Antiguo 08-jul-2018, 11:19   #976
noctambulo106
Pajillero Novato
 
Fecha de Ingreso: ene-2008
Mensajes: 3
Gracias 0 Veces en 0 Posts
Predeterminado Mamen mendizabal

Más de mamen mendizabal con sus colaboradores x favor
noctambulo106 is offline   Citar -
Antiguo 08-jul-2018, 12:58   #977
DotadoJoven
Pajillero
 
Avatar de DotadoJoven
 
Fecha de Ingreso: nov-2017
Mensajes: 35
Gracias 46 Veces en 19 Posts
Predeterminado Se armo la mundial (Parte 4) (Relato pedido por The Phenom)

Helena estaba fliapndo por todo, no sabia que pasaba en ese hotel o porque los chicos de la seleccion estaban tan "cariñosos" con ella.

Asique decidio ir a su habitacion a relajarse. La sorpresa fue cuando entro en su habitacion y en la cama encontro una nota que decia:

"Te esperamos a las 22:00 en la habitacion 201, no faltes"

Ella dudo, pero prefirio preparase para ir, a ver que se encontraba. No sabia si era una amenza, una broma o que podia ser, pero su afan de querer saber todo podia con ello y tenia claro que tenia que asistir.

Se dio una ducha, se puso mona por si acaso, y a las 21:55 toco la puerta de la habitacion.

Iba vestida con una camiseta y falda, acompañada de unos tacones.

La puerta se abrio sola, y ella entro un poco asustada.

+ ¿Hola? - Dijo al ver todo oscuro, sabiendo que probabemente no iba a obtener respuesta.

- Hola Helena. - Se oyo justo enfrente de ella, a una pequeña distancia.

Helena agudizo la vista y vio que el que le hablo era Gerard Pique, vestido con unos vaqueros y con el torso desnudo del todo.

+ Ah, eres tu Gerard, que susto jaja. - Contesto ella.

- ¿Que tal estas guapa? ¿Preparada? - Dijo el jugador.

+ ¿Preparada? ¿Para que? - Contesto.

Justo en ese momento la puerta se cerro de golpe.

+ Eh..¿Que pas..- A la periodista no le dio tiempo ni a terminar la frase, cuando noto que alguien le cogia por detras de la cintura y comenzaba a besarle el cuello.

- ¿Que que pasa? ¿Hay que pagar peaje para estar en nuestro hotel Helenita.. - Dijo Gerard acercandose y lanzandose a besarla inmediatamente.

Helena se quedo sin reaccion , pero al ser Pique el que la beso y que era alguien que le gustaba mucho, se dejo hacer y continueo el beso, mientras que el chico de detras, que por la altura Helena suspuso que era Busquets, ya se habia arrodillado patra quiatrle esa falda.

Busquets, le quto la falda, dejando ver un tanga negro finito de hilo.

- Pf..que culazo tienes. - Dijo el jugador dandole un azote.

+ Ah.. - Helena gimio sin dejar de besar a Gerard en ningun momento.

Helena no paraba de morrearse, cuando noto que abajo en su culo habia otro chico mas, uno era sergio dando besos y mordiscos en un cachete y el otro no lo sabia, pero no paraba de agarrarselo y azotarlo.

+ Joder con los chicos de la seleccion eh. - Susurro Helena a Pique con una sonrisa picara, habiendose excitado bastante rapido.

- Los chicos de la seleccion juegan muy fuerte Helena. -Susurro Pique quitandole la camsieta, dejando en sujetador negro, a juego con el tanga.

+ Mmm..que miedo. -Bromeo la periodista.

- Arrodillate Helena. - Le dijo Pique.

Continuara...

Os pido lo de siempre, decidme vuestra opinion y si os gusta un like. Y ya sabeis, si quereis algun relato en concreto decidmelo por privado y lo hare.

Dejo foto de como va vestida Helena en esta parte de relato. Un saludo.
DotadoJoven is offline   Citar -
Los siguientes 2 Usuarios dan las gracias a DotadoJoven por este Post:
Antiguo 09-jul-2018, 17:52   #978
DotadoJoven
Pajillero
 
Avatar de DotadoJoven
 
Fecha de Ingreso: nov-2017
Mensajes: 35
Gracias 46 Veces en 19 Posts
Predeterminado Se armo la mundial (Parte 5) (Relato pedido por The Phenom)

Helena se arrodillo al momento y justo cuando se dio cuenta, vio 4 pollas frente a ella, se quedo sorprendida por la velocidad a la que salieron de los pantalones, y mas cuando vio a otro chico mas ahi, ya que solo noto a tres.

Asique alli estaba, rodeada de pollas, Pique, Busquets, Isco y De Gea, los 4 chicos que habian tonteado con ella, estaban duros y listos para disfrutar la boca de la periodista.

- Vamos Helena, no seas timida. - Dijo Isco riendose.

Helena sonrio y empezo con el show, primero mamando una y pajeando otras dos, intercambiandolas, escupiendolas, pajeando, mirando a los chicos, que disfrutaban muchisimo de esa boca.

Ellos bromeaban gritando gol cada vez que se metia una en la boca. A la vez que gemian por el arte de la periodista.

+ Que imbeciles sois jajaj. Se reia Helena cuando no estaba comiendo. Comia con ganas, cabeceando a buen ritmo sobre la polla, mientras pajeaba el resto a buen ritmo.

- ¿Oye y si nos ponemos mas comodos? - Dijo Busquets mirando a la cama.

- Si, si mejor. - Dijo Pique, que era quein mas llevaba las riendas de todo.

Helena se quito la ropa interior, quedando en tacones nada mas, Gerard se tumbo boca arriba en la cama y ella se puso encima, de espaldas a el. El acerco su polla al culode Helena y costandole un pcoo entrar acabo introduciendola en su ano.

+ Pf...- Gimio la periodista.

- ¿Te gusta eh? - Dijo Isco poneindose de pie en la cama y acercando la polla a la boca, Helena la abrio y comenzo a comerla.

Pique empezaba a darle por el culo, lentamente, mientras ella comia de la de Isco y De Gea y gemia con ellas en la boca.

- Menuda entrevista te estan dando eh Helenita . Reia Busquets meintras jugaba con su glande y el coño de Helena.

+ Mmmm...- Solo se oian gemidos ahogados de Helena debidos a que no paraba de comer polla de Isco y De Gea.

Busquets dejo de jugar y penetro el coño de Helena, que ahora rellenada por todos sitios si gemia mas intenso.

+ Ah....ah...mmm..mm.. - Gemia mientras comia y recibia penetraciones cada vez mas fuertes.

- Joder, me encantan estas concentraciones. - Decia Busquets sin dejar de follarle el coño.

+ Uf..como me gustan los dias libres de la seleccion. -sonrio Helena picaramente, mientras recibia polla y pajeaba las otras dos.

+ Ah..si...joder chicos..

- Uf..dios que bien...vamos a cambiar chicos que nos toca a nosotros. -Dijo David mientras Helena le pajeaba a un ritmo de vertigo.

Continuara...
Os pido lo de siempre, decidme vuestra opinion y si os gusta un like. Y ya sabeis, si quereis algun relato en concreto decidmelo por privado y lo hare.
DotadoJoven is offline   Citar -
Antiguo 15-jul-2018, 13:55   #979
Land2000
Pajillero
 
Avatar de Land2000
 
Fecha de Ingreso: feb-2018
Mensajes: 64
Gracias 74 Veces en 31 Posts
Predeterminado

Cita:
Empezado por DotadoJoven Ver Mensaje
Helena se arrodillo al momento y justo cuando se dio cuenta, vio 4 pollas frente a ella, se quedo sorprendida por la velocidad a la que salieron de los pantalones, y mas cuando vio a otro chico mas ahi, ya que solo noto a tres.

Asique alli estaba, rodeada de pollas, Pique, Busquets, Isco y De Gea, los 4 chicos que habian tonteado con ella, estaban duros y listos para disfrutar la boca de la periodista.

- Vamos Helena, no seas timida. - Dijo Isco riendose.

Helena sonrio y empezo con el show, primero mamando una y pajeando otras dos, intercambiandolas, escupiendolas, pajeando, mirando a los chicos, que disfrutaban muchisimo de esa boca.

Ellos bromeaban gritando gol cada vez que se metia una en la boca. A la vez que gemian por el arte de la periodista.

+ Que imbeciles sois jajaj. Se reia Helena cuando no estaba comiendo. Comia con ganas, cabeceando a buen ritmo sobre la polla, mientras pajeaba el resto a buen ritmo.

- ¿Oye y si nos ponemos mas comodos? - Dijo Busquets mirando a la cama.

- Si, si mejor. - Dijo Pique, que era quein mas llevaba las riendas de todo.

Helena se quito la ropa interior, quedando en tacones nada mas, Gerard se tumbo boca arriba en la cama y ella se puso encima, de espaldas a el. El acerco su polla al culode Helena y costandole un pcoo entrar acabo introduciendola en su ano.

+ Pf...- Gimio la periodista.

- ¿Te gusta eh? - Dijo Isco poneindose de pie en la cama y acercando la polla a la boca, Helena la abrio y comenzo a comerla.

Pique empezaba a darle por el culo, lentamente, mientras ella comia de la de Isco y De Gea y gemia con ellas en la boca.

- Menuda entrevista te estan dando eh Helenita . Reia Busquets meintras jugaba con su glande y el coño de Helena.

+ Mmmm...- Solo se oian gemidos ahogados de Helena debidos a que no paraba de comer polla de Isco y De Gea.

Busquets dejo de jugar y penetro el coño de Helena, que ahora rellenada por todos sitios si gemia mas intenso.

+ Ah....ah...mmm..mm.. - Gemia mientras comia y recibia penetraciones cada vez mas fuertes.

- Joder, me encantan estas concentraciones. - Decia Busquets sin dejar de follarle el coño.

+ Uf..como me gustan los dias libres de la seleccion. -sonrio Helena picaramente, mientras recibia polla y pajeaba las otras dos.

+ Ah..si...joder chicos..

- Uf..dios que bien...vamos a cambiar chicos que nos toca a nosotros. -Dijo David mientras Helena le pajeaba a un ritmo de vertigo.

Continuara...
Os pido lo de siempre, decidme vuestra opinion y si os gusta un like. Y ya sabeis, si quereis algun relato en concreto decidmelo por privado y lo hare.
No la conozco la verdad...pero el relato esta muy bien...excitante...la polla como un canto.
Land2000 is offline   Citar -
Antiguo 03-ago-2018, 13:12   #980
07puedeser07
Mega Pajillero
 
Avatar de 07puedeser07
 
Fecha de Ingreso: jun-2014
Mensajes: 144
Gracias 52 Veces en 34 Posts
Predeterminado

Otra vez se ha estancado?

Nada nuevo?
07puedeser07 is offline   Citar -
Visita nuestro sponsor
Antiguo 03-ago-2018, 13:40   #981
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

Tengo el de Ana M bastante avanzado. Espero publicarlo a finales de la semana que viene.
PajeMaker is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a PajeMaker por este Post:
Antiguo 03-ago-2018, 14:32   #982
Land2000
Pajillero
 
Avatar de Land2000
 
Fecha de Ingreso: feb-2018
Mensajes: 64
Gracias 74 Veces en 31 Posts
Predeterminado

Cita:
Empezado por 07puedeser07 Ver Mensaje
Otra vez se ha estancado?

Nada nuevo?
Tsn facil como colaborar escribiendo algo...no todo va a ser darle al manubrio
Land2000 is offline   Citar -
Antiguo 17-ago-2018, 12:22   #983
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

Ya me queda poco para acabar mi relato. Siento estar tardando tanto, pero al final la cosa se me ha complicado un poco y me ha costado ponerme. Espero que esté para la semana que viene.
PajeMaker is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a PajeMaker por este Post:
Antiguo 22-ago-2018, 16:53   #984
AlcaydeFan
Pajillero Novato
 
Fecha de Ingreso: jun-2012
Mensajes: 12
Gracias 5 Veces en 3 Posts
Predeterminado El dulce aroma del poder

A continuación van los dos primeros capítulos de un relato. Se titula "El dulce aroma del poder" y tendrá, si todo va bien, unos cuatro capítulos más.

Como aviso, tengo que decir que no es un relato erótico al uso. Se trata de un fetiche muy concreto que, supongo, no gustará a muchos de los que suelen visitar y aportar en el foro. En todo caso, a aquel que le guste, ¡que lo disfrute!

Precisamente en ese sentido, si a alguien le ha gustado, me gustaría que lo dijera y así voy colgando el resto del relato poco a poco. Si no le gusta a nadie, me lo guardo para mi y todos contentos.

No he puesto en ningún momento el nombre de la famosa del relato. Con un poco de búsqueda lateral se sabrá seguro quién es. Si alguien cree saberlo, que lo ponga si quiere. Así puedo decir si habéis acertado, aunque seguro que lo hacéis.

En fin, ahí va mi aportación.


I

María era su sueño desde que la conoció en aquel primero de carrera. Estudiaban un doble grado de turismo y protocolo. En una universidad privada. Aquello no cuadraba con su personalidad. ¿Protocolo? Eso era para niños pijos, pero su madre se empeñó y, además, fue dicha combinación la que le permitió obtener la beca.

Sin embargo, a María sí que le pegaba. Ella venía de los Maristas de Santander, había mamado ese ambiente desde pequeña. Se podría decir que estaba plenamente integrada. Es más, ella era la más triunfadora, al menos en lo que a hombres se refiere.

Aquello no era más que la prolongación del colegio. Del colegio de pago, claro está. Los profesores se preocupaban por tu vida, por tu estado de ánimo y hasta por tus relaciones personales. No era difícil aprobar, es más, con echarle un pequeño rato fuera de las clases era más que suficiente.

Desde un primer momento, él intuía que no duraría mucho allí. Aunque sacaba las mejores notas de la clase, no se sentía realizado. Pensaba que solo era alguien que destacaba un poco entre un grupo de pequeños ricachones, los cuales ya tenían un trabajo futuro asegurado desde que salieron de la cuna. Eso era lo que más le enfurecía.

No obstante, casi desde el primer día, se dio cuenta de que algo que, en el fondo, le obligaba a estar allí. Se trataba de María. María era una chica rubia, alta, delgada y con una cara preciosa. Una cara limpia, tersa y algo pálida. Una auténtica belleza. Incluso antes de cumplir la mayoría de edad, ya había firmado un par de contratos con dos agencias de modelaje.

Se podría decir que se enamoró de ella desde el primer instante. Todo quedaría mucho más bonito, pues, además, no era su físico lo que más le atraía de ella. Pero eso no fue lo que pasó. Joaquín, que así es como se llama nuestro protagonista, sentía algo muy diferente por María.

Aun viniendo de una familia humilde, Joaquín había crecido entre familias ricas. Su padre, portero de una finca de lujo, ganaba a duras penas el salario mínimo. Su madre, asistenta de una de dichas familias, más de lo mismo, y encima en negro. Había sido su enorme capacidad de esfuerzo y sacrificio lo que le había otorgado la oportunidad de estudiar en uno de estos colegios privados, no teniendo, de esta manera que recorrerse media ciudad todos los días.

