada. Si, tenía mi coño totalmente excitado, pensando en que si hubiera un macho ahora en casa, necesitaría de él. Por ello, lo que hice fue subirme la falda, no quitándomela, ya que así me sentía más cerda. Lo dicho, ya tenía la falda enrolla en mi cintura y separé la tanguita de mi coño, apartándola a un lado, comprobando que estaba empapada, al igual que toda la entrepierna. Joder, estaba salidísima por lo que comencé un rápido y frenético machaque de mi clítoris, pues sabía que aquello acabaría pronto, ya que me conozco demasiado y sé cuando no tardaré en orgasmar.

El caso es que necesitaba redondear aquella paja con algo más, con alguna otra cerdada, por ello, de pie y como pude me abrí a tope de piernas y pasando los dedos de mi mano izquierda por mi coño, los humedecí con mi cálido y espeso flujo. Después, me llevé esa mano a mi ano y sin piedad lo penetré, entrando sin mayor dificultad los tres dedos con los que habitualmente me lo follo. Como os dije, cada día siento que me gusta más el anal, especialmente si lo acompaño con estimulación de mi “botón”, además de la circunstancia de que últimamente la penetración vaginal me está dando “algún problema” (que tal vez os cuente). Para mis adentros, he rebautizado a mi trasero como “mi otro coño”.

Ya os comenté que aquello no podía durar, más de pensar que aquel viejo dudo pensara en la paja que me estaba haciendo al pensar en él y en lo sucedido, así como por el hecho de su trato humillante a una conocida, casada, madre y trabajadora como yo, que en otra circunstancia tal vez lo hubiera mandado a la m…, el caso es que visualicé su mirada sobre mi culo y no pude evitar el correrme como una adolescente, con mi culo lleno y con mi pobre clítoris machacado por mi mano y ahogado de mi propio flujo.

Al estar sola, caí derrotada al suelo, quedándome sentada con el culo sobre el frio suelo, llenando éste de mis líquidos, respirando de forma pausada para recuperar el aliento, mientras pensaba en lo sucedido.

Por cierto, aunque tal vez os parezca una cerdada, no pude evitar limpiar mis tres dedos, penetradores del culo, como mi boca, con mis labios, así como después con los otros que habían masturbado mi clítoris.

Lo siento, pero (en la intimidad) soy una cerda.

Besos para todo el que haya leído esto.
No sé si alguna vez he escrito en este hilo, pero si que lo he leído mucho, las situaciones son muy genuinas y muy morbosas, esta no lo es menos.

Las situaciones humillantes son mis favoritas. Pero a diferencia de esta situación que relatas en las situaciones que yo imagino hay una mujer atractiva (joven o mediana edad) que tiene algún/os atributos que a mi me aparecen atractivos. La mujer suele ser inteligente para manipularme y jugar conmigo en todo momento, normalmente de forma dulce y sexy consigue seducirme de forma extrema y una vez en este estado despliega un despiadado egoísmo en el cual yo soy humillado y ella disfruta de la situación.

Cuando leo algunas historias (ciertas o no) donde la persona que realiza el acto humillante, no obtiene un placer especial y a cambio construye una atmósfera idílica para las fantasías de la persona que recibe el acto humillante, noto un sabor agridulce, como si la situación no fuese genuina. Por poner un ejemplo, cuando una mujer se pone un arnés para sodomizar a un sumiso. Lo veo como algo muy pactado y dirigido a las fantasías de la persona humillada y no dirigido realmente por el perfil de mujer fatal que yo imagino.

Para que la situación sea creíble (el sufrimiento de la humillación) se ha de estar enamorado de la persona que te humilla. La mujer (en mi caso) es enamoradiza y tiene encuentros sexuales con otras personas. Normalmente no da explicaciones, solamente cuando está enfadada y lo suelta todo, cuando ha tenido un aquí te pillo-aquí te mato con él y yo me entero por los fluidos que emanan de ella y que le ha dado pereza ocultar o por último cuando solo quiere follar cuando tiene la regla porque te dice abiertamente que su amante no le gusta follar ni comérselo cuando tiene la regla y si quiero follar lo tomo o lo dejo.

