Antiguo 06-may-2017, 09:34   #801
jg19
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Por fin alguien se anima. Por curiosidad, ¿quién o quienes son las protagonistas? ¿Vanesa y Cristina?
Exacto, asi es.
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Antiguo 17-may-2017, 20:07   #802
GentleIva
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Bueno, después de un tiempo rondando por este foro y sobretodo por este post creo que al fin me voy a animar a intentar escribir un relato también, será mi primera vez así no que esperéis gran cosa.
Lo único que puedo avanzar es que la protagonista del relato será Laura Gadea, así que me voy a poner manos a la obra estos días a ver que tal se me da, así también doy a tiempo a los compañeros que están terminando sus relatos.
Saludos!
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Antiguo 18-may-2017, 13:54   #803
JavitoAy
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Pues muchas ganas de leerlo. Además con protagonistas nuevas, que a algunas las tenemos muy leídas. A ver si el compañero sigue con el de Vanesa y Cristina.

Yo ya terminé hace unos días mi relato de Ana Morgade, cuando vea que tal lo iré publicando.
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Antiguo 18-may-2017, 16:25   #804
jg19
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Yo ahora estoy un poco liado y me esta costando seguir con el relato de Vanesa y Cristina, intentare publicar la segunda parte a principios de la semana que viene.
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Antiguo 23-may-2017, 00:07   #805
GentleIva
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Yo ya me he puesto con el de Laura y lo he conseguido empezar que me quedé un poco trabado. Espero tener la primera parte la semana que viene, de mientras me inspirare con vuestros relatos mientras los vayáis subiendo jeje
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Antiguo 24-may-2017, 02:55   #806
unicamente2003
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que ha pasado con el relato de patricia conde?
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Antiguo 03-jun-2017, 16:28   #807
quijote62
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Para cuando uno de la griso
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Antiguo 04-jun-2017, 19:36   #808
JavitoAy
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Tengo el de Ana Morgade listo para publicar en cuanto se terminen los que están a medías en el topic.
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Antiguo 04-jun-2017, 20:00   #809
jg19
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Tengo el de Ana Morgade listo para publicar en cuanto se terminen los que están a medías en el topic.
Si quieres subirlo hazlo, al mio le queda bastante tiempo aun y si subes el tuyo al menos tendremos buen contenido aqui.
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Antiguo 05-jun-2017, 12:40   #810
07puedeser07
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Si tenéis relato ir publicando porque esto lleva 1 mes parado
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Antiguo 06-jun-2017, 18:54   #811
JavitoAy
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Predeterminado Ana, mi vecinita morbosa y juguetona Parte 1

Bueno pues os dejo la primera parte de mi relato con Ana Morgade como prota. Espero que os guste y os enganche para lo que viene más adelante.




Mientras Marc se estaba follando salvajemente a Irene Junquera en su ático, Héctor continuaba celebrando los buenos datos de El Chiringuito de Jugones junto al resto de los compañeros de redacción. Riendo, bailando y haciendo el capullo, el asturiano a la vez buscaba alguna guarrilla que pudiera satisfacer sus deseos sexuales aquella noche. Desde aquel reservado, entre copa y copa, observaba el panorama que le rodeaba. Como cada noche, La Posada de las Ánimas estaba lleno de pibones. Chicas de la noche, pijas y niñas bien tan solo en apariencia, famosillas de baja estofa cuyo mayor mérito era haber posado desnudas en cierta conocida revista -con un pasado que poco tenía que ver con el presente-, participantes de cutre realities de Telecinco y sus programas "satélite"... Héctor sabía muy bien qué tipo de chicas abundaban en aquel local. Algunas de ellas eran las típicas golfas de muy buen ver en busca de un hijo de papá o un tonto bien posicionado que les pagara sus caprichos -sin tener que dar un palo al agua- a cambio de abrirse de piernas. Lo que se suele conocer como putas de alto standing. Cualquier espabilado que tuviera la labia suficiente se podía llevar a la cama a alguna de esas putillas. Héctor era bastante hábil comiéndole la oreja a este tipo de chicas. Le echaba morro -de lo que andaba sobrado-, les decía exactamente lo que ellas querían oír consiguiendo incluso que alguna se mojara y al poco rato las tenía de rodillas comiéndole la polla. La mayoría de aquellas chicas no valían para otra cosa. Usar y tirar. Así era la noche madrileña en la que Héctor se movía.

Ya llevaba un buen rato en el local desde que llegara con Marc y David. Algo aburrido y cansado, aguantando la horrible y machacona música del momento que el DJ pinchaba y sin dar con ninguna chica que llamara suficientemente su atención, decidió que era el momento de marcharse a casa. Pensó que era lo mejor que podía hacer, ya que la alternativa era acabar agarrando una borrachera de campeonato con las botellas de cava que sus compañeros no dejaban de sacar para brindar. O peor aún, marchándose a la cama con a saber quién.

Héctor no estaba celoso porque Irene hubiera preferido a Marc aquella noche. Lo cierto es que ya la tenía muy vista, y hasta se podría decir que ya estaba cansado de follársela. Por eso le había dado su beneplácito al catalán. Pero aunque pareciera incongruente, la morenaza era tan buena follando y chupándola que en el fondo le fastidiaba la idea de perder sus privilegios con ella. Al menos sin una sustituta de su nivel. Habían pasado muy buenos ratos juntos.

Tras despedirse de los compañeros que continuaban la fiesta en La Posada, el asturiano salió a la calle con la intención de parar un taxi que le llevara a casa. En el asiento trasero del mismo, intentando vencer el sueño, le daba vueltas a lo que había visto en el reservado. Tenía grabada la escena entre Marc y su follamiga preferida. Cómo ella había ido directa a por él. Restregándole su cuerpo y su culo, buscando su rabo, deseando sentirlo erecto, poniéndolo cachondo como le había hecho tantas y tantas veces a él. Estaba claro que Irene se había quedado con ganas de más por parte de Marc después de aquella inolvidable mamada a dos. Ante la posibilidad de que ella empezara a pasar de él en favor del catalán, decidió matar el tiempo durante el trayecto a casa buscando en su móvil a posibles sustitutas.

Héctor había conocido a bastantes chicas en el tiempo que llevaba viviendo en Madrid, y nada mejor que Instagram para hacer un repaso visual viendo candidatas. Muchos de los perfiles que seguía eran de chicas que ya se había follado y a las que consideraba simples recipientes de semen. Mientras las pasaba una a una, intentaba hacer memoria para recordar con cuales había tenía alguna historia y de cual era mejor olvidarse por algún motivo en particular. No podía evitar sonreír viendo a algunas de ellas. Tras esas inocentes fotos en las que parecían no haber roto nunca un plato, había auténticos putones. Otras en cambio no podían disimular lo que eran ni siquiera en una fotografía . Continuaba entretenido con su tarea hasta que dio con una que le hizo detenerse. Era Ana Morgade. Obviamente Héctor también seguía a multitud de famosas y tías buenas del panorama nacional. Con alguna había coincidido en su trabajo e incluso había hablado con ella.

A Héctor le volvía loco Anita.

Pese a que era bastante fiestera y le encantaba salir, Ana no era una de esas chicas que había conocido en la noche madrileña. Lo que les unía no era solo que fueran compañeros de grupo televisivo, sino que además eran vecinos. Lo cierto es que solo habían coincidido una vez en el edificio principal de Atresmedia durante la grabación de unas promos. Ambos vivían en el mismo bloque en el madrileño barrio de Malasaña, en el cual no era complicado ver a otros rostros populares de la televisión y del cine. Las veces que se habían encontrado en el portal o que habían coincidido en el viejo ascensor habían dejado al asturiano con ganas de más. Ana tenía un rollo que le atraía muchísimo, y un carácter adictivo.
Para su desgracia, su vecina no era la típica guarrilla con las que él se relacionaba y que acababan en su piso sin mucho esfuerzo por su parte. Hasta ese momento la madrileña no le había dado bola en ese sentido. Y es que no solo le ponía muy cachondo, sino que le gustaba de verdad.
También había podido charlar con ella en alguna ocasión en los bares del barrio -en los que Ana era una habitual- y se había quedado totalmente prendado. Pocas veces le había pasado algo parecido. Para él las mujeres eran un entretenimiento. Un coñito en el que meterla y descargar después de pasar un rato de gusto. Para más inri, como Ana vivía en el piso de arriba, de vez en cuando podía escuchar lo que pasaba allí. Desde las fiestas que organizaba y las reuniones o cenas de amigos, hasta sus momentos más íntimos. Héctor había escuchado en más de una ocasión como la follaban. La había escuchado gritar y gemir cabalgando sobre una polla o mientras recibía las embestidas de algún afortunado. Y él no había tenido más remedio que pajearse con aquel regalo que Ana le brindaba a la vez que veía fotos y vídeos suyos en los que lucía orgullosa aquellas maravillosas tetas que tenía. Porque quizás Ana Morgade no era una chica guapísima con un cuerpazo espectacular, pero desprendía un morbo que ya quisieran para ellas muchas supuestas buenorras oficiales de la televisión española. Y por supuesto, tenía esas dos tetazas impresionantes que uno no podía dejar de admirar y desear.

Así pues, seguramente envalentonado por el alcohol que corría por sus venas, decidió escribirle algo. Hacía apenas una hora Ana había compartido un vídeo en Instagram donde se la veía de fiesta, además de una foto junto a algunos de sus amigos. Héctor pudo reconocer que el bar en el que habían capturado aquel momento era La Dolce Vitta. Aquel local estaba a dos calles de su portal. La buscó en su Whatsapp y le escribió lo primero que se le pasó por la cabeza, sin saber muy bien lo que pretendía ni lo que esperaba de ella.