Ese entorno le marcó en muchas facetas de su vida. Joaquín había desarrollado una conciencia política profunda. Empedernido lector desde su adolescencia de los clásicos marxistas, Joaquín participaba en charlas, pequeños congresos y manifestaciones de la izquierda más radical. Sin embargo, todavía quedaba algo dentro de él que le ataba a ese mundo frío de las apariencias y la ostentación.

No fue difícil para él descubrir qué era aquello que no cuadraba. Es más, estuvo seguro de qué era con solo dieciséis años, justo el día que empezaba el curso escolar. Nada más ver, de nuevo, a aquel grupo que, por aquel entonces se hacía llamar “La Chupipandi”, lo entendió.

Dicho grupo estaba formado por tres chicas, Paloma, Miriam y Celia. Tres niñas pijas, a cada cual más guapa. Desde que Joaquín sentía deseo sexual, aquellas chicas habían sido sus musas. Por desgracia, ellas nunca sintieron la más mínima atracción por Joaquín.

Joaquín para ellas era un ser inferior. Era el hijo de la que limpiaba. El niño que el portero enviaba a hacer pequeños recados cuando el trabajo se le acumulaba y el tiempo apremiaba. En otras palabras, Joaquín era un intruso dentro de su mundo perfecto.

Al principio, la “Chupipandi” excitaba a Joaquín de una manera normal, si es que en el sexo y el deseo podemos definir “normal”. Experimentaba con su cuerpo pensando en cómo sería sentir la mano de Celia sobre su pene, los labios de Miriam deslizándose por él, la lengua de Paloma dentro de su boca… Aquellas eran fantasías muy primitivas, pero, al fin y al cabo, nuestro protagonista solo tenía trece años.

Desde aquel año hasta que cumplió dieciséis, es decir, durante tres años, Joaquín sufrió las burlas y las chanzas de aquel grupo de arpías. Además, todo se agravaba por la mala conducta del resto de chicos que, únicamente por compartir el deseo de Joaquín, obedecían a los arrebatos de estas chicas.

Sin embargo, el deseo no se redujo, es más, creció. Creció de forma desmedida. Ya no tenía aquellas fantasías sencillas con ellas. Ahora no dejaba de pensar en otras nuevas, en otras más acordes con la situación actual.

Nuestro chico quería que las mujeres se portasen mal con él. Había desarrollado una especie de Síndrome de Estocolmo. Deseaba que se aprovechasen de él, que le tratasen como a alguien inferior. Su crueldad era algo que podía con él. Aquellas chicas no eran sus secuestradoras, pero sí que habían intentado hacerle la vida un infierno. Se podría decir que estas fantasías habían sido su refugio, del cual sería muy difícil salir.


II

Ahora Joaquín se encontraba en primero de carrera. Era una universidad privada y, aunque, como ya he dicho, era una prolongación del colegio, el carácter de las chicas había cambiado. Al menos ya no se metían de forma tan abierta con él.

Seguía siendo un intruso, no era difícil constatarlo. No le invitaban a las fiestas exclusivas que organizaban. No le prestaban los apuntes, aunque tampoco hacía ninguna falta. Nadie se interesaba por él, y María no era la excepción.

Bueno, esto último no es del todo cierto. María sí que interesó por él. María tenía sus propios ligues, sus rollos, sus ídolos y sus seguidores, todos ellos acordes con su clase social. Su interés por Joaquín no fue sexual, pero debemos detenernos en él.

Se trataba de los exámenes finales del primer cuatrimestre. No eran difíciles, pero María no había estudiado. Había tenido que acudir a dos desfiles con sus fiestas correspondientes y no había pasado por casa. Había intentado pedir apuntes a otros chicos, los cuales sabía que iban detrás de ella, pero al ser estos malos estudiantes, no le quedaba otra opción. Veía que tenía que entregar un trabajo, que ni había empezado, y estudiar dos asignaturas de las que no tenía ni la más mínima nota.

En estas circunstancias, María decidió acercarse a Joaquín al acabar las clases diarias. Ella le veía como un chico sombrío, callado y estudioso. Además, intuía que le gustaba, pues le había descubierto mirándole furtivamente un par de veces en clase.

- Hola Joaquín, – le dijo ella abordándole desde atrás – Verás, soy María, supongo que me conoces de clase, no nos hemos presentado, creo.
Joaquín, que no se esperaba este encuentro se sobresaltó. Notó su mano suave y delicada en su brazo y se quedó paralizado momentáneamente.

- Ho-hola María. Eh… bueno, sí, nos presentaron uno de los primeros días. Supongo que no te acordarás.

- ¡Ah sí! – fingió María – Ya me acuerdo. En aquella fiesta que dio Cristina, ¿no?
Joaquín no había ido a esa fiesta. No había sido invitado, como a ninguna otra, pero decidió no poner en un compromiso a María.

- Sí, en aquella fiesta – respondió él sin mucho interés.

- Bueno, pues discúlpame el despiste – dijo María sonriendo lo más sensual que podía – Es que, verás, quería pedirte algo.

- Dime, dime – respondió Joaquín rápidamente. Al fin y al cabo, el mero hecho de María pidiéndole algo sin haber intercambiado ni tres palabras con él le excitaba sobremanera.

- Pues mira, pasado mañana tengo que entregar el trabajo sobre la hostelería en la Costa del Sol y, además, tengo que estudiar “Gestión Financiera” y “Contabilidad” y no tengo apuntes. Además, me aburren muchísimo. Quería ver si podías ayudarme con algo, por favor – le dijo, mientras le miraba fijamente a los ojos.

Joaquín tuvo una erección al momento. Ni él se esperaba que ocurriera tan rápido. No sabía si era real. María le estaba pidiendo apuntes y ayuda con un trabajo, así sin disimular. No podía soportar esa mirada penetrante. La mínima resistencia que pudiera albergar a someterse a los deseos de María se diluía ante esos ojos.

No sabía qué contestar. Por un lado, debía guardar las apariencias y negarse a algo, negarse de alguna manera. Sin embargo, por otro lado, deseaba darle toda su ayuda, ofrecerle hacerle el trabajo, los exámenes, todo. Tenía que contestar ya. Optó por la primera opción, aunque con reservas.

- Pues, emmm…, bueno, yo tengo algunos apuntes – contestó como pudo.

- ¡Ay! ¿en serio? ¿podrías dejármelos? Me harías un gran favor… por fa…

«¿Me está poniendo morritos?, ¿de verdad?» pensó Joaquín. No se lo podía creer. María estaba usando todas sus armas para aprovecharse de él. No podía resistirse, sabía que tarde o temprano sucumbiría. Aun así, temía dar rienda suelta a su deseo y que, si María era indiscreta, volviera a ser el hazmerreir como ya era en el colegio. Su pene seguía creciendo. El bulto en el pantalón comenzaba a ser considerable. Resolvió coger la mochila del suelo disimuladamente y taparse.

- Eh-eh, sí, te los dejo. Además, así, si necesito alguna vez apuntes, me los dejarás, ¿no? – respondió para salir del paso.

- ¿No serías capaz de dejármelos desinteresadamente? Es que al trabajar de modelo no suelo tener tiempo para hacerme apuntes y eso…

No podía más. Aquello estaba pudiendo con él. No se veía capaz de resistir. Además, María le estaba pidiendo que le cediese su trabajo sin nada a cambio. «Por su cara bonita», pensó. Y nunca mejor dicho. Decidió cambiar de estrategia diametralmente. Iba a someterse a María. Estaba casi seguro de que es lo que María buscaba. Claro que no ostentaba una certeza completa, pero correría con ese riesgo. Y, es más, si se reían de él que se rieran. No sería nada diferente de lo vivido anteriormente.

- Tienes razón María. Tu trabajo tiene que ser muy duro. Te dejo los apuntes. No tienes que darme nada a cambio. Y nada, siempre que lo necesites pídemelo.

- ¡Muchas gracias! – respondió María, mientras le abrazaba – Otra cosilla, ¿cómo tienes de ocupados hoy y mañana? – preguntó dando un paso hacia adelante.

- Pues…, no muy ocupados, la verdad. Pensaba repasar los exámenes tranquilamente, nada más – Joaquín no tenía ni la más mínima idea de lo que iba a ocurrir -.

- No sé cómo decirte esto…, hmmm, ¿me dejarías presentar tu trabajo sobre los hoteles de Andalucía?

- ¿Eh? ¿Cómo? ¿Estás de broma? – acertó a preguntar a la defensiva Joaquín, a punto de salírsele el corazón por la boca.

- Pues que verás, había pensado que como tú ya lo has hecho y a mi no me va a dar tiempo… es que tengo una sesión muy importante mañana.

- Pero, es que es un muy buen trabajo y me ha costado mucho trabajo. No sé…

La ausencia de una negativa tajante le dio alas a María, que contraatacó feroz.

- Bueno, vale, busquemos algo que pudiera darte a cambio. Hmm… ¿qué te parece si te dejo ver las fotos de la sesión?

- Pu-pues, ¿co-cómo es la sesión? – Joaquín no podía negarse, María lo sabía. Estaba cazando a su presa, esperando el momento para asestarle el golpe final.

- Pues es normal. De una marca de ropa así pijita. Me han comentado que tendré que probarme diferentes conjuntos. Vaqueros con taconcitos, un par de bikinis, vamos, un poco de todo.

Aquella descripción perturbó tanto a nuestro protagonista que se le resbaló la mochila de las manos. Con el ruido, María miró hacia abajo y, además de la mochila, vio lo que, sin lugar a dudas, era una enorme erección. Se le escapó una risita ahogada, - je, je -.

Joaquín se ruborizó por completo. No sabía dónde meterse. María decidió ir con todo. Estaba completamente seguro de que a Joaquín le ponía esto, le ponía que fuese mala.

- ¿Y si te dijera que puedes llevarme a la sesión? ¿Qué me darías a cambio?

- Pe-pero, si hemos quedado en que te hacía el trabajo…

María se rio. Joaquín había cometido un error. No habían llegado a ningún trato. El trabajo ya estaba garantizado. Ahora Joaquín iba a caer en sus redes como todos aquellos pagafantas que le pagaban las copas todos los fines de semana.

- El trabajo es a cambio de las fotos. Pero, algo me dice que querrías ser mi chófer, ¿verdad? Piénsalo, estarás muy cerquita de mí, estaré sentada a tu ladito.

Ya no había nada que hacer. No tenía defensa alguna. Tantas veces que se había masturbado pensando en esto. Pensando en aquellas chicas de su infancia, pensando en famosas, pensando en aquella monitora del campamento rural, pensando en la socorrista que su padre tuvo que ocuparse de contratar para la piscina de sus jefes…, en fin, pensando en mil mujeres.

Y, sin embargo, ahora era realidad. Y era María. Nunca pensó que fuera ella quien llegara a hacerlo realidad. María era demasiado, mucho más que la “Chupipandi”, mucho más que cualquier otra chica que hubiese visto. María era una diosa.

Dio la casualidad. María sabía cómo ser mala. María era consciente de su belleza y, aunque no había tenido que llegar a mayores, había utilizado su seducción para conseguir nuevas sesiones y anuncios. Sabía perfectamente, con solo dieciocho años, cómo conseguir de un hombre lo que quisiera. Para ella, Joaquín no era más que un pringado. Quería sacarle todo, quería probar hasta dónde podía llegar Joaquín. Quería jugar. Quería hacer de ello algo divertido. Quería apostar sabiendo que iba a ganar. Deseaba llevar la debilidad de Joaquín hasta el extremo. Descubrió que aquello le excitaba, muchísimo.

- ¡Venga, no me digas que no! ¿Te has quedado mudito? Bueeeno, no pasa nada. Voy a decirte lo que quiero de ti.

Joaquín estaba paralizado. No sabía qué decir. Era consciente de que tenía que decir algo, pero no podía pensar. Cada vez estaba más cachondo. Lo único que podía hacer era dejarse llevar.

- Eh-eh, sí, dime tú, mejor.

- ¿Me darías dinerito? Me llevas y me pagas. Y todos salimos ganando.

¿Dinero? Nunca había pensado en ello. Como, además, dinero tenía poco, nunca pensó que aquellas dóminas de sus fantasías pudieran acabar exigiéndole dinero. Eso le ponía aún más. A María le sobraba el dinero. Solo quería joderle. Eso, en esencia, era su fantasía.

- Sí, sí, claro María – respondió Joaquín tembloroso – Puedo darte dinero si quieres. ¿Cuánto?

- ¿200€? – preguntó María, mirándole de nuevo fijamente.

- 200 es mucho. Mi paga son 50 mensuales, imagina.

- Pero jo, yo quería 200€. Me vendrían muy bien para el viaje a Indonesia que queremos hacer en verano.

Indonesia. A Joaquín le costaba hasta salir de España. Sus padres hacían malabarismos para llegar a fin de mes, dándole 50€ mensuales. ¿Cuánto le darían a María? O más importante, ¿de dónde podría sacar esos 200€? De repente, se le ocurrió una idea.

- Bueno María. A ver, existe una pequeña opción… No me gustaría llegar a eso, pero… - respondió mientras agachaba la cabeza.

- Venga, dime, anda. Si lo estás deseando. Suéltate de una vez – contrarrestó María acariciando su mejilla suavemente.

- Cobré una beca. Por eso estudio aquí. Me pagan la matrícula y me dan 2500€ al año. He intentado no tocar ese dinero. Lo reservo para el futuro.

- ¿2500€? – preguntó María, asombrada – Entonces puedes pagarme el viaje entero – añadió, sin pararse ni un momento a pensar en la miseria de Joaquín.

- Pero ¿todo? 2500€ es muchísimo dinero…

María posó su mano sobre el bulto del pantalón de Joaquín y añadió, lentamente:

- Dime, ahora mismo, que no quieres pagármelo. Dímelo y me voy. No te hablo más. Pero si, por el contrario, quieres pagármelo, hazlo ya. Vamos al banco, sacamos el dinero y dejamos de alargar lo inevitable – le dijo María mientras le masturbaba lentamente por encima del pantalón.

- Eh-eh, joder… ¡Venga sí! Te lo pago. ¡A tomar por culo! – resolvió Joaquín, de una vez por todas.

- ¡Muy bien cielo! – le respondió María, mientras le atraía hacia su cuerpo y le besaba en el cuello, todo ello sin dejar de masturbarle lentamente.

En dos minutos llegaron al banco. María le volvió a besar y a rozar delicadamente. Joaquín obedeció a aquella muda orden sin rechistar. Metió el número pin, marcó la cantidad de 2500€ y se los ofreció a María.

- ¡Qué bien! ¡Ya tengo para pagarme el viaje!

Tras haber guardado el dinero en su cartera de diseño, sacó el pene erecto como una vara de hierro del pantalón de Joaquín.

- Ahora voy a darte una pequeña recompensa – le dijo, mientras juntaba su cuerpo y comenzaba a masturbarle disimulada pero decididamente.