Otra situación humillante es irse con un amante con alto poder adquisitivo un fin de semana a espaldas de su mujer mientras ella se lo pasa de miedo yo estoy con los niños y el fanfarrón de él no hace más que enviarme mensajes a las tantas de la mañana del rato que lleva follándose a mi mujer.
Que estemos en una discoteca con amigos y de repente se presente mi mujer después de un buen rato sin verla con un incipiente aliento a polla y esperma.

Todas estas situaciones yo estoy en un estado de celos y angustia que me provoca placer, cuando estoy al límite la chica tiene que volver a desplegar sus encantos para que no me desenganche de ella.

Estas son quizás las situaciones más intensas que puedo imaginar
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Antiguo 14-jun-2018, 22:46   #1007
valsex
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Empezado por sumisa1969 Ver Mensaje
Entré en casa acalorada y, todavía, alucinando de lo que acababa de sucederme. Literalmente tiré las bolsas de la compra en medio del pasillo y rápidamente me fui a la cocina. Mientras me servía un vaso de agua helada, me quitaba los zapatos de tacón empujando un talón con el otro, tal y como si no quisiera perder el tiempo con ello.

Apoyada en la cocina, crucé los brazos mientras tanteaba la bebida. Miraba a la pared, pero me sentía muy lejos de allí, concretamente me retrotraía a momentos atrás. Cuando llegué al parking de casa, cargada como una mula de bolsas de compra, más el bolso y la gran carpeta del trabajo, hecho unido al mucho calor que había hecho toda la mañana, hacían que estuviera agobiada a más no poder. Llamé al ascensor y nuevamente me puse a cargar todo “el equipo”, distrayéndome demasiado, ya que cuando me di cuenta, el aparato estaba ascendiendo y deteniéndose en la planta baja, pensando para mis adentros en las pocas ganas que tenía de conversar con vecino alguno.

Apoyándome en la barandilla interior del pequeño ascensor, traté de dejar hueco para el/los vecinos que había llamado desde la planta baja. Pronto descubrí (para mi disgusto), que quien pretendía subir era el suegro de los vecinos de planta, al que no tenía especial aprecio, dado que en primer lugar no era muy amigo del jabón y el agua, con lo que podéis imaginar cómo sería estar un rato juntos en tan angosto espacio. Además, era la típica persona que a las mujeres nos causa repulsión, pues tiene esa típica mezcla de mirada de misógino y de tipo que te “comería entera”, vamos, que te contempla como quien mira un trozo de carne.

Nada más abrir la puerta y verme, cambio la mirada:

-Hola vecina, buenos días.- Para no variar lo dijo sin mirarme a la cara, repasando todo mi cuerpo, especialmente mi culo, que se marcaba en la falda de tubo que llevaba aquella jornada.

El silencio era incómodo, pues notaba su mirada clavada en mí, pudiendo imaginar esa típica cara de salido que ponía al verme a mí o a alguna mujer que se cruzara con él. Lo tenía a mi espalda, tratando yo de dejarle hueco, haciendo equilibrios sobre mis bolsas.

El ascensor tiene espejo, por lo que cuando pude, con cara de circunstancias y una sonrisa elevé la mirada y pude contemplar cómo me desnudaba con la mirada aquel sátiro que, por cierto, tendrá sus setenta y muchos años, siendo el típico hombre con buena panza, poco pelo y, como ya decía, bastante descuidado en su aspecto general, hecho por el cual siempre he pensado en, como es que lo aguanta su mujer. Dichos pensamiento sobre él, suceden de forma recurrente, ya que cuando va de visita a ver a su hija y yerno, deja todo impregnado de su característico (mal) olor.

En tal situación, para mis adentros me lamenté de haberme quitado la chaquetita del vestido de ejecutiva, pero como decía, hoy hacía un terrible calor. El caso es que yo sudaba mucho y tenía miedo de marcar demasiado bajo la blanca blusa que vestía. Cuando llegamos a la planta, dado que su hija reside en la misma que yo, él no hice el menor gesto de ayuda, poniéndome yo en marcha para pasar de aquella situación lo más rápido posible, reclinándome para recoger mis cosas, sin que aquel bastardo se dignase ni tan siquiera a aguantar la puerta.

Mientras descargaba cosas, con un pie aguantaba la puerta, viendo de reojo que él estaba a mi espalda, notando su mirada clavada en mi, concretamente en mi culo, así como un leve roce del canto de su mano sobre mi nalga derecha.