El taxi se detuvo por fin en su destino y el asturiano se bajó. Parado en medio de la acera frente a su portal, miró su Smartphone esperando ver una notificación con la respuesta de su vecina pero no hubo suerte. Tras unos segundos de indecisión, sin saber si acercarse a La Dolce Vitta o subir a casa, finalmente se decantó por la segunda opción. Tenía hambre y le apetecía picar algo. Ya en su habitación, todavía vestido, siguió un rato más trasteando en Instagram, haciendo tiempo y esperando una respuesta que no llegaba. Vencido por el cansancio y el alcohol, se quedó dormido con la ropa puesta.

Cuando se despertó a la mañana siguiente, después de despejarse un poco, fue directo a coger el móvil. No sabía ni qué hora era. Desbloqueó su Smartphone y vio que tenía unas cuantas notificaciones de sus contactos. Casi todas eran de sus compañeros y de los grupos de Whatsapp en los que estaba. Entre ellas, una de Marc que contenía la foto de Irene medio desnuda. También tenía una de Ana Morgade. Su vecina no solo había respondido a su mensaje, sino que le había invitado a que se pasara por allí para tomar algo con ella. Pensó que debía ir algo contentilla aquella noche. De paso vio lo que él le había escrito -no recordaba absolutamente nada-. Para su sorpresa, no resultaba nada patético. Resignado por no haber aguantado despierto lo suficiente, Héctor decidió levantarse para darse una ducha y tomar un café.
Después de recoger un poco e intentar despertar a David, decidió bajar a comprar algo. Se le estaba echando el tiempo encima. En un par de horas debía salir hacia el trabajo, la nevera estaba vacía y no tenía preparado nada para comer.

Regresaba a casa del supermercado cargado con dos bolsas cuando a lo lejos, vio a Ana caminando por su misma acera en dirección a su casa. Ya estaba cerca del portal, sacando las llaves de su bolso. Héctor no podía creerse su suerte. No lo dudo ni un segundo y aceleró el paso casi hasta echarse a correr para poder coincidir con ella. Cuando llegó, su vecina estaba cerrando el buzón a punto de subir a casa

-"¡Hola, Ana!" -Dijo Héctor casi resoplando- "¿Cómo va todo?"
-"Uy, ¡hola! Muy bien." -Le respondió Ana sorprendida. Aquella mañana se había vestido con un vaquero ancho y una camiseta que pese a no ser muy ajustada, dibujaba perfectamente sus grandes pechos. Llevaba el pelo recogido en un moño hecho deprisa y sin mucho esmero. Se quitó las gafas de sol para hablar con su vecino-. "¿Subes?" -Le dijo abriendo la puerta del ascensor-.
-"Sí, sí. Oye, perdona que ayer no me pasara. Estaba de fiesta cuando te escribí y se me fue. He leído tu mensaje esta mañana". -Comentó Héctor entrando en el ascensor-.
-"Ah no te preocupes. A todos nos ha pasado alguna vez. Y más estando de copas" -le respondió ella riendo-.
-"Sí ya, pero quería disculparme".
-"Bah no le des importancia. Había muy buen ambiente anoche, por eso te escribí que te pasaras. ¿Vosotros en el programa salís mucho de copas no? “
-"Alguna que otra vez, sí". -Respondió él riendo-.
-“¿Y haces algo hoy?" -La pregunta de Ana cogió por sorpresa al asturiano. En ese momento el ascensor se paraba en su piso-.
-"Pues ahora me voy a currar". -Respondió de nuevo riendo-.
-"Ya bueno, yo también tengo programa en un rato. Me refería a esta noche. Unos amigos van a venir a casa. Pásate si quieres". -Ana se mostraba tan encantadora como solía ser habitualmente-.
-"Bueno salgo de la redacción a las 12. Puedo subir un rato cuando vuelva".
-"Genial, tú sube que allí estaremos haciendo el idiota como siempre. También se lo he dicho a los del Primero B y el Segundo A, por si se quieren pasar, que son gente muy maja". -Le insistía ella-.
-"Sí, los conozco. Pues luego me paso un rato a tomar algo. No te voy a dar plantón dos noches seguidas". -Respondió él con una sonrisa-.

Se despidieron y Héctor entró en casa. Aquel plan le apetecía mucho. Iba a ser una nueva oportunidad para intentar entrarle a su vecina en un ambiente distendido, aunque todavía no sabía cómo podría montárselo estando rodeados de tanta gente. La clave siempre era aislar a la chica de su grupo de amigos, y eso en su piso iba a ser más difícil. Le tocaba jugar fuera de casa con Ana rodeada de sus amigos y amigas, pero esto no le desanimaba.
Tras organizar la compra y picar algo rápido salieron hacia el trabajo. Los viernes no solían tener mucha tarea al no haber programa hasta el domingo, así que iba a tener tiempo de sobra para darle vueltas a como podía camelarse a su vecina preferida. Aquello empezaba a ser cuestión de orgullo masculino.

Casi toda la tarde la pasaron hablando de la juerga de la noche anterior, con muchas risas y anécdotas por parte de los que no tenían resaca. Apenas le dedicaron tiempo al trabajo. Por supuesto, Marc pudo alardear de como se había llevado a Irene a su piso para follársela "bien follada". Todos fueron testigos del numerito de la Junquera para seducir al catalán, y él no escatimó en detalles sobre su encuentro. Contó con pelos y señales las posturas en que "le había dado lo suyo", lo mucho que gozó "como una perra" y como le pedía más y más rabo. Héctor le seguía el juego e incluso compartía anécdotas propias de sus aventuras sexuales con su compañera, comparando y provocando las risas de los que estaban en el selecto círculo de las confidencias por sus comentarios subidos de tono. La fama de Irene Junquera era de sobra conocida en parte de la redacción, y a nadie escandalizaba lo que se contaba allí sobre ella.
El asturiano prefería guardarse para sí mismo su plan de esa noche y no contó absolutamente nada, ni siquiera se lo dijo a David. Las horas iban pasando muy lentamente, y Héctor le había dado vueltas y más vueltas a su cita nocturna, pensando cómo podría llevarse a Ana a la cama. Que también le gustara por su forma de ser no significaba que no se la quisiera follar.

Al final llegó a la conclusión de que lo mejor era ser él mismo y dejar que la cosa surgiera sola. Se le daba bastante bien camelarse al sexo femenino, y su físico siempre le había ayudado. Y el hecho de que ella le hubiera seguido el juego la noche anterior y además le hubiera invitado a subir a su piso le hacía pensar que quizás podía ser su día de suerte.

Por fin se acercaba la hora de salir. Rechazó un par de invitaciones para tomar algo al terminar el día inventándose una excusa y salió disparado hacia su casa. Quería cenar algo y ducharse antes de subir al piso de Ana.

Ya en casa, recién duchado, eligiendo la ropa -"¿camisa o camiseta?"- terminó de arreglarse. Le extrañó no oír nada de jaleo, ni risas o música en el piso de arriba como otras veces que Ana tenía compañía. Pese a todo, no le dio importancia.
Ya listo, se dio un último vistazo rápido en el espejo y cogió lo imprescindible antes de subir al piso de su vecina. Subió los pocos escalones que los separaban y se plantó frente a su puerta. Seguía habiendo silencio al otro lado. Llamó al timbre dos veces. A los pocos segundos escuchó unos pasos acercándose. Ana abrió la puerta y le dedicó una amplia y bonita sonrisa. Le dio dos besos. Su perfume era fresco y agradable.

Se echó a un lado y le invitó a entrar.

Héctor pasó al salón, en el que no había nadie. "Pues estamos solos" le dijo ella, que pasó a contarle lo que había ocurrido. Al parecer, a sus amigos les había surgido algo y finalmente no habían podido ir aquella noche a su casa como solían hacer los viernes. Sus vecinos le habían dicho que a lo mejor se pasaban, pero no se lo aseguraron. Aquello explicaba la ausencia de ruido que había notado desde su piso. Al asturiano aquello le pareció muy raro, pero no se iba a quejar por ello. Tenía a su vecina para él solo en un ambiente bastante íntimo. No podía creerse su suerte.
Ana le dijo que se sentara en el sofá mientras ella iba a la nevera. Trajo dos cervezas, ofreciéndole una a Héctor. Aquella noche estaba especialmente guapa. Todavía llevaba el maquillaje que le habían puesto para el Zapeando de la tarde, donde casi siempre la dejaban perfecta. Su pelo quedaba recogido en una trenza a un lado de su cuello, algo que le favorecía bastante. Vestía con un pantalón negro que le hacía un gran culo. Quizás el culo de Ana fuera mejorable o no tan bonito como el de otras famosas que si destacaban por su retaguardia, pero desde luego era un culo muy follable que visto en primera persona te la ponía bien dura. Y para rematar el look llevaba una camiseta de manga corta que pese a no ser excesivamente entallada, no podía evitar que se marcaran sus grandes y apetecibles tetas. Era algo que le pasaba con todas la camisetas debido a la talla de pecho que gastaba, daba igual que no fueran ajustadas.

Se sentó junto a su vecino, acomodando una de sus piernas doblada sobre el sofá. Brindaron y comenzaron a charlar de sus respectivas vidas y trabajos para romper el hielo...

Última edición por JavitoAy fecha: 06-jun-2017 a las 20:32.
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Antiguo 07-jun-2017, 00:40   #812
jofrillos
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Que ganas de ver como sigue me has dejado con las ganass
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Antiguo 15-jun-2017, 14:42   #813
GentleIva
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Ya he terminado el de Laura Gadea, son 2 partes al final. En cuanto termine el de Ana Morgade lo subiré.
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Antiguo 15-jun-2017, 15:03   #814
JavitoAy
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Predeterminado Ana, mi vecinita morbosa y juguetona Parte 2

Os dejo el segundo capítulo, aquí ya se pone la cosa interesante





Ambos charlaban sobre sus programas y su trayectoria profesional. La de Héctor no era muy extensa. Después de hacer algunas cosillas en su Asturias natal, decidió mudarse a Madrid donde las oportunidades eran mayores pese a que la competencia, obviamente, también aumentaba debido a los miles de jóvenes que como él, se mudaban a la capital. Había comenzado haciendo prácticas en Intereconomía, y así es como acabó en el programa de Josep Pedrerol.