Tres sacudidas, no hubo más. A la tercera, Joaquín le avisó de que iba a correrse. María se rio y cambio su mano por la de él. El semen le rebosaba la mano. María se había apartado a tiempo, nada le había salpicado.

- Me voy ya, cielo. Tú ahora vete a casa y pásame el trabajo, ¿eh? En cuanto llegues.

- Sí, sí, en veinte minutos lo tienes, María.

- ¡Ah! Y mañana te veo a las 9:00 en la puerta de mi casa para ir a la sesión.

- Eh, sí, claro. Allí estaré.

- Vale, ¡gracias! – le agradeció María, como si tuviera que hacerlo, al tiempo que se alejaba – No me escribas, mañana ya nos vemos – añadió. No quería soportar a otro baboso más, y encima uno que ya nada podía ofrecerle.

Tras este primer encuentro, María no modificó apenas su actitud hacia Joaquín. Todo siguió igual. Al menos todo lo igual que puede seguir cuando la otra persona te ha dado 2500€, cuando la otra persona se ha arruinado por ti. En otras palabras, cuando conoces su debilidad.

Durante los cuatro años de la carrera, María y Joaquín establecieron, poco a poco una relación, donde Joaquín solo le hablaba cuando tenía algo que ofrecerle. Sin embargo, nunca perdieron la distancia. María solo contestaba a Joaquín, solo se dignaba a hablar con él, cuando lo que ofrecía era algo importante.

Aquello llevó a que, una vez finalizados los estudios, cada uno fuera por su lado. Joaquín obtuvo buenas notas, hizo un máster en fotografía, una de sus verdaderas pasiones y ahora trabajaba como fotógrafo-recepcionista de un gran hotel. María, por otro lado, terminó con unas notas de sobresaliente, todo ello gracias a la inestimable ayuda de Joaquín, y, ahora, se dedicaba a lo que realmente le gustaba. Era “influencer”.

Nunca más volvieron a hablar. Hasta hoy.
AlcaydeFan is offline   Citar -
Los siguientes 2 Usuarios dan las gracias a AlcaydeFan por este Post:
Antiguo 24-ago-2018, 12:05   #985
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

Mientras el compañero termina de publicar su relato, voy publicar el mío sobre Ana M. Me ha costado más de lo que pensaba por problemas de tiempo y otras movidas, pero al final aquí está. Espero que os guste.


ADICTO A ANA (I)

Cuando, hace unos meses, me contrataron como guionista de Zapeando no me imaginaba hasta qué punto la experiencia iba a ser enriquecedora... y no me refiero tan sólo desde el punto de vista profesional.

El programa nunca me ha parecido ninguna maravilla: un refrito de vídeos de otras cadenas e Internet aderezados por una sucesión de chistes más bien malos. Como espectador, mí único interés ha radicado siempre en su plantel de colaboradoras, y en especial en una de ellas.

La posibilidad de conocer en persona a Ana M., una de las chicas televisivas que más loco me vuelven era todo un aliciente extra para aceptar el trabajo. Por supuesto que también sería un gustazo conocer a Cristina P., Anna S. o Paula P., que habían llenado muchas de mis más tórridas fantasías, pero lo que sentía hacia Ana era algo distinto... No quiero sonar raro, pero casi podría hablar de adoración o de obsesión: a veces era la única excusa que tenía para ver el programa, especialmente en esos días en los que, en virtud del vestuario, Ana podía lucir bien sus atributos. Seguro que sabéis de qué hablo...

Si, desde luego que tenerla cerca y poder formar parte de su círculo, aunque fuera profesionalmente hablando, compensaría cualquier tipo de sacrificio. Y si podía hacer algún tipo de acercamiento... pues mejor todavía.

No os parecerá extraño, por tanto, que en mi primer día de trabajo estuviese hecho un saco de nervios, y podréis comprender que sintiera una gran decepción cuando me dijeron que Ana iba a estar ausente del programa durante unos días. "Está grabando otro programa para Antena 3", me dijeron. "Vaya... Toca esperar" pensé yo. Fueron apenas un par de semanas que se me hicieron eternas. Pero un día, la espera llegó a su fin, y una mañana de lunes, Ana hizo su aparición en la sala de guiones, para saludar a los allí presentes. Conté los segundos hasta que Ana se acercó a mí.

-Tú eres el chico nuevo, ¿no?

-¿Yo? Sí, supongo, jaja...

Ana acababa de estar en maquillaje, y se veía genial. Cierto es que no es la típica belleza y, de hecho, puede que incluso para algunos no sea ni siquiera guapa,... pero a mí, sus facciones alargadas y sus ojos grandes siempre me han resultado muy atractivos, por no hablar de su cuerpo: su delantera, que tan bien sabe resaltar ante las cámaras, sus caderas anchas, su culo y sus piernas macizas... Siempre me ha parecido un retrato viviente de la naturalidad y frescura femeninas. Como más me gusta verla es con el pelo suelto y con sus características gafas de pasta sin cristales. Es algo difícil de describir, aunque supongo que la palabra más acertada sería "morbo".

Sin embargo, ese día le tocaba uno de los looks que yo llamo "monjiles": llevaba el pelo recogido y una camisa que no dejaba el más mínimo atisbo de escote a la vista. A pesar de eso, pude percibir su poderío mamario bajo la tela. El leve bote de sus pechos atrapó mi atención enseguida y tuve que obligarme a mí mismo a levantar la vista hacia su rostro, donde lucía una amplia sonrisa.

Debo decir que era más bajita de lo que imaginaba, pero eso no me supuso ninguna decepción; más bien al contrario: me pareció más atractiva aún, más encantadora; pensé en ella como en una muñeca voluptuosa.

Tuvimos una charla muy corta en la que disfruté y sufrí a la vez: me gustó la forma en que me sonreía y miraba, pero yo lo pasé mal intentando por todos los medios no mirarle el pecho. No sé si Ana había ganado unos quilitos esos días, pero me parecieron incluso más grandes de lo habitual, o puede que fuese la impresión de tenerlos delante por primera vez. Afortunadamente, el buen rollo que me transmitió me ayudó a superar el "mal trago". No sólo era su físico, era su actitud: me daba totalmente la impresión de ser una tía con la cabeza muy bien amueblada y sobre todo, de ser una cachonda total. En todos los sentidos, por supuesto. En mis fantasías, a la morena siempre me la había imaginado como una mujer muy fogosa, sin miedo a experimentar en la cama.

Allí, delante de ella, fantaseé de nuevo con la posibilidad de que tuviésemos un lío. Además, yo sabía algo acerca de ella, algo intetresante,... Ana y yo teníamos una amiga en común: Marta. Días antes de empezar a trabajar, le había comentado la buena nueva de mi contrato. Ella sabía de mi particular preferencia por Ana.

-Ana no tiene novio ahora mismo Así que, ya sabes, aprovecha -me había dicho mi amiga.

-Anda ya...

Marta me había contado que Ana estaba muy "necesitada" últimamente y que un tío como yo, "buenorro pero con cerebro", no debería tener ningún problema para conquistarla.

-Le voy decir lo bien que se lo pasaría contigo -había añadido con una sonrisa lasciva y un guiño.

-Ni se te ocurra, loca -le había contestado yo, aunque en el fondo me gustaba la idea.

Marta no era sólo una vieja amiga de la facultad, era algo más que eso; llamémosla "amiga con beneficios", o "follamiga", si lo preferís. Habiamos intentado tener algo serio, pero resultó que lo nuestro sólo funcionaba en la cama, a sí que, sólo quedábamos de vez en cuando para tomar algo por ahí y pasar un buen rato follando.

Quería jugar la baza de nuestra amiga en común, pero no sabía como hacerlo sin que resultase forzado o artificial. Nunca he tenido problemas para ligar, pero estar ante Ana era diferente. La verdad es que me imponía bastante y me costaba ser yo mismo con ella. También estaba el hecho de que Ana me sacara casi diez años... He estado con mujeres algo mayores que yo otras veces, y es algo que suele gustarme mucho, pero no sabía lo que opinaba ella de estar con hombres más jóvenes.

Durante las siguientes semanas mi contacto con Ana se limitó a breves encuentros donde apenas nos cruzábamos un saludo... y también alguna mirada. Me resultraba imposible no quedar hipnotizado ante su forma de caminar, con ese balanceo de caderas y ese movimiento de tetas... Verla acercarse desde el otro extremo del pasillo era todo un espectáculo, sobre todo los días en los que iba menos recatada, cuando un buen escote o una falda corta la hacían brillar de verdad.

Pasaban los días y me invadía la ansiedad: tenía a Ana siempre cerca, la veía casi a diario, charlaba con cada vez más frecuencia,... pero nunca me atrevía a ir un poco más allá. Temía parecerle un niñato o un idiota, como tantos que habría tenido que aguantar. Por nada del mundo quería causarle una mala impresión y eso hacía que cuidase muy bien cada palabra que decía ante ella. A veces me parecía percibir cierto en interés en la forma en que me miraba o cómo me hablaba,... pero nunca estaba del todo seguro de si estaba enviándome alguna señal.

Pero un día, las cosas empezaron a cambiar...

Yo estaba terminando mi parte del guión en la sala de redacción cuando alguien puso una mano sobre mi hombro y oí una voz familiar.

-Hola, ¿qué haces? Te veo un poco apuradillo.

Ana estaba detrás de mi, asomada sobre mi hombro, mirando la pantalla del ordenador. No la esperaba tan pronto. Lo primero que vi fueron sus tetas, junto a mi cara, rebosando por encima de un top negro; aquel era uno de esos días de los que yo llamo "gloriosos": los días en los que la morena nos deleita con un gigantesco escote. Fue toda una impresión: jamás había tenido los pechos de Ana tan cerca de mi cara, de mi boca... Ella parecía ajena al impacto que me estaba causando, mientras leía el texto de la pantalla.

-Te estoy hablando, nene -dijo, y giró su cabeza hacia mí.

-Eh.. bueno... -traté de hablar con todas mis fuerzas, pero estaba bloqueado. La estaba mirando a los ojos, pero un segundo antes los míos habían estado clavados en su jugosa delantera. Tenía que haberme pillado por fuerza.

-Estás muy agobiado, mejor te dejo.

-No, no te vayas -arranqué al fin- Acabo de terminar la última página.

-Iba a tomar un café antes de repasar un poco el guión. ¿Me acompañas?

-Ah, pues... sí, claro.

Me puse en pie y mi mirada fue de nuevo directa a los pechos de la mujer.

-Sólo quería comentarte... tú eres amigo de Marta, ¿no?

-¿Marta?

Me había olvidado por completo de nuestra amiga común y de que probablemente a esas alturas, Marta ya le habría hablado a Ana de mí.

-Sí, Marta trabajó conmigo como guionista en el Club de la Comedia hace tiempo. Me dijo que eráis muy amigos.

Ese "muy amigos" había sonado extraño.

-Ah, sí. Es muy buena gente.

-Ella también me ha hablado muy bien de ti.

De nuevo me pareció detectar algo peculiar en cómo pronunciaba esas palabras.

-¿Ah, sí? A saber lo que te habrá dicho -le dije, entre risas.

-Uy... Muchas cosas, jajaja...

A partir de ese día, mis conversaciones con Ana se hicieron más habituales y animadas. Pareció crearse alguna suerte de complicidad entre ambos, una tensión sexual creciente, estaba seguro de ello: las sonrisas, los leves toques en mi brazo... y las miradas. Ya he contado cómo mis ojos se veían irremediablemente atraídos hacia sus tetas, pero los ojos encantadores de la presentadora tampoco se estaban quietos y más de una vez pude pillarla dedicándome desde lejos -y no tan de lejos- alguna mirada al culo o al paquete. Eso es lo que me gustaba pensar y lo que ocurrió más tarde me daría la razón.
PajeMaker is offline   Citar -
Los siguientes 2 Usuarios dan las gracias a PajeMaker por este Post:
Antiguo 24-ago-2018, 12:06   #986
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

ADICTO A ANA (II)

-Te vienes a la fiestecilla del viernes, ¿no?

Estaba en el pasillo, delante de una de las máquinas de café, cuando la voz de Ana sonó a mis espaldas. Era una situación que se había vuelto familiar para mí en las últimas semanas: Ana M. abordándome para iniciar pequeñas conversaciones, generalmente insustanciales... Otras veces era yo el que me atrevía a buscarla ella y los resultados era dispares: la mayoría de las veces conseguía mi objetivo, pero otras, Ana se mostraba un tanto seca, incluso un poco borde, diría, dejándome con la palabra en la boca en más de una ocasión: "Ahora no, nene", " Uf, me pillas fatal ahora mismo", "Tengo mucho lío, más tarde mejor"... solía decirme, dejándome frustrado. No lo tuve claro entonces, pero ahora creo que aquello era, sin duda, una forma de jugar conmigo.

La delantera de Ana ese día se veía especialmente voluminosa, bajo un ceñido top rojo. Su presencia me abrumaba por completo. Estoy seguro de que ella era consciente de eso, y de que lo disfrutaba.

-¿Cómo? ¿Qué fiesta? -dije, tartamudeando un poco, con el rubor invadiendo mi cara.

-¿Todavía no te han dicho nada? La fiesta del viernes.

Resulta que los del equipo habían organizado una fiesta para "dar la bienvenida al verano". Ana me dijo la hora y el lugar.

-Tengo ganas de ver lo fiestero que eres, o eso me ha dicho nuestra "amiga común", jajaja...

-No deberías hacerle mucho caso a Marta, que tiene mucho cuento -respondí, animado. -Yo soy un muermo.

-Anda ya...

Ana tenía un brillo especial en los ojos y su voz casi sonaba a ruego. Estaba disfrutrando del tono que estaba tomando aquella charla y seguí con el juego.

-No sé...

-Anda, hombre,... -dijo, casi como una niña pequeña dando un pequeño salto que hizo que sus maravillosos pechotes botaran levemente- ¿Te vas a quedar encerrado un viernes por la tarde? Además, me haría mucha ilusión que vinieras.

Bingo...

-Bueno, venga,... Pero que sepas que lo hago por ti -dije finalmente, con un tono de caballerosidad impostada.

-Oooh... Me siento honrada -me contestó entre risas- Nos vemos allí entonces.

Se dio media vuelta y se alejó, camino de la sala de maquillaje. Llevaba unos vaqueros que le hacían un culo soberbio y Ana sabía como mover las caderas...

-Oye, por cierto... -dijo, volviéndose de repente, pillándome in fraganti en plena admiración de su trasero- muy bueno lo que escribiste ayer.

-Oh... Gra... gracias -contesté, torpemente, sin saber ni a qué se refería.

-La parte del guión sobre "Cosas que hacer cuando aprieta el calor", esa la escribiste tú, ¿no? -sonrió pícaramente y siguió su camino.

-Ah, sí,... claro.