-¡Hija, que buena estás!.- De pronto dijo de forma seca, pero en tono no muy elevado. Si no fuera por mi urgente necesidad de escapar de allí, creo que me hubiera quedado helada de oír algo así. La verdad es que me sentía fuera de juego, ya que no lo esperaba y tampoco quería montar una escena, puesto que mis vecinos son gente adorable y llevamos una relación genial, además, pensé que nadie más había presenciado aquello y que, por tanto, allí podía morir el asunto.

Os pareceré una idiota, pero al no esperármelo, ni saber reaccionar, fui tan tonta que le solté:

-Gracias.- Tal y como si me lo hubiera tomado como una halago y no como la burrada que un salido acaba de soltarme, conociéndome bien, sabiendo que soy madre y mujer casada,

Él no decía nada, solo estaba inmóvil, continuando con ambas manos metidas en los bolsillos del viejo y amplio tejano que vestía. Me di cuenta que tenía una mirada como de ido, como cuando alguien te observa para follarte allí mismo.

Cayéndome la mitad de las cosas, con una sonrisa impostada y caminando con dificultad, abrí la puerta de casa, momento en el cual, el sátiro, sin que me lo esperara, me pasó una de las bolsas que se me había caído, mientas que con la mano libre tomaba suavemente mi nalga izquierda. Le di las gracias, instante en el que apretó la mano tomando con fuerza mi nalga y en el que se tuvo que dar cuenta que no llevaba braga (ya que solamente uso tanga). Rápido entre en casa, viendo por la mirilla como él se iba a casa de su hija, como si nada hubiera sucedido.

Como os contaba, ahora lo recordaba, en mi cocina, ya segura, descalza y refrescándome, viniendo a mi mente su mirada, que definiría como la de un salido, muy sucia. El caso es que lo que también notaba es que estaba totalmente mojada. Si, tenía mi coño totalmente excitado, pensando en que si hubiera un macho ahora en casa, necesitaría de él. Por ello, lo que hice fue subirme la falda, no quitándomela, ya que así me sentía más cerda. Lo dicho, ya tenía la falda enrolla en mi cintura y separé la tanguita de mi coño, apartándola a un lado, comprobando que estaba empapada, al igual que toda la entrepierna. Joder, estaba salidísima por lo que comencé un rápido y frenético machaque de mi clítoris, pues sabía que aquello acabaría pronto, ya que me conozco demasiado y sé cuando no tardaré en orgasmar.

El caso es que necesitaba redondear aquella paja con algo más, con alguna otra cerdada, por ello, de pie y como pude me abrí a tope de piernas y pasando los dedos de mi mano izquierda por mi coño, los humedecí con mi cálido y espeso flujo. Después, me llevé esa mano a mi ano y sin piedad lo penetré, entrando sin mayor dificultad los tres dedos con los que habitualmente me lo follo. Como os dije, cada día siento que me gusta más el anal, especialmente si lo acompaño con estimulación de mi “botón”, además de la circunstancia de que últimamente la penetración vaginal me está dando “algún problema” (que tal vez os cuente). Para mis adentros, he rebautizado a mi trasero como “mi otro coño”.

Ya os comenté que aquello no podía durar, más de pensar que aquel viejo dudo pensara en la paja que me estaba haciendo al pensar en él y en lo sucedido, así como por el hecho de su trato humillante a una conocida, casada, madre y trabajadora como yo, que en otra circunstancia tal vez lo hubiera mandado a la m…, el caso es que visualicé su mirada sobre mi culo y no pude evitar el correrme como una adolescente, con mi culo lleno y con mi pobre clítoris machacado por mi mano y ahogado de mi propio flujo.

Al estar sola, caí derrotada al suelo, quedándome sentada con el culo sobre el frio suelo, llenando éste de mis líquidos, respirando de forma pausada para recuperar el aliento, mientras pensaba en lo sucedido.

Por cierto, aunque tal vez os parezca una cerdada, no pude evitar limpiar mis tres dedos, penetradores del culo, como mi boca, con mis labios, así como después con los otros que habían masturbado mi clítoris.

Lo siento, pero (en la intimidad) soy una cerda.

Besos para todo el que haya leído esto.
como te hecho de menos mi reina,por favor vuelve prontoMU ACCC
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