La de Ana era más dilatada y conocida. Ella siempre quiso ser actriz y acabó en la tele por pura casualidad. Su vecina le iba contando los programas en los que había participado, los que habían fracasado, los que estuvieron a punto y finalmente no pudieron ser. La madrileña hablaba hasta por los codos. Su papel en Zapeando era bastante cercano a la realidad en ese sentido.
Mientras ella continuaba hablando de su experiencia profesional en la pequeña pantalla, Héctor no podía dejar de preguntarse si Ana Morgade habría tenido que mamar muchas pollas para alcanzar el actual estatus televisivo del que parecía presumir. Le resultaba muy difícil de creer que en las cadenas para las que ella había trabajado a lo largo de todos estos años no hubiera jefes, algún directivo, hombres -en definitiva- con influencia en ciertas decisiones -o simplemente con los contactos necesarios- locos de ganas por comerse aquellas tetas de las que ella presumía en pantalla. Y por supuesto, deseosos de que Ana les hiciera una buena comida de polla como agradecimiento por esa gran oportunidad que le brindaban. O simplemente como condición indispensable para poder acceder a la misma. "La de veces que te debiste follar a Buenafuente. Cabronazo con suerte" -pensaba para sí mismo-. Al fin y al cabo no solo trabajaba en televisión -un mundo en el que estas cosas están a la orden del día- sino que por encima de todo era actriz. Y el porcentaje de actrices a las que se las puede considerar putas en el sentido literal de la palabra es muy elevado. Parece que va ineludiblemente unido a la profesión. "A saber cuántos productores y directores se habrán corrido en esas tetazas llenándolas de lefa" -continuaba pensando para si mismo-.

Ana le sacó de su estado de ensoñación ofreciéndole otro botellín. Héctor lo aceptó con una sonrisa, y se dispuso a admirar de nuevo como la madrileña le regalaba la privilegiada visión de su culo mientras se dirigía al frigorífico. Ana tenía una forma de andar súper femenina, con un movimiento de caderas verdaderamente hipnótico. Regresó al sofá y pasaron a conversar de temas más personales. La velada estaba siendo bastante agradable para los dos, era evidente que entre ambos había "feelin" y el alcohol ayudaba a que fueran más desinhibidos. Tras hablar de cuestiones familiares de manera superficial, la conversación derivó hacia las relaciones de pareja y de amistad. Ninguno de los dos tenía pareja estable en ese momento, pero si amigos con derecho a roce. Sin dar su nombre, Héctor le habló de la relación que mantenía en ese momento con Irene, que hasta hacía muy poco tiempo había sido compañera de su vecina en Zapeando. Ana flipaba con algunas de las cosas que el asturiano le estaba contando, exactamente igual que hizo Marc en su momento. "Esa amiga tuya es un poco suelta eh" -Le dijo ella refiriéndose a la Junquera sin saberlo-. Después de confesarle alguna historia morbosa que había tenido lugar en el trabajo, le tocaba el turno a Ana.
Héctor desconocía si su vecina realmente sabía que en aquel edificio se oía todo, así que prefirió callar por el momento, expectante ante lo que ella le iba contar.
Ana le reveló que hacía tiempo que no tenía novio y que iba de rollo en rollo. Porque pese a que no había encontrado a un chico que mereciera la pena para ella, "una tiene sus necesidades". Estaba claro que una mujer tan atractiva como ella, siendo además famosa por trabajar en televisión, no iba a pasar hambre ni le iba a faltar un rabo que llevarse a la boca. Unos meses atrás se había estado viendo con dos chicos a la vez, alternando sus pollas para quedarse plenamente satisfecha. Una mujer como ella se lo podía permitir. Ahora tenía un nuevo follamigo que la visitaba de vez en cuando. Por pudor, no llegó a dar ningún detalle sobre su relación con él ni contó ninguna historia cachonda, pero ahí fue cuando el asturiano no se pudo contener más y le confesó que la había escuchado gemir en más de una ocasión mientras recibía su ración de rabo. Prefirió callarse que cuando eso ocurría se la ponía tan dura que se pajeaba pensando en ella, fantaseando con que él era el empotrador que le provocaba semejante placer. Ana no podía hacerse una idea de cuantas pajas se había hecho a su salud su vecino de abajo, aunque viendo algunos de sus escotes televisivos no se podía descartar que le agradara escucharlo. Y es que cuando una mujer se pone un escote que deja ver más de media teta en un programa en directo, seguro que es consciente de la cantidad de semen que se está derramando en ese momento gracias a ella -o más bien a ellas-.
Bajo ese aire de cómica pseudo-intelectual se escondía una auténtica calientapollas que disfrutaba leyendo mensajes o tuits halagadores haciendo mención a su magnífico par de tetas.

Con la cara roja como un tomate debido a la revelación sobre sus gemidos en pleno acto, Ana no sabía ni que decir. Solo quería desaparecer o volverse invisible. Su vecino se echó a reír intentando quitarle importancia al asunto. "No te preocupes mujer, si el sexo es algo natural. De todos modos yo pensé que ya lo sabías. En este edificio oímos todo de todos". Aquello no fue consuelo para ella, estaba muerta de vergüenza. Como no sabía qué decir se levantó, cogió los botellines vacíos que se habían ido acumulando sobre la mesita del salón y se los llevó para dejarlos en la encimera. Héctor no sabía si la había cagado haciéndole aquella confesión o si habría tirado por la borda cualquier opción de follársela. Hasta ese momento la noche había ido a la perfección. Se levantó tras ella y la siguió hasta la cocina.

-"Oye Ana, siento si lo que he dicho te ha molestado. No era mi intención" -dijo iniciando su disculpa-.
-"Ay, si no es culpa tuya. Es que me muero de la vergüenza, de verdad. Que me ha escuchado follando todo el vecindario" -respondió ella medio riéndose por lo cómico de la situación-. "Igual por eso no me habla la vieja de enfrente. Se pensará que soy una golfa o algo".

Ambos se echaron a reír en aquella diminuta cocina. El uno frente a la otra, con sus cuerpos separados por escasos centímetros. Sus miradas se cruzaron y algo hizo que a Héctor le diera un vuelco el estómago. Con los grandes y bonitos ojos marrones de Ana clavados en los suyos, no se pudo resistir más y comenzó su particular juego tratando de seducir a su vecina

-"No es por nada, pero esta noche estás especialmente guapa eh. Más de lo normal, que no es poco..."
-"¿Qué dices?" -Le respondió ella medio riendo-.
-"¿Cómo que qué digo? Pues eso, que estás guapísima". -Le replicó él. Ana le miró con media sonrisa en su rostro-.
-"¿Estás ligando conmigo?"
-"Mmmm sí... ¿Me vas a decir que no sabías de sobras que me gustas?" -Le preguntó él-.

La madrileña no respondió a su pregunta. Simplemente se le quedó mirando fijamente, con la barbilla alzada -Héctor le sacaba más de una cabeza de altura-. Con un gesto entre seductor y desafiante, que claramente invitaba a su vecino a que le echara valor y diera un paso adelante. Así lo interpretó Héctor que tras unos segundos de duda, temeroso de meter la pata, se lanzó a besar la apetecible boca de Ana. Ella le devolvió el beso con la misma intensidad y deseo.
Los dos continuaron un buen rato besándose apasionadamente en la cocina mientras acariciaban sus rostros y se magreaban mutuamente por encima de la ropa. El asturiano dirigió sus manos primero hacia su cintura y posteriormente al generoso trasero de Ana, sobándolo a su antojo. Ella, por su parte, recorría la ancha y masculina espalda de Héctor. Tampoco dejó pasar la oportunidad de sobar su culo -comprobando así lo duro que estaba- ni sus fuertes y trabajados brazos. Se separaron y Héctor la agarró con decisión por la cintura para subirla a la encimera. Sentada sobre esta sus bocas quedaban a la misma altura, y así continuaron comiéndose a besos.

El asturiano no se limitaba a saborear los carnosos labios de Ana. Había pasado a besar su cuello, su nuca, a morder sus lóbulos... Ella respondía gimiendo levemente, disfrutando de todo lo que le hacía su vecino. Volvieron a unir sus labios. Mordiéndoselos con delicadeza, jugando con sus lenguas.
Ahora era ella la que daba un paso adelante. Mientras se comían la boca, Ana dirigió una de sus manos al paquete de Héctor. Quería palpar su polla por encima del pantalón. Los magreos y la excitación habían provocado que su rabo estuviera semi erecto y se le marcara perfectamente dibujado, atrapado en el calzoncillo. Pero la madrileña no se conformaba con esto, y rápidamente comenzó a desabrochar los botones de su pantalón. Se moría de ganas de acariciarle la polla, de tenerla en sus manos y juguetear con ella. Metió la mano dentro del calzoncillo y comenzó a manosearla. Ya no se besaban. Ana le pajeaba con el rabo todavía dentro del pantalón. A la vez, fulminaba con una mirada llena de vicio a su vecino. Sus caras estaban separadas por unos pocos centímetros. Ambos podían sentir el aliento del otro. Héctor la miraba a los ojos sin decir nada, excitadísimo, casi en trance. Ana tenía la mano dentro de su calzoncillo, acariciando su polla y sus huevos con algo de dificultad pero con bastante maña. Al asturiano le estaba costando reprimir sus ganas de follársela allí mismo, empotrándola contra la encimera. A decir verdad, a estas alturas de la velada era difícil saber quién de los dos tenía más ganas de follar.
Ana -que estaba igual de excitada y deseando probar ya aquella polla- volvió a tomar la iniciativa, y como jugaba en casa, fue la que decidió el siguiente paso en su cita.

Así pues, le sugirió a Héctor que pasaran a su habitación. Sacó la mano de su entrepierna, bajó de la encimera de un salto y tomando a su vecino de la mano, lo guió hacia su dormitorio.
Cogidos de la mano recorrieron los escasos metros de pasillo que separaban la cocina del dormitorio de Ana. Justo al llegar a la puerta ella se giró, le dedicó a Héctor una mirada llena de picardía -acompañada de una media sonrisa-, y entraron.