No recordaba haber escrito nada especialmente brillante, de hecho, apenas tenemos tiempo en guión para escribir cosas demasiado elaboradas. Estoy seguro de que fue algo que dijo simplemente para pillarme, pues sabía que me sorprendería embobado con sus contoneos.

-Qué hija de puta...

---------------------


El viernes a las 8:30 fui uno de los primeros en llegar a la sala de fiestas, pero Ana aún se haría esperar un buen rato. Vagabundeé por el lugar, participando en distintos corrillos con mis colegas de trabajo, fingiendo que me interesaba algo lo que oía... pero lo único que hacía era matar el tiempo, a la espera de que llegara mi adorada compañera. En realidad, ella era el único motivo por el que había aceptado acudir a aquella fiesta.

Y por fin, casi una hora después, Ana M. hizo su aparición.

Estaba radiante: llevaba una camisa negra muy fina y apretada, desabotonada lo suficiente como para mostrar un escote generoso, y una falda muy ceñida y corta, que permitía a todos los presentes apreciar lo sensual de sus caderas y sus preciosas piernas. Calzaba unas botas de tacón alto que estilizaban su cuerpo y la hacían parecer más poderosa... más hembra. Se había recogido el pelo y no llevaba gafas y, aunque, normalmente, la prefiero con ellas, en esa ocasión la encontré igualmente irresistible. Después de saludar a algunos de los presentes, me vio y vino hacia mí.

-Qué guapa estás, Ana -le dije sin pensar, mientras nos saludábamos con un par de besos. Mantuve como pude mis ojos a la altura de los suyos, pero el magnetismo que ejercían sus pechos sobre mí era muy difícil de resistir.

-Gracias, me he puesto unas cositas que tenía por ahí, nada más -me respondió, mientras me echaba una mirada de arriba abajo. Sus ojos brillaron y su sonrisa se ensanchó en su rostro- Tú también estás estupendo...

Aquello me sonó a gloria. Cada vez tenía más claro que Ana y yo teníamos que acabar de la mejor manera posible.

Hablamos un rato sobre los hábitos de cada uno respecto a salir de fiesta y divertirnos en general y los dos coincidimos en que nos hacía falta una buena recompensa después de tanto trabajo.

-Bueno, yo el lunes que viene me voy de vacaciones, ya lo sabes, y este año las voy a coger con más ganas que nunca -dijo la morena.

-Qué envidia, a mí aún me quedan unas cuantas semanas más -comenté yo- Nunca había trabajado en un programa diario, ¿sabes? No me podía imaginar lo jodido que era. Estoy quemadísimo.

-Ya me imagino cómo tenéis que estar los de guión.

-Bufff,... Pensaba que no iba a llegar vivo al verano.

-Bueno, pues ahora olvídate de todo el estrés y pasátelo bien. Suéltate el pelo -Ana empezó a moverse al son de la música delante de mí; sus femeninas caderas se menearon con gracia y sensualidad, sus pechos se agitaron de forma magnética. Yo la imité como pude.

Bailamos un poco más, cerca el uno del otro, pero sin mantener ningún contacto, hasta que me ofrecí a ir a la barra a por algo de beber.

-No, deja, ya voy yo. Tengo que ir al baño y a la vuelta, aprovecho.

Mientras Ana se alejaba, no perdí la ocasión para admirar una vez más el cimbreante movimiento de sus caderas y cómo sus nalgas se apretaban contra su falda.

-Ey, ¿qué pasa? ¿Te lo estás pasando bien?

La voz era de Cristina P., que se me acababa de acercar por detrás. Cristina tampoco había perdido la ocasión esa noche para lucir sus encantos: se había puesto el vestido más ceñido que podía haber encontrado en su armario y que dejaba a la vista sus atléticas piernas y casi toda su espalda; su ombligo, adornado con un piercing, asomaba por una apertura del vestido. Ni que decir tiene que su escote era imponente, sus pechos bien apretados y levantados, como era usual en ella, por un push-up. Era Cristina P. en estado puro y daba gusto verla tan de cerca.

-Hola, Cristi, ¿qué tal?

La vallecana me contó que ese fin de semana se iba a quedar en Madrid, en vez de viajar a Londres para estar con su pareja, como era habitual. Por lo visto habían tenido bronca unos días antes.

-Es que no sé qué se ha creído, joder, porque yo..

Entonces, Ana regresó de la barra.

-¿No tienes otra cosa que hacer Cristinita, guapa? Llamar a tu maridito y ver qué tal le va, por ejemplo.

Durante un segundo, cayó un silencio cargado de tensión entre las dos mujeronas. Me pareció que Ana M. sacaba pecho ante Cristina. No había color: el volumen de Ana M. era real, sin trucos ni engaños. Cristina captó el mensaje enseguida.

-Anda hija, cómo te pones... Bueno, os dejo,... Que lo paséis bien... -diciendo esto, Cristina se alejó, camino de unos chicos de redacción.

-Es muy maja, pero un poco guarra, ya sabes... -dijo Ana, riendo- Estará casada, pero la cabra siempre tira al monte... Oye, qué puto calor hace... ¿Vamos fuera un rato a ver si corre algo de aire?

Estábamos pasando una ola de calor verdaderamente sofocante esos días y estar en aquella sala, no demasiado grande, con tanta gente de acá para allá, bailoteando, gritando, saltando, no ayudaba nada. En mi caso, al calor externo se le sumaba el calentón de estar con Ana, así que hice caso a su propuesta y salimos a una terraza anexa a la sala de fiestas, donde unas pocas personas se encontraban hablando y bebiendo. Nos situamos en un rincón alejado y continuamos nuestra conversación.

-Hablo contigo, chaval. Recuerdas dónde está mi cara, ¿no?: Aquí arriba.

Ana me había pillado mirándole el escote por un microsegundo. Mi rostro debió enrojecerse bastante.

-Oh... perdona, yo no quería... estaba...

-Sí, sí,... seguro... ¿Sabes?, Marta me dijo que, aunque tienes cara de niño bueno, en realidad eres un sinvergüenza.

En ese momento pensé en todas las veces que Ana debía de haberme pillado lanzando miradas furtivas a su escote. La maciza movió levemente su torso, haciendo que su busto se bamboleara un poco. Fue un movimiento sutil pero lo percibí al instante. El juego continuó.

-¿Yo? Qué va... Yo soy un chico de lo más inocente... -contesté- Me tienes que contar de una vez qué más cosas te ha contado Martita.

-Cosas buenas, tranquilo... muy buenas... -dijo ella, toqueteando los botones de mi camisa, mirándome y sonriéndome de una forma que me hizo arder por dentro.

-La que no es nada inocente eres tú, Anita -me atreví a soltarle.

-¿Yo? ¿Y por qué dices eso? -el tono de su voz era el de una niña traviesa.

-Porque creo que te gusta jugar...

-Ah, ¿sí? ¿Eso crees? -Ana se mordió la punta de la lengua en un gesto irresistible- ¿Nos tomamos otra, guapo?

-Claro, pero esta vez voy yo, preciosa.

Seguimos bebiendo y hablando y el alcohol soltó aún más nuestras lenguas, llevando la conversación a terrenos cada vez más interesantes. El calor de la noche también ayudó a alimentar el juego morboso que había entre nosotros. La delantera de Ana se fue perlando con gotitas de sudor y parecía más apetitosa que nunca.

-Así que te parezco juguetona...

-Sí, sobre todo cuando llevas esas gafotas sin cristales; por cierto, ¿dónde están?, se me hace raro verte sin ellas.

-Normalmente las llevo porque así no provoco brillos con los focos del plató y además, por estética, por que me molan y me sientan bien.

-Ya lo creo que sí, de hecho, me gustas más con ellas, ¿sabes?

-No eres el primero que me lo dice.

-Ah, ¿sí? ¿Y te lo han dicho muchos?

-Bueno,... unos cuantos. Los tíos sois un poco previsibles, jaja... No sé qué coño os pasa con las gafas grandes.

"Como si no lo supieras", pensé.

-Es que te dan un toque... especial.

"Morboso" pensé; "te dan un toque morboso".

-Ya... "especial" -me respondió, con un tono y una sonrisa pícara que me hizo pensar que Ana me había leído la mente. Aquello hizo que finalmente me lanzara.

-Muy especial, sí,.. Te hacen súper atractiva, hablando claro.

-¿Te dan morbo? -dijo de repente- ¿Te da morbo verme con las gafas?

Por un momento no supe qué contestar. A pesar de que el tono de la charla iba aumentando de temperatura por momentos, aún temía decir algo que pudiera incomodar a Ana y cortar mis posibilidades de tener algo con ella. Entonces la miré fijamente: el fulgor de sus ojos y su sonrisa, entre incitante e inocente, disiparon todas mis dudas. No tenía motivos para temer nada y, finalmente, respondí:

-Claro que sí. Me dan morbazo... Y no sólo ellas ¿Un brindis por tus gafas?

Ana rió y accedió al brindis. "Y por tus tetas", añadí mentalmente.

-Qué asco de calor, es horrible... -dije, comprobando como, después de un rato en la terraza, el calor persistía.

-Buff, algunas noches, no puedo soportarlo y duermo en pelotas -soltó ella, añadiendo una risa burlona- Ya sabes: "Cosas que hacer cuando aprieta el calor".

La imagen de Ana, completamente desnuda, con las tetas y el coño al aire, cubierta en sudor, inundó mi mente. Mi polla, que ya llevaba un rato animada, se empezó a endurecer de verdad.

-Ten cuidado, no te vaya a ver alguien y te saque alguna foto. Seguro que alguna revista no dudaría en publicar fotos tuyas así.

-Uy... si supieras la de veces que me han intentado pillar en la playa o convencerme para posar... pero mi cuerpo no lo va a ver cualquiera, ¿sabes?

Se hizo un extraño silencio entre ambos en el que nos lo dijimos todo con los ojos. Mi mirada se deslizó hasta tus pechos una vez más, sin ningún disimulo esta vez. Ana me sonrió y me miró el paquete, luego se me acercó un poco más, pegando casi su delantera a mi pecho.

-No me gusta mucho el ambiente que hay aquí y la música es una mierda -dijo, aunque sonó a excusa barata- conozco un sitio mejor.

-Tú mandas, Ana.


---------------------

Nos escabullimos de la fiesta, que a esas alturas estaba petada de gente -muchos miembros del equipo habían "colado" a algunos amigos-, y fuimos a otro sitio, un par de manzanas más allá. La música no era mucho mejor, pero no había nadie conocido y, aquello me tranquilizó: no me apetecía demasiado que los del programa nos viesen tonteando.

-Voy a hacer que te sueltes conmigo, que en el otro sitio estabas un poco tenso.

-A ver qué me haces, Anita.

La morena me llevó a la pista de baile, donde una multitud se movía al son de la música y del alcohol que corría por sus venas, y allí Ana y yo comenzamos nuestra propia danza. Sus tetas botaban ante mis ojos hipnotizándome. No parecía existir nadie más que Ana y yo en aquel lugar.

Ana se dio la vuelta y golpeó mi paquete con su culo, para rotarlo después, sensualnente. Repitió la operación una, dos, y hasta tres veces, y luego volvió a girarse, rodeando mi cuello con sus brazos y apretándose contra mi cuerpo. Sentí por primera vez la pesadez, densidad y volumen de sus pechos contra mi torso, su calor y la humedad por el sudor que los cubría. Disfruté del aliento de Ana, dulce y con un ligero toque a alcohol. A esas alturas del baile, mi polla se apretaba dolorosamente contra mi pantalón.

-Ya he notado lo mucho que te gusto... -me dijo, casi rozando sus labios con los míos, mientras frotaba sutilmente su pelvis contra mi entrepierna- ¿Quieres saber que más me contó Marta?

-Dímelo -le susurré al oído- dímelo, Ana.

-Que la tienes enorme... -su pelvis se rozaba con la mía con más energía- y que follas como un león.

-¿Eso te ha dicho? ¿Y tú qué crees?

-Creo que en lo primero no mentía y, respecto a lo segundo... -antes de acabar la frase, Ana se giró una vez más y repitió el asedio de su culo a mi polla, de forma más caliente todavía.

Nuestros cuerpos sigueron rozándose, la transpiración cubriendo nuestras pieles,... mi corazón iba a mil por hora.

-Marta también me contó algo sobre ti, Ana -le dije al oído- Que necesitabas un hombre...

-¿Y tú lo eres, cariño?

-Ya lo creo que sí.

-Demuéstramelo.

Ya estaba todo dicho. Ana me tomo de la mano y me sacó de allí.
PajeMaker is offline   Citar -
Los siguientes 2 Usuarios dan las gracias a PajeMaker por este Post:
Antiguo 24-ago-2018, 12:08   #987
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

ADICTO A ANA (III)

Ana fue a la nevera y sacó una botella de champán, luego tomó un par de copas de un mueble. Estábamos en su piso, iluminado tenuemente por unas pocas velas que la sensual presentadora había colocado aquí y allá.

-Siéntate ahí, guapo,... y pórtate bien, mientras me pongo un poquito más cómoda.

Me senté en el sofá, pensando que Ana iría a su habitación, pero entonces vi como empezaba a mover sus cimbreantes caderas ante mí.

-No toques, ¿eh? Ni se te ocurra tocar o te largas.

Era muy difícil contenerme: la voluptuosa morena jugueteaba con su falda, con una cara llena de picardía, invitándome a desobedecerla; la subía hasta mostrarme un poco de su ropa interior... y luego la bajaba, entre risitas. Luego me dio la espalda, mientras iba subiéndose la falda un poco más cada vez.

-¿Qué tal? -guiñándome un ojo por encima del hombro.

-Creo que me vas a volver loco -dije, extasiado por el espectáculo- Eres increíble.

Quizás como premio por mi comentario, Ana se levantó la prenda hasta mostrarme su turgente trasero, oculto por unas bragas bordadas de color negro. Lo agitó con gracia ante mi rostro pero lo apartó en seguida.

-No me fío de ti,... estás demasiado cachondo.

-Qué mala que eres...

Su respuesta fue seguir rotando las caderas delante mía, de nuevo frente a mí, mientras terminaba de quitarse la falda. Luego le llegó el turno a la camisa, que fue desabotonando de abajo a arriba, con perversa lentitud. Vi aparecer su ombligo y la parte inferior de sus senos, ocultos por el sujetador, y en ese momento la presentadora se dio otra vez la vuelta y acabó de quitarse la camisa. Enseguida tuve a la vista su espalda semidesnuda, con su carne apretándose y rebosando en torno al sujetador.

-No sabes cuánto, cariño -y diciendo esto, me lanzó sus ropas.

La contemplé, su voluptuoso cuerpo en bragas, sujetador y tacones, irradiando un poderío sexual imponente. Sus tetazas, bien apretadas y levantadas, asomaban por encima de la tela, que se transparentaba ligeramente. Olí su camisa y su falda con auténtico deleite, la mezcla de perfume y aroma natural del cuerpo de la presentadora. La morena sonrió, orgullosa de su atractivo, y se me acercó.

-Quieto ahí, ¿vale? -se inclinó sobre mí y me quitó la ropa de las manos arrojándola lejos- Huéleme y siénteme, pero no me toques.