Ya en la habitación, lo primero que hizo Ana fue quitarse las zapatillas que calzaba. A continuación, se dejó caer sobre la cama esperando a que el asturiano la acompañara. Él hizo exactamente lo mismo y se lanzó sobre su vecina, que aguardaba tumbada de espaldas.
Se puso encima de ella y de nuevo comenzaron a enrollarse, besándose y magreándose con desenfreno. Tras un buen rato retozando sobre la cama, Ana se puso encima de Héctor. Montada sobre él se sentía poderosa, y le iba a conceder el primer deseo de la noche. Comenzó a quitarse la camiseta mientras el asturiano la miraba expectante. La sacó completamente y la tiró a un lado de la habitación. Se quedó quieta, callada, esperando la reacción de su vecino. Héctor no era capaz de articular palabra. Estaba totalmente noqueado ante la maravillosa visión de las tetas de Ana Morgade. Perfectamente realzadas por un sencillo sujetador de color rojo, eran todo un espectáculo para cualquier heterosexual. Complacida por el efecto que había causado su delantera, la madrileña -vanidosa- se quería hacer de rogar y todavía no las iba a desnudar por completo. Se inclinó hacia adelante y volvió a besar a su vecino haciéndolo volver a la realidad.
A la vez movía sus caderas, frotando de esta forma su entrepierna con el paquete de Héctor -que estaba empalmadísimo y deseando poder liberar ya su polla-. El asturiano la sujetaba por la cintura, recorriendo con sus manos la suave piel desnuda de su vecina. Acariciaba su espalda. La repasaba de arriba a abajo con la yema de los dedos. Aprovechaba para agarrar su culazo, sobándolo. Ana, por su parte, comenzó a desabrocharle la camisa. Conforme iba bajando y abriendo los botones, lo manoseaba a su antojo. Besaba su torso, sus abdominales, el bajo vientre... hasta que llegó a su pubis. La madrileña se incorporó. Estaba tremendamente excitada y ya mojada.
A continuación, dirigió sus manos a la bragueta de Héctor en busca de su rabo ya completamente duro. Lo sacó con su mano derecha mientras con la izquierda retiraba un poco el pantalón y el calzoncillo para liberar de paso los huevos. Asombrada, no se pudo reprimir a la hora de hacer un comentario sobre el tamaño del mismo. Ana era una cachonda, y estaba deseando jugar con aquel pollón.

Con la gran polla de Héctor en su mano, montada todavía sobre él, comenzó a hacerle una paja. Al principio subía y bajaba su mano despacio por todo el tronco. Arriba y abajo, desde la base al capullo y viceversa. Unas veces apretando más, ejerciendo más fuerza sobre el falo de su vecino. Y otras menos, siendo más delicada y cariñosa. De este modo provocaba que el placer fuera aumentando paulatinamente. Con la mano izquierda a la vez, le masajeaba los huevos. Después pasó a centrarse solo en el capullo, haciendo uso de una excelente técnica pajeando pollas, dejando patente su dilatada experiencia en estas lides. Sus dedos se movían alrededor del glande con extraordinaria habilidad. Frotaba la yema de su dedo pulgar contra el frenillo de Héctor, que se dejaba hacer totalmente vencido, lanzando algún gemido como respuesta. Ana controlaba la situación. Tenía a su vecino en su mano -literalmente- y no tenía intención de darle una tregua. Así pues, se escupió algo de saliva en la mano derecha para que resbalara mejor, dejó caer otro poco sobre el glande, agarró el capullo del asturiano y decidida comenzó a masturbarlo con fuerza. Rápido. Muy rápido.
Con la polla completamente salivada, el ritmo al que le pajeaba era frenético. Aquel ya era un pajote "premiun". Ana estaba cachondísima, disfrutando con aquella paja tanto como Héctor. A Morgade le encantaba hacer pajas, desde jovencita.

-"¿Así va bien? ¿Te gusta así? Dime cuanto te está gustando. Vamos dímelo, quiero oírlo". -Le decía ella con gesto vicioso en su rostro. Héctor apenas podía articular palabras para responderle-.

Con cada movimiento de su mano -subiendo y bajando sin parar sobre el pollón de Héctor- sus tetas no dejaban de agitarse como flanes. Atrapadas en las copas del sujetador, parecían querer escapar y quedar libres. El asturiano no podía apartar la mirada de sus gelatinosos pechotes.
De repente comenzó a disminuir el ritmo. No quería acabar tan rápido, y sabía que su vecino se iba a correr más pronto que tarde si continuaba a esa velocidad. Volvió a masturbarlo despacito.

-"¿Quieres que me quite el sujetador?" -Le dijo Ana-.
-"Buff, sí por favor". -Le respondió él-.
-"¿Quieres verme las tetas?" -Continuó ella con tono lascivo a la vez que se apretaba los pechotes con los brazos-.
-"Me muero de ganas de verte las tetas". -Héctor estaba casi suplicando-.
-"Pídemelo". -Le ordenó ella. Esta vez con un tono firme y autoritario-.
-"Enséñame ya esas pedazo de tetas que tienes, por favor".

Ana sonrió presumida. Era plenamente consciente del poder que sus tetas ejercían sobre los hombres. Le encantaba que le dijeran lo cojonudas que eran. La madrileña estaba muy orgullosa de sus tetas, y no dudaba en lucirlas y sacarles provecho si podía. En sus programas de televisión eran sin duda un gran reclamo para atraer espectadores. Ana nunca había tenido reparos en ponerse escotes mostrando esos increíbles pechos naturales y su irresistible canalillo. Y era innegable que le habían ayudado a progresar en su carrera profesional.
Héctor no andaba muy desencaminado cuando divagaba un rato antes sentado con ella en el sofá. Efectivamente, unos cuantos productores y directores habían gozado con esas tetazas. Y por supuesto, habían vaciado sus huevos sobre ellas bañándolas de semen. Era una tentación demasiado grande para cualquier hombre que tuviera la suerte de catar a Ana Morgade.

Aquella era una situación que había vivido prácticamente con todas sus parejas sexuales. Coqueta, miraba como Héctor salivaba ante el inminente destape de sus pechos. Se sentía admirada y deseada, por lo que alargaba el momento todo lo que podía, haciéndose de rogar. Puso una de sus manos a su espalda, buscó el cierre del sujetador y lo abrió. Lentamente comenzó a quitárselo. Sujetando las copas contra sus pechos, aplastándolos y provocando que desbordaran por debajo de la tela, primero se sacó los tirantes. Permaneció unos segundos más tapándose con el sujetador ya desabrochado, haciendo sufrir a su vecino con algo de maldad, hasta que finalmente lo retiró y por fin dejó ver sus increíbles tetas al desnudo.
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JavitoAy
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Predeterminado Ana, mi vecinita morbosa y juguetona Parte 3

Continúo el relato para quien lo esté siguiendo con la tercera parte





Las tetas de Ana Morgade eran realmente espectaculares. Lo cierto es que no eran tan grandes como podían parecer en algunas ocasiones por televisión, donde -pese a su talla- usaba wonderbra's y sujetadores que engañaban a la vista realzando más de lo normal. Aún así, las tetas de Ana eran grandes y llenaban de verdad los sujetadores sin necesidad de usar rellenos como hacían algunas de sus compañeras. Pero lo que verdaderamente las hacía unas tetas fuera de lo común -aparte de su tamaño- era sin duda su bonita forma y su caída. Prácticamente se podría decir que eran perfectas.
Pese a ser grandes, no las tenía caídas. Desnudas se mantenían firmes desafiando a la gravedad y al paso del tiempo -Ana no era una jovencita precisamente-. Tenían la forma de una gota, y ya libres quedaban algo separadas entre sí. Las areolas eran de color marrón clarito y grandes en su justa medida, tal y como deben ser en unos pechos de semejante tamaño. Sus pezones eran gorditos e irresistibles. Ana se las mostraba orgullosa a Héctor, que las miraba embobado. La cara del asturiano la hacía sentirse plenamente satisfecha. Era una manera de alimentar su ego.

-"¿A qué esperas?" -Le dijo a su vecino- "Ven a comértelas. Si lo estás deseando. Vamos guapo". Hablaba poniendo un tono de voz sensual, de auténtica cachonda.

Continuó animándole mientras se inclinaba hacia adelante, ofreciéndole sus pechos, estimulando sus pezones con los pulgares, haciendo que se le pusieran duros. Ella también lo estaba deseando, le excitaba muchísimo que le comieran las tetas.

Héctor no lo dudó ni un segundo y se incorporó rápidamente ansioso por comerse las tetas de Ana. Se sentó sobre la cama y fue directo a por ellas. Su vecina -que continuaba montada sobre él- se arrimó un poco más poniéndoselas en la cara. El asturiano dirigió la boca hacia ellas y comenzó a chuparlas. Primero una, luego la otra, saboreándolas, amorrado como un bebé. Las agarraba con sus manos y mientras las estrujaba, jugueteaba pasando su lengua sobre los pezones duros de Ana, succionándolos y mordiéndolos con delicadeza. Ella también estaba disfrutando. Gemía totalmente entregada y animaba al asturiano a que continuara haciéndolo así de bien. Héctor cogió ambos pechos con sus manos y se dedicó a amasarlos y masajearlos. Tan blanditas y blancas, era una gozada tenerlas en las manos y jugar con ellas. De nuevo se las llevó a la boca. Lamiéndolas, besándolas, chupando sus pezones. Tal y como había deseado tantas y tantas veces mientras la veía en Zapeando. Escotada, ligeramente inclinada sobre la mesa del programa, orgullosa de ese par de pechos. Sabiendo perfectamente que unos cuantos se estarían masturbando en ese instante en sus casas pensando en ella y en sus tetones.
El asturiano subió por su escote besando su piel. Continuó por su clavícula. Pasó al cuello de la madrileña y volvieron a besarse en la boca.

Se separaron y Ana se quitó de encima. Decidida, fue directa a bajarle el pantalón y el calzoncillo. Tiró hacia abajo y con la ayuda de Héctor terminó de sacarlos dejándolo desnudo sobre la cama. A continuación, ella comenzó a desabrocharse el suyo para quitárselo también.

De pie junto a la cama, se lo terminó de sacar y lo dejó tirado en el suelo. Ana se quedó en bragas. Unas braguitas de color rosa claro con unos bonitos bordados y un lacito en el centro.
Se exhibió ante su vecino con un gesto pícaro y de nuevo se subió a su cama. Sus tetas se movían con un excitante bamboleo. Héctor la observaba sentado con las manos a su espalda apoyadas sobre el colchón. Abrió las piernas dejando un hueco en la cama y su vecina se colocó en medio tumbada bocabajo. Sin más, Ana dirigió su sensual boca hacia la polla erecta de su vecino y se la tragó de un bocado. Tras engullirla casi entera, comenzó a chuparla con esmero. Cabeceaba sobre su rabo sin prisa pero sin pausa. Subiendo y bajando, poco a poco, saboreando el pollón que tenía en su boca. Se centró en el capullo. Mientras sus carnosos labios recorrían una y otra vez el glande, su lengua lo repasaba dentro de su boquita, insistiendo sobre el frenillo. Siguió usando la lengua, esta vez para lamerlo unas cuantas veces de arriba a abajo, como si se estuviera comiendo un helado a medio derretir. Mientras le pajeaba suavemente, pasó a lamerle los huevos.
Los chupaba y se los metía en la boca, succionándolos, dejándose llevar por el vicio. Volvió a meterse la polla en la boca y comenzó a mamar con más fuerza mientras le hacía una paja. Héctor jadeaba sin parar viendo como la cabecita morena de Ana cabeceaba más y más rápido sobre su rabo. Entonces se le pasó por la cabeza una de sus fantasías.

Le pidió a Ana que parara y le sugirió cómo podía continuar aquella mamada. La madrileña lo miró con una sonrisa en su rostro. "Espera un momento" le dijo ella traviesa. Se incorporó y se dirigió a su cómoda. Abrió uno de los cajones y sacó unas gafas de pasta negra y montura grande de esas que tanto le gustaba usar en televisión. Se las puso y se giró mirando a Héctor de manera seductora. Segundo deseo concedido. En aquel momento Morgade estaba irresistible.

El asturiano se acercó a ella y le ordenó que se pusiera de rodillas ante él. Su vecina obedeció sin rechistar. Le gustaba ese juego de dominación en el que unas veces era ella la que mandaba, y otras las que se sometía a los deseos del hombre.
Arrodillada en el suelo, Ana abrió la boca dispuesta a engullir de nuevo la enorme polla con la que tanto estaba disfrutando esa noche. Héctor se agarró el rabo y se lo metió con algo de brusquedad en su preciosa boquita. Inmediatamente comenzó a bombear su pelvis con fuerza. A la vez, le sujetaba la cabeza con ambas manos para ayudarse. Ella, por su parte, se agarraba al culo del asturiano. El ritmo al que Héctor le follaba la boca a Ana Morgade era espectacular. El continuo mete-saca incluso le provocó a Ana algunas arcadas. Su saliva escapaba por la comisura de los labios y resbalaba por su barbilla. El asturiano le dio un respiro y le sacó la polla de la boca, pero a cambio pasó a ofrecerle los huevos para que le hiciera una buena comida. Ana se los tragó encantada. Primero uno, después el otro. Chupándolos y succionándolos, dando lametazos, jugueteando con ellos. Mientras, el asturiano se pajeaba viendo a la Morgade en acción comiéndole los huevos como una putita obediente.

Satisfecho, al rato Héctor quiso cambiar. Se sentó en el borde de la cama y le pidió a Ana que siguiera chupándole la polla. Ella se limpió las babas de su cara con el dorso de la mano, se acercó a él gateando a cuatro patas y de rodillas, reanudó la mamada con las gafas de empollona puestas.
Ana cabeceaba sin cesar sobre el rabo asturiano. Unas veces solamente sobre el capullo y otras tragándoselo casi entero. Sus labios envolvían el glande. Su lengua lo lamía dentro de su boca con experimentada maestría.

Aquella era una escena muy morbosa con la que muchos hemos fantaseado. Se ayudaba de su mano derecha haciéndole una paja magnífica. La izquierda estaba ya dentro de sus braguitas. Se frotaba el clítoris a la vez, tremendamente excitada. Héctor se encontraba en la gloria, y viendo que su vecina estaba receptiva, decidió confesarle otra de sus fantasías. "Quiero follarte las tetas" le dijo entre gemidos. Ana levantó la mirada sonriendo. Sus grandes y expresivos ojos le brillaban. Era evidente que aquello se lo habían pedido en innumerables ocasiones. ¿Quién no querría follarle las tetas a Ana Morgade?

-"¿Quieres follarme las tetas?" -Le respondió ella-. "Míralas, ¿son bonitas eh? ¿Te las quieres follar? ¿Quieres correrte en ellas?" -Le decía Ana mientras tocaba y magreaba sus magníficas tetas-.

La excitación de Héctor aumentó viendo a Ana tan cachonda y con ganas de hacer guarradas. Así pues, se agarró ambas tetas con las manos, se escupió en ellas para que tuvieran lubricación y resbalara mejor, y las puso alrededor de la polla de su vecino. A continuación, las apretó todo lo que pudo y comenzó a frotarlas contra su rabo. Inmediatamente, el asturiano se dio cuenta de que Morgade tenía bastante experiencia haciendo cubanas. Aquella destreza la delataba.
Mientras su polla aparecía y desparecía engullida por aquellas maravillosas tetas, Ana le dedicaba una mirada inocente y provocadora, a la vez que le ponía morritos. Con aquellas gafas puestas, la escena era extremadamente morbosa. Héctor estaba a punto de correrse -demasiado tiempo había aguantado el ritmo de la madrileña- y quiso cambiar una última vez antes de culminar. Así se lo hizo saber a Ana.

Le pidió que se tumbara sobre el colchón. La madrileña lo hizo, colocándose bocarriba. Entonces Héctor se subió también a la cama y se puso encima de ella. Colocó su rabo entre las tetas de Ana para continuar la cubana. Ella envolvió de nuevo la polla asturiana con sus pechotes, apretando con fuerza para que fuera más intenso y placentero.
Héctor comenzó a moverse, frotándose contra las tetazas de su vecina. Poco a poco fue aumentando el ritmo al que le follaba las tetas a Ana, que resistía cada embestida que recibía. Ella estaba igual de cachonda viendo como aquel pollón asomaba el capullo y volvía a esconderse entre sus grandes tetas. Morgade sacaba la lengua, buscando y lamiendo el glande cada vez que se acercaba a su boca. Al poco, Héctor le avisó de que se iba a correr, lo que provocó que la madrileña le animara a que aumentara el ritmo diciéndole más guarradas.

Finalmente, Héctor se dejó ir y se corrió en las tetas de Ana Morgade llenándolas de semen. El asturiano descargó varias veces. Parte de su corrida salió disparada y acabó en el cuello y en el mentón de su vecina. Para concluir definitivamente, Héctor le puso los huevos sobre la barbilla y se sacudió la polla terminando de sacarse todo el semen que le quedaba sobre la carita de Ana, que lo recibió encantada. Tercer deseo concedido.

Totalmente satisfecho y relajado, el asturiano se quitó de encima y se tumbó al lado de Ana.

-"¿Qué? ¿Te ha gustado?" -Le preguntó su vecina-.
-"Joder si me ha gustado. Ha sido un pasada". -Respondió él-.
-"¿Sí?" -Le replicó ella sonriente y orgullosa. Sabía de sobras lo buena que era mamando de pollas y haciendo pajas. No había rabo que se le resistiera si se lo proponía-.
-"Eres la hostia tía".

Ana se incorporó y echó un vistazo a sus pechotes. Estaban cubiertos de semen que empezaba a resbalar lentamente hacia su tripa. También tenía un poco colgando de su barbilla, y la lefa que había ido a parar a su cuello empezaba a caerle hacia la clavícula. "Me has puesto perdida tío" dijo riéndose. A Ana le encantaba que se corrieran sobre ella. Recibir una cálida descarga de leche era algo que le daba mucho morbo. Ya fuera en sus tetas, directamente en la boca o en la cara. Estaba deseando verse en un espejo.

Más de una vez mientras se tocaba en la intimidad había llegado a fantasear con escenas que parecían sacadas de películas porno. Escenas en las que ella era la protagonista y se encontraba arrodillada, rodeada de hombres apuntándola con sus enormes pollas en la mano, disparándole su semen sobre su piel desnuda, bañándola por completo con su leche. Aquello era algo que la hacía sentirse una guarra. Y le gustaba. En el fondo sabía que era una cerdada y nunca le había confesado a nadie aquella fantasía. Desde que comenzara a ser sexualmente activa, no había tenido la oportunidad de hacer algo parecido, aunque sí había llegado a follar con dos chicos a la vez o a enrollarse con varios en una misma noche.

Sentada sobre la cama, se restregó algunas gotas del semen que corría sobre su piel y se levantó para lavarse. Héctor permanecía tumbado en silencio. Se limitó a contemplar como Ana se dirigía hacia el baño moviendo sus caderas con esos andares tan femeninos, solamente con sus braguitas puestas, deleitándose con su culazo y su cuerpo semidesnudo. Así pudo ver por fin el tatuaje que Ana tiene en la parte baja de la espalda. Lo único que se le pasaba al asturiano por la cabeza en aquel momento era corresponderle a su vecina cuando regresara a la habitación.
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JavitoAy
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Predeterminado Ana, mi vecinita morbosa y juguetona Parte 4

Continúa el relato de Ana. PENÚLTIMA parte






Ana entró en el baño. Encendió la luz, se quitó las gafas sin cristales y se contempló delante del espejo. Tenía el canalillo y las tetas cubiertas de semen. Blanco y espeso en su mayor parte, había comenzado a deslizarse por su vientre. Una gota bordeaba ya su ombligo y amenazaba con llegar hasta la goma de sus braguitas. Su escote también tenía restos de la descarga de su vecino. Se unían con los que poco a poco resbalaban por su cuello y su clavícula. Llegaban incluso a tapar el pequeño antojo de su piel. Se acercó un poco más para observar mejor la lefa que Héctor había dejado al final de su corrida sobre su mejilla y su nariz. También el grumo que aguantaba en su barbilla resistiéndose a caer. Ana no podía evitar sonreír al verse con ese aspecto, con parte de su piel cubierta de semen.
Aunque no era suficiente cantidad para colmar su deseo de cumplir su recurrente fantasía protagonizando un bukkake, aquella había sido una corrida abundante y satisfactoria para ella.