Diciendo esto, Ana se giró, dándome la espalda y se sentó sobre mi gran erección. Luego se soltó la melena, que acarició mi cara. Echándose hacia atrás, me dijo al oído:

-Mmmm... Por lo que noto, parece que te ha gustado el bailecito, ¿eh?

-Y a ti te ha gustado bailar para mí, ¿verdad?

-Me encanta calentarte -me susurró, frotando su culo contra mi polla, que palpitaba, gorda y dura, aprisionada dentro de mis pantalones.

-Es lo que has estado haciendo desde que nos conocimos, Ana... Cada día, cada momento...

Hice un esfuerzo verdaderamente titánico para no agarrar sus melones y estrujarlos, para no arrancarle las bragas y clavarle mi polla entera allí mismo. Pero a Ana le gustaba jugar y yo disfrutaba con su juego. Siguió rozándose contra mi dureza, hasta que volvió a girarse y puso sus apetitosos pechos casi en mi boca.

-¿Tienes ganas de probarlas? ¿Quieres comerme las tetas? -sus caderas se movían lenta y ardientemente mientras me hablaba. Sus labios casi rozaban los míos y respiré su aliento con deleite.

-Tengo ganas de comerte entera.

-Ah, ¿sí? ¿Crees que te lo mereces? Lo dudo mucho.

-No me dirás lo mismo dentro de un rato.

-Ya veremos...

La hembra fue desabotonándome la camisa poco a poco hasta quitármela. Luego acarició mi torso con las uñas, pellizcó mis pezones sin apretar demasiado y siguió con sus dedos estómago abajo, camino de la bragueta.

-Definitivamente, eres mi mayor fan... Desde luego que sí... -dijo Ana, admirando mi gran paquete. Apretó bien toda la longitud del rabo y el bulto de mis pelotas- Por cierto, te recuerdo que no me puedes tocar, ¿eh? Que te noto muy nervioso.

-Qué cabrona eres... Me estoy portando bien... Y tú sólo me haces sufrir.

Mi compañera rió y masajeó todo mi paquete, incrementando el dulce castigo al poner sus pechos ante mi rostro. Los meneó con malicia y por un instasnte creí que perdería el control.

-Pobrecito...

-Perra...

-Jajaja,... Cabrón...

-Guarra...

Parece que habíamos conectado totalmente Ana y yo: a los dos nos daba mucho morbo ese rollo de hablar sucio, de insultarnos. De este modo, con nuestras bocas a escasos centímetros una de otra, proseguimos con el intercambio de guarradas.

-Pichafloja...

-Puta...

-Pajillero de mierda...

-Calientapollas...

La hembra continuó su magreo por encima de la ropa, sus melones sobre mi pecho, las carnes húmedas de su escote en contacto con mi piel, su boca rozando la mía... Sólo respiraba su aliento y el sutil aroma de su sudor. Aquello era insoportable...

-Tranquilo, campeón -me dijo en un susurro, lenta y sensualmente. Entonces se levantó y me hizo un gesto para que la imitara.

-¿Qué se te ha ocurrido ahora, calentorra?

De pie los dos, Ana empezó a frotarse conmigo, rodeándome, acariciándone la espalda, palpándone el trasero, azotándolo con cuidado... Amagó con besarme, pero en el último instante se dio la vuelta y restregó de nuevo su culo en mi paquete.

-Estás muy duro tío, por detrás y por delante -me dijo, con su voz más seductora- Muy, muy duro.

-Y grande... No haces más que juguetear y dar vueltas, pero mi polla ya hace rato que está lista... ¿Le tienes miedo, Anita?

Por toda respuesta, Ana bajo mi cremallera y me saco la polla fuera, no sin dificultad.

-No está nada mal, campeón -me la apretó fuerte, con autoridad, para luego pajearla muy lentamente, mirándome y sonriéndone con chulería; pero no pudo disimular el asombro al ver el tamaño y grosor de mi rabo- Marta no exageraba.

Entonces deslizó mi polla bajo la parte de atrás de sus bragas, quedando atrapada entre la fina tela y la suave piel de su trasero. La sensación era deliciosa. La morena movió su trasero lentamente y yo meneé mi miembro dentro de la prenda, gozando del caliente masaje. Mi polla acarició la delicada piel de Ana, en la zona cercana a la raja del culo y luego sobre ella. Estaba caliente y húmeda.

-Qué biennn... ¿Te gusta? -ronroneó Ana, subiendo y bajando sus nalgas, sintiendo toda mi verga.

-Joderrr... Que culo tienes... -contesté, dándole un pequeño cachete que Ana pareció disfrutar. Repetí el gesto, con un poco más de fuerza.

-¡Uh!, cabrón...

-Es lo que se merece este culazo... -le dije al oído, y le di otro cachete.

-Jajaja... Este culazo merece mucho más.

-No me digas...

Me encantó como sonó aquello.

Seguimos con aquel bailecito y aquel calentamiento un poco más y al final, saqué mi polla fuera, agarré a Ana y la pegué contra mí, besándola sin contemplaciones. La hembra se rindió en mis brazos y me respondió con sus labios y su lengua. Rodeo mi cuello con sus brazos y sus melones se clavaron en mi pecho. Mi polla rozó su bajo vientre, mientras nos comíamos la boca con ardor.

-Cómo me pones, cabrona.

La hembra se levantó los pechos, aún cubiertos, ofreciéndomelos, yo los apreté con mesura, y besé la carne que sobresalía por el escote. Lamí su profundo canalillo, y metí la lengua bien dentro, disfrutando del sudor que lo cubría. Ana de río y apretó mi cara contra las tetazas. Yo me dejé hacer, chupando la carne sonoramente. No me habría importado morir en aquellas tetas, y supongo que a vosotros tampoco.

-Quítatelo -dije de repente, con autoridad- Las quiero.

Ana arqueó una ceja y me sonrió, traviesa, luego se dio la vuelta y se desabrochó el sujetador. Se tapó los pechos con un brazo y me lanzó la prenda por encima del hombro. Yo la tomé por la cintura y la atraje hacia mí bruscamente, estrellando mi miembro contra su culo. Olí su cabello y luego besé y mordí su cuello con delicadeza, hasta llegar a su oído.

-Voy a darte lo que llevas tiempo deseando, Anita.

-¿Eso crees, nene? -tomó mis manos y los llevó hacia sus melones, que pude palpar al fin, sin obstáculos. Qué sensación, tener toda aquella carne jugosa y turgente, entre mis dedos... Qué gusto oírla gemir ante mis atenciones.

-Ya veremos... Si eres un hombre de verdad... o sólo un niñato... un mierda.

La giré hacia mí y vi por fin las tetazas, que se balanceaban libres ante mis ojos. Se veían pesadas, densas, de aspecto delicioso, coronadas por grandes areolas y pezones, de apetitoso color rosado. Ana las agitó otra vez, orgullosa.

-¿Qué te parecen?

-Una maravilla.

-Más grandes que las de Marta, ¿verdad?

-Desde luego. Además, yo diría que tienes las mejores de la tele.

-Jajaja... Bueno, no es para tanto... Pero son grandes, sí -volvió a agitarlas un poco ante mí y luego las levantó haciéndolas parecer más grandes y firmes.

-Las mejores del programa, seguro -las palpé y acaricié con cuidado, pasando las yemas de mis dedos sobre la piel alrededor de las areolas, y luego casi sin tocarlos, sobre los pezones, que se habían endurecido y se veían más largos y tiesos- Incluso más grandes que las de Anna S.

-Uuuhmmm... Sííí,... -gimió la morena, ante mis tocamientos- Antes ella las tenía más gordas, mmm... pero ahora las mías son mejores.

-Ahora tú eres la reina de las tetas -le dije, dando suaves e intermitentes pellizcos a sus pezones, haciéndola temblar y jadear.

-Son tuyas, tío,... Vamos...

Agarré a la hembra y la llevé al sofá, sentándola sobre mí. Allí me dispuse a degustar las poderosas armas de Ana M. Los pezones parecían estar llamándome, las carnes pedían ser comidas sin piedad... Las miré embobado, las toqué y amasé juntas con cuidado, luego miré a su cachonda dueña y me relamí. Ella rió, pero se frotó contra mi paquete, inquieta, impaciente.

Sin perder el contacto con los ojos de Ana, me aproximé a los tetones e inicié su degustación. Mi primer impulso fue el de chuparlas con ansia, mamarlas como si fueran dos biberones gordos y calientes, pero me contuve y fui saboreándolos poco a poco, desde las zonas más exteriores hasta el centro. Lamí, chupé, besé,... pasando de una teta a otra, pero no llegando nunca a la zona del pezón y areola. Me encantó recorrer la parte inferior, la más baja y oculta, la más sudada, en contacto con el tórax de Ana. Jugueteé alrededor de los límites de las areolas con la punta de mi lengua, ensalivé bien la piel y luego soplé con cuidado. La piel mojada y caliente se enfriaba y Ana se sobrecogía de placer en mis brazos, ronroneando, susurrándome cosas cada vez más cachondas.

-Mmmm... Quieres hacerme sufrir un poco, ¿eh, sinvergüenza?

Le respondí con una serie de chupadas cerca de la areola y con más lametones, para luego derramar saliva en los pezones y soplar sobre ellos.

-Mmmm... Mamón... ¿Te gusta jugar con las babas? -Ana derramó un buen chorro de las suyas sobre sus pechos.

Recogí su saliva con la lengua y fui regalándole a los pezones y areolas de la maciza una serie de besos pequeños pero sonoros. Ana arqueó su espalda hacia atrás, cuando mis besos fueron ganando en intensidad.

-Así,... así me gusta,... más,... así,...

Se frotaba contra mí, cada vez más excitada, sus tetas agitándose como enormes flanes.

-Tengo las bragas chorreando, joder.

Yo seguí devorando las tetazas, llenándome la boca con aquella carne tan sabrosa, caliente y salada.

-Un... un momento... para...

Entonces Ana se levantó y tomó una de las copas de champán, que nos habíamos dejado en la mesa del comedor. Estaba casi llena aún y la sensual presentadora derramó parte de su contenido sobre sus pechos.

-Mmmm... Me encanta esta sensación -dijo, con una voz que haría derretirse a cualquier hombre- heterosexual- Quiero que me las bebas.

No tardé ni un segundo en obedecer: saboreé la bebida, lamiéndola y sorbiéndola directamente sobre su piel; le chupé los pezones con avidez, como si el champán saliera de ellos. No dejé ni una gota. Recorrí sus tetas de abajo a arriba con la lengua, continué por su cuello, y acabé en la boca dulce de Ana. Nuestros labios se fundieron de nuevo y nuestras lenguas jugaron juntas, acariciándose e intercambiando saliva. Chupó mi lengua, succionando el champán que quedaba en ella, luego tomó un poco más de alcohol y volvimos a besarnos, tomando champán el uno de la boca del otro.

-Las tetas no es lo único que quiero comerte, ¿sabes? -mientras le hablaba mis dedos iban acariciando la parte delantera de sus bragas, mi dedo corazón palpando con ternura la hendidura del coño a través de la suave tela.

-No me digas... Déjame que adivine,... -susurró ella, con jadeos entrecortados- ¿Me quieres comer el coño?

-Te lo voy a devorar -mis dedos aceleraron sus tocamientos.

-A lo mejor es mucho coño para tí, niñato.

-A lo mejor te mato de gusto, guarra -palpé más profundamente en la entrepierna de la hembra, mojándome ya los dedos.

Ana se levantó y, sin decir nada más, se bajó las bragas. Dos segundos después, tuve el coño de Ana M. a escasos centímetros de mi cara.
PajeMaker is offline   Citar -
Los siguientes 2 Usuarios dan las gracias a PajeMaker por este Post:
Antiguo 24-ago-2018, 12:09   #988
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

ADICTO A ANA (IV)

-Aquí lo tienes, pajillero -Ana lo abrió cuidadosamente, desplegándolo y dándome una maravillosa visión de su gran vagina- No has visto un coño como este en tu puta vida.

Poneos en mi lugar y entenderéis porque se me hizo la boca agua al ver aquel chocho rollizo y jugoso, con aquellos labios mayores abultados y los labios menores que sobresalían, brillantes de humedad, y con su clítoris que despuntaba, orgulloso, entre ellos. Coronando el apetitoso coño, un pequeño parche de pelo negro con forma de triángulo, bien recortado sobre el monte de Venus. El aroma llegó enseguida a mi olfato y me paralizó por un instante. Mi polla iba a estallar.

-¿A qué cojones esperas? Ven a por él.

Reaccioné levantándola en brazos y llevándola a su habitación. Por el camino intercambiamos más besos y palabras sucias.

-Ahora verás, calentorra... Ya verás lo que le hago a ese chocho tuyo...

-Más te vale que me lo comas tan bien como a Marta, cabronazo.

-Tranquila, preciosa, que te lo haré incluso mejor que a ella. Ella sólo era una follamiga,... Tú eres mi ídolo.

-Me gusta como suena eso. Te daré un premio si me lo haces bien, pero si no,... a la calle.

Me encantaba su forma de provocarme; por lo visto, nuestra amiga común le había informado bien sobre mis puntos débiles.

La eché en la cama y separé sus piernas. Su sexo estaba mojado como una fruta madura. Estaba loco por hundir mi boca y mi nariz en aquel agujero caliente, pero me aguanté las ganas y preferí picarla un poco más. Tomé sus pies y los descalcé, para besarlos y lamerlos, empezando por los dedos, ante la ardorosa mirada de Ana.

-Oohh,... ¿Eres un cerdo fetichista de pies?

-Soy un fetichista de ti, zorra.

Le hice una buena comida de pies a mi adorada morena y luego continué por sus pantorrillas y muslos, recorrí así sus piernas macizas y suculentas con mis labios y mi lengua, cubriéndolas en saliva. La muy cachonda se pellizcaba los pezones mientras me contemplaba, aceptando mi pequeña tortura con gusto. Mientras tanto, yo me iba aproximando peligrosamente a su apetitoso coño.

-Joder,... Me estás volviendo loca, hijoputa.

-Estás empapada, ¿eh, calentorra? -Mordisqueé con malicia la parte interna de sus muslos, muy cerca ya del coño- Estás deseando que te clave la lengua ¿verdad?

-Mmmm... Quiero que hundas tu puta lengua en mi chocho,... Quiero que lo chupes,... que lo sorbas entero, cerdo.

-Hace tiempo que no te comen el coño, ¿verdad, Anita? -en vez de avanzar hacia el chocho, comencé a retroceder. Me encantó ver la expresión del rostro de la tetona- Eres una calentorra desesperada.

-Eres un mierda... ¿Es que le tienes miedo a mi coño? -me dijo, medio en broma medio enfadada, moviendo su pelvis hacia mí.

-Tranquila, perra,... -seguí negándole el cunnilingus, lo cual supuso un tremendo esfuerzo para mí, pero empecé a acariciar la zona próxima a su clítoris- Tranquila, que vas a empapar toda la cama.