Antes de retirarlo bien con agua y jabón, Ana aprovechó para extender parte de los restos de semen sobre su piel desnuda. Como si se estuviera dando una crema hidratante en las tetas, comenzó a restregar toda aquella leche a la vez que se masajeaba los pechos. Haciendo movimientos circulares con sus manos, levantándolos y dejándolos caer nuevamente. Pasando los dedos por sus pezones, acariciándolos y pellizcándolos. Excitándose y sintiéndose sucia a la vez.

Mientras su vecina se estimulaba a sí misma en la intimidad de su cuarto de baño, Héctor la esperaba impaciente. Solo en el dormitorio, sentado desnudo sobre la cama, echaba a volar la imaginación con todo lo que deseaba hacerle a Ana cuando regresara.
Se la quería follar. De una manera brutal. Como pocas veces antes había querido follarse a ninguna otra chica. Quería que gritara todavía más que cuando la visitaba su follamigo y que los oyeran todos los vecinos. Habían sido demasiadas pajas en su honor, pensando en ella. Llevaba demasiado tiempo poniéndole cachondo por televisión con sus escotes y su descaro. Era lo que se merecía, por guarra y calientapollas. El listón estaba muy alto con Irene Junquera, pero con aquella increíble demostración de su talento natural para felar rabos, Ana había conseguido que Héctor se olvidara de la que fuera su compañera en Zapeando. Ahora que la tenía para él solito no iba a dejar pasar la oportunidad.

Escuchó que el agua dejaba de correr.

Ana terminó de secarse y se dirigió a su dormitorio. Llegó a la puerta y se quedó apoyada sobre el marco, esperando a que su vecino se percatara de su presencia. Héctor volvió de sus pensamientos y se quedó contemplando a la madrileña en silencio, esta vez por delante y con todo detalle. Para él en aquel momento, no había nada más sexy en este mundo que Ana Morgade vestida únicamente con unas braguitas rosas.
Lo cierto es que la figura de Ana no era extraordinaria, y desde luego no tenía lo que se dice un tipazo. Era bajita y algo ancha de caderas. Sus piernas sí eran bonitas. Debía hacer algún tipo de ejercicio porque se notaba que estaban trabajadas. Sus pies también eran bonitos. Ana era coqueta y llevaba las uñas pintadas del mismo color que las de las manos.
Su cintura era estrecha, y su vientre plano gracias en parte a las clases de danza que practicaba desde hacía unos cuantos años. Y para finalizar aquel repaso visual a la anatomía de la madrileña, estaban sus grandes, apetitosas y preciosas tetas. Dos tesoros que el asturiano había tenido la fortuna de saborear y disfrutar hasta el punto de llegar a correrse en ellas. Ana se sentía deseada.

Con una sonrisa en su rostro avanzó hasta Héctor, que se levantó ansioso de ella. De pie junto a la cama, se miraron fijamente el uno a la otra un instante, y finalmente unieron sus cuerpos besándose de nuevo. Muy excitados, se rozaban mutuamente a la vez que volvían a comerse la boca. Héctor tenía a Ana tomada por la cintura, pero sus manos pronto pasaron a recorrer toda su piel. De su espalda desnuda las dirigió a su culo, agarrándolo y sobándolo a su antojo. Inmediatamente pasó a manosearlo con las manos metidas dentro de las braguitas de su vecina, que se dejaba magrear encantada mientras ella hacía lo mismo con el cuerpo del asturiano. Este comenzó a besarla en el cuello, bajando poco a poco hasta su escote. De nuevo las tetas de Ana fueron una tentación irresistible para él, y volvió a comérselas totalmente entregado. A la vez que las amasaba con sus manos, las chupaba y jugaba con sus pezones. La madrileña observaba con satisfacción como su vecino devoraba con ansia sus pechotes, gozando ella también, excitadísima. Su cara la delataba.
Dirigió su mano izquierda hacia la erecta polla asturiana y comenzó a acariciar su capullo, pajeándolo con mimo.
Entonces Héctor tomó la iniciativa. Sujetó a Ana por las caderas y decidido, la giró colocándola de espaldas a él. Se arrimó a ella rodeándola con sus fuertes brazos. Sus cuerpos pegados piel con piel. Acariciando su vientre. Haciendo que Ana notara bien en su culo su polla totalmente dura, apretándola intencionadamente contra ella. Rozándola con suaves movimientos y poniéndose muy cachondo. Volvió a besarla de nuevo en el cuello. Despacio, con ternura. Ana dejaba escapar tímidos gemidos. Ella también estaba muy cachonda. A la vez, el asturiano agarraba sus tetas. Masajeándolas, levantándolas y dejándolas caer, disfrutando de su gelatinoso movimiento, jugando de nuevo con sus pezones duros. La madrileña cerraba los ojos e inclinaba su cabeza hacia atrás apoyándola en sus pectorales, totalmente rendida. Héctor liberó una de sus manos y continuó acariciándola.

Bajó por su vientre, jugueteó con su ombligo, y prosiguió atrevido hacia la entrepierna de Ana. Levantó la gomita de sus bragas. Introdujo la mano y siguió bajando mientras recorría su suave piel con la yema de sus dedos. Notó algo de pelito en su pubis y finalmente sus dedos llegaron hasta su coñito. A la vez que seguía besando su cuello, con delicadeza, comenzó a acariciar los labios de su chochito. Ana estaba muy mojada. Sus braguitas estaban empapadas. El asturiano se había esmerado calentándola y ahora la estimulaba poco a poco. Ella empezaba a jadear y a retorcerse de placer. Quería más. Mucho más.

La pareja seguía de pie al lado de la cama. Héctor retiró la mano del coñito de Ana y la sacó de su húmeda entrepierna. En aquel momento por su cabeza solo pasaba la idea de hacerle una comida de coño a la altura de la comida de polla que ella le había hecho un rato antes. Dispuesto a ello, comenzó a bajarle las braguitas dejando al desnudo su culo y deslizándolas poco a poco por sus muslos con la ayuda de su vecina.
Las dejó caer hasta sus tobillos, y ella las echó a un lado con su pie derecho. Ana se inclinó ligeramente hacia adelante ofreciéndole su culazo. El asturiano se relamía con la visión que tenía ante él.
El culo de Morgade era ancho y generoso. Era un pandero digno de admirar, y con su vecina en aquella postura era difícil resistirse a él. Héctor le dio un cachete en cada nalga y lo manoseó a su antojo. Su coñito tenía un aspecto delicioso e irresistible. Carnoso, ligeramente oscuro, plegadito y cerrado, con los labios menores un poco salidos. El asturiano se agachó, puso una mano en cada moflete de su culo y lamió la rajita de Ana de abajo a arriba. Sin prisa pero sin pausa. Una y otra vez. Metía la lengua entre sus labios, jugando con su chochito, haciendo que a su vecina le temblaran las piernas por el placer. Tras varios minutos así, decidieron cambiar de postura.
Ana se tumbó en la cama bocarriba y abrió completamente las piernas. Comenzó a masturbarse. Pasaba el dedo corazón por su coñito. Primero despacio, después más rápido. Volvía a hacerlo despacio. Abría sus labios y se metía dos dedos. Mientras se tocaba se mordía el labio inferior de gusto. Se echó algo de saliva en sus dedos y comenzó a frotarse el clítoris. Jadeaba sin cesar, cada vez más excitada.
A la vez -con la mirada- invitaba a Héctor a que se uniera a ella. El asturiano estaba frente a su vecina disfrutando del espectáculo. Ahora podía ver que Ana llevaba el chochito con algo de pelo, bien cortado y arreglado. La polla se le había puesto aún más dura viendo como se daba placer a sí misma. Él también había comenzado a tocarse, acariciándose el capullo, salivando por el coñito de Ana Morgade. Se arrodilló a los pies de la cama y sin pensárselo dirigió su boca al coño de Ana, que lo recibió ansiosa.
Comenzó a comérselo totalmente fuera de sí, sobreexcitado por la situación. Devorándolo entero sin delicadeza. Tenía a la mujer que más cachondo le ponía en este mundo abierta de piernas ante él, ofreciéndole su sexo. Pasados los primeros segundos de desenfreno, el asturiano se relajó y empezó a dar lo mejor de sí mismo. Volvió a lamerle toda la rajita como si se estuviera comiendo un helado de su sabor favorito. Jugaba con su lengua, usándola para llegar a cada rincón del chochito de Ana. Estaba delicioso. Chupaba sus labios mayores y saboreaba sus jugos. La madrileña gemía cada vez más, y le pedía que no parara de hacer lo que estaba haciendo, empujando la cabeza de su vecino contra su entrepierna. Héctor pasó a estimular su clítoris. Usaba su lengua con maestría, tirando de recursos y de su dilatada experiencia comiendo chochos. Lamía en todas las direcciones, dibujaba círculos y figuras imaginarias. Unas veces más rápido, otras más despacio. Ana se retorcía de placer. Levantaba las caderas en el aire incapaz de mantenerse quieta ante todo lo que su vecino le hacía en su coñito.
El asturiano seguía a lo suyo. Succionaba y chupaba el clítoris a la vez que le metía dos dedos en su chocho. Sabía que su vecina estaba a punto de irse. Lo notaba por cómo se movía, inquieta. Así que aumentó la intensidad y el ritmo de la comida de coño hasta que Ana se corrió finalmente dejando escapar sonoros gemidos y algún grito por el placer. A Héctor no le eran desconocidos, la había oído correrse muchas veces. Esta vez él había sido el afortunado que los había provocado haciéndola llegar al orgasmo.

Ana continuaba tumbada y espatarrada. Se había quedado totalmente exhausta. Era incapaz de recordar la última vez que le habían comido el coño con tanta destreza y devoción.
Para ella no era fácil encontrar chicos que disfrutaran de verdad comiéndoselo. Muchos bajaban a su entrepierna por compromiso o porque ella se lo rogaba. Sin ganas, haciéndolo regular o directamente mal.
Héctor se incorporó y se dirigió a la cocina para refrescarse. Al volver, Ana lo esperaba acostada todavía sobre la cama. Seguía con las piernas abiertas, relajada. El asturiano se acercó a ella, se puso encima y la besó en la boca apasionadamente.

El ligero respiro que se habían dado solo había servido para que aumentaran las ganas de seguir con su maratón sexual. Se morían de ganas de follarse el uno a la otra y viceversa.
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Antiguo 26-jun-2017, 14:17   #817
lucas27
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Predeterminado

Expectaculares relatos!!!
Hace tiempo que no hay de Edurne, una de las mujeres más impresionantes!
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Antiguo 26-jun-2017, 17:02   #818
mafiosill
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Predeterminado Ana simon y cristina pedroche - Zapeando (lesbico)

A ver quien se le ocurre el mejor relato lesbico entre cristina P y ana simon, mis 2 musas de zapeando, os dejo elegir detalles incluso algun consolador tipo polla jajajajajjaa, pero lo mas real posible.... Lo unico que pido es que no haya nada de sado

A ver gente abran sus fantasias mas pervertidas y dejenlas salir a ver que sale...

Estas tias me ponen solo con verlas, imaginense como tienen que ponernos a mas de uno imaginandolas follando entre ellas

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Antiguo 28-jun-2017, 17:05   #819
JavitoAy
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Predeterminado Ana, mi vecinita morbosa y juguetona Parte 5 FINAL

Os dejo el capítulo final del relato de Ana Morgade. Espero que a alguien le haya gustado, yo me lo pasé muy bien escribiéndolo mientras me imaginaba cada escena






Los dos continuaban comiéndose a besos y poniéndose a tono de nuevo. Sus lenguas se entrelazaban. Sus cuerpos desnudos se rozaban. Entre ellos había muchísima química sexual.

-"Te ha gustado ¿eh?" -Le dijo el asturiano sabiendo la respuesta de antemano-.
-"Bufff. No lo sabes tú bien". -Respondió Ana riendo-.
-"Ya te he visto. Se te han puesto los ojos en blanco". -Le contestó él riendo también-. "La verdad es que tienes un coñito delicioso". -Continuó a la vez que le mordía en la oreja-.
-"¿Sí? ¿Estaba rico?"-Le dijo ella traviesa-.
-"Estaba MUY rico". -La pareja seguía calentándose- "¿Y mi polla? ¿Estaba rica mi polla?"
-"Tu polla me ha vuelto loca". -Le respondía ella mordiéndose el labio y estirando su brazo izquierdo, buscando el rabo asturiano para sentirlo de nuevo en su mano y acariciarlo-.
-"¿Quieres que te la meta?"
-"Sí, quiero que me la metas ya".
-"¿Quieres que te folle?"
-"Sí, fóllame joder ¡Vamos!"

Se besaron unos minutos más, magreándose, buscándose mutuamente. Ambos se habían puesto cachondísimos y ya no aguantaban más. Héctor se incorporó y tomó a Ana de las caderas para colocarla en una postura cómoda para los dos. Bocarriba, casi al borde de la cama, la madrileña se abrió de piernas. Con las rodillas dobladas, los pies colgando en el aire, esperando a que su vecino la penetrara y se la follara de una puñetera vez. El asturiano se colocó de pie entre sus piernas, dirigió su polla a la entrada de su coñito y por fin se la metió.

Héctor comenzó a moverse. Al principio su ritmo era muy lento. Le metía todo el rabo casi hasta la base y lo volvía a sacar sin salirse del todo, dejando su capullo dentro de Ana. Una y otra vez. Alargando esos instantes de placer para ambos.

La pareja se miraba a los ojos con complicidad. Ana dejaba escapar largos gemidos. El asturiano fue aumentando paulatinamente el ritmo al que empujaba. Ahora un poco más rápido. Un poquito más. Más todavía. Ana le pedía que no parara y que se la metiera con más fuerza. Héctor se iba excitando cada vez más con las palabras de su vecina que lo miraba desafiante, exigiéndole que la follara más duro.
El asturiano bombeaba ya con todas su fuerzas. La velocidad del mete-saca era brutal. Ana gritaba sin cesar. A la vez se frotaba el clítoris, haciendo que la follada fuera mucho más intensa para ella. El asturiano gemía por el esfuerzo y el placer. Las tetazas de Ana se movían sin parar por las embestidas que estaba recibiendo. Parecían dos flanes en movimiento. Héctor las agarró de nuevo mientras seguía empujando, enamorado de ellas.

La pareja rebajó el ritmo para tomarse un respiro momentáneo. Ana levantó las piernas y colocó los pies sobre los hombros de su vecino. Subió ligeramente el pubis dejándolo suspendido en el aire y con la polla dentro de su coñito otra vez, reanudaron la follada. Héctor la sujetaba por las caderas y seguía empujando, llevando la iniciativa. Entonces Ana comenzó a mover su pelvis acompasadamente con cada acometida que recibía. Se compenetraban a la perfección y estaban decididos a darse mutuamente el máximo placer. Tras unos minutos más follando en esta postura, decidieron cambia a otra más cómoda. Ana se tumbó bocabajo con las piernas un poquito separadas, esperando ser penetrada. Héctor se puso encima de ella. Separó sus nalgas buscando la entrada de su coñito, dirigió su polla y se la clavó hasta el fondo para volver a follarla.
De nuevo comenzó despacio. Sin prisa pero sin pausa. Metiéndosela con ímpetu, haciendo que Ana sintiera contra su culazo cada embestida. Tenía a merced de su polla a unas de las tetonas más deseadas de la tele nacional. Rendida y pidiendo más. Poco a poco fue aumentando la velocidad a la que la empotraba. Héctor se la metía y la sacaba ya a buen ritmo, totalmente desatado. Se agarraba con fuerza a los mofletes del culo de Ana. Los apretada y los separaba, jugando con ellos. Pero el asturiano quería disfrutar aún más de ese pandero que le ponía tan cachondo. Paró y se salió de Ana. Le pidió que se pusiera a cuatro patas. Ella se dispuso conforme. Le encantaba que se la follaran en esa postura. Siendo usada, recibiendo rabo. El asturiano pudo apreciar mejor el tatuaje de la madrileña.
Tenía tatuada una calavera en la parte baja de su espalda. Aquello le dio todavía más morbo. Todas las guarras se hacían tatuajes encima del culo. Y Anita Morgade le estaba demostrando ser una guarra de primera. Aquello de "una tiene sus necesidades" venía a significar que las pollas la volvían loca.

Así pues, se puso a cuatro patas justo en el borde de la cama. Héctor se colocó de pie detrás de ella, la apuntó con su polla, y sin más dilación la penetró para seguir follándosela. Desde la primera embestida, el asturiano se la follaba a un ritmo bestial. Dejando a un lado las sutilezas y la ternura de unos minutos antes, empujaba sin parar sujetando a Ana por la cintura. Él ya solo pensaba en darle lo que se merecía por calientapollas. Tal como había fantaseado en tantas y tantas ocasiones cuando se pajeaba con los gemidos de su vecina de arriba.
Ella simplemente se dejaba follar. Estaba gozando como una perra recibiendo las constantes embestidas de Héctor. La velocidad del mete-saca era brutal.

Sus cuerpos rebotaban una y otra vez haciendo que los mofletes del culazo de Ana temblaran sin parar. Sus tetones se balanceaban en todas las direcciones. Héctor los veía gracias al espejo de pie colocado en un rincón de la habitación. Era una puta pasada ver las preciosas y grandes tetas de Ana Morgade moviéndose de aquella manera. Ella misma se las agarraba y se pellizcaba los pezones por puro placer.
Ana volvía la cabeza hacia atrás para mirar lascivamente como su vecino la empotraba sin compasión, sin dejar de pedirle que la follara todavía más duro. Héctor se animó y comenzó a darle cachetes en el culo hasta dejarle los mofletes rojos. Su vecina le pedía más, y quería que le diera más fuerte. El asturiano se puso todavía más cachondo de lo que estaba y le dio un par de palmadas más en cada nalga, tal como ella le había rogado. Ambos jadeaban exhaustos por el fuerte ritmo de la follada, por lo que tuvieron que bajar la intensidad.

La madrileña aprovechó para acomodarse un poco. Inclinó su espalda hacia abajo arqueándola ligeramente y apoyó su cara contra el colchón, agarrándose los tobillos. De esta forma le ofrecía a su vecino su espléndido culo y su coñito para que siguiera follándola. E incluso para que eligiera el agujero por el que se la quería meter. Héctor la contemplaba embobado. Ni en sus fantasías más calientes se había imaginado a una Morgade tan facilona y dispuesta a ser follada. Tan sumisa. Tan viciosa. Tan puta, en definitiva.

De modo que el asturiano se la volvió a meter en su chochito para continuar aquel sensacional polvazo. Aquella nueva postura le excitaba todavía más. A Ana también. No dejaba de gritar y de gemir, retorciéndose de gusto con la polla de su vecino entrando y saliendo de ella a un ritmo espectacular. Héctor la taladraba sin piedad una y otra vez, espoleado por los gritos de su vecina exigiéndole más.