-Mmmm... Joderrr... -Ana se retorcía, impaciente, cachondísima, cada vez más mojada, gozando con cada toque y caricia que le dedicaba a los alrededores de sus jugosos labios- Cabrooón...

-¿Eso es lo que quieres, Anita? ¿Ponerlo todo perdido con tus jugos? Muy bien, pues mójate más... Quiero que chorrees para mí, quiero acabar bebiéndote el coño.

Mis dedos pellizcaron con delicadeza los gordos labios vaginales, apretándolos juntos, haciendo que su jugo rezumara entre mis dedos pulgar e índice. Ana arqueó el cuerpo, temblorosa y jadeante.

-Vaya, vaya... Qué buena pinta tiene... Y cómo huele... -hablaba con la boca muy cerca del manjar de Ana, asegurándome de que podía sentir mi aliento caliente en su sensible carne rosada.

Luego jugué un poco con su rollizo clítoris, con dedos y lengua y, tomándome mi tiempo, fui cubriendo el chocho de Ana con saliva, que casi hervía al contacto con las ardientes carnes íntimas. Comencé a soplar por encima de la zona ensalivada, sin dejar de masajearla con los dedos, y la morena volvió la cabeza hacia atrás, gruñiendo de gusto.

-Así, joderr,... Mójate bien los dedos con mi chocho...

Ya lo creo que lo hice. Tenía los dedos bien pringados con sus fluidos y me los llevé a la boca con gesto de auténtico vicio ante la mirada de la excitada presentadora.

-Chúpate los dedos, eso es,... Saboréame... -Ana se metió un dedo bien dentro de su raja y luego me lo ofreció. Olí el dedo y luego lo chupé bien- Eso es,... Pero ahora hazlo de verdad, cómeme el coño como un hombre de verdad.

Ana me dejaba cada vez más maravillado. En mis fantasías siempre me la habìa imaginado de lo más lo cachonda, pero la realidad estaba superando ampliamente mis expectativas. Y lo mejor aún estaba por llegar...

-Quiero tu puta boca en mi coño ya.

Y por fin, decidí darle a la mujer de mis sueños justo lo que quería.

Puedo decir que me he comido unos cuantos coños en mi vida, pero ninguno se puede comparar al de Ana M. Ya os lo podéis imaginar: que uno de vuestros mitos eróticos se os ofrezca de esa manera, que se os abra de piernas y os permita llenaros la boca con su sabroso chocho... No sabía por dónde empezar: todo era carne jugosa, húmeda, olorosa. No pude actuar con mesura y la devoré. Ana chilló y se retorció, levantando el culo de la cama, agarrándome de los pelos. A veces le daba un respiro a su volcánica raja y trasladaba mi boca a sus muslos; el descanso no duraba mucho, pues la propia Ana suplicaba que volviera a comérselo. Llegaba incluso a tomarme del pelo y plantarme el chorreante agujero en la cara.

Cuanto más comía, más quería. Ana M. tiene un coño verdaderamente adictivo. Clavé mi lengua repetidamente entre los sensibles pliegues de aquella empapada vagina, como una pequeña espada de carne. Chupé sus labios y su clítoris y escupí en el agujero con verdadero vicio, mirando a Ana cuando lo hacía.

-Cerdo cabrón... Eso es... chúpame, cómeme toda...

-Puta... Guarra... ¿Esto te gusta? ¿Te gusta que te escupan en el puto coño, perra?

-¿Cuántas veces... cuántas... te la has cascado soñando con esto, vicioso de mierda? ¿Cuánta leche te has sacado imaginándote mi coñito en tu boca, eh? -Ana gemía y gruñía como una gata cachonda- Dímelo, joder,...

-Muchas, muchas... Siempre he soñado con tu chocho sucio, pedazo de puta...

Me volví loco con aquella delicia, restregando la cara contra el agujero, lamiendo el vello púbico, saboreando cada rincón, cada pliegue, oliéndoselo todo como un animal. Además de mi boca también usé mis dedos, masajeando las carnes exteriores e invadiendo la raja, buscando los puntos más sensibles de la vagina de Ana.

-¡Ahí, joder! ¡Justo ahí!

-¿Te gusta, guarra? -mis dedos multiplicando el placer de la hembra.

-¡Sí, joderrrr! ¡Sííí!

-Córrete en mi boca, zorra,... córrete a chorros en mi puta boca -chupé su clítoris, sus labios, sorbí, bebí de su raja.

-¡Uuuuhh!

Y la hembra se corrió al fin, entre sacudidas y temblores. Sus manos se aferraron a mi pelo, me insultó, me suplicó que no parase, y yo, mientras, me deleité con sus jugos. Finalmente, el orgasmo de Ana fue remitiendo.

-Uff... Cómo me has puesto, tío,... Qué gusto, cojones... -Ana me miraba con los ojos humedecidos, mordiéndose el labio inferior, aún estremecida por la descarga de placer.

-Sí, me lo dicen mucho.

-Jajaja,... Qué chulito... -me dio un par de azotes en el culo y luego lo apretó con fuerza- Pero de momento sólo me has demostrado que eres bueno usando la boca y los dedos.

-No te preocupes, que cuando use el resto te voy a dejar muerta. Tu coño es una puta maravilla, por cierto -me puse a comerle las tetas, recreándome especialmente en sus duros pezones.

-Mmmm,.... Gracias. También me lo dicen mucho.

Seguí saboreando sus pechos con detenimiento, durante un par de minutos más. Ana me dejó hacer, hasta que, de repente, me detuve y reclamé mi premio.

-Bueno, Anita, ahora te toca a ti demostrarme lo que sabes hacer. La tengo dura y firme para ti, sólo necesito que le des tu "toque personal" -señalé a mi rabo, presa de una tremenda erección.

-Prepárate...

La fogosa hembra se colocó entre mis piernas, me sacó los pantalones y los calzoncillos, y comenzó sus atenciones con caricias desde mis pelotas hasta la punta de mi polla. A los toques de sus manos pronto se unieron los de sus labios y su lengua. El aliento de Ana envolvió mi miembro con su calor, mientras me hablaba.

-Menuda polla tienes, tío. Pocas veces veo una así... -Me decía, con voz viciosa, al mismo tiempo que las caricias se iban convirtiendo poco a poco en un masaje -Qué pollón... Espero que sepas usarlo bien.

Ana escupió abundantemente tras aquella pequeña provocación y mi rabo se inundó enseguida con sus babas calientes.

-Muy pronto lo comprobarás, calentorra.

-Eso si no te corres antes, chaval -la lengua de Anita serpenteó por toda la longitud de mi falo, mojándolo bien, dejándolo reluciente.

-Te sí que te vas a correr a chorros, calientapollas.

La maciza morena siguió con su labor, acompañando las lamidas con besos y pequeñas escupidas, derramando así más babas. Pasó luego a mi glande, bañándolo, acariciando el agujero con la punta de la lengua. Usó la lengua como canal para derramar más chorros de saliva, largos y viscosos. Se metió el capullo en la boca y lo succionó... Qué sensación tener mi capullo dentro de aquella boca tan mojada y caliente. Luego se lo sacó, recorrió su parte inferior y el frenillo, y mordisqueó la sensible carne de mi glande con sumo cuidado.

-Mmmm... Putaaa...

Ana rió, traviesa, y volvió a meterse el capullo en la boca, pero esta vez, la chupada fue más allá de la punta y, poco a poco, la hembra fue engullendo toda mi verga. Y así, Ana M. comenzó su felación.

-Jodeeeerrr...

Su cabeza fue subiendo y bajando, mi miembro deslizándose sobre su lengua, llegando cada vez más lejos dentro de su boca, camino de la garganta.

-Disfruta, mamón -Ana escupió sobre mi miembro- Pero no te corras todavía ¿eh? No me decepciones.

Volvió a la carga, chupando, mamando, lamiendo... saboreándome. Era jodido aguantar bajo la presión de aquella felación tan salvaje. Podéis imaginar los ruidos húmedos de su boca exprimiendo mi polla. Casi podía notar cómo mi leche hervía dentro de mis huevos e iba subiendo... Entonces, casi como leyendo mi mente, Ana detuvo la felación y comenzó a masajear mis pelotas.

-Qué huevazos, tío.

Primero jugueteó con ellos con cuidado, masajeándolos, sujetándolos con la mano, balanceádolos suavemente.

-¿Demasiado grandes para ti, Anita?

No me respondió, simplemente comenzó a lamer mis pelotas y a agitarlas con la lengua, al mismo tiempo que mi polla recibía una paja. Ana acabó chupándome los huevos, con succiones cuidadosas, empapándomelos bien con saliva caliente y burbujeante. La mano masturbadora, mientras tanto, iba subiendo y bajando con cada vez más energía.

-La quiero dentro... Quiero sentir este pollón dentro de mí.

Ana tenía en los ojos un brillo lujurioso y su voz parecía cambiada, más ronca, más seria. La hembra no quería más juegos, quería que le demostrara de una vez de qué pasta estaba hecho. Ana M. quería que la follara bien follada.

-Dámela, tío,... La quiero -me repitió, abriendo sus piernas para mí, acariciando su húmedo coño, jugando con su clítoris- Mi coño tiene hambre...

No necesitó decírmelo más. Me acerqué a ella e introduje todo el largo y grueso de mi verga dentro de aquel agujero candente y chorreante. Ana suspiró hondamente al sentir cómo la invadía, y se abrazó a mi cuerpo.

-Joder... Qué coñito tienes, Ana... -susurré, entre jadeos, mientras notaba cómo su vagina se adaptaba a mi polla, cómo la apretaba y estrujaba con su musculatura.

-Se va a comer a tu polla... entera...

Nos comimos la boca, nuestras lenguas enredándose, intercambiando saliva. Empecé la follada, mi rabo entrando y saliendo, mientras ella se estrujaba contra mí, aferrándose a mi espalda y mi culo, abriéndose más aún, permitiéndome un mejor acceso a su interior.

-Uuuhh... Aaahh... Más fuerte, más fuerte, así...

Fui poco a poco intensificando mis empujes, disminuyendo el ritmo a veces, para recuperar el intenso bombeo pocos segundos después. Aquellos vaivenes volvían loca a Ana, que recorría mi cuerpo con sus manos. Nuestros cuerpos ardían juntos, empapados en sudor. El sonido del sexo era de lo más morboso: el ruido húmedo de mi verga entrando y saliendo en su gran coño, mis pelotas golpeteando sobre su ojete, mojado en sudor y fluido vaginal.

-Dámelo, dámelo todo, hijoputa,... Dame fuerte con esa polla de mierda... que tienes.

Cara a cara, frente contra frente, nariz contra nariz, aliento contra aliento...

-¿Te gusta así, guarra? ¿Estás gozando, coño sucio?

La puse de lado y levanté su pierna derecha, para penetrarla desde atrás. Ana rodeó mi cuello con un brazo, mirándome siempre a los ojos, susurrándome guarradas entre beso y beso. En ocasiones sacaba mi rabo y lo frotaba y hacía chocar contra su clítoris y labios, provocándola. Gotas de jugo salían disparadas empapando las sábanas.

-Mmmm... -gimió, masajeándose el clítoris con los dedos mientras yo seguía dándole polla sin parar.

Ana se retorcía de gusto y me miraba con los ojos muy abiertos, su respiración cada vez más acelerada, fundiéndose con la mía.

-Ay,... fóllame... fóllame así...

-Toma polla, Ana... Toma polla, puta...

-Me voy a correr,... Me corro,...

Así lo hizo, unos segundos después. Me contuve todo lo que pude y seguí penetrándola, intensificando su placer todo lo posible, hasta que ya no pude más y así se lo hice saber. Ana entonces sacó mi rabo de su interior y ella misma lo pajeó, exprimiéndolo hasta la última gota. Mi corrida se derramó sobre parte de sus muslos, su pubis y su vientre.

-Joder, joder, tío... -Ana sonreía, asombrada por la cantidad de semen que estaba expulsando sobre ella. Eran chorros largos, calientes y muy fluidos- Dámela toda, hijoputa, dame tu leche...

-Diosss...

Ana me besó y lamió mis labios al mismo tiempo que masajeaba mi polla, blanda y encogida. A continuación esparció mi semen por su ombligo y su muslo, juguetona.

-Mira cómo me has puesto, cerdo.

-No me digas que no te gusta, guarra. Bueno, ¿qué tal he estado?

-Bueeeno... Has estado bastante bien... -Ana estaba radiante allí, a mi lado, su cuerpo caliente y empapado en sudor, sus melones subiendo y bajando al ritmo de su acelerada respiración- Pero de momento eres más o menos como otros tíos con los que he follado. Lo fuerte empieza ahora...

Se giró hacia mí y volvió a besarme. Yo la correspondí y nuestras lenguas se provocaron mutuamente. Segundos después, la maciza se levantó.

-Voy a mear. No te vayas a quedar dormido todavía, semental -me dedicó una encantadora sonrisa, casi inocente, como si no hubiera estado pidiéndome polla apenas unos minutos atrás.

-Tranquila, preciosa, que yo no soy de esos.
PajeMaker is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a PajeMaker por este Post:
Antiguo 24-ago-2018, 12:11   #989
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

ADICTO A ANA (V)

Aproveché que Ana estaba en el lavabo para ir a la cocina a tomar algo fresco. Abrí la nevera y cogí una botella de agua fría, de la que bebí un largo trago. Mientras lo hacía, pensaba en la suerte que estaba teniendo: era increíble estar pasando la noche con la mujer que más deseaba en el mundo... Y ella también parecía estar disfrutando bastante conmigo. Estaba perdido en estos pensamientos, cuando una palmada en el culo me sobresaltó.

-Así me gusta, que te hidrates, campeón. Aún te tengo que hacer sudar un poco más esta noche. Trae, anda -dijo Ana, que estaba detrás mía. Me quitó la botella y echó un buen trago. Un poco de agua se le escapó de la boca y se derramó por sus pechos.

-Vaya... Creo que aún estás temblando del pedazo de polvo que te he echado, Anita.

Entonces la morena se recogió las tetas desde abajo con un brazo, levantándolas y juntándolas, y se derramó más agua fresca de la botella. No tuvo que decirme nada más: tomé sus pechotes y sorbí el agua de ellos, lamí toda su superficie, bebí el líquido de su canalillo y acabé con unas potentes y sonoras chupadas a sus pezones. Ana vibró toda entera, riéndose, y me agarró la polla, aún blanda y colgante. Yo le cogí el coño y allí, desnudos y sudorosos, iluminados por la nevera abierta, nos masturbamos el uno al otro y nos besamos viciosamente. Y así, mi verga se empezó a endurecer de nuevo en las expertas manos de la maciza.

-Parece que ya te la he estoy despertando otra vez.

-¿Acaso lo dudabas?

-No, tío, no lo dudaba.

-¿Sabes cómo podrías despertármela más rápidamente?

-Mmm... Creo que sí.

Seguimos magreándonos, camino de la habitación, pero antes de llegar, Ana se separó de mí.

-Quédate un segundito ahí quieto -dijo, antes de desaparecer por el umbral de la puerta de su cuarto. Segundos después, la morena estaba apoyada contra el marco de la puerta en una postura muy sugerente. Llevaba puestas una de sus características gafas sin cristal.

-Como en mis mejores sueños.

-Ven aquí...

La tomé en brazos y la besé, luego la eché sobre la cama y la puse boca abajo. Ella protestó, aunque enseguida cambió los insultos por gemidos cuando volví a degustar su sabrosa carne. Fui primero a por su espalda, que recorrí de arriba a abajo, lamiendo y besando, y después, a por sus sensuales nalgas; las apreté juntas, como dos montañas de carne, y lamí toda la zona de contacto de sus cachetes. Mordí con cuidado, tirando de pequeñas porciones de carne.

-Mmmm... Quiero que me comas el coño otra vez...

-Siéntate en mi cara, puta, pon tu coñazo en mi cara y ya verás.

Me tumbé y enseguida tuve a Ana encima de mÍ, su chocho en mi boca. Desde mi punto de vista, parecía una severa institutriz, mirándome a través de sus gafotas, entre sus dos melones; una diosa que demandaba un tributo por mi parte. La complací con creces, con un salvaje cunnilingus, restregándome contra su entrepierna, pringándone toda la boca con su mojado agujero. Mis dedos índice y corazón estimularon el clítoris, que parecía estar al rojo vivo.

-Ooohh... Uuuhhmm... Así, hijoputa, asssííí... -Ana me agarraba de los pelos, muerta de gusto.

-Chúpame la polla, puta. Cómemela como tú sabes.

La maciza se dio la vuelta y se inclinó para devolverme el favor, y así, nos enredamos en un sucio 69. Una vez más, la boca de la morena dio buena cuenta de mi verga, mientras ensalivaba y masajeaba mis huevos. Yo proseguí con el cunnilingus, agarrándome fuerte a sus glúteos, regalándole algún que otro azote. La habitación se llenó de los viciosos sonidos de nuestras bocas, devorándonos el uno al otro. Noté cómo la saliva de Ana caía sobre mi falo y mis pelotas en abundancia y luego su mano extendiéndola, restregándola,... Por mi parte, seguí dándome un atracón con la deliciosa fruta que Ana me ofrecía, paladeando el néctar que cubría sus labios, chupándole el clítoris, lamiendo toda la raja, hasta el culo.

-Ahora... ahora quiero montarte... Quiero cabalgar ese pollón -me dijo de repente, mientras pajeaba mi rabo, ya perfectamente recuperado.

-Por supuesto, Ana. Es todo para ti.

Me tumbé y la dejé hacer. Ana agarró mi rabo y se lo introdujo de nuevo en su interior. Entonces dio comienzo un auténtico rodeo, con Ana follándome, desbocada, sus tetazas agitándose, bamboleando como locas, salpicando sudor sobre mí.

-¿Lo hago mejor que Marta o no? -dijo mientras gozaba.

-Ya lo creo... Diossss...

A esas alturas del polvo, normalmente Marta estaba más que satisfecha, pero estaba claro que Ana estaba hecha de otra pasta. Ana M. es una hembra con mayúsculas. Agarré bien sus nalgas y contraataqué con mis pollazos, intentando no perder el control ante ella. El sexo se tornó más salvaje, con mi rabo y su coño dándose una verdadera paliza. En alguna ocasión, con la intensidad de la follada, mi miembro se salía, pero Ana no tardaba en cogerlo y metérselo de nuevo, para continuar la cabalgada con renovado brío. Era un sexo increíble y empecé a sentirme otra vez al borde del orgasmo.

-Dime... dime... joder... -Me dijo, brillante de transpiración, su pelo todo revuelto, mientras bajaba el ritmo y cambiaba de técnica- ¿Te hacía el coño de Marta lo que te hace el mío?

La leona empezó entonces a rotar sus caderas con una sensualidad que jamás había visto en ninguna otra mujer. Intentad visualizarla: Ana M. bailando sobre vosotros, con vuestra polla dentro de ella, sus tetas se bambolean y las estrujáis y amasáis, pellizcando los gruesos pezones; su vientre sudoroso se ondula ante vuestros ojos, su ombligo se abre y se cierra... y vuestro miembro es molido ardorosamente por su poderosa vagina. Os lo aprieta y luego os lo suelta, una y otra vez, una y otra vez,... como exprimiéndolo.

-¿Te hacía esto el coñito estrecho de Marta? ¿Eh, pichafloja?

-Jodeeer, Ana,... No,... No hay comparación.

La danza y la molienda siguieron, mi verga siendo follada, comida, por el mejor coño con el que me hubiese encontrado nunca.

-Dame más leche, cabrón...

-Putaaa...

-Te voy a secar lo huevos...

Yo le respondí moviendo mis caderas como podía, apretando las nalgas, intentando impulsar mis penetraciones y llegar lo más profundo que podía, follándola con más fiereza.

-¡Oooohh!

Azoté su culo y lo agité, intensificando mis penetraciones hasta que un nuevo orgasmo sacudió a la hembra.

-¡Córrete, putón! ¡Menea esas tetorras para mí, eso es!

-¡Uuuhmmm! ¡Aahh!

La morena me puso las tetas en la cara mientras se corría y yo di buena cuenta de ellas una vez más.

-Qué gustazo, coño... Vaya polla que tienes... -Ana cambio a modo "gatita sumisa", lamiendo mis pectorales y pezones.

-Parece que sí la sé usar, ¿eh, guarra?

-Eres un fiera, tío.

-Remátame, Ana. Haz que me corra.

-Ahora mismo, semental ¿Cómo quieres que exprima este pollón?

-Seguro que ya lo sabes -me levanté de la cama y me senté en un sillón cercano.

-Jajaja... Mmm... Creo que sí -la maciza se echó al suelo y se fue aproximando a mi, a cuatro patas, con movimientos felinos.

La contemplé encantado y me fui masturbando lentamente. Mi verga estaba firme y pétrea, impaciente por recibir su homenaje.

-Ven aquí, Ana, eso es.

-¿Listo para la cubana de tu vida?

-Vamos a ver lo que puedes hacer con esas tetorras.

Y sin más dilación, Ana M. emparedó mi rabo entre sus pechos, escupió en abundancia sobre toda la zona de fricción, y dio comienzo a una increíble paja cubana. Todo el poderío mamario de Ana asediaba a mi miembro viril, estrujándolo, exprimiéndolo, masajeándolo,... Mi polla se perdía entre su carne caliente y mojada; mi glande, palpitante y reluciente, se zambullía sin parar entre las tetas. La cara de Ana era todo vicio. Qué morbazo verla tan entregada y siempre con aquellas inconfundibles gafas: era mi fantasía hecha realidad.

-Tenías ganas de esto, ¿verdad? -me dijo, pajeándome a dos manos y añadiendo más saliva.

Segundos después, sus melones volvieron a la carga.

-¿Te pajeas mucho viéndome por la tele, mamón?

-Ufff... Joder...

Paró la cubana de nuevo, cogió la polla, la golpeó contra sus tetas durante unos segundos, y la devolvió a su lugar entre los pechos...

-¿Te gusta cascártela mirándome las tetorras?

-Me encanta... Ya lo sabes...

El ritmo de la cubana crecía y crecía...

-Sí... Sé que te encanta verlas gordas y apretadas en mi escote.

-Me vuelven loco.

Más rápido, más rápido... Los melones pajeándome...

-¿Cuántas veces te has corrido mirándolas, eh? ¿Cuánta lefa has soltado con ellas?, dímelo, salido de mierda.

-Litros y litros, puta,... Lo sabes perfectamente...

Subiendo y bajando, una y otra vez,..

-¿Cúantas veces has soñado con ellas? ¿Con una cubana como ésta, eh, guarro?

-Sigue, sigue... Fóllame con las tetas, Ana,... Sácame toda la leche...

-¿Te gusta, cabronazo? ¿Es esto lo que querías? ¿Tu lefa en mis tetorras?

-Quiero duchártelas en leche.

-Te voy a dejar secos esos huevazos que tienes, puto pajillero.

Mi líquido preseminal se mezcló con la saliva y el sudor de la hembra, cubriendo la piel y los pezones. La cubana estaba en lo más alto de viciosidad.

-¡Hosstia puta! ¡Me corro, tía!

-Venga, córrete,... dámelo todo... Vamos, semental...

Ana usó sus tetazas de forma exquisita, extrayendo de mis pelotas largos e hirvientes chorros de semen que se derramaron por ellas y salpicaron la barbilla y parte del rostro de la morena. Ella me miraba, pletórica, orgullosa, irradiando un poderío sexual increíble.

-Así me gusta, hasta la última gota, campeón.

No detuvo el masaje hasta que mi rabo quedó flácido y encogido, indefenso, entre los gordos pechos de Ana, por donde corrían ahora varios regueros de lefa. Satisfecha, se retiró, dejando a mi polla libre.

-Jajaja... Bueno, ¿qué te ha parecido? ¿Es cómo esperabas?

En un gesto de puro vicio que no me esperaba, Ana se quitó las gafas y lamió un poco del semen que las había cubierto.

-Hostia puta... Es incluso mejor, tía. Eres increíble -le contesté entre jadeos, sudoroso- ¿Y que te he parecido yo? ¿Me merezco la fama que tengo o no?

-Bufff... Eres todo un descubrimiento.

De vuelta en la cama, la hembra se abrazó a mi cuerpo y su pierna izquierda se enroscó sobre la mía. Me sentí de su propiedad. Estaba encantado.
PajeMaker is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a PajeMaker por este Post:
Antiguo 24-ago-2018, 12:13   #990
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

ADICTO A ANA (VI)

Cuando desperté por la mañana, mi polla estaba dura. Seguro que debí soñar con la tremenda follada de la noche anterior. Miré a mi izquierda y vi a Ana, plácidamente dormida, su cuerpo desnudo enredado entre las pegajosas sábanas. Allí a mi lado, parecía una niña buena que no hubiese roto nunca un plato, nada que ver con la ardiente hembra que me había cabalgado con fiereza unas pocas horas atrás. Me acerqué a mi sensual compañera y olí su piel con detalle. Olía a sudor y a coño. Olía a buen sexo. Lamí con suavidad su hombro y su teta derecha, con cuidado de no despertarla, y disfruté de su sabor salado. Luego salí de la cama y me dirigí al baño, con intención de darme una buena ducha antes de irme.

Me tambaleé un poco mientras recorría la corta distancia hasta el cuarto de baño. Anita me había follado con mayúsculas, desde luego, pero ella también se había llevado lo suyo. Nos habíamos dado una buena paliza sexual el uno al otro, y si lo de esa noche había sido el polvazo de mi vida, para ella no había sido menos.

Había follado con mi mayor mito sexual. Aún no podía creérmelo.

Mientras entraba en la ducha y abría el agua, empecé a rememorar cada momento, cada caliente instante de la sesión de sexo entre Ana y yo. Cada beso sucio y chorreante que nos dimos, cada vez que le sobé las tetas y se las comí, cada chupada que ella le dio a mi polla y a mis pelotas. Las tetas de Ana volvían una y otra vez a mi mente: su balanceo, su peso, su volumen,... y cómo las había usado para darme placer. También recordé el sabor de la boca de Ana, de su piel sudada, de sus tetazas y, sobre todo, de su gran coño. Aquel coño hambriento que había puesto a mi polla a prueba. Mi rabo vibraba de emoción, duro como una barra de hierro y empecé a pajearme, mientras me enjabonaba y el agua caía sobre mi cuerpo, limpiándolo del sudor y los jugos con los que Ana M. me había regado.

Perdido en tan calientes pensamientos, con los ojos cerrados y masajeando mi endurecida polla, tuve un pequeño sobresalto al sentir que unas manos rodeaban mi torso desde atrás. Unas tetas gordas se apretaron contra mi espalda y lo que sin duda era vello púbico se frotó contra mi culo. Una mano se retiró de mi pecho y azotó mi culo sonoramente. Siseé cuando las uñas se clavaron en mis duras nalgas. Sentí una lengua recorrer mis anchas espaldas, unos labios chupar mi piel, unos dientes morder con cuidado mi carne. Las manos arañaron con delicadeza mis pectorales y pezones, luego recorrieron mi vientre, y cuando llegaron a mi entrepierna, una de ellas apartó a la mía de mi polla y la relevó en la tarea masturbatoria.

-¿Pensabas en mí, cerdo? -oí a mi espalda. Un nuevo cachete sacudió mi culo.

Mientras la mano me pajeaba a un ritmo deliciosamente creciente, la boca me chupaba y lamía. Mis jadeos llenaron el ambiente sobrecalentado del baño. Sentía un cuerpo voluptuoso restregándose contra el mío desde atrás, masajeándome la espalda con los pechos, frotando su pelvis y su pequeño felpudo contra mis nalgas. La mano de atrás volvió delante y complementó la paja con un meticuloso masaje a mis huevos. Una vez más, Anita sabía como volverme loco.

La intensidad de aquel magreo se volvió casi insoportable y, de repente, se detuvo.

Noté diez uñas bajando por mi espalda y posarse en mis glúteos, que fueron enseguida mordidos con exquisito cuidado. Recibí unos pequeños azotes en cada uno, que interpreté como un aviso para que me diera la vuelta. Así lo hice...

Y allí estaba Ana, a mis pies, a cuatro patas, mirándome solícita con sus grandes ojos marrones. Llevaba puestas sus gafas, por supuesto. Agité mi enhiesto miembro ante su cara y ella se puso en marcha: me dio primero una larga lamida desde los huevos hasta la punta de mi capullo, a modo de saludo reverencial, y luego comenzó una potente mamada, sin contemplaciones. Ana ya sabía lo que yo era capaz de aguantar.

Me miraba fijamente, como hipnotizándome, mientras rendía pleitesía a mi polla con ardiente brío. No decía ni una palabra; su boca sólo emitía sonidos húmedos, mientras mi verga era chupada una y otra vez, engullida hasta la base, en una demostración de verdadera maestría feladora. Recogió en su boca el agua que caía por mi cuerpo para derramarla o escupirla sobre mi polla, mezclada con su saliva. Imaginad la escena: tener a Ana M. arrodillada ante vosotros, a vuestro servicio, agarrada a vuestras piernas, saboreando vuestro rabo con ansia, succionándolo, lamiéndolo, segregando espumosa saliva sin cesar, escupiendo sobre él... La podéis imaginar bajando la cabeza hasta vuestros huevos para metérselos en la boca. No podéis haceros a la idea de lo que se siente al tener los dentro de la boca de Ana, mientras os está haciendo una soberana paja... Eso es lo que me hacía aquella mañana. Ana M. volvía a estar hambrienta.

-Así se hace, nena. Eres la hostia.

Ana siguió rindiéndole merecido homenaje a mi pollón y mis pelotas durante varios minutos. A veces se agarraba a mis nalgas con fuerza y sometía a mi rabo a profundas succiones que lo hacían perderse casi en su garganta. Ana tosía, escupía sobre su sabroso juguete y volvía a la carga. La muy cachonda no olvidaba lanzarme aquellas miradas que tanto me calentaban, llenas de vicio y desafío.
Cuando empecé a sentir que me acercaba a mi límite, la detuve, y, tomándola del pelo, pero sin hacerle verdadero daño, la atraje hasta mi cara y nos comimos la boca con vicio. Ana me chupó la lengua de igual modo que me había chupado la polla segundos antes y yo la dejé hacer, mientras la estrechaba entre mis brazos.

-Chica mala,... -le dije, entre chupada y chupada. Le azoté su trasero, un par de sacudidas por nalga.

Ana no contestó, sólo siguió succionando mi lengua a conciencia. Sus manos recorrían mi espalda y me estrujaban el culo, sacudiéndomelo también. Yo contraataqué con mi boca y le chupé la lengua y el cuello, para luego lanzarme a por las tetazas de la morena, que se retorció de gusto.

Al fin habló de nuevo, y lo que me dijo casi hizo que me corriera allí mismo.

-Quiero tu polla dentro de mi culo, cabrón. Seguro que a Marta no le diste por el culo.

Desde luego que no lo había hecho.

La puse contra el cristal de la ducha. Ana se inclinó un poco y proyectó su culazo hacia mí, ofreciéndomelo.

-Es tuyo. Fóllame el culo.

-Antes voy a jugar un poco con él, Anita.

Le di unas cuantas bofetadas a aquellos cachetes grandes y los sobé un poco. Los separé y apreté juntos, acaricié el agujero entre ellos, lo apreté con cuidado... La hembra gimió, nerviosa e impaciente. Entonces me agaché tras Ana y comencé a lamerle las nalgas, a chuparlas y a mordisquearlas con delicadeza. Ana jadeaba, apoyada contra el cristal, meneando su culo juguetonamente. A medida que mi boca estimulaba las zonas más cercanas a la raja, la presentadora gemía con más fuerza...

-Así, tío,... Eso es...

-¿Te gusta? Eres muy puta, ¿lo sabes? - de nuevo la deleité con un par de nalgadas.

Escupí en su ojete y lo masajeé con movimientos circulares de mi dedo corazón. Ana dio un respingo y emitió un sonido parecido a un maullido. Volví a escupir en su caliente agujero trasero, a acariciarlo y apretarlo... Mi lengua empezó a rodear la hipersensible zona, mientras mis dedos acariciaban su coño. Ana susurró algo ininteligible, temblando entera. Estuve así casi un minuto, enloqueciendo a mi impaciente compañera. Y de repente, a traición, le clavé la lengua en el culo y se lo devoré como un animal.

-¡Aaahh! ¡Uuuhh! ¡Cerdo cabrón!

Seguí con el analingus, dándole unas buenas cachetadas y agitando sus turgentes nalgas. La morenaza tembló con mi agresividad, chillando y jadeando con placer animal.

-Métete los dedos, guarra,... Tócate el chocho mientras te como el culo.

Me obedeció al instante, mientras le comía un poco más. Entonces me alcé y comencé a frotar mi rabo entre sus nalgas

-¿Estas lista ya, perra?

-Sí... sí... dámelo...

-¿Seguro, puta?

-¡Sí, cojones! ¡Sí!

Le metí el dedo por el culo poco a poco, mientras le hablaba tan suciamente, haciéndole chillar de impaciencia, haciéndola suplicar.

-¿Quieres mi polla en tu culo?

-¡Sí, por Dios! ¡Sííí!

Iba a escupir en mi miembro y a lubricarlo, cuando Ana, como leyéndome la mente, se volvió y se puso de nuevo de rodillas. Enseguida engulló mi polla, en una nueva demostración de virtuosismo felatorio. Anita cabeceaba locamente sobre mi entrepierna, derramando abundante saliva, ahorrándome el trabajo.

-Venga, cabrón, no me hagas esperar más -me dijo, mientras le daba unas buenas sacudidas a mi rabo y le escupía. La visión de Anita, con sus grandes gafas, pidiéndome eso era increíble- Fóllame el culo.

-A tus órdenes, guarra.

La puse en pie y ella se volvió a poner en posición, contra el cristal.

-Yo no le entrego mi culo a cualquiera, ¿te enteras?

-Tranquila que no te voy a decepcionar.

Dirigí mi pollón contra su agujero y comencé a penetrar a mi deseada Ana con cuidado. La hembra se puso rígida primero y luego se estremeció, entre jadeos entrecortados y sucios susurros. Me miró con los ojos muy abiertos, tras las gafotas, mientras su culo iba devorando a mi polla.

-Coño, que dura,... Uff...

-¿Demasiado para tu culito, nena?

-Dame más, hijoputa.

Fui metiéndola y sacándola una y otra vez, teniendo a Ana bien agarrada por las caderas, acelerando mis empujes paulatinamente. Así, fui intensificando la follada. La sensación de tener mi rabo duro siendo apretado por el culazo de Ana M. es algo simplemente indescriptible. Ella intentó tomar el control del sexo, devolviéndome los empujes y rotando las caderas, haciendo que mi polla girara dentro de su culo. Lo hacía sonriéndome con malicia, mordiéndose la lengua; el gesto de una niña traviesa. La muy hija de puta no dejaba de sorprenderme. La dejé hacer, disfrutando de aquella deliciosa tortura, pero pronto recuperé el control de la follada, con un buen pollazo y un par de cachetes. Ana jadeó hondamente y rió.

-Te has picado, ¿eh? Venga, eso es... fóllame el culo... es tuyo.

Seguí un poco más, rellenando su culazo con mi polla, haciéndola mía como nunca soñé que lo haría y entonces, paré, de repente. Ana me miró extrañada y un poco indignada, pero antes de que protestara, abrí la puerta de la ducha y la saqué fuera, tomándola por el pelo. No la hice daño, por supuesto, y Ana entró en el juego enseguida.

-Vamos fuera, puta.

La puse contra el lavabo y devolví mi polla a su trasero. De nuevo la follé, pero esta vez teníamos enfrente nuestros reflejos. Me dio un morbazo tremendo verme a mí mismo follándome a Ana M. por el culo, y enseguida comprobé que a ella también le encantaba. Su cara era la viva imagen del placer, mordiéndose el labio, poniendo los ojos en blanco.

-Dame caña, cabrón,... ayyy,... hostia puta...

-Toma, perra,... ¡Toma polla!

Mi verga entraba y salía, se hundía y emergía,... Ana jadeaba y lloriqueaba de puro gusto.

Le di un pequeño respiro y la conduje a la habitación. La puse boca abajo en la cama y la cubrí por completo, al mismo tiempo que volvía a penetrarla analmente. Rodeé su cuello con mi brazo, con mucho cuidado para no lastimarla, y lamí su oreja y cuello mientras la follaba... Continuaron los jadeos, las palabras sucias, las súpiclas de Ana...

-Me encanta,... joder..., No te pares, por favor...

-Disfruta, perra,... Disfruta de mi polla...

Cambiamos de nuevo de postura: Ana se puso con el culo en pompa, su carita de niña obediente contra las sábanas sudadas, sus codos contra sus rodillas. Me coloqué de pie sobre la cama y una vez más clavé mi verga bien profundamente en el culo de Ana. Entró y salió mil veces, mis huevos chocando contra su rollizo y mojado coño. Ana aullaba y lloriqueaba debajo de mí, mordiendo las sábanas, rendida ante mi fiereza. Se masturbaba frenéticamente, mientras yo subía y bajaba sobre su culo. El sudor chorreaba por nuestros cuerpos.

-Muy bien, Ana,... Métete los dedos,... hazte una buena paja... mientras te doy por el culo...

Y Ana se corrió como loca otra vez.

-Joder, voy a correrme -dije yo justo después.

-Déjamela a mí, tío,... Ponte ahí y disfruta.

Me puse de rodillas en la cama, inclinándome hacía atrás, apoyándome con los brazos. La morena, de espaldas a mí, comenzó a pajearme con su culazo, apretando mi verga con sus nalgas. Movió el trasero como la noche anterior, rotándolo, subiéndolo y bajándolo, bailando sobre mi rabo. Sus glúteos, resplandecientes de sudor, se apretaban y distendían, se agitaban en un espectáculo de pura lascivia.

-Córrete para mí... riega mi culo con leche...

No pude más y le di lo que quería: unos buenos chorros de semen pringaron su culo y parte de mi vientre. Ana siguió un poco más con su danza, pletórica, extasiada, mirándome una vez más como una chica inocente.

-¿Te ha gustado mi forma de darte los buenos días? -dijo con una risita. Me atrapó entre sus brazos y me besó y mordisqueó los pezones.

Yo la apreté contra mi cuerpo y le comí las tetas.

-Creo que le debes una cena a Marta, y yo también.

-Ya lo creo, tío. Y tú te vas a quedar conmigo el resto del finde.

No repliqué a aquella orden. ¿Quién en su sano juicio lo haría?


---------------------


Esta mañana me despertó una sensación familiar y maravillosa. Cuando abrí los ojos, Ana estaba allí, entre mis piernas, practicándole a mi polla medio dormida una felación como sólo ella sabe hacer. Mi miembro se fue poniendo firme y duro en su boca. Estuvo un par de minutos así, sin decir palabra, sólo chupando y ensalivando. Hasta que finalmente habló.

-Buenos días.

-¿Otra vez hambrienta, Anita? ¿No has tenido suficiente con todo lo que te he dado este fin de semana?

Ana no respondió, simplemente siguió degustando mi verga como la experta felatriz que es. Yo la miré encantado, aunque un poco asustado también. Estaba molido, después de dos días en los que leona de Ana M. había puesto a prueba mi hombría.

-Hoy trabajo, ¿sabes? Puede que tú te vayas de vacaciones, preciosa, pero yo me quedo currando un par de semanas más.

-Pues prepárate para una buena despedida.

Entonces abrazó mi erecto rabo con sus pechos mojados en saliva y comenzó un nuevo masaje mamario...

FIN

Última edición por PajeMaker fecha: 24-ago-2018 a las 15:55.
PajeMaker is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a PajeMaker por este Post:
Antiguo 25-ago-2018, 10:17   #991
Land2000
Pajillero
 
Avatar de Land2000
 
Fecha de Ingreso: feb-2018
Mensajes: 64
Gracias 74 Veces en 31 Posts
Predeterminado

Fantásticos relatos...sobre todo el de Ana M.que de siempre me pone super palote...menudo pajon ha causado....lo unico mejorarian con alguna foto de ella lucienfo el modelito que lleva en el relato...yo creo.
Land2000 is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a Land2000 por este Post:
Antiguo 25-ago-2018, 17:11   #992
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

Bueno, el vestido me lo medio invente, pero no creo que sea difícil encontrar fotos de Ana con ropas así.
PajeMaker is offline   Citar -
Antiguo 25-ago-2018, 20:33   #993
Luis2510
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: may-2014
Mensajes: 41
Gracias 38 Veces en 15 Posts
Predeterminado

PajeMaker me encanta como relatas.Solo he llegado a la parte 4(seguiré leyéndolo en próximos días). Gracias por las endorfinas.
Luis2510 is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a Luis2510 por este Post:
Antiguo 26-ago-2018, 09:07   #994
Land2000
Pajillero
 
Avatar de Land2000
 
Fecha de Ingreso: feb-2018
Mensajes: 64
Gracias 74 Veces en 31 Posts
Predeterminado

Por cierto Ana M. es el caso más claro que conozco de feilla super sexy a la que nos molaría follarnos a todos....y que nos pone mas palotes que muchas guapas sin actividad cerebral alguna....por lo menos a mi.
Land2000 is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a Land2000 por este Post:
Antiguo 26-ago-2018, 16:27   #995
JavitoAy
Mega Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 365
Gracias 414 Veces en 171 Posts
Predeterminado

Tremendo relato de Ana M, ella se merecía uno así.
JavitoAy is online now   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a JavitoAy por este Post:
Antiguo 27-ago-2018, 10:46   #996
Land2000
Pajillero
 
Avatar de Land2000
 
Fecha de Ingreso: feb-2018
Mensajes: 64
Gracias 74 Veces en 31 Posts
Predeterminado

Yo estoy maquinando un nuevo relato de mi serie con mi musa Edurne...a lo mejor se trae alguna amiga con ella...ya veremos.
Doy ideas por si alguien se anima...que os parecen la nueva generación de políticas caxondas...hay varias muy apetecibles...Ines Arrimadas...Andrea Levy...ahi lo dejo...
Land2000 is offline   Citar -
Antiguo 27-ago-2018, 12:56   #997
PajeMaker
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 81
Gracias 147 Veces en 61 Posts
Predeterminado

Os dejo unas cuantas imágenes sacadas del hilo de Ana en este mismo foro (créditos a capturadores y todo eso), aunque como digo, en el relato no describo ningún modelito en concreto. Qué disfrutéis.
PajeMaker is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a PajeMaker por este Post:
Antiguo 27-ago-2018, 15:09   #998
JavitoAy
Mega Pajillero
 
Fecha de Ingreso: dic-2016
Mensajes: 365
Gracias 414 Veces en 171 Posts
Predeterminado

Cita:
Empezado por Land2000 Ver Mensaje
Yo estoy maquinando un nuevo relato de mi serie con mi musa Edurne...a lo mejor se trae alguna amiga con ella...ya veremos.
Por si te falta decidirte: televisiva María Gómez, todo un descubrimiento y aún por estrenarse en este hilo, además fueron compañeras. En cantantes tirando de OT la lista es infinita y para todos los gustos, ¿por qué no Melody? ahora que anda por el mundillo de la tele paseándose por Mediaset en plan guarrilla

Cita:
Empezado por Land2000 Ver Mensaje
Doy ideas por si alguien se anima...que os parecen la nueva generación de políticas caxondas...hay varias muy apetecibles...Ines Arrimadas...Andrea Levy...ahi lo dejo...
Buff uno de Inés camelando al personal con su cara de niña buena y trepando en el mundo de la política hincando rodilla en los despachos de sus superiores, se me pone morcillona solo con fantasearlo
JavitoAy is online now   Citar -
Antiguo 29-ago-2018, 21:03   #999
Luis2510
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: may-2014
Mensajes: 41
Gracias 38 Veces en 15 Posts
Predeterminado

Un fake interesante de la Morgade.Gracias a Hotrod.

Por si tenéis problemas con la imaginación...
Luis2510 is offline   Citar -
El siguiente Usuario da las gracias a Luis2510 por este Post:
Antiguo 03-sep-2018, 19:40   #1000
Luis2510
Pajillero
 
Fecha de Ingreso: may-2014
Mensajes: 41
Gracias 38 Veces en 15 Posts
Predeterminado

Viendo esta tarde zapeando..."Coño, no hay ningún relato con la Simon y la Morgade juntas".Ahí lo dejo de sugerencia.

Última edición por Luis2510 fecha: 03-sep-2018 a las 19:46.
Luis2510 is offline   Citar -