Entonces Morgade quiso cambiar de postura. Ahora le tocaba a ella llevar el ritmo de la follada. Héctor se salió de Ana y se tumbó en la cama bocarriba, tal como le ordenó ella. El asturiano no se podía imaginar lo que le esperaba.
Su vecina se subió encima de él y le montó. A continuación, la madrileña -con una sonrisa pícara en su rostro- tomó la polla de su vecino y se la metió en su coñito. El simple hecho de volver a tenerla dentro de ella la hizo estremecerse. Comenzó a menearse despacio, con suaves movimientos de cadera. Cerraba los ojos, mordiéndose el labio inferior, dejando escapar largos suspiros. A la vez, se frotaba el clítoris con la yema de su dedo corazón. Héctor la agarraba por la cintura, dejándose hacer, disfrutando de Ana Morgade. Verla contonearse de aquella manera tan sensual sobre uno mismo era suficiente motivo de satisfacción. Poco a poco, la madrileña fue aumentando la intensidad. Ana movía su pelvis con una destreza bestial. Se notaba que practicaba danza del vientre. Dominaba a la perfección esa disciplina y esta postura sexual. Cuando cabalgaba con una polla dentro de su coñito, sabía cómo dar lo mejor de sí misma. Alternaba rápidos golpes de cadera con otros más pausados, subiendo y bajando el ritmo a su antojo. De nuevo se tocaba las tetas, acariciándolas, pellizcándose los pezones. Después sus manos recorrían el musculado torso desnudo del asturiano. Él se agarraba al culo de Ana, manoseándolo. Jadeaba sin cesar, rendido y maravillado ante la tremenda exhibición de talento como folladora de su vecina de arriba. Ella apretaba los músculos de su vagina haciendo crecer el placer que sentían ambos. Morgade follaba como una diosa.

La madrileña seguía llevando la iniciativa y decidió cambiar levemente su postura. Se giró dándole la espalda a Héctor y se sentó sobre él, metiéndose el pollón asturiano en su precioso coñito. A continuación, se inclinó hacia adelante y comenzó a mover de nuevo sus caderas. Subía y bajaba sin cesar sobre el rabo que tanto la estaba haciendo gozar. Con enérgicos y certeros golpes, cada vez más deprisa. Héctor seguía resistiendo la intensa follada de Ana. Entre jadeos y gemidos solo podía admirar el grandioso trasero de Ana agitándose ante él.
Su chochito devoraba su polla una y otra vez a un ritmo brutal. La madrileña estaba desatada. Ahora era ella la que se follaba a su vecino sin compasión. Héctor manoseaba su culo. Agarraba y abría sus nalgas totalmente fascinado por esas magníficas cachas que tenía delante de él.

Tras unos intensos y placenteros minutos, Ana fue aminorando paulatinamente el ritmo del mete-saca hasta hacerlo despacito, llegando casi a detenerse. Giró su cabeza hacia atrás buscando la cara de Héctor. Sonriente, traviesa. Sabedora de lo buena folladora que era.

Morgade estaba deseando culminar ya el polvazo para correrse por segunda vez aquella noche. Volvió a girarse para montar a Héctor frente a frente. Se sonrieron mutuamente y se besaron en la boca, dedicándose un gesto cómplice antes de continuar. Se cogieron de las manos entrelazando sus dedos. Ella comenzó a mover de nuevo sus caderas como si estuviera haciendo danza del vientre, sacudiendo su pelvis con una sensualidad y un erotismo extraordinarios. No tardó en aumentar el ritmo de sus movimientos. Sus golpes de cadera eran cada vez más rápidos. La madrileña estaba cachondísima y se estaba follando a Héctor de una manera bestial. Bañada completamente en sudor, resoplando por el esfuerzo. Él la sujetaba por la cintura y movía su pelvis de manera acompasada. Entre continuos "síes", jadeos y sonoros gemidos -ya conocidos en todo el vecindario-, Ana estaba a punto de irse. Seguía cabalgando sobre su vecino a un ritmo brutal, sin darle tregua ni descanso. Su magnífico par de tetas le bamboleaba sin cesar. Era algo hipnótico. Una de esas imágenes que se te quedan grabadas para siempre en la memoria. Los increíbles tetones de Ana Morgade botaban una y otra vez con cada golpe de cadera que ella daba. Ana cerró los ojos, echó su cabeza hacia atrás y cabalgando como la diosa del sexo que era, se corrió finalmente entre espectaculares gemidos. Su cuerpo temblaba de puro placer. Su rostro reflejaba el clímax al que había llegado.

Ana se quedó totalmente relajada, pero Héctor no había terminado.

Tras unos segundos de pausa, el asturiano se incorporó. Ana continuaba encima de él con su polla todavía dentro de ella. La abrazó por la cintura, la besó apasionadamente en los labios y le pidió que se diera la vuelta. Su vecina le sonrió risueña y se dispuso a complacerle una vez más. Se giró y se puso de rodillas sobre la cama sentada sobre sí misma. Se inclinó hacia adelante, apoyándose en el colchón. Levantó ligeramente su formidable culazo, ofreciéndole su coñito a Héctor para que la follara a su antojo hasta correrse. Giró la cabeza hacia atrás aguardando a que la penetrara. "¿A qué esperas?" Le preguntó ansiosa, mirándolo sugerentemente con sus enormes y preciosos ojos marrones. Como si no hubiera tenido suficiente aquella noche y deseara continuar recibiendo rabo. Morgade parecía insaciable.

Héctor se colocó de rodillas detrás de ella, dirigió su polla a la entrada de su chochito y se la metió dispuesto a culminar la sesión de sexo con Ana Morgade. Ella la recibió en su interior con un suave gemido. No lo podía evitar, le gustaban demasiado las pollas y que se la follaran bien follada. Aquella noche la estaban dejando más que satisfecha.

El asturiano comenzó a bombear su pelvis. Se empleaba con fuerza desde el primer empujón, rebotando constantemente contra las nalgas de Ana. Ella se movía con maña al mismo ritmo, acompañando las embestidas de su vecino que la taladraba sin descanso.
A Ana le encantaba que la follaran duro. Gemía y pedía más. Héctor la sujetaba con el brazo alrededor de su cintura. Su otra mano agarraba y manoseaba sus tetas. El asturiano pronto sintió que estaba a punto, y tras unos segundos más de mete-saca se dejó ir corriéndose dentro del coñito de Ana Morgade. Ella recibió la descarga con una gran sonrisa. Le ponía muy cachonda sentir el caliente chorro de semen en el interior de su chochito.

Exhausto por el esfuerzo y con los huevos vacíos, Héctor intentaba recuperar el aliento. Se salió de Ana. La besó con ternura en el cuello y en los hombros y se tumbó en la cama.

Ana cogió unos kleenex de la mesilla para limpiarse la lefa que se salía de su rajita antes de que cayera en las sábanas. Después se tumbó junto a su vecino apoyando la cabeza sobre su torso.

-"¿Qué tal? Bien, ¿no?" -Preguntó Ana, aunque ya conocía la respuesta-.
-"Ha sido la hostia". -Respondió su vecino resoplando, totalmente agotado-.
-"No se nos da mal ¿eh?" -Continuó ella riendo-.
-"Pero que nada mal. Eres una máquina tía". -Ana lo miraba sonriente y orgullosa- "De todos modos habrá que repetirlo ¿no?" -Ella rio-.
-"Cuando quieras nene... ¿Oye, crees que nos habrán oído follar?"
-"Con lo que gritas nos han oído hasta los del Primero".

Ambos se rieron.

Se quedaron un buen rato tumbados, abrazados el uno a la otra, descansando. Héctor estaba feliz. Había echado uno de los mejores polvos de su vida y de paso, había encontrado a la mejor sustituta posible de Irene. Ana Morgade estaba más buena, era más morbosa, follaba mejor y era incluso más guarra que la Junquera. Estaba deseando repetir con su vecinita de arriba.
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Antiguo 01-jul-2017, 17:57   #820
PajeMaker
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Predeterminado

Genial. Cuánto detalle. Ana da un morbazo para morirse.
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Antiguo 01-jul-2017, 18:56   #821
JavitoAy
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Ahora voy a ceder el tema a otros compañeros durante un tiempo (tengo la sensación de haberlo monopolizado) pero ya le voy dando vueltas a alguna idea. Me gustaría saber si os gustarían relatos sobre Corinna Randazzo, Graciela Alvarez o Mamen Mendizábal.

Pregunto porque no se si el de Irene J y el de Ana M han gustado al ser chicas menos "mediáticas" que otras habituales del tema como Anna S o Cristina P, y escribir para nadie no tiene sentido.
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Antiguo 02-jul-2017, 09:07   #822
Megaman4
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Ahora voy a ceder el tema a otros compañeros durante un tiempo (tengo la sensación de haberlo monopolizado) pero ya le voy dando vueltas a alguna idea. Me gustaría saber si os gustarían relatos sobre Corinna Randazzo, Graciela Alvarez o Mamen Mendizábal.

Pregunto porque no se si el de Irene J y el de Ana M han gustado al ser chicas menos "mediáticas" que otras habituales del tema como Anna S o Cristina P, y escribir para nadie no tiene sentido.
A mí me gusta que los relatos sean plurales, con famosas varias, que sino todo se resume a Anna S. y Cristina P. y creo que hay muchas otras famosas que merecen un relato bien morboso, no?

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Antiguo 10-jul-2017, 18:21   #823
desfimosao
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Yo he disfrutado enormemente con las de Irene y Ana Morgade. Mil gracias
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Antiguo 13-jul-2017, 00:32   #824
Luis2510
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En mi caso, no es que no me gusten(los disfruto y mucho). Si no que me aburro demasiado pronto de las cosas(El de la Junquera la ultima parte ni la llegué a terminar de leer y el de la Morgade ni lo he leído). Supongo que cuando pase al tiempo me los acabare leyendo y disfrutando de ellos, pero hoy no es el día.

Gracias a tod@s por vuestros relatos.
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Antiguo 19-jul-2017, 03:02   #825
unicamente2003
Pajillero Novato
 
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que paso con el relato de patricia conde?